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Infierno azul, con Blake Lively, la sensación del verano

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Dirección: Jaume Collet-Serra

Reparto: Blake Lively, Óscar Jaenada, Angelo Jose, Brett Cullen, Sedona Legge, Diego Espejel, Steven Seagull

Guión: Anthony Jaswinski

Música: Marco Beltrami

Fotografía: Flavio Martínez Labiano

Montaje: Joel Negron

Arte: Hugh Bateup

Productores: Lynn Harris, Matti Leshem

Productores ejecutivos: Douglas C. Merrifield

Productora: Columbia Pictures, Ombra Films, Weimaraner Republic Pictures

 

Sinopsis

Después de la muerte de su madre, Nancy Adams (Blake Lively) decide viajar a una desolada playa en México para practicar surf, pero queda atrapada en una roca a 200 metros de distancia de la orilla. Lo que ya parecía un gran reto se complica cuando descubre que es observada por un enorme tiburón blanco el cual la acecha desde muy cerca.

 

Comentario

Hay que tener muchos arrestos para emprender un proyecto de esta envergadura teniendo como antecedente y referencia la mítica película Tiburón (1975, Steven Spielberg). Una cinta que supuso un hito en la historia del cine. Está considerada como una de las grandes y su estreno marcó una tendencia que impera hasta el momento: estreno simultáneo en un sinfín de salas comerciales. Además, en cuanto a la banda sonora, su celebérrimo tema principal (una simple alternancia de dos notas musicales) es uno de los temas cinematográficos más reconocibles y es una pieza clásica en la música de suspense. Solamente con oír su inicio ya se asocia con un peligro próximo.

Nada de esto parece que haya podido arredrar al director catalán afincado en Hollywood, Jaume Collet-Serra (La huérfana, 2009 y Sin identidad, 2011). Vaya por delante que el reto lo supera con nota. El escualo se ha convertido en un filón para la industria del cine, hasta en el animado figura un temido tiburón como sucede en Buscando a Nemo (Andrew Stanton, Lee Unkrich, 2003).

Blake Lively

El planteamiento de Infierno azul no puede ser más sencillo. Nancy Adams (Blake Lively) es una estudiante de medicina. Guapa, rubia, y amante de surf, decide «retirarse» abandonando Texas tras la muerte de su madre enferma de cáncer. En esa búsqueda de uno, Nancy toma una serie de decisiones dejando a un lado el más mínimo sentido común. No le preocupa hallarse en una isla desierta, ni tan siquiera no tener asegurado un medio de transporte de vuelta, ni haber dejado constancia de donde se halla y, lógicamente, no disponer del móvil en el momento menos oportuno. Todas esas decisiones se tornarán en fatales en el momento en que surge la desgracia. A la playa llega a bordo de un coche conducido por un nativo (Óscar Jaenada). Allí, en las cristalinas aguas, se encontrará con dos colegas surferos que tras unas conversaciones banales se marcharan mientras Nancy trata de disfrutar de la última ola antes de la puesta de sol. Allí se queda sola y desamparada. Y comienzan a suceder una serie de hechos… Y hasta ahí puedo contar.

Uno de los puntos fuertes de la película de Jaume Collet-Serra es la elección de Blake Lively como protagonista. Sobre ella recae todo el peso. A su portentoso y atractivo físico se le unen unas grandes dotes interpretativas. La cámara recorre cada poro de su cuerpo. La vemos como se golpea, como está aterida de frío y como disfruta sobre la tabla. Ella hace que sintamos miedo de esa tremenda aleta que es la obsesión de todo surfista (aunque por estos lares sea algo impensable), demostrando que es algo más que un cuerpo bonito. La solidez que aporta a su personaje, tanto en la sensación de autocontrol en las situaciones de pánico, como en las de acción, hace que merezca la pena detenerse en Infierno azul. Ya la vimos recientemente en una curiosa película: El secreto de Adeline, (Lee Toland Krieger, 2015) donde, entre otras cosas, nos cautivó por su sonrisa (curiosamente me despedía de la crítica en su momento diciendo que  habrá que seguir a Blake Lively para ver si puede ser capaz de lucir algo más que una sonrisa en los próximo proyectos). Nancy, a la sazón Blake, es algo más que una cara y un cuerpo bonito. Tiene una razón para estar en esa isla y su motivación la iremos viendo a lo largo de la cinta. Nos habla de supervivencia, pero no solo la física, sino la emocional. Por otro lado, su papel también refleja uno de los conceptos más primitivos en los guiones de cine: la lucha entre la bella y la bestia (son centenares los ejemplos). Ahora que están buscando un nuevo protagonista para la mítica saga, bien podíamos decir que estamos ante la nueva chica Bond. Eso sí que sería un auténtico bombazo.

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Otro de los grandes aciertos (y que cada vez se ve más en las pantallas) es saber integrar elementos basados en las nuevas tecnologías que, entre otras cosas, la edición digital permite como son la inserción de pantallas de móvil (con fotos y chateo), grabaciones realizadas con pequeñas cámaras adosadas a los cascos (o los típicos autorretratos) o el uso de la cámara lenta. Estos recursos los alterna con los consabidos planos subacuáticos en los que la cámara subjetiva amenaza las piernas de los protagonistas que ayudan a crear suspense. Y, por supuesto, la elección de un único escenario para el desarrollo de la acción. Prácticamente la desértica y paradisiaca playa es el set de rodaje. Así sucedió con Buried (Rodrigo Cortés, 2010) o 127 horas (Danny Boyle, 2011) que centraban la acción en un claustrofóbico espacio. Un pequeño islote, tan cercano a la costa pero tan inalcanzable para la actriz protagonista será su refugio y cárcel. Y todo esto coronado con una magnífica e impecable fotografía de la mano de Flavio Martínez Labiano que os ofrece unos planos cenitales maravillosos en los títulos de créditos finales.

También es destacable un brillante recurso: el introducir un personaje «fantástico» para poder exteriorizar los sentimientos del protagonista ante la falta de compañeros de reparto en escena. Es algo así como el amigo imaginario. Así vimos a Wilson (un balón despellejado) como compinche de Tom Hanks en Náufrago (Robert Zemeckis, 2000). Aquí, una gaviota herida será el seudopersonaje secundario creado para que Nancy exprese lo que siente sin ser un mero parloteo ante la cámara. Un hábil recurso.

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Aunque el director ha confesado que no ha revisionado la cinta mítica de Steven Spielberg, en su película nos podemos encontrar con un par de claros homenajes como son la boya en el mar, el fluir de la sangre mezclándose con en el agua, o los ya mencionados planos bajo el mar enfocando a los sujetos que se convierten en carnaza.

Infierno azul es un suculento y fresco gazpacho dentro del tórrido verano. Muy básica, sí, pero llevada a la pantalla gracias a una gran puesta en escena de la mano del director Jaume Collet-Serra quien ejerce una gran labor tras la cámara dirigiendo a una soberbia Blake Lively. Su actuación, las refrescantes imágenes cabalgando sobre la ola y el gran clímax creado en torno al temido tiburón, logran que salgamos de la sala con la sensación de no haber perdido el tiempo y no haber malgastado nuestros dineros. Infierno azul es la sensación del verano por su entretenimiento efectivo.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Marcador

Gustave Caillebotte. Más allá del jardín

 

“Mi querido amigo,

 Estoy pintando una «Stanopea aurea»

Que ha florecido esta mañana, y no

Puedo dejarla porque la flor no dura

Más de tres o cuatro días y no vuelve

a salir hasta el año que viene. Preséntele

por tanto mis excusas a Mirbeau”

 

Carta de Gustave Caillebotte a Claude Monet,

11 de noviembre de 1890

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 Reconocer nuestra propia ignorancia es el primero de los pasos hacia la sabiduría. No recuerdo de quién es esta cita, o si es que yo misma he tratado de recomponer una frase a medida para explicar mi semi ignorancia del pintor francés Gustave Caillebotte. Para remediarlo, he asistido expectante a la rueda de prensa que ha ofrecido el centro madrileño a los medios esta mañana y visitado la exposición, que desde el 19 de julio y hasta el 30 de octubre presenta el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, como parte de programa cultural estival dentro de la programación anual.

Mi primer contacto con Caillebotte fue hace quince años, leyendo un libro sobre el movimiento francés por excelencia, el Impresionismo. Creo que se le nombraba junto a otros pintores franceses de segunda fila y su apellido, para más inri, estaba escrito de forma equivocada. Esta anécdota, junto a dos fotos en blanco y negro de pequeñas dimensiones con el tema de la naturaleza muerta (dos bodegones floreros) eran el escaso conocimiento que poseía sobre él.

Otro pintor maldito, imaginé. Atormentado, excéntrico, pobre y todos los adjetivos que suelen acompañar al cliché que posee el imaginario colectivo sobre el artista que no se ajusta al patrón. Nada más lejos. Gustave Caillebotte es cierto que no se adapta al perfil de pintor impresionista sin un céntimo en los bolsillos, que no vende un cuadro en vida, que se mantiene lejos del grupo inicial. Todo ello es verdad. Pero no fue por las circunstancias que rodearon al resto, sino por las suyas personales. Nació en el seno de una familia acomodada y estudió en la Escuela de Bellas Artes de París, formándose inicialmente en el taller de León Bonnat. Se apasionó por el dibujo y la pintura desde temprana edad. Y su amor por la naturaleza y el aire libre, le llevó a entablar amistad con el maestro de la luz y del jardín, Claude Monet. Con el que establece una relación de amistad profunda que solo se apagará con la temprana muerte de Caillebotte a los cuarenta años de edad.

No vendió ninguno de sus cuadros en vida. Nunca le hizo falta para poder comer; y en 1894, fecha de su prematuro fallecimiento causado por una apoplejía, donó toda su obra al Estado francés.

Esta vez, en mi segundo contacto con Caillebotte, lo he imaginado como una persona extremadamente sensible. Que camina cerca sin hacer ruido, sonriendo y observando. Una de esas personas a las que gustamos de no molestar por miedo a ahuyentarlas o a que pierdan la concentración. Como una de tantas mariposas cuyas alas se deshacen al mínimo soplo de viento. De todo ello hablan sus cuadros. De su delicada y armoniosa forma de pintar y entender el mundo. De volatilidad –sirva de ejemplo el fragmento de misiva con la que se introduce este artículo-, de lo efímero, lo intangible, la luminosidad, lo que no se puede abarcar apenas con los sentidos. En resumidas cuentas, la belleza en su estado más puro.

A pesar de su profundo conocimiento de los principios clasicistas del dibujo, la composición y el color –y de su dominio-, Gustave Caillebotte se siente atraído por el nuevo estilo imperante en París, el Impresionismo, tendente a romper con lo establecido anteriormente.

Acuchilladores de parquet (obra no mpresente en la exposición). Museo de Orsay, París

Foto 1 : Acuchilladores de parquet (obra no mpresente en la exposición). Les raboteurs de parquet, 1875. Óleo sobre tela, 102 x 146,5 cm. Musée d’Orsay, París. Nº inv.: RF 2718 (C) RMN (Musée d’Orsay)

Aún así, presenta su primera obra al Salón de 1875, Los acuchilladores (foto 1), que es rechazada por el jurado. Es en este momento cuando da el primer paso para acercarse a los pintores independientes de la capital francesa, como Pisarro, Renoir o Cézanne. Cultiva una pintura distinta. En cuanto a temática, perspectiva y paleta de color. Sus principales protagonistas son burgueses que caminan por las calles del París moderno de Haussmann. Pero no solo. También retrata obreros, trabajadores y operarios. El París dorado, de luces nocturnas y personajes que brillan, lo deja de buena gana a Degas (con sus bailarinas y teatros…), a Toulouse-Lautrec (con los carteles, los bares, y los cafés) o a Renoir. Caillebotte utilizará un punto de vista alto, casi aéreo, para representar calles, plazas, rincones de la Ciudad de la Luz bajo el reinado de Napoleón III. Un curioso ejemplo de ello será su obra El bulevar visto desde arriba (1880) (foto 2). Con claras influencias de los paneles japoneses. Su color fetiche en esta etapa será el gris y los tonos minerales, así como el verde de los árboles. Estas vistas se convertirán en el primer antecedente de la fotografía.

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Foto 2: El bulevar visto desde arriba, 1880 Óleo sobre lienzo. 65 x 54 cm Colección privada

 

En la cuarta exposición impresionista fue muy criticado por el abuso del azul cobalto y ultramar, así como por los toques neutros que concede a sus cuadros de naturaleza urbana.

Por ello, y tras una profunda reflexión, el pintor parisino cambia de registro. Pasa numerosos veranos en la propiedad familiar de Yerres. Allí se contagia del clima, del sol, de los aromas y los paisajes campestres. Así como de los deportes náuticos, como el remo, que adora practicar en su tiempo libre, dejando constancia de ello en Remero con sombrero de copa (foto 3) de 1878. Despega su pintura de jardines. Cuidados, ordenados, con fuentes… La gama de colores crece y se vuelve muy rica y variada. Paula Luengo, comisaria técnica de la exposición, declara que frente al aspecto sistemático del jardín y la pausa que proporciona la jardinería, «la navegación a vela simboliza el mundo exterior: la velocidad, la exploración y el riesgo. Una actividad más impredecible pero que igualmente le fascina».

Remero con sombrero de copa, 1878 Óleo sobre lienzo. 90 x 117 cm Colección privada

Foto 3: Remero con sombrero de copa, 1878
Óleo sobre lienzo. 90 x 117 cm
Colección privada

Junto a su hermano Martial compra un terreno en Petit Gennevilliers, donde construirá y creará su propio jardín de una manera muy personal. Compagina, en un primer momento, las estancias en Gennevilliers con los veranos en Normandía y las visitas a Claude Monet. Comparte con él su pasión por la botánica, y conocerá de primera mano los cuidados del famoso jardín de Giverny, intercambiando consejos sobre horticultura y jardinería.

 El jardín de Monet y el jardín de Caillebotte

 Mientras que la pincelada que utiliza Monet, es definida por Marina Ferretti Bocquillon, comisaria de la exposición, como «breve, viva y acompasada», la de Caillebotte es más compleja. Se vale de estudios preparatorios al óleo, así como de un punto de vista elevado y largas pinceladas que derivan en una «perspectiva oblicua que enseguida se ve detenida por el horizonte, lo que produce un efecto de tensión dinámica».

El jardín de Monet tiene claras influencias japonesas, que confieren al elemento acuático gran relevancia dentro del mismo. Los nenúfares se difuminan y se funden, hundiéndose en las profundidades del color.

El jardín de Caillebotte en Petit Gennevilliers lo diseña, lo proyecta y lo lleva a cabo él mismo. Consta de un invernadero, al que dota de calefacción para el invierno. Instala también su lugar de trabajo o estudio y añade parterres organizados a los lados. Cada uno de ellos dedicado al cultivo de un árbol o flor determinado. Incorporan además, los últimos avances en jardinería.

A través de las fotografías que hizo Martial de este jardín, se ha podido reconstruir cómo fue verdaderamente. Ya que debido a su inesperada muerte quedará inacabado, y finalmente destruido con los bombardeos de 1944 en la Segunda Guerra Mundial. El Museo Thyssen expone un vídeo con una simulación digital de la reconstrucción del jardín de Caillebotte muy interesante.

Una de las grandes innovaciones del pintor será la creación de paneles con pinturas de gran formato que sustituirán a los muros. También la idea de un gran decorado floral dentro de la casa. Monet lo desarrollará más tarde con sus Ninfeas. Gustave lo logra con el Parterre de margaritas (Foto 4), que realiza en torno a 1892-1893.

 

Parterre de Margaritas, hacia 1892-1893 Cuatro paneles. Óleo sobre lienzo. 100 x 50,3 cm (cada panel) Musée des impressionnismes, Giverny, MDIG 2016.2.1 a 4

Foto 4: Parterre de Margaritas, hacia 1892-1893. Cuatro paneles. Óleo sobre lienzo. 100 x 50,3 cm (cada panel). Musée des impressionnismes, Giverny, MDIG 2016.2.1 a 4

La variedad botánica impresiona al espectador: dalias, crisantemos, girasoles, gladiolos, margaritas, orquídeas, anturios… Un delirio para los sentidos. Un ejemplo Orquideas, 1893 (foto 5).

Foto 5: Orquídeas, 1893 Óleo sobre lienzo. 5,3 x 54 cm. Colección privada

Foto 5: Orquídeas, 1893
Óleo sobre lienzo. 5,3 x 54 cm. Colección privada

 

 Tras su fallecimiento, Caillebotte y su obra caen desgraciadamente en el olvido, eclipsados por las grandes figuras del movimiento impresionista y neoimpresionista. En los años veinte su nombre casi no aparece en los libros de Historia del Arte, y es su amigo Monet el único que se encargará de recordarlo, destacando su inmenso corazón, roto debido a una muerte precoz.

Este espíritu sensible y frágil, coleccionó durante toda su vida la obra de sus amigos impresionistas, conformando una nada desdeñable colección de pintura impresionista, que compraba a los artistas y atesoraba en sus residencias. Fue un gran mecenas, jardinero, pintor, botánico y dibujante. De personalidad exquisita y equilibrado carácter.

El Museo Thyssen-Bornemisza realiza, con esta muestra, un “intercambio” con el Musée des impresionnismes de Giverny, donde se expone y se da a conocer la figura de Sorolla. Uno de los objetivos de esta iniciativa, como señala Solana, es descubrir para el público español al pintor francés. De este modo, la exposición alternativa que se ofrece sobre Caravaggio y los pintores del norte, se completa con la impresionista. Siendo, a su vez, antagonistas. El Tenebrismo y el Impresionismo. Dos épocas distintas, dos pintores opuestos. Dos corrientes alternativas. El pintor maldito y el pintor sibarita. La pasión y la elegancia. Contraposiciones en la Historia del Arte. Como en la vida misma.

Puedes consultar otro trabajo que ofrecimos en Revista Atticus sobre la figura de Gustave Caillebotte.

Almudena Martínez Martín

Historiadora del Arte

Revista Atticus


Noches de san Benito 2016

 

Un año más, la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid ha realizado cinco conciertos integrados en la programación de Noches de san Benito en los primeros días de este mes de julio de 2016.

Martirio

Martirio inauguró la programación el viernes 1 de julio. La cantante onubense comenzó con Jarcha en los ochenta, luego trabajó con Kiko Veneno y Pata Negra, y desde 1986 se ha dedicado a la recuperación y actualización de la copla, dando comienzo su carrera como artista en constante evolución, pionera en la recuperación y actualización de joyas de la música popular española y sudamericana.

Su imagen enigmática y sofisticada es la tarjeta de presentación de una artista viva, siempre curiosa, moderna y vanguardista.

Actualmente Martirio nos muestra una nueva faceta artística con una conferencia (pieza en un acto) “La Mujer y la copla”, donde, a través de las canciones, se mezclan la memoria y las costumbres de una época. Conjuga su teoría con ejemplos cantados para ofrecer un análisis de la influencia del género en nuestra educación sentimental.

Desde febrero de 2014, colabora con Radio Gladys Palmera.com, con un programa quincenal de su autoría, “Cantes rodados”, sobre sus distintas preferencias musicales.

En 2015 se edita un recopilatorio: “Martirio 30 años” sobre su carrera con dos cd ś remasterizados y una película-documental de los 30 años de su vida artística.

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Carmen Souza + Theo Pascal

Tomó el relevo, sábado 2 de julio, la voz de Carmen Souza. Difícil de describir, porque recuerda a Nina Simone y también a Billy Holliday, a Sarah Vaughan y a Carmen McRae. Souza también tiene algo de Joni Mitchell y un punto de Ricki Lee Jones.

Y es que, si algo ha demostrado esta joven cantante nacida en Lisboa y de padres cabo-verdianos, es que ha asimilado y transformado por completo estas y otras influencias, y las ha potenciado con su propio vocabulario. El resultado es una voz rica en matices, serena, en ocasiones muy sensual, otras veces espontánea, desenfadada, incluso divertida.

Después de Kachupada (2012), en el que mezclaba magistralmente elementos del jazz contemporáneo y la música afro-latina, Carmen regresó en 2014 con un álbum en directo, Live at Lagny Jazz Festival.

En octubre de 2015 Carmen lanzó Epístola, su último trabajo compuesto y coproducido junto a Theo Pascal. En él, el increíble talento vocal se mezcla a la perfección con las magistrales letras y composiciones de Pascal.

Carmen también ha sido merecedora de diversos premios y distinciones a lo largo de su carrera, como haber sido seleccionada entre las “31 Best Jazz singers 2013” por el Music Jazz Critics Poll NPR (Radio Nacional Pública EEUU) o recibir los premios a Mejor Voz femenina 2013 y Mejor Morna 2013 (“6 on na Tarrafal” Kachupada), otorgados por los Cabo Verde Music Awards.

Con Epístola Carmen Souza demuestra una vez más el amplio espectro de su destreza musical como cantante, intérprete y compositora

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Pedro Guerra

El hueves 7 de julio fue el momento de Pedro Guerra. El cantautor canario nos traerá los temas de sus dos nuevos discos, “Arde Estocolmo” y “14 de ciento volando de 14” ambos recién estrenados. En 14 de ciento volando de 14 Pedro pone música a 14 sonetos de Joaquín Sabina, mientras que Arde Estocolmo es un trabajo con canciones originales de él, en el que se extrae la belleza de lo cotidiano.

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Amancio Prada

El incombustible Amancio Prada ofreció su recital al día siguiente. Nace en Dehesas, León, en 1949. Con veinte años se va a Paris, donde realiza estudios de armonía, composición y guitarra en aquella misma ciudad con los profesores Michel Puig y Silos Manso. Tras su presentación en la capital francesa junto a Georges Brassens en 1972, las actuaciones de Amancio Prada se suceden tanto en radio y televisión como en centros de emigrantes y en distintas universidades del país vecino. Allí edita su primer disco en 1974, Vida e morte.

Tras una larga carrera en la cual ha recibido premios y reconocimientos tanto de crítica como del público, ha editado numerosos discos, el último en 2015 “La voz descalza” un libro -disco, con ilustraciones de Juan Carlos Mestre, que recoge nueve canciones de santa Teresa de Ávila. Estrenado en Ávila, dentro de los actos conmemorativos del V Centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús. El 2 de octubre se estrena en el Teatro Monumental de Madrid “Canciones del alma”: Cántico espiritual de san Juan de la Cruz” y “Teresa de Jesús, esposa de la canción”, con la Orquesta y Coro de RTVE dirigidos por Fernando Velázquez.

En esta ocasión nos deleitara con su espectáculo “La voz de los poetas”, en el que el cantante berciano contará con la colaboración de la violonchelista vallisoletana Amarilis Dueñas.

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Juan Perro

Juan Perro o también conocido como Santiago Auserón, actuó en la Hospedería del patio san Benito el sábado 9 de julio. Nacido en Zaragoza en 1954, cantante y compositor de Radio Futura desde 1980 hasta 1992. Desde 1977 publica artículos sobre música, arte y pensamiento en diarios y revistas especializadas, además de dar conferencias sobre música popular y filosofía de la música.

Da a conocer su nuevo proyecto musical, Juan Perro, en 1993, en la gira Kiko Veneno y Juan Perro vienen dando el cante.

Su gira Juan Perro 2016 es una nueva sonoridad y nuevas canciones, combina las voces singulares de un grupo de músicos creadores unidos por la complicidad. Un paso más allá en la síntesis de tradiciones afroamericanas e hispanas llevadas al terreno de la experimentación sonora. Música de baile que abre espacios novedosos, humor dispuesto a la invención en cada escena, hondura en la interpretación. Una decena de canciones inéditas antes de ser registradas, nuevas historias emocionantes, dos horas de concierto caliente y divertido.

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Hasta el próximo año.

Revista Atticus

Fotografías: Chuchi Guerra


EL BOSCO. LA EXPOSICIÓN DEL V CENTENARIO

Museo Nacional del Prado, Madrid

Hasta el 11 de septiembre de 2016 se puede contemplar en el Museo Nacional del Prado, Madrid, la magna exposición dedicada a la figura de Jheronimus van Aken (h. 1450-1516) nacido en ‘s Hertogenbosch (actual Holanda), por lo que firmaba su obras como Jheronimus Bosch, siendo conocido en España como «el Bosco».

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San Juan Bautista en meditación, 1485-1510 El Bosco. Óleo sobre tabla, 48 x 40 cm Madrid, Fundación Lázaro Galdiano

 

El Bosco. La exposición del V centenario conmemora el V centenario de la muerte del pintor considerado como uno de los artistas más enigmáticos y a la vez más influyentes del Renacimiento. Para este evento se han reunido hasta un total de 65 obras de las que 25 son atribuidas al propio Bosco, casi una decena vinculadas a su taller y el resto a otros artistas de la época. Además de las obras con las que cuenta el propio Museo del Prado, han colaborado una serie de entidades como el Albertina y el Kunsthistorisches Museum de Viena, el Museum of Fine Arts de Boston, The Metropolitan Museum of Art de Nueva York, la National Gallery de Washington, el Musée du Louvre de París, el Polo Museale del Veneto de Venecia. Colaboración especial es la que ha realizado el Museo de Arte Antiga de Lisboa al prestar el tríptico las Tentaciones de san Antonio. Una obra tan emblemática como esta es difícil que abandone su lugar de residencia. Ningún museo quiere desprenderse de sus enseñas, aunque solo sea por espacio de cuatro meses. Esta circunstancia, junto con la posibilidad de ver la mayoría del resto de sus obras hace que la exposición sea una oportunidad única e irrepetible. Dada la cantidad de obras que tiene el Museo del Prado del Bosco, será muy difícil ver algo parecido fuera de nuestras fronteras.

 

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La Muerte y el avaro El Bosco. Óleo sobre tabla, 94,3 x 32,4 cm Washington D. C., National Gallery of Art. Samuel H. Kress Collection

 

El montaje es espectacular. Hay un discurso expositivo que gira alrededor de los temas que desarrolló el Bosco. Son siete secciones o capítulos. La primera: El Bosco y ‘s-Hertogenbosch, nos sitúa en la ciudad donde transcurrió su vida, ciudad que fue su seña de identidad y cuya sección gira en torno al tríptico del Ecce Homo de Boston. La sección Infancia y vida pública de Cristo, tiene como  protagonista el tríptico La Adoración de los Reyes Magos del Museo del Prado. Los santos acoge el tríptico Las tentaciones de san Antonio del Museo de Arte Antiga de Lisboa. La siguiente sección, Del Paraíso al Infierno, tiene como estrella la obra el Carro de Heno, tríptico realizado por el Bosco y que también se encuentra de forma habitual en el Museo del Prado. El capítulo El jardín de las delicias no solo acoge a la obra más emblemática del pintor sino que tenemos la oportunidad de contemplar la reflectografía y la radiografía de la obra para conocer de primera mano las variaciones que introdujo en su pintura. El mundo y el hombre: Pecados capitales y obras profanas, tiene como protagonista a la Mesa de los pecados capitales del Prado que mantiene su presentación como si fuera eso, una mesa. La Pasión de Cristo cierra la exposición albergando obras relativas a la Pasión de Cristo como el Ecce Homo de Frankfurt y la Coronación de espinas de la National Gallery de Londres.

Como se puede observar, los organizadores se han centrado más en la temática que en establecer una línea cronológica, quizás, y sobre todo, por la dificultad de establecer una fidedigna datación en las obras del Bosco por carecer muchas de ellas o bien de una firma o bien la documentación necesaria. A este montaje se une el hecho de que podemos circular alrededor de los trípticos para poder observar el reveso de los paneles que, normalmente, están ocultos a la vista del público, casi todos realizados en grisalla o monocromo pero con igual de brillantez en la ejecución.

La dirección del Museo ha aprovechado la muestra para plasmar todos los estudios en un extenso catálogo razonado que a buen seguro echa por tierra las afirmaciones de los colegas holandeses que podían en serías dudas las autorías de dos de las obras del Bosco. Han intervenido en ese catálogo además de la propia comisaria Pilar Silva, Jefe del Departamento de Pintura española (110-1500) y Pintura flamenca y escuela del norte del Museo Nacional del Prado, otros especialistas destacados como Eric de Bruyn, Paul Vandenbroeck, Larry Silver, Reindert Falkenburg y Fernando Checa.

 

 

 

 

El Bosco. La exposición del V centenario es sin lugar a dudas la gran exposición que estaba esperando la figura del Bosco. Solo el Museo Nacional del Prado podía acometer algo semejante. La atracción que sintió Felipe II sobre el Bosco cristalizó en una de las mayores colecciones de su obra que conforma el grueso de las obras expuestas.

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Imagen en sala de la exposición “El Bosco. La exposición del V centenario” Foto © Museo Nacional del Prado.

 

 

Como viene siendo habitual la institución madrileña ha programado una serie de actividades alrededor de la exposición. Desde aquí recomendamos la consulta de tales actividades a la propia web del Museo que se ha convertido en una gran herramienta cultural, tas haber sido renovada recientemente.

Os dejo un par de vídeos:

Sobre el Jardín de las delicias

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Revista Atticus 33

Revista de arte y humanidades en formato digital.

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