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Crítica de Puro vicio. ¡Vaya colocón!

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Película: Puro vicio. Título original: Inherent vice.
Dirección: Paul Thomas Anderson.
Interpretación: Joaquin Phoenix (Larry ‘Doc’ Sportello), Josh Brolin (lugarteniente Christian F. ‘Bigfoot’ Bjornsen), Owen Wilson (Coy Harlingen), Katherine Waterston (Shasta Fay Hepworth), Reese Witherspoon (Penny Kimball), Benicio del Toro (Sauncho Smilax), Jena Malone (Hope Harlingen), Maya Rudolph (Petunia Leeway), Martin Short (Rudy Blatnoyd), Joanna Newsom (Sortilège), Sasha Pieterse (Japonica Fenway), Eric Roberts (Michael Z. Wolfmann), Hong Chau (Jade), Serena Scott Thomas (Sloane Wolfmann), Jefferson Mays (Dr. Threeply), Michael Kenneth Williams (Tariq Khalil), Yvette Yates (Luz).
País: USA. Año: 2014. Duración: 149 min.
Género: Thriller, drama, comedia.
Guion: Paul Thomas Anderson; basado en la novela “Vicio propio” de Thomas Pynchon.
Producción: Paul Thomas Anderson, Daniel Lupi y JoAnne Sellar.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Estreno en España: 13 Marzo 2015.

Sinopsis
La ex mujer del detective privado Doc Sportello se presenta repentinamente con una historia sobre su actual novio, un promotor inmobiliario multimillonario del que acaba de enamorarse, y sobre un complot de su mujer y el novio de ella para secuestrarle y meterle en un manicomio. Son los finales de los psicodélicos años 60, la paranoia domina el día y Doc sabe que “amar” es otra de esas palabras que están de moda decir, como “viaje” o “fabuloso”, y que están siendo usadas excesivamente, excepto que ésta normalmente conduce a problemas. Con un reparto de personajes que incluye surfistas, estafadores, drogadictos y roqueros, un usurero homicida, detectives de la policía de Los Ángeles, un saxofonista clandestino y una misteriosa entidad conocida como Colmillo Dorado, “Puro vicio” es por una parte una novela negra y por otra un divertimento psicodélico.

Comentario
A la salida del cine, tras haber visto Puro vicio, me asaltan dos dudas. La primera de ellas ¿qué es lo que he visto? Y la segunda es ¿por dónde acometo yo mi crítica?

 

En algún momento de la película, te pierdes (o me perdí). Y esto casi viene a responder a las dos preguntas juntándolas en una sola. Ahí radica la cuestión: desconcierto. Un desconcierto que te impide, por un lado, resumir en palabras la línea argumental, y, por otro, verter un comentario coherente sobre Puro vicio. La nueva propuesta de Paul Thomas Anderson (Magnolia, 1999; Pozos de ambición, 2007; The Master, 2012) es un gran desvarío, lisérgico, a veces caóticos, muy estético, con un sinfín de personajes que pululan por la pantalla sin saber muy bien quién es quién y cuál es el papel de cada uno. Pero eso es Puro vicio: un caos creativo. Es un dejarse llevar (todo termina por acomodarse y encajar en este sicodélico puzle de los años 70) y disfrutar de la hilarante película que nos ofrece su director.

INHERENT VICE

La fuente de inspiración de Anderson es la novela de Thomas Pynchon Inherent Vice (cuya traducción al español –y así publicada por Tusquets Editores- es Vicio propio). La cuestión de la adaptación no debía de ser fácil pues quienes han leído la obra destacan la verborrea imparable de su autor. Con ella ha pretendido hacer un retrato desbocado de la California setentera llena de hippies. El resultado es una cinta a caballo entre cine negro, comedia con tinte ácido y drama.

 

Puro vicio es puro colocón. Incluso te sorprendes dando un par de risotadas aisladas en medio de una secuencia, que no era para reír, como le sucede al propio protagonista después de tanta calada. Creo que ese puede haber sido el objetivo de su director (y gran acierto): salir del cine un tanto mareado por el humo, por el color de la puesta en escena, por lo complejo del guion con un excesivo número de actores y con algunas subtramas que te marean (y divierten). Es decir, ha adaptado la novela a su manera de hacer cine. Y si a todo esto le añadimos la buena banda sonora (de la mano de Jonny Greenwod), pues quietos ahí en la butaca disfrutando del paisaje, viendo desfilar a drogatas, estafadores de medio pelo y policías de cuidado. Cuando la estás viendo sucede como con la lectura de un libro que a veces la mente se te va, de tal manera que tienes que volver otra vez hacia atrás para releer lo leído. La pega en el cine es que no puedes rebobinar por lo que esta película exige de un mayor esfuerzo por parte del espectador.

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Cuando ya llevas dos horas delante de la pantalla, se produce una de las mejores escenas del film. Una deslumbrante Katherine Waterston, en el papel de Shasta, tras haber estado desaparecida acude, de nuevo, a Doc Sportello. Y le narra el cómo le hacía sentir su amante. Su única vestimenta es un bonito collar. Y la narración va tomando forma, con un tono muy cálido, en la voz de Shasta, meloso, juguetón (a la vez que su cuerpo), con el tempo ralentizado, atrapando al espectador. Es una de las mejores escenas sensual-erótica de los últimos tiempos en el cine. Asistes con los ojos como platos. Y se te escapa, a tus compañeros de butaca: ríete tú de las burdas secuencias de 50 sombras de Grey.

 

En Puro vicio hay situaciones desternillantes. Una de ellas es que el investigador tiene su despacho en una consulta ginecológica. Y verle ahí colocado, con los pies en los estribos, dándole al canuto y a la olla, es de alucinar. Otra de ellas es cuando la policía detiene a Doc Sportello y él se hace un ovillo. O cuando se cruza con la policía que le zurran de lo lindo. Pero tal vez la que se pueda llevar la palma es la escenografía que hace el director en una reunión donde están todos alrededor de una mesa llena de pizzas. La composición te remite a la Última cena. La pintilla de los hippies alude a unos modernos discípulos. Es muy reseñable la web oficial (os invito a que la visitéis). Se trata de un gif animado con los personajes dispuestos como si fuera eso, la Última cena.

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En cuanto a los actores, es muy destacable la gran actuación de Joaquin Phoenix. Prácticamente está presente en todas y cada una de las escenas. Incansable. Todo aquel que vaya a interpretar a un colgado la tendrá que revisar una y otra vez. Resulta creíble y muy convincente. El actor puertorriqueño es un auténtico camaléon al que se le resiste el preciado galardón: el Oscar a la mejor interpretación. Lo acabamos de ver en Her (Spike Jonze, 2013) con una actuación mucho más comedida pero muy eficaz. También repitió con Anderson en The Master (2012). Y, por supuesto, el gran descubrimiento para algunos: Katherine Waterston. A partir de ahora siempre será Shasta. Van a tener que recaudar mucho con esta película para tener que pagar la nómina de los más de 17 actores que he contado en la ficha técnica (sin contar con algún cameo).

 

Tras las más de dos horas y media, crees haberlo visto todo y en tu cabeza se van colocando las piezas para intentar comprender que lo visto obedece a una razón. Y tratar de buscar la manera de armar un relato convincente de Puro vicio. Se han encendido las luces de la sala, ya todo el mundo ha salido y cuando estás a punto de abandonar tu butaca, lees en la pantalla la dedicatoria: a Ida y a continuación un enigmático:

Bajo los adoquines, la playa!
Grafitti de París en mayo de 1968

¿Cómo encaja esto en lo que he visto? No lo sé. Pero tampoco me importa. He visto una película inabarcable, en la que hay que tener la disposición de verla sin complejos. Brillante en todos los aspectos técnicos. Puro vicio es onírica y surrealista y provocadora. Bajo tanto colorido, al igual que bajo los adoquines de París había la playa, aquí hay… cine. Unos pensarán que es una gran película y otros… que es una tontería de película. Y tú, ¿de cuál eres? Paul Thomas Anderson nunca deja indiferente a nadie. Y en esta ocasión, llevando al cine la obra de Thomas Pynchon, tampoco.

Os dejo un tráiler:

También el encale a la web oficial.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


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Crítica Calvary, la nueva película de John Michael McDonagh

Semana de pasión

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Película: Calvary.
Dirección y guion: John Michael McDonagh.
Interpretación: Brendan Gleeson (padre James Lavelle), Chris O’Dowd (Jack Brennan)), Kelly Reilly (Fiona), Aidan Gillen, Marie-Josée Croze (Teresa), Dylan Moran, Isaach De Bankolé, M. Emmet Walsh, Orla O’Rourke (Veronica Brennan).
Países: Irlanda y Reino Unido. Año: 2014. Duración: 100 min. Género: Comedia negra.
Producción: Chris Clark, Flora Fernández Marengo y James Flynn.
Música: Patrick Cassidy. Fotografía: Larry Smith.
Montaje: Chris Gill. Diseño de producción: Mark Geraghty.
Vestuario: Eimer Ni Mhaoldomhnaigh.
Distribuidora: Hispano Foxfilm.
Estreno en España: 6 Marzo 2015. No recomendada para menores de 16 años.

Sinopsis
El padre James es un buen sacerdote que se enfrenta a una angustiosa situación provocada por uno de sus feligreses. Aunque sigue reconfortando a su frágil hija y ayudando a sus fieles en sus diferentes problemas, tiene el presentimiento de que una fuerza siniestra se le aproxima y comienza a preguntarse si tendría el valor de hacer frente a su propio calvario.

Comentario

«No desesperes: uno de los ladrones se salvó.
No confíes demasiado: uno de los ladrones se condenó».
San Agustín

El comienzo de Calvary es poderoso. Un plano fijo sobre el rostro del padre James (Brendan Gleeson), párroco de un pueblo costero de Irlanda, que se encuentra dentro del confesionario; oímos la voz en off de un feligrés que se dispone a confesar sus pecados. Hace una confesión: sufrió abusos sexuales siendo un adolescente, hace ya muchos años. Ese terrible pasado que nos revela no lo hace con el fin de obtener el perdón sino de formular un deseo que se convierte en una sentencia: le da al cura un plazo de una semana para que se despida de su vida, le va a matar porque matar a un cura malo no tiene relevancia, pero matar a uno bueno, sí. La fuerza que tiene esa secuencia convierte al espectador en cómplice y le atrapa (nos atrapa desde ese mismo instante).
Unos minutos después en un alarde de genialidad del guionista (a la sazón director de la película John Michael McDonagh), el padre James se dispone a dar la comunión a sus feligreses y vemos como la mayoría de los protagonistas se acercan a recibir la sagrada forma. De una pincelada ya vemos algunos de los rasgos que caracterizan a los mismos, entre ellos una mujer joven que acude con gafas de sol y un hombre negro.

THE HEAT

La película está narrada en siete capítulos, cada uno de los días de la semana. Tenemos a un hombre solo ante el peligro. Casi estamos ante un western. Esto nos sitúa en la estela de la mítica película de Fred Zinnemann (1952, con un excelso Gary Cooper). De esa forma ya está planteado el eje central de Calvary. Un hombre recibe la noticia de que va a morir en una semana. Ese será el recorrido y ese va a ser su calvario. En el transcurso de ese tiempo, de ese camino, vamos a ir conociendo a cada uno de los protagonistas (potencialmente sospechosos de ser el posible asesino) que actuarán como verónicas que recogen su sangre o como soldados romanos que lo fustigan o escupen a la cara. El detonante para que esto suceda es que el padre James es un hombre de fe que se preocupa por el bienestar de sus feligreses. Una de ellas, Veronica, ha acudió a misa con un ojo morado y tratará de saber quién ha sido el causante.
Los hechos suceden en Irlanda, un país mayoritariamente católico y que tiene tras de sí una historia sórdida. Apenas hace ocho meses se descubrió una fosa común con cerca de 800 cuerpos de niños, desde bebés hasta críos de ocho años, posiblemente hijos de madres solteras que los dieron a una institución benéfica por no poder atenderlos entre los años 1925 y 1961. La doctrina conservadora católica de la iglesia irlandesa (de aquella época) negaba a estos niños el bautizo y por extensión el enterramiento en el campo santo. Aunque estos hechos no están relacionados con el abuso a menores, si que justifican el ambiente y el malestar que tienen los irlandeses hacia su iglesia. El abuso a menores es la cruz que arrastra la Iglesia Católica a nivel internacional. El caso de la Iglesia irlandesa es particularmente doloroso ya que la Curia ha contado con el beneplácito del Estado a tenor de las últimas cifras publicadas. Hay una escena que resume muy bien todo esto, que no aporta nada a la línea argumental, pero que refleja de forma magnífica ese ambiente. Es cuando una niña, forastera, de paso, de vacaciones en el pueblo, va caminando hacia la playa y se encuentra con el padre James. Lavelle le hace dos inocentes preguntas para satisfacer la curiosidad, banales y sin pretender nada. De repente, aparece el padre de la criatura hecho una furia y le echa la bronca tanto a su hija como al párroco. Desconfianza hacia el hábito, repudia a todo un estamento.

THE HEAT
Uno de los grandes logros que posee Calvary es que toca muchos temas: homosexualidad, violencia de género, adulterio, pérdida de los seres amados, alcoholismo, crisis financiera (por no decir el robo de los bancos), corrupción, inmigración («siempre los rumanos están por ahí merodeando») y todo bajo el prisma de un religioso. A pesar de esta circunstancia Calvary huye de moralinas o posibles sermones a favor de tal o cual postura o sobre la virtud y el pecado. Hay un ejercicio de autocrítica a lo largo de todo el film. James es un hombre bueno. Tiene un gran bagaje a sus espaldas. Estuvo casado y como fruto de esta relación tuvo una hija, Fiona (Kelly Reilly), una mujer atormentada al perder primero a la madre y después a su padre (al dedicarse a su vocación). Al fallecer su esposa decidió hacerse cura. Es un hombre que está en contacto con la realidad. Sufre la tentación de la carne y la botella es su peor enemiga. Sabe escuchar y sabe entender a sus feligreses. Y sabe que su vida es de sacrifico y de entrega a los demás. Es un mártir (a modo de Cristo) que acepta la cruz con resignación y que hasta el último momento tratará de ejercer su función: conseguir el arrepentimiento del pecador. Pero es un hombre atípico. Crítico con el estamento, tiene un descapotable, tiene una hija (siendo cura) y va con una larga sotana que resulta un tanto anacrónica. Un personaje al que define la habitación donde duerme. Está desprovista de toda decoración, solo tiene la cama, una mesilla donde reposa la Biblia, un crucifijo y un reclinatorio a sus pies. Nada más. No puede ser más parco su entorno. McDonagh desarrolla la acción apoyándose con unos brillantes diálogos: inteligentes, mordaces e irónicos; en su ayuda están las buenas actuaciones de los secundarios, con unos papeles bien definidos, que aportan ese punto sicológico que profundiza en el vía crucis personal del padre James. Los buenos diálogos y la construcción de los personajes fueron algunas de las características de su primera película que dejó un buen sabor de boca: The Guard (o con una acertada traducción, El irlandés, 2011). En esta película, el director vuelve a repetir con alguno de sus intérpretes.
A lo largo de ese calvario hay toda una sucesión de personajes estrambóticos que ponen constantemente a prueba al párroco James. Un multimillonario que quiere ganarse el paraíso a golpe de talonario; un joven que no sabe si suicidarse o meterse a militar; una mujer casada (un tanto ninfómana) con un amante reconocido (que no le importa jugar al ajedrez con su marido); un marido (maltratador) de profesión carnicero (¡toma ya!), que no duda en charlar con el sacerdote en la sala refrigerada delante de unos costillares de ternera; un anciano escritor con una vieja máquina de escribir que solo quiere una pistola para poner fin a su vida; un médico, descreído, trastornado, que no duda en apagar un cigarrillo en una víscera; una hija que ha estado a punto del suicidio; un cantinero que no tiene entre sus virtudes la simpatía; y un inspector de policía de moral distraída junto a su chapero (un personaje almodovariano, que reclama una película para él solo). Junto con esta amalgama de personajes aparece otro que está presente en la mayoría de las escenas: el paisaje (con una excelente fotografía, otro logro en el apartado técnico). Todo actúa como un microcosmos. Cada uno representa un vicio, un pecado o una tentación. Es como si el director nos estuviera diciendo en esta apartada aldea rural, hay de todo como en la viña del Señor.

THE HEAT
Uno de los grandes pilares de Calvary es la actuación de Brendan Gleeson. A su alrededor todo queda eclipsado (salvo la belleza de Irlanda y de Kelly Reilly). Transmite sus dudas y creencias de forma convincente. Un rostro poderoso, expresivo, no actúa, sino que vive. Tiene mucha fuerza la interpretación del actor dublinés. A pesar de que ocupa toda la pantalla por detrás de él, intentan asomar la cabeza un grupo talentoso con Chris O’Dowd, Oria O’Rourke, M. Emmett Walsh, Aidan Gillen, Dylan Moran o la propia Kelly Reilly.
El final, la resolución del conflicto es magistral. Mediante la reiteración de un mismo acto bajo distintos puntos de vista y con cámara lenta resulta una secuencia memorable. Está rodada (y montada) mostrando una gran pericia técnica. Brutal.
La banda sonora es otra de las cuestiones que suma. Se debe a Patrick Cassidy, compositor irlandés. Cierra con un tema vocal que pasa un tanto desapercibido para aquellos que huyen de la sala nada más encenderse la luz (por cierto, el director hace un guiño para éstos pues muestra unos cuantos fotogramas del paisaje alternándolos con los créditos finales). Y a lo largo de la cinta hace un buen uso de la orquesta, cuya música conjuga de forma amónica con los bellos paisajes irlandeses.
Al igual que no todo político que se sienta en un escaño es un corrupto, no todo aquel que lleva una sotana es un depredador sexual. Calvary es una película que cabalga entre el thriller, el western, la comedia negra o el drama protagonizada por un cura pero que no pretende impartir doctrina. Se centra más en las heridas sicológicas que en los abusos físicos. Es una película sobre la condición humana y la fe, que se dedica más a mostrar que a enseñar. Que no juzga pero tampoco confraterniza con el que abusa. Que su forma de narración no es de las habituales: mitad realista y mitad surrealista. Que es un film complejo, lleno de ricos matices, que no deja indiferente a nadie y que a pesar de pecar en algunos momentos de lenta, resulta una propuesta muy convincente, hilarante, reflexiva y entretenida.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

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Revista Atticus 27

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Museo Nacional de Escultura de Valladolid

Ampliación del espacio expositivo

«Así como el recinto más propio de la Edad Media es la catedral,
y el del siglo XVII, dominado por el absolutismo, es el palacio,
el más característico del siglo XIX es el museo que se consagró
como un ámbito dotado de una formidable autoridad intelectual».
Obra de los Pasajes
Walter Benjamín (1892 – 1940) filósofo y crítico alemán.

Una de las grandes joyas de la ciudad de Valladolid es el Museo Nacional de Escultura. Desde el siglo XVI son muchos los viajeros que se acercan a nuestra ciudad para disfrutar de esta maravilla. Su fachada, autentico retablo en piedra, es un bello ejemplo de la arquitectura del renacimiento. Fue creado en 1842 y es uno de los museos españoles más antiguos. Sus salas albergan esculturas que abarcan desde la Baja Edad hasta los comienzos del siglo XIX; y un buen número de pinturas de grandes maestros (Rubens, Zurbarán o Meléndez). Constituye no solo la colección escultórica más importante de España sino de Europa, sin lugar a dudas.

 

María Bolaños con las autoridades y diversos representantes de los medios de comunicación.

María Bolaños con las autoridades y diversos representantes de los medios de comunicación.

Desde el 26 de febrero el Museo aumenta las salas expositivas (un 8%) y experimenta un rejuvenecimiento, que no solo supone un estiramiento facial sino que se le dota de una serie de obras nuevas (hasta 99) proponiendo al visitante una visita complementaria a la existente hasta ahora. Son las denominadas salas A y C que se une a la ya existe sala B (Pasos Procesionales) con los títulos La memoria del Museo y Arte y vida privada. En estas salas encontraremos una serie de obras que abarca la pintura, escultura, objetos mobiliarios, documentos y fotografías, diversificando de esta manera los contenidos de la colección permanente.

 

Las nuevas salas se encuentran situadas en dos de los laterales del patio del Colegio de san Gregorio (el edificio embrionario del museo antes de la ampliación con la nueva sede del Palacio de Villena y la iglesia de san Benito o Casa del Sol –Mueso de Reproducciones-). Constituyen una invitación para disfrutar de nuevas perspectivas sobe la historia cultural y artística de Valladolid y, por extensión, de nuestro país.
El primer grupo de salas se agrupan bajo el título Memoria del Museo. Con ayuda de las nuevas tendencias museológicas se presenta la trayectoria histórica de esta institución. Una serie de textos, documentos, imágenes, pequeñas obras de arte y filmaciones van desgranando los sucesivos episodios del Museo Nacional de Escultura. Destacan obras como San Gregorio de Gregorio Fernández (1609) y un hermoso fragmento de un sepulcro renacentista realizado en alabastro atribuido a Felipe Bigarny y su taller (siglo XVI) y una pintura al óleo anónima que recoge la escena del Santo Entierro (mitad del siglo XVI).

 

Detrás de uno de los asistentes al acto la escultura Santa (una de las once mil Virgenes). Anónimo

Detrás de uno de los asistentes al acto la escultura Santa (una de las once mil Virgenes). Anónimo

El segundo conjunto de salas corresponde al apartado Arte y vida privada. El Museo nos propone una mirada sobre el coleccionismo más íntimo, una de las características de los gabinetes aristocráticos, viviendas de la burguesía, celdas monásticas o bibliotecas ilustradas. Constituye un buen contrapunto al resto de la colección. Aquí se nos habla del individuo y sus objetos predilectos, ésos que ha atesorado a lo largo del tiempo, y que suponen un gran significado para sus propietarios y revelan sus gustos y valores. Destacan las obras: Demócrito y Heráclito de Rubens (1603); una pequeña escultura en cera de Cristo atado a la columna (siglo XVII); escultura, madera policromada, de la Beata Mariana de Jesús, anónimo (1783) y un Bodegón de Luis Meléndez (h. 1760).

 

El acto de la presentación e inauguración de estos nuevos espacios museísticos estuvo presidido por Miguel González Suela, subdirector general de Museo Estatales del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte; María Bolaños, directora del Museo; José Antonio Martínez Bermejo, subdelegado del Gobierno y Mercedes Cantalapiedra, Concejala de Cultura, Comercio y Turismo del Ayuntamiento de Valladolid.
Tras unas breves palabras de Miguel González Suela destacando que hoy es un día de celebración porque se ha podido completar la colección sin grandes desembolsos pero sí con mucho trabajo, María Bolaños destacó la importancia que tenía que el museo contase su propia biografía. Ahora se puede contemplar no solo escultura o pintura sino también una serie de objetos de diversa índole así como armas, fotografías, documentos. Son objetos que han llegado como si fueran restos de un naufragio y que ahora el Museo los acoge. Es un proyecto largamente acariciado que viene a cubrir esa laguna de recreación de su propia biografía. Se ha contado con la colaboración de los medios de comunicación que han abierto sus archivos y de los Amigos del Museo que han tomado parte en la investigación. Unos nuevos espacios para que los propios vallisoletanos se reencuentren con el Museo. Bermejo destacó la importancia del Museo que ha ido creciendo en los últimos años. Es un Museo que está vivo.

 

Piedad. Alabastro. Anónimo, siglo XVI

Piedad. Alabastro. Anónimo, siglo XVI

Y tan vivo que está el Museo Nacional de Escultura. Los amantes de la fotografía tienen allí un reino estable. El patio o claustro con sus filigranas en piedra y con los diferentes colores que toma esta a lo largo del día son una excusa para visitarlo. A diferencia de otros grandes museos, el de el Museo Nacional de Escultura de Valladolid es un museo recogidito, que no pequeño y muy, muy accesible (para discapacitados consultar en la web o en recepción) que se puede visitar en una jornada y recorrer sus salas visitando las principales piezas. Si nos adentramos en cada sala las diferentes obras nos asombran. La quietud, el silencio ayudan a la contemplación y a darnos un buen paseo la mañana de un sábado o domingo, por ejemplo. Amantes del arte, de la fotografía o simples curiosos, acudan al Museo Nacional de Escultura, no les defraudará.

En breve publicaremos un artículo completo en neustra revista.

Luisjo Cuadrado

Fotografías: Chuchi Guerra

Revista Atticus


Crítica película Samba de Eric Toledano y Olivier Nakache

La larga sombra de Intocable

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Ficha
Película: Samba.
Dirección y guion: Eric Toledano y Olivier Nakache.
Interpretación: Omar Sy (Samba), Charlotte Gainsbourg, Tahar Rahim y Izïa Higelin.
País: Francia. Año: 2014. Duración: 120 min.
Género: Comedia.
Producción: Nicolas Duval-Adassovsky, Laurent Zeitoun y Yann Zenou.
Fotografía: Stéphane Fontaine.
Distribuidora: A Contracorriente Films.
Estreno en España: 27 Febrero 2015.
No recomendada para menores de 7 años.

 
Sinopsis
Una mujer que ha tenido que dejar su trabajo de alta ejecutiva a causa del estrés, se apunta como voluntaria en una ONG. Un día conoce a Samba, un atractivo y carismático senegalés con tendencia a verse involucrado en líos. Entre ellos se entabla una relación tan honesta y romántica como imprevisible.

 
Comentario
Samba Cissé (Omar Sy) es un inmigrante senegalés. Negro, alto, fornido y guapetón va resolviendo su estancia ilegal en París con trabajos esporádicos en lo que sea, aunque los últimos le llevan a los bajos fondos de la cocina, a manejar el friegaplatos de un restaurante. Una renovación rutinaria del permiso de residencia se convierte en un calvario: ha desatendido los requerimientos de la Administración y se va a iniciar el expediente de expulsión del país. En primera instancia es recluido en un centro de internamiento hasta que se decida su tramitación definitiva.

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Alice (Charlotte Gainsbourg) se ha hecho a sí misma. Ha llegado a ser una alta ejecutiva de una empresa de selección de personal. De aspecto frágil, tímida e introvertida, el estrés le causó una mala pasada hasta el punto de llevarle a la baja laboral, a las sesiones de terapia con caballos y a colaborar con una ONG que ayuda a los inmigrantes en París.
Alice acude al centro de internamiento junto con la «veterana» Manu (Izïa Higelin) para tratar de ayudar a Samba y paralizar el proceso de expulsión. Uno de los consejos de Manu hacia Alice es que trate de poner distancia y que no se involucre, que no le de teléfonos ni direcciones personales. ¿Lo conseguirá Alice? Junto a este trío tendremos a un gracioso «brasileño» que no sabe ni cuál es la capital de Brasil, Wilson (Tahar Rahim).

 
Samba es la nueva entrega de los directores Eric Toledano y Olivier Nakache tras la exitosa Intocable (2011) y que tiene como protagonista a Omar Sy. Esto que puede servir como muy buena carta de presentación parece actuar como cierto lastre en el desarrollo de la misma. La película arranca muy bien con un convincente plano secuencia que se desarrolla en la cocina de un gran restaurante donde se está celebrando una boda. Nos muestra una serie de personajes que nada tienen que ver con la trama hasta que la cámara se centra en el personaje principal, en Samba. Parece que los directores han echado el resto para sentar ahí las bases de lo que vamos a ver. La cocina es un microcosmos en el que todo parece estar entrelazado. También puede actuar como una buena metáfora. Todo tiene que actuar a la perfección para que el resultado final sea el apetecible y los novios vean cumplidos sus sueños. Algo así como que los entresijos de la administración deben de funcionar para que el joven Samba pueda cumplir su sueño de trabajar y residir en París. Un lugar en el que lleva diez años y en el que pensaba que ya estaba libre de sobresaltos, de carreras para evitar que la policía te detenga y te expulsen del país.

 

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Este drama social, esta situación tan viva en París (como algunas otras grandes ciudades receptoras de inmigrantes que tienen que vivir en una situación ilegal -o alegal, no sabría muy bien poner el término-) está presentada con muchos tópicos, sin acabar de profundizar o de acentuar en tal o cual situación. La inmigración y los sin papeles; las relaciones interraciales, la xenofobia o cómo malviven en unos cuartuchos claustrofóbicos son algunos de los temas. No es ni mucho menos una denuncia social, como suele ser habitual en la filmografía de los hermanos Dardenne o Robert Guédiguian donde hay un mayor peso sicológico en los propios personales. Es drama ligero. Samba quiere ser amable con un tema muy duro sirviéndose de algunos toques de humor, pero no cuaja. La cinta está basada en el libro de Delphine Coulin Samba pour la France. Lo desconozco, no lo he leído, pero ese juego de palabras que propone el título me hace pensar que sea más brillante que el guion que han utilizado para Samba. Es difícil entender que nos transmitan el mensaje de que todos los negros son iguales físicamente y conseguir un carnet legal pueda ser usado por varios negros porque las autoridades no los distingan a simple vista. Patético es el gag simulando el anuncio de la Coca cola y casi peor resulta ver que todas las mujeres que asistan al espectáculo pierdan el culo por contemplar y jalear la actuación que está montando el limpiacristales. Y no digamos el manido topicazo con el que se desenvuelve la película que tiene que ver con esa confusión de identidades.

 
Aún así, a pesar de estos tremendos descuidos del guion, Samba se deja ver. Es de agradecer que haya películas que se centren en los invisibles. Esa gente que está trabajando en una situación precaria y que no tiene papeles. En la mayoría de las situaciones son aquellos que hacen los trabajos sucios. Son personas que están a nuestro alrededor y que tiene una situación que prácticamente los sitúan en el limbo. Es por eso por lo que decía antes que no sé si se trata de una situación ilegal o alegal. Es difícil de entender que te detengan; que te tengan un tiempo en un centro de internamiento a la espera de una resolución; que te dejen libre, pero que pese sobre ti una orden de expulsión. Una orden que te invita a que abandones el país en apenas 72 horas. Es una condena, no es a muerte, pero casi. Es vivir con la incertidumbre, vivir con el miedo de que en cualquier momento te puedan apresar y echar del país. ¿A dónde? ¿Otra vez a la miseria y el horror, llámese Senegal, Mali o Chad?

 

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Es interesante ver el contrapunto de quien parece tenerlo todo y se ve abocado a lo contrario a una baja laboral por trabajar casi las 24 horas y padecer esa enfermedad «moderna» llamada estrés. Esto está muy bien resuelto en el papel de Alice. Una brillante Charlotte Gainsbourg se desenvuelve de forma veraz. Su menudo cuerpo parece que se queda escaso para esas manazas de Omar Sy. Una mujer que difícilmente puede mantener un equilibrio emocional se ve «obligada» a ayudar a Samba. Y las tornas se vuelven. La pena es que está al servicio del protagonista (poco o nada sabemos de su vida, más allá de la anécdota que la llevó al sicoanalista). Esta escasa definición del personaje es extensible al resto de secundarios que apenas están esbozados.

 

Con buenas interpretaciones de Omar Sy y Charlotte Gainsbourg; con el apoyo de algunos temas musicales muy atractivos y algunos toques de humor aceptable (magnífica la escena en que le comunican a Samba que tiene que abandonar el país en 72 horas) Samba solventa la papeleta. La sombra de Intocable ha supuesto un gran lastre. Si la crítica fue condescendiente con aquella película en ésta no se lo ha perdonado. Y Samba no es más que otra historia construida sobre el tópico de que un negro del sur (Senegal) mostrará que no se necesita de tanto para saber disfrutar de la vida. Y que el contacto humano proporciona más bienestar que tener la cuenta corriente muy abultada. La acomodada blanca parisina descubrirá que Samba es algo más que el nombre de un baile. Norte-sur, blanco-negro, rico y pobre unos dualismos con distintos nombre pero para hablar de lo mismo: la enorme diferencia entre clases sociales. Por mucho que dos personas frecuenten el mismo restaurante, una de ellas estará frente al mantel blanco y el otro en los suburbios de la cocina.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

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