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Presentación en Valladolid de La fiesta de las palabras.

Texto de Salvador Robles, ilustraciones Elena González (ELNO)

Edita: Revista Atticus

 WWInvitación Valladolid

El próximo sábado 26 de abril presentaremos nuestro primer libro. Se trata de La fiesta de las palabras escrito por Salvador Robles Miras e ilustrado por Elena González Nieto (ELNO) colaboradores habituales de Revista Atticus.

El acto se llevará a cabo dentro de la programación prevista para la 47 edición de la Feria del Libro de Valladolid que tendrá lugar del 25 de abril al 4 de mayo de 2014. Tendrá lugar en el Salón de actos del Edificio de Usos Múltiples situado en la Plaza del Mileno. Contará con la presencia del escritor Salvador Robles Miras, del editor de Revista Atticus, Luis José Cuadrado y de Florencio Carrera, director de esRadio CyL.

Por motivos de trabajo, no podrá estar entre nosotros la artista vallisoletana Elena González, ilustradora y responsable del diseño de la portada.

Al finalizar el acto, el escritor procederá a la firma de ejemplares. Esperamos contar con vuestra presencia. Es un día de fiesta, de la fiesta de las palabras.

Os recordamos que el libro está disponible para su compra (14 euros), allí mismo y también en los siguientes puntos de venta:

VALLADOLID

Librería de El Corte Inglés Cl Constitución (entrada por Cl Menéndez Pelayo)

Librería OLETUM – Cl Teresa Gil, 12

Librería MAXTOR – Cl Fray Luis de León, 20

Librería MARGEN – Cl Enrique IV, 2

Librería SANDOVAL – Pz del Salvador, 6

En estos puntos está disponible, hasta agotar las existencias, el número Cuatro de Revista Atticus (10 euros)

ÁVILA

Librería LETRAS – Ps San Roque, 12

BILBAO

Librería KAIColón de Larreátegui, 21

Otros puntos

En las librerías del Grupo Elkar.

Podéis consultar los puntos de venta en el siguinete enlace:

Librería Elkar

 

Os dejamos la reseña para mpliar más información con la noticia publicada en El Mundo-

WWEl Mundo 18 abril 2014 La fiesta

Revista Atticus


Marcador

Pronunciar el nombre de Cézanne es evocar un tipo de pintura muy característica, un tipo de pintura con un estilo propio, casi, casi inconfundible en mucho de sus cuadros. Decir Cézanne, es para muchos, decir impresionismo. Pero Cézanne es algo más que la pintura al aire libre, ese gran estudio que para él representa la naturaleza, el campo abierto.

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Paul Cézanne

Paul Cézanne (1839 – 1906) nació en Aix en Provence en Francia. El que está considerado por muchos como el padre de la pintura moderna, el pintor de pintores, no fue entendido, ni valorado en su tiempo como el artista que ahora se le reconoce. Su pintura fue calificada como infantil, tosca o primitiva y Cézanne considerado por la crítica, en aquel entonces, como el pintor más torpe y menos formado de todos sus compañeros.
Cézanne era hijo de un banquero. Su padre se empecinaba en que estudiara Derecho. Solo por la tozudez que mostró el joven Paul accedió de mala gana a que se trasladara a París, a probar fortuna con los pinceles. A sus 22 años se presentó en París, una ciudad bulliciosa, insalubre e ingrata con el forastero. El «chico de pueblo» consiguió matricularse en la Académie Suisse (una institución privada por la que pasarían muchos de los que luego formarían ese grupo denominado «impresionistas») con la intención de preparase su acceso a la Escuela de Bellas Artes.
Entre clase y clase, tomó contacto con los grandes maestros del Museo del Louvre, sintiéndose atraído por Velázquez, Caravaggio, Rubens, Delacroix, Ingres, entre otros. No fue un camino fácil. En varias ocasiones tiró la espátula, abandonó momentáneamente los pinceles para volver a casa de su padre e implorar un empleo que le pudiera permitir seguir con su afición.
En 1862 volvió a París y retomó sus clases con la ayuda financiera de su padre (mediante una pensión mensual). En la Académie Suisse entabla amistad con Guillaumin y Camille Pisarro con quienes, de vez en cuando, frecuentará las famosas tertulias de los cafés parisinos. Momento en que conoce a Emilie Zola, Gustave Courbet y Eduard Manet, personajes claves en su biografía.
Las estrictas medidas que imperan en la época para el acceso de los jóvenes pintores a las muestras de arte «oficial» (Salón de París), hizo que un grupo de pintores molestos crearan el Salón de los Rechazados (Salon des Refusés) y empezaran a exponer a partir de 1863 «el otro arte», el menos academicistas, el más libre, sin los encorsetamientos dictados por un jurado conservador. Un ejemplo: las obras de Cézanne fueron rechazadas sistemática en los certámenes desde 1864 a 1869.

Wcasaprovenza

1874 supuso un punto de inflexión para muchos de estos artistas. En ese año se celebró la primera exposición que aglutinó a una serie de pintores que desarrollaban su actividad, fundamentalmente, al aire libre y que se empezaron a conocer como los impresionistas. Pero a pesar de que se celebraría nuevas reuniones, casi de forma anual, Cézanne solo volvió a exponer en 1877.
En 1886 se casó con Hortense, mujer con la que ya convivía y con la que había tenido un hijo. Su padre falleció, en octubre de se mismo año, legándole una herencia que le permitió, a sus 47 años, gozar de una independencia económica que hasta entonces no había tenido.
Durante todo este tiempo Cézanne va a participar en una serie de exposiciones prestigiosas, pero no será hasta 1895 cuando realiza su primera exposición individual (con algo más de cien cuadros) de la mano de Ambroise Vollard. Este marchante consiguió vender parte de sus cuadros y que se empezara a valorar económicamente la obra de Cézanne, obteniendo, de forma paralela, un gran respeto de la nueva generación de pintores más jóvenes.
En 1903 su carrera llega a su momento más culminante con la presencia de muchos de sus cuadros en distintas exposiciones, siendo una muestra el Salón de Otoño con 33 lienzos suyos.
En octubre de 1906 moría víctima de una neumonía. Una tormenta le sobrevino mientras pintaba al aire libre y sin apenas resguardo aguantó el chaparrón. Antes de llegar a casa de desplomó. Como tantos otros genios incomprendidos en su tiempo, qué pensaría al saber que una de sus obras más famosas Jugadores de cartas, se vendió en 2012 por una fortuna.

Su estilo

Todo en la naturaleza se modela según la esfera, el cono, el cilindro. Hay que aprender a pintar sobre la base de estas figuras simples; después se podrá hacer todo lo que se quiera.
Cézanne, 1904

Cézanne intentó conseguir un realismo pictórico que fuera la síntesis ideal de la representación naturalista, mediante su propio estilo y dentro de un orden pictórico. La vanguardia parisina tomó como propios muchos de sus principios, muchas de las enseñanzas que impartía a los jóvenes que se acercaron hasta su casa. Un estilo y una forma de entender la pintura que inspiraría a geniso como Picasso, Braque y Juan Gris, entre otros.
Se apoyaba en una teoría en la cual toda representación de la naturaleza (incluso la propia figura humana) se podía plasmar mediante formas geométricas simples y mediante sucesivos planos de color. Esto producía la visión de una naturaleza estructurada preconizando la abstracción. Por lo tanto, no es de extrañar que a Cézanne se le deba la construcción de un puente entre el impresionismo de finales del siglo XIX y el cubismo de principios del siglo XX.

La exposición

El Museo Thyssen Bornemisza acoge, tras treinta años, la primera retrospectiva en España dedicada a Paul Cézanne. Anteriormente, en 1984, el embrión del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, lo que era el Museo Estatal de Arte Contemporáneo, organizó una exposición sobre el artista francés. Guillermo Solana, director artístico del Museo, es el comisario de esta exposición, junto a Paula Luengo, comisaria técnica, que incluye 58 pinturas del artista (49 óleos y 9 acuarelas) que se exponen junto a otras 9 obras de otros artistas como Pissarro, Gauguin, Bernard, Derain, Braque, Dufy y Lhote. No ha sido fácil reunir esta cantidad de obras. Se ha recurrido a colecciones privadas y algunos museos repartidos por todo el mundo.
El subtítulo de la exposición Site / Non-site alude a un término, tomado del artista y teórico Robert Smithson, para hacer referencia a ese diálogo ente la pintura exterior e interior. De todos es conocido que Cézanne era un artista que practicaba la pintura al aire libre junto a sus compañero impresionistas. Pero a diferencia de estos, Cézanne da una importancia al retoque dentro de su estudio de esas obras elaboradas en plena naturaleza. Otro de sus géneros es la naturaleza muerta que encarna ese encuentro directo con la naturaleza y el laboratorio de la composición.
Cézanne Site / Non-site se divide en cinco apartados.
1 – Retrato de un desconocido
Curiosamente, nos recibe un personaje desconocido que pasa por ser una de las últimas pinturas realizadas por Cézanne antes de su muerte. Un único cuadro compone esta sección. Se trata de Retrato de un campesino (1905 – 1096). Muchos son los críticos que consideran a esta obra como un autorretrato indirecto del artista. Sin un rostro definido, situado en lo que parece ser la terraza de su estudio en Aix-en-Provence, es un compendio de su estilo. Líneas verticales en el modelo que se contraponen con las horizontales del murete que ejerce de barandilla en la terraza, con pinceladas geométricas y transparentes. Estas pinceladas descomponen al campesino en pequeños planos de color, llegándose a confundir con el paisaje del fondo. El resultado final es de un aspecto de obra inacabada, a falta del remate, una constante en muchas de las obras presentes en la muestra.

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2 – La curva del camino
Una curva en el camino es un motivo recurrente en la obra del artista francés. Algunos cuadros están inspirados en la misma curva, pero otros son fruto de sus paseos por el campo siempre en busca de motivos. Esa curva es una invitación a recorrer el camino, a profundizar en la obra, a adentrarnos en su pintura, a descubrir lo que hay a la vuelta de la esquina.

3 – Desnudos y árboles
La tercera sección la componen una serie de desnudos (generalmente acogidos bajo el título genérico de «bañistas») y de paisajes con árboles.

4 – El fantasma de Sainte-Victoire
La montaña de Sainte-Victoire se convirtió en otro de esos motivos recurrentes en la producción artista de Cézanne. Esta «obsesión» la trasladó a muchos de sus bodegones que están concebidos como si de una naturaleza «viva» se trata. Algunos de estos últimos cuadros recuerdan a esa composición cuyo fondo es la montaña de Sainte-Victoire.
Destacan también cuatro cuadros «protagonizados» por un cántaro de gres sin decoración. Posee una única cualidad: un vientre redondo, algo así como una forma-madre sobre la que giran las cosas.

5 – Juego de construcciones
Los paisajes de Cézanne también los convierte en naturalezas muertes. Esa descomposición en planos geométricos provoca esa congelación y estructuración del espacio.
«Si en los bodegones de Cézanne la mesa quedaba enmascarada por las telas que simulaban un paisaje, en sus paisajes el pintor impone una estructura parecida a la superficie de una mesa: un primer plano vertical, un plano horizontal y otro plano vertical de fondo. Esta configuración en escalera, que empuja nuestra mirada hacia arriba y hacia el fondo, se desarrolla desde los paisajes de l’Estaque hasta las vistas de Gardanne. Esto tendrá una influencia decisiva en los primeros pasos del cubismo, representado en la exposición por algunas obras de Braque, Derain, Dufy y Lhote.»

Cézanne Site / Non-site es una oportunidad única de ver un repertorio de obras de Cézanne que nos permitirá conocer a uno de esos grandes artistas que surgieron en un momento de gran producción artística. Un momento caracterizado por la experimentación, por romper las férreas reglas academicistas y, también y no hay que olvidarlo, un momento en que la sociedad vivía un período convulso de profundos cambios debido a los grandes inventos tecnológicos y cambios estructurales dentro de la propia sociedad. Estos cambios se plasmarían en la Historia del Arte con el surgimiento de una serie de movimientos artísticos englobados en los istmos (futurismo, dadaísmo, cubismo, constructivismo, ultraísmo, surrealismo, …). Echamos en falta alguna obra de mayor enjundia, teniendo en cuenta esos treinta años de ausencia, de no haberse dedicado a una retrospectiva, y algunas obras más representativas de los distintos periodos del artista. Bien es cierto que Cézanne Site / Non-site se centra en esos dos grandes géneros que tanto frecuentó Cézanne: los paisajes y las naturalezas muertas.
Como viene siendo habitual, el Museo ha organizado una serie de actividades paralelas que se desarrollan durante el periodo que dura la muestra. También ha editado un extenso y documentado catálogo. Los catálogos del Museo Thyssen Bornemisza empiezan a tener un peso específico y ya no se limitan a ser una mera muestra de fotografías de los cuadros presentes en la exposición. En este caso las imágenes se acompañan de un estudio del propio Guillermo Solana en el que nos hace una extensa introducción en cada uno de los cinco apartados en los que se ha dividido la exposición y haciendo referencia no solo a los cuadros expuestos sino a otra serie de ellos, relacionados y que por diversos motivos no han podido «venir» a esta gran cita con el Arte.

Más información:

Cézanne Site / Non-site

Las imágenes han sido cedidas por el Museo Thyssen Bornemisza. Se puede consultar el artículo completo que se publicará en Revista Atticus 25.

 Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Exposición Josef Albers en la Fundación Juan March

Bajo el título Josef Albers: medios mínimos, efecto máximo se encuentra la primera retrospectiva dedicada en España a la figura de Josef Albers (1888 – 1976). La exposición está organizada por la Fundación Juan March y está compuesta por más de un centenar de obras y otras piezas como mobiliario, diversos objetos, fotografías y material documental. La muestra ha sido posible gracias a la colaboración durante los últimos años de la The Josef and Anni Albers Foundation (Bethany, Connecticut). Se puede contemplar en la sede madrileña de la fundación desde el pasado 28 de marzo hasta el 6 de julio de 2014.

Homenaje al cuadado, 1950 Josef Albers Óleo sobre Masonite, 52,4 x 52 cm. © Yale University Art Gallery, New Haven, USA

Homenaje al cuadado, 1950 Josef Albers
Óleo sobre Masonite, 52,4 x 52 cm. © Yale University Art Gallery, New Haven, USA

Josef Albers

Josef Albers nació en Bottrop, Westfalia, Alemania el 19 de marzo de 1888 y falleció en los Estados Unidos el 25 de marzo de 1976. Artista y profesor de arte desarrollo su actividad en Alemania hasta que en 1933 tuvo que emigrar a los Estados Unidos debido, fundamentalmente, al ascenso del nacionalsocialismo (nazis). Continúo con su labor educativa y artística en tierras americanas creando algunos de los programas educativos más influyentes del siglo XX.
Sus primeros inicios artísticos surgen tras tener conocimiento de la obra de Cézanne, Mondrian y Matisse, en los primeros años del siglo XX, y experimentar con la abstracción pictórica emulando a estos tres grandes genios.
Tras su paso por distintas escuelas y academias de arte, entra a formar parte, en 1920, como profesor de la mítica Bahaus, fundada por Waler Gropius. Escuela de diseño que desarrolla su actividad en Weimar, después en Dessau y finalmente en Berlín (1932-1933), hasta que bajo la presión de los nazis tiene que echar el cierre. Tras este cerrojazo emigra a los EE. UU. Comienza a trabajar en la facultad de Black Mountain College, un centro de vanguardia y experimentación, de los más importantes del siglo XX. Desde 1950 a 1958, Albers dirigió el Departamento de Diseño de la Universidad de Yale, en New Haven (Connecticut).
Albers ha sido conocido como pintor abstracto. Pero sus ensayos teóricos sobre el color y la forma han pasado a la Historia del Arte por su gran valor formativo. Esas teorías las plasmó en una serie Homenaje al cuadrado que empezó en 1949 y desarrolló durante varios años (llegando a realizar cerca de dos mil obras). Se trata de una composición partiendo de la figura geométrica del cuadrado y su repetición en diferentes tañamos y colores. Juega con la disposición concéntrica del cuadrado dentro del cuadro y la interacción cromática.
Josef Albers tiene el honor de haber sido el primer artista vivo en exponer en el Metropolitan Museum de Nueva York.
Su gran legado fue el sacar el máximo partido usando unos recursos limitados. Un legado que responde a la máxima conocida y transmitida por uno de sus compañeros en la Bahaus, Miers van der Rohe: «Menos es más».

Exposición

Distribuir las posesiones materiales
es dividirlas
distribuir las posesiones espirituales
es multiplicarlas
Josef Albers

La Fundación nos advierte de que esta exposición, a pesar de su carácter de retrospectiva, no es un simple recorrido cronológico por su obra. El hilo conductor es la consideración de la obra de Josef Albers como un proyecto coherente y con una voluntad de simplicidad en el uso productivo de medios y recursos intencionalmente limitados; así como un respeto al trabajo manual y la enfatización en la experimentación con el color que desembocará en la materialidad de una obra de alto contenido poético y espiritual.
La exposición explora en el trabajo artístico y en la labor pedagógica, teórica y práctica de Josef Albers. Podemos contemplar desde sus primeros dibujos figurativos hasta las principales series en las que trabajó el maestro durante su carrera: Variant/Adobe, Constellations (Constelaciones estructurales) y la célebre Homage to the Square (Homenaje al cuadrado). También se exponen una serie de objetos que proporcionan un valor añadido. Como su famoso sillón 244 que preconiza lo que luego será la filosofía de una gran marca comercial (sueca para más señas) que se dedica a la venta de enseres domésticos desmontados. Se encuentra montado y también  desmontado como si fuera esos juguetes Montaplex que uno ha tenido la oportunidad de tener entre sus manos. Complementan este apartado publicaciones, escritos y fotografía del propio artista.
Llaman la atención sus innumerables dibujos geométricos. Se trata de figuras planas, pero que con el añadido del color se convierten en superficies aterciopeladas. Albers sentía pasión por el color, hasta tal punto que tiene una serie de grabados en blanco, lo que se denominada técnica de gofrado (algo así como el predominio de la línea a modo de relieve, creando una figura sin uso de color alguno).

Fábrica (25/2b), 1925. Josef Albers Vidrio esmerilado y pintura negra. 27,9 x 35,5 cm. © The Josef & Anni Albers Foundation. Fotos cedidas por la Fundación Juan March

Fábrica (25/2b), 1925. Josef Albers
Vidrio esmerilado y pintura negra. 27,9 x 35,5 cm. © The Josef & Anni Albers Foundation. Fotos cedidas por la Fundación Juan March

Albers era algo más que un artista. Así lo debieron entender en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York cuando en 1971 le dedican una exposición retrospectiva. Es la primera que el museo dedica a un artista vivo. Albers cederá a la institución trece pinturas y ocho grabados. El arte consigue, en palabras suyas, «el milagro de distribuir posesiones materiales, pero no reduciéndolas, sino multiplicándolas». Parecía ser consciente de que repartiendo sus obras por todos los museos, un artista se multiplica, expandiendo su legado, su impronta por todo el orbe.
Una vez más, la fundación Juan March, no ahorra en medios, a pesar de que en estos tiempos son limitados, ha sabido crear una bella obra en su catálogo razonado. Son bienes preciados para quienes nos dedicamos a profundizar en la historia del arte. Y son muy apreciamos para quienes amamos los libros y obtener con ellos la posibilidad de llevarte a casa un trozo de la exposición, un trozo de Josef Albers aunque solo sea con la posibilidad de tener acceso (en castellano) de los escritos teóricos que son su cuerpo dogmático y que constituyen el grueso de su teoría, su enseñanza, que viene a reforzar esa doble condición del artista: alumno y maestro. Se nota el especial cariño que tiene la Fundación por las publicaciones. En esta ocasión el catálogo recoge 57 textos de Albers, 26 de ellos inéditos y 53 traducidos por primera vez al castellano, según palabras del presidente de la Fundación Juan March, Manuel Fontán, que vive con pasión la puesta de largo que supone cada inauguración. Aprovecho para recordar el enorme esfuerzo que han hecho en la Fundación para digitalizar todas las publicaciones y ponerlas a disposición del público en general, no solo para su consulta sino para su descarga. Aquí también podemos hablar de «medios mínimos, efecto máximo».

El artista y particularmente el poeta, es siempre anarquista, sin que sepa escuchar otras voces que las que afluyen dentro de sí mismo, tres fuertes voces: la voz de la muerte, con todos sus presagios; la voz del amor y la voz del arte.
Federico García Lorca
Citado por Nicholas Fox Weber en el estudio introductorio del catálogo editado por la fundación Juan March.

Más información en Revista Atticus 25 (mayo 2014) o en la Fundación Juan March.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


El gran hotel Budapest, un pastel sabroso

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Ficha

Película: El gran hotel Budapest.

Título original: The grand Budapest hotel.

Dirección: Wes Anderson.

Interpretación: Ralph Fiennes (M. Gustave), F. Murray Abraham (Mr. Moustafa), Mathieu Amalric (Serge X.), Adrien Brody (Dmitri), Willem Dafoe (Jopling), Jeff Goldblum (asesor legal Kovacs), Harvey Keitel (Ludwig), Jude Law (joven escritor), Bill Murray (M. Ivan), Edward Norton (Henckels),  Saoirse Ronan (Agatha), Jason Schwartzman (M. Jean), Léa Seydoux (Clotilde), Owen Wilson (M. Chuck), Tilda Swinton (Madame D.), Tom Wilkinson (escritor), Tony Revolori (Zero).

País: USA. Año: 2014. Duración: 100 min.

Género: Comedia.

Guion: Wes Anderson; basado en un argumento de Wes Anderson y Hugo Guinness.

Producción: Wes Anderson, Scott Rudin, Steven Rales y Jeremy Dawson.

Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Robert Yeoman.

Montaje: Barney Pilling. Diseño de producción: Adam Stockhausen. Vestuario: Milena Canonero.

 Distribuidora: Hispano Foxfilm.

Estreno en España: 21 Marzo 2014.

Sinopsis

El gran hotel Budapest narra las aventuras de Gustave H., el legendario conserje de un famoso hotel europeo del período de entreguerras, y de Zero Moustafa, un botones que se convierte en su amigo más leal. La historia incluye el robo y recuperación de una pintura renacentista de incalculable valor; una frenética batalla por una inmensa fortuna familiar; y el inicio de la más dulce historia de amor; como telón de fondo, un continente que está sufriendo una rápida y drástica transformación.

Comentario

En la corta vida de Revista Atticus (cumplimos ahora 5 años) ya podemos echar mano de la críticas que hemos hecho en meses anteriores y que tienen que ver con las películas que vamos comentado. En esta ocasión recurro a la crítica que hice de Moonrise Kingdom, la anterior cinta de Wes Anderson, porque sigue vigente dos cuestiones: una sobre la propia película y otra sobre su director. La calificaba de rara (y a él, también) en los siguientes términos:

«A lo largo de este comentario voy a tratar de definir lo que es raro, que es el adjetivo que mejor define esta película. Ya sé que raro no dice nada, que es una de esas palabras que empleadas para definir, sobre todo, una película, resultan huecas. Pero Moonrise Kigdom es extraordinaria, singular, poco corriente o común o frecuente, que es la definición que el Diccionario de la Real Academia Española nos da para raro (si sigo estirando más del hilo del DRAE hasta me viene bien la segunda y la tercera acepción: escaso en su clase o especie; de comportamiento e ideas extravagantes).

Raro (y por lo tanto, extraordinario, singular y poco corriente) es su director Anderson. Posee una poderosa imaginación que es capaz de llevar a la pantalla a través de una estética retro, entre naif y surrealista, deslumbrante».

El gran hotel Budapest es menos rara que su predecesora en el tiempo y Anderson también es algo menos raro, pues empieza a ser habitual este tipo de narración con una estética y estilo propio que define a su autor, convirtiéndose en una marca.

La puesta en escena de la nueva entrega de Anderson es impecable. Cuidada hasta el más mínimo detalle, nos presenta un hotel «decadente», en una república europea, Zubrowka, en un periodo entreguerras, pero que conserva un cierto glamour. Recrea un gran ambiente con salones, pasillos, habitaciones y todo tipo de attrezzo  con unos tonos pasteles y unos «habitantes/clientes» que no le van a la zaga.

Zero Moustafa (F. Murray Abraham) en el atardecer de su vida cuenta su historia a un joven escritor (Jude Law). Narra cómo siendo un chaval (Tony Revolori) se ganó la amistad y el cariño de Monsieur Gustave H. (Ralph Fiennes) alma mater del Gran Hotel. Un hotel que es una recreación como si fuera una casa de muñecas (no importa que se vea el truco, y no nos sorprende al final en los títulos de crédito como hay un gran equipo de maquetistas). Lo importante es la historia y el cómo está contada. Una historia de amor (una vez más), con un robo de una obra de arte, con unos malvados malísimos y con un grupo numeroso de personajes que pueblan en esta deliciosa aventura como si de un cuento se tratara.

Para lo más curiosos decirles que no existe tal hotel. Bueno en realidad sí, se trata de la suma de una serie de cuerpos o partes en las que parece haberse inspirado todo el equipo técnico tras un largo viaje por Europa. Es uno y a la vez son varios. Desde la conserjería, hasta el hall (vestíbulo de unos grandes almacenes) pasando por la fachada. Para situar a la República Zubrowka el director y su equipo se han inspirado en la pequeña ciudad alemana situada muy cerca de la frontera con Polonia. Se trata de Görlitz. Pero también ha tenido muy en cuenta la ciudad Checa de Karlovi Vary, con unos tonos pasteles muy del gusto del universo de Anderson (ambas ciudades son Patrimonio de la Humanidad).

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Si quiere profundizar más sobre este tema les dejo tres interesantes enlaces:

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Cinemania

 

Monsieur Gustave H. es un bribón, un don Juan venido a menos, que no duda en visitar las alcobas de cada una de las clientas que requieren algo más que un buen hotel, que requieren un plus de cariño, de atención personalizada. Y es así como conoce a una señora de postín dueña de una inmensa fortuna, Madame D. (Tilda Swinton) que le legará un cuadro: Joven con una manzana de Johannes Van Hoytl (una hipotética y cotiza obra de un inventado pintor holandés del siglo XVII). Toda una recua de descendientes y supuestos beneficiarios del legado de la señora tratarán de impugnar la herencia. Monsieur Gustave H. es acusado de asesinato por esta vil familia y tratará, junto a su fiel mozo Zero, de limpiar su buen nombre y que se haga cumplir el testamento de la finada.

El universo Anderson solo es comparable al universo almodovariano. Tienen una estética parecida con esos tonos chillones, unas veces, y pasteles en la mayoría de los casos. Se ha labrado un rasgo diferenciador, es lo que podemos denominar como estilo. Idéntico a lo que podemos pensar de Botero, o Dalí por poner tan solo un par de ejemplos. Pero también tiene su estilo narrativo definido: personajes bien trazados que se convierten en inolvidables por sus rasgos tan peculiares; la estudiada composición de cada toma (por ejemplo, el interior del ascensor); el apoyo de la música en secuencias clave; y, por último, el uso de espacios recurrentes (tren, cárcel, etc.) unido a la repetición de textos. Un claro ejemplo son las caja de dulces Mendel’s (uno sale del cine queriendo probar uno).

El gran hotel Budapest tiene algo de comic. El planteamiento de esa escalera del hotel que deja entrever los pisos, el uso de colores planos, composiciones de las escenas como si fueran viñetas con la sobreimpresión de letras grandes o rótulos o la cara redonda con tupé que tiene el escritor que encarna Jude Law, nos recuerda a la obra de Tintín de Hergé.

Está narrada por diferentes narradores, pero perfectamente identificados y sin problemas de despistar al espectador. Incluso diferenciando las épocas que narran esos diferentes protagonistas con distintas texturas y formatos en la pantalla. Una auténtica caja de muñecas rusas. Hay una lectura directa y simple, pero también podemos encontrar otras lecturas más sofisticadas. Confieso que mi cultura no llega a tanto pero mi curiosidad lo abarca casi todo y leyendo una entrevista a Wes Anderson en la que declara que le han influido novelas como Suite Françoise de Irene Nemirovsky; películas de Hollywood sobre la Europa del Este de Lubitsch o Hitchcock como El bazar de las sorpresas (1940) o Alarma en el expreso (1938) y también en la adaptación de Max Ophüls que hizo la obra de Zweig Carta a una desconocida (1948). Anderson rinde un pequeño homenaje a este escritor austriaco (ambienta magistralmente la situación en Europa en la 1ª mitad del siglo XX), al declarar que su película está basada, libremente, en los escritos suyos (un autor que se suicidó cuando creyó que con el nazismo se acaba la humanidad, y que Revista Atticus dedicó un extenso artículo). Por cierto, hasta los títulos de crédito tienen su chispa y casi invitan al baile.

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El conjunto da como resultado una comedia con toques surrealista, inteligente, visualmente muy bella, entretenida, algo frenética y, a veces, algo absurda. Con un gran planten del actores, una autentica troupe circense, (alguno hasta pasan desapercibidos por su caracterización como pueda ser la bella actriz francesa Léa Seydoux) en donde destaca el binomio protagonista de un convincente Ralph Fiennes y un novel y efectivo Tony Revolori. Magnífica fotografía con una planificación milimétrica y un uso de colores que abarca desde el rosa chicle al rojo chillón. Todo ello acentuado con una deliciosa (y a veces hipnótica) banda sonora. En definitiva esta puede ser la película más ambiciosa de este tejano de apenas 44 años y con ocho películas en su haber que ya es toda una referencia cinematográfica. El gran hotel Budapest es de esas películas que las ves y resultan entretenidas (o no, claro), pero para aquellos que disfrutan con el cine de Anderson pueden empezar a tirar del ovillo y sacar y sacar material y entonces te das cuentas de que lo que has visto es una gran película que tiene muchas lecturas. Un tipo poco corriente con películas fuera de lo común. Vayan al cine.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


María Felix, Doña María Bonita por Ángel Comas

El 8 de abril de 1914 nacía en Sonora (México) la actriz María de los Ángeles Félix Güereña (conocida artísticametne como María Félix).

Al cumplirse un año de su nacimiento, Ángel Comas, uno de nuestros colaboradores, ha realizado un brillante y ameno artículo que publicaremos en Revista Atticus. Así comienza el mismo (para leerlo completo solo tendréis que esperar un par de semanas). Sirva este preámbulo como homenaje a esta gran actriz.

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La conocí fugazmente un día de octubre de 1994 en Valencia. Ella había venido con su compañero de entonces (marido o amante, según las fuentes), el pintor Antoine Tzapoff, a quien la Mostra le había montado una exposición, siendo recibida en olor de multitud y a los acordes de «María bonita» en el aeropuerto de Manises. La saludé en la sala vacía del recinto en la que estaba reordenando con Antoine la disposición de los cuadros que no le había gustado en la inauguración. Era una viejecita más bien bajita pero de mirada dura y agresiva. Cruzamos unas palabras educadas y ya nunca más la volví a ver. Aquella señora enérgica y de gran carácter no tenía nada que ver físicamente con la María Félix que yo recordaba a través del cine. Tenía entonces 80 años, había nacido el 8 de abril de 1914 y curiosamente, moriría otro 8 de abril, el del 2002.

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Revista Atticus

 

 

 

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