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Revista Atticus Cinco condensa el trabajo de más de 60 personas repartidas por todo el mundo. Nueve meses de trabajo han dado como fruto una revista de 264 páginas que pesa cerca de un kilo y medio. Su precio 15 euros está muy por debajo de lo que suele ser habitual en este tipo de revistas. Sale a la venta el 28 de enero de 2015.

Estos son algunos de los artículos y sus autores:

Colores de guerra. Carteles de la Primera Guerra Mundial.
o Gonzalo Durán López

Sofonisba Anguissola. Historia de una artista.
o Cristian Mielost

El claustro de Palamós.
o José Miguel Merino de Cáceres
o Mª José Martínez Cruz

Mari-Pepa, la heroína.
o Fco. Javier Martínez

Raixa, una villa italiana en Mallorca
o José Miguel Travieso

• Alberto Romero, Doña Cayetana Pop
o Luisjo Cuadrado

• Tori Amos. Más de dos décadas de buena música.
o Rubén Gámez

• Tres conversaciones con El Greco. El pintor visto por otros pintores.
o Almudena Martínez Martín

• Valladolid, pasado, presente y futuro.
o Marta Fernández Polo y Luisjo Cuadrado

• A 8000 km. de Kerala
o Alexander Palliparambil
o Fotografías: Chuchi Guerra

También podrás encontrar relatos y poesía de una veintena de escritores entre los que destacamos: Gustavo Martín Garzo, Carlos Aganzo, Berta Cuadrado Mayoral, Belén García Calvo, Manolo Madrid y Ángela Hernández Benito. Con ilustraciones de ELNO (Elena González Nieto), Marco Temprano, Enrique Diego, Frances Marín, Félix Rebollo, Berta Santos Solé…
El humor gráfico corre a cargo de Andrés Faro Lalanne y Alfredo Martirena.
Y un montón de artículos más sobre exposiciones, cine, pintura, escultura y arquitectura.
En breve comunicaremos los puntos de venta.
Puedes pedir tu ejemplar en: admin@revistaatticus.es

WWPortada Cinco Papel - 2015 Doña Cayetana Pop-Definitivo

Revista Atticus


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Whiplash de Damien Chazelle, una de las grandes sorpresas

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Ficha
Película: Whiplash.
Dirección y guion: Damien Chazelle.
Interpretación: Miles Teller (Andrew), J.K. Simmons (Fletcher), Melissa Benoist (Nicole), Paul Reiser (Jim), Austin Stowell (Ryan), Nate Lang (Carl).
País: USA. Año: 2014. Duración: 106 min.
Género: Drama.
Producción: Jason Blum, Helen Estabrook, Michel Litvak, David Lancaster.
Música: Justin Hurwitz. Fotografía: Sharone Meir.
Montaje: Tom Cross.
Diseño de producción: Melanie Jones. Vestuario: Lisa Norcia.
Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España.
Estreno en España: 16 Enero 2015.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Sinopsis
Andrew Neiman es un joven y ambicioso baterista de jazz, absolutamente enfocado en alcanzar la cima dentro del elitista conservatorio de música de la Costa Este en el que recibe su formación. Marcado por el fracaso de la carrera literaria de su padre, Andrew alberga sueños de grandeza, ansía convertirse en uno de los grandes. Terence Fletcher, un instructor bien conocido tanto por su talento como por sus aterradores métodos de enseñanza, dirige el mejor conjunto de jazz del conservatorio. Fletcher descubre a Andrew y el baterista aspirante es seleccionado para formar parte del conjunto musical que dirige, cambiando para siempre la vida del joven. La pasión de Andrew por alcanzar la perfección rápidamente se convierte en obsesión, al tiempo que su despiadado profesor continúa empujándolo hasta el umbral de sus habilidades e incluso de su salud mental.

Comentario
Whiplash del joven Damien Chazelle (apenas ha cumplido 30 años) ha sido la gran sorpresa del año pasado. Espera ser la revelación de este año en la gala de los Óscar si recibe algún galardón tras sus cinco nominaciones. De momento ya ha conseguido el Globo de Oro al mejor actor de reparto (J. K. Simmons) además de otros premios y nominaciones en diversos festivales. En la anterior edición de la SEMINCI se llevó el premio al mejor nuevo director.
Para mí es una de las mejores películas del año (entiendo como tal de febrero a febrero, por aquello de los Premios Óscar). Por lo menos es la película que más me ha transmitido en los últimos meses. Voy a ver si soy capaz de contagiarles un poco de esas sensaciones.
Básicamente la historia se puede resumir en cuatro líneas. Andrew Neiman (Milles Teller) es un ambicioso joven que desde muy pequeño toca la batería. Se encuentra en uno de los centros más elitistas de la Costa Este para llevar a cabo sus sueños: ser uno de los grandes. Se inspira en temas de Buddy Rich o Charlie Parker (entre otros). En esta prestigiosa institución da clases uno de los mejores profesores, Terence Fletcher (J. K. Simmons) que ejerce labores de profesor y director de una pequeña orquesta. Su fama le precede. Es estricto y sus métodos rayan con el maltrato tanto físico como sicológico. Es temido y deseado a partes iguales. Figurar en su orquesta da mucho prestigio. Fletcher se fija en Andrew y el joven ve una posibilidad de acercarse a su objetivo.

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Y ahora… comienza el espectáculo. Desde el primer momento la música te atrapa. Vemos al alumno Andrew ensayando una y otra vez en una de las aulas del conservatorio, en lo que parece ser la madrugada. Y también vemos aparecer al carismático profesor Fletcher en busca de miembros para su banda. Busca lo mejor de lo mejor. Busca la excelencia. Su método está al alcance de muy pocos. Pide pasajes muy concretos en su tempo justo y sin demora. Rápido. No puedes fallar. Más tarde veremos como a un posible candidato lo desprecia simplemente porque se le ha caído la partitura antes de empezar a tocar. Ni se molesta en decirle nada, ni de darle una oportunidad. «A ver tú, el siguiente». Esto predispone al espectador para estar atento. Ni pestañeas, no te mueves de la butaca. La tensión que crea este hecho se palpa en el resto de los miembros de la banda, que ni se atreven a levantar la vista, no siendo que los improperios cambien de rumbo.
Fletcher es un ser desalmado. Un abusón. Echa mano de Maquiavelo. El fin justifica los medios. Su papel está en las antípodas del profesor Sean Maguire (Robin Williams) en El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997). Es más cercano al papel del sargento mayor Hatman en La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987). Incluso el porte de Fletcher, su camiseta negra, su complexión musculosa, su sombrero (en recuerdo a la gorra militar) todo hace pensar que estemos ante un férreo sargento de hierro (muy lejos, por cierto, del papel de padre compresivo en Juno de Jason Reitman -2007). Los primeros momentos con el alumno son claves. Le atrae, le camela, se le insinúa como si en él Andrew fuera a encontrar a un colega. Pero lo único que ha perseguido es sacar tres datos de su vida privada, que no dudará luego en espetarle a la cara para hacerle el mayor daño posible. Es así como actúa. Te lleva al límite. Si lo superas te espera el triunfo, si no eres capaz de superarlo, no vales para esto. Sales humillado.
Éticamente la película nos puede plantear la conveniencia y la eficacia del método de Fletcher. El director en su planteamiento no juzga y el film no es maniqueo. Pero la cuestión ahí está. La mayoría de las disciplinas (música, deporte o, incluso la escritura) requiere de mucho entrenamiento. Solo se puede llegar a la excelencia, entrenando, entrenando y entrando. No hay vida social, no hay amigos, no hay entretenimiento. No cabe otra. Creo firmemente en la cultura del esfuerzo. Ya sea con las baquetas en la mano, o las pelotas o un bolígrafo, solo se puede llegar al triunfo a base de practicar y practicar y practicar. Y aún así tienes que tener otro talento más. Andrew reunía una serie de condiciones para el triunfo. Fletcher enseguida lo vio y lo único que hace durante toda la película es ponerle a prueba, constantemente en cada situación e incluso hasta el sorprendente desenlace final.

WHIPLASH
Andrew es consciente de su valía. Busca rodearse de quienes le estimulen. Por eso se encuentra prácticamente solo (salvo su padre). Esta soledad genera incomprensión. No duda en encararse, en la cena familiar, con dos jóvenes (creo que son sus primos) que juegan al fútbol americano y parecen ser unos cracks cuando lo único que han conseguido es jugar en tercera división («ni tan siquiera segunda»). Le dicen de todo porque él lo único que hace es tocar la batería. Ya ves tú. Y ahí radica parte del éxito. La genialidad no admite despistes. O te dedicas a lo que amas en cuerpo y alma o… te vas a tocar a una banda de rock. Así reza un slogan que tiene Andrew en su habitación. Cuando ve que ya ha cogido el camino adecuado de la mano de Fletcher quiere apartar todo lo que le despiste, todo lo que reste en vez de sumar. Es por esta razón por la que se tiene que enfrentar a su pareja y tomar una decisión dolorosa. Le expone de forma brillante a Nicole el futuro que él ve (y ansia). Ella –la música- le demanda toda la atención del mundo. ¿Qué otra cosa sino es la decisión que toma un tenista profesional de pasar por el quirófano cuando acaba la temporada para una operación de apendicitis? El fin justifica los medios. La perfección y la trascendencia así lo requieren. ¿Vale la pena entregar la vida, el sacrifico máximo, para alcanzar la meta? Andrew quiere amar y quiere ser amado como todo el mundo. Pero él es consciente de su valía y le quiere ahorrar disgustos y sinsabores a su novia o esposa (llegado el caso) para que ella no tuviera una vida anodina al lado de un artista genial. ¿Se imaginan la vida de Picasso o Dalí? Las mujeres que han estado a su lado eran conscientes (y si no lo abandonaban rápidamente) de que estaban ante un hombre único, divinooo, como diría el propio Dalí. Y ellas no querían o no podían interferir en su vida. Estaban creando, estaban pasando a la Historia. Es dura tarea y no es fácil de comprender. De ahí que siempre se haya empleado el dicho machista de que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer.
Terence Fletcher tiene una misión en esta vida: encontrar otro Charlie Parker para la Humanidad. Tampoco es tarea fácil. Pero tiene una cosa bien clara: no hay dos palabras más dañinas en nuestro diccionario que se le puedan decir a un alumno: buen trabajo. Bajo ese axioma se esconde el cáncer de la autocomplacencia. El genio no surge todos los días. Es más, en su carrera, en su dilatada carrera, Fletcher no ha tenido la oportunidad de encontrarse con uno de los grandes. Tiene una espina clavada.

WHIPLASH
La interpretación es un cara a cara, una lucha de egos, entre Milles Teller y J. K. Simmons. Casualmente vi la actuación de Miles Teller la pasada semana en la TV2. Prácticamente fue su debut de la mano de Nicole Kidman en Los secretos del corazón (no la de Armendáriz sino de John Cameron Mitchell, 2010). En Whiplash se deja literalmente la piel. No es de extrañar que la sangre sea real y las ampollas también. Su gestualidad a los mandos de la batería no tiene parangón. Es en él donde se aprecia uno de los preceptos de toda buena película: la evolución que experimenta el personaje. Sobre todo en el aspecto psicológico de Andrew marcado por el fracaso como escritor de su padre, reconvertido a profesor de instituto. Su ego sube de decibelios al ser elegido por Fletcher. Se siente feliz y experimenta una gran confianza en sí mismo. Pero esto se tornará en un malsano deseo de alcanzar la perfección. Una enfermiza obsesión que le nubla el raciocinio. Se ha convertido en una máquina de golpear la batería. Simmons no se queda atrás. Si de gestos hablamos, cada vez que levanta el brazo… te estremeces. Gesto poderoso, enérgico, rotundo. Ay de ti como no le hagas caso. Además se muestra brillante en múltiples registros que van desde la ira hasta lo zalamero en sus últimas propuestas. Un personaje bien creado y mejor ejecutado. Su interpretación ha sido reconocida en los Globos de Oro otorgándole un premio al mejor actor de reparto. Y tiene casi todas las papeletas para alcanzar la gloria en los Premios Óscars. En su carrera hay varios papeles de relevancia pero ha sido ahora cuando le han entregado un papel para el lucimiento y no lo ha desaprovechado a sus casi sesenta años. Tanto uno como otro parece que tenía conocimientos musicales que les ha ayudado en su interpretación. Y ese es el otro gran protagonista de Whiplash: la música. Los temas se alargan de forma deliberada y deliciosa para el espectador. Tiene su protagonismo el propio tema Whiplash, y también otro más conocido para el público en general como es Caravan de Duke Ellington. Todavía resuenan en mis oídos esos primeros acordes repetidos hasta la saciedad porque o iba muy despacio o muy rápido. Magnífica banda sonora. Y como diría un argentino… ¡imperdible!
Damien Chazelle es un joven director que demuestra tener muchas tablas. También es el guionista. Este trabajo tuvo su embrión en un corto realizado anteriormente con los mismos protagonistas y que cosechó grandes halagos (al igual que sucedió con la aclamada Las vidas de Grace, 2013, Destin Daniel Cretton). La grandeza de Whiplash radica en el gran montaje que hace que todo se desarrolle de forma armónica hasta alcanzar el culmen y la fotografía preciosista de ambientes cerrados donde parece manar la luz de los instrumentos, de la propia música.
Tras un crescendo paulatino sin decaimientos, llegamos al final. Intenso, vibrante, frenético, alcanzando un clímax tras casi diez minutos en los que Andrew interpreta un solo con su batería que parece no tener fin. Es en un claro enfrentamiento con Terence Fletcher. Te metes no ya en sala del auditorio, sino ahí justo al lado del batería, impávido, con la boca abierta y siguiendo levemente con el pie el ritmo, ladeando la cabeza, asistiendo emocionado al manejo virtuosista de las baquetas. Prodigioso. Un film absorbente que no es solo para los amantes de la música, de la batería o del jazz. Whiplash nos recuerda que hay una cosa que se llama la cultura del esfuerzo, de la naturaleza de la educación, de la forja de un carácter, de la superación, de la perseverancia y de la obsesión por el reconocimiento, por el éxito, desafiando los límites físicos. Salgo del cine eufórico y casi extenuado, deseando ponerme a escribir (una obsesión). No sé si habré conseguido el propósito de transmitirles alguna de esas sensaciones, pero, no me digan nunca, por favor… buen trabajo.

Os dejo un tráiler:

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Corazones de acero
Los ideales son pacíficos, la historia es violenta

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Ficha
Película: Corazones de acero. Título original: Fury.
Dirección y guion: David Ayer.
País: USA. Año: 2014. Duración: 134 min.
Género: Cine bélico, acción.
Interpretación: Brad Pitt (Don ‘Wardaddy’ Collier, Chacal), Shia LaBeouf (Boyd), Logan Lerman (Norman), Michael Peña (Trini ‘Gordo’ Garcia), Jon Bernthal (Grady), Jason Isaacs, Scott Eastwood (Miles), Xavier Samuel (Parker). Producción: Bill Block, John Lesher, Ethan Smith y David Ayer. Música: Steven Price. Fotografía: Roman Vasyanov. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España. Estreno en España: 9 Enero 2015.

Sinopsis
Abril, 1945. Mientras los aliados inician su ofensiva final en el frente europeo, un aguerrido sargento de artillería llamado Wardaddy (también conocido por sus compañeros como Chacal), se encuentra al mando de un tanque Sherman y de los cinco hombres que componen su dotación, en una misión mortal detrás de las líneas enemigas. Superados en número y en armamento, y con un soldado novato metido en sus filas, Wardaddy y sus hombres lo tendrán todo en contra en su heroico intento de lanzar un ataque en pleno corazón de la Alemania Nazi.

Comentario
Corazones de acero (Fury) nos narra un episodio que parece estar inspirado en un hecho real: la determinación de un puñado de hombres para llevar a cabo la misión encomendada de proteger una encrucijada en el corazón de Alemania que se resistía a ser derrotada. Parece que se ha tomado como guion la biografía de un sargento del ejército americano que comandaba un tanque M4 Sherman. La acción se desarrolla en la recta final de la II Guerra Mundial, cuando las tropas aliadas ya han invadido Alemania y el ejército nazi está replegándose hacia Berlín. Los enfrentamientos con estos últimos son enconados; a pesar de saberse perdedores ofrecerán una fuerte resistencia, no dudando en alistar a mujeres y niños para engrosar el número de efectivos.
Corazones de acero se centra en la figura de Don «Wardaddy» (Brad Pitt) conocido como Chacal, sargento que comanda un tanque con cuatro miembros. Es un hombre curtido en mil batallas. Experto, brutal, con un gran sentido del deber patriótico. Es un oficial y caballero. Se muestra inflexible delante de su tropa, pero descorazonado cuando no le ven, jodida guerra. Junto con el resto de sus compañeros parecen personajes tomados de las novelas de Sven Hassen (1917 – 2012), seudónimo de un escritor danés que ambientó muchas de sus novelas en la II GM. Escritor que creó una saga con las aventuras de un grupo de soldados alemanes que bordean el reglamento con sus pillajes y su manera de entender la guerra, pero que son camaradas con un gran sentido de grupo. El Legionario, Viejo, Hermanito o Porta son algunos de los protagonistas. Al comienzo de la película Chacal asalta a un jinete y le mata de forma brutal clavándole el cuchillo en el cráneo. Eso es un aviso de lo que nos espera. Es la crueldad, la brutalidad, la guerra con su cruda cara. No tiene otra: muerte y destrucción. El sargento está furioso porque acaba de perder a uno de sus mejores hombres, un experto tirador ayudante del conductor. Será reemplazado por el joven Norman (Logan Lerman). Un inexperto soldado adiestrado para la tecla de la máquina de escribir que apenas lleva ocho meses de servicio. El conductor es un hispano, Trini Gordo García (Michael Peña) que maneja el tanque como si de un vídeo juego se tratara. Un hombre de mente despierta y casi el más racional de todos. Al frente del cañón, el artillero, se encuentra Bod Biblia Swan (Shia LaBeouf). Su mote lo define: religioso, comprometido y un tanto visceral. Trata de justificar todas las acciones, propias y ajenas, con los designios del Ser Supremo, vamos de Dios. El encargado de aprovisionar de las armas es Grady Rata Travis (Jon Bernthal), un tipo bruto, desalmado y que tiene muy oxidado su corazón.

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Gran parte de las escenas se desarrollan en el interior de un tanque. Se trata de un espacio minúsculo que en condiciones normales de habitabilidad (tipo caravana, como vivienda rodante) sería un milagro que puedan convivir cinco personas. La cuestión se complica si tenemos en cuenta toda la cantidad de cacharros, de armamentos y demás enseres militares. No es de extrañar que veamos como uno de los soldados tiene que orinar en una caja de munición. Pero eso sí a la hora de la verdad, en plena batalla aquello va como la seda. El comandante del carro ordena las instrucciones de tiro (tanto al ayudante del conductor como al artificiero del cañón) y a su vez al conductor para poder situarse frente a su enemigo en las mejores condiciones. Chacal ha demostrado ser el mejor comandante de carros blindados. Su dilatada experiencia en el norte de África y en Europa así lo demuestra. Es un superviviente. Una de las mejores escenas es el baile que ejecutan dos tanques: el M4 Sherman americano y el temido Panzer VI Tiger I. En su marcha hacia el objetivo los americanos se topan con el Panzer VI. El Sherman era muy versátil, muy dinámico. Tenía un blindaje bastante efectivo ante la mayoría de los cañones. Pero el Tiger I estaba dotado de un «pepino» de 88 mm que ocasionó estragos en las tropas aliadas. Era temido y encima, para desasosiego de estos, tenía un gran blindaje lo que le hacía casi indestructible. Pero no para Chacal y su tanque. Atrás han dejado a sus otros tres socios en la empresa de la caza del enemigo. En ese baile y con la coreografía del combate (y subrayado por la música –cuando aparece el malo, se te eriza el vello-) se mueven tratando de buscarse la vueltas, el punto flaco, el fallo en el blindaje, allá por donde colocar el obús. En un soberbio plano cenital asistimos, con tensión, a la resolución del enfrentamiento que nos pone de los nervios. Magistral. Aprovechando la ocasión, no me gustó nada eso de las balas trazadoras de colorines, más propio de la guerra de las galaxias que de un enfrentamiento bélico real. Existían las balas trazadoras para poder ayudarte en la fijación del objetivo, pero esa otra parafernalia festivalera, no creo.

 
Poco puedo decir de la filmografía del director, más que nada por desconocimiento. Sus mayores glorias se deben a Sin tregua (End of Watch, 2012), y a su guion de Training Day. David Ayer ha tenido la intención de mostrar sin ambigüedades la crueldad de la guerra. En casi todos sus aspectos. En la desesperación de un pueblo que tiene que abandonar sus casas, sus territorios, su vida para huir con lo puesto; en la destrucción de los pueblos, de la riqueza labrada durante años; en lo despiadado del ser humano que no duda en ejecutar a un ser por tener un emblema distinto al tuyo; en las consecuencias directas de muertes, amputaciones de miles y miles de vidas. Sin olvidar esa parte importante que gira alrededor del grupo: disciplina, sentido del deber, compañerismo y mucha dosis de valentía. ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Por seguir un líder, por obedecer unas ordenes? ¿Por enarbolar una bandera? La guerra no es solución. No hay poética de la heroicidad en la guerra. Hay una exaltación de la barbarie en pos de la mal llamada Paz que no es otra cosa que la victoria de un bando sobre otro en el que todos perdemos. Y solo unos pocos ganan: los señores de la Guerra.

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Una de las mejores secuencias es la del bautismo de fuego de Norman. No se puede llevar en el tanque a un encargado de una metralleta sino ha matado. Tu vida (la de Wardaddy, y la del resto del equipo) depende de si eres capaz de matar y no dudar en cuanto se te presenta la ocasión, en adelantarte al enemigo. Eres tú o él. Y eso lo tiene que aprender de forma brutal Norman. Su aprendizaje y, sobre todo aceptación, culminará cuando lo demuestre. Entonces será bautizado con su mote de guerra: Máquina.
Otra escena destacable es cuando tras la toma de un pueblo el equipo de Chacal se dispone a descansar. Mujeres, alcohol, sexo… pero el sargento, en compañía de Norman, prefiere el aseo y un buen plato de huevos con panceta. Entran en una casa donde se encuentra una joven y su sobrina. El drama está servido, pero… el lado de caballero se impone al lado más oscuro de oficial. Chacal tendrá que mostrar su lado más duro para poder imponerse a su equipo.
Un tanto paternalista, un tanto patriotera (rodada desde el punto de vista americano), pero sin miramientos para la galería. Cuestiona el valor de una vida humana y esa misericordia no se sabe muy bien si proveniente del Azar, de Dios o del Hombre. Sin suavizar las imágenes, sin ahorrar horrores, rozando con lo gore (visceral y violencia extrema). Contiene, tal vez, las mejores escenas de cine de guerra rodadas a bordo de un tanque y muy buenas secuencias de acción. Técnicamente impecable: en algo más de dos horas ha sabido captar todo un día de acción, de combate. Música y fotografía con nota. Interpretaciones resueltas con brillantez (sobre todo por Pitt -quien ejerce su magnetismo por igual como personaje y como persona- y Lerman; al resto le falta personalidad en sus personajes). Todo ello consiguen que la industria del cine, en su lado del entretenimiento sin más ambición, tenga en Corazones de acero un buen embajador.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Birdman (La inesperada virtud de la ignorancia)
Cuando no solo eres una respuesta a una pregunta del Trivial

 

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Ficha
Película: Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia).
Título original: Birdman or (The unexpected virtue of ignorance).
Dirección: Alejandro González Iñárritu.
Interpretación: Michael Keaton (Riggan), Zach Galifianakis (Jake), Edward Norton (Mike), Amy Ryan (Sylvia), Emma Stone (Sam), Naomi Watts (Lesley), Andrea Riseborough (Laura).
Año: 2014. País: USA. Duración: 119 min.
Género: Comedia dramática.
Guion: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris y Armando Bo.
Producción: Alejandro González Iñárritu, John Lesher y Arnon Milchan.
Diseño de producción: Kevin Thompson.
Vestuario: Albert Wolsky.
Distribuidora: Hispano Foxfilm. Estreno en España: 9 Enero 2015.

Sinopsis
Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) es una comedia negra que cuenta la historia de un actor —famoso por dar vida a un emblemático superhéroe— que lucha por montar una obra de teatro en Broadway. En los días que preceden a la noche del estreno se enzarza con su ego y trata de recuperar a su familia, su carrera y a sí mismo.

Comentario
Riggan Thomson (Michael Keaton) es un actor que tras dos taquillazos con la saga Birdman (a la sazón Batman de Tim Burton, que interpretó dos veces entre 1989 y 1992) decide reactivar su carrera con una obra teatral escrita, dirigida e interpretada por el mismo. Ha escogido un texto de Raymond Carver, De qué hablamos cuando hablamos de amor, lo que suponen un auténtico reto. Días antes del estreno, en Broadway, Nueva York, le surgen todo tipo de dudas, miedos que se plasman en un enfrentamiento con su propio ego que alcanzará al resto del equipo. A su lado, en labores de ayudante, se encuentra su hija, Sam (Emma Stone); su sola presencia le recuerda su fracaso como padre. En el escenario, tendrá sus más y sus menos con un actor que va de sobrao. Es una estrella consolidada pero que no tiene buena fama. Se trata de Mike (Edward Norton), el último en llegar y el que revoluciona la escena. Su relación con la actriz debutante, Lesley (Naomi Watts) pretende ir más allá de una simple actuación. Riggan cuestionará sus métodos una y otra vez. Entre bambalinas se encuentra el productor, Jake (Zach Galifianakis) que tiene la misión, entre otras cosas, de templar gaitas y que todo vaya sobre ruedas. Una labor que se presenta casi imposible.

 
Birdman es una propuesta que poco o nada tiene que ver con la filmografía de Alejandro González Iñárritu (cariñosamente en adelante AGI) donde abundan más las historias dramáticas, con estructuras complejas, secuencias paralelas, basadas en potentes guiones. Estos cimientos dieron como resultado tres películas que encandilaron a crítica y público (en mayor o menor medida): Amores perros, 21 gramos y Babel. AGI había creado un universo reconocible, su sello de autor, con la ayuda de Guillermo Arriaga, escritor, productor y autor de los guiones de esas tres películas. Pero la sociedad se disolvió y AGI comenzó su andadura en solitario. Biutiful fue la siguiente película. No he tenido la oportunidad de verla con lo cual he tenido que recurrir a las críticas y parece ser que no salió muy bien parada. «De Biutiful me carga casi todo, su forzada trascendencia y su irritante intensidad emocional. Lo único que recuerdo con admiración es la interpretación de Javier Bardem, encarnando a ese buscavidas letalmente enfermo que intenta proteger a sus hijos» (Carlos Boyero, El País, 11 de enero de 2015).

THE HEAT
Y así es como llegamos a Birdman. Birdman (o La inesperada virtud de la ignorancia) es una película con un planteamiento atrevido, con un constante maratón técnico, cámara en mano, siguiendo a sus protagonistas por el teatro donde se desarrolla la mayor parte de la película. Es como si fuera toda ella filmada en un plano secuencia. Para los menos avezados conviene recordar que un plano secuencia es la toma de una secuencia sin cortes durante la filmación. Aquí cabe recordar uno de los mejores planos secuencias en la historia del cine es el arranque de Sed de mal (Orson Welles, 1958) con primeros planos, planos generales y travellings. Magnífico. Lógicamente al representar varios días en la vida de Riggan este plano secuencia no es tal, está «adulterado», lo parece, pero no lo es, pero nos transmite esa sensación, ese frenético ritmo y es un auténtico virtuosismo porque además aprovecha para realizar en algún momento unas elipsis prodigiosas. Estoy seguro de que dentro de poco estaremos asistiendo a debates con algún profesor o crítico especializado de por medio, para determinar cuántos planos son en realidad ese supuesto plano secuencia. Un ejercicio que propongo desde aquí en cuanto tengamos disponible una copia.

 
Pero… ¿de qué va realmente Birdman? O lo que es lo mismo ¿por qué ha despertado tantas expectativas? En principio, y fundamentalmente, por la excelsa actuación de su principal protagonista, Michael Keaton. Encarna a un actor, que en definitiva es su propio yo. Es un actor que alcanzó la cima y ahora está en plena decadencia. Tuvo un gran éxito con esas películas que tanto gustan a Hollywood y, por ende, a un gran número de espectadores, ávido de tiros, persecuciones y escenas de gran espectacularidad (una crítica nada velada a este tipo de películas). Un actor que acomete el reto de llevar al teatro una obra con diálogos con bastante enjundia que pone sobre las tablas las intimidades del amor, de las relaciones humanas. Un actor que va a contracorriente queriendo representar arte y ensayo cuando la gente busca «taquillazos de consumo fácil». Un actor que cuando están en la fase de preestreno le surgen los miedos, las dudas en forma de una voz interior que se reencarna en Birdman (el personaje del cómic, que en realidad alude a ese papel que interpretó Michael Keaton como Batman). Esa confrontación que padece el personaje con sus fantasmas se traduce en una inseguridad, en un cuestionamiento de toda su vida, no solo como carrera de actor de prestigio («eres una celebridad, pero no un actor»). Se cuestiona su relación con su exesposa, con su pareja actual, con su hija; pero también el papel de los críticos teatrales capaces de tan solo con cuatro líneas llenas de tópicos tumbar el trabajo de meses. Las redes sociales y su papel también son cuestionadas.

THE HEAT
Otra de las cosas que tiene buenas Birdman es que rompe con las etiquetas. Nos gusta clasificar, nos gusta colocar etiquetas. Aquí no sabemos si estamos ante un drama, una comedia o una comedia dramática o negra. Incluso roza la fantasía cuando vemos volar a su protagonista recordando viejos tiempos o cuando cree tener superpoderes. No sé a qué género puede pertenecer, pero lo que sí que sé es que es una película vibrante, con mucha mucha tela que cortar; con un montón de referencias «cultas» con diálogos sabrosones y mucha pasión. La interpretación que hace Michael Keaton es memorable. Su paseo por Broadway en calzoncillos (slips blancos, feos, «de andar por casa») es único. Ríete tú de la alfombra roja. Lo mismo se presenta de esa guisa a recoger algún premio, justo ahora cuando le acaban de conceder el Globo de Oro al mejor actor de comedia o musical por su interpretación. Nos transmite sus dudas, sus inquietudes, su miedo a que no haya nadie que te quiera, a naufragar en lo que emprendes, a que no te valoren no ya como actor sino como padre. Es el miedo al fracaso lo que vemos en sus ojos. Y, ¿por qué no? hacemos nuestra esa vocecilla interior que tenemos dentro de nosotros. Yo no me acuerdo de cuando apareció la mía. Pero sí de que está aquí conmigo diciéndome no se te olvide meter el miedo que tú tienes a que la revista no triunfe, a que el número cinco no se venda como debiera, a que te pegues un resbalón y te comas todas las cajas de revista que están a punto de salir, a que no te lean, a que no te aprecien… Esa es una de las maravillas de Birdman: la representación de ese desasosiego interior en la pantalla.

 
El resto de actores que comparten el cartel no se quedan atrás. Un elenco prodigioso y difícil de ver en pantalla al unísono. Edward Norton (Mike) parece que ha debido de aportar sus propios miedos y que algunos de los aspectos de su carera han sido incorporados al guion. Su cara a cara con Riggan es tremendo. Excelentes trabajos como secundarios de Emma Stone (qué ojazos tiene la condenada) y Zach Galifianakis, con apariciones breves y justas. La actriz encarna a la hija de Riggan y es la plasmación física de su conciencia. Mayor presencia tiene Naomi Watts que se muestra como una de las grandes actrices camaleónicas. Muy solvente.

THE HEAT
Un aspecto curioso y que enseguida nos llama la atención es la banda sonora. Desde casi el mismo arranque oímos un solo de batería que a continuación vemos. En esos primeros momentos en los que vamos siguiendo al protagonista, como quien no quiere la cosa, y como si fuera un elemento más del attrezzo ahí está, a un lado, un tipo tocando la batería. Esto es simplemente genial. Esos temas casi hipnóticos se repetirán a lo largo del film creando el climax idóneo para el desarrollo de la acción. Este apartado se debe a Antonio Sánchez. De esto debe de saber bastante ya que es un reputado baterista de jazz mexicano.
Otro de los apartados técnicos es la fotografía. Solo aquellos que hagan fotografías sabrán la dificultad que tiene poder sacar una foto de interior en condiciones, sin sombras, sin reflejos de molestos reflejos. Si esto lo llevamos a un película en el que el 90 por ciento se desarrolla en el interior de un teatro, con diferentes ambientes que van desde el escenario, los pasillos hasta los camerinos… ¡qué dificultad tiene!. Pues Emmanuel Lubezki lo solventa con maestría (ganó un Oscars en 2013 por Gravity, Alfonso Cuarón). Vamos que AGI no lo ha dejado en manos de un advenedizo. Tampoco ha descuidado el guion. Esta película es inconcebible sino es con un sólido esqueleto. No es de extrañar que se haya rodeado de tres personas para la creación del mismo.
A pesar de que le espeten a la cara (la famosa señora-crítica-teatral-magnánima) «que es solo una celebridad, pero no actor» o (su propia hija): «te cuesta admitir que no eres relevante, eres como todos los demás»; yo sí que creo que Michael Keaton es algo más que una simple respuesta a una pregunta de Trivial. Consideración extensible a su director, al creador de Birdman, Alejandro González Iñarritu. Estamos ante una gran y meritoria película. Hay quien habla de obra maestra (me parece excesivo) pero también es una película que no gusta a todos los públicos. Véanla y así se formarán su opinión.
Birdman abrió el Festival de Venecia en su pasada edición y ya está recorriendo metros en la carrera para la final que tendrá lugar en la gala de los Oscars. De momento, con los Globos de Oro, las siete nominaciones han dado como fruto dos premios: mejor actor y mejor guion. Tal vez poco bagaje para las expectaciones que había despertado.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


The imitation game (Descifrando enigma)

La nueva película de Morten Tyldum

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Ficha
Película: The imitation game (Descifrando Enigma).
Dirección: Morten Tyldum.
Interpretación: Benedict Cumberbatch (Alan Turing), Keira Knightley (Joan), Matthew Goode (Hugh), Mark Strong (Stewart), Allen Leech (John), Charles Dance (Denniston), Rory Kinnear (detective Robert).
Países: Reino Unido y USA. Año: 2014.
Duración: 114 min. Género: Biopic, drama, thriller.
Guion: Graham Moore.
Producción: Nora Grossman, Ido Ostrowsky y Teddy Schwarzman.
Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Óscar Faura.
Montaje: William Goldenberg. Diseño de producción: Maria Djurkovic.
Vestuario: Sammy Sheldon Differ.
Distribuidora: Tripictures. Estreno en España: 1 Enero 2015.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.
Sinopsis
Durante el invierno de 1952, las autoridades británicas entraron en el hogar del matemático, analista y héroe de guerra Alan Turing (Benedict Cumberbatch), con la intención de investigar la denuncia de un robo. Acabaron arrestando a Turing acusándole de «indecencia grave», un cargo que le supondría a una devastadora condena por, lo que en aquel entonces se consideraba una ofensa criminal, ser homosexual. Los oficiales no tenían ni idea de que en realidad estaban incriminando al pionero de la informática actual. Liderando a un heterogéneo grupo de académicos, lingüistas, campeones de ajedrez y oficiales de inteligencia, se le conoce por haber descifrado el código de la inquebrantable máquina Enigma de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Un retrato intenso e inolvidable de un hombre brillante y complicado, que bajo gran presión ayudó a acortar la guerra y, consecuentemente, salvar miles de vidas.

Comentario
He querido mantener la sinopsis «oficial» que nos suministran las distribuidoras para centrarme en un detalle que no quiero que pase desapercibido: «lo que en aquel entonces se consideraba una ofensa criminal, ser homosexual». Den vueltas a este asunto mientras, una vez leída la sinopsis, les adentro en The imitation game.
Por medio de una serie de flashbacks, la película avanza o retrocede en el tiempo. Parte de un hecho: el supuesto intento de robo en la vivienda de Alan Turing en el invierno de 1952. Atrás ha quedado la guerra y también la labor del matemático durante los últimos años del conflicto que sirvieron, para entre otras cosas, acortar la duración de la guerra. Uno de esos saltos en el tiempo es hasta 1927, en su colegio, en el Sherbome School, en Dorset, Inglaterra. Es vital para conocer cómo se relaciona el joven Alan (15 años) con sus compañeros. Se muestra retraído, «raro». Entre otras cosas muestra interés (gracias a su amigo, Christopher Morcom) en la encriptación, y, sobre todo, en las matemáticas. Es tímido, solitario, y sufre el acoso de sus compañeros. En Morcom encontrará ese amigo especial que le hace replantearse su sexualidad. Pero el puritanismo reinante y las férreas convicciones trasnochadas frustran todo intento de manifestación de cariño hacia una persona del mismo sexo.

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Otro salto en el tiempo nos sitúa en la escuela de Código y Criptología del gobierno británico al frente del comandante naval Alastair Denniston (Charles Dance). Estamos en los comienzos de la guerra, en 1939 y Turing cree poder dar con la clave que revele los secretos de la máquina Enigma. Denniston ve en Alan a un joven arrogante y engreído pero por la seguridad que muestra le concede una oportunidad formando parte de un brillante equipo de matemáticos, lingüistas y hasta expertos en ajedrez. Al frente se encuentra Hugh Alexander. Los primeros momentos son de tensión ya que Alan Turing no lleva muy bien eso de someterse a otros. Él va por libre. Su arrogancia llega hasta tal punto que convence al mismísimo Winston Churchill para situarse a cargo del equipo. Lo remodela; echa a dos de sus propios compañeros y convoca un concurso para ver quién es capaz de resolver un crucigrama en apenas unos minutos. La ganadora es la joven matemática Joan Clarke (Keira Knightley). Ella será la encargada de humanizar al arisco Alan y bajarlo de la nube para que se relacione con sus congéneres.
A partir de este momento el equipo se concentrará en crear una máquina, una enorme máquina que permita descifrar los mensajes secretos de las tropas alemanas. Trabajan a contrarreloj. Los mensajes son interceptados y los alemanes lo saben. Para ello establecen todos los días una clave que es válida para ese día desde las seis de la mañana hasta las doce de la noche. Esto es posible gracias a que se hicieron con una máquina de descifrado que utilizaban los alemanes, Enigma. Tanto este tema (el descifrado en las comunicaciones nazis) como la propia máquina ya han sido llevadas al cine. Una de las más recientes e interesante es Enigma (2001, Michael Apted) con una meritoria interpretación de Kate Winslet. De aspecto muy similar a la máquina de escribir, era igual de ligera, no llevaba papel y la fuente de alimentación eran unas baterías, lo que permitía su transporte. Básicamente constaba de tres partes. Los rotores: tres especies de ruletas que marcaban el código de encriptación. Un teclado que al pulsar cada letra se iluminaban, en la parte superior, las letras y que constituían la tercera parte de la máquina. Y ya estaba. Sabiendo la combinación de las ruedas, podías descodificar el mensaje. Pero esto que está contado así de aquella manera para simplificar las cosas, en realidad era complicadísimo. Las posibilidades que daba este sistema eran millonarias (en realidad trillonarias), lo que hacía casi imposible de descifrar el código. Pero Alan Turing no se desespera. Sabe que puede conseguirlo. Solo necesita tiempo (se le agota) y algo de suerte. Ésta surge en un momento de distensión y se le enciende la bombilla dando con la clave que permite acortar tantas posibilidades y así hacer posible que en breve tiempo la máquina que idea Turing permita desvelar las órdenes nazis.

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Uno de los grandes logros de este genio es que se tuvo que enfrentar a todo el equipo para contenerles, para evitar que salieran corriendo gritando: «Eureka, hemos logrado descifrar los mensajes». Gracias a esa contención, a ese anonimato y a su genialidad pudieron seguir recibiendo (ya ahora sí, descifrando) los mensajes. Para no desvelar al enemigo que lo sabían tenían que dejar que ciertas misiones salieran victoriosas y otras no, por lo que tuvo que idear una casuística para que los alemanes no sospecharan. Genial. Entregaban unas ovejas, para salvar granjas.
Después surgen los episodios con los que comienza la historia. Esa mezquindad de acusarle de indecencia, de señalarle por tener unos gustos «distintos» y, en definitiva, por condenarle por su homosexualidad es uno de los episodios más lamentables no solo en la vida de este científico sino en el alma británica. Los avances que logró Alan Turing permitieron no solo acortar la duración de la guerra, cambiando su curso, y, por supuesto salvar miles de vidas humanas, sino que sentaron las bases para el desarrollo de «las máquinas Turing», que fueron los embriones de los modernos ordenadores. Alan Mathison Turing (1912 – 1954) está considerado como el precursor de la informática moderna y logró, también, grandes avances en lo que se refiere a la inteligencia artificial. Puso fin a sus días. Fue condenado por la justicia británica a la castración química para «reconducir o atemperar sus gustos sexuales». Hay una escena clave en The imitation game. Joan Clarke visita a Turing cuando ya había sido juzgado y sometido a esta castración. Turing avejentado, desorientado, sigue trabajando en el desarrollo de su máquina Christopher (en clara alusión a aquel amor de juventud), pero su mente está nublada por el estrógeno sintético. La cura química con la que pretendían sanar su homosexualidad le está destrozando. Su cerebro se ha esponjado, Alan se muestra incapaz de hacer un crucigrama. A los dos años de su condena Alan decide suicidarse apagando su mente cuando apenas tenías 41 años. Ser homosexual no es ser distinto ni mucho menos. Han tenido que pasar más de 50 años para que los británicos devolvieran, de forma simbólica, el honor de Alan Turing, recibiendo, en 2013, el indulto de manos de la reina Isabel II.
Morten Tyldum acomete este trabajo con resultado brillante. Tal vez podía haber incidido más sobre la condición homosexual del protagonista, pero quizás hubiera caído en el error de falsas moralinas. Creo que deja el suficiente espacio al espectador para que sea él el que le juzgue, el que saque sus propias conclusiones. Ahora es aquí donde retomo aquella frase del principio: «lo que en aquel entonces se consideraba una ofensa criminal, ser homosexual». Hoy día mostrar tu amor hacia una persona del mismo sexo se sigue persiguiendo, se sigue criminalizando, condenando y ejecutando solamente por «ser diferente». Esto es terrible. Por fortuna, poco a poco, las mentes se van volviendo más tolerantes y los países se suman al carro para adecuar estúpidas leyes que persiguen a este colectivo. El trabajo de Morten, tras su brillantísima Headhunters, no decepciona y parte con algunas posibilidades en las carreras de premios cinematográficos (aunque esto no quiera decir que sea sinónimo de calidad). Ha contado con un buen guion adaptado que permite que, a pesar de ser varios y significativos los saltos en el tiempo, podamos seguir la película con interés y sin decaer en la tensión dramática.

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Además de la pareja protagonista el resto de actores y actrices son rostros menos conocidos pero algunos sí que lo son como secundarios. Poco más que eso era Benedict Cumberbatch. Había participado en War horse (Steven Spielberg, 2011), 12 años de esclavitud (Steve McQueen, 2012) y recientemente, y por ello, más conocido en la película en la que da vida a Julian Assange, El quinto poder (Bill Condon, 2013). En el Reino Unido es bastante más conocido tras protagonizar al detective Sherlock Holmes en una serie televisiva homónima. Por aquellas tierras le tienen mucho cariño y respeto por los papeles que interpreta y lo consideran como un auténtico embajador. Este es el típico papel para lucirse y Cumberbatch no lo desperdicia. El resto, incluso la propia Keira Knightley (nominada como mejor actriz de reparto para los Globos de Oro) quedan ensombrecidos a pesar del buen trabajo en conjunto. Es una lástima no gozar más de esa sonrisa de Keira, pero la personalidad del papel de Alan, se la come.
La banda sonora es obra de uno de los más prolijos últimamente. Se trata de Alexandre Desplat. Contiene muy buenos pasajes, sin ninguna estridencia. Deliciosa.
En definitiva, comenzamos el año con una muy buena película que nos sitúa en un hecho histórico (el descifrado de la máquina Enigma); nos desvela los comienzos de la computación (máquinas Turing); narra las vicisitudes de unos de los grandes matemáticos del siglo XX (Alan Turing) y que nos invita a una reflexión sobre un aspecto privado de una persona y la repercusión que ésta puede tener en la vida. Sin lugar a dudas… ¡vayan al cine!

Os dejo un tráiler:

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


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