Próximamente el número CINCO
Ya a la venta el número CUATRO

Pídelo via mail en admin@revistaatticus.es.

Último número

Descárgate el último número.  ¡Aquí!

Ben Hur 2016

La fuerza del deseo de venganza

ben-hur-cartel1 Ficha

Película: Ben-Hur.

Dirección: Timur Bekmambetov.

Reparto: Jack Huston, Morgan Freeman, Toby Kebbell, Nazanin Boniadi, Rodrigo Santoro, Sofia Black D’Elia, Ayelet Zurer.

País: USA. Año: 2016.

Duración: 216 min. Género: Drama.

Guion: Keith Clarke y John Ridley; basado en la novela de Lew Wallace.

Estreno en España: 2 Septiembre 2016.

Calificación por edades: Apta para todos los públicos. En cines 2D y 3D.

 

Sinopsis

BEN-HUR es la épica historia de Judah Ben-Hur (Jack Huston), un príncipe que es falsamente acusado de traición por su hermano de adopción Messala (Toby Kebbell), un oficial del ejército romano. Despojado de su título, separado de su familia y de la mujer que ama (Nazanin Boniadi), Judah se ve sometido a esclavitud. Tras pasar años en galeras, Judah vuelve a su tierra natal en busca de venganza, aunque lo que acaba encontrando es redención. Basada en la novela clásica de Lew Wallace Ben-Hur: Una historia de los tiempos de Cristo. También protagonizada por Rodrigo Santoro y Morgan Freeman.

 

Comentario

Mi anterior crítica –sobre Café Society, de Woody Allen-, fue de las más extensas realizadas últimamente. Y en ella comentaba que se le da mucha caña al director neoyorquino. Esta que acometo ahora, al final de la misma, tal vez resulte de las más cortas. Tiene en común con la anterior que también se le ha dado mucha caña. Para la crítica en general, Ben Hur, 2016 ha resultado una propuesta fallida. Pero mucho de lo que he leído tiene que ver en que la comparan con la mítica Ben Hur de 1959, de William Wyler, cuyo protagonista fue Charlton Heston. No se puede comparar. Aquel fue un cine épico sin igual.

Ben Hur 2016 es una superproducción en la que no han reparado medios. Se ha elegido a un plantel de jóvenes protagonistas descartando grandes estrellas para abaratar el presupuesto. El único con un gran palmarés es Morgan Freeman. Los demás tienen su currículo pero sin grandes películas a sus espaldas. Freeman interpreta al jeque Ilderim, el africano, jugando un papel fundamental como mentor de su pupilo, Judah como gran jinete de cuadrigas. Él es el que le enseña todas las argucias para poder salir airoso de la guerra sucia que conlleva este tipo de carreras. Morgan Freeman transmite una gran dignidad a ese personaje. Tocado con unas larguísimas rastas que le dan un porte imperial, solamente con su presencia en la pantalla gana enteros la historia.

null

Tengo un gran amigo que me dice que todo me viene bien en esto del cine. Qué todas las películas que critico están bien. No. No es eso. Intento destacar aquellas que me gustan, que aportan algo, y que me motivan escribir sobre ellas. Y lo hago intentando destacar alguna cualidad. Hay películas que, lógicamente no me gustan nada, y que no merecen ni tan siquiera dedicarle tiempo a escribir sobre ellas. Si me preguntan tengo mi opinión, pero como no me gano la vida con esto, pues no les dedico tiempo.

Ben Hur me ha gustado por dos razones fundamentales. El gran trabajo que hay detrás de la película es una de ellas. Esto es claramente visible en la ambientación y recreación de una época y en el cuidado que han puesto para que esto se vea en la pantalla. Recreación del gran Circus Tiberius (un gran plató a 45 minutos en coche de Roma), recreación del palacio de Hur y la recreación de una gran nave donde se ruedan la escenas de la batalla naval. Y la recreación de toda una ciudad (se trata de la ciudad italiana Matera –increíble espacio natural, que lleva habitado desde el siglo III-). Y la otra razón es contemplar una de las mejores secuencias de acción de los últimos tiempos: la carrera de ocho cuadrigas con los hermanos Messala y Judah como protagonistas.

null

Ben Hur 2016 es, fundamentalmente, la historia de un personaje clásico (que convive en la época de Jesucristo) y que, en definitiva, es la historia de un hombre que ha sido traicionado y lo único que persigue (y le mantiene con vida) es el deseo de venganza y su posterior redención.

Timur Bekmambetov es el director encargado de traer la historia del siglo I al siglo XXI. Este kazajo de nacimiento y nacionalizado ruso es el creador de la película Abraham Lincoln, cazador de vampiros (2012) y poco más sabía de él. Conjuga de forma magistral algún que otro efecto digital con el rodaje en plató de las escenas de acción. Para ello no ha dudado en recurrir a los grandes inventos de la cámara Go-Pro o alguna otra novedosa cámara de pequeño formato que coloca en medio de la acción dando la sensación de estar allí metido. Para la escena culminante de la lucha entre los dos hermanos conduciendo las cuadrigas se emplearon treinta y dos días para su rodaje. Esto se llevó a cabo en los estudios de Cinecittá de Roma. Los dos actores Huston y Kebbell recibieron durante meses clases de preparación de montura de caballos y de conducción de cuadrigas.

null

Si todo esto son puntos a su favor, hay un uno en su contra: el desenlace. Una película de este presupuesto no puede tener este final. Comentándolo con mis amigos, me recuerdan que así sucede en esa película de 1959 (al final acabo haciendo la crítica comparando ambas películas). Pero esa no es razón suficiente para que todo se solucione por obra y gracia del milagro. No, eso no, por favor. No puede ser que este final feliz sea obra de un milagro divino (más justificado que nunca, por la presencia de divinidades). Al final, el buen rollismo, la luz y el color lo inunda todo. Y como si todo hubiera sido un mal sueño, la paz triunfa cabalgando en armonía. Adiós rencillas y odios. Las cicatrices se han cerrado. Ya solo hubiera faltado que estas (las físicas) desaparecieran y se restituyeran los miembros amputados. Es una pena, para un gran trabajo global. Me imagino que también será fiel al libro que no he leído y que me dan ganas de hacerlo, pero como ya me sé el final… Al final me quedo con que Ben Hur 2016 es una gran película de entretenimiento que narra la historia de un hombre que ha sido traicionado y que sobrevive para cumplir su venganza.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Marcador

Crítica película Café Society de Woody Allen

Café Scoiety de Woody Allen

Los Ángeles – Nueva York en los años 30 de la mano de Woody Allen

Wcartel CAFÉ SOCIETY

Ficha

Película: Café Society.

Dirección y guion: Woody Allen.

Reparto: Jesse Eisenberg, Kristen Stewart, Blake Lively, Steve Carell, Parker Posey, Ken Stott, Corey Stoll, Jeannie Berlin, Anna Camp.

País: USA. Año: 2016.

Duración: 96 min.

Género: Comedia dramática, comedia romántica, drama, romance.

Estreno en España: 26 Agosto 2016.

Calificación por edades: No recomendada a menores de 7 años.

 

Sinopsis

Nueva York en la década de 1930. Dado que cada vez le cuesta más aguantar a sus padres, que no dejan de pelearse, al gánster de su hermano y la joyería familiar, Bobby Dorfman siente que necesita un cambio de aires. Así que decide probar fortuna en Hollywood, donde su tío Phil, un poderoso agente, lo contrata como chico de los recados. En Hollywood, no tardará en enamorarse, pero por desgracia la chica ya tiene novio. Bobby se conforma con su amistad, hasta el día en que la chica llama a su puerta para contarle que su novio acaba de romper con ella. De repente, la vida de Bobby da un nuevo giro, y es un giro muy romántico.

 

Comentario

Ya tenemos en nuestras pantallas la nueva entrega de Woody Allen. A pocos directores le sucede lo que le pasa al director neoyorquino: cada una de sus películas se somete a una dura crítica. El motivo es que se espera mucho de él. Ha demostrado que sabe hacer muy buen cine, y que, en muchos casos, sus películas han quedado para la historia. Sin embargo, en otras ocasiones acude a su cita con una película sin pulir que no cumple ni de lejos las expectativas creadas. Tiene una legión de fieles seguidores que siempre van a halagar su producto, porque aunque sea pobre siempre estará por encima de la media de lo que se hace hoy día. Y, por el contrario, tiene otra caterva de legionarios que estarán esperando con el mazo para darle en su fantástica cabeza porque ya no es lo que era o nunca ha sido lo que muchos dicen que fue: un gran director y un revolucionario. Ya en la cúspide del disparate he llegado a ver una lista de todas las películas suyas clasificadas de peor a mejor. Un auténtico despropósito. La polémica siempre está servida en cada estreno de Woody Allen (en esta ocasión la puesta de largo fue nada más y nada menos que en una de las mecas del cine: el Festival de Cannes, en la gala inaugural de la pasada edición).

En Café Society, Allen narra las peripecias de la familia Dorfman. Marty (Ken Stott), el padre, es dueño de una modesta joyería en el Bronx. Su mujer, Rose (Jeannie Berlin) es el alma de la familia. El hijo mayor Ben (Corey Stoll), es la bala perdida. Solo hará falta tiempo para que la policía se entere de lo que todo el mundo sabe: que es un gánster y que se dedica al trapichero y a dar matarile a todo aquel que se le cruza en su ambición. A pesar de los consejos de sus padres, ha descubierto que fuera de la Ley se vive mejor. El contrapunto lo pone su hermana Evely (Sari lennick) que se ha casado con un profesor, tiene una vida más sosegada y aporta un punto intelectual a la familia. Bobby (Jesse Eisenberg), el menor de los tres, no puede aguantar más la asfixiante atmósfera que se respira en el taller de su padre y decide marchar a probar fortuna a la otra costa del país, a la meca del cine, a Hollywood. Allí se encuentra su tío Phil (Steve Carell), hermano de su madre Rose, que ha triunfado en la industria del cine como agente de estrellas. Obligado por el parentesco Phil nombra a Bobby su ayudante y encomienda a su secretaria Vonnie (Kristen Stewart) que vaya adentrando en los entresijos de la ciudad de Los Ángeles a su sobrino. Pero Bobby, más que de la ciudad, se va a quedar prendado de la belleza de Vonnie a pesar de que le ha confesado tener novio «formal». Lo cierto es que el novio no le presta mucha atención y Bobby y Vonnie van forjando una gran amistad. En realidad, algo más que amistad que se ve lastrada por la relación que Vonnie tiene. Bobby se cansa de la ciudad y se vuelve a Nueva York en donde una noche, en el local que regenta con su hermano conocerá a la deslumbrante Veronica (Blake Lively), una mujer de la alta sociedad que acaba de ser plantada por su marido al marcharse con su mejor amiga.

Wweone_foto_galeria_9007full-nvWjeGTh03BB8B4I

Al principio, la película nos ofrecerá un panorama del Hollywood dorado de los años 30 por donde veremos desfilar a las estrellas rutilantes del cine, a los directores, productores de moda y a un sinfín de personajes de lo más variopintos. No a todos los veremos por la pantalla, habrá que estar muy atentos a los diálogos, a las referencias de los grandes de la época dorada. Casualmente, este mismo año hemos tenido la ocasión de darnos un paseo por los platós de Hollywood de aquella época (y sus entresijos) gracias a la película de los hermanos Coen ¡Ave César! En Café Society pasearemos por los archiconocidos bulevares, incluso haremos una excursión para conocer las viejas grandes mansiones de las actrices del cine mudo, en plena decadencia. También nos adentraremos en las catedrales del glamur como el Coconaut Grove y el Trocadero. Era el Hollywood de la Edad de Oro. Tras su aventura hollywoodiense, Bobby volverá a su Nueva York natal y allí nos sumergiremos en otro ambiente, algo distinto, pero con el mismo trasfondo: reunión de grandes millonarios, aristócratas de la alta sociedad neoyorquina y artistas y famosos de diverso pelaje, alrededor de los cafés y restaurantes de moda como locales legendarios como El Marocco o el Cotton Club. Bobby, junto a su hermano, regentará el Café Society que se convertirá en el local más chic de la ciudad: Si no estabas  allí, es que no eres nadie. Hago un inciso. Café Society fue un local real que existió en el Greenwich Village de Nueva York entre 1938 y 1947, año en el que el comité de Actividades Antiamericanas decidió clausurarlo. En ese local actuaron divas como Ella Fitzgerald, Billie Holiday o Sarah Vaughan. Actuaciones en directo de jazz y el humo de los cigarrillos y los puros crearon una atmósfera irrepetible (e irrespirable) en la que era frecuente ver al alcalde de turno sentado a la mesa con el gánster propietario del negocio rodeado de las más guapas del lugar; y un poco más atrás a toda la caterva de matones guardaespaldas con el subfusil Thompson debajo de sus americanas. Pero, en definitiva, lo que nos está contando Woody Allen, entre tanto ir y venir de una ciudad a otra, es lo de siempre, lo que mueve al mundo, es una historia de amor con casi todos los ingredientes extras posibles. Una historia de amor, agridulce, en la que sus protagonistas se preguntan sobre las decisiones que tomaron en el pasado y el rumbo de sus vidas tras ellas. Sería una historia de amor como tantas otras. Lo que la hace atractiva es conocer cuáles son los vértices comunes de ese triángulo amoroso. Nos iremos enterando según nos lo desvela su director. Pero nada comparable con aquella escena de El apartamento (1960, Billy Wilder) en la que el protagonista, Jack Lemon, se da cuenta de que su amor no es otro que la amante del director. Y todo al contemplar que el espejo roto de la polvera, que le ofrece la ascensorista, Shirley MacLaine, es el mismo que se encontró en su apartamento. Magnífico recurso fílmico.

wasp2015_day_01-0185.CR2

Ha llegado un punto en que a Woody Allen parece interesarle solo el proceso creativo de realizar una película al año, sin importarle si es una sucesión de gags, frases y gestos ya vistos con anterioridad; antes como actor que ejecuta sus propias ideas y ahora encomendado a algún alter ego como, en este caso, en Café Society, Jesse Eisenberg, un clon del mismo Allen. Parece como si el director hubiera buscado hasta debajo de las piedras para encontrar su alma gemela, eso sí, unas decenas de años más joven: judío de clase trabajadora en Nueva York; también autor teatral y ambos empezaron en Broadway.

Discutir sobre las excelencias o posibles bondades que pueda tener la última entrega del director neoyorquino es de lo más baladí. Casi se ha convertido en un ritual el ir a ver la película de este año para sacar nuestras propias conclusiones con la esperanza de que en esta ocasión estemos ante una de sus grandes realizaciones. En Café Society nos encontraremos con una serie de elementos que se repiten en las últimas producciones como son el arranque con los títulos de crédito con la misma tipografía de letra sobre fondo negro (en claro homenaje a los comienzos del séptimo arte) y también la banda sonora con esos temas, la mayoría de jazz, que suenan «enlatados» casi provenientes del gramófono.

En cuanto a los actores, Woody Allen suele apostar por estrellas emergentes (como sucedió con Scarlett Johansson, Marion Cotillard o «nuestra» Penélope Cruz) en combinación con actores o actrices consagrados. En el primer caso tenemos a Kristen Stewart quien saltó a la fama con la saga Crepúsculo. Tiene un papel protagonista robándole planos incluso a la bella Blake Lively. Encaja bien en ese papel y también lo hace con Jesse Eisenberg, hay química entre ellos, han trabajado juntos en otras producciones. A Steve Carrel le va como anillo al dedo su papel de mandamás en la industria cinematográfica. Y ¿qué puedo añadir a lo que ya he comentado muy recientemente de la actriz Blake Lively? Pues nada. Su sonrisa sigue siendo la más cautivadora del momento y parece que su carrera está lanzada a tenor de su frecuente presencia en la cartelera en los últimos meses. Su papel, sus intervenciones son muy escasas, le permite poco más que lucir palmito y nos quedamos con las ganas de verla en más planos.

 

Tras haber trabajado con los mejores directores, Vittorio Storaro (ganador de tres Óscar, uno de ellos por Apocalypse Now, Francis Ford Coppola, 1979) ha sucumbido al encanto de Woody Allen (o el director, quien a su vez lo hace con el formato digital, del de Storaro). Han sabido dar una textura diferente para cada uno de los tres mundos en los que se ambienta la película: Bronx, Los Ángeles y Hollywood, proporcionando a la cinta una plástica brillante donde la luz refuerza la intención narrativa (sobre todo lo vemos en la calidez de la luz en las escenas de amor). Café Society arranca, sin embargo, con una magnífica secuencia en tono gris azulado ambientada en una casa lujosa donde tiene lugar una de tantas fiestas de aquellos años locos y en la que vamos conociendo a algunos de los personajes. Piscina con sus reflejos, hierba alrededor, la casa blanca con muchos ventanales y cromados. Sabiamente retratado, demostrando un gran estilismo. Es algo de lo que no estábamos acostumbrados a ver en los últimos trabajos de Woody Allen: la planificación de la puesta en escena. Para los más curiosos se trata de la mansión de la estrella de Hollywood, mexicana, Dolores del Río (1904-1983, que tuvo sus años dorados precisamente en la época en que se ambienta la película y que fue la primera actriz latinoamericana en triunfar en la Meca del cine, una especie de versión femenina de Rodolfo Valentino).

Casa Dolores del Rio

 

WA Toma el dinero y corre

Quienes ya tenemos una edad, nos adentramos en el universo alleniano de la mano de películas como Toma el dinero y corre (1969), Bananas (1971), Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo (1972) o El dormilón (1973). Acudir a ver esas cintas supuso, para algunos, un rito iniciático, todo un mundo por descubrir. Era un signo de modernidad que disfrutábamos bajo el agonizante régimen franquista. De aquellas películas, echamos de menos esas sátiras desternillantes con un espléndido Woody Allen, como actor, con su cara de medio atontado y fresco en la dirección. Nos reíamos del sexo («¡No te metas con la masturbación! Es sexo con alguien a quien quiero») cuando estaba casi proscrito y nos interesábamos por la filosofía al oír los comentarios sobre Kafka o Nietzsche. En 1979 llega uno de los clásicos en la producción de Woody Allen. Se trata de Manhattan, una de sus mejores películas, donde desarrolla esa mirada sarcástica sobre las relaciones de pareja, que será una de sus constantes y que ya había visto dos años antes con otra gran creación suya: Annie Hall. Años después, en 1985, emerge de la lámpara del genio, una de esas películas en las que desborda una gran imaginación: La rosa púrpura del Cairo en la que da vida a un personaje que se sale de la película que ruedan, entrando en el mundo real. En pleno proceso creativo, al año siguiente nos brinda la laureada Hannah y sus hermanas. Vuelve a insistir sobre las relaciones de pareja, con infidelidades y hastío conyugal, con un complejo guion y sus constantes alusiones a la religión y el sexo. Balas sobre Broadway se estrenó en 1994 y en ella un mafioso trata, por todos los medios, WA la-rosa-purpura-del-cairode que la carrera «de su chica» tenga éxito a pesar de las pocas dotes interpretativas que posee la joven. Es una parodia ácida sobre el mundo del teatro. En esta ocasión Woody Allen no actúa, delegando en el joven John Cusack. En 1997, con Desmontando a Harry vuelve a destacar por lo ingenioso del argumento. Recurre a sus temas habituales: relación con su sicoanalista, las relaciones de pareja, los miedos a las enfermedades (hipocondría). Una película con muchos y jugosos diálogos. Una de las películas que mejor gusto nos han dejado en los últimos años es Match Point (2005). Woody se traslada a Londres (dando así paso a una serie de películas postales con ciudades como Barcelona, París o Roma) para rodar una de sus obras más galardonas. Vuelve a jugar con el sexo y las infidelidades, donde el azar tiene un gran peso. Otra de sus mejores entregas fue Medianoche en París (2011). Se presentó en el festival de Cannes y fue la ganadora al Óscar al mejor guion original, demostrando así que a sus más de setenta años todavía conserva fresca la mente. Vuelve a recurrir al tema de Hollywood y sus entresijos (en este caso protagonizada por un guionista), ambientándola en París y por mor de la imaginación, nos traslada a los locos años 20 coincidiendo con personajes como Picasso o Hemingway. En este breve repaso a la carrera del director neoyorquino no podía faltar Blue Jasmine que contó con la participación de la actriz Cate Blanchett en una de sus mejores actuaciones. En su día dijimos de su WA matchpointpapel: «Neurótica, irascible, pija, con un vaso de alcohol en la mano y atiborrada de antidepresivos. Elegante y señorial, pero también sudada (con ese ambiente sofocante en el interior de la casa de San Francisco), con el sobaco con un cerco de sudor y sin maquillaje. Actúa de un modo sobresaliente recordando a las grandes actrices del Hollywood dorado». Poco o nada tiene que ver esta cinta con sus primeras creaciones. Con ochenta años y tras cuarenta y seis películas Woody Allen sigue cumpliendo etapas. Hemos visto apenas una docena de películas que apenas es un microcosmos en su vasta producción. Han pasado casi cincuenta años, toda una vida. Al igual que nos ha sucedido a los espectadores. Hoy día no suscitan tanta expectación sus estrenos, pero para muchos de nosotros, esas citas tienen un algo de romántico. Vamos a ver la película anual del estadounidense. Seguimos esperando la película redonda con sus grandes diálogos, bella puesta en escena, un sólido guion y grandes actores en la pantalla. Y con sus temas habituales que versan sobre el amor/desamor, el sexo (por supuesto que siempre hablado), la religión (siempre a cuestas con los judíos versus católicos) y las infidelidades (muchas veces con algún asesinato de por medio). Esas son las grandes hilvanadas en las creaciones del longevo director neoyorquino.

 

 

Wweone_foto_galeria_9008full-2IsTcOTcNXnEnIX7

 

Café Society cumple con las expectativas. Formalmente bella, atractiva historia, solventes actuaciones y con un Woody Allen en su línea creativa, innovando en el formato digital a sus ochenta años. Al término de la película te quedas un tanto alicaído. Tal vez la resolución del conflicto es floja. Es el triunfo del amor, pero que no se acaba de imponer. Gana la desidia, la vida acomodaticia, la seguridad de una buena posición social. Gana el buen amor por encima del loco amor. ¿Qué hubiera pasado si nuestra elección hubiera sido otra? Es una de las cuestiones que siempre nos plantea el provecto director en sus películas. Mientras encuentra/encontramos la solución a los grandes misterios de la vida, seguiremos acudiendo a la cita casianual para disfrutar con la andadura, que de eso se trata. ¿No?

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

Crítica película Al final del túnel

El cine argentino, algo más que caras lindas

Ficha

Wal_final_del_tunel-693476769-largeDirector: Rodrigo Grande

Año: 2016

Duración: 120 m. País: Argentina

Guion: Rodrigo Grande

Música: Lucio Godoy, Federico Jusid

Fotografía: Félix Monti

Intérpretes: Leonardo Sbaraglia, Clara Lago, Pablo Echarri, Federico Luppi, Javier Godino, Walter Donado, Uma Salduende, Daniel Morales Comini, Laura Faienza, Sergio Ferreiro, Facundo Nahuel Giménez, Ariel Nuñez Di Croce, Cristóbal Pinto.

Productora: Coproducción Argentina-España; Haddock Films / Televisión Española / Telefe / Tornasol Films / Árbol Contenidos

Género: Thriller. Intriga | Robos & Atracos

Sinopsis

Joaquín está en silla de ruedas. Su casa, que conoció tiempos mejores, ahora es lúgubre y oscura. Berta, bailarina de striptease, y su hija Betty, llaman a su puerta respondiendo a un anuncio que puso Joaquín para alquilar una habitación. Su presencia alegra la casa y anima la vida de Joaquín. Una noche, mientras trabaja en su sótano, Joaquín escucha un ruido casi imperceptible. Se da cuenta entonces que una banda de delincuentes está construyendo un túnel que pasa bajo su casa con la intención de robar un banco cercano.

Comentario

El arranque de la primera década del año 2000 supuso un boom en el cine argentino a juzgar por las brillantes muestras que llegaban a nuestro país. Siguiendo la línea del tiempo, en 2001 se estrenó El hijo de la novia (Juan José Campanella) y un año más tarde Lugares comunes (Adolfo Aristarain). Ambas producciones exitosas en las que ya despuntaban actores que posteriormente triunfarían en nuestras tierras. En la primera de ellas, deslumbró un Ricardo Darín (que ya había sobresalido como estafador en Nueve reinas (Fabián Bielinsky, 2000) y a una jovencísima Natalia Verbeke, que a raíz de su interpretación daría el gran salto a nuestras pantallas. Les acompañaban unos veteranos: Norma Aleandro y Héctor Alterio. La producción de Aristarain sirvió para ponernos sobre la pista del un gran actor argentino como es Federico Luppi (bien es cierto que ya había participado en Un lugar en el mundo (1992) y Martin (Hache), 1997, ambas de Adolfo Aristarain, y donde también descubrimos a la actriz Cecilia Roth). Luppi, a raíz de esta película (según ha confesado el veterano actor) se instalaría definitivamente en España hastiado de los vaivenes de la política argentina (léase corralito).

WES PUB cap7_ELTUNEL

Dando un salto en el tiempo, nos trasladamos al año 2009 donde otra vez Juan José Campanella nos vuelve a sorprender con El secreto de sus ojos de la mano de un excelso Ricardo Darín. En ella, el actor argentino, estuvo acompañado por una soberbia Soledad Villamil. La actriz y cantante latinoamericana ya era conocida en nuestro país al haber protagonizado El mismo amor, la misma lluvia (Juan José Campanella, 1999) y en la comedia No sos vos, soy yo (Juan Taratuto, 2004).

En estos últimos años, de nuevo el cine argentino vuelve a brillar con luz propia. Relatos salvajes (Damián Szifrón, 2014) nos permite ver en nuestras pantallas a Leonardo Sbaraglia junto al ya mencionado Ricardo Darín y a otro gran actorazo argentino: Darío Grandinetti (Despabílate amor, Elíseo Subiela, 1996, Hable con ella, Pedro Almodóvar, 2002). Truman (Cesc Gay) es una coproducción española-argentina que arrasó en la pasada edición de los premios Goya de nuestro cine. Ricardo Darín vuelve a ser el protagonista, en este caso acompañado de Javier Cámara. Y otra vez más… Ricardo Darín, el sempiterno, en esta ocasión dando viendo a un piloto que tuvo que asumir las órdenes de hacer desaparecer a sus compatriotas. Estoy hablando de Kóblick de Sebastián Borensztein recién estrenada en nuestras salas. Y, por último, en inevitable aludir a la también coproducción hispano argentina dirigida por Daniel Calparsoro, Cien años de perdón, recién estrenada y que tiene como punto en común el robo a un banco.

WES PUB A045C001_150904_R2F0_ELTUNEL

La película que nos ocupa Al final del túnel, una coproducción argentino-española, se produce un viaje a la inversa, en este caso, de una de nuestras más rutilantes estrellas, Clara Lago (Ocho apellidos vascos, 2014, Ocho apellidos catalanes, 2016 Emilio Martínez Lázaro). La actriz ha tenido que amoldarse al acento argentino. No creo que falten actrices argentinas que pudieran acometer con el mismo grado de acierto en la interpretación que Clara Lago, más bien obedecerá a una operación de marketing para así tener enganchado al público de uno y otro lado del océano. Comparte cartel con Leonardo Sbaraglia otro de los «productos» argentinos que han triunfado en nuestras tierras.

Sbaraglia se mete en la piel de un hombre solitario, Joaquín, que se encuentra postrado en una silla de ruedas como consecuencia de un trágico accidente que segó no solo su vida sino la de su familia. Anda trasteando en el sótano arreglando y reutilizando aparatos electrónicos. Tiene problemas financieros para poder mantener el gran caserío en el que vive. Decide buscar un inquilino al que le alquila una habitación. Se trata de una joven madre soltera, Berta, de profesión stripper, y a la que acompaña su pequeña hija de diez años, Betty.

WES PUB A035C001_150902_R2F0_ELTUNEL

Joaquín se quedado prendado de la joven y ve como su vida se revitaliza compartiendo momentos con Berta, su hija (que lleva tiempo sin querer hablar) y un perro, Casimiro, que no puede andar de lo mayor que está. Extraña familia, pero más extraños resultan ser los ruidos que provienen del sótano, de la habitación contigua a donde trabaja Joaquín. Un grupo de malhechores está trabajando en la construcción de un túnel para acceder a un banco cercano. Joaquín quiere poner en práctica aquello de quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón. Si tenemos en cuenta de que se trata de un desvalido (algo parecido podíamos ver en La ventana indiscreta, 1954, Alfred Hitchcock) esta circunstancia proporciona al thriller un punto interesante de humor negro. Joaquín tratará de convertirse en un héroe para hacerse deslumbrar a la chica y que ésta caiga rendida en sus brazo. Pero es un héroe algo atípico ya que no quiera salvar el mundo sino, simple y llanamente mejorar la situación económica por la que atraviesa. Y de esta forma reencontrarse con la vida familiar que tanto añoraba. Un héroe casero.

Las cuestiones técnicas también están muy cuidadas. La música nos sumerge en el suspense y en la intriga y la fotografía es más que meritoria. Buena iluminación en los espacios angostos que nos llevan sin esfuerzo a sentir la claustrofobia. Pero hay una escena de esas que se te quedan en la mente y te atrapa: la conversación del comisario con el protagonista, a contraluz. Digna de ser ensalzada.

WES PUB A007C003_150825_R2F0_ELTUNEL

Al final del túnel constituye un trabajo interesante, con una buena factura visual y una sólida estructura que aunque pueda tambalearse en algún momento, por mor de algún fallito de guion, se mantiene estable. El elenco de actores es atractivo, con personajes principales malos malotes que dan miedo (como el del jefe de la banda, Galereto, interpretado por Pablo Echarri) y secundarios de lujo (Federico Luppi interpretando a un comisario de policía). Lo mejor es el desenlace, cuando parece que todo iba abocado al caos narrativo, ahí sale a relucir la maestría de su director Rodrigo Grande para reimpulsar la cinta, recreando una atmósfera de intriga y suspenso, dejando un buen regusto en nuestras retinas. Este final es digno de estudio por lo bien resuelto que está y nos remite a un director con una seña propia como es Quentin Tarantino. Te quedas embobado contemplando la resolución. Brillante y magnífico.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

 

 

Crítica película Lolo de Julie Delpy

La maldición de Lolo

nullFicha

Título original: Lolo

Dirección: Julie Delpy

Reparto: Julie Delpy, Dany Boon, Vincent Lacoste, Karin Viard, Georges Corraface, Christophe Vandevelde, Julie Tristant

Guion: Julie Delpy, Eugénie Grandval.

Año: 2015. Duración: 99 min. País: Francia.

Productora: The Film / France 2 Cinéma / Mars Films
Sinopsis

Violette, parisina y profesional de la moda de 45 años, pasa unos días en un spa de Biarritz con su mejor amiga cuando conoce a Jean-René, un modesto informático recién divorciado. Después de años de soledad, se deja seducir. Jean-René se traslada a París e intenta adaptarse al microcosmos en el que ella se mueve. Pero no había contado con Lolo, el adorado hijo de Violette, dispuesto a todo con tal de destruir a la pareja en ciernes y conservar su puesto de favorito absoluto.

 

Comentario

Entre ji, ji, ji y ja, ja, ja hay mucha tela. Bajo la piel de una comedia francesa con tirón, que visita nuestras carteleras, se esconde algo más que unas risas bien entrelazadas con un sólido guion.

¿Qué podemos encontrarnos al ir a ver Lolo? Violette (Julie Delpy), parisina, es una mujer de mediana edad (cuarenta y tantos), divorciada, que goza de una buena situación económica (diseñadora de moda dedicada a montar eventos para los más afamados modistos y otros artistas de diverso pelaje). Su triunfo en el campo laboral no le acompaña en lo sentimental. Tras varias relaciones infructuosas y cuando se estaba resignando a su suerte, aparece en su vida un hombre. Violette y su amiga del alma, Ariane (Karin Viard) están disfrutando de unos días de descanso en un balneario en Biarritz. En una fiesta local es donde conocen al poco primoroso Jean-René (Dany Boon), un informático «de provincias». Está muy lejos del nivel al que está acostumbrada la refinada parisina Violette, pero ya habrá tiempo de moldearle. Jean-René se traslada por motivos de trabajo a la capital francesa y, poco a poco, la relación tomará su rumbo y el viento de popa les favorecerá, porque demuestra estar bien dotado para las artes amatorias. Hasta que en su vida aparece, Lolo (Vincent Lacoste), el hijo de Violette (la primera escena con la cama de su madre ocupada no deja lugar a dudas). Desde la llegada de Jean-René a la vida de Violette, Lolo hará todo lo posible para ridiculizar al «paleto» del nuevo novio de su madre. Sibilinamente le irá encaminando al desastre. Su objetivo es que su madre descubra «por sí misma» que ese hombre no le conviene en absoluto. Y la madre, ingenua, terminará por lamentarse de la mala suerte que tiene con los hombres, que es que no le sale uno bien.

null

Julie Delpy es una mujer todo terreno. Es polifacética: actriz, directora, guionista, cantante. Es conocida sobre todo por su participación en la trilogía Antes de… protagonizada, como Celine, junto a Etham Hawke, y dirigida por Richar Linklater. Tiene una buena base actoral. Se estrenó como actriz de la mano de Jean-Luc Godard y participó en la trilogía de Kzysztof Kielowski (Azul, Blanco y Rojo). Su primer largometraje como directora fue Dos días en París (2007). En estas mismas páginas ya hemos hablado mucho de ella. Su faceta como directora la abordamos en la fresca comedia Skylab (2011, una reunión familiar campestre a finales de los setenta –en la que actuaba el joven Vincent Lacoste-). De ella dije en su momento que como directora sabe transmitirnos todo lo que rodea a las relaciones humanas, con sus grandezas y sus miserias. Aquí, como actriz, se centra en la relación de una madre con su hijo, fruto de una relación anterior, y cómo ambos se relacionan con un nuevo compañero. A esto hay que sumar su faceta de directora de la película y coguionista. Ha sabido construir una buena historia cuya pilar central son los diálogos (son brillantes los que mantienen Violette y Ariane burlándose de su propia situación, así como, de manera general, de las mujeres que rondan los cuarenta y cinco años hablando de sexo sin tapujos). Juega con las situaciones absurdas que provocan la hilaridad sin caer en lo grotesco. Tiene detalles significativos que pueden pasar desapercibidos, como el rótulo Hell (infierno) que decora una habitación de la casa y que sale muchas de las veces que Lolo se encuentra en ella.

null

En cuanto al resto de actores, destaca en la pantalla Dany Boon. Particularmente, cada vez que le veo me viene a la mente aquella acción de repetir la palabra «pichula» en su celebérrima actuación en Bienvenidos al norte (2008), de la que él era el director, así como guionista. Su actuación como Jean-René es más comedida, menos histriónica que en aquella, pero resulta muy convincente. Karin Viard actúa como amiga de Violette, chisposa, audaz, sarcástica y astuta. Es la que incita a su amiga a que se relacione con hombres y abandone sus tranquilas y sosas vacaciones en Biarritz. El papel de Vincent Lacoste resulta clave. Ese punto de mitad hijo, mitad amiguete de buen rollo pero con una mala baba y cara angelical es muy acertado. El muchacho lo borda y pasa por ser una prometedora estrella del cine francés.

Lolo, es una actualización del complejo de Edipo. Al deseo inconsciente de mantener una relación sexual (incestuosa) con su madre (latente en todo adolescente, según las teorías del sicoanálisis de Freud), se le une el deseo de eliminar al padre (parricidio). Al no estar el progenitor conviviendo, Lolo, extiende esta pulsión a todo aquel que se acerca a su madre con la sana intención de convivir en pareja. Peligra su reino y su posición se ve comprometida.

null

Ese destete (hay un plano de inserto que actúa a modo de breve flashback cuando a un bebe le quitan la teta que lo alimenta y se queda llorando) que no se ha producido, es la causa final de los males que tiene Violette con sus parejas. Lo que no supo encauzar en su momento ha convertido a Lolo es un snob repelente, engreído mal criado, que con apenas 20 años no ve más allá de su ombligo. Lolo es caprichoso, pero encima el muy jodido es un mal bicho, taimado de sonrisa cínica que solo vive para putear al compañero de su madre, quien vive ajena a los tejemanejes de su hijo. Lolo quiere a su madre por encima de todas las cosas y la quiere solo para él. Un parásito.

Mordaces diálogos, lugares comunes pero sin caer en clichés, buenas escenas cómicas que hacen de Lolo una comedia de enredos bien elaborada. Pero, sobre todo, la película destaca por el papel de su joven protagonista. Su cinismo, la beatífica sonrisa a cámara, te estremece y hace que te acuerdes de Saturno cuando devoraba a su hijo entre sus fauces.

null

A pesar de las bondades de Lolo el resultado global no es del todo redondo, pero constituye una propuesta muy recomendable. Comienza como si fuera una comedia de chicas. Algo gamberra con diálogos directos con el sexo y por ende las relaciones de pareja en boca de las protagonistas (al estilo de La boda de mi mejor amiga, Paul Feig, 2011). Deriva en una comedia romanticona, con algo de amor entre un paleto de provincias y una estirada parisina que a primera vista parece que eso no va a cuajar nunca, con sus encuentros y reencuentros. Y finaliza como si fuera un thriller con un protagonista sociópata. Bajo esa inocente apariencia de comedia ligera francesa con gran dosis de humor se encuentra una película que nos invita a una reflexión sobre la educación que damos a nuestros hijos y el papel que juegan aquellos que tienen que relacionarse con la nueva pareja de mamá o papá.

Os dejo un tráiler, que constituye un buen resumen (quizás con demasiada información, como casi siempre):

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

Caravaggio en Madrid. Exposiciones en el Museo Thyssen-Bornemisza y Palacio Real

CARAVAGGIO, EL MODELO A SEGUIR DE UNA ÉPOCA

“Cuando se preguntó al artista por qué no escogía como modelo las estatuas antiguas, por toda respuesta extendió la mano hacia una multitud de personas, indicando que la naturaleza le había provisto ya de más que suficientes maestros, y entonces pintó una muchacha sentada en una silla que allí se encontraba, con las manos en el regazo, en actitud de secarse el cabello, y, añadiendo en el suelo un frasco de ungüentos, joyas y piedras preciosas, la hizo pasar por Magdalena”.

Gian Pietro Bellori. Carmona Mato: El arte y sus creadores, nº12

 

En Madrid tenemos la ocasión única de ver obras de Caravaggio en dos grandes exposiciones, tanto el Museo Thyssen-Bornemisza como el Palacio Real acogen en su programación estival una muestra dedicada al artista. Si bien es cierto que resulta incongruente la incapacidad de ambas instituciones por aunar las obras del protagonista con las que contaban, no se puede dejar de subrayar la calidad de las obras reunidas. Eso sí, por lo menos ambas instituciones se han puesto de acuerdo para ofrecer una entrada conjunta a un precio reducido.

 

Aspecto de una de las salas en el Museo Thyssen-Bornemisza

Aspecto de una de las salas en el Museo Thyssen-Bornemisza

Caravaggio y los pintores del norte, comisariada por Gert Jan van der Sman, es el título con que se ha designado a la exposición en el Museo Thyssen -Bornemisza. En ella podemos ver cómo Caravaggio proyectó su influencia hacia el norte de Europa, siendo sus primeros simpatizantes Rubens o Adam Elsheimer, cuya obra Judit y Holofernes se exhibe en el museo. Pero no solo estos, si no que en el recorrido de la exposición se puede ver también a Hendrick ter Brugghen, quien estuvo un tiempo en Roma admirando la obra de Caravaggio y al volver a Utrecht continuó el estilo de este. Además se incluyen obras de los franceses Claude Vignon, Simon Vouet y Valentin de Boulogne entre otros muchos artistas. La muestra reúne alrededor de cincuenta y tres cuadros, procedentes de diversos museos, instituciones y colecciones privadas. Un punto a su favor es la sencillez con la que está todo dispuesto, nada más entrar tenemos a la derecha una pared que explica cronológicamente los diversos acontecimientos del artista y su progreso, además, los colores de las paredes (rojo y amarillo claro) hacen que las obras resalten mucho más, evitando la monotonía, aunque sin duda una de las obras que más llama la atención es El sacrificio de Isaac.

La Buenvaventura, 1595-1596, Caravaggio. Óleo sobre lienzo, 115 x 150 cm. Pinacoteca Musei Capitolini, Roma

La Buenvaventura, 1595-1596, Caravaggio. Óleo sobre lienzo, 115 x 150 cm. Pinacoteca Musei Capitolini, Roma

Por su parte el Palacio Real alberga la exposición  De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del seicento italiano en las colecciones reales, organizada por Patrimonio Nacional y comisariada por Gonzalo Redín. Es en el interior del palacio donde podemos  contemplar algunas de las majestuosas pinturas y esculturas realizadas en el siglo XVII en Italia, recibiendo la denominación italiana de Seicento. Se articula en cuatro bloques, ofreciendo un itinerario completo por las diversas escuelas italianas del momento. La primera sección De Bolonia a Roma nos sitúa en dos de las ciudades papales más importantes del momento, las cuales dotaban a las colecciones reales de regalos diplomáticos, como son Lot y sus hijas de Guercino o El triunfo del emperador romano de Lanfranco, pero no solo tenían este fin, sino que es notable el cambio que se producía en los artistas que viajaban a Roma, como es el caso de Velázquez con su obra La Túnica de José, quien supo empaparse de la ciudad y modificar su paleta. En segundo lugar Lujo Real, donde se exhiben obras atesoradas en los conventos de fundación real de la Corona española como son esculturas y relieves, destacando Simone Cantarini, Francesco Albani, Algardi y Giambologna entre otros. De Roma a Nápoles, de Nápoles a España es el tercer bloque de la exposición; estando el territorio napolitano bajo el gobierno español durante dos siglos es natural encontrar esta escuela como la más representada en las colecciones de Patrimonio Nacional. Asimismo es notable la figura de José de Ribera y la de Caravaggio, el primero por tener fundamentalmente una formación italiana y estar activo en Nápoles desde 1616 y el segundo por sus dos estancias en la ciudad. Y para terminar la exposición,  El esplendor del barroco. Grandes palas de altar en la Colección Real. En este bloque destacan el Cristo crucificado de Bernini que tenía como fin presidir el Panteón de Reyes en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, La Vocación de San Andrés de Barocci o el Descendimiento de Romanelli. Todo ello queda patente en cada una de las salas y perfectamente documentado en las paredes, donde aparecen textos explicativos. Sobre una pared oscura destaca la única obra de Caravaggio en la exposición, Salomé con la cabeza de Juan Bautista.

El artista y su obra

Este afamado pintor, también conocido como Michelangelo Merisi, nació en la localidad de Caravaggio, en la provincia de Bérgamo en 1571. Su padre se llamaba Fermo Merisi y  murió al poco de haber nacido su hijo tras una epidemia de peste en Milán en 1576. Trabajaba al servicio de Francesco Sforza cuidando los diversos edificios que tenía, parece ser que su trabajo era similar al de un maestro de obras teniendo conocimientos en arquitectura. Como consecuencia de la muerte de Fermo la familia volvió a trasladarse a Caravaggio, lo que marcará el estilo del joven artista en sus comienzos. La situación de su familia y el hecho de que su padre hubiese ocupado un alto cargo en la corte de la ciudad le dieron la posibilidad de conocer a algunas de las familias italianas más importantes, quienes después se convertirían en sus protectores.

En 1584 Caravaggio decidió regresar a Milán y allí ingresó en el taller de Simón Peterzano, el cual fue un pintor manierista y uno de los principales artífices de la contrarreforma en Italia, se cree que fue el autor de una concepción novedosa del catolicismo cercana a las clases más bajas de la sociedad, lo que pudo haber calado en su aprendiz. Peterzano afirmaba ser discípulo de la pintura de Tiziano, así fue como transmitió a Caravaggio las características pictóricas de la ciudad de Venecia y de la Lombardía. Esto no quiere decir que el joven Michelangelo adquiriese su gusto manierista, pero sí que aprendió algunos recursos como el manejo de la luz o el color, algo que será fundamental en la pintura que realizará con posterioridad. A finales de la década de los 80 su situación se vuelve complicada, su madre enferma y él se ve implicado en una agresión que le llevaría a la cárcel, sin embargo consigue eludir la prisión vendiendo la mayoría de las posesiones de su familia.

La túnica de José, h 1630-1634, Velázquez. Óleo sobre lienzo 213,5 x 284 cm. Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, Madrid

La túnica de José, h 1630-1634, Velázquez. Óleo sobre lienzo 213,5 x 284 cm. Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, Madrid

Llegó a Roma en 1593, poco después de que Sixto V llevase a cabo las mejoras urbanísticas en la ciudad, las cuales propiciaron una renovación en el plano intelectual. En un principio se alojó con el cardenal Pandolfo Pucci, quien le puso en contacto con la familia Aldobrandini. En esos años trabajó para otros pintores realizando cabezas o flores como Antiveduto della Grammatica o el Caballero de Arpino. Más adelante conoció al cardenal Francesco del Monte, quien supuso un punto de inflexión en su vida, ya que se convirtió en su protector y le abrió las puertas para entablar relaciones con otras familias importantes del momento. Caravaggio fue uno de los primeros en considerar de igual valor una  pintura de género que una bíblica, esta concepción en la época era bastante novedosa ya que puso el acento en la naturaleza muerta como un género autónomo.

Entre sus obras tempranas encontramos Muchacho cogiendo fruta, Baco enfermo, Los músicos, La Buenaventura o Los jugadores de cartas,  en alguna de las cuales aparece él mismo representado, las cuales fueron realizadas entre 1592 y 1594. Lo que caracterizará fundamentalmente a estas pinturas es su luz, más difusa y menos contrastada que en su etapa de madurez. En La huida a Egipto se aprecian rasgos manieristas como el alargamiento del canon de los personajes o el giro de la Virgen. Sin embargo ya podemos ver un elemento naturalista en la figura de San José, quien aparece representado como un anciano, algo que repetirá en 1603 en su obra El sacrificio de Isaac, donde la luz se ve atraída poderosamente hacia el rostro del joven Isaac.

Con el paso de los años nos encontramos a un Caravaggio diferente, su pintura ha evolucionado y ya no se centrará en representar naturalezas muertas o la figura de Baco, sino que se sirve de los temas bíblicos, pero no lo hará como otros artistas dignificando a los retratados. Será a partir de este momento cuando introduce unos aspectos novedosos en su trabajo, el naturalismo y el tenebrismo, los cuales supo dominar a la perfección convirtiéndose en el máximo exponente del barroco italiano.

En el naturalismo no cabe el idealismo, se representa la naturaleza lo más verazmente posible, buscando así un mayor efectismo en la temática. Se situó frente a las corrientes anteriores e introdujo a las clases más bajas en sus lienzos, así nos encontramos con que tomaba como modelos a prostitutas, mendigos y pordioseros para hacerlos pasar por vírgenes, santos, ángeles…  En cuanto al surgimiento del claroscuro aunque se atribuye su invención al grabador Ugo da Capri, será Caravaggio quien destaque en la técnica, apareciendo así el término de tenebrismo, que se diferencia del claroscuro por la dramatización, destacando las obras que realizó en la capilla Contarelli. En un principio debía realizar dos lienzos para la capilla pero al final terminaron siendo La vocación de San Mateo, El martirio de San Mateo y San Mateo y el ángel. Siendo el primero el más conocido y donde mejor se puede observar el tenebrismo vemos como la luz es de claraboya, proviene de un extremo superior expandiéndose por el cuadro, de esta manera parece que los personajes se encuentran sumergidos en un sótano destacando sobre el fondo oscuro. Será gracias a estas pinturas cuando empieza a cobrar mayor fama en la mítica ciudad de Roma, recibiendo encargos tanto públicos como privados.

Salomé con la cabeza del Bautista, h 1607. Caravaggio. Óleo sobre lienzo 116 x 140 cm. Palacio Real de Madrid

Salomé con la cabeza del Bautista, h 1607. Caravaggio. Óleo sobre lienzo 116 x 140 cm. Palacio Real de Madrid

Sin embargo, esa no será la única capilla que decore. Posteriormente Tiberio Cerasi le encarga dos obras para la capilla Cerasi, la Conversión de San Pablo y el Martirio de San Pedro, ambas con detalles costumbristas y con sus usuales tipos rudos y realistas. Otra de sus obras más conocidas es Judith y Holofernes, la cual inspiró a Artemisia Gentileschi, pintora caravaggista italiana, para representar el mismo tema poco después. Algunas de las últimas obras que llevó a cabo en Roma fueron El entierro de Cristo, La Virgen de los Palafreneros o La muerte de la Virgen, para la cual tomó como modelo a una mujer ahogada en el Tíber. En su etapa de Nápoles destacan retratos a caballeros de la orden de Malta, además amplía el número de figuras en sus composiciones, como en La resurrección de Lázaro, será poco después, en 1610 cuando fallezca. Su intención antes de morir era llegar a Roma y por ello tomó un barco rumbo a la ciudad, sin embargo en la escala que hizo la embarcación en Porto Ercole le retuvieron en la cárcel y al salir, el barco ya había zarpado. Se cuenta que afectado de disentería y débil, comenzó a correr por la playa persiguiendo el navío y a los pocos días murió.

La influencia de este artífice fue muy notoria en la época, influyendo en numerosos artistas, tal y como se puede ver en la exposición del Museo Thyssen, pero si hemos de destacar dos escuelas, sin duda serían la de Roma y la de Nápoles, siendo la primera más abierta y permitiendo una mezcolanza de estilos, mientras que Nápoles alargará la corriente durante más tiempo enfrentándose así a los clasicistas. En la Escuela de Roma destaca Orazio Gentileschi, quien toma el gusto por la luz caravaggiesca pero mantiene su estilo tardomanierista, su hija Artemisia Gentileschi,  Orazio Borgiani, del cual se conserva una obra en el convento de Portacelli en Valladolid y Giovani Baglione entre otros. En contraposición a estos estará la Escuela de Nápoles, donde sobresale en sus técnicas caravaggiescas Il Vatisteo.

Su personalidad, apasionante y polémica no dejó indiferente a nadie, sobre todo en estos últimos años en los que ha vuelto a surgir un espíritu renovador entorno a su figura. De este modo tanto la exposición del Museo Thyssen-Bornemisza como la del Palacio Real nos ofrecen una ingente y sublime retrospectiva sobre los artistas contemporáneos a él, donde podemos comparar unas obras con otras para hallar las semejanzas entre todos ellos pese a sus variados orígenes, donde una vez más destaca Roma, la ciudad Eterna que ha sido cuna para tantos artistas.

 

Isabel Escalera Fernández

Revista Atticus


 Page 1 of 132  1  2  3  4  5 » ...  Last » 
Get Adobe Flash player