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Exodus: Dioses y reyes
Los fuegos de artificio de Ridley Scott

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Película: Exodus: Dioses y reyes.
Título original: Exodus: Gods and kings.
Interpretación: Christian Bale (Moisés), Joel Edgerton (Ramsés), John Turturro (Seti), Aaron Paul (Josué), Ben Mendelsohn (Hegep), Sigourney Weaver (Tuya), Ben Kingsley (Nun), María Valverde (Séfora).
Dirección: Ridley Scott.
Países: Reino Unido, USA y España. Año: 2014.
Duración: 150 min. Género: Drama.
Guion: Steven Zaillian, Adam Cooper, Bill Collage y Jeffrey Caine.
Producción: Peter Chernin, Ridley Scott, Jenno Topping, Michael Schaefer y Mark Huffam.
Música: Alberto Iglesias.
Fotografía: Dariusz Wolski. Montaje: Billy Rich.
Diseño de producción: Arthur Max. Vestuario: Janty Yates.
Distribuidora: Hispano Foxfilm. Estreno en España: 5 Diciembre 2014.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Sinopsis
Exodus: Dioses y reyes narra la historia de un hombre cuyo coraje desafió a un imperio. El director Ridley Scott da nueva vida a la historia del desafiante líder Moisés y su rebelión contra el faraón Ramsés, liberando a 400.000 esclavos en una épica huida de Egipto tras un terrorífico ciclo de mortíferas plagas.

Comentario
Hace más de cincuenta años, la industria de Hollywood nos ofreció una de las mejores muestras de cine épico. En 1956, de la mano de Cecil B. DeMille, se estrenó la superproducción Los Diez Mandamientos. Tres años después llegó a España (21 de diciembre de 1959). Avanzado el tiempo, mi memoria no puede precisar tanto, pero siendo yo un crío, posiblemente con pantalón corto, acudí al cine Roxy (Valladolid) a ver esta película, de la mano de mi hermano y con la merienda en el bolsillo. Duraba casi cuatro horas (220 minutos) y hacia la mitad se hacía un descanso. Ver en la gran pantalla aquellas escenas míticas de las siete plagas bíblicas, ese pedazo de barbudo abriendo el Mar Rojo forma ya parte de mi ADN cultural. Fue un momento único, asombroso, mágico. El cine en la gran pantalla. Memorable. Hoy, tras casi cincuenta años de aquella experiencia, se vuelve a proyectar aquel episodio bíblico bajo el título Exodus: Dioses y reyes, del británico Ridley Scott.
Mi capacidad de asombro ya no se muestra tan sensible. Está un poco entumecida porque, a pesar de que acudo con una alta dosis de ingenuidad, no es frecuente encontrarse con algo que nos sorprenda. Creo recordar que lo último en la cuestión técnica fue La invención de Hugo de Martin Scorsese (2011) y en la parte argumental fue Las vidas de Grace (Short Term 12, Destin Daniel Cretton, 2014).

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Exodus es un mega proyecto que ha visto la luz gracias al empeño de Ridley Scott. Un director que nos tiene acostumbrados a las grandes producciones y que alterna en su carrera los éxitos (películas de culto como Blade Runner, Alien, el octavo pasajero o Gladiator) y con algún que otro fiasco (Prometheus).
Exodus: Dioses y reyes nos acerca al relato bíblico en el que Moisés lidera a los hebreos en su huida de Egipto. Según cuenta la leyenda, Moisés (Christian Bale) cuando apenas era un bebé es abandonado en una canastilla en el Nilo. Es recogido por una sirvienta de Tuya (Sigourney Weaver), la madre del que será faraón bajo el nombre de Ramsés II (Joel Edgerton). Ambos son criados como hermanos, como hijos del faraón. Siendo adulto, Moisés se muestra sensible a la causa hebrea. No soporta ver como humillan a los miles de judíos que trabajan en la construcción del nuevo imperio a orillas del Nilo. Como si su sangre fuera consciente de sus orígenes que el desconoce se pone en contacto con la comunidad hebrea y pronto le alumbraran. No se encuentra muy convencido, pero unos signos le conducirán hacia la verdad. En su exilio previo al éxodo conocerá a Séfora (María Valverde) convirtiéndose en el Mesías que liderará la revolución.

 
Ridley Scott no nos sorprende. No entiendo las razones de acometer este proyecto sino es para ofrecer algo nuevo, algo asombroso, algo que mejore el original. Y ahí radica la dificultad. Aquella película fue épica. Ver abrirse el Mar Rojo ante nuestros ojos fue inolvidable. Hoy la recreación de aquel episodio deja mucho que desear. Solo la parte final, con las grandes olas cayendo sobre los guerreros, es digna de mención. Pero eso ya lo vimos. Lo hizo mucho mejor Juan Antonio Bayona en Lo imposible (2012). El resto de la película es correcta, bien rodada, con buena música de Alberto Iglesias, pero sin más. Entretenida. Un producto que no defrauda al público menos exigente, entre palomita y trago de cola.

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El reclamo de Christian Bale y María Valverde no es suficiente. Ambos lucen guapetones, solventes en sus interpretaciones. Es inevitable la comparación con Charlton Heston. Sale perdiendo Bale. La única novedad que presenta la cinta es mostrarnos a un inaudito Dios con apariencia de crío. Irradiando paz, sabiduría, sosegado, pero con poco más de 10 años. El resto de actores está desaprovechado. Un casi irreconocible John Turturro (Set Seti I, como padre de Ramsés II); una fugaz aparición de Sigourney Eawer (Tuya, esposa de Seti I) quien apenas tiene dos líneas de diálogo; un Ben Kingsley (el anciano Nun, como líder espiritual de la comunidad hebrea) con algo más de suerte, pero sin sacarle todo el partido posible; Andrew Tarbet (Aarón, hermano mayor de Moisés) tiene también poca presencia. En definitiva, todos ellos desaprovechados en beneficio de una constante presencia de Christian Bale y Joel Edgerton. Este último merece mención especial por dos motivos. Uno porque en principio parece que su papel como faraón estaba reservado para Javier Bardem (luego ha habido una gran polémica por una declaraciones de Ridley Scott acusando a este de poco menos que agonías y calzonazos); y la otra, por su inevitable comparación con el simpar Yul Brynner. No os digo más que si consultas en la Wikipedia la entrada de este actor, la foto que ilustra el artículo es la de Los Diez Mandamientos. Eso no lo conseguirá ni de lejos Joel Edgerton (aun siendo muy solvente su interpretación).

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No hay nada que objetar a la parte técnica. La recreación de los decorados, los efectos especiales, las batallas e incluso las plagas bíblicas, son sencillamente magníficos. Estas últimas tal vez sea de lo mejor (junto a las imágenes iniciales de la lucha codo con codo de los dos hermanastros contras las huestes hititas). Hay un intento de explicación por parte de los sabios hacia el faraón. Una explicación científica. La última, la que causa la salida del pueblo judío, y que provoca la muerte de los primogénitos (salvo de los hebreos que hayan sacrificado un cordero y hayan embadurnado sus puertas con su sangre) lo dejan como algo inasumible, de origen divino («qué clase de Dios vuestro es ese que permite la matanza de niños» -manifiesta un desconsolado Ramsés con los brazos de su hijo muerto). Pero a la cinta, en su conjunto, le falta convicción, le falta pasión, emoción, algo que nos llegue dentro (y no hablo de religión, bueno sí, en parte, esa otra «religión» que es la de los creyentes del Cine con mayúsculas). Le falta chicha. No está definido el objetivo. No sabemos si estamos ante la lucha de dos hermanos; si lo estamos ante una revuelta social de los trabajadores hebreos o si lo estamos ante un canto a la libertad humana.

 
Uno de los aspectos más brillantes es el tema del vestuario. Han tenido que desarrollar una larga investigación para lograr unas prendas y complementos de hace casi tres mil años. El Museo del Traje, con la colaboración de Hispano Foxfilm y la empresa española Sastrería Cornejo han aprovechado la proyección de la película para organizar una exposición compuesta por cerca de 40 trajes y complementos diseñados por la ganadora de un Óscar, Janty Jates. Se puede ver en Madrid, en la sede del Museo, hasta el 18 de enero de 2015.

 
Cine palomitero realizado por Sir Ridley Scott. Aquí tendríamos que quitarle tal distinción. Ojala hubiera una máquina de regreso al pasado para poder transportarme a mi infancia y asistir a esta película. A mi regreso, con el poso cultural actual, poder decirles mi opinión una vez vista Exodus con aquella ingenuidad. Tal vez si borrarse de mi memoria aquellas imágenes encuentre irresistible la cinta de Ridley Scott. Sin esa máquina esto es imposible. Pero echándole un poco de imaginación seguro que cada vez que me meta en el mar no me acuerde del tsunami de Exodus como sí que me he estado acordando, durante años, en cada baño marino, del pasillo del Mar Rojo de Los Diez Mandamientos.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


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Trash, ladrones de esperanza
Los papeles de Angelo

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Ficha
Película: Trash: Ladrones de esperanza.
Interpretación: Rooney Mara (Olivia), Martin Sheen (Padre Julliard), Wagner Moura (Jo´se Angelo), Selton Mello (Frederico), Rickson Tevez (Rafael), Eduardo Luis (Gardo), Gabriel Weinstein (Rato)
Dirección: Stephen Daldry.
País: Reino Unido. Año: 2014. Duración: 114 min. Género:
Drama, thriller.
Guion: Richard Curtis; basado en la novela de Andy Mulligan.
Producción: Tim Bevan, Eric Fellner y Kris Thykier.
Fotografía: Adriano Goldman.
Distribuidora: Universal Pictures International Spain.
Estreno en España: 28 Noviembre 2014.

Sinopsis
Dos niños de las favelas de Río encuentran una cartera en el basurero donde buscan a diario, pero no se imaginan que este descubrimiento cambiará sus vidas para siempre. Cuando la policía local aparece para ofrecerles una generosa recompensa por la cartera, los dos chicos, Rafael (RICKSON TEVEZ) y Gardo (LUIS EDUARDO), comprenden que han encontrado algo importante. Deciden recurrir a su amigo Rato (GABRIEL WEINSTEIN), y los tres se lanzan a una extraordinaria aventura para intentar quedarse con la cartera y descubrir el secreto que esconde.
En el camino, deberán distinguir entre amigos y enemigos, juntar las piezas del rompecabezas para entender la historia de José Angelo (WAGNER MOURA), el dueño de la cartera, y aprender a no fiarse de la policía, especialmente del peligroso Federico (SELTON MELLO). Dos misioneros estadounidenses que trabajan en la favela, el decepcionado padre Julliard (MARTIN SHEEN) y su joven asistente Olivia (ROONEY MARA), quizá tengan la clave para encontrar la solución.
Trash – Ladrones de esperanza está dirigida por STEPHEN DALDRY a partir de un guión de RICHARD CURTIS basado en la novela Reyes de la basura de ANDY MULLIGAN.

Comentario

Para la Grecia clásica, y en particular para Aristóteles, la corrupción es stasis, es decir, lo contrario de equilibrio, límite o moderación. La corrupción supone la degeneración del cuerpo político o de la forma de gobierno que lo ordena y, de este modo, llega a identificarse con desintegración, enfermedad, pérdida de identidad, de salud o de poder de la politeia. Todo se reduce a que la corrupción genera comunidades sin política (tiranías) o políticas sin comunidad (esto es, sin posible referencia al interés común y disueltas en lucha faccional generalizada).
El laberinto de la corrupción. Rafael del Águila

Los protagonistas de Trash – Ladrones de esperanza (en adelante Trash) son tres simpáticos pordioseros, que viven entre la inmundicia de una barriada de casas levantadas sobre pilotes a orillas de un vertedero de basura. Rafael y Gardo, unos adolescentes que se ganan la vida escarbando entre la basura. Rafael encuentra una cartera con dinero y algo más. Junto a Gardo van en busca de Rato para esconder lo encontrado al saber que la policía busca con denuedo esa cartera. El dueño es José Angelo que al ser perseguido por la policía se deshace de ella. El encargado de la búsqueda es Frederico un policía sin escrúpulos que obedece las órdenes de un político. Ayudando a esta comunidad desfavorecida se encuentra un misionero americano, Padre Julliard, y una joven voluntaria, Olivia. Esta es en apenas diez líneas la sinopsis de Trash, una historia basada en la novela de Andy Mulligan, Reyes de la basura, que sitúa la acción en Río de Janeiro. Pero el escritor no fijó una determinación geográfica. La basura existe en cualquier ciudad y, muy lamentablemente, la corrupción también.

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¿Qué es lo que contiene la cartera? ¿Qué es eso tan importante que hace que la policía se ponga a remover todo un vertedero para buscarla? ¿Qué es eso que ha guardado Angelo con tanto celo y que trae en jaque a medio estado?
Lo que viene a poner encima de la mesa Trash es esas grandes diferencias que existen entre la vida mísera, paupérrima de los habitantes de las favelas, de los barrios marginados que están tan lejos y tan cerca de las playas de Ipanema; esas playas que para los habitantes de estos barrios son como postales, unos paraísos que les están vedados. Un tema que es de plena actualidad ya que Brasil acogió el Campeonato del Mundo de fútbol y será el país encargado de acoger los próximos juegos olímpicos, encontrándose un tanto «alterado». A pesar del auge económico del país, los pobres siguen siendo muy pobres y los ricos siguen haciendo de las suyas. Aquí la vida siempre es jodida para los mismos.

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No sabría decir si Trash es una fábula destinada a los adolescentes o es una denuncia social para los mayores o un cuento con moraleja destinado a todos los públicos. Trash es un thriller con momento intensos, es una película de aventuras, no muy compleja en el desarrollo de su argumento, e interpretada por tres jóvenes que aportan mucha frescura. Y también, casi, es un docudrama.
Los tres jóvenes, actores ocasionales (apenas sabían lo que era la industria del cine), son el alma de Trash. El trío aporta savia en forma de inocencia, ingenuidad, picaresca, el humor y la ternura. Desde los primeros planos se hacen querer y pronto empatizamos con ellos, con su desproporcionada lucha entre David y Goliath. Ellos son los que tiene la ética de hacer lo correcto a pesar de que ello les suponga la muerte o verla de muy cerca. Ellos son el perfume del vertedero, el oxígeno que entra por las sucias callejuelas de las favelas. Son el aire fresco frente a lo tóxico de las corrupciones políticas e institucionales de Brasil. Nos sentimos cercanos a los pilluelos protagonistas porque, en el fondo, queremos que triunfe lo correcto, lo que se debe hacer: denunciar la extorsión y que la policía encierre al malo y se persiga el crimen. A esta alturas no desvelo mucho si digo que el contenido de la tan ansiada cartera tiene que ver con unos papeles («los papeles de Angelo») que ponen en peligro la carrera de un político, muy ufano él no titubeaba en llevar una contabilidad de los ingresos ilícitos (estos «prendas» no dudan en jactarse de anotar lo mucho que roban y de cómo van engrosando sus cuentas). Aquí y allá vivimos en una sociedad enferma. Y ellos, los «malos» los políticos, la policía o todo aquel que sucumba a la corrupción son los ladrones de muestras esperanzas. Estamos hartos de buenas palabras mientras que los hechos aseveran lo contrario. Acepto de buen grado que una película me muestra esos lugares desagradables, opresivos, donde no impera la ley y que no están tan lejos de nosotros. Trash nos invita a la reflexión, sin recrearse en el lado oscuro de la violencia física.

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Rafael es un chico obcecado. Travieso, pero muy valiente. Se lleva lo suyo por ser así. Pero se muestra inquebrantable a pesar de su corta edad. O espabilas o te llevan por delante. Gardo es altanero, un tanto chuleta que no rehúye la confrontación con quien sea. Y Rato es un marginado dentro de los suburbios. Se conoce las cloacas como la palma de su mano y por ellas se desenvuelven para evitar a la policía. Los tres harán de la amistad y de la lealtad sus mejores armas. A pesar de su corta edad, casi tienen que desempeñar dos papeles cada uno de ellos, ya que son los protagonistas de una especie de documental que recoge las vicisitudes por las que han tenido que pasar («si estás viendo este vídeo es que…»). La cámara de vídeo doméstico dentro de la cámara de cine. El cine dentro del cine. A su lado, apoyando a estos pillos se encuentra un misionero, el Padre Julliard, algo borrachín, que está de vuelta de todo, al que le ayuda una activista del voluntariado, Olivia, que desempeña labores de profesora, ambos americanos e interpretados por un solvente Martin Sheen y una convincente Rooney Mara. Atención a esta actriz que sube como la espuma.

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No todo es bueno en Trash. La savia riega bien, pero el árbol tiene algunas partes dañadas que afean su aspecto. Tenemos que echar mano a eso que se llama suspensión de la incredulidad que posibilita admitir que la mano derecha del mafioso/político que viste trajes (supuestamente caros) se lleve un frigorífico a su casa «de segunda mano» (vital en la trama); o que uno de los jóvenes protagonistas no dude a la hora de empuñar una pistola para descerrajar un tiro o lo que es casi peor, pegar un cachetazo como si fuera un auténtico profesional del crimen. Pero son pequeñas hojas con manchas que deslucen un poco su semblante, pero el producto está sano en sus raíces y goza de buena salud.
Al hablar de Stephen Daldry es inevitable no referirse a su gran éxito Billy Elliot (2000). Después ha afrontado, con mayor o menor éxito, adaptaciones de novelas exitosas como Las horas (2002), El lector (2008) o Tan fuerte, tan cerca (2012). Para esta ocasión ha contado con la adaptación de la novela de Andy Mulligan a Richard Curtis un mago de la comedia con guiones tan emblemáticos como Cuatro bodas y un funeral (1994), Notting Hill (1998), El diario de Brigdet Jones (2001) o Radio encubierta (2009) y director de otro taquillazo como Love actually (2003). Con la aportación de este último, Daldry se garantizaba cierto toque de humor en la digestión del drama.

 
Al igual que hemos situado al director, debemos de hacerlo con la película. Trash, se encuentra en la línea de Slumdog Millionaire (Danny Bolye, 2008) al tener un desarrollo parecido: tratar un tema serio relacionado con la naturaleza humana y con un paisaje muy similar. Y también con Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002, director de la magnífica y comprometida película El jardinero fiel, 2005) por estar ambientada en la favelas de Río. Ambas pueden ser sus referencias.

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Buena fotografía y buena banda sonora son otros de los aspectos técnicos que solventan con nota. Trash es una película de aventuras, con escenas vibrantes de persecución por medio de las favelas, resuelta con acierto e interpretada por un trío de jovenzuelos que nos cautiva. Lucha de clases y un gran sentido de la honestidad, pero también es una cinta que pone el acento en esa terrible lacra de nuestra sociedad: la corrupción.

Os dejo un tráiler

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


LA COLECCIÓN ABELLÓ

El gusto del mecenazgo bien entendido

«Colección: conjunto de objetos que, mantenido temporal o permanentemente fuera de la actividad económica, se encuentra sujeto a una protección especial con la finalidad de ser expuesto a la mirada de los hombres»

Definición de “colección” según la Real Academia Española de la Lengua

El coleccionismo se ha desarrollado a lo largo de todas las etapas históricas. Faraones, Emperadores, Monarquías e Iglesias reflejan sus diversas motivaciones de orden político, religioso o de prestigio social a la hora de reunir sus colecciones. Francisca Hernández, Profesora Titular del Departamento de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid, apunta las causas que han llevado al coleccionismo, y que son las siguientes: el respeto al pasado y a las cosas antiguas; el instinto de propiedad, el verdadero amor al arte y el coleccionismo puro.

El primer mecenazgo en España lo encontramos en la nobleza castellana de finales del siglo XV, destacando las familias Mendoza, Fonseca, y en Valencia los Borja, que patrocinaron las primeras obras italianizantes en la Península Ibérica. En el caso del Cardenal Mendoza, su colección abarcaba desde medallas, monedas y camafeos hasta objetos exóticos y naturalia, apareciendo por primera vez en este siglo la fascinación por lo raro, lo exótico y lo precioso. También es reseñable la figura de Don Rodrigo Alonso Pimentel, Duque de Benavente, que organizó para sí mismo un jardín botánico en su residencia castellana, con animales salvajes y exóticos, con fines lúdicos y de prestigio social.

Salvator Mundi entre San Pedro y San Juan, Fernando Yáñez de la Almedina, 1506-1507 Óleo sobre tabla, 75 x 62 cm.

Salvator Mundi entre San Pedro y San Juan, Fernando Yáñez de la Almedina, 1506-1507
Óleo sobre tabla, 75 x 62 cm.

Muy lejos de estas excentricidades que quedan como meras anécdotas curiosas para la posteridad, en la actualidad, la labor del mecenas artístico muestra su cara más amable, generosa y culta en el matrimonio Abelló y su espléndida colección de Arte.

Es una de las colecciones privadas más importantes del mundo. Se presentan por primera vez al público cerca de 160 piezas que nunca antes se habían exibido de forma conjunta. El comisario de la muestra, Felipe Garín Llombart, exdirector del Museo del Prado, destaca de la pasión por el arte y la historia que sienten sus propietarios, así como el excelente trabajo que realizan compartiendo con el público su entusiasmo coleccionista. El buen gusto, y su acierto a la hora de incrementar los fondos -que continúa-, su conservación, catalogación y estudio, hacen que la visita valga la pena.

Una de las principales características de la Colección Abelló es la abundancia de talleres y estilos que abarca. Personalmente, y como historiadora del Arte, destaco la selección de «aves raras» como Yáñez de la Almedina con su Salvator Mundi entre San Pedro y San Juan. Esta obra está llena de influencias de Leonardo y Rafael, con un esmerado estudio de las telas y los dorados en las ricas vestimentas, que por otra parte son típicamente hispanoflamencas, pero con un colorido rafaelesco. Es de una belleza exquisita y delicada que sabe aunar ambas tendencias en un delicioso equilibrio.

Otra particularidad que posee la Colección son los grandes «vedutistas» italianos. Una espectacular «rareza» que la engrandece. Las espléndidas vistas de Venecia y la Catedral de San Marcos de Canaletto, se suman a las que realizó Guardi o a las napolitanas que pintó el modenés Antonio Joli. Este estilo llegó a España y se puso de moda de la mano de Carlos III, debido a las obras de Joli que pudo apreciar en Nápoles.

Como última singularidad de la exposición, destaca la importancia que se concede al dibujo, considerado un arte menor hasta época reciente. Garín Llombart explica que «desde Francisco Pacheco, Pedro de Campaña o Bartolomé Murillo, con la adquisición del llamado Álbum Alcubierre, hasta el importante conjunto de Picasso, Van Gogh, Schiele o Bacon, entre otros, la exposición permite un recorrido singular de los dibujos paralelo al de las pinturas».

El Centro nos recibe con un homenaje al protagonista del año en el cuarto centenario de su muerte, El Greco. La Estigmatización de San Francisco se encuentra en lugar preferente para ser admirada por el visitante. Y nos adelanta que lo que vamos a contemplar es de un valor singular.

 

Esta obra del maestro griego seguramente se hizo para una capillita de devoción privada, ya que la figura de San Francisco fue especialmente venerada en la ciudad de Toledo, y hubo muchos conventos franciscanos en la zona. Se puede fechar en torno a 1580, y es una de las primeras hagiografías de San Francisco que pinta el de Candía. El tratamiento de la figura es sencillo y la imagen está provista de elementos simples, como la calavera -símbolo de la fugacidad de la vida y la proximidad de la muerte- o el cielo rasgado. El rostro del Santo se repetirá en multitud de ocasiones en su pintura y creará una tipología: los ojos que se elevan al cielo implorantes, los labios carnosos, y nariz y pómulos marcados. Tuvieron muchísimo éxito en la época y le fueron encargados más de un centenar de Santos de estas características. Muchos de ellos, como la de la Colección Abelló, son de Doménikos Theotokopoulis (el cuadro está firmado bajo la calavera en caracteres griegos en minúscula), pero otros pertenecen a alumnos del taller o son copias del maestro.

El muelle de Venecia próximo a la plaza de San Marcos, ca. 1729. Giovanni Antonio Canal, Canaletto Óleo sobre lienzo, 48,5 x 80,5 cm

El muelle de Venecia próximo a la plaza de San Marcos, ca. 1729. Giovanni Antonio Canal, Canaletto
Óleo sobre lienzo, 48,5 x 80,5 cm

El primer apartado de la exposición está dedicado a Madrid, bajo el título «Madrid, Villa y Corte». Destacan las inimitables pinturas de la Escuela Madrileña del siglo XVII, como la Vista del Manzanares en la fiesta de San Juan, todo un despliegue de folclore castellano de la época. Su autor no es parco en detalles. La indumentaria de los personajes -especialmente la de las damas- está representada con minuciosidad; también los carruajes, y los edificios. Junto a ello, la ausencia de una perspectiva “clásica” cobrará importancia en el estilo imperante de la pintura de este período.

La muestra prosigue, y «Del Gótico al Humanismo» nos lleva al ya citado Salvator Mundi de Yáñez de la Almedina, una de las perlas de la exposición. Junto a él, Berruguete, Cranach -uno de los pintores preferidos de los Abelló-, Juan de Flandes o Jacomart completan la elevada calidad de la sala dos.

El siglo XVII se alarga con los grandes. Así, las «naturalezas muertas» o bodegones, cobran sentido en la próxima sala. Sobresale un bellísimo florero de Antonio Ponce y un bodegón de Miguel de Pret, que raramente firmaba sus obras.

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La estigmatización de san Francisco, 1580. Óleo sobre lienzo, 108 x 83 cm Domenicos Theotocopoulos, el Greco

Los siglos XVIII y XIX están representados de manera poderosa con los «vedutistas» italianos, y los retratos que hizo Goya de sus consuegros, Don Martín Miguel de Goicoechea y Doña Juana Galarza, así como un dibujo de la esposa del aragonés, Josefa Bayeu. El siglo XIX no termina con Goya, sino que la pintura moderna consigue hacerse un hueco en la Colección Abelló. Fortuny, Ramón Casas o Sorolla se exponen junto a sus contemporáneos extranjeros Van Gogh, Modigliani o Toulouse-Lautrec.

Un apartado especial de la sexta sala está dedicado al genio Picasso. Sus “obras menores”, como aguatintas, grabados o lápices sobre papel, están presididos por el gran Desnudo sentado. Y casi eclipsan a los dibujos que realizó Salvador Dalí de su familia, o a las pinturas de los franceses Braque, Léger o Matisse. Incluso al mismísimo Juan Gris.

El final del itinerario expositivo es un festival que reúne a los mejores artistas internacionales de vanguardia. Rothko y Miró junto a Klimt y Kandinsky. Un verdadero deleite para los sentidos.

La Colección se alojará en el Palacio de Cibeles, en el CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía de Madrid, hasta el 1 de marzo de 2015. El matrimonio Abelló ha cedido sus obras sin interés económico alguno, y destinará los beneficios que le correspondan a Caritas Madrid. La muestra está patrocinada por Mastercard Priceless Madrid, y se enmarca dentro de la serie «Mecenazgo al servicio del Arte» que desde 2012 se viene desarrollando, como previamente se hizo con las Colecciones de la Casa de Alba, de Helga de Alvear, o la Colección Masaveu.

El CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía se consolida, de este modo, como uno de los principales puntos de referencia del innovador «Paseo del Arte» madrileño, junto con el Museo del Prado, el Thyssen-Bornemisza o la Fundación Mapfre. Y añade actividades complementarias a la exposición: visitas guiadas, visitas infantiles y descuentos para grupos. Una iniciativa cultural para tener muy, muy en cuenta.

Nota de la redacción. Este artículo forma parte de Revista Atticus 27 que estará disponible para su descarga a mediados de diciembre.

Almudena Martínez Martín

Revista Atticus


Crítica película Magical girl de Carlos Vermut

Magical girl
Cuando las matemáticas no ordenan el mundo

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Ficha
Película: Magical girl.
Dirección y guion: Carlos Vermut.
Interpretación: José Sacristán (Damián), Bárbara Lennie (Bárbara), Luis Bermejo (Luis), Lucía Pollán (Alicia), Israel Elejalde (Alfredo), Elisabet Gelabert (Ada), Miquel Insúa (Oliver), Teresa Soria Ruano (Adela), David Pareja (Javier), Eva Llorach (Laura).
País: España. Año: 2014. Duración: 127 min.
Género: Drama.
Producción: Álvaro Portanet Hernández, Amadeo Hernández Bueno y Pedro Hernández Santos.
Fotografía: Santiago Racaj. Montaje: Emma Tusell.
Diseño de producción: Montse Lacruz.
Vestuario: Iratxe Sanz.
Distribuidora: Avalon.
Estreno en España: 17 Octubre 2014.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.

 

Sinopsis
Alicia (Lucía Pollán), una niña enferma, sueña con el vestido de la serie japonesa «Magical Girl Yukiko». Luis (Luis Bermejo), su padre, hará todo lo que esté en su mano para conseguirlo. Su destino se cruza con el de Bárbara (Bárbara Lennie), una atractiva joven con desórdenes mentales, y con el de Damián (José Sacristán), un profesor retirado de todo menos de su tormentoso pasado. Luis, Bárbara y Damián quedarán atrapados en una red de oscuros chantajes, en la que instintos y razón se debatirán en una trágica lucha.

Comentario
La única verdad evidente son las matemáticas. La película arranca con una suma: 2 más 2 son 4, nos recuerda José Sacristán en su papel de Damián, profesor de matemáticas. El director parece alertarnos: las matemáticas son lo que mueven al mundo. El hombre siempre ha tenido la necesidad de contar, de medir, de establecer unos patrones. A partir de esa cuantificación palpable, «verdadera», montar una serie de teorías matemáticas que han constituido a los largo de los siglos una herramienta para el desarrollo de la humanidad. Damián es interrumpido en su clase, en su templo, cuando está en pleno discurso por una insolente, pero chiquilla Bárbara. Una chiquilla que amenaza el orden de Damián y que se nos muestra al espectador en los primeros momentos de la película a través de su impecable y pulcra mesa de trabajo: todo en orden, todo alineado, todo se debe a una razón. Ese orden se ve amenazado por tres grandes peligros (por lo menos para el mundo cristiano): mundo, demonio y carne. Y estos tres «enemigos» conforman los tres capítulos de Magicarl girl de Carlos Vermut.

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Mundo
El mundo en que vivimos no es de color de rosa como lo es el mundo mágico de los mangas, de los dibujos animados japoneses. Alicia (Lucía Pollán) es una niña de apenas doce años que padece una grave enfermedad. Alicia, al igual que sus dos amigas, tiene apodo del cómic. Ella se hace llamar Yukiko y anhela tener un vestido de una «magical girl», una de esas niñas mágicas niponas que tienen un poder oculto. Un deseo que solo se atreve a confesar en su diario. Su padre Luis (Luis Bermejo) está en el paro. Era profesor de literatura y ahora con poco más de cuarenta años se encuentra sin trabajo y a punto de la desesperación. Quiere darle todo a su hija consciente de que tal vez no pueda cumplir otros deseos. El problema que se encuentra Luis es que el vestido vale cerca de siete mil euros. No duda en vender su herramienta de trabajo como son los libros. Pide dinero a todas sus amistades sin éxito. Recurre a los créditos y a los préstamos de esas entidades usureras de desorbitados intereses. Todo ello sin éxito.

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Carne
La carne supone una tentación para el alma. Es una tentación que produce nuestro propio cuerpo. La tentación en sí no es mala, sino lo verdaderamente malo (pecado) es consentirla. Para ello el buen cristiano tiene que sortear una serie de peligros. Entre ellos se encuentra las amistades –las malas compañías-. Y eso lo sabe muy bien Bárbara (Bárbara Lennie). Una mujer atormentada, oscura, enferma, que está casada con Alfredo (Israel Elejalde), un siquiatra muy dominante que no duda en someter a una serie de vejaciones a Bárbara «por su propio bien».

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Demonio
El demonio tiene muchos rostros, qué se lo pregunten a Damián (José Sacristán). Ahora ya jubilado, fue profesor de matemáticas y desde que conoció en el aula a Bárbara su vida ha sido un infierno. Ha pasado diez años en la cárcel. Tras llevar un año viviendo una vida tranquila sus temores volverán a escena.

 

Estos tres capítulos constituyen tres tramas, historias cruzadas, que el director y guionista Carlos Vermut desarrolla en una estructura circular. La amenaza, el miedo, el chantaje, la venganza, la redención son algunas de las claves de esta segunda propuesta de Vermut. Pero también abarca temas sociales como el paro, la educación, esa España cañí son su seña de identidad que es la tauromaquia, la fidelidad de la pareja, el amor paterno filial, la crisis, las enfermedades mentales o el cáncer y la prostitución (o las obsesiones sexuales).
Luis supedita la razón a lo emocional. Sufre un pequeño chantaje por parte de su hija Alicia. Ella es consciente de su grave enfermedad y quiere vivir deprisa, saltarse etapas. Su padre no tiene fuerza moral para prohibirle beberse un gin-tonic o fumarse su primer cigarro, delante de él. De igual manera que no puede, al enterarse, negarle uno de sus deseos: vestirse de Yukiko, una magical gil que tiene poderes mágicos. Luis apenas tiene dinero para subsistir. Tiene que malvender sus libros. Lo hace al peso, sin importar si vale más un premio Nobel o una guía turística. El gran problema es que el vestido cuesta cerca de siete mil euros. Cuando está a punto de realizar un acto desesperado, se cruza en su camino una joven Bárbara.
Bárbara es una mujer impredecible. De mirada fría, de aspecto frágil y enigmático. Tiene un pasado oscuro, muy oscuro que apenas conseguimos ver. Solo se nos transmite cuando en su cuerpo desnudo descubrimos las cicatrices de la carne, las heridas del alma. Es una mujer veleidosa que sufre la tentación constante. Su dolor la conduce a más dolor, a autolesionarse como castigo. Su herida en la frente es una especie de estigma, es una seña evidente de su martirio. Es una cruz. A su lado tiene a Alfredo. Es un padre/maestro/siquiatra/pareja en una sola persona. Trata de dominar la voluntad de Bárbara sometiéndola a un férreo control y disciplina. Por su debilidad con la carne, Bárbara va a sufrir un inmerecido chantaje que provocará que esos demonios del pasado vuelvan a salir a la superficie. Pero sabrá darle un retorcido giro a ese chantaje y buscará vengarse de los hombres. Aflorará una temible mujer fatal.

 
Damián es el hombre ordenado, meticuloso que un buen día perdió el norte y su vida se desestabilizó. Creemos que se debe a que conoció la debilidad de la carne y traspasó la línea que lo llevo a prisión. Hago un inciso para alabar una de las bonanzas que tiene Magical girl: dejar al espectador el suficiente espacio para que los huecos en las vidas de los personajes, los rellene con la información que el propio film nos ha ido suministrando de forma sutil. Esa pieza que falta en el puzle de Damián, esa jodida pieza que no encuentras tras haber dedicado horas ahora por arte de magia ha desaparecido, no está. Será el espectador el que encaje esa última pieza en Magical girl. Volviendo a Damián, un hombre que sufre por su pasado y que teme encontrase con él. Es un hombre que siente la culpa y que cree que está en deuda con Bárbara. Tiene sus dudas pero ve claro lo que tiene que hacer. Su demonio le revelará como un auténtico profesional del hampa. Otra vez la razón sometida a la emoción. Sus actos generaran una espiral de violencia proporcionando uno de los finales más plausibles de cine en los últimos tiempos.
Carlos Vermut (Carlos López del Rey, Madrid, 1980) es un director joven que dejó su impronta en su anterior película Diamond Flash (2011) y que nos hace concebir grandes esperanzas de estar ante un gran talento. Todo en Magical girl está medido, todo tiene su razón de ser. No deja nada al azar. Los nombres tienen su porqué (Alicia, Luis –Luis Carroll-, Oliver Zoco –OZ-, Damián). Maneja de forma magistral la puesta en escena con planos fijos; en el uso de los silencios y los misterios recreando una atmósfera un tanto irreal. Y también en el fuera de campo, en eso que no vemos pero que da sentido a un personaje. Aun recuerdo el magistral uso que hacía de esta técnica John Ford con aquellas míticas escenas de los desmanes de los apaches, de sus torturas y cortes de cabellera fuera de campo. No veíamos nada, pero sentíamos la repulsión. La imaginación era más poderosa. Su obra se muestra muy cercana a grandes directores como David Lynch, Pedro Almodóvar, Alex de la Iglesia, los hermanos Coen, Michael Haneke o Lars von Triers. En Magical girl se muestra como maestro en el arte de la insinuación. Su sutileza en mostrarnos la puerta donde se refugian los demonios del alma y solo ver el lagarto que está encima de su dintel es prodigiosa. Todo ello se basa en un guion soberbio elaborado por el propio Vermut.

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José Sacristán es la voz. No, no va a quitar ese trono Frank Sinatra. Él, Sacristán, disfruta de su trono de la interpretación. Su voz pesa más que su rostro. Esa gravedad ha conformado grandes papeles como los que interpretó en Un lugar en el mundo (1992) o Roma (2004) de Adolfo Aristarain –por poner solo dos ejemplos-. Aquí se muestra al principio de forma tenue para al final aparecer en todo su esplendor. Magnífico.

 

El papel de Bárbara Lennie es un regalo que todo actor debe de agradecer. Y que a todo buen actor se le debiera de presentar en su vida para demostrar el alcance de su valía. Está lleno de matices. Es difícil mostrar el tormento interior, las convulsiones de unas dudas atroces, el cómo tienes que domar los demonios que te roen las entrañas, el peso del pasado frente al espejo. Pero Lennie lo solventa con maestría. Ella es la encargada de personificar ese lado oscuro del ser humano, ese mundo tenebroso que se ha construido en torno a la misteriosa puerta del lagarto negro. Es ella la que traspasa la línea. Cuando surge de las tinieblas y la vemos postrada en la cama, con el alma y el cuerpo destrozado se nos revuelven las tripas. Se puebla la pantalla de apaches. Grande, muy grande su actuación.
Luis Bermejo da vida a un hombre corriente, que, lamentablemente, vive una vida corriente muy habitual en nuestros días. En alguna escena peca de inexpresivo, pero en la mayoría luce con naturalidad esa desesperación a la que tiene que recurrir ante los problemas que le surgen. Llegado el momento (al igual que sucede con el papel de Sacristán) se muestra como verdadero profesional del crimen.

 

Lucía Pollán representa un hallazgo, una mirada propia de una actriz. Actúa con naturalidad y ejerce un gran magnetismo ante la cámara. Se le reserva un papel importante en la trama para el final. Prometedora.
La película de Carlos Vermut carece de banda sonora. A lo largo de la misma suenan dos o tres temas. Uno de ellos es La niña de fuego, interpretado por Manolo Caracol. La canción ofrece mucho ya que su letra parece haber inspirado la propia película.

 
No estoy nada de acuerdo con quienes califican esta película de comedia negra. Sí que es verdad que a lo largo de la cinta podemos ver algún que otro toque de humor que sirve para desengrasar tanta vileza. Magical girl es, sin duda, un poderoso film negro, un drama de planteamiento sencillo, pero revestido con complejidad, con una atmósfera inquietante, enrarecida, construida a base de silencios y pasiones contenidas.
Como síntesis de Magical Girl destacaría la escena del bar donde toman contacto Damián y Luis. Con una conversación banal, con cigarro de por medio, que deriva, de forma magnífica, en el planteamiento que hace Damián a Luis para la resolución del conflicto. Todo está medido, y perfectamente planificado. Tenemos fotografía (una luz con tonos pasteles), los diálogos (brillantes), los actores (inmensos), el guion, montaje. Todo. No recuerdo si lleva algún subrayado de música, pero simplemente es una escena magnífica.
Magical Girl ganó la Concha de Plata al Mejor Director (Carlos Vermut) y de Oro a Mejor Película en la Sección Oficial de la 62 edición del Festival de San Sebastián.

Magical girl es un cuento. Tiene como protagonista a una niña, Alicia, que con su poderes mágicos quiere cambiar el mundo. Pero su mundo no es de color de rosa y está amenazado por el demonio y la carne. Cuenta con unos personajes atormentados que son bondadosos pero que por circunstancias se ven abocados a lucir el lado salvaje y oscuro que albergan en su interior. Mundo, demonio y carne en un solo trino: el hombre.
A lo largo de este comentario pensaba haber escrito la letra de La niña de fuego. Pero lo he pensado mejor y os ofrezco esta grabación histórica. Está entrepretada por el propio Manolo Caracol y baila… Lola Flores. Data de 1947, casi nada.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Exposición Depero Futurista en la Fundación Juan March, Madrid

En Depero conviven el hombre de la calle y el genio de la comunicación, el jovenzuelo y el arquitecto, el destructor y el constructor de geometrías intachables, el presentista y el futurista. El pop antes del Pop.
¡Dep dep hurra!
Pablo Echauren

WWDepero en el camerino del Teatro Trianon de Milán, 1924

Depero en el camerino del Teatro Trianón de Milán Mario Castagneri. Fotografía: plata en gelatina sobre papel baritado, 22,5 x 17 cm Archivo Depero

La Fundación Juan March ha organizado la exposición DEPERO FUTURISTA (1913 – 1950) que establece un discurso expositivo entorno a la figura de Fortunato Depero, formulando una visión renovada de lo que ha sido considerado como la vanguardia de las vanguardias: el futurismo italiano. Son casi 300 objetos, documentos y fotografías de Depero y otros artistas, los que se pueden contemplar en esta exposición, procedentes de diversas instituciones y colecciones, tanto privadas como públicas.
Al acercarnos a la sede madrileña de la Fundación conviene tener muy presentes lo que es el futurismo, para así hacernos una idea de lo que nos vamos a encontrar. Después, en este trabajo, acometemos la propia figura de Fortunato, para terminar con una pequeña alusión a la exposición Depero Futurista (1913 – 1950).
Futurismo
Filippo Tommaso Marinetti (1876 – 1944) fue un ideólogo, poeta y editor italiano que fundó el movimiento futurista. Surgió en Milán tratando de encontrar la manera de romper con la tradición, el pasado y los signos convencionales en la historia del arte. En 1909, Marinetti publicó en Le Figaro, el manifiesto del Futurismo. A diferencia de otros movimientos, como el Cubismo, Marinetti quería que la acción no solo se circunscribiera a las artes plásticas o la literatura. Quería que el Futurismo implicara una nueva actitud ante la vida. Rechazaban la estética tradicional. «Nada del pasado merece la pena ser conservado». Ese parecía ser uno de sus lemas. Tenía como uno de sus postulados la exaltación de lo sensual, lo nacional, el valor guerrero, la veneración por la máquina (un nuevo ingenio mecánico). Aprovechaban cualquier medio para llevar a cabo la expresión de este nueva forma como es la arquitectura, el urbanismo, la publicidad, cine, música, poesía y cualquiera de las artes plásticas.
Sus propuestas eran muy radicales. Valoran la originalidad por encima de todo. Eran algo así como una bofetada irreverente, un salto subversivo. En un primer momento, junto a Marinetti se encontraban los artistas italianos Giacomo Balla, Gino Severini, Umberto Boccioni o Luigi Russolo. Posteriormente se unirá al movimiento Fortunato Depero.
Fortunato Depero

Depero indaga, pues, en el dinamismo constructivo y mecánico de los conjuntos plásticos y en el estudio de este espacio tridimensional, donde insertar un cuerpo humano mecanizado y automatizado en el acto cinético: el animal mecánico, L’essere vivente artificiale, tomará ahora la escena teatral.
El organismo plástico, teatral y viviente de Depero
Llanos Gómez

Fortunato Depero (Trento, 1892 – Rovereto, 1960) procede de la formación artística centroeuropea. Se formó en la Scuola Reale Elisabettina de Rovereto, en el extremo norte de Italia, siendo, en 1919, territorio austriaco. Proporcionaba a los artistas unas enseñanzas técnico-artistas. Depero se concentró en el dibujo natural, el geométrico y la decoración. Desde finales de 1911 y principios de 1912 el futurismo ya estaba en Rovereto y empezó a formar parte del ADN de Depero. En 1913 expone por tercera vez, una serie de dibujos todavía grotescos, pero con comportamientos más audaces que preludian ese futurismo que levantará tanta crítica en la sociedad.
En diciembre de 1913 se marcha a Roma. Como muchos otros artistas sus comienzos no pueden ser más desalentadores. Pasa hambre, frío y no tiene dinero. Pero es un entusiasta que no se desanima fácilmente. Allí conocerá a Giacomo Balla (1871 – 1958) y a otros futuristas romanos. Es así como contacta con ese nuevo movimiento artístico y comenzará su nueva vida como futurista. El 11 de marzo de 1915 firmará junto a Giacomo Balla el manifiesto Ricostruzione futurista dell’unverso (Reconstrucción futurista del universo), en donde se propone, entre otras cosas, la globalización de las artes y la fusión de las artes con todos los aspectos cotidianos de la vida; además de declarar acabado el lenguaje tradicional y proponer un lenguaje nuevo. Es así como formulan el lenguaje nuevo llamado «onomalengua» que resultaba ser como una especie de verbalización abstracta.
Otro año clave en la vida del artista italiano es 1919. En ese año va a crear la Casa d’Arte Depero, una especie de factoría cultural en la que se van a utilizar todos los medios técnicos y artesanales para llevar a cabo este proyecto. En su afán de conseguir un modelo de producción se desplazó hasta Nueva York. En 1929, en la capital neoyorquina abre su Depero Futurist House con la esperanza de encontrar allí, junto a los rascacielos, el lugar ideal para desarrollar sus ideas.
Depero fue un artista mutidisciplinar que no tuvo el reconocimiento que debiera a la vista del significado real de su obra. Así lo expresa Manuel Fontán del Junco en la presentación que hace en el catálogo de la exposición: «Fue un artista constructor de todo un universo futurista, un artista polifacético, multimedial y total: fue incansablemente pintor, escultor, dibujante, dramaturgo y escenógrafo, escritor, poeta, ensayista, diseñador gráfico y publicitario, creador de arquitecturas tipográficas y pabellones de ferias, libros, revistas y logotipos comerciales, juguetes y tapices, empresario cultural e inventor de uno de los primeros libros de artista de la historia. Y lo fue hasta el final de su vida».
Fortunato Depero fue un autentico pionero. Fue uno de los primeros artistas en intentar aplicar la nueva tecnología en la creación (y reproducción de imágenes). Sembró el camino para que artistas como Andy Wharhol llevaran la cultura a las masas y las obras de arte se convirtieran en objetos populares.

Mis bailes plásticos, 1918, Fortunato Depero Óleo sobre lienzo, 189 x 180 cm. colección particular, Suiza

Mis bailes plásticos, 1918, Fortunato Depero
Óleo sobre lienzo, 189 x 180 cm. colección particular, Suiza

La exposición
La obra de Fortunato Depero comprende diversas manifestaciones: pintura, cartelería, escenografía figurinista teatral o realización de marionetas. Esto se traduce en un montaje muy diverso con más de 300 objetos que van desde las telas, pinturas, maquetas, pequeños muñecos, distintos collages, fotografías, dibujos, libros y algún audiovisual. Así es posible encontrarnos con una reproducción de un escenario teatral en vertical, distintas revistas que se hacían eco de Depero, un curiosísimo primer diccionario aéreo y una serie de dibujos o bocetos como son los anuncios publicitarios de la marca italiana Campari.
Todo ello es fruto de esa pasión tanto del propio Fortunato como los futuristas. Una gente «loca» que se dedicó a la trasgresión, a la subversión, a dar la vuelta a las cosas y replantearse nuevas propuestas. No aceptaban lo establecido, se cuestionaban todo. Solo así se puede entender ese juego de deconstrucción de las palabras, de darle la vuelta y buscar otro sentido a la vida. La figura de Fortunato Depero ha sido clave para entender la evolución artística de buena parte de la primera mitad del siglo XX. Depero y los futuristas sembraron un germen que provocó un cambio en la orientación y en el gusto en cuanto a las obras de arte (y lo que es arte y no es) junto a la manera de producir las imágenes.
La exposición Depero Futurista está organizada en cuatro apartados:
I De la abstracción al futurismo 1909-1916
II El teatro y la vanguardia 1916-1918
III La «Casa de arte futurista» y el arte de la Publicidad 1919-1928
IV Un futurista en Nueva York. y de vuelta a Italia 1929-1950
Hoy la obra de Depero está considerada como fronteriza entre la de los pioneros y la de los continuadores de la estética y poética futurista. Sus obras han sido expuestas a lo largo del último cuarto del siglo XX fuera de Italia en algunas exposiciones monográficas: Bonn y Hannover, 1973; Salzburgo, 1982; Düsseldorf, 1988; Chicago y Nueva York, 1992; Miami, 1999; Tokio, 2000 y Barcelona en 2013 (y otras ciudades europeas que junto a estas dos últimas ya se han celebrado en el siglo XXI).

Motociclista, sólido con velocidad, 1927 Fortunato Depero,  Óleo sobre lienzo, 117 x 163,5 cm.  Colección particular, Suiza

Motociclista, sólido con velocidad, 1927
Fortunato Depero,
Óleo sobre lienzo, 117 x 163,5 cm.
Colección particular, Suiza

Catálogo y actividades
Como viene siendo habitual en la Fundación Juan March han aprovechado la exposición para organizar una serie de conferencias y conciertos musicales con el futurismo como tema principal.
Asimismo (también una constante) la Fundación ha editado un lujoso catálogo de la muestra. Acorde con ella y con el propio montaje han tenido en cuenta algunos de los preceptos futuristas y el diseño y la maquetación se adaptan a ese gusto. A través de más de 400 imágenes de pinturas, dibujos de escenografías, diseños publicitarios y un largo etcétera que configuran un verdadero complesso plastico motorumorista: «un conjunto plástico y literario cuyo dinamismo y fuerza se imponen al contemplar con el potente, divertido y fascinante ruido de lo nuevo». Recoge el vasto trabajo de Fortunato Depero entre 1913 y 1950. Las imágenes se acompañan de diferentes ensayos interpretativos de su obra así como importantes textos históricos que encuadra e ilustran las obras de Fortunato Depero, uno de los principales protagonistas de la cultura italiana de vanguardia que, junto al resto de sus compañeros, sentó las bases de la revolución artística que supuso el Futurismo.
Más información en:
Fundación Juan March
Un vídeo de la muestra de la Fundación Juan March

Luisjo Cuadrado
Revista Atticus


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