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Sin hijos

Cuestión de prioridades

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Película: Sin hijos.
Dirección: Ariel Winograd.
Reparto: Diego Peretti, Maribel Verdú, Guadalupe Manent.
Países: Argentina y España. Año: 2015. Duración: 100 min.
Género: Comedia romántica.
Guion: Mariano Vera; basada en un argumento de Pablo Solarz.
Música: Darío Eskenazi.
Distribuidora: Syldavia Cinema.
Estreno en España: 14 Agosto 2015.
Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

Sinopsis
Gabriel (Diego Peretti) es un hombre separado desde hace cuatro años que tiene como centro de su vida el cuidado de Sofía, su hija de 8 años. La aparición de Vicky (Maribel Verdú), un antiguo amor adolescente de Gabriel hace que esta entrega total se tambaleé ya que, cuando comienzan a verse Vicky le explica que jamás saldrá con un hombre con hijos.
Esto provoca que Gabriel se vea envuelto en una divertida sucesión de mentiras para ocultar cualquier rastro de la existencia de Sofía. Cada vez que su novia llega a su casa debe hacer desaparecer juguetes, ropa y todo lo que revele que hay una niña en casa.

Comentario
Quien más o quien menos (soltero, casado, divorciado, con hijos o sin ellos) habrá tenido que asistir a la escena en la que un niño anda a sus anchas haciendo lo que le da la gana y sin tener en cuenta ni donde está, ni la gente que tiene a su alrededor. Con lo cual surge la inevitable pregunta ¿pero ese niño no tiene padres? El grado de tolerancia hacia los niños me imagino que formará parte del ADN de cada uno, aunque este se ve alterado, lógicamente, en la medida que te relaciones con los críos. Si encima eres padres, pues tu visión queda mediatizada, porque admitámoslo, nuestros hijos son los mejores del mundo, y por supuesto, los más educados. Faltaría más.
Esta parece ser la premisa que nos plantea Sin hijos. Una mujer, Vicky (Marible Verdú), se encuentra en con un antiguo amigo, Gabriel (Diego Peretti), mientras se hacen el carnet de identidad en Buenos Aires. Así a la ligera, ella, guapa, extrovertida, le confiesa que siempre le gustó. Él, algo patoso, melenudo, desgarbado, le pregunta por su hermana (siempre le gustó). Vicky le invita a realizar un viaje por Salta y los alrededores. Le da su teléfono y le dice que se lo piense. Gabriel no le dice nada. No le dice ni que tiene una mujer que le está esperando en la sala de espera preñada y a punto de dar a luz. Este hecho será crucial en el devenir de la historia. Ya nos está marcando un personaje.
Nueve años después, Gabriel, de profesión casi arquitecto (lleva diez años repitiendo que le quedan tres asignaturas para acabar) ha tomado las riendas del negocio familiar: una tienda de instrumentos musicales que heredó de su abuelo. Fruto de aquel embarazo nació Sofía y fruto del desamor surgió el divorcio: su mujer se enamoró del profesor de taekwondo de su hija. Gabriel está volcado con la niña de sus ojos. Sofía pasa la mayor parte del tiene en casa de su papá.

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Gabriel se encuentra tratando de rehacer su vida afectiva (no tiene pareja y no lo pone nada fácil a posibles pretendientes pues Sofía le ocupa casi todo su corazón) cuando vuelve a aparecer en escena una deslumbrante Vicky. Sigue tal cual. Un espíritu libre que se dedica a organizar viajes y actividades para los demás.
Vicky le vuelve a invitar a Gabriel, en esta ocasión a una fiesta privada. Gabriel ha tomado nota de sus anteriores escarceos y sabe que no tiene que hablar de Sofía, ya que actúa como desinhibidor de la libido femenina (por lo menos en la primera cita). Y lo cumple a rajatabla. Cuando quiere contar la verdad es demasiado tarde. Están a punto de darse un buen homenaje y no es cuestión de echar todo a perder. Así que una pequeña mentira lleva a la otra y ya se sabe, la trola se ha hecho una gigantesca bola, con el agravante de que Vicky tiene una manifiesta intolerancia a los niños.

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Esa situación ya la hemos visto en varias películas. Quizás, aquí la novedad la constituye el papel de la niña Sofía (Guadalupe Manent) que ante la inmadurez de su padre tiene que tomar ella las riendas para intentar salvar la propia relación de Gabriel y Vicky.
Sin hijos, es una muy buena comedia coproducida por España y Argentina que ha reventado la taquilla en los cines argentinos. Tiene muy bien marcado los tiempos del género, con una estructura convencional, con el encuentro, desencuentro y reencuentro tan típico de estas películas. La guinda también es muy del estilo hollywoodiense: una canción como actividad escolar de fin de curso protagoniza por Sofía y su padre, en la que han estado trabajando toda la película. Muy previsible. Sin ninguna duda lo mejor de todo en Sin hijos es la gran actuación de la pequeña Sofía que luce un desparpajo impropio de su corta edad (apenas 10 años). La pareja protagonista no tiene chispa. No es que sean la Bella y la Bestia, no. Pero no lucen química; entre ellos se nota una falta de afinidad. La motivación del personaje de Maribel Verdú deja mucho que desear. El punto culminante es cuando descubre el engaño revelando el suyo propio. Lo que revela no parece causar mayor desazón en Gabriel y eso no es entendible. Mejor resuelto está el personaje de Gabriel, que desde ese primer momento en que oculta a su mujer (y su embarazo) nos está desarrollando un personaje. No tenía pensado tener una relación con Vicky y cuando empieza no es de extrañar que la mentira aflore a la par que el sentimiento de culpa.

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A pesar de esas pegas, Sin hijos es una buena comedia, como he dicho antes. Sigue presente en los argentinos esa crítica constante a las terapias que proporciona unos buenos gags. Y sobre todo los proporciona ese intento de camuflar a la niña con esa doble vida impostada. Con un guion ágil, aunque algo plano, se cimienta una historia sencilla, con una cuidada banda sonora y una meritoria fotografía. La dirección corre a cargo de Ariel Winograd (Mi primera boda, 2010 y Vino Para Robar, 2013) del que no tenía referencias. Además de la pequeña, dirige a dos grandes actores que ejercen de reclamo y que son suficientemente conocidos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras: Diego Peretti y Maribel Verdú. Diego Peretti (No sos vos, soy yo de Juan Taratuto, 2007, Tiempo de valientes, de Damián Szifron, 2005) es de esos actores que su físico les marca. Hagan lo que hagan la risa te aflora. Maribel Verdú goza de una esplendorosa segunda juventud. Ella aporta mucho más de lo que, sin duda, el guion refleja. Sus gestos con la pequeña y como maneje la vis cómica la delatan como una buena actriz. Muy recientemente la hemos visto en Felices 40 (Gracia Querejeta, 2015) y anteriormente en 15 años y un día (Gracia Querejeta, 2013).

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La película no entra a juzgar a aquellos que sienten fobia por lo niños o que les molestan que sus padres no se preocupen de ellos cuando realmente están dando la lata (que no es una cosa subjetiva). Sin hijos expone que hay personas que optan por un determinado modo de vida, al igual que pudiera hacerlo por aquellos que les gusta más la playa que la montaña a la hora de elegir el lugar de vacaciones. Vicky está convencida de que lo suyo es recíproco, es como se suele decir que pasa con los animales; con aquellos que tienen miedo de los perros (por ejemplo) y al acercarse a éstos, estos huelen el miedo. Los niños huelen la fobia de Vicky, se echan a llorar y, sin quererlo fomentan su tirria. Tal vez esto se le cure con un feliz embarazo, (magnífico gag con el que cierra el film) pero eso será para otra ocasión.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


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Operación UNCLE
La guapa película de Guy Ritchie

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Título original: The man from U.N.C.L.E.
Dirección: Guy Ritchie.
Interpretación: Henry Cavill (Napoleón Solo), Armie Hammer (Illya), Hugh Grant (Waverly), Alicia Vikander (Gaby), Elizabeth Debicki (Victoria), Jared Harris (Sanders), Luca Calvani.
País: USA. Año: 2015.
Duración: 116 min. Género: Acción.
Guion: Guy Ritchie y Lionel Wigram; basado en la serie de televisión “El agente de C.I.P.O.L.”.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en España: 14 Agosto 2015.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Sinopsis
Situada con el telón de fondo del auge de la Guerra Fría, ‘Operación U.N.C.L.E.’ se centra en el agente de la CIA, Napoleon Solo, y el agente de la KGB, Illya Kuryakin. Obligados a apartar sus diferencias, largamente arraigadas, ambos se unen para formar un equipo que llevará a cabo una misión conjunta para poner fin a una misteriosa organización criminal internacional, que pretende desestabilizar el frágil equilibrio de poder resultante de la proliferación de armas y tecnología nuclear. La única pista que tienen es la hija de un científico alemán desaparecido, que es la clave para infiltrarse en la organización criminal, y deben luchar contra el tiempo para encontrar al científico y evitar una catástrofe mundial.

Comentario
Operación U.N.C.L.E. no es de las películas que me guste comentar. Es la típica producción al más puro estilo hollywoodiense. Ya se sabe: persecuciones, tiros, muchos tiros, gente guapa que se pega y acción, mucha acción trepidante. No es un cine de sentimientos. Coinciden en la cartelera dos ejemplos de esas películas. Por un lado Misión Imposible: Nación Secreta de Christopher McQuarrie, que se puede resumir en más de lo mismo bajo el control de Tom Cruise. En la programación del fin de semana pasado coincidiendo con el estreno, en una cadena pusieron la entrega tercera y en otro estaban con la cuarta. Y yo acababa de ver la quinta. Poca o ninguna diferencia. Lo único que puede cambiar es el papel de los malvados y el de la chica guapa. Y la otra es Operación U.N.C.L.E. de un reputado Guy Ritchie (conocido por la saga Sherlock Holmes y por su corto matrimonio con la estrella del rock Madonna).

Si me animo a hacer un comentario sobre esta película es que porque he visto en ella alguna cosa que me ha resultado novedosa y que me ha llamado la atención. En líneas generales, me ha gustado como espectáculo, como entretenimiento.

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La nueva cinta de Ritchie sigue la moda de reciclar viejos modelos para no arriesgar demasiado. Aquí el referente está más que claro: aprovechar el filón de sagas como Misión Imposible o James Bond. Pero la idea original es la versión de una serie de los años 60 que se titulaba (en España) El hombre de C.I.P.O.L. y que tenía como telón de fondo la Guerra Fría. Curiosamente participó el proyecto en el propio creador del agente 007, Ian Fleming. No es de extrañar que también esa moda, de echar mano a ideas antiguas que han dado fruto, nos llegue a España. Próximamente se estrenará Anacleto Agente Secreto, nuestra película de espías, dirigida por Javier Ruiz Caldera, basada en el comic de Ibañez y bajo el auspicio -como en esta- de la Warner Bross y muy cercana al estilo americano.

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La adaptación cuenta como el hombre de la CIA, Napoleón Solo (Henry Cavill) y el hombre del KGB, Illya Kuryakin (Armie Hammer) tienen que colaborar juntos para, con la ayuda de la hija de un científico alemán, Gaby (Alicia Vikander), tratar de evitar que una organización afín al nazismo cree una bomba nuclear. U.N.C.L.E. es un acrónimo que juega con un doble sentido. Por un lado en inglés significa «tío» y por otro hace referencia al comando que forman, a United Network Command for Law and Enforcement (algo así como Comando de Red Unida para la Ley y la Ejecución, casi nada).

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Los protagonistas son dos guapos «desconocidos». Estaban interesados en el proyecto desde George Clooney al mismísimo Tom Cruise, pasando por estrellas como Ryan Gosling, Ewan McGregor, Christian Bale, Bradley Cooper o Matt Damon. Por diferentes motivos personales, final no pudieron hacerse con el papel. Al final los principales papeles recayeron sobre Henry Cavill (El hombre de acero, 2013, Zack Snyder) que interpreta el papel de un hombre norteamericano apuesto, elegante, de exquisitos modales y de gustos refinados y Armie Hammer (El llanero solitario, 2009, Gore Verbinski) que desempeña el papel de un portento físico ruso, mitad Hombre de Cromañón, mitad Homo Habilis pero muy refinado, al que le gusta solucionar todo a base de golpes. Saben tanto de ropa y complementos como de armas. A su lado una emergente actriz sueca: Alicia Vikander (Ana Karenina, la adaptación de 2012 de Joe Wright; tiene pendiente de estrenar varios títulos). El papel de malvada lo interpreta Elizabeth Debicki (El gran Gatsby, 2013, Baz Luhrmann). Con un pequeño papel, muy acertado está Hugh Grant, muy comedido.

Operación U.N.C.L.E. es una película sencilla de seguir que responde a eso que decía al principio: persecuciones con coches y lanchas (en este caso, sustituyen a las motos «misioneras») y con gente muy guapa que se lía a mamporros. Toda la película está dominada por una estética sicodélica, propia de los años 60/70, muy adecuada para la ambientación de la historia. Por cierto que esta es de gran mérito. Está cuidado al detalle, desde las calles romanas y londinenses, la ropa, los coches, motos, muebles, hasta un portaaviones. Muy meritoria. Otro de los grandes méritos que tiene U.N.C.L.E. es la banda sonora de Daniel Pemberton. Soberbia. Es como si estuviéramos asistiendo a un espectáculo del Circo del Sol. Una coreografía dinámica que está al servicio de la acción e incluso de los protagonistas. Hay un recurso magnífico. Cuando la malvada va a entrar en una habitación del hotel, seguida de dos de sus secuaces, con la música a todo trapo, ella levanta la mano para que se paren y no haga ruido y hasta se para la música. Otro recurso cuidado con esmero son los subtítulos también con una estética muy pop. La vi doblada al castellano y este recurso es utilizado para el ruso o alemán, pero también lo utilizan para una conversación de dentro de un coche y que con la música no lo oímos. Muy hábil.

Esas son alguna de las cosas que me han gustado, pero también hay otras como el sentido del humor que se puede personalizar en dos escenas que tienen en común que la cámara enfoca al sujeto principal pero que la acción transcurre al fondo, en segundo plano (cuando Gaby, algo chispa, se marca un bailecito y cuando el americano disfruta de un almuerzo casual mientras su compañero las pasa canutas intentando dejar atrás al enemigo). Funciona. Hay un uso moderado de la pantalla compartimentada con hasta 5/6 planos que proporciona dinamismo. También los títulos de crédito son ingeniosos, proporcionándonos información de los personajes sobre una ficha menos oficial.

En este tipo de películas de entretenimiento, casi lo que menos importa es que la historia sea sólida (hombre que no tenga fallos evidentes de guion es lo mínimo). Lo que importa es la puesta en escena, efectivista y resultona, por encima de otros aspectos. Son cintas de consumo fácil que tienen el cometido de llenar las salas de palomitas. Y punto. Operación UNCLE es uno de esos blockbuster realizado con gran destreza y que tiene un punto de interés. Se han utilizado una serie de recursos cinematográficos de lo más variado que confluyen en una película amena, extrovertida, jocosa y guapa. Creo que guapa es el adjetivo, poco usual en el campo cinematográfico, pero que le viene que ni pintado: una película muy guapa. Aunque he de reconocer que el subtítulo que han buscado para España es mejor que el mío: «salvar al mundo siempre está de moda».

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Jean-Michel Basquiat: Ahora es el momento

Desde el pasado 3 de julio, y hasta el 1 de noviembre de 2015, se puede disfrutar en el Museo Guggenheim Bilbao (en colaboración con la Art Gallery of Ontario) de la exposición Jean-Michel Basquiat: Ahora es el momento, comisariada por Dieter Buchhart y Álvaro Rodríguez Fominaya. La exposición es un auténtico homenaje al artista estadounidense, y la primera donde la importancia, reside en el contenido temático de sus obras.

Autorretrato, 1984 Acrílico y barra de óleo sobre papel, montado sobre lienzo 100 x 70 cm. Yoav Harlap Collection © Estate of Jean-Michel Basquiat.  Licensed by Artestar, New York

Autorretrato, 1984
Acrílico y barra de óleo sobre papel, montado sobre lienzo
100 x 70 cm. Yoav Harlap Collection
© Estate of Jean-Michel Basquiat.
Licensed by Artestar, New York

El 22 de diciembre de 1960, nació en el Hospital de Brooklyn (Nueva York) Jean-Michel Basquiat. Su padre, Gerard Basquiat, era de Haití y su madre, Matilde Andradas, originaria de Puerto Rico. La familia Basquiat vivía en Park Slope, en Brooklyn. Tres años más tarde, en 1963, llegará al mundo su hermana Lisane y en 1966, nacerá su hermana Jeanine. Junto a su familia, el pequeño Basquiat se criará en la calles de dicho barrio, donde comenzará su espíritu artístico y crítico a través de los graffitis.

Jean-Michel vivía en una posición acomodada, pues su padre era contable y su madre diseñadora gráfica de prestigio. Aun así, creció en un entorno familiar hostil, pues sus padres se divorciaron y por ello, debió cambiar varias veces de colegio, hasta entrar con 16 años en la City-As-School, de donde fue expulsado un año antes de graduarse por rebeldía.

Desde muy pequeño, Basquiat muestra ya un especial interés por el dibujo y a menudo, utiliza el papel que su padre lleva a casa de la empresa donde trabaja para hacer apuntes inspirados en las animaciones que veía en televisión. Su madre, además, al ser diseñadora gráfica, muchas veces hará bosquejos con él.

Sin título, 1982. Acrílico y óleo sobre lino, 193 x 239 cm.  Museum Boijmans Van Beuningen, Róterdam. Foto: Studio Tromp, Róterdam © The Estate of Jean-Michel Basquiat. Licensed by Artestar, New York

Sin título, 1982. Acrílico y óleo sobre lino, 193 x 239 cm.
Museum Boijmans Van Beuningen, Róterdam. Foto: Studio Tromp, Róterdam
© The Estate of Jean-Michel Basquiat. Licensed by Artestar, New York

Jean-Michel y su madre visitaban muy a menudo el Museo de Brooklyn, el MoMa, el Museo Metropolitano de Arte… Así, su madre le alentará en su interés por el arte y hará hincapié en la importancia de la educación.

Muy importante para él será la escuela católica privada de Santa Ana, donde conocerá a Marc Prozzo, con el que creará un libro para niños, escrito por Jean-Michel e ilustrado por Prozzo. Basquiat, se convertirá en un gran lector de español, francés e inglés.

En mayo de 1968, mientras juega a la pelota en la calle, Basquiat es atropellado por un coche, que le mantendrá un mes hospitalizado. Mientras se va recuperando, su madre le regalará el libro Anatomía de Gray, algo que marcará el resto de su vida, pues la influencia de este libro se encuentra en su obra posterior y co-fundará, en 1979, el grupo “Gray”.

En el año 1971, Gerard Basquiat (ya separado de Matilde), padre del futuro artista, se mudará con sus tres hijos y Jean-Michel se matriculará en un colegio público, el primero de muchos. En 1974, vuelven a mudarse los tres niños con su padre, pero esta vez a Puerto Rico, y no será hasta el año 1976 cuando vuelvan a Brooklyn.

El año 1976 será muy importante para él, pues a sus 16, se matricula en la City-As-School, una escuela progresista de Manhattan destinada a la formación de superdotados con dificultades en su proceso educativo. En City-As-School conocerá a Al Díaz, un grafitero del que se hará amigo y colaborador.

Junto a su amigo Al Díaz, comenzará a pintar con spray en muchas de las paredes del Bajo Manhattan bajo el seudónimo de SAMO, que significaba “SAMe Old Shit” (“la misma mierda de siempre). Era un motivo más para desahogarse por todo lo que sentían.

En 1978, con tan solo 18 años, Jean-Michel decide dejar su hogar para siempre y se irá quedando en casas de amigos, en especial en el domicilio del artista británico Stan Peskett. Basquiat sobrevivirá con la venta de postales y camisetas que el propio Jean-Michel decoraba y seguía dedicándose al graffiti, con un sentido muy poético y filosófico.

Con tan solo 20 años, la fama de Basquiat crecerá mucho, lo que hará que se relacione y trabe amistad con artistas del momento, como David Bowie o Andy Warhol. Hasta tal punto llegará su fama, que en el año 1982 se celebrará su primera exposición en solitario, donde venderá todo. Será a partir de este año cuando empieza un verdadero camino hacia el éxito.

Para entonces, Basquiat ya era conocido como un artista transgresor e innovador, cuya obra abordaba temas como la lucha de clases, el racismo, inspirándose en el Expresionismo Abstracto, el Arte Conceptual, el Jazz, los cómics y el graffiti.

Número 4, 1981 Acrílico, barra de óleo y collage papel, lienzo, 167 x 137 cm     Colección Andre Sakhai, cortesía Marianne Boesky Gallery, Nueva York. Foto: Jason Wyche © Estate of Jean-Michel Basquiat. Licensed by Artestar, N. Y.

Número 4, 1981
Acrílico, barra de óleo y collage papel, lienzo, 167 x 137 cm
Colección Andre Sakhai, cortesía Marianne Boesky Gallery, Nueva York. Foto: Jason Wyche
© Estate of Jean-Michel Basquiat. Licensed by Artestar, N. Y.

Basquiat nunca se consideró un artista del graffiti, sino que él decía que “utilizaba la pintura en spray como instrumento para abrir las puertas del mundo del arte”. Por ello, rápidamente empezará a trabajar con materiales que encontrará por la calle.

A pesar de haber anunciado en junio de 1988 que estaba libre de cualquier adicción, algo que había intentado en varias ocasiones, Jean-Michel Basquiat fallecerá el 12 de agosto del año 1988 a causa de una sobredosis de heroína en Nueva York.

A pesar de haber muerto con tan solo 27 años, Basquiat es fundamental para la Historia del Arte y en su intensa (aunque corta) actividad pictórica, pueden distinguirse tres etapas:

• 1980-1982. Graffitis de signos mezclados con formas simbólicas y aspectos de las culturas primitivas como esqueletos y calaveras.

• 1982-1985. Sus obras están llenas de palabras que se convierten en conceptos con referencias a la sociedad de consumo de Norteamérica.

• 1986-1988. Obra cada vez más sofisticada, con referencias a la tradición pictórica europea y a culturas primitivas y antiguas.

La contribución artística de Basquiat aportó al mundo en general, y a la escena neoyorquina en general, un cambio radical de concepto en la pintura, siendo el artista negro más reconocido e influyente de los años ochenta.

Su muerte a los 27 años (como sus ídolos Jimmy Hendrix o Janis Joplin) por una sobredosis de heroína, hará que Basquiat se convierta en un mito de la pintura, gracias en parte a las obras tan expresivas que hablaban de la hipocresía social.
Para entender verdaderamente a Jean-Michel Basquiat, el Museo Guggenheim Bilbao nos muestra una exposición estructurada en ocho secciones que ocupan la tercera planta, empezando por la sala 305, cuyas obras están expuestas en torno a “La calle como estudio” y “Héroes y santos”, con temática y enfoque hacia el paisaje urbano.

Jean-Michel Basquiat, 1984 Fotografía de Lee Jaffe, Copyright, Reservados todos los derechos. Cortesía de LW Archives

Jean-Michel Basquiat, 1984
Fotografía de Lee Jaffe, Copyright, Reservados todos los derechos. Cortesía de LW Archives

En la sala 306 la exposición continúa con “Reivindicando historias” y “Reflejos”, una sala que gira en torno a la historia negra y el racismo con unas poderosas y expresivas obras. En la sala 307 se puede disfrutar de “Dualidades y doble identidad”, dedicada a las relaciones ambiguas entre los individuos y los objetos.

En la sala 303 podremos disfrutar de las obras de una pareja del mundo del arte, la formada por Basquiat y Warhol, además de obras de colaboración con Francesco Clemente, Keith Haring o Kenny Scharf.

La exposición finaliza en la sala 302, con otro gran tema de Basquiat, “Sampling y scharching. Música, palabras y collage”, donde se ve la enorme influencia que la música tuvo en el artista, sobre todo el hip-hop.

La obra de Basquiat es, indudablemente, una de las más importantes e influyentes del siglo XX y tiene mucha actualidad no solo por su planteamiento formal, sino por lo que está narrando en todas y cada una de sus obras. Basquiat nunca dejó crear y a pesar de su prematura muerte, el legado que el artista ha dejado, nos sirve para comprender mejor nuestro pasado y nuestro presente, pues los temas tratados por él, como el racismo o la hipocresía social, están hoy igual de vigentes que entonces.

La exposición, una muestra pionera en Europa, establece el primer análisis temático de la obra de Basquiat y nos descubre un verdadero homenaje a la gran y brillante carrera artística de Basquiat.

Nota de la redacción. Este artículo con mayor número de ilustraciones se publicará completo en el Revista Atticus 30 que estará disponible en nuestra web sobre el 20 de septiembre

Cristina González Vítores

Revista Atticus


La viñeta de Alfredo Martirena

La viñeta de Alfredo Martirena

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Alfredo Martirena

Revista Atticus


El secreto de Adaline

El mito de la eterna juventud

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Película: El secreto de Adaline.
Título original: The age of Adaline.
Dirección: Lee Toland Krieger.
Reparto: Blake Lively, Harrison Ford, Michiel Huiman, Ellen Burstyn, Kathy Baker, Amanda Crew. Guion: J. Mills Goodloe y Salvador Paskowitz.
Guionista: J. Mills Goodloe y Salvador Paskowitz.
País: USA. Año: 2015. Duración: 112 min.
Género: Drama, romance.
Distribuidora: eOne Films Spain.
Estreno en España: 31 Julio 2015.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.

Sinopsis
Adaline Bowman, quien a los 29 años milagrosamente dejó de envejecer por ocho décadas, ha llevado una vida solitaria. Sin embargo, un encuentro casual con el carismático filántropo Ellis Jones despierta su pasión por la vida y el amor. Un fin de semana con los padres de Ellis pone en riesgo su secreto, por lo que deberá tomar la decisión que cambiará su vida para siempre.

Comentario
El secreto de Adaline es una película que la podemos poner en relación con las grandes cintas de romances apasionados al estilo de El diario de Noa (Nick Cassavetes, 2004), Mensaje en una botella (Nicholas Sparks, 1999) o Un paseo entre las nubes (Alfonso Arau, 1995). Sin embargo, al añadir un elemento «mágico» la podemos poner más en relación a El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher, 2009), ¿Conoces a Joe Black? (Martin Brest, 1998) o la serie Forever que podemos contemplar en nuestras televisiones en la actualidad.

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Buen trabajo de fotografía

 

Adaline Browman nació en los primeros años del siglo XX. Se casó con uno de los ingenieros que construyeron el Golden Gate de San Francisco (el archifamoso puente se comenzó a construir en 1933 finalizándose en 1937). Poco antes de finalizar el puente, un desgraciado accidente acabó con su vida y la de otros cuántos compañeros (basado en un hecho real –por aquel entonces las muertes en el trabajo eran bastante frecuentes, sin embargo en la construcción del Golden Gate se emplearon excepcionales medidas de seguridad como redes para evitar caer al mar, pero aún así sucedió la tragedia-). Dejó a Adeline con apenas 29 años y una niña, Flemming. Un buen día cuando regresaba a casa conduciendo su coche, de forma inusual comienza a nevar y Adaline sufre un accidente volcando su coche a orillas del río. Como consecuencia de las heridas queda inconsciente y sumergida en el agua, en parada cardiaca. Pero se produce un hecho milagroso: un rayo alcanza el coche y engendra una gran descarga eléctrica. Como consecuencia de ello, Adaline revive y su cuerpo, de ahí en adelante, no envejecerá. Su aspecto siempre será tan fresco y lozano causando la admiración y envidia de sus amigas. Pero tiene un lado negativo: si se desvela su secreto corre el peligro de convertirse en una atracción de feria. Para ello tratará de mantenerse a salvo su integridad huyendo de la ciudad cada diez años y adquiriendo una nueva identidad. La única que sabes su misterio es su hija Flemming.

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El interés por alargar la vida, conseguir la inmortalidad o el mito de la eterna juventud es una constante en la historia de la humanidad. Todas las culturas, de una manera u otra, reflejan esta preocupación universal. Cuenta la leyenda que Eos (la Aurora) se enamoró de un joven troyano. Tan ricamente se encontraba en esa situación que le pidió al dios Zeus que le concediese la inmortalidad. El bueno de Zeus se la concede. Pero a Eos se le olvidó una cosa muy importante: que le concediese la inmortalidad al objeto de su amor. Esta leyenda parece ser el origen de El secreto de Adaline.

El secreto de Adaline tal vez esté en la sonrisa

El secreto de Adaline tal vez esté en la sonrisa

Lee Toland Krieger (dos películas en su haber, pero inéditas en nuestro país, The vicious kind -2008-, y Celeste and Jesse Forever -2012-), junto con sus guionistas, no presenta una historia de amor pero donde el elemento mágico tiene más peso. Conjuga sabiamente la inmortalidad con la casualidad de los accidentes. Desconozco si es posible la inmortalidad de un ser humano dándose las condiciones que se dan en el suceso que narra la película. De ser posible, algunos se habrían dado más de un calambrazo. Pero nos lo explican muy bien en El secreto de Adaline. Un narrador omnisciente nos ayuda a hacer creíble esta historia, este bonito cuento con el mito de la eterna juventud como tema. El director muestra grandes maneras. El accidente de Adaline está rodado de forma magistral. Nos mete en el interior del coche justo en el momento del vuelco y casi sentimos los golpes de tanto vaivén. A lo largo del film podemos ver imágenes poderosas como, por ejemplo, la del autocine. Es un elemento que tiene todo cuento: una escena mágica en la que un personaje nos deslumbra.En estas circunstancias no dejo de acordarme de una escena mítica en la historia del cine. Habría que remontarse a 1997 cuando Anthony Minghella, en El paciente inglés, los dos protagonistas Hana (Juliette Binoche) y Kip (Ralph Finnes) descubren mediante un sistema de poleas y oscilando en el aire a luz de una bengala, los frescos de la iglesia de San Francisco en Arezzo, Italia, de Piero della Francesca. Sobrecogedora secuencia. No la voy a desvelar lo que sucede en el autocine, solo diré que aunque la idea es muy buena, no logra (del todo) el efecto perseguido. También muestra su maestría en los planos cenitales (sobre todo al principio). Excelente fotografía y buena banda sonora.

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Uno de los grandes aciertos que tiene la cinta es haber conseguido una variada y rica ambientación de las diferentes épocas que vive la protagonista que son casi ocho. En ella se focaliza los cambios ya sea por medio de la ropa o por los peinados y el maquillaje. Toda la puesta en escena está muy lograda, con una estética cuidada hasta el más mínimo detalle. Basta fijarnos en una de las fotos que acompaña a esta crítica para darnos cuenta de ello. El rostro de Adaline (Blake Lively) está iluminado de forma perfecta, sin brillos, con suavidad sin grandes contraluces. Magnifica fotografía. No sé dónde se había metido antes esta mujer (papeles desconocidos o sin relevancia, Gossip Girl –serie TV, 2007- The TownCiudad de ladrones, Ben Affleck, 2010), pero creo que ha dado con su personaje. Le permite lucir un variado repertorio. Bien es cierto que es el mismo papel con diferente vestuario. Está radiante. Posiblemente sea la actriz que mejor sabe sonreír a la cámara. Parece que es otra actriz cuando la vemos con esa sonrisa luminosa. Ese lunar que tiene no sé a quién me recuerda.
Si seguimos con el reparto, su compañero, el objeto de su deseo, es Ellis Jones (Michiel Huisman). A diferencia de Blake, este actor ha trabajado en Juego de Tronos y, por lo tanto, es más conocido. Aporta físico (con escena innecesaria saliendo de la ducha para lucir palmito) y poco más, aunque a buen seguro suscitará más de un suspiro. Ambos conforman una pareja de película. Adaline es guapa (salta a la vista), culta (capaz de ganar al Trivial sin despeinarse), delicada e inteligente (gracias a su «anomalía» sabe invertir a largo plazo). Tantos años vividos le aportan ese saber estar, ese no sé qué, que atrapa. Ellis es guapo (obvio), encantador (no ha sucumbido al consumismo y mantiene su destartalado descapotable), y es un hombre que ha triunfado, se ha hecho rico vendiendo una aplicación. Pero no es un amasafortunas sino que se dedica a la filantropía. Y claro… inevitable romance. Ante estos dos «desconocidos» había que meter un gran reclamo. Y no es otro que Harrison Ford. Su actuación: división de opiniones. Le encuentro mayor (lógico) y la perilla que luce, no le va nada. Pero su corto papel lo desarrolla muy bien. Otro corto papel está reservado para una veterana: Ellen Burstyn, a la cual ya vimos también en Interstellar (Christopher Nolan, 2014).

El mito de la inmortalidad de Eos aparentemente lo que valora es la belleza, la juventud. Pero no es menos cierto que lo que en realidad está haciendo, al haberse olvidado pedir la inmortalidad para su amado, es revalorizar la vejez, la sabiduría de la experiencia. La vejez es fuente de sabiduría y conocimiento (Adaline bien lo demuestra en la prueba del Trivial). Adaline siempre joven es algo ilusorio. Esa eterna juventud la convierte en un mutante, un muerto viviente. Es una persona vacía, triste, que ve pasar la vida sin poder aferrarse a algo que la dé seguridad. Todo a su alrededor es pasajero. Por eso no duda en pedirle a Ellis: «Dime algo a lo que pueda aferrarme para siempre y no dejarlo ir”. Adaline está cansada de su condena, de tener que huir de aquellos a quienes pueda amar para que estos no desvelen su secreto.
La narración de esta historia podía presentar problemas pero está resuelta de forma brillante por medio de flashback que se apoyan en una buena ambientación. Había que ver el pasado de Adaline con el momento del accidente y había que ver esa relación que le marcó y que volverá a tener su peso en el presente. La película engatusa al espectador desde el primer momento. Irradia cierto magnetismo por esa estética tan cuidada, por la narración (de la voz en off) que nos va introducción en la historia y nos va desvelando esos datos científicos necesarios. Todo ello conforma un producto para el consumo fácil, sin más pretensiones, pero que resulta entretenida y gustosa de ver. Habrá que prestar atención para ver si la actriz Blake Lively tiene más oportunidad de lucir algo más que una sonrisa.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado
Revista Atticus


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