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Revista Atticus Monográfico 10 – Un año de cine 4

Con algo de retraso sacamos adelante este bello ejemplar que recoge la crítica de cerca de 25 películas (desde octubre 2013 y septiembre 2014) que ya teníamos publicadas en los diferentes números digitales así como en las entradas a la web. También encontrarás algún interesante artículo sobre cine.

Ya te lo puedes descargar pinchando debajo de la maravillosa portada obra de José Miguel Travieso.

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W2015 Portada Atticus Monografico 10 - Cine

 

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Revista Atticus

 

 

 

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Suite francesa
El amor que traspasa la guerra

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Película: Suite francesa.
Título original: Suite française.
Dirección: Saul Dibb.
Interpretación: Michelle Williams, Kristin Scott Thomas, Matthias Schoenaerts, Sam Riley, Ruth Wilson, Margot Robbie, Alexandra Maria Lara, Lambert Wilson.
Países: Reino Unido, Francia y Canadá.
Música: Rael Jones
Año: 2014. Género: Drama, romance, bélico.
Guion: Matt Charman y Saul Dibb; basado en la novela homónima de Irène Némirovsky.
Estreno en España: 8 Mayo 2015.

Sinopsis
Lucile Angellier (Michelle Williams) es una hermosa joven que aguarda noticias de su marido, prisionero de guerra, mientras lleva una sofocante existencia junto a su controladora suegra (Kristin Scott Thomas) en un pequeño pueblo de la Francia de 1940. Ambas viven ajenas a la realidad de la guerra hasta que un grupo de refugiados parisinos llega a la localidad huyendo de la ocupación, al que le sigue un regimiento de soldados alemanes que establecen sus residencias en los hogares de los habitantes del pueblo.
En casa de los Angellier, Lucile intenta en un principio ignorar a Bruno von Falk (Matthias Schoenaerts), el elegante y refinado oficial alemán a quien se le ha encargado vivir con ellas. Pero poco a poco, un poderoso amor les unirá y atrapará en un momento donde el amor queda oscurecido por la infame realidad.

Comentario
La génesis de esta historia es azarosa. El guion es la adaptación de la novela póstuma y homónima de Iréne Némirovsky (Kiev, 1903-Auschwitz, 1942). Escritora de origen judío fue trasladada a Auschwitz (Polonia) en 1942 falleciendo de tifus a los pocos meses de su ingreso. Némirovsky estaba casada con el banquero Michel Epstein con el que tuvo dos hija: Denise, la mayor, y Elizabeth, siete años y medio más pequeña, muerta de cáncer en 1996. Denise Epstein guardó celosamente el manuscrito que su madre había escrito sobre la cruel reacción del pueblo francés a la ocupación alemana. No lo había leído para evitar el sufrimiento pues pensaba que se trataba de un diario elaborado por Iréne. Pero al hacerlo descubrió un relato novelado que enseguida transcribió para publicar la novela en 2004 (y convertirse en un éxito) con el nombre de Suite francesa. Lo que Némirovsky había escrito era una obra dividida en siete capítulos. Tenía completos los dos primeros, y del resto apenas conservaba el título. Pero el libro no tardaría en convertirse en todo un fenómeno internacional. Fue la novela más popular de la última década de Francia y pronto traspasó las fronteras con versiones en español e inglés. Esta circunstancia posibilitó la publicación de anteriores novelas y la adaptación al cine de Suite francesa. Unos meses antes de que se empezara a rodar la película, en abril de 2013, murió Denise Epstein con la satisfacción de haber dado vida al relato de su madre y así evitar que los nazis se salieran con la suya: silenciar una voz.

080813SH_273.nefLa acción que recoge la novela Suite francesa y, por consiguiente la película, transcurre en territorio francés, en 1940 cuando Francia ha claudicado y las tropas alemanas toman el control en su marcha hasta la capital, París. La guerra lo trastoca todo. Pero la vida continúa. Mientras que los hombres, padres, esposos e hijos, se encuentran en el frente, las mujeres se tienen que hacer cargo de seguir adelante para poder seguir viviendo. Las fuertes estructuras sociales no se han derrumbado y se mantiene incluso con mayor encono. Así el vizconde sigue siendo el «amo» del pueblo; la aristócrata tiene que seguir cobrando la renta de sus tierra a pesar de que no hay mercado para vender los productos; y el pueblo llano, los campesinos tiene que ingeniárselas para poder subsistir.

unnamedLo mejor que tiene Suite francesa es el ver cómo responden los vecinos a la ocupación alemana. El 10 de junio la ciudad de París fue abandona y el grueso de su población se marchó. La acción de Suite francesa transcurre en Bussy una población cercana a París que asiste por un lado a ver la peregrinación de parisinos que huyen y por el otro a la llegada del ejército alemán. Ni uno ni otros son bien recibidos. A los primeros porque no hay recursos para todos y se tienen que dedicar al pillaje para huir de la pobreza y a los segundos por que son los enemigos. Pero aún siendo los enemigos hay quien mantiene cierta actitud complaciente. Es terrible ver la cantidad de anónimos que le llegan a un oficial nazi con la delación de vecinos. Se ponen de manifiesto las viejas rencillas, las envidias que se han sembrado durante años y que ahora aprovecha para sacar a la luz. Es la condición humana. «No me hagas a mi nada, que yo soy de los vuestros, vete a por el vecino que tiene escondidas las gallinas o que su mujer es una fresca». Se acentúan más las diferencias sociales. Y así, «la señora», madame Angellier, la dueña de varias fincas, madre de un soldado que está en el frente y suegra de Lucille Angellier, tendrá que sortear peligros para cobrar la renta, pero por supuesto, que no lo va a perdonar. Lucille tiene que soportar ese ambiente opresivo, con su suegra en la nuca. Al conocer al teniente de la Wehrmacht Bruno, sus dudas sobre su marido, soldado, al que apenas ha podido conocer, se acentuarán. Con apariencia de artista bajo el uniforme, el buen alemán, guapetón, galante y de gustos refinados, tendrá su lado oscuro. ¿Qué hacer ante la orden de un superior? La obediencia debida mostrará que un amante de la buena música, del mantel, del buen gusto también puede ser un nazi. Ejemplos hay muchos, pero tener uno junto a ti y que el corazón te haga tilín al verlo, hum. Todo el mundo ve mal que Lucille y Bruno se relacionen. A ella la ponen de vuelta y media, pero algunos vecinos no dudarán en acudir a ella para beneficiarse de esta relación intercediendo con los alemanes. El desencadenante del odio no vendrá de la mano de los principales protagonistas, sino de unos secundarios de lujo bien perfilados. La pareja aristocrática. Unos aristócratas que quieren mantener su estatus porque ellos no son como todos. Ellos están por encima del bien y del mal. Ellos son vizcondeses y negocian con los alemanes sus beneficios. La arpía de su mujer malmete a su marido (a la sazón alcalde) y va a revolucionar a todo el pueblo y a sus ocupantes. Hay una frase que resume todo esto. No me acuerdo qué protagonista la dice al principio de la cinta: «Si quieres saber de verdad cómo es la gente, cómo es cada persona, monta una guerra». Terrible.

El director no se ha querido centrar en una tórrida relación, donde primaran las imágenes con exposición física. Se ha centrado más en lo sutil, en lo común que une a ambos que se identifica en su amor por la música, la suite que está componiendo Bruno, el oficial nazi. Así lo manifiesta desde el primer momento mostrándonos como Lucille se siente atraída por Bruno en el momento en que oye la melodía que él interpreta. El buen alemán trata a Lucille como a una dama a la que quiere conquistar sin estar por medio el uniforme, la guerra. Pero es un amor imposible por racional. Es todo lo contrario a lo que supone el enamoramiento, el flechazo: la pérdida de juicio. ¿Cómo vas a querer a alguien que es capaz de ejecutar una orden que conlleva la muerte? ¿Cómo vas a querer a alguien que ha invadido tu casa? La razón se tiene que imponer al corazón. Y la lucha se establece.

Saul Dibb (La Duquesa, 2009), director y guionista, ha sacado brillo a la novela. Ha sabido escoger un buen puñado de actores para elaborar un drama romántico contenido. Al frente Michelle Williams (Blue Valentine, 2010; Mi semana con Marilyn, 2011), se muestra contenida y muy convincente con su gran interpretación. A su lado un pletórico Matthias Schoenaerts (De óxido y hueso, 2012), alto, rubio, sinónimo del buen alemán con su alma oscura por el malentendido deber patriótico. Grande. Junto a ellos es destacable la siempre eficiente Kristin Scott Thomas. También en un pequeño papel, otra mujer. Se trata de Margot Robbie. La destaco porque recientemente la hemos visto como una rubia despampanante, luciendo palmito, compañera de Willy Smith en Focus (Glenn Ficarra y John Requa, 2014) y aquí está «enmascarada», discreta, pero muy convincente. Hay una circunstancia que chirría para aquellos que han visto la versión original. No entienden que este elenco de actores hable en inglés tan ricamente cuando en teoría se trata de una población francesa arraigada en ese país. Esto parece obedecer a la tradición del cine clásico en el que, fuera el país que fuera, la ambientación de la historia se rodaba en inglés. Pero ahora esto se ha quedado un poco anacrónico.

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La puesta en escena es brillante. No han escatimado medios para recrear con todo lujo de detalle el pueblo, el vestuario, en definitiva la ambientación de una época. La llegada de los nazis a Bussy sobrecoge por el estruendo del ejército y la parafernalia que conlleva y que hemos visto muchas veces. Rael Jones compone su primera banda sonora para un largometraje. Una música, con esos acordes de la suite, que ayuda a que todo ello, todo el conjunto, rezume un aire de cine clásico.
Suite francesa nos relata una historia que tiene que ver con el amor, con la guerra y, sobre todo, de la condición humana. Son muchas las películas que tienen estos ingredientes en su receta. También hay algunas cintas que tienen como protagonistas el amor entre dos personas de distinto bando. Quizás lo que convierte esta historia en única, y merecedora de llevarse a la gran pantalla, es la propia historia de la concepción de la novela. El drama contenido de un amor furtivo cuando todo a tu alrededor se derrumba.

Os dejo un tráiler:

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

A cambio de nada
Una historia de barrio

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Película: A cambio de nada.
Dirección y guion: Daniel Guzmán.
Interpretación: Miguel Herrán, Antonio Bachiller, Antonia Guzmán, Felipe García Vélez, Luis Tosar, María Miguel, Miguel Rellán.
Productora: El Niño Producciones / La Competencia / La Mirada Oblicua / Ulula Films
Fotografía: Josu Inchaustegui
País: España. Año: 2015. Duración: 93 min. Género: Drama
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en España: 8 Mayo 2015. No recomendada para menores de 12 años.

Sinopsis
Darío (Miguel Herrán), un chico de dieciséis años, disfruta de la vida junto a Luismi (Antonio Bachiller), su vecino y amigo del alma. Mantienen una amistad incondicional, se conocen desde que tienen uso de razón y juntos han descubierto todo lo saben de la vida. Darío sufre la separación de sus padres (Luis Tosar y María Miguel) y se escapa de casa, huyendo de su infierno familiar. Comienza a trabajar en el taller de Caralimpia (Felipe García Vélez), un viejo delincuente con envoltura de triunfador, que le enseña el oficio y los beneficios de la vida. Darío conoce además a Antonia (Antonia Guzmán), una anciana que recoge muebles abandonados con su motocarrro. Junto a ella descubre otra forma de ver la vida. Luismi, Caralimpia y Antonia se convierten en su nueva familia en un verano que les cambiará la vida.

Comentario
A cambio de nada coincidía, este viernes, en su estreno con Suite francesa. A la hora de tomar partido por ver una u otra, la balanza se inclinó hacia la ópera prima de Daniel Guzmán por haber obtenido muy reciénteme cuatro premios en el Festival de Cine Español de Málaga (Biznaga de Oro a la Mejor Película, premio al mejor director, premio de la crítica y premio al mejor actor de reparto –Antonio Bachiller, por su papel de Luismi-).

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Películas que habían conseguido el principal galardón, en anteriores ediciones de este festival, no me habían defraudado a nivel particular, ni tampoco lo habían hecho a nivel del público en general. Algunos casos significativos son 10.000 Km (Carlos Marqués-Marcet, 2014), 15 años y un día (Gracia Querejeta, 2013), Torremolinos 73 (Pablo Berger, 2002), y una magnífica AzulOscuroCasiNegro que obtuvo la Biznaga de plata (Daniel Sánchez Arévalo, 2006).

La sinopsis está más que acertada. Quizás falta situar la acción en algún lugar concreto. La ciudad donde se ha ambientado es Madrid, en un barrio obrero, pero bien pudiera ser cualquier otra porque de lo que habla la película son lugares comunes para muchas de las familias que pueblan nuestras ciudades. La adolescencia, la amistad, la libertad, la rebeldía, las relaciones con los padres, las relaciones de éstos como padres, la responsabilidad de los padres, el colegio y la conveniencia de los estudios, la familia, el barrio, la soledad, la vida de nuestros mayores, etc. Son circunstancias que ya hemos visto en otras películas españolas. Barrio, Princesas (Fernando león de Arona, 1998, 2005), o El Bola (Achero Mañas, 2000) son algunas de estas películas de fuerte corte social.

Entonces cabe hacerse la pregunta: ¿por qué acometer una película de algo que ya se ha rodado mucho y muy bien? ¿Qué puedo ofrecer yo –como director-? Creo que a la hora de emprender un proyecto no puedes andar con experimentos arriesgados. Debes de lanzarte con aquello en donde te muestras más seguro. Daniel Guzmán conoce el barrio, incluso ha rodado en escenarios en el que él mismo ha sido protagonista. Conoce muy bien la escena española y ha estado al lado de grandes directores y actores tras su paso como actor (Aquí no hay quien viva). Ha trabajado a las órdenes de Fernando Colomo o Fernando León de Arona. Ha tomado de aquí y de allá (incluso a las películas aludidas anteriormente se le puede añadir la de Familia, del propio León de Aranoa, por su padre impostado). Su historia no dejará de ser la de un moderno Quijote (Darío) junto a su fiel escudero, gordito él (Luismi), que le acompaña en sus constantes aventuras en pos de la Aventura de la Vida.

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Daniel Guzmán pertenece a ese apartado de actores que se pasan en algún momento de su carrera al otro lado de la cámara. Singulares son los ejemplos de Clint Eastwood, Angelie Jolie o Jodie Foster. Guzmán ha tenido el tesón de sacar esta obra adelante. Ha tenido que pelear y poner mucho esfuerzo en la posproducción. Solo con ver la cantidad de productoras que han intervenido en la película nos habla de esas dificultades.

El director madrileño tras haber realizado un corto Sueños, con el que ganó varios premios (Goya y SEMINCI) se ha decidido por el largometraje. Demuestra que sabe su oficio. Las escenas en las que interviene Tosar, delante de su hijo (magnífica toma dentro del camión), de su mujer, o del director de su instituto son muy dramáticas (ahí lo borda). Con ellas algo se nos mueve dentro de nosotros, porque sabe llegar a los sentimientos. O esa otra escena que acaba con Darío desnudo en la terraza, solo ante el mundo. También muestra su maestría la rodar las persecuciones. Los toques de humor para desdramatizar vienen de la mano de las constantes collejas al protagonista o de las reiteradas canciones de Julio Iglesias, funcionan. Pero sin embargo, como me resaltó un amigo al final de A cambio de nada, resulta un tanto patético que para llegar a un final feliz tenga que echar mano a una cosa tan burda como dejar chingar a los perros de ambos que se habían pasado toda la película intentándolo. Con todo ello no logra un producto redondo, pero si interesante que puede quedar reflejado en la construcción de dos buenos personajes secundarios como puedan ser los papeles de Luis Tosar o Antonio Guzmán (abuela de Daniel). Hay una suma de buenos detalles que demuestran que sabe lo que se trae entre manos y que nos hace estar esperanzados de cara a nuevos proyectos. Estos galardones que ha cosechado le van a abrir muchas puertas.

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Daniel Guzmán ha recurrido a la mezcla de actores profesionales con otros que no había tenido apenas contacto con el mundo del cine. Quería aportar así frescura y una gran dosis de espontaneidad que proporcionara naturalidad. Lo consiguen con Antonia Guzmán, 93 años, en un papel entrañable, sensible y adorable; y lo consigue con los adolescentes: Miguel Herrán, que actúa convincentemente como Darío, alter ego del propio director; y Antonio Bachiller, fiel escudero, y algo empanado, de Darío que brilla con luz propia aunque creo que es mucho premio como mejor actor en el pasado festival de Málaga. Luis Tosar está sencilla y simplemente inconmensurable. Su papel es un regalazo. Con apenas dos pinceladas queda definido su personaje, que se traduce en un par de frases al principio que dices ole, ole y olé. No lo puede hacer mejor en tampoco tiempo. Miguel Rellán o Fernando Albizu bien, sin desentonar. Pero la interpretación de Felipe García Vélez como Caralimpia, me sacó de la historia varias veces. Estoy buscando un término que defina su actuación porque sobreactuado no es lo correcto, es más abuso de recitación. Vamos que decía las cosas sin convicción, con un argot un tanto forzado. Un ejemplo muy significativa es cuando conduciendo la furgoneta para delante de un paso cebra para dejar pasar a una joven. Le dice un par de piropos que ni eran graciosos, ni imaginativos ni nada. Esta vez sí, en vez de sumar, resta. Porque si ya que echas mano (como director) de un topicazo como es el piropo, pues por lo menos que sea gracioso, recurrente e inolvidable. Y sino que se lo pregunten a Torrente versus Santiago Segura.

A cambio de nada es un producto honesto, sincero, resultón, con algunos altibajos pero que merece la pena. Nos mete en la historia realista de un joven que es un «pintas» pero que tiene su corazón y que lo único que hace es imitar a los mayores en su lucha iniciática por hacerse un hueco en el mundo que le ha tocado vivir. A cambio de mentira, trapicheo y robo obtiene un modo de vida para ir dando bandazos. Habrá que ver Suite francesa y hay que ver A cambio de nada. Vayan al cine. Comienza la semana en la que una película sale a precio de caña.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


La familia Bélier

Cuando se mezclan Intocable y Los chicos del coro

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Título original: La famille Bélier
Director: Eric Lartigau
Interpretación: Louane Emera, Karin Viard, François Damiens, Roxane Duran, Mar Sodupe, Eric Elmosnino, Ilian Bergala, Luca Gelberg, Clémence Lassalas
Guión: Victoria Bedos, Thomas Bidegain, Eric Lartigau
Año: 2014. Duración: 105 min. País: Francia, Bélgica
Música: Evgueni Galperine, Sacha Galperine
Fotografía: Romain Winding
Productora: Jerico / Mars Films / France 2 Cinéma
Género: Comedia | Familia

Sinopsis
En la peculiar familia Bélier, todos son sordos menos Paula, que tiene 16 años. Ella es indispensable para sus padres en el día a día, sobre todo en la explotación de la granja familiar.
Animada por su profesor de música que ha descubierto en ella un sorprendente don para el canto, decide preparar la prueba para un concurso de radio nacional. Una elección vital que podría significar alejarse de su familia y un paso inevitable hacia la edad adulta.
¿Podrán los Bélier sobrevivir sin quien ha sido siempre sus labios y sus oídos… o triunfará el espíritu de una familia que haría cualquier cosa por seguir unida?

Comentario
Una nueva película francesa llega a nuestras carteleras. En esta ocasión viene con la vitola de ser la número uno en las primeras tres semanas con más de siete millones de espectadores en Francia. La familia Bélier es la sexta película del director francés Eric Lartigau y es la primera que traspasa nuestra frontera con éxito.
La familia Bélier está compuesta por cuatro miembros. El padre, Rodolphe (François Damiens), la madre, Gigi (Karian Viard), el hijo pequeño, Quentin (Luca Gelberg) y la hija, adolescente, Paula (Louane Emera) que es la única de la familia que no es sorda. A pesar de su corta edad, esta condición la convierte en una pieza indispensable dentro del engranaje de la familia cuya dedicación es la explotación de una granja (vaca, gansos, elaboración de quesos, etc.). Antes de ir al colegio atiende al teléfono a los proveedores con los que tiene que gestionar las financias.
Al comienzo del curso, Paula se apuntará al coro escolar más atraída por un compañero que por la propia música. Pero un peculiar profesor, Fabien Thomasson (Eric Elmosnino), descubrirá que Paula posee un don: tiene una voz prodigiosa. Se ofrece a darle clases particulares para que se presente a una prueba para entrar en una academia en París y seguir con cursos especializados en canto.
Y ya tenemos el conflicto planteado. Paula tiene que tomar la difícil decisión de seguir sus sueños, de vivir su vida, de echar a volar fuera del nido, o dedicarse a la atención que requiere la granja en constante contacto con su familia para ponerles la voz y ser así, el vínculo con el exterior, con «los otros». Un conflicto habitual (abandonar el hogar) en cualquier seno familiar pero que en la familia Bélier adquiere un punto dramático por la condición de sordos. Paula tiene que soportar un excesivo peso sobre sus hombros y tendrá que decidirse por un camino.

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Antes de seguir con la crítica en sí me gustaría aclarar algún término que todavía hoy, lamentablemente se sigue utilizando de forma incorrecta. «Quien mucho habla mucho yerra» es un dicho muy popular. Pero quienes escriben (o escribimos) deben/debemos de cuidar nuestra herramienta: el lenguaje. He leído un comentario sobre esta película que resumo: «Los padres son sordomudos, el hijo igualmente sordomudo y la joven hija Paula, que no solamente es normal, está dotada de una voz bellísima». Para echarse a temblar. Quien expresa esto es, por desgana o desidia, un ignorante. Los sordos se comunican perfectamente con su propio lenguaje, pero no son mudos. Y tacharles de anormales, es una aberración. Me quedo a gusto diciendo esto. Sigamos con nuestra familia.

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La familia vive en total armonía en un pueblecito en la campiña francesa (3/4 horas en coche hasta la capital parisina). Están integrados dentro de la comunidad. Es así hasta el punto que Rodolphe no duda en presentarse a la alcaldía del pueblo para plantar batalla al mediocre alcalde actual. Paula está entregada a su familia en cuerpo y alma, sin reservas. Pero su pasión por la música le pondrá su vida patas arriba. Cuando Paula comenta a sus padres que está ensayando con Thomasson casi a escondidas y que se está planteando la posibilidad de marcharse a París, surge el recelo de Rodolphe y Gigi. Tienen miedo de perder a su niña.
Hay una secuencia magistral que la quiero destacar porque resume un poco esa desazón que experimenta la familia. Se trata de ese típico acto de final de curso cuando los chavales salen a la palestra a realizar esa obra que llevan ensayando durante todo el año. En el caso de Paula es la actuación en el coro, pero también un dúo con el chico al que ha estado «persiguiendo» durante el curso. Allí, entre el público, están sus padres y su hermano. Al principio asisten divertidos al acto, bromean entre ellos, más pendientes de la reacción del público que de sus sentimientos. No les llega nada. No oyen. Incluso Gigi se muestra un tanto aburrida contemplándose la uñas. Un silencio abrumador llena la pantalla. A nosotros tampoco nos llega nada, es una actuación escolar más con unas bonitas voces y unos bonitos rostros, pero nada más. No me conmovía. Pero con ese silencio todo cambio y de ahí hasta la resolución final con una clara implicación hacia y de los padres. Magnífico.
Rodeando al conflicto de Paula con su familia, el director toca otros temas. El mundo rural frente a la capital; el despertar de la sexualidad en los jóvenes; las pandillas de amigos y el valor de la amistad; la relación con nuestros políticos; los problemas de comunicación, son algunos de ellos que hacen de esta propuesta una película de comedia ligera, con tintes dramáticos, para todos los públicos. Es un trabajo con mucho riesgo pues tiene que acoplar los gestos del cuerpo con lo que dicen, tanto con el habla como con el lenguaje de signos. La cinta está llena de gags visuales que proporcionan unos instantes cómicos y no tan habituales como es el caso de la visita al ginecólogo en el que Paula, horrorizada, se ve inmersa en una conversación sobre los problemas sexuales de sus padres algo impensable si no fuera por esa discapacidad.

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La actriz que interpreta a Paula, Lourane Emera, tiene la particularidad que es una estrella emergente que ha salido del programa La voz, una franquicia en busca de talentos musicales. Y acaba de lanzar su primer álbum en solitario (donde se incluye, por cierto, el tema que canta al final de la película Je vole de Michel Sardou). Además de interpretación ha tenido que aprender el lenguaje de signos de los sordos (su hermano de ficción es el único personaje que es sordo). Todo ello lo solventa con maestría a pesar de su corta edad (18 añitos). Su actuación le valió el premio César en la pasada edición como actriz revelación. El resto del plantel no desentona. Karin Viard la hemos visto recientemente en Skylab (Julie Delpy, 2011) y François Damiens, actor portentoso, son dos habituales en la escena francesa. Con algo más de peso, por sus ricos matices, es destacable el papel del profesor Fabien Thomasson. Un peculiar personaje muy exigente que trata de sacar lo mejor de los muchachos llenos de hormonas incontrolables. Entre los tres rodean amorosamente a la frágil Paula.
La banda sonora con varios temas de Michel Sardou encaja de forma perfecta como si hubieran sido encargados para tal propósito y que ayuda en el cometido final de la La familia Bélier: explotar y llenar la pantalla con su emotividad de la mano de una joven promesa, bella y dulce, que ha despuntado tanto en el canto como en la interpretación. Una película, con gran dosis de humor, que ha sabido conjugar Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004) con Intocable (Eric Toledano, Olivier Nakache, 2011) logrando una fórmula de éxito comercial para un gran público, pero sin olvidarse de una buena realización.

Os dejo un tráiler:

Y aquí el tema de Je vole de Michel Sardou

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


El capital humano
Retrato de una sociedad enferma

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Título: El capital humano
Original: Il capitale umano

Intérpretes: Valeria Bruni Tedeschi, Fabrizio Bentivoglio, Valeria Golino, Fabrizio Gifuni, Luigi Lo Cascio, Giovanni Anzaldo, Matilde Gioli, Guglielmo Pinelli

Director: Paolo Virzì

Año: 2014 – Duración: 109 min.
País: Italia
Guion: Paolo Virzì, Francesco Bruni, Francesco Piccolo (Basado en la novela homónima de Stephen Amidon)
Música: Carlo Virzì
Fotografía: Jérôme Alméras, Simon Beaufils

Productora: Coproducción Italia-Francia; Indiana Production Company
Género: Drama | Familia. Crisis económica actual. Historias cruzadas. Drama psicológico

Sinopsis
La víspera del día de Navidad, un ciclista es atropellado de noche por un lujoso todoterreno. El desgraciado accidente cambiará el destino de dos familias: la del millonario Giovanni Bernaschi, un especulador financiero que ha creado un fondo que ofrece un 40 por ciento de interés anual atrayendo y esquilmando a los crédulos inversores, y la de Dino Ossola, un ambicioso agente inmobiliario cuya empresa está al borde de la quiebra.

Comentario
El punto de partida es el final de una cena en vísperas de la Navidad. Asistimos a la recogida de las mesas y cómo la vajilla y los distintos enseres domésticos son depositados en el camión de la empresa de catering. Un camarero monta en su bicicleta y se despide de su jefe sumergiéndose en la fría noche camino de su casa. Unos minutos más tarde, en una solitaria carretera secundaria, un potente todo terreno lo echa de la carretera dejándole mal herido. Los ocupantes del vehículo ni tan siquiera se bajan para ver como se encuentra el ciclista. Desconocemos quién ha sido el causante del atropello. Este suceso será el punto de unión sobre el que bascula El capital humano: un trágico accidente contado desde las distintas ópticas de sus protagonistas (Babel -Alejandro González Iñárritu, 2006- o Crash –Paul Haggis, 2004- son dos ejemplos).

El capital humano es un drama familiar ambientado en 2010 en plena crisis económica y financiera que ya se ha convertido en un lugar común. Finalizada esta introducción damos un salto temporal, seis meses antes, para situarnos en el momento en que las dos familias protagonistas se van a conocer. El punto de conexión es la relación de sus vástagos, que coinciden en el colegio y parecen ser algo más que amigos. La película está dividida en tres capítulos que llevan nombre propio, Dino, Carla y Serena, y un epílogo, El capital humano. Cada una de ellas actúa como una presentación de cada personaje a la vez que nos ofrece su grado de implicación con el accidente o lo que sucede antes o después del mismo. Se trata de puntos de vista egocéntricos, de ahí que de forma acertada lleven el nombre propio de cada uno. Técnicamente es lo que se conoce como efecto o recurso Rashomon.

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Los Bernaschi (Giovanni, Carla y su hijo Massimiliano) son una rica familia que viven en una lujosa mansión a las afueras de la ciudad. Ostentan lujo que se nos materializa, entre otras cosas, en un Maserati (por encima de los 180 mil euros) que parece llevar de serie un servicial chófer. Los Ossola tienen como cabeza de familia a Dino (Fabrizio Bentivoglio), un arribista de cuidado. Regenta una inmobiliaria en un momento en que no le van mal las cosas, pero ansía acercarse más al poder financiero que representa Bernaschi. No dudará en empeñarse para conseguir entra en ese círculo, aún a riesgo del bienestar de su familia. Una familia tipificada en la reactualización de núcleos familiares: él divorciado, cuarentón, con una hija de su anterior matrimonio, Serena (Matilde Gioli) y casado en segundas nupcias con Roberta (Valeria Golino), poco más de treinta años, psicóloga y embarazada de gemelos.

 

Los seis miembros de las dos familias tienen claro sus objetivos. Giovanni no deja de engrasar la maquinaria de hacer dinero y seguir ostentando la fama que le hace ser el centro de atención. Asistir a sus fiestas está muy cotizado. Hay mucho sinvergüenza que critican a los arribistas pero que esperan la oportunidad de ser uno de ellos. Es magnífico el diálogo hacia el final de la película entre Carla y su marido en el que le viene a decir que aunque el catering fuera de mierda todos los asistentes estarían igual de agradecidos y sonrientes. Massimiliano (Guglielmo Pinelli) es un bala perdida que solo le preocupa elevar su grado hedonista. Se ha encaprichado de Serena, pero ésta lo tiene claro y no se deja engatusar por los oropeles de la fama de su padre. Dino quiere llegar a lo más alto en la escala social mientras va capeando el temporal con la proximidad de un futuro halagüeño. Serena es la típica hija que se tiene que amoldar a la nueva pareja de su padre. Descubre en Luca (Giovanni Anzaldo), un soplo de aire fresco, un chico algo inestable pero que aporta luz en la oscuridad de su vida. He dejado para el final a Carla (Valeria Bruni Tedeschi). Es de esos personajes que resulta una bendición para cualquier actor. Carla se encuentra perdida entre tanta abundancia, tan llena de lujo como vacía de contenido. Lo tiene todo en su mundo de Disney. Una enorme casa; chófer y coche a su servicio; mucho tiempo libre y mucho dinero para sus constantes visitas a sus amigos anticuarios. Pero le falta sentirse útil, hacer algo que le motive más allá de pagar sus caprichos. Y es cuando le sale al paso los problemas de todo un icono en la ciudad: un antiguo teatro que se derrumba al mismo tiempo que la sociedad. Tratará de reflotarlo con el beneplácito de su marido, quién ha visto las muchas posibilidades que tiene ese solar más allá de un fin cultural.

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El capital humano de esta nueva entrega de Paolo Virzi (La prima cosa bella, 2010) tiene mucho peso. Engrana muy bien la veteranía de los adultos con la frescura de los jóvenes (debuta la espléndida Matilde Gioli a la que tendremos que seguir la evolución). Al frente de todos está la soberbiosa Valeria Bruni Tedeschi como Carla. Tiene la fortuna de interpretar un papel bien dibujado. Una mujer atormentada que se siente una inútil figurando como un bello objeto decorativo en la vida de Giovanni. Fabrizio Bentivoglio junto a Fabrizio Gifuni actúan como los cabezas de las dos familias. Convincentes. Uno como un desalmado que es capaz de vender su alma al diablo en pos del dinero y el otro que ya la ha vendido hace tiempo. Sin escrúpulos. Bentivoglio como Dino está sublime. A veces, con sus gracietas para caer bien en la familia Bernaschi lo único que hace es bordar el patetismo más burlesco. Este se acentúa en una escena que tiene lugar en el teatro destartalado cuando Dino con tal de mantener su bienestar no duda en ponerle un precio a Carla que conlleva un beso. Un beso robado para alguien que no es capaz de seducir sino es a golpe de talonario.

La cinta es una adaptación libre de la novela homónima de Stephen Amidon, escrita en 2004, ambientada en un elegante barrio residencial de Connecticut, EE. UU. en la década pasada. Al tener el accidente del ciclista como punto de unión de las historias es inevitable que en algún momento se fuerce la situación, pero el resultado global es una propuesta muy interesante para todos aquellos que gusten de ver en la pantalla la condición humana y como nos relacionamos con lo universal: amor, muerte, ambición, dinero, amistad, etc.

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El capital humano ha recibido varios galardones: David de Donatello (7 premios en diversas categorías, entre ellas la de mejor película); Mejor actriz en el Festival de Tribeca; Premio del Público en el Festival de Sevilla.

El título de la película hace referencia al valor que tiene una vida para una compañía de seguros. Es la indemnización que tienen que pagar a los familiares de un fallecido en accidente teniendo en cuenta unas variables como el estado físico, la esperanza de vida y las relaciones personales así como el arraigo en la sociedad. Es lo que tiene vivir en un mundo capitalista.

 

El capital humano es un retrato de nuestra sociedad en la que la ausencia de los valores más elementales está haciendo mella. No hay escrúpulos a la hora de hacer dinero. Lo mismo da dejar tirada a una familia que arramblar con un teatro. Todo por la pasta. Es «el ansia viva» que dice nuestro gran José Mota. Estamos asistiendo a la degradación de la sociedad por la codicia del vil metal («no es ético, pero es legal»). El único punto de frescura lo aporta una joven que no duda en ver lo que otros con más experiencia no ven y no duda en apostar por su convicción, por el amor. Dudamos de si nuestros jóvenes están preparados. Pero lo que ya nadie duda es que muchos de los más veteranos, algunos de los cuales están al frente de la cosa pública, están corrompidos y solo parece que les mueve la codicia. Si tienen un rato, abran el periódico y lean algunos titulares verán en El capital humano un reflejo de nuestra sociedad; rezuma actualidad.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

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