Próximamente el número CINCO
Ya a la venta el número CUATRO

Pídelo via mail en admin@revistaatticus.es.

Último número

Descárgate el último número.  ¡Aquí!

A HARD DAY’S NIGHT (¡QUÉ NOCHE LA DE AQUEL DIA!)

EL APOGEO DE LA BEATLEMANIA

La noche del 6 de Julio de 1964, doce mil fans se agolpaban en los alrededores de Picadilly Circus. El tráfico rodado había quedado colapsado y los bobbies londinenses sudaban la gota gorda embutidos en sus rígidos uniformes para impedir que la multitud, formada especialmente por ruidosas teenagers, tomaran por asalto el London Pavilion. La temperatura era alta para la ciudad, 27 grados centígrados, pero todavía resultaba más insoportable en el interior de aquella abigarrada multitud que rompía los tímpanos con sus gritos histéricos.Pocas horas después cayeron cuatro gotas que refrescaron algo el ambiente.

WA-Hard-Days-Night

El London Pavilion es un edificio histórico que nació como teatro en 1885 en la confluencia entre Shaftesbury Avenue y Coventry Street y en 1934 se pasó al cine. Desde 1986 es un centro comercial que forma parte del complejo London Trocadero.

Los productores de A Hard Day’s Night lo eligieron para la première mundial del primer largometraje protagonizado por los Beatles, un grupo musical que no sólo había necesitado un par de años para romper todos los records de venta con sus discos sino que se anticiparía con fuerza el movimiento renovador del swinging London, que cambiaria la moda, la cultura y las formas de vida, primero de la ciudad, después de la Gran Bretaña y finalmente del mundo entero. El grupo de Liverpool coincidiría con Mary Quant y su minifalda de más de veinte centímetros por encima de la rodilla, que descubrió los muslos de las jovencitas (y de las no tan jovencitas) y provocó más de un escándalo. Pronto se produciría el boom de Carnaby Street y sus tiendas mod (modernistas) que potenciaron aquel movimiento que iba mucho más allá de lo estético o lo musical.

La invasión cultural británica

En aquel momento, los Beatles ya formaban parte, del imparable apogeo del nuevo rock and roll que se había cocinado en la Gran Bretaña, un movimiento arrollador, conocido como la invasión británica, que sustituía a los ídolos recientes, todos norteamericanos: Elvis estaban hacienda el servicio militar; a Chuck Berry le habían puesto en prisión; Little Richard, había colgado las partituras haciéndose predicador; Buddy Holly había muerto en un accidente aéreo y Jerry Lee Lewis había dañado su imagen casándose con una niña, y menos mal que Chubby Checker mantenía el pabellón con el twist.

En 1964, los Beatles se habían convertido ya en una parte importante de aquellos «invasores» (especialmente de Estados Unidos, su cuna) que estaban transformando las esencias del rock and roll: The Rolling Stones (I Can’t Get No Satisfaction), The Who (I Can’t Esplain), The Animals (House of the Rising Sun), The Dave Clark Five (Glad All Over), The Kinks (You Really Got Me) , The Small Faces (Sha-La-La-La-Lee) y un larguísimo etcétera que le dieron un toque british al hasta el entonces monopolio estadounidense.

Su música se escuchaba en Gran Bretaña en emisoras de radio piratas como Radio Caroline, Wonderful Radio London y Swinging Radio England, ubicadas en barcos anclados en las aguas internacionales del Canal para así eludir problemas legales y romper el monopolio de la BBC, especialmente con el programa que acababa de lanzar Top of the Pops (que todavía se emite).
Musicalmente hablando, los Rolling representan la cara agresiva de aquel movimiento mientras que los Beatles son su imagen educada, son los niños buenos. Las de sus competidores son de lo más variadas.

La première en Londres
Asistieron los Beatles al completo, amigos, novias, esposas y gente tan importante como la princesa Margaret y Lord Snowdon. Fue una gala benéfica en beneficio de la Variety Club Heart Fund y la Docklands Settlements y la entrada más cara costaba quince guineas (15,75 libras). Los Beatles tuvieron problemas para bajar de su limousine y acceder a la puerta del teatro y la revista Variety escribió que solamente vieron el comienzo de la proyección y que luego abandonaron la sala discretamente (lo cual es habitual en los preestrenos) pero que asistieron a la fiesta real que se celebró después en el Dorchester Hotel, una champagne supper party, a la que también asistieron los Rolling Stones en su totalidad aunque ya se empezase a hablar de su rivalidad. Todos terminaron en el recién inaugurado Ad Lib Club de Leicester Place hasta altas horas de la madrugada, un local que se convertiría en uno de los preferidos del grupo. Cerraría un par de años después por quejas de los vecinos por su infernal ruido y cambiaría de ubicación. Si sus paredes hablaran nos enteraríamos de intimidades inconfesables.

La première en Liverpool
Cuatro días después de Londres, el 10 de julio de 1964, los Beatles estrenaron el film en Liverpool, su cuna, donde algunos de sus fans decían que eran unos traidores porque habían ido a vivir a Londres. En el aeropuerto de Speeke fueron recibidos por tres mil fans pero después a lo largo del recorrido hasta la ciudad muchos millares más les saludarían entusiásticamente. Paul McCartney recordó posteriormente: «Eran las calles que conocimos de niños, los autobuses o los cines con los que habíamos ido con chicas. Fue un cúmulo de incesantes abrazos y holas, ¿Qué tal? ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo!» Después les llevaron al Ayuntamiento, entre doscientas mil personas (un tercio de la población de la ciudad) saludándoles por las calles. Los policías se las veían y deseaban para contener a las chillonas fans. La recepción nunca la olvidarán quienes tuvieron la suerte de asistir. Estaban el alcalde, miembros del parlamento, lords y ladies, amigos, familiares, todo Liverpool y hasta el obispo de la ciudad. En el momento en que los Beatles aparecieron en el balcón, la banda municipal interpretó Can`t Buy Me Love cuando les entregaron las llaves de la ciudad. Después les llevaron en limousine al cine Odeon donde el film fue acogido con el mismo entusiasmo que en Londres.
Antes habían hecho una rueda de prensa multitudinaria y en una entrevista a John Lennon le preguntaron cuáles eran sus hobbies predilectos, respondiendo con una sola palabra “tits” (pechos). Aquella noche volvieron a dormir en sus casas de Londres.

La película
El film había surgido como pieza promocional del tercer álbum de los Beatles (los dos anteriores fueron Please, Please Me y Withthe Beatles) y nadie daba ni un penique por su rentabilidad en taquilla. Muchos ejecutivos lo consideraban como una partida más, necesaria, de los gastos generales de lanzamiento del LP (por ello costó mucho menos que la grabación del primer disco de los Beatles) y para así aprovechar el beneficio comercial añadido de la etiqueta B.S.O (banda sonora original) que entonces hacía vender más discos. Para ahorrar costes se decidió rodarla en blanco negro (entonces más barato que el color) y se aceleró su rodaje, invirtiendo sólo dieciséis semanas (empezándose el 12 de marzo de 1964) pensando que la naciente beatlemania se diluiría antes de que finalizará 1964. Su olfato comercial quedaría en entredicho cuando fue el grupo que más discos vendió durante el siglo XX y esto solamente en poco más de diez años. Después siguieron vendiéndose.

Wliverpool

Se eligió al norteamericano Richard Lester (Philadelphia, 1932) como director aunque solamente hubiese hecho piezas para televisión, un corto nominado al Oscar y un largometraje en Inglaterra en 1963 con Peter Sellers (Un ratón en la Luna, A Mouse in the Moon). Después de sus dos films con los Beatles (un año después les dirigiría en Help) se convertiría en uno de los renovadores de la comedia británica (The Knack, Petulia, Cómo gané la guerra, The Bed Sitting Room) y regresaría a su país obteniendo grandes éxitos con Superman II y III, Los tres mosqueteros o Robin y Marian.

¡Qué noche la de aquel día! es un auténtico documental sobre cuarenta y ocho horas de la vida de los Beatles, sería lo que ahora se conoce como un fake documentary (un falso documental). Comienza con los cuatro muchachos llegando corriendo a la estación de Liverpool perseguidos por un grupo de fans, de las que pueden huir a duras penas y que eran fans de verdad, no figurantes. Van a Londres a participar en un programa de televisión.

John, Paul, Ringo y George se interpretan a sí mismos mientras que los personajes que les acompañan son actores que el guión trata de que se parezcan lo más posible a la gente que rodeaba a los Beatles, sus representantes (que los tratan paternalmente como a chiquillos traviesos), el director y técnicos de la televisión… introduciendo a un hipotético abuelo de Paul, cuyo actor (Wilfrid Brambell) se había hecho muy popular en la serie Steptoe and Son, en que hacía un mendigo a quien la gente se le dirigía como You dirt yold man (tú, viejo y sucio). Por eso, en la película todos dicen que era un hombre very clean (muy limpio aunque en el doblaje digan pulcro). En la realidad, el actor era sólo treinta años mayor que su «nieto» Paul. Su personaje simboliza el rechazo de las «viejas generaciones» a la irrupción de los Beatles, «unos melenudos de vida disoluta, que está llevando el país a la ruina y destrozando los valores que hicieron grande a la Gran Bretaña». En una secuencia, un veterano le dice a Ringo: «Luché en la guerra por gente como ustedes», «Apuesto a que se arrepiente de haber ganado», le responde éste.

WPinterest 1

La música y el tono de comedia no ocultan una crítica irreverente de casi toda la sociedad británica de aquellos momentos, rechazando constantemente el orden establecido, los paranoicos productores de televisión, los publicitarios, los periodistas frenéticos, la estupidez de la policía, los retrógrados, la familia irritante, la autoridad en general y hasta las fans chillonas e histéricas. Los cuatro protagonistas tratan constantemente de diferenciar lo falso de lo verdadero. El film es una continua y total transgresión de todas las normas temáticas y estéticas establecidas.

Los números musicales están montados de forma frenética. Lester trató en lo posible cortar las imágenes al ritmo de la música convirtiéndolos sin lugar a dudas en pioneros de los todavía inexistentes video-clips y que tardarían más de una década en llegar. Cada una de las secuencias musicales funciona de forma independiente, por separado, convirtiendo cada canción en las piezas ideales de los jukeboxes con imagen que entonces empezaron a popularizarse aunque sin llegar a la altura de los jukeboxes de discos. Escenarios naturales reconocibles y estudios se utilizan de forma muy imaginativa, rompiendo las unidades de tiempo y espacio para que el grupo se muestre tal como es, como unos críos traviesos pero inteligentes, afables, sencillos, un tanto rebeldes a quienes les gusta jugar con lo que tienen a mano.
Lenon (23 años), McCartney (21), Harrison (20) y Ringo (23) saltan, brincan, corren, huyen de chicas… y cantan. Estas edades son muy elocuentes parta demostrar que aparte de críos eran una genios de la música, en aquellos momentos capaces de cambiar de arriba abajo todo lo que se había escuchado hasta entonces.

WA Hard Days Night (18)

La otra parte del film, la dialogada viene marcada por un sentido del humor tan surrealista y kafkiano como el de los hermanos Marx y que, por las declaraciones del guionista Alun Owen, representan cómo era realmente el grupo, a lo que habría que añadir que él supo captar sus personalidades y definirlas para la película. La mayoría de situaciones es obra de la imaginación del grupo y los diálogos casi siempre se improvisaron, aunque John Lennon y el guionista fueran sus principales desencadenantes, ellos les provocaban para que soltasen lo que llevaban dentro. Al parecer, esta improvisación se produjo porque los Beatles eran incapaces de recordar los diálogos del guión porque no los trabajaban, se limitaban a ensayarlos en la limousine que cada día les llevaba al rodaje y luego no los recordaban .En una secuencia, Ringo parece una reencarnación de Harpo Marx, mientras que las ocurrentes réplicas de Groucho están en boca de todo el grupo. El personaje del abuelo pasa a ser el desencadenante principal de este humor «marxista».

Este sentido del humor del grupo fue un descubrimiento para una gran mayoría de sus fans. Sin embargo, George Harrison declaró posteriormente: «El humor era algo inherente a los Beatles, éramos realmente graciosos» y que la gente decía: «éramos los nuevos hermanos Marx». Mc Cartney decía «nos llamaban los hermanos Marx británicos». El guion es una maravilla en cuanto al equilibrio que le infundió a la personalidad de cada uno de los Beatles, dándoles un protagonismo similar a todos ellos sin que ninguno sobresaliera de los demás, ni metiéndoles en escenas románticas, lo que hubiese irritado seguramente a las fans.

La película redefinió el concepto del cine musical pop, entonces desprestigiado, huyendo por ejemplo de la ñoñería de los films de Elvis Presley (o las de Cliff Richard) y se convirtió en un modelo a seguir por un aire renovador influenciando también las películas para jóvenes. Al mismo tiempo reforzó el concepto popular de la beatlemania, consagrando a los Beatles como unos muchachos irreverentes, divertidos, descarados e irresistibles que se metieron a todo el mundo en el bolsillo, plasmando con fidelidad absoluta un fenómeno musical y sociológico todavía en embrión que anunciaba con firmeza su inminente despegue.

Uno de los secretos de la aportación de Richard Lester fue la utilización simultánea de varias cámaras que le consiguieron infinidad de planos diferentes, un material imprescindible para su imaginativo montaje. Lester les dijo a los actores que se moviesen con entera libertad y que las cámaras ya se encargarían de seguirles, eliminando así los corsés de las incómodas marcas de tiza en el suelo que coartaban sus movimientos.

Los Beatles en España
El film se estrenó en Madrid el 14 septiembre 1964 y en Barcelona el 22 de aquel mismo mes, siendo calificada oficialmente para mayores de 14 años.
Entre 1 y 4 de Julio de 1965 los Beatles estuvieron en España para actuar en Madrid y Barcelona. El 2 de Julio lo hicieron en la plaza de las Ventas presentados por Torrebruno. La entrada más barata costaba 75 pesetas y 400 la más cara, muy caras para la época, lo que restó mucho publico, a lo que contribuyó también la exagerada presencia de «grises» para evitar posibles disturbios. Al día siguiente lo hicieron en la plaza de toros Monumental de Barcelona con Los Shakers y a Los Sirex a la que acudieron más espectadores. La prensa calificó de fracaso ambos conciertos.

beatlesmontera

La acogida de la crítica internacional fue extraordinaria. Dos muestras: Newsweek dijo: «la película es como el Ciudadano Kane del cine musical»; Time la consideró: «como una de las cien mejores películas de todos los tiempos» y Leslie Halliwell, la describió como: «fantasía cómica con música». J. Figueras en La Vanguardia elogia: «la sana rebeldía del film» y destaca: «rompe moldes». A G. Bolin (ABC) no le gustó nada el film: «es una película medianamente graciosa» y «los Beatles no tienen nada de actores» reconociendo eso sí la calidad de la banda sonora.

Nota de la Redacción. Hay un enlace en una plataforma de vídeos donde se puede ver (on line) la película). Este artículo podrás verlo en Revista Atticus 26, nuetro próximo número, que estará disponible… cuando lo tengamos listo, fieles a nuestra filosofía de acudir a la cita cuando tengamos el producto acabado y con la calidad que os merecéis.

Ángel Comas

Revista Atticus


Marcador

El abuelo que saltó por la ventana y se largó

WEL_ABUELO-poster_finalFicha
Película: El abuelo que saltó por la ventana y se largó.
Título original: Hundraåringen som klev ut genom fönstret och försvann.
Interpretación: Robert Gustafsson (Allan Karlsson), Iwar Wiklander (Julius), David Wiberg (Benny), Mia Skäringer (Gunilla), Jens Hultén, Bianca Cruzeiro, Alan Ford (Pim).
Dirección: Felix Herngren. País: Suecia.
Año: 2013. Duración: 114 min. Género: Comedia dramática.
Guion: Felix herngren y hans Ingemansson; basado en la novela de Jonas Jonasson.
Producción: Malte Forssell, Felix Herngren, Henrik Jansson-Schweizer y Patrick Nebout. Fotografía: Göran Hallberg. Montaje: Henrik Källberg.
Diseño de producción: Mikael Varhelyi. Vestuario: Madeleine Thor.
Distribuidora: A Contracorriente Films.
Estreno en Suecia: 25 Diciembre 2013. Estreno en España: 11 Julio 2014.

Sinopsis
Basada en el sorprendente fenómeno literario de Jonas Jonasson. El día que va a cumplir 100 años, un abuelo se fuga de la residencia en la que vive y de forma casual se ve inmerso en una delirante trama criminal. No gran cosa para un hombre que vivió los acontecimientos más importantes del siglo XX conociendo a Einstein, Franco, Stalin, Mao, Reagan y Gorbachov. Un abuelo excéntrico que no está dispuesto a renunciar al placer de estar vivo.

Comentario
El abuelo que saltó por la ventana y se largó está basada en la novela homónima de Jonas Jonasson. El libro tiene unas cifras envidiables. En Suecia se han vendido más de un millón de ejemplares (cada sueco debe de tener un ejemplar encima de la mesilla); se ha publicado en treinta y ocho países; y han vendido más de seis millones de ejemplares en todo el mundo. Estoy seguro que este currículo ha sido muy determinante a la hora de llevar este proyecto a la pantalla.
En su día leí el libro. Dos son los recuerdos que me quedaron con nitidez. Por un lado la narración hilarante de los hechos y por otro la azarosa vida de su protagonista. A lo largo de sus cien años, Allan Karlsson, el protagonista, ha sido testigo en alguno de los acontecimientos históricos más relevantes del siglo XX. La conjunción de ambas circunstancia me agradó. Recuerdo haber consultado en algún momento alguna biografía o alguna fecha para ver si era posible tal o cual coincidencia.
Con curiosidad (y cierto recelo) me acerqué a ver la película de Felix Herngren. Sigue con bastante fidelidad el libro lo cual lo encorseta un poco y le impide disfrutar de mayor libertad a la hora de afrontar las distintas tramas. Es muy difícil llevar al cine la adaptación de una novela, pero es más difícil todavía reflejar en cerca de dos horas todas las circunstancias y personajes que desfilan por la vida de Allan Karlsson. Por la pantalla discurren de forma paralela las dos tramas principales: la vida actual (el arranque de la cinta es el momento en que el abuelo salta por la ventana el día de su centenario cumpleaños) y el recuerdo de los principales hitos de la centenaria vida de Allan y su afición por hacer explotar las cosas. Ese es el principal quid de la cuestión. Allan siente una desmedida afición por todo aquello que estalla. Comienza con la simple travesura de hacer explotar un petardo hasta… la ayuda en la construcción de la bomba atómica. Este episodio se conoce como el Proyecto Manhattan. Los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial llevó a los Estados Unidos (con la ayuda de Reino Unido y Canadá) a desarrollar la bomba atómica antes de que los nazis lo consiguieran. El proyecto lo dirigía Julius Robert Oppenheimer. Este físico estaba atascado en sus investigaciones cuando apareció por allí nuestro personajes para «echarle una mano» con su simple pero efectiva visión de las cosas. Y es así como nos podemos recrear con este vejete visitando a personajes tan dispares como Einstein, Franco, Stalin, Mao, Reagan o Gorbachov; así como viajar por medio mundo. Recala en el propio Manhattan y hasta trabaja en la construcción, en 1930, del mítico Empire State (curiosa y desternillante secuencia con un martillo de por medio propia de los Hermanos Marx). Y a todo esto hay que añadir la pandilla de amigos que encuentra en su huida. Una huida que no tendría mas consecuencia que los disgustos que le hubiera causado a la propia institución de la que se escapa Allan y a sus amigos y familiares, sino fuera porque se queda con una maleta ajena. Esta trama es la que más situaciónes cómicas (con jugosos diálogos) proporciona. La maleta pertenece a una banda criminal y está llena de dinero. Una serie de sicarios (y hasta el propio jefe de la banda) tratará de hacerse con ella. El anciano y sus «compinches» irán esquivando (¡y de qué manera!) los distintos peligros que les van saliendo por el camino. Importante papel tiene también en la historia el policía (al más puro estilo del inspector Clousseau) que se encarga de la investigación.

WThe_Centenarian130513day_0501368

Lógicamente el motor de todo la narracción se sustenta en el anciano Allan. La única premisa que parece tener en su cabeza (además de su aficción por el vodka y de hacer saltar por lo aires todo lo que se proponga) es la de «las cosas son como son y así seguirán siendo». Esta ingenuidad unida a una relativa inocencia y falta de responsabilidad hacen de Allan un personaje que se desenvuelve magistralmente entre los mayores tiranos o los presidentes de las grandes potencias mundiales.

Todo ello hacen de El abuelo… la película más taquillera del cine sueco (por encima de Ingmar Bergman) cargándose de un plumazo aquello de que este era escueto, pesado y frío. No era misión fácil llevar al cine esta adaptación. Cumple perfectamente con el entretenimiento de los espectadores. Estamos en verano y es una alternativa a las megaproducciones de golpes y efectos especiales (con o sin 3D) habituales en esta época (y, lamentablemente, cada vez con mayor presencia durante el resto del año).

WThe_Centenarian130607day_01905184

Os dejo un tráiler:

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

Richard Hamilton, pionero del Pop Art

Richard Hamilton, pionero del Pop Art

Con motivo de la retrospectiva que se celebra en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía sobre Richard Hamilton (y la exposición Mitos del Pop que tiene lugar en el Museo Thyssen-Bornemisza), vamos a indagar y a adentrarnos un poco más en la vida de este genial artista, pionero del Pop Art no solo en Gran Bretaña, sino también en el mundo.

Richard Hamilton nació en Londres el 24 de febrero de 1922 y es considerado el pionero y creador del Pop Art. Hamilton dejará el colegio sin haber conseguido ningún título y rápidamente entrará a trabajar a una agencia publicitaria mientras por las noches aprendía lecciones de arte en el Saint Martin’s School of Art y en el Westminster Technical College.

Con 16 años algo afectará a su vida: entrará en la Royal Academy of Art para estudiar pintura y aquí estará durante dos años. No va a ser hasta 1950 cuando Richard Hamilton lleve a cabo su primera exposición en solitario (con una colección realizada en aguafuerte). La obra de Richard Hamilton está claramente influida por Cézanne, el cubismo, el futurismo y la cronofotografía, donde se interesará por el movimiento y la perspectiva. En el año 1936 se le expulsa de la Royal Academy porque «no sacaba provecho de la instrucción dada en la Escuela de Pintura».

En el año 1948 James Joyce y Marcel Duchamp se convertirán en claras influencias sobre su pensamiento, como se puede ver en sus grabados de la serie Reaper (1949-1951).

Reaper (e) 1949 by Richard Hamilton 1922-2011

Reaper (e) 1949 by Richard Hamilton 1922-2011

El año 1952, dos años después de su primera exposición, será un año clave en su trayectoria como artista: empieza a impartir clases de tipografía y diseño industrial en la Escuela Central de Arte y Diseño de Londres y al mismo tiempo, junto a Eduardo Paolozzi, Lawrence Alloway y Nigel Henderson, entre otros, funda el Independent Group en el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres (ICA). Este grupo pretendía no solo el debate artístico, sino también reflexionar sobre las imágenes de la cultura popular y fomentar obras que no tuvieran nada que ver con el expresionismo abstracto americano ni con las típicas vanguardias europeas.

A Lawrence Alloway se le adjudica haber elegido el nombre de «pop» para este tipo de arte, pero será Richard Hamilton que el utilice por primera vez el término en su famosa obra de 1956 Just what is it that makes today’s homes so different, so appealing? (¿Qué es lo que hace que los hogares de hoy sean tan diferentes, tan atractivos?) y además, un año después, el propio Hamilton definirá este arte como un «arte popular, transitorio, fungible, de bajo coste, producido en serie, joven, ingenioso, atractivo, efectista, glamuroso y de las grandes empresas».

Richard Hamilton. Just what is it that makes today’s homes so different, so appealing? [¿Qué es lo que hace que las casas de hoy sean tan diferentes, tan atractivas?], 1956/1992. Collage. 26 x 25 cm. Colección particular. © R. Hamilton. All Rights Reserved, VEGAP, Madrid, 2014

Richard Hamilton. Just what is it that makes today’s homes so different, so appealing? [¿Qué es lo que hace que las casas de hoy sean tan diferentes, tan atractivas?], 1956/1992. Collage. 26 x 25 cm. Colección particular. © R. Hamilton. All Rights Reserved, VEGAP, Madrid, 2014

Así pues, se hace una re-formulación del material de base y se filtra a través de las convenciones propias de las Bellas Artes, tratándolo con una indiferencia fría.

A partir de aquí, el pop es lo que triunfa dentro de estas corrientes que se han ido dando en los años 60′. El punto de partida es la publicidad y la baja cultura por su autenticidad, porque tiene abundancia de elementos que te pueden inspirar. Esa abundancia implícita y la autenticidad de lo real, se contraponen a la alta cultura. La alta cultura era lo exclusivo y la baja cultura era lo popular.

Todo esto les llevará a que en el año 1956 hicieran una exposición en la Whitechapel Art Gallery que se tituló «This is tomorrow» y la foto que puso para la exposición Hamilton fue lo que marcó el comienzo de este nuevo Pop Art: ¿Qué es lo que hace que los hogares de hoy sean tan diferentes, tan atractivos?

Así pues, este será el manifiesto del pop art británico. Son todo objetos que llegaban a Inglaterra de la joven América, elementos de la nueva sociedad americana de masas, con una pin-up (chicas de revista) y su pareja que es un culturista, y metidos en un hogar. El culturista sujeta un chupa-chups donde pone la palabra POP, que es un fragmento de una marca de caramelos, la «American Tootsie Roll Pop». Además, aparecen también elementos de esa baja cultura, de esa cultura de masas, como una televisión, el logotipo de ford, un cómic…

A partir de esta obra, el resto de su producción se nutrirá de motivos y elementos propios de esa cultura popular y de masas.

Esta obra va a ser el hito que marque el inicio del Pop, pero no hay que olvidar que Richard Hamilton es creador y causante de otras grandes obras del Pop, como puede ser la cubierta del White Album que hizo para los Beatles en el año 1968. Gracias a esto, Hamilton y sus colagges se harán famosos por todo el mundo ya que será uno de los mejores diseñadores gráficos de las obras de los Beatles y llegará, en el año 1960, a ser uno de los máximos exponentes del Pop-Art junto a Andy Warhol.
A partir del año 1964 se pueden ver dos líneas de desarrollo estilístico en la obra de Hamilton. La primera es ese enfoque conceptual inspirado en Joyce y Duchamp como se puede ver en Epifanía, que es un homenaje al arte pop americano pero al mismo tiempo no deja de ser un Ready-made.

 

La segunda corriente estilística implica ya una obra más sofisticada, con una tendencia casi manierista que implicará «imágenes sobre imágenes» y anunciados mediante la serigrafía. Aunque la obra de Hamilton explora ese mundo de consumo, también hay que destacar que profundiza en géneros y estilos de las obras más importantes de los grandes creadores, como se muestra en 1973 con sus grabados Homenaje a Picasso, que se editó con motivo del noventa aniversario del nacimiento de Pablo Picasso, donde Las Meninas de Diego Velázquez, darán una vuelta más, con un estilo muy personal del artista pop.

Las Meninas. Aguafuerte, aguatinta al azúcar, barniz blando, grabado de puntos, ruleta, punta seca y bruñidor, 750 x 570 mm 1973. Colección del artista

Las Meninas. Aguafuerte, aguatinta al azúcar, barniz blando, grabado de puntos, ruleta, punta seca y bruñidor, 750 x 570 mm 1973. Colección del artista

A partir de finales de 1970, la actividad de Hamilton se concentrará sobre todo en la investigación de los procesos de grabado, usando muchas veces combinaciones poco usuales y complejas. Así, hará parte de sus grandes lienzos, como se ve en The Citizen, que tendrá como tema la protesta de un preso republicano irlandés en su presidio.

La obra está dividida en dos secciones iguales que recuerdan mucho a las imágenes de devoción tradicionales en forma de díptico, que contrastan con esa figura de Cristo que es la imagen del prisionero. Aquí ya muestra la politización de su trabajo.

Richard Hamilton muere el 13 de septiembre del año 2011 en Londres debido a un cáncer cuando estaba preparando una gran retrospectiva que iba a pasar por Los Ángeles, Filadelfia, Londres y Madrid durante el año 2013. Pero su legado es impresionante, tanto hoy en día como en sus tiempos, siendo influencia y motivación para otros artistas.

Hamilton va a ser sobre todo inspiración e influencia para artistas como Andy Warhol, Roy Lichtenstein o Robert Rauschenberg, éste último moviéndose entre el expresionismo abstracto americano y el arte pop. Además, su uso de las imágenes sobre la cultura consumista en el arte, influirá a David Hockney, artista inglés.

Al haber sido profesor en el Royal College of Art de Londres, su influencia pasó de generación en generación gracias a sus alumnos.

Pero si nos venimos a una etapa actual, algo más cercano en el tiempo, también podemos ver influencia de Richard Hamilton en el controvertido y cotizado artista británico Damien Hirst y a otros muchos artistas influidos por el arte conceptual.

Así pues, Richard Hamilton influirá en ese llamado «pop europeo» y en el «pop americano», cuya máxima fascinación se ve en el producto industrial y en el mundo mecánico, tanto como en la cultura popular y una gran crítica a la sociedad de consumo y de hecho, esa influencia ha hecho que el diseño en sí mismo se haya situado en un lugar privilegiado hoy en día.

Nota de la Redacción. Damos la bienvenida a Cristina Gozález Vítores que se une a nuestro proyecto cultural Os invitamos para que visitéis su blog. Como complemento a esta información puedes consultar el enlace a los dos museos (arriba enlazados) y también te puedes descargar el número de Revista Atticus en el que hicimos un extenso reportaje sobre el Pop Art.  Pincha en el enlace y accedes al número 20 publicado en enero de 2013.

Revista Atticus 20

Cristina González Vítores

Revista Atticus


Un largo viaje.Alguna vez tiene que cesar el odio

WLargo_Viaje_1200px

Ficha
Película: Un largo viaje. Título original: The railway man.
Interpretación: Colin Firth (Eric), Nicole Kidman (Patti), Jeremy Irvine (Eric joven), Stellan Skarsgård (Finlay), Sam Reid (Finlay joven), Hiroyuki Sanada (Takeshi Nagase).
Dirección: Jonathan Teplitzky.
Países: Australia y Reino Unido. Año: 2013.
Duración: 116 min.
Género: Biopic, drama. Guion: Frank Cottrell Boyce y Andy Paterson; basado en el libro de Eric Lomax.
Producción: Chris Brown, Bill Curbishley y Andy Paterson.
Música: David Hirschfelder. Fotografía: Garry Phillips. Montaje: Martin Connor.
Diseño de producción: Steven Jones-Evans. Vestuario: Lizzy Gardiner.
Distribuidora: DeAPlaneta.
Estreno en España: 4 Julio 2014.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.

Sinopsis
Eric Lomax es un oficial británico fascinado desde su infancia por los ferrocarriles. Durante la Segunda Guerra Mundial fue capturado por los japoneses y enviado a un campo de trabajo en la línea férrea entre Birmania y Tailandia. Allí, él y sus compañeros tuvieron que sobrevivir en condiciones extremas a las torturas de sus captores. Décadas después, Lomax vive en el norte de Inglaterra retirado junto a su esposa Patricia y centrado en su pasión por los trenes, cuando descubre que el soldado japonés responsable de gran parte de su sufrimiento sigue vivo.

Comentario
Prometía mucho esta película. Dos actores con mucho tirón, dos guapos del cine, dos reclamos publicitarios (Colin Firth y Nicole Kidman –o alguien que se parece mucho a la que yo conocía-). Y la vitola de la presentación oficial en dos Festivales Internacionales de Cine, el de Toronto y el de San Sebastián. Nada más sabía de esta película. Este estado virginal, a veces, te juega una mala pasada. Hay días en los que quieres ver una determinada película en lugar de otra. Vamos que hay días que quieres algo ligerito. Y ese día en concreto, no me apetecía ver una de guerra, o, como es el caso, una de un drama que tiene como punto fuerte un hecho histórico: la construcción del llamado «Ferrocarril de la muerte» entre Tailandia y Birmania en 1942 por prisioneros (con numerosa presencia británica) de guerra. Ya que estaba dentro de la sala, pues me apliqué e intenté sacar partido a esta cinta que tanto prometía.

Un largo viaje te remite a otra versión de estos acontecimientos: El puente sobre el río Kwai (David Lean, 1957). Mítica y legendaria cinta que narra este mismo episodio pero con una actuación de los japoneses ante los prisioneros británicos mucho más benévola de lo que los hechos históricos parecen haber demostrado: un crimen de guerra cometido por Japón en Asía (por su manera de tratar a los prisioneros en unas condiciones terribles –murieron cerca de cien mil personas-). La Batalla de Midway, en junio de 1942, tuvo como resultado la derrotada de la armada japonesa y supuso el cierre de la ruta por mar hacia el océano Índico. Para abastecer a los militares japoneses en Birmania había que construir una vía férrea entre China e India. Pero había una sección de más de cuatrocientos kilómetros entre Tailandia y Birmania que era una obra faraónica y casi imposible. Antes de que estallara el conflicto los británicos habían sopesado la realización de esa línea, pero la tuvieron que descartar por lo abrupto del terreno (montaña y selva), por las duras condiciones climatológicas y las enfermedades tropicales que ponían en peligro la vida de los trabajadores. Un hecho a tener en cuenta es que el gobierno japonés no había firmado la Convención de Ginebra (una especie de carta sobre los Derechos Humanos de los prisioneros de guerra y personal civil) y consideraba a cualquier persona hecha prisionera como una especie de esclavo, perdiendo todo derecho humano.

Un largo viaje se centra en dos historias. Por medio de flashback se alternan los acontecimientos de 1942 con la época actual. En 1942 miles de soldados británicos se convierten en prisioneros de guerra tras la toma de Singapur por tropas japonesas. Eric Lomax y su grupo de amigos, soldados, que se encuentran prisioneros, son obligados a trabajar en unas duras condiciones en la construcción de esa línea de ferrocarril. El punto lo focaliza el joven Eric (magníficamente interpretado por Jeremy Irvine –War Horse, 2011) que las tiene tiesas con el traductor japonés que se toma más atribuciones que las de un mero interprete. Eric, desde que tiene uso de razón, es un amante de los ferrocarriles y esta afición le causará un tremendo dolor pues es considerado como un espía. Él solo quiere insuflar un poco de ánimo y coraje en los prisioneros (desnutridos, golpeados, y víctimas de enfermedades tropicales). Para ello decide construir una radio con la que pueda oír como las tropas aliadas van ganando terreno. La victoria final es la única esperanza, el único alimento posible en ese infierno. De cómo revive (el dolor) lo que allí sucede trata la parte de la cinta en la época actual, la que interpreta Colin Firth. Un hombre atormentado por su pasado que vive recluido y que trata de aliviar su pena al conocer, en un tren, a Patti (Nicole Kidman). Guarda silencio de lo que allá sucedió y sus noches están llenas de pesadillas, de recuerdos dolorosos. La noticia de que su captor, su carcelero y torturador Takashi Nagase sigue vivo y ahora vive del turismo enseñando los lugares donde aconteció uno de los más horribles episodios bélicos de las tropas del Imperio Británico, le altera. En esta historia protagonizada por hombres es cuando surge la figura de Patti. Ella tratará de ser la enfermera del alma, la que trate de apaciguar a Eric con su amor como única medicina.

WP7022701

La historia terrible está basada en un hecho real. Eric Lomax escribió The Railway Man narrando sus experiencias durante su cautiverio y su posterior encuentro con su temido carcelero. Los conflictos bélicos son una mala solución. Mandamos a nuestros hombres (ahora lo correcto es decir, y a nuestras mujeres) a la guerra y luego no sabemos qué hacer con ellos. Los horrores de la guerra no acaban con la firma del Tratado de Paz. Si sobreviven, regresan destrozados, es muy difícil rehacer una vida cuando has tenido que matar o, simplemente, luchar para sobrevivir en medio de un infierno. Enfrente nuestro solo tienes otros seres que tratan de hacer lo mismo que tú. No tienes al ideólogo de la guerra frente a ti. Eso parece ser lo que Eric busca en Nagase. Pero solo tiene ante él a un hombre. De eso trata Un largo viaje. Trata de cómo el ser humano es capaz de adaptarse a unas situaciones límites, de cómo es capaz de sobrevivir a la guerra y luego tener que adaptarse a la paz de una vida destrozada. Los horrores de la guerra permanecen en la mente. ¿Cabe perdonar la vida a tu carcelero? Y también trata del poder de la mentira. Nos mienten constantemente y nos hacemos los crédulos; y luego, claro, no podemos hacer ya nada. Nos mienten sobre el estado de la cuestión; nos mienten y nos dicen que no se puede hacer nada, que esto o aquello es inevitable. ¡Qué no! ¡Qué no hay guerras justas! Que solo hay guerras.

Un largo viaje es una gran producción en la línea de Memorias de África (Sydney Pollack, 1985), El velo pintado (John Curran, 2006) y, por supuesto, la aludida anteriormente, que constituye una bienintencionada película-testimonio. No han reparado en gastos en los más de cinco años de producción. La fotografía es muy meritoria. Es la que se encarga de reflejar (y diferenciar las imágenes) el frío invierno de la campiña inglesa y el tórrido clima del Lejano Oriente. A pesar de sus logros (que los tiene) Jonathan Teplitzky no consigue crear el climax que nos emocione, que nos toque la fibra más allá de ver en la pantalla la repugnante tortura (mucho abuso del uso de estas imágenes) que nos obliga a apartar la vista de la pantalla. Al final de la película, sales del cine diciendo: «qué grande es el cine, pero… podía haber sido un peliculón» El resultado de Un largo viaje tiene algo de inexpresivo como el rostro nuevo que ahora tiene Nicole Kidman (mis conocimientos no alcanzan a saber si es fruto del botox o de la cirugía). Vayan al cine, es un buen remedio contra el calor del verano (ah, para los amigos australes, es bueno para resguardarse del frío).

WTRM_D023_00059

Eric Lomax falleció, en 2012, poco antes de finalizar el montaje de la película. Frank Cottrell Boyce (guionista) dijo de él: «su mayor victoria fue librarse de las oscuras sombras que lo habían perseguido y morir con el corazón lleno de amistad, dulzura, amor y trenes de vapor».

Un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

Henri Cartier-Bresson. El ojo del siglo, en la Fundación Mapfre

«Soy visual […] Observo, observo y observo. Yo comprendo con los ojos»
Henri Cartier-Bresson

Desde el 28 de junio y hasta el 7 de septiembre de este año, tendremos la oportunidad de ver, en la Fundación Mapfre –sede del Paseo de Recoletos de Madrid- la exposición retrospectiva dedicada al fotógrafo francés, Henri Cartier-Bresson. Es la primera vez que se hace una muestra del artista de modo cronológico, ya que previamente, en otras retrospectivas y exposiciones suyas, se había presentado su obra desde una perspectiva geográfica, centrándose en los diferentes lugares que había pisado, y los distintos episodios que había vivido a lo largo de su existencia nómada.

Alberto Giacometti, rue d’Alésia, París, Francia, 1961 Gelatina de plata, copia realizada en 1962 Colección Fundación Henri Cartier-Bresson, París © Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos, cortesía Fundación Henri Cartier-Bresson

La primera parte o etapa, abarca su niñez y adolescencia. Sus primeros pasos con la pintura, los collages, la cámara fotográfica. Hasta los veinte años, su obra iniciática se fundamenta en retratos de familia y vecinos, cartas a su madre con dibujos infantiles en los márgenes, collages con referencias al cine –una de sus grandes pasiones, que le acompañará toda su vida- y óleos con influencias de Cézanne y tempranos guiños al surrealismo. Así como reminiscencias de Mélies, André Breton, la fiebre «moustache» que tan en auge ha vuelto a nuestros días, etcétera. Desde muy pequeño toma conciencia de la realidad que le rodea; y en el collage Por el amor y contra el trabajo industrial, de 1931, se aprecia una fuerte presencia de la desigualdad y de la injusticia social.

 
Sus primeras fotografías estarán influidas por el estilo fotográfico del maestro Atget, y suelen mostrar maniquíes, escaparates, manos, pies y piernas, sin ningún orden ni concierto, algo que por otra parte, es especialmente surrealista. Así como la deformación de la anatomía. Están realizadas en sus múltiples viajes por la vieja Europa. Budapest, Rouen, Viena… En estas primeras instantáneas podemos comprobar su pequeño formato, gracias a la novedad que ha incluido el comisario de la exposición, Clément Chéroux. Para esta gran retrospectiva, se han presentado únicamente revelados de la época, los llamados «vintage», que en un principio, son de tamaño más reducido, y según avanza su obra, el tamaño se agranda y los contrastes tienden a aumentar.

 
Sobresale First Album, cuaderno con espiral y portada de cartón –expuesto el original, y también el digitalizado-, que realizó durante el verano de 1931 en su viaje por diversas capitales europeas, a finales de los años veinte, pero también incluye las imágenes africanas. Imágenes capturadas en Costa de Marfil, que no reflejan las tradicionales ceremonias o ritos, costumbres y folklores oriundos, sino una vida cotidiana basada en la más pura naturalidad y realidad de los ambientes aborígenes con los que se encontró y que tanto le impactaron e inspiraron. En contraposición a las instantáneas de los rituales africanos que realiza una de las novísimas miembros de la Agencia Magnum, Cristina García-Rodero, más teatrales y tendentes al espectáculo.

 
Con la inmersión en el surrealismo y su contacto con sus máximos representantes, otro estilo de fotografía emerge en la producción «cartier-bressonista». Una característica fundamental, será la llamada «explosivo-fija» o «explosante-fixe», definida por André Breton como «el estado de una cosa percibida simultáneamente en movimiento y en reposo». Varios de estos ejemplos los lleva a cabo en España, uno muy significativo en Barcelona, en el que plasma a un transeúnte apresurado que pasa por delante de un puesto de lotería.

 
Como subraya Jiménez Burillo, Director del Área de Cultura de la Fundación Mapfre, en este primer período, sobresale una renuncia al pictorialismo en su obra. Hay un claro acercamiento a los diferentes lenguajes artísticos, y aleja al espectador de la fotografía-retrato como se había concebido hasta ahora.

 
La segunda parte de la exposición se centra en su compromiso con el Partido Comunista, que le llevará a viajar por toda Europa y a fotografiar con una clara vocación social. Cumple con el servicio militar tras terminar sus estudios en el taller de Lhote, y realiza panfletos con llamamientos a la lucha y a la unidad de acción (fotos 8 y 9). Se convierte en un militante muy activo junto con algunos otros integrantes del movimiento surrealista como Breton, Aragon o Paul Éluard.

Martine Franck, París, Francia, 1967 Gelatina de plata, copia de época Colección Eric et Louise Franck, Londres © Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos, cortesía Fundación Henri Cartier-Bresson

Martine Franck, París, Francia, 1967
Gelatina de plata, copia de época
Colección Eric et Louise Franck, Londres
© Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos, cortesía Fundación Henri Cartier-Bresson

Sus amistades tanto en México como en Francia y España se relacionan con el Partido, y a la vuelta de sus viajes colabora en la sección de prensa diseñando octavillas propagandísticas.
Es testigo de la Guerra Civil española y la plasma en fotografías y películas. Los rostros de la pobreza, los mendigos y los indigentes son frecuentes en esta etapa. Filma Victoria de la vida o Return to Life en 1938, sobre el conflicto entre las dos Españas, reflejando las miserias siempre del lado de los más desfavorecidos, los niños y las mujeres. Se exponen diversos fotogramas del filmado en esta retrospectiva, así como el cartel de mano. Junto a Jacques Lemare y Herbert Kline graban los efectos de los bombardeos sobre Madrid, la instalación de hospitales de campaña o la rehabilitación de los heridos en la retaguardia. Son testimonios gráficos impagables de la contienda, con una firma de la más alta calidad.

 
En el campo del cine probará también suerte rodando historias sobre el regreso de los prisioneros de guerra Le Retour y sobre los últimos días del Reich, con impresiones sobrecogedoras de cementerios, cochecitos de niño quemados o la liberación de París.

 
La tercera y última estación de la exposición parte en febrero de 1947, cuando funda junto con Robert Capa, David Seymour, George Rodger y William Vandivert, la Agencia Magnum, icono mundial de los reportajes gráficos de calidad. Esta fase se caracteriza por su compromiso social –siempre presente a lo largo de su trayectoria- y viaja a distintos lugares del mundo para captar con su “ojo universal” diferentes acontecimientos que marcaron el rumbo de países y de personas. De su etapa de reportero, serán importantísimas las instantáneas que toma en India de las exequias de Gandhi, que serán publicadas en la revista Life dos semanas después de ser reveladas y darán la vuelta al mundo. Otros fotorreportajes que llegaron a la cumbre del fotoperiodismo fueron el que realizó de Rusia tras la muerte de Stalin, y en el que se decidió a desmitificar el «monstruo» del comunismo –como se percibía en Europa- y presentar a Rusia como otro país cualquiera. Como destaca el comisario de la exposición, Clément Chéroux, un país «donde los hombres miran a las mujeres en la calle».
Además de fotorreportajes, realizó retratos por encargo, siempre con un sello muy personal. De personajes famosos como los Curie, Giacometti o Jean-Paul Sartre. También quiso retratar la universalidad de la sociedad de consumo, tanto en Estados Unidos, como en Berlín o Rusia, dejando claro que la concupiscencia no conoce fronteras.

Livorno, Toscana, Italia, 1933 Gelatina de plata, copia realizada en los años 80 Centre Pompidou, Musée national d’art moderne, compra realizada gracias al mecenazgo de Yves Rocher, 2011, Antigua Colección Christian Bouqueret, París © Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos, cortesía Fundación Henri Cartier-Bresson

Livorno, Toscana, Italia, 1933
Gelatina de plata, copia realizada en los años 80
Centre Pompidou, Musée national d’art moderne, compra realizada gracias al mecenazgo de Yves Rocher, 2011, Antigua Colección Christian Bouqueret, París
© Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos, cortesía Fundación Henri Cartier-Bresson

Al final de su vida, a partir de los años setenta, regresa a una fotografía más intimista, más lírica. Y vuelve a lo que fue su gran pasión de niño, el dibujo. Confesaba una vez que «siempre he sentido pasión por la pintura. Cuando era niño, pintaba los jueves y los domingos, y el resto de los días soñaba con pintar». El retrato de Martine Franck de 1967 y alguno de sus bocetos para autorretratos así lo confirman.
Cartier-Bresson siempre abogó por la «invisibilidad» en la obra. Que la presencia del fotógrafo no modificara la imagen ni lo que intentara expresar la esencia de la fotografía. Quizá fue por eso que no se dejó retratar durante los últimos años de su vida. Nunca le gustó ser el abanderado o el portaestandarte de la fotografía. Dijo no a Cartier-Bresson como personaje.

 
En agosto se cumplirán diez años de su muerte. Esta retrospectiva aporta novedades como la presentación de su obra en un recorrido cronológico –nunca hecho hasta ahora-; más de trescientas fotografías y cien documentos gráficos en distintos soportes –vitrina, digital…-; y se mudará, después de estar hasta septiembre en Madrid, a Roma y a México.
El «ojo del siglo» continuará viajando –tal y como hubiera deseado él mismo- a distintos lugares del mundo. Lo corrobora Kristen van Riel –Presidente de la Fondation Henri Cartier-Bresson- ya que Bresson era fiel al concepto de «museo de puertas abiertas» y no deseaba la creación de un mausoleo para venerar sus propuestas. La mirada de Cartier-Bresson es la mirada a la historia del siglo XX. Su historia es la historia del siglo de las grandes guerras y de los grandes cambios. También en fotografía.

 
Más información:
Minisite
Fundación Mapfre, Madrid
Del 28 de junio al 7 de septiembre de 2014

Almudena Martínez Martín
Revista Atticus

 

 Page 1 of 92  1  2  3  4  5 » ...  Last » 
Get Adobe Flash player