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Crítica película Magical girl de Carlos Vermut

Magical girl
Cuando las matemáticas no ordenan el mundo

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Ficha
Película: Magical girl.
Dirección y guion: Carlos Vermut.
Interpretación: José Sacristán (Damián), Bárbara Lennie (Bárbara), Luis Bermejo (Luis), Lucía Pollán (Alicia), Israel Elejalde (Alfredo), Elisabet Gelabert (Ada), Miquel Insúa (Oliver), Teresa Soria Ruano (Adela), David Pareja (Javier), Eva Llorach (Laura).
País: España. Año: 2014. Duración: 127 min.
Género: Drama.
Producción: Álvaro Portanet Hernández, Amadeo Hernández Bueno y Pedro Hernández Santos.
Fotografía: Santiago Racaj. Montaje: Emma Tusell.
Diseño de producción: Montse Lacruz.
Vestuario: Iratxe Sanz.
Distribuidora: Avalon.
Estreno en España: 17 Octubre 2014.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.

 

Sinopsis
Alicia (Lucía Pollán), una niña enferma, sueña con el vestido de la serie japonesa «Magical Girl Yukiko». Luis (Luis Bermejo), su padre, hará todo lo que esté en su mano para conseguirlo. Su destino se cruza con el de Bárbara (Bárbara Lennie), una atractiva joven con desórdenes mentales, y con el de Damián (José Sacristán), un profesor retirado de todo menos de su tormentoso pasado. Luis, Bárbara y Damián quedarán atrapados en una red de oscuros chantajes, en la que instintos y razón se debatirán en una trágica lucha.

Comentario
La única verdad evidente son las matemáticas. La película arranca con una suma: 2 más 2 son 4, nos recuerda José Sacristán en su papel de Damián, profesor de matemáticas. El director parece alertarnos: las matemáticas son lo que mueven al mundo. El hombre siempre ha tenido la necesidad de contar, de medir, de establecer unos patrones. A partir de esa cuantificación palpable, «verdadera», montar una serie de teorías matemáticas que han constituido a los largo de los siglos una herramienta para el desarrollo de la humanidad. Damián es interrumpido en su clase, en su templo, cuando está en pleno discurso por una insolente, pero chiquilla Bárbara. Una chiquilla que amenaza el orden de Damián y que se nos muestra al espectador en los primeros momentos de la película a través de su impecable y pulcra mesa de trabajo: todo en orden, todo alineado, todo se debe a una razón. Ese orden se ve amenazado por tres grandes peligros (por lo menos para el mundo cristiano): mundo, demonio y carne. Y estos tres «enemigos» conforman los tres capítulos de Magicarl girl de Carlos Vermut.

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Mundo
El mundo en que vivimos no es de color de rosa como lo es el mundo mágico de los mangas, de los dibujos animados japoneses. Alicia (Lucía Pollán) es una niña de apenas doce años que padece una grave enfermedad. Alicia, al igual que sus dos amigas, tiene apodo del cómic. Ella se hace llamar Yukiko y anhela tener un vestido de una «magical girl», una de esas niñas mágicas niponas que tienen un poder oculto. Un deseo que solo se atreve a confesar en su diario. Su padre Luis (Luis Bermejo) está en el paro. Era profesor de literatura y ahora con poco más de cuarenta años se encuentra sin trabajo y a punto de la desesperación. Quiere darle todo a su hija consciente de que tal vez no pueda cumplir otros deseos. El problema que se encuentra Luis es que el vestido vale cerca de siete mil euros. No duda en vender su herramienta de trabajo como son los libros. Pide dinero a todas sus amistades sin éxito. Recurre a los créditos y a los préstamos de esas entidades usureras de desorbitados intereses. Todo ello sin éxito.

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Carne
La carne supone una tentación para el alma. Es una tentación que produce nuestro propio cuerpo. La tentación en sí no es mala, sino lo verdaderamente malo (pecado) es consentirla. Para ello el buen cristiano tiene que sortear una serie de peligros. Entre ellos se encuentra las amistades –las malas compañías-. Y eso lo sabe muy bien Bárbara (Bárbara Lennie). Una mujer atormentada, oscura, enferma, que está casada con Alfredo (Israel Elejalde), un siquiatra muy dominante que no duda en someter a una serie de vejaciones a Bárbara «por su propio bien».

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Demonio
El demonio tiene muchos rostros, qué se lo pregunten a Damián (José Sacristán). Ahora ya jubilado, fue profesor de matemáticas y desde que conoció en el aula a Bárbara su vida ha sido un infierno. Ha pasado diez años en la cárcel. Tras llevar un año viviendo una vida tranquila sus temores volverán a escena.

 

Estos tres capítulos constituyen tres tramas, historias cruzadas, que el director y guionista Carlos Vermut desarrolla en una estructura circular. La amenaza, el miedo, el chantaje, la venganza, la redención son algunas de las claves de esta segunda propuesta de Vermut. Pero también abarca temas sociales como el paro, la educación, esa España cañí son su seña de identidad que es la tauromaquia, la fidelidad de la pareja, el amor paterno filial, la crisis, las enfermedades mentales o el cáncer y la prostitución (o las obsesiones sexuales).
Luis supedita la razón a lo emocional. Sufre un pequeño chantaje por parte de su hija Alicia. Ella es consciente de su grave enfermedad y quiere vivir deprisa, saltarse etapas. Su padre no tiene fuerza moral para prohibirle beberse un gin-tonic o fumarse su primer cigarro, delante de él. De igual manera que no puede, al enterarse, negarle uno de sus deseos: vestirse de Yukiko, una magical gil que tiene poderes mágicos. Luis apenas tiene dinero para subsistir. Tiene que malvender sus libros. Lo hace al peso, sin importar si vale más un premio Nobel o una guía turística. El gran problema es que el vestido cuesta cerca de siete mil euros. Cuando está a punto de realizar un acto desesperado, se cruza en su camino una joven Bárbara.
Bárbara es una mujer impredecible. De mirada fría, de aspecto frágil y enigmático. Tiene un pasado oscuro, muy oscuro que apenas conseguimos ver. Solo se nos transmite cuando en su cuerpo desnudo descubrimos las cicatrices de la carne, las heridas del alma. Es una mujer veleidosa que sufre la tentación constante. Su dolor la conduce a más dolor, a autolesionarse como castigo. Su herida en la frente es una especie de estigma, es una seña evidente de su martirio. Es una cruz. A su lado tiene a Alfredo. Es un padre/maestro/siquiatra/pareja en una sola persona. Trata de dominar la voluntad de Bárbara sometiéndola a un férreo control y disciplina. Por su debilidad con la carne, Bárbara va a sufrir un inmerecido chantaje que provocará que esos demonios del pasado vuelvan a salir a la superficie. Pero sabrá darle un retorcido giro a ese chantaje y buscará vengarse de los hombres. Aflorará una temible mujer fatal.

 
Damián es el hombre ordenado, meticuloso que un buen día perdió el norte y su vida se desestabilizó. Creemos que se debe a que conoció la debilidad de la carne y traspasó la línea que lo llevo a prisión. Hago un inciso para alabar una de las bonanzas que tiene Magical girl: dejar al espectador el suficiente espacio para que los huecos en las vidas de los personajes, los rellene con la información que el propio film nos ha ido suministrando de forma sutil. Esa pieza que falta en el puzle de Damián, esa jodida pieza que no encuentras tras haber dedicado horas ahora por arte de magia ha desaparecido, no está. Será el espectador el que encaje esa última pieza en Magical girl. Volviendo a Damián, un hombre que sufre por su pasado y que teme encontrase con él. Es un hombre que siente la culpa y que cree que está en deuda con Bárbara. Tiene sus dudas pero ve claro lo que tiene que hacer. Su demonio le revelará como un auténtico profesional del hampa. Otra vez la razón sometida a la emoción. Sus actos generaran una espiral de violencia proporcionando uno de los finales más plausibles de cine en los últimos tiempos.
Carlos Vermut (Carlos López del Rey, Madrid, 1980) es un director joven que dejó su impronta en su anterior película Diamond Flash (2011) y que nos hace concebir grandes esperanzas de estar ante un gran talento. Todo en Magical girl está medido, todo tiene su razón de ser. No deja nada al azar. Los nombres tienen su porqué (Alicia, Luis –Luis Carroll-, Oliver Zoco –OZ-, Damián). Maneja de forma magistral la puesta en escena con planos fijos; en el uso de los silencios y los misterios recreando una atmósfera un tanto irreal. Y también en el fuera de campo, en eso que no vemos pero que da sentido a un personaje. Aun recuerdo el magistral uso que hacía de esta técnica John Ford con aquellas míticas escenas de los desmanes de los apaches, de sus torturas y cortes de cabellera fuera de campo. No veíamos nada, pero sentíamos la repulsión. La imaginación era más poderosa. Su obra se muestra muy cercana a grandes directores como David Lynch, Pedro Almodóvar, Alex de la Iglesia, los hermanos Coen, Michael Haneke o Lars von Triers. En Magical girl se muestra como maestro en el arte de la insinuación. Su sutileza en mostrarnos la puerta donde se refugian los demonios del alma y solo ver el lagarto que está encima de su dintel es prodigiosa. Todo ello se basa en un guion soberbio elaborado por el propio Vermut.

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José Sacristán es la voz. No, no va a quitar ese trono Frank Sinatra. Él, Sacristán, disfruta de su trono de la interpretación. Su voz pesa más que su rostro. Esa gravedad ha conformado grandes papeles como los que interpretó en Un lugar en el mundo (1992) o Roma (2004) de Adolfo Aristarain –por poner solo dos ejemplos-. Aquí se muestra al principio de forma tenue para al final aparecer en todo su esplendor. Magnífico.

 

El papel de Bárbara Lennie es un regalo que todo actor debe de agradecer. Y que a todo buen actor se le debiera de presentar en su vida para demostrar el alcance de su valía. Está lleno de matices. Es difícil mostrar el tormento interior, las convulsiones de unas dudas atroces, el cómo tienes que domar los demonios que te roen las entrañas, el peso del pasado frente al espejo. Pero Lennie lo solventa con maestría. Ella es la encargada de personificar ese lado oscuro del ser humano, ese mundo tenebroso que se ha construido en torno a la misteriosa puerta del lagarto negro. Es ella la que traspasa la línea. Cuando surge de las tinieblas y la vemos postrada en la cama, con el alma y el cuerpo destrozado se nos revuelven las tripas. Se puebla la pantalla de apaches. Grande, muy grande su actuación.
Luis Bermejo da vida a un hombre corriente, que, lamentablemente, vive una vida corriente muy habitual en nuestros días. En alguna escena peca de inexpresivo, pero en la mayoría luce con naturalidad esa desesperación a la que tiene que recurrir ante los problemas que le surgen. Llegado el momento (al igual que sucede con el papel de Sacristán) se muestra como verdadero profesional del crimen.

 

Lucía Pollán representa un hallazgo, una mirada propia de una actriz. Actúa con naturalidad y ejerce un gran magnetismo ante la cámara. Se le reserva un papel importante en la trama para el final. Prometedora.
La película de Carlos Vermut carece de banda sonora. A lo largo de la misma suenan dos o tres temas. Uno de ellos es La niña de fuego, interpretado por Manolo Caracol. La canción ofrece mucho ya que su letra parece haber inspirado la propia película.

 
No estoy nada de acuerdo con quienes califican esta película de comedia negra. Sí que es verdad que a lo largo de la cinta podemos ver algún que otro toque de humor que sirve para desengrasar tanta vileza. Magical girl es, sin duda, un poderoso film negro, un drama de planteamiento sencillo, pero revestido con complejidad, con una atmósfera inquietante, enrarecida, construida a base de silencios y pasiones contenidas.
Como síntesis de Magical Girl destacaría la escena del bar donde toman contacto Damián y Luis. Con una conversación banal, con cigarro de por medio, que deriva, de forma magnífica, en el planteamiento que hace Damián a Luis para la resolución del conflicto. Todo está medido, y perfectamente planificado. Tenemos fotografía (una luz con tonos pasteles), los diálogos (brillantes), los actores (inmensos), el guion, montaje. Todo. No recuerdo si lleva algún subrayado de música, pero simplemente es una escena magnífica.
Magical Girl ganó la Concha de Plata al Mejor Director (Carlos Vermut) y de Oro a Mejor Película en la Sección Oficial de la 62 edición del Festival de San Sebastián.

Magical girl es un cuento. Tiene como protagonista a una niña, Alicia, que con su poderes mágicos quiere cambiar el mundo. Pero su mundo no es de color de rosa y está amenazado por el demonio y la carne. Cuenta con unos personajes atormentados que son bondadosos pero que por circunstancias se ven abocados a lucir el lado salvaje y oscuro que albergan en su interior. Mundo, demonio y carne en un solo trino: el hombre.
A lo largo de este comentario pensaba haber escrito la letra de La niña de fuego. Pero lo he pensado mejor y os ofrezco esta grabación histórica. Está entrepretada por el propio Manolo Caracol y baila… Lola Flores. Data de 1947, casi nada.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Marcador

Exposición Depero Futurista en la Fundación Juan March, Madrid

En Depero conviven el hombre de la calle y el genio de la comunicación, el jovenzuelo y el arquitecto, el destructor y el constructor de geometrías intachables, el presentista y el futurista. El pop antes del Pop.
¡Dep dep hurra!
Pablo Echauren

WWDepero en el camerino del Teatro Trianon de Milán, 1924

Depero en el camerino del Teatro Trianón de Milán Mario Castagneri. Fotografía: plata en gelatina sobre papel baritado, 22,5 x 17 cm Archivo Depero

La Fundación Juan March ha organizado la exposición DEPERO FUTURISTA (1913 – 1950) que establece un discurso expositivo entorno a la figura de Fortunato Depero, formulando una visión renovada de lo que ha sido considerado como la vanguardia de las vanguardias: el futurismo italiano. Son casi 300 objetos, documentos y fotografías de Depero y otros artistas, los que se pueden contemplar en esta exposición, procedentes de diversas instituciones y colecciones, tanto privadas como públicas.
Al acercarnos a la sede madrileña de la Fundación conviene tener muy presentes lo que es el futurismo, para así hacernos una idea de lo que nos vamos a encontrar. Después, en este trabajo, acometemos la propia figura de Fortunato, para terminar con una pequeña alusión a la exposición Depero Futurista (1913 – 1950).
Futurismo
Filippo Tommaso Marinetti (1876 – 1944) fue un ideólogo, poeta y editor italiano que fundó el movimiento futurista. Surgió en Milán tratando de encontrar la manera de romper con la tradición, el pasado y los signos convencionales en la historia del arte. En 1909, Marinetti publicó en Le Figaro, el manifiesto del Futurismo. A diferencia de otros movimientos, como el Cubismo, Marinetti quería que la acción no solo se circunscribiera a las artes plásticas o la literatura. Quería que el Futurismo implicara una nueva actitud ante la vida. Rechazaban la estética tradicional. «Nada del pasado merece la pena ser conservado». Ese parecía ser uno de sus lemas. Tenía como uno de sus postulados la exaltación de lo sensual, lo nacional, el valor guerrero, la veneración por la máquina (un nuevo ingenio mecánico). Aprovechaban cualquier medio para llevar a cabo la expresión de este nueva forma como es la arquitectura, el urbanismo, la publicidad, cine, música, poesía y cualquiera de las artes plásticas.
Sus propuestas eran muy radicales. Valoran la originalidad por encima de todo. Eran algo así como una bofetada irreverente, un salto subversivo. En un primer momento, junto a Marinetti se encontraban los artistas italianos Giacomo Balla, Gino Severini, Umberto Boccioni o Luigi Russolo. Posteriormente se unirá al movimiento Fortunato Depero.
Fortunato Depero

Depero indaga, pues, en el dinamismo constructivo y mecánico de los conjuntos plásticos y en el estudio de este espacio tridimensional, donde insertar un cuerpo humano mecanizado y automatizado en el acto cinético: el animal mecánico, L’essere vivente artificiale, tomará ahora la escena teatral.
El organismo plástico, teatral y viviente de Depero
Llanos Gómez

Fortunato Depero (Trento, 1892 – Rovereto, 1960) procede de la formación artística centroeuropea. Se formó en la Scuola Reale Elisabettina de Rovereto, en el extremo norte de Italia, siendo, en 1919, territorio austriaco. Proporcionaba a los artistas unas enseñanzas técnico-artistas. Depero se concentró en el dibujo natural, el geométrico y la decoración. Desde finales de 1911 y principios de 1912 el futurismo ya estaba en Rovereto y empezó a formar parte del ADN de Depero. En 1913 expone por tercera vez, una serie de dibujos todavía grotescos, pero con comportamientos más audaces que preludian ese futurismo que levantará tanta crítica en la sociedad.
En diciembre de 1913 se marcha a Roma. Como muchos otros artistas sus comienzos no pueden ser más desalentadores. Pasa hambre, frío y no tiene dinero. Pero es un entusiasta que no se desanima fácilmente. Allí conocerá a Giacomo Balla (1871 – 1958) y a otros futuristas romanos. Es así como contacta con ese nuevo movimiento artístico y comenzará su nueva vida como futurista. El 11 de marzo de 1915 firmará junto a Giacomo Balla el manifiesto Ricostruzione futurista dell’unverso (Reconstrucción futurista del universo), en donde se propone, entre otras cosas, la globalización de las artes y la fusión de las artes con todos los aspectos cotidianos de la vida; además de declarar acabado el lenguaje tradicional y proponer un lenguaje nuevo. Es así como formulan el lenguaje nuevo llamado «onomalengua» que resultaba ser como una especie de verbalización abstracta.
Otro año clave en la vida del artista italiano es 1919. En ese año va a crear la Casa d’Arte Depero, una especie de factoría cultural en la que se van a utilizar todos los medios técnicos y artesanales para llevar a cabo este proyecto. En su afán de conseguir un modelo de producción se desplazó hasta Nueva York. En 1929, en la capital neoyorquina abre su Depero Futurist House con la esperanza de encontrar allí, junto a los rascacielos, el lugar ideal para desarrollar sus ideas.
Depero fue un artista mutidisciplinar que no tuvo el reconocimiento que debiera a la vista del significado real de su obra. Así lo expresa Manuel Fontán del Junco en la presentación que hace en el catálogo de la exposición: «Fue un artista constructor de todo un universo futurista, un artista polifacético, multimedial y total: fue incansablemente pintor, escultor, dibujante, dramaturgo y escenógrafo, escritor, poeta, ensayista, diseñador gráfico y publicitario, creador de arquitecturas tipográficas y pabellones de ferias, libros, revistas y logotipos comerciales, juguetes y tapices, empresario cultural e inventor de uno de los primeros libros de artista de la historia. Y lo fue hasta el final de su vida».
Fortunato Depero fue un autentico pionero. Fue uno de los primeros artistas en intentar aplicar la nueva tecnología en la creación (y reproducción de imágenes). Sembró el camino para que artistas como Andy Wharhol llevaran la cultura a las masas y las obras de arte se convirtieran en objetos populares.

Mis bailes plásticos, 1918, Fortunato Depero Óleo sobre lienzo, 189 x 180 cm. colección particular, Suiza

Mis bailes plásticos, 1918, Fortunato Depero
Óleo sobre lienzo, 189 x 180 cm. colección particular, Suiza

La exposición
La obra de Fortunato Depero comprende diversas manifestaciones: pintura, cartelería, escenografía figurinista teatral o realización de marionetas. Esto se traduce en un montaje muy diverso con más de 300 objetos que van desde las telas, pinturas, maquetas, pequeños muñecos, distintos collages, fotografías, dibujos, libros y algún audiovisual. Así es posible encontrarnos con una reproducción de un escenario teatral en vertical, distintas revistas que se hacían eco de Depero, un curiosísimo primer diccionario aéreo y una serie de dibujos o bocetos como son los anuncios publicitarios de la marca italiana Campari.
Todo ello es fruto de esa pasión tanto del propio Fortunato como los futuristas. Una gente «loca» que se dedicó a la trasgresión, a la subversión, a dar la vuelta a las cosas y replantearse nuevas propuestas. No aceptaban lo establecido, se cuestionaban todo. Solo así se puede entender ese juego de deconstrucción de las palabras, de darle la vuelta y buscar otro sentido a la vida. La figura de Fortunato Depero ha sido clave para entender la evolución artística de buena parte de la primera mitad del siglo XX. Depero y los futuristas sembraron un germen que provocó un cambio en la orientación y en el gusto en cuanto a las obras de arte (y lo que es arte y no es) junto a la manera de producir las imágenes.
La exposición Depero Futurista está organizada en cuatro apartados:
I De la abstracción al futurismo 1909-1916
II El teatro y la vanguardia 1916-1918
III La «Casa de arte futurista» y el arte de la Publicidad 1919-1928
IV Un futurista en Nueva York. y de vuelta a Italia 1929-1950
Hoy la obra de Depero está considerada como fronteriza entre la de los pioneros y la de los continuadores de la estética y poética futurista. Sus obras han sido expuestas a lo largo del último cuarto del siglo XX fuera de Italia en algunas exposiciones monográficas: Bonn y Hannover, 1973; Salzburgo, 1982; Düsseldorf, 1988; Chicago y Nueva York, 1992; Miami, 1999; Tokio, 2000 y Barcelona en 2013 (y otras ciudades europeas que junto a estas dos últimas ya se han celebrado en el siglo XXI).

Motociclista, sólido con velocidad, 1927 Fortunato Depero,  Óleo sobre lienzo, 117 x 163,5 cm.  Colección particular, Suiza

Motociclista, sólido con velocidad, 1927
Fortunato Depero,
Óleo sobre lienzo, 117 x 163,5 cm.
Colección particular, Suiza

Catálogo y actividades
Como viene siendo habitual en la Fundación Juan March han aprovechado la exposición para organizar una serie de conferencias y conciertos musicales con el futurismo como tema principal.
Asimismo (también una constante) la Fundación ha editado un lujoso catálogo de la muestra. Acorde con ella y con el propio montaje han tenido en cuenta algunos de los preceptos futuristas y el diseño y la maquetación se adaptan a ese gusto. A través de más de 400 imágenes de pinturas, dibujos de escenografías, diseños publicitarios y un largo etcétera que configuran un verdadero complesso plastico motorumorista: «un conjunto plástico y literario cuyo dinamismo y fuerza se imponen al contemplar con el potente, divertido y fascinante ruido de lo nuevo». Recoge el vasto trabajo de Fortunato Depero entre 1913 y 1950. Las imágenes se acompañan de diferentes ensayos interpretativos de su obra así como importantes textos históricos que encuadra e ilustran las obras de Fortunato Depero, uno de los principales protagonistas de la cultura italiana de vanguardia que, junto al resto de sus compañeros, sentó las bases de la revolución artística que supuso el Futurismo.
Más información en:
Fundación Juan March
Un vídeo de la muestra de la Fundación Juan March

Luisjo Cuadrado
Revista Atticus


En recuerdo de la duquesa de Alba, doña Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva

 

Ya vuelvo querido Tormes,
ya tornan las ansías mías
a ver la pizarra helada
que cubre mi muerte viva.
Castígame de esta ausencia
que de adorarte me priva,
Alba de mi sol difunto
y noche de mi alegría.
Tú sola fuiste mi patria,
y la dejo enemiga
porque no hay mas propia tierra
que la que encubre Belisa.
Lope de Vega

 

Paseando por Ibiza, 2014 Alberto Romero, 140 x 140 cm Técnica mixta, madera

Paseando por Ibiza, 2014 Alberto Romero, 140 x 140 cm Técnica mixta, madera

Un año llevamos planificando el número Cinco. Hace aproximadamente tres meses nos pusimos en contacto con un artista: Alberto Romero. Por mediación de una gran amiga Atticus, descubrimos su obra y a su fuente de inspiración de los últimos años que se ha plasmado en sus recientes creaciones. Se trata de doña Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, duquesa de Alba, una persona entrañable, querida y respetada.

 

Feliz, 2014, Alberto Romero, 100 x 100 cm Técnica mixta, madera

Feliz, 2014, Alberto Romero, 100 x 100 cm Técnica mixta, madera

No he tenido la fortuna de conocerla personalmente. Por diversos motivos personales su vida se ha cruzado en nuestro camino en los últimos cinco años. Doña Cayetana apoyó nuestro proyecto convirtiéndose en nuestra madrina. Así recogimos ese compromiso en nuestro primer número impreso, hace ya más de cinco años. Coincidencias de la vida, mi madre, Lola, hubiera cumplido los 88 años el pasado septiembre. Pero no pudo ser. También fue una gran valedora de Revista Atticus y admiraba el coraje, la valentía y hasta el desparpajo de doña Cayetana. A la reciente muerte de mi madre se une ahora la de duquesa de Alba. Mi madre y mi madrina (como editor de la revista), abanderarán el proyecto Atticus allá donde se encuentren; las veo a las dos, con una revista debajo del brazo.
Desde Revista Atticus queríamos hacer un homenaje a doña Cayetana por su apoyo y compromiso con nuestro proyecto. Teníamos varios frentes abiertos que constituían buenas posibilidades. Uno de ellos tenía que ver con la biblioteca y los tesoros que alberga en el palacio de Liria en Madrid. Otro de ellos es resaltar alguna de las grandes obras pictóricas o escultóricas que alberga su colección de arte. Pero descubrimos a Alberto Romero y vimos la oportunidad de hacer un artículo con su obra que sirviera de agasajo a la labor filantrópica de la Duquesa de Alba.

Casa S´Aufabaguera, 2014, Alberto Romero, 50 x 50 cm Técnica mixta, madera

Casa S´Aufabaguera, 2014, Alberto Romero, 50 x 50 cm Técnica mixta, madera

Cuando ya teníamos preparada la maqueta del artículo sobrevino la fatal noticia. Hoy 20 de noviembre ha fallecido doña Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, en el palacio de Dueñas, en Sevilla. Ese artículo (al igual que esta nota) quiere ser un pequeño homenaje a una persona que había contraído un extraordinario compromiso con la cultura. Ha sido modelo y musa de artistas como Zuluoga o Benlliure y ha ejercido una gran labor de mecenazgo. De siempre, la duquesa de Alba ha estado muy vinculada al mundo de la cultura. Y eso siempre es de agradecer y mucho más en los tiempos en los que a la cultura se la tiene un tanto abandonada por parte de algunas instituciones que debieran de velar por ella, más que perseguirla.

WPresentacion Casa ALBA

Carta de la Fundación Casa de Alba que reprodujimos en el número UNO de Revista Atticus

Alberto Romero es un artista que en los últimos años ha tenido como fuente de inspiración a la duquesa de Alba. Ha expuesto sus obras en Madrid, Toledo, Sevilla e Ibiza. Tiene previsto para marzo de 2015 una exposición en la Real Academia de Santa Isabel de Hungría de la que doña Cayetana era miembro. De él hablaremos de forma más extensa en nuestro artículo para la Revista Atticus Cinco.
En su búsqueda de la individualidad, de un estilo propio, Alberto Romero ha sabido captar la esencia de Cayetana. Sus peinados, sus trajes de faralaes, sus pendientes, sus pamelas o sus inseparables gafas se repiten a lo largo de unas obras esculto-pictóricas realizadas con una técnica mixta. Son collages realizados sobre soporte de madera y sumergidos en una base plagada de texturas. Son obras orgánicas, matéricas, con gran variedad de materiales como papeles, cartones, maderas, colas serrines o polvos de mármol o poliéster. Obras muy cercanas a la estética del Pop-Art.
Hemos perdido a una gran Dama, la Duquesa y hemos perdido a nuestra madrina. La Cultura ha perdido a una persona que había ejercido una gran labor de mecenazgo al frente de la Fundación Casa de Alba. Hoy nos hemos quedado un poco más huérfanos. Desde aquí transmitimos nuestro pésame a toda la familia y a los miembros de la Fundación Casa de Alba.

Doña Cayetana fue una gran apasionada y coleccionista de obras de arte. Fuente: El País

Doña Cayetana fue una gran apasionada y coleccionista de obras de arte. Fuente: El País

 

Nota de la redacción. Las fotos han sido cedidas por su autor que es el que tiene todos los derechos de reproducción sobre las mismas. Han sido cedidas para esta ocasión y estas son algunas de las que formarán parte del artículo que publicaremos en Revista Atticus Cinco (que estará dispònible en los primeros días de 2015).

Luisjo Cuadrado
Revista Atticus


Interstellar
Una hora siete años

No entres con calma en esa buena noche,
la vejez debe arder y delirar al acostarse el día;
rabia, rabia, contra la muerte de la luz.
Poeta galés, Dylan Thomas

Ficha

WCartel-pelicula-Interstellar-InterestelarPelícula: Interstellar.
Dirección: Christopher Nolan.
Interpretación: Matthew McConaughey (Cooper), Anne Hathaway (Amelia), Jessica Chastain (Murph), Michael Caine (profesor Brand), Bill Irwin (voz de TARS), Casey Affleck (Tom), Topher Grace (Getty), David Oyelowo, John Lithgow (Donald), Ellen Burstyn (Murph anciana), David Gyasi (Romilly), Mackenzie Foy (Murph niña), Matt Damon (Dr. Mann).
Países: USA y Reino Unido. Año: 2014.
Duración: 169 min.
Género: Ciencia-ficción.
Guion: Christopher Nolan y Jonathan Nolan.
Producción: Christopher Nolan, Lynda Obst y Emma Thomas.
Música: Hans Zimmer.
Fotografía: Hoyte Van Hoytema.
Montaje: Lee Smith. Vestuario: Mary Zophres.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en España: 7 Noviembre 2014.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Sinopsis

Al ver que la vida en la Tierra está llegando a su fin, un grupo de exploradores decide embarcarse en la que puede ser la misión más importante de la historia de la humanidad y emprender un viaje más allá de nuestra galaxia en el que descubrirán si las estrellas pueden albergar el futuro de la raza humana.

Comentario

No sé muy bien si al contemplar Interstellar estamos ante la cuarta, quinta o sexta dimensión. De astrofísica no sé ni pez. No sé de gusanos, ni de agujeros negros (más allá de los que se abren en la cuenta corriente hacia final de mes). Y mis conocimientos sobre la relatividad o el tiempo son a nivel de usuario básico. Es decir, no hace falta ser un entendido para disfrutar y contemplar esta nueva entrega de Christopher Nolan porque, en definitiva, estamos ante una brillante historia de amor. El amor es lo que sostiene al mundo. Y nunca mejor dicho con motivo de la nueva entrega del director inglés donde la búsqueda de otro mundo es la razón principal de sus protagonistas. Ese amor será lo único que transcienda en el espacio y en el tiempo.

INTERSTELLAR

Vayamos por partes. La acción transcurre en un tiempo futuro indeterminado. No muy lejano al nuestro, pero en un mundo donde el horizonte es negro. El panorama que espera a la Humanidad es desolador. El planeta se extingue. Solo se plantan las especies más resistentes. Hay una plaga, una especie de polvo que penetra en lo más profundo del campo, de la ciudad y del ser. El aire se vuelve irrespirable. Un mundo en el que cobra más importancia ser un buen granjero que sepa cuidar las tierras y obtener frutos para poder vivir, que un ingeniero. Producir alimentos e más rentable (y necesario). No hay recursos públicos para estudiar el espacio ni tampoco para armamento. Un mundo donde no hay armas sería hasta casi idílico, pero aquí la cuestión es porque no hay nada que defender. Estamos a punto de cargarnos el mundo nosotros solos.

 
Cooper (Matthew McConaughey) será el encargado de buscar una salvación para la Humanidad. Es un expiloto e ingeniero de la NASA, viudo, con dos hijos (Tom y Murph), que ahora vive intentando sacar adelante una granja familiar. Pero se encontrará con la decisión de emprender un viaje interestelar con futuro y destino un tanto inciertos. Cooper tendrá que tomar la difícil decisión: o quedarse con su familia y asistir a la extinción de la vida o, por el contrario, intentar encontrar otro mundo. Su hija Murph (Mackenzie Foy –atención a esta cría-) no se lo pondrá nada fácil. Cree que hay unos fantasmas que le mandan unos indescifrables mensajes. Su padre será el encargado de ayudarle. Pero el mensaje de esos «entes» trastocará todo y le obligará a tomar una decisión. Ahí entra en juego el proyecto «Lazarus» desarrollado en secreto por la NASA.

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Al frente del proyecto se encuentra el profesor Brand (Michael Caine) que tiene en mente un doble plan. El plan A es llegar a un planeta donde la vida sea posible. Ya tienen un camino recorrido. Previamente han mandado una serie de naves tripuladas a distintos planetas que llevan transmitiendo las posibilidades de vida que hay en ellos. Hay dos buenos candidatos para los expedicionarios. Uno es el planeta donde se encuentra Edmund y el otro es el del Dr. Mann (un pequeño papel reservado para Matt Damon). Mientras tratan de llegar a ellos estudiarán las condiciones gravitatorias (y cómo afecta en los agujeros negros) para poder solventar el principal problema que supone esta opción: cómo salvar la gravedad para llevar toda una colonia humana montada desde la Tierra. Si falla tenemos el plan B: establecer una colonia en el planeta habitable llevando óvulos y fertilizándolos allá. Han tenido en cuenta a genetistas y esas cuestiones científicas y parece ser un proyecto viable. Ahí tienen un papel importante la bióloga Amelia (Anne Hathaway), hija del profesor Brandt, y los científicos Doyle (Wes Bentley) y Romilly (David Gyasi). En la expedición, acompaña al elemento humano un superdotado (de última generación) robot que ayudará en las tareas de computación. Se trata de TARS. Un ingenio mecánico programable, con diferentes grados de humor o sarcasmo, que se convierte en uno los elementos más originales del film, a pesar de su rudimentario y hasta tosco aspecto (se muestra más que eficaz cuando llega el momento). Cooper será el encargado de comandar la misión.

 
Los miembros de esta singular tripulación son conscientes de la tesitura en que se han metido. Esa aceleración de tiempo en la Tierra causará grandes diferencias entre las personas que están en la órbita con las personas terrestres. Es por esta razón que el papel de la hija de Cooper, Muprh (en clara alusión de la ley de Murphy –nada es casual en las cintas de Nolan-) lo veremos interpretado hasta por tres actrices. Jessica Chastain será la encargada de representarla en la edad madura y tendrán un papel importante en la resolución del problema. Un problema que se complicará cuando los expedicionarios tengan que elegir entre uno y otro planeta.
Voy a intentar no desvelar más cosas del argumento. Casi toda la acción se estructura alrededor de una premisa: el tiempo en el espacio transcurre mucho más despacio que en la tierra. En algún momento, allá arriba, una hora en el espacio se traduce en siete años en la Tierra. Este principio de diferentes tiempos para distintos espacios lo vimos en Origen (Inception, 2010) aunque en aquella era más complejo de asimilar, ya que se desarrollaba en el mundo de la mente, de los sueños. Con este desdoblamiento lo que Nolan crea es tensión y drama. Cualquier fallo en el espacio será gravísimo en la vida de los protagonistas. El director es un sabio en la multiplicidad de espacios y de líneas temporales. Es posible que en algún momento nos podamos perder (permítaseme el juego) por el espacio. Pero está muy bien logrado en esta ocasión (no así en Origen, no apta para todos los paladares).

2014, INTERSTELLAR
Una de las cosas por la que amamos el cine es esa posibilidad de ver y disfrutar de otros mundos. Esa sensación es muy cercana (a pesar de la decenas de años que han pasado) a la experimentada por los primeros que acudieron a una barraca de feria a ver algo que llamaban cine. Una atracción (un engaño) que nos descubría otro mundo, otra dimensión. Eso mismo sucede con Interstellar. Nos sumergimos en un viaje intergaláctico. Algo parecido hicimos con Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) y algo también disfrutamos en 1968 con 2001, una odisea en el espacio (Stanley Kubrick). Se puede resumir burdamente que la conjunción de ambas da como resultado esta cinta de Christopher Nolan. Las referencias cinematográficas son múltiples. Desde El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, Mervyn LeRoy, Richard Thorpe y King Vidor; 1939) por la ambientación, los tornados de arena y el mundo mágico, hasta Señales (Signs, M. Night Shyamalan, 2002), con la familia patriarcal y ausencia de la madre, la importancia de «las hijas» y el contacto con el espacio sideral.

 
Las poderosas imágenes (sería la leche haberla visto en IMAX) de Hoyte Van Hoytema hacen grande a Interstellar, pero la enaltece la actuación coral de sus protagonistas.  Matthew McConaughey (es un galáctico, en estado de gracia casi permanente quién ha sabido reconducir su carrera después de unos inicios desacertados con comedias románticonas sin más valor que hacer las delicias de los palomiteros), Anne Hathaway, Jessica Chastain, Michael Caine, la pequeña gran actriz Mackenzie Foy y hasta Matt Damon están soberbios. Eso debe de ser un mérito de Nolan más allá de su virtuosismo al rodar estas películas. Sabe dirigir a los actores y sacar de ellos lo mejor.

 
La banda sonora corre a cargo de uno de los grandes: Hans Zimmer. Hay momentos en que sus subrayados son magníficos.

 
No tendré oportunidad de viajar al espacio pero con Nolan ya lo he logrado. Sus escenas son naturales sin grandes efectos especiales. He sentido vértigo al ver como se acelera la nave al entrar en esa cosa de gusanos o agujeros. He sentido agobio al acoplar mi casco y pisar un suelo que desconocía y he sentido soledad y desasosiego al ver el horizonte gélido, vasto de un planeta que me costó años llegar. Y he vuelto para contarlo. Esa es la grandeza del cine de Nolan.

WwPhilae
El tiempo nos dirá si Interstellar ha trascendido. ¡45 años! Esos son los que han pasado desde 2001, una odisea en el espacio. Se dice pronto. Creo que 2001 no obtuvo buenas críticas. ¿Se imaginan lo que opinaran de esta película dentro de medio siglo? Hoy, jueves 13 de noviembre de 2014 Interstellar se ha visto impulsada por un acontecimiento histórico. Una sonda que se había desprendido de la nave Rosetta aterrizó en un cometa. Por primera vez en la historia, la sonda Philae marcó un hito sin precedentes en la historia de la exploración del espacio: aterrizó en la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko después de viajar por el Sistema Solar a 510 millones de kilómetros de distancia de la Tierra. La señal que envía a la Tierra tarda 28 minutos y 20 segundos. ¿No me digan que esto no es ciencia ficción? Interstellar deja alguna imagen para la posterioridad. Mi preferida tiene que ver con lo que sucede en uno de los planetas. Una lucha que tiene como protagonistas el egoísmo humano, la desesperación contra la rectitud de miras más allá de lo que nos dicta el corazón. Una lucha en medio de la nada. Maravillosa metáfora.

 
Christopher Nolan no ha dudado en recurrir a uno de los grandes físicos. Podéis ampliar información en los enlaces del final de este trabajo. Daniel Marín así nos lo recuerda: «Este es el punto fuerte de la película. Y es que nada más y nada menos que Kip Thorne, el ‘maestro jedi’ de la relatividad general, ha asesorado a Nolan. Para aquellos que no lo conozcan, Thorne es el padre de los agujeros de gusano, así que no es de extrañar que estos pasadizos espacio-temporales sean los protagonistas de Interstellar».
Interstellar es un film muy ambicioso. Nola es un director que asume riesgos y eso es de agradecer. Si en la pasada edición de la SEMINCI eché en falta proyectos con imaginación, aquí desde luego no falta. Enhorabuena. Estamos ante una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia del cine. Sentimos la ingravidez y la soledad absoluta. Sentimos ese dolor de un padre por abandonar a sus hijos para hacer surgir al padre héroe. Tensión a raudales, retos abisales, relación paterno filial, dudas, muchas dudas, miedos, muchos, y el individuo como especie en peligro de extinción. Es la gran barraca de feria del siglo XXI.

 
P.D. Una curiosidad. Gracias al blog de historias bastardas extraordinarias podemos descubrir esta semejanza del agujero negro Gargantúa y su disco de acreción con un símbolo muy familiar para acceder a Internet. ¿Un guiño de los hermanos Nolan a la red?

WInterestellar - Agujero Negro, logotipo de Internet Explorer

 

Aprovecho y os dejo una serie de enlaces de comentarios de esta película (la red está inundada) que tiene que ver con aspectos mucho más técnicos.

El confidencial

El Profe de Física

Daniel Marín

Dar Sapiens

 

Os dejo un tráiler:

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Nota de la redacción. Estamos de enhorabuena. Revista Atticus lleva más de cinco años de duro trabajo. Día a día intentamos hacer nuestro trabajo más visible y que sea más accesible para todo el mundo. Nuestros digitales son un objeto muy apreciado y muy buscado en ese espacio intergaláctico que es la red. Nuestra edición impresa es una delicia que cada día tiene más adeptos. Estas entradas que hacemos para dar a conocer lo que está sucediendo, día a día, son un vehículo improtantísimo para mostrar ese trabajo. Esta entrada es nuestra núemro 500. Quinientas citas con nuestros grandes amigos Atticus. Gracias a todos por estas ahí. Si os gusta compartilo en las redes sociales y dale al ME GUSTA.descarga Luisjo

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Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Impresionismo americano

La nueva exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza

 

«Lo que hoy sabemos mejor de lo que se sabía hace una generación es que el impresionismo fue el primer gran movimiento de vanguardia que atrajo por igual a los coleccionistas, críticos y mecenas franceses y extranjeros».
Impresionismo y nacionalismo: el caso norteamericano
Richard Brettell

Mujer sentada con un niño en brazos, c. 1890 Mary Cassatt Museo de Bellas Artes de Bilbao

Mujer sentada con un niño en brazos, c. 1890 Mary Cassatt Museo de Bellas Artes de Bilbao

¿Otra exposición más sobre el impresionismo? Con cierta sorna arrancó Guillermo Solana la presentación de la exposición Impresionismo americano que acoge las salas del Museo Thyssen-Bornemisza. Pues sí. Otra exposición más « porque el impresionismo es una de las grandes bazas, y está en el corazón de las colecciones del Museo y, sobre todo, en la colección de la baronesa Tita Cervera. Es como pretender que el Museo Nacional del Prado no haga otra exposición más sobre Velázquez (o sobre Rubens, Tiziano, etc.)». «El impresionismo siempre está con nosotros». Y estará pues tienen planificado para los próximos años magnas exposiciones sobre Gustave Caillebotte (uno de los grandes artistas desconocidos del movimiento francés) y sobre Renoir (¿otra más? ¡¡Otra!!), entre otros artistas.
La idea surgió como un proyecto organizativo entre la Terra Foundation for American Art y el Museo de los Impresionistas en Giverny para dar a conocer una serie de obras de grandes pintores americanos que se inspiraron en el movimiento impresionista. A este proyecto se sumó la propia institución madrileña porque era una ocasión única para poner en valor la propia colección del museo.
La exposición se presentó, en la primavera de este año, en Musée des Impressionnismes Giverny; en las National Galleries of Scotland (Edimburgo), en verano, y ahora, en el otoño, en el Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid). La muestra pretende dar a conocer pinturas realizadas por artistas americanos «a la manera» impresionista entre las décadas de 1880 y 1890, así como la interpretación propia del estilo que desarrollaron hacia 1900.
¿Existe el impresionismo americano? La comisaria Katherine Bourguignon, conservadora de la Terra Foundation for American Art Europe, nos lanza esta pregunta con la invitación de que sea el propio espectador, el propio amante del arte, el que conteste tras visitar la exposición, la cuestión de Bourguignon, si realmente podemos hablar de impresionismo americano.

 

Dos mujeres dormidas en una barca bajo los sauces, c. 1887. John Singer Sargent. Calouste Gulbenkian Museum, Lisboa

Dos mujeres dormidas en una barca bajo los sauces, c. 1887. John Singer Sargent. Calouste Gulbenkian Museum, Lisboa

En el último cuarto del siglo XIX París estaba de moda. Era un referente en temas culturales con nuevos movimientos artísticos. En 1874 se celebró la primera exposición de los impresionistas. Paris ejercía como un polo de atracción y todo aquel artista que quería considerarse moderno tenía que saber lo que allí pasaba de primera mano. No es de extrañar que genios universales como Picasso o Sorolla (por poner dos ejemplos cercarnos) se desplacen constantemente a la capital francesa. Este encanto traspasó continentes. Sobre todo a raíz de la exposición sobre impresionismo francés que se celebró en Nueva York en 1886 de la mano del marchante Paul Durand Ruel. Esta muestra actuó como catálogo de pinturas de lo que se venía haciendo en Francia. Los colores, las briosas pinceladas y los efectos que la luz producía en los motivos representados hicieron que muchos artistas americanos decidieran emprender el viaje a Europa. Por aquel entonces ya había en suelo europeo una serie de pintores entre los que hay que destacar a dos reconocidos «embajadores del estilo». Por un lado Mary Cassatt (1844 – 1926) y por otro lado John Singer Sargent (1856 – 1925). Aunque hay muchos autores que consideran al americano James Abbott McNeill Whistler (1834 – 1903) como el primero en abrirse paso en la vanguardia parisina. Se encontraba en París en 1960 y trabajó al lado de algunos impresionistas. No participó en las exposiciones de este grupo que comenzaron a hacerlo de forma conjunta a partir de 1874. Pero va a ejercer mucha influencia entre los artistas americanos que se decidieron a conocer la pintura impresionista.

«(…) Monet apenas se trataba con los artistas que se congregaban en Giverny, muchos de los cuales se acogían a la protección de los pintores Mary y Frederick William MacMonnies. Pero no siempre había sido así, pues a algunos de los primeros visitantes, como Sargent y Robinson, se les permitió poner su caballete junto al del maestro. Sargent celebró su primer viaje a Giverny en 1885 con Claude Monet pintando junto a un bosque. (…) La pincelada quebrada de Sargent apunta a una nueva dirección, pero Monet recordó que Sargent era incapaz de pintar sin utilizar pigmento negro en las zonas de sombra: ‘le di mis colores, pero él quería el negro, y le dije ‘es que no tengo’; ‘¡entonces no puedo pintar! ¿Cómo lo hace?’, exclamó’. Significativamente, las notas de color más vivas del cuadro de Sargent son las audaces pinceladas de rosas y verdes, complementarios en la paleta de Monet».
Los artistas norteamericanos en Europa y su participación en el impresionismo
Frances Fowle

Mary Cassatt se trasladó en 1866 a París desde su Pennsylvania natal con apenas veintidós años. Como las escuelas oficiales no aceptaban a mujeres, comenzó a estudiar pintura a las órdenes de grandes maestros. Uno de ellos fue Camille Pissarro. Pronto será adoptada por los impresionistas (de la mano de Edgar Degas) y expondrá conjuntamente con ellos desde de 1879. A partir de la década de 1890 sus obras se expusieron en diferentes salas neoyorquinas con lo que se convirtió en embajadora del arte impresionista.

Pabellón de Horticultura, Exposición Universal Colombina, Chicago, 1893. Childe Hassam. Terra Foundation for American Art

Pabellón de Horticultura, Exposición Universal Colombina, Chicago, 1893. Childe Hassam. Terra Foundation for American Art

John Singer Sargent nació en Florencia, pero sus padres eran estadounidenses. Su nacimiento en la ciudad italiana fue algo accidental. El matrimonio entró en crisis por la muerte prematura de uno de sus hijos (el hermano mayor de John). Decidieron exiliarse de forma voluntaria en Europa estableciendo su residencia en París pero viajando según las estaciones del año por todo el continente. El joven artista ingresará en la escuela de Bellas Artes de la capital francesa en 1874. Vive el momento impresionista. Su pintura es la interpretación del realismo pero con un estilo propio. Fue un artista que no se decantó exclusivamente por el nuevo estilo. Estuvo muy influido por las exposiciones impresionistas. Convivió con Monet y hasta tuvo una presencia real en el movimiento siendo sus obras más suaves y con un acabado más refinado con algún toque impresionista. Se decantó por exponer en el Salón («lo oficial»).
En estos dos grandes artistas, Cassatt y Sargent, se concentra el primer apartado de la exposición. Son dos figuras que contribuyeron a difundir el ideario del nuevo estilo pictórico. Podemos disfrutar de la mirada amorosa de Cassatt al contemplar esos habituales retratos de niños y de mujeres de clase media alta en obras como Otoño (1880), Niños jugando en la playa (1884) o Mujer sentada con un niño en brazo (1890). Del artista nacido en Florencia, sin embargo, me gustaría destacar una deliciosa obra. Se trata de la sensual Dos mujeres dormidas en una barca bajo los sauces (1887). Tras este bucólico título se encuentra un ejemplo que resume uno de los preceptos del impresionismo: pintar al aire libre. Nos acercamos a la obra sin hacer ruido para no despertar a estas dos jóvenes dormidas en la barca, al pairo, a la sombra del sauce. Junto a estos lienzos también podemos volver a contemplar la magnífica pintura de Berthe Morisot El espejo psiqué (1876), una obra habitual en este tipo de muestras ya que pertenece a la colección del Museo, pero que no cansa contemplar. Ejerce un maravilloso poder de atracción.

Nocturno: Azul y plata Chelsea, 1871. James Abbott McNeill Whistler. Tate Londres

Nocturno: Azul y plata Chelsea, 1871. James Abbott McNeill Whistler. Tate Londres

«(…) Pintar lo local tenía una triple ventaja: podían expresar el creciente nacionalismo, experimentar con las técnicas modernas y generar una respuesta emocional en un público conocido. Pero muchas veces había que superar dificultades y empezar de nuevo. Tras años en el extranjero, no siempre les resultaba fácil pintar su país natal o encontrar la trascendencia en sus paisajes».
La pintura impresionista en Norteamérica
Katherine M. Bourguignon

En nuestro recorrido podemos admirar el trabajo de otros americanos que se encontraban en Francia explorando las posibilidades del impresionismo. Destacan dos obras de gran formato de Childe Hassam (1859 – 1935). Una de las grandes posibilidades que ofrecen las celebraciones de las exposiciones es poder ahondar en determinados autores o estilos, o poder descubrir a otros nuevos. En Impresionismo americano sucede con Childe Hassam. Un figura bastante desconocida por estas tierras. Sus cuadros son de una bella factura, realizados al más puro impresionismo. La luz reflejada con una paleta más viva; las pinceladas de factura más suave: los motivos abocetados. Todo en él remite al movimiento francés. Hassam pasó tres años, de 1886 a 1889, estudiando en París. El día del Gran Prix (1887) y Aguacero, Rue Bonaparte (1887) son dos magníficos ejemplos del legado artístico de este americano.

Bajo el sol, 1909, Frank W. Benson, Indianapolis Museum of Art

Bajo el sol, 1909, Frank W. Benson, Indianapolis Museum of Art

 
A partir de 1890 es cuando se empieza a producir ese trasvase de impresionismo hacia América. Los artistas han estado trabajando, codo con codo, junto a los «primeros espadas», en las mismas academias y hasta en los mismos lugares que los impresionistas. Incorporan los nuevos temas, los nuevos colores a su país natal. A Childe Hassam se unen William Merrit Chase (1849 – 1916) y Theodore Robinson (1852 – 1896). Sus obras van a recoger esas nuevas vistas de parques públicos de Boston, Manhattan o Brooklyn. Chase será un pintor fundamental para el desarrollo del impresionismo en Norteamérica. Robinson mostró un gran interés por captar la fugacidad del momento. Podemos contemplar obras como Pabellón de Horticultura. Exposición Universal Colombina, Chicago (1893) de Hassam, o Por la mañana en el espigón, Shinnecock (1897) de Chase.
En ese itinerario que nos propone el Museo es ahora cuando podemos recrearnos en las obras del artista rebelde, moderno y un tanto atípico que era Whistler. Con su paleta apagada, casi monocroma, insinuando los motivos con gruesas capas de pintura. Nocturno. Azul y plata. Chelsea (1871) o Nocturno. El canal de solent (1866) son claros ejemplos de la obra de Whistler.
Un claro influjo de este artista lo vemos en la pintura de John Henry Twachtman (1853 – 1902). Esta influencia la combinó con el impresionismo y con el arte japonés. El río en invierno (1889) y el magnífico lienzo Navegando entre la bruma (ca 1890) son dos obras en las que refleja esos postulados.
Por sus composiciones, por la manera de reflejar la luz y los motivos representados, las obras de Edmund C. Tarbell (1862 – 1938) constituyen el ejemplo más representativo del impresionismo americano y la influencia que ha recibido de lo que se venía haciendo en Francia. Esto es bien visible en obras como Tres hermanas. Estudio bajo el sol de junio (1890) o En el huerto (1891). Y uno de sus principales seguidores, Frank W. Benson (1862 – 1951), también participa de este nuevo arte, de este nuevo ideal americano con sus escenas exteriores bañadas por el sol. Cierran la exposición las magníficas obras Eleanor (1901), Las hermanas (1899), o Bajo el sol (1909), que nos sitúan ante esos artistas que se desplazan al campo (en este caso a la playa) para pintar al aire libre, para plasmar con sus pinceles, no solo la luz, sino la brillante atmósfera y las elegantes actitudes de las figuras femeninas. Quienes contemplen están últimas obras rápidamente se darán cuenta que están ante un estilo muy reconocido. No lejos de estas salas podemos maravillarnos también con las obras de Joaquín Sorolla (uno de nuestros artistas más internacionales) al que se le rinde un homenaje en la Fundación Mapfre con sus obras realizadas en su periplo americano. Sus escenas de sol y playa se asemejan a las de Benson y Tarbell donde el sol siempre brilla. Sorolla expuso en 1906 en la Hispanic Society de Nueva York con gran éxito de crítica y público, lo que a buen seguro contribuyó al desarrollo de esa nueva formar de pintar «a la manera» impresionista.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

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