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Exposición El canto del cisne en la Fundación Mapfre, Madrid

La pintura académica simbiosis de la tradición y la modernidad

El pasado viernes 13 de febrero se presentó en la Fundación Mapfre la exposición El canto del cisne. Pinturas académicas del Salón de París. Colecciones Musée d’Orsay que recoge una selección de las mejores pinturas dentro de lo que se llama pintura académica francesa (segunda mitad del siglo XIX).

De izquierda a derecha: Guy Cogeval, presidente del Museé d’Orsay; Côme Fabre, comisario científico de la exposición; y Pablo Jiménez Burillo, Director del Área de Cultura de la Fundación Mapfre, momentos antes de presentar la exposición el pasado 13 de febrero de 2015. Fotografía: LJC

De izquierda a derecha: Guy Cogeval, presidente del Museé d’Orsay; Côme Fabre, comisario científico de la exposición; y Pablo Jiménez Burillo, Director del Área de Cultura de la Fundación Mapfre, momentos antes de presentar la exposición el pasado 13 de febrero de 2015. Fotografía: LJC

El acto de la presentación estuvo presidido por Pablo Jiménez Burillo, Director del Área de Cultura de Fundación Mapfre, Guy Cogeval, presidente del Musée d’Orsay y Côme Fabre, comisario científico de la exposición.

Pablo Jiménez destacó la importancia de esta muestra por la dificultad que entraña agrupar tal cantidad de obras fuera de su hábitat natural que es el Musée d’Orsay. Un gran número de obras pertenecen a los fondos del museo parisino y otras proceden de colecciones particulares e instituciones privadas.
Guy Cogeval se mostró encantado con poder ver esta muestra tras haber reunido este número de obras. Son obras que no se valoran en su justa medida por los visitantes que acuden al Musée d’Orsay al estar ensombrecidas por las grandes obras impresionistas. Esta colección de pintura académica tiene su origen en el embrión del museo, en el Museo Luxemburgo, que albergó las pinturas académicas y que compartió espacio con las primeras obras impresionistas.
Côme Fabre expresó la dificultad del montaje de esta exposición entre otras cosas por el gran formato de la mayoría de las obras; por sus marcos dorados, casi escultóricos difíciles de manejar y por la dispersión por toda Francia de algunas de ellas. Pero a pesar de ello, representaba una oportunidad única y suponía un desafío que aceptaron.

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Charles Auguste Emile Durant, llamado Carolus-Duran Retrato de Mademoiselle X, marquesa de Anforti. 1875 Óleo sobre lienzo, 206 x 127,5 cm París, Musée d’Orsay, en depósito en el Musée des Beaux-arts de Cambrai © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski

Quienes han ideado la muestra han querido poner como colofón dos grandes obras enfrentadas por primera vez en la Historia del arte. Se trata de la obra Las oréades (1902) de William Bouguereau y Las bañistas (1918 – 1919) de Auguste Renoir. La primera es una explosión de sensualidad, una exaltación de la belleza a través del cuerpo femenino y la segunda un guiño hacia el clasicismo tras su paso por la experimentación impresionista con ese gusto por lo inacabado y los colores brillantes.
Pablo Jiménez retomó la palabra para señalar que tradicionalmente la idea que se tenía de la pintura académica es de una pintura cerrada, en bloque, aburrida y monolítica. Con esta muestra se pretende poner de manifiesto la existencia de una obra variada, muy distinta y que se enfrenta a una necesidad de modernizar; una pintura que se tenía que adaptar a los nuevos gustos de una sociedad en constante evolución. «En definitiva, quiere poner en valor una pintura refinada pensada en gustar, un canon que ya no es nuestro canon, una idea de libertad por encima de la belleza».
Comentario
El título de la exposición alude a ese canto postrero de los cisnes. Durante su existencia estas aves no cantan nunca, solo produce un graznido, un ronquido sordo. Pero la tradición le otorgó un bello canto justo un momento antes de sobrevenirle la muerte. El canto del cisne, según palabras de Pablo Jiménez aludiría a la historia de una generación de pintores, en la segunda mitad del siglo XIX, que alargan la tradición de la pintura que viene del Renacimiento y que se desarrolla en París.

¿Qué podemos entender por arte académico?
Las obras «académicas» se entiende por tal aquellas que en su ejecución observan unas normas «clásicas». Estas normas eran dictadas por las Academias de arte. Por academicismo podemos entender una corriente artística que se desarrolla principalmente en Francia a lo largo del siglo XIX. Respondería a las instrucciones dictadas por la Academia de Bellas Artes de París y al gusto de un cliente burgués como herencia del Clasicismo. Si hubiera que definir a esta corriente con una sola línea podría decirse que es la idealización de la belleza, eterna y universal, a partir de unos cánones establecidos en la Antigüedad (Roma y Grecia).
La Academia de Bellas Artes pasó paulatinamente a convertirse en una institución pública de primer orden. Dependiente de ella estaba el Salón de París. Era la encargada de exponer «el arte oficial» de la propia Academia que apoyaban la corona y la Iglesia. La primera de estas muestras se celebró en 1725. Toma nombre (y forma) en la exposición celebrada en 1763 en el Salón Carré del Louvre. Y entre 1748 y 1890 fue el acontecimiento artístico más importante del mundo (celebrado de forma anual o bienal). Adquirió gran importancia por su influencia en la difusión de la cultura no solo en Francia sino en el resto de Europa.
Los límites con los que el Salón admitía las obras no estaban nada claros. Los artistas se sirvieron de recursos del pasado en la ejecución de sus obras a los que añadían un toque de modernidad derribando así esos límites. Pablo Jiménez Burillo lo expresa muy bien en el catálogo elaborado para la exposición (página 17): «el realismo de Courbet dialoga con Manet y con su generación; la imaginación de Moreau la encontramos en los orígenes del expresionismo del siglo XX, pero también con los decadentistas; la decadencia de Moreau es uno de los ingredientes del surrealismo, como lo es la idealización de Puvis de Chavannes; no es posible comprender a los impresionistas sin la existencia de Corot […] y así sucesivamente la conexión de unos con otros».
Las obras más importantes dentro de esta tradición académica fueron compradas por el propio estado francés. Pasaron a colecciones públicas francesas y, desde su creación, al Musée d’Orsay. Gracias al préstamo de más de 80 obras se ha podido organizar esta exposición. Son pinturas de grandes artistas académicos como Ingres, Gerôme, Cabanel, Bouguereau o Meissonier y también de otros grandes artistas que se integraron dentro del programa expositivo del Salón y que exploraron otros horizontes como Alma-Tadema, Gustave Moreau, Puvis de Chavannes o Courbet.

Recorrido por la exposición
La Fundación Mapfre nos plantea un recorrido, un discurso expositivo. En este caso se ha organizado en base a los grandes temas que tradicionalmente había establecido la Academia, haciendo hincapié en el diálogo, las ambivalencias y los encuentros entre sus protagonistas.
La muestra está dividida en los siguientes apartados
La antigüedad viva
¿Un desnudo ideal?
Pasión por la historia, historia de las pasiones
El indiscreto encanto de la burguesía
Reiventando la pintura religiosa
Orientalismo: del harén al desierto
Paisajes soñados
El mito: la eternidad de lo humano en cuestión
La ambición decorativa
La transfiguración de la lección académica
Hacia una nueva mirada

Dos cuadros nos dan la bienvenida. El de Jean Auguste Dominique Ingres, El manantial, es una invitación: «toma, bebe un poco; cruza el umbral y sacia tu sed de cultura». Nos recibe una joven de rostro inexpresivo, desnuda, que muestra su candor con formas suaves y una cierta frialdad. La contemplación en público de un cuerpo desnudo siempre ha levantado pasiones y polémicas. Y el otro, Pelea de gallos, constituye una pequeña síntesis de lo que nos vamos a encontrar tras cruzar ese primer espacio. Es una de las primeras grandes obras de Jean Léon Gérôme. Las formas clásicas de la antigüedad se sintetizan en los dos jóvenes, él, completamente desnudo y ella con una fina túnica transparente que la convierte en casi una escultura. Es el clasicismo puro pero con una temática nueva, inusual, ordinaria, como es una pelea de gallos. Muestra ese gusto característico por lo acabado, por el color claro de las carnaciones. Es un prodigio del dibujo. Esta osadía supuso una revolución y añadió aire fresco que el público supo agradecer. Aportaba una nueva iluminación dejando atrás esos negros escenarios propios del romanticismo.

William Bouguereau Nacimiento de Venus, 1879 Óleo sobre lienzo, 300 x 215 cm París, Musée d’Orsay © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski

William Bouguereau
Nacimiento de Venus, 1879
Óleo sobre lienzo, 300 x 215 cm
París, Musée d’Orsay
© RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski

La diosa romana del amor, Venus, nos espera, en el pasillo de la izquierda, al fondo. El mito es solo un pretexto para la plasmación de la belleza en el desnudo femenino, introduciendo, de esta manera, en erotismo en el arte. Una clara provocación al público parisino en ese periodo finisecular de constantes cambios. Se trata de El nacimiento de Venus. Alexandre Cabanel muestra un gran virtuosismo en la ejecución y su obra constituye un claro ejemplo del arte que gustaba. Se presentó por primera vez en la exposición de 1863. Fue un éxito rotundo. El propio Emperador Napoleón III adquirió la obra. Es patente su tono erótico. Lejos de escandalizar a la gente, todo lo contrario; los parisinos se enorgullecían de esta obra. Era una especie de panfleto reivindicativo: esto es lo que hacemos en París al día de hoy, el centro del arte, del buen vivir, de la elegancia y el goce. Pero todo esto conservando ese filtro mitológico para que no fuera considerada una obra realista.
La pintura de historia constituía un género que actuaba como cajón de sastre. Cabía de todo y gozaba de un gran prestigio, no solo a ojos del Estado sino entre la nueva clientela. Episodios sacros, mitológicos o profanos pero de forma académica. Con exquisito gusto están presentadas en la sala de la fundación Mapfre obras de Meissonier (Campaña de Francia), Jean Paul Laurens (La excomunión de Roberto II el Piadoso) o del propio Cabanel (Paolo de Rimini y Francesca Malatesta), pintura realizada tras su paso por Florencia. También podemos contemplar en este apartado un cuadro que nos remite directamente a la obra de Paolo Ucello, La batalla de san Romano. Se trata de la obra de Frank Craig que lleva por título ¡La doncella! Es una exaltación de la heroína francesa Juana de Arco, una figura que se revalorizó a partir de 1870. Los franceses necesitaban a alguien en quien depositar el sentimiento patriótico. El gobierno apostó por ella al concederle un lugar relevante en la decoración del Panteón. Una de las cosas que implica una exposición es el adecentamiento y limpieza las obras que se exhiben y en este caso, en palabras del propio comisario, Guy Cogeval, lucen las lanzas con todo su esplendor.
La exposición continúa en la planta alta con el apartado El indiscreto encanto de la burguesía. Se trata de una serie de retratos minuciosamente ejecutados. El gusto burgués por lo fastuoso, por las obras de gran formato que pusieran sobre la pared el prestigio social del dueño tiene su acomodo en este tipo de pintura. Ese parece ser el caso de La familia de los marqueses de Miramón de James Tissot. Pero también cabe el retrato como héroe, como es el caso del Retrato de Víctor Hugo de Léon Bonnat, el héroe de la República por excelencia. Pero si tuviera que elegir una obra representativa me quedo con la bella y delicada dama, el Retrato de Mademoiselle X, marquesa de Anforti, de Carolus Duran. La concepción del retrato, justo en el momento en que se dispone a apoyar su pie izquierdo en el último peldaño de la escalera; esa brazo desnudo, sin guante, o todos y cada uno de los ricos bordados y detalles que perlan ese hermoso vestido, son magistrales. Es un gran ejercicio de virtuosismo.
Las rígidas normas academicistas obligaron a los artistas a buscar un nuevo imaginario en la pintura de carácter espiritual y religioso. Son composiciones preciosistas y grandilocuentes desprovistas de la violencia extrema de épocas pasadas. Destaca La Virgen de la consolación de William Bouguereau, con una estética mitad icono bizantino, mitad estatuaria griega en una composición piramidal. La Virgen aparece sentada, nimbada con una aureola brillante de oro, en un trono de piedra. Detrás de ella una decoración de lirios. Alza los ojos y las manos implorando misericordia divina para la joven madre que acoge en su seno. El cadáver de su hijo se encuentra a sus pies entre unas rosas. ¿Y qué me dicen de la obra Abel, de Camille Félix Bellanger? ¿Un joven ahí tirado, desnudo en esa extraña postura? Se trata del estudio de un desnudo, casi a tamaño natural. Este tema bíblico es una vez mas (y así desde el siglo XVIII) motivo para la experimentación del desnudo masculino. La figura se muestra dentro de un paisaje casi desértico, frío y tormentoso, débilmente iluminado. Bellanger fue alumno de Cabanel. Hay quien ve en esta obra un claro homenaje a su maestro en el Nacimiento de Venus (la feminización de la figura masculina).
Llegamos a un apartado por el que personalmente siento debilidad, Orientalismos: del harén al desierto. Por aquella época se puso de moda «lo oriental». Las noticias con los descubrimientos de Egipto ponían la nota exótica de la sociedad del XIX. Por otro lado había una serie de artistas que huían del mundo moderno refugiándose en el exotismo del norte de África (Egipto, Marruecos o Argelia, por ejemplo). Un ejemplo es la obra El Sáhara (también conocida como El desierto) de Gustave Guillaumet. Nos presenta un paisaje desgarrador, desprovisto de esa representación idealizada de Oriente. Una pintura donde el desierto es representado de manera sencilla, con un sentimiento de soledad, de abandono, de desolación, subrayado por el tratamiento en bandas horizontales del cuadro. La presencia del esqueleto en primer término rompe la monotonía de las tonalidades frías. Los peregrinos yendo a la Meca, de Léon Belly es otro bello ejemplo.
Pasamos por delante de una serie de paisajes para llegar a ese gran receptáculo que es la última sala rectangular de la Fundación, que alberga los cuatros apartados finales de El canto del cisne.

William Bouguereau. Dante y Virgilio. 1850 Óleo sobre lienzo, 280,5 x 225,3 cm París, Musée d’Orsay © Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt Página siguiente: detalle de Dante y Virgilio

William Bouguereau. Dante y Virgilio. 1850
Óleo sobre lienzo, 280,5 x 225,3 cm
París, Musée d’Orsay © Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
Página siguiente: detalle de Dante y Virgilio

El Mito: la eternidad de lo humano en cuestión, expone tres cuadros grandiosos. Dante y Virgilo, Nacimiento de Venus ambos de William Bouguereau y ¡Calamidad! de Henri Camille Danger. Es la representación del cuerpo desnudo lo que centra este apartado. Los géneros se han subvertido y casi cualquier cosa vale para mostrar estas formas casi arquitectónicas, poderosas, rotundas. Son cuerpos y composiciones casi hasta imposibles de comprender. Así sucede con ¡Calamidad! Una obra en la que aparece un gigantón, completamente desnudo, que ha devastado una ciudad. Es un tanto inquietante ver al descomunal hombre con un gran mazo ensangrentado en su derecha y la ciudad de fondo, derruida. A sus pies se encuentran cuerpos desnudos, cadáveres, esparcidos. ¿Qué ha pasado? La lucha que narra la obra Dante y Virgilio sobrecoge. Pasa por ser una de las obras más poderosas y crueles del Museo d’Orsay. Ilustra un célebre pasaje del poema italiano. Es la lucha de dos condenados. Detrás de ellos Dante y Virgilio asisten aterrorizados a la escena. A su lado un demonio sobrevuela la escena adoptando la forma de murciélago. Más almas condenadas completan la tremenda escena dotada de una poderosa luz. Este otro Nacimiento de Venus es mucho más amable que estos dos últimos. Constituye una explosión de sensualidad. Nos remita más a las formas del Renacimiento con figuras como Boticelli. El empleo de las tonalidades de los colores marrones, rosas y azulados es magistral, demostrando una gran madurez artística.
Mientras llegamos a las dos grandes obras con las que finaliza nuestro recorrido nos podemos detener en La expulsión del paraíso de Franz von Stuck. La fotografía había hecho su presencia. Ya no tenía sentido pintar algo que este nuevo medio podía recoger de forma ejemplar. Son los jóvenes lo que trataran de dar a la pintura un valor añadido, una visión personal, un concepto, con la idea de transmitir ideas y sueños. Es un cuadro que toma como referencia el conocido episodio bíblico de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. En una composición clara, sin abigarramientos, trata de poner en relieve las emociones humanas, algo propio del simbolismo, un movimiento al que pertenecía Von Stuck al igual que Pierre Puvis Chavannes del que podemos ver alguna interesante obra aquí mismo.

William Bouguereau. Las oréades. 1902 Óleo sobre lienzo, 237,5 x 181,5 cm París, Musée d’Orsay © Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

William Bouguereau. Las oréades. 1902
Óleo sobre lienzo, 237,5 x 181,5 cm
París, Musée d’Orsay © Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

El colofón lo constituye las dos obras enfrentadas: Las oréades de William Bouguereau y Las bañistas de Auguste Renoir. Nos muestra dos mundos bien distintos, dos concepciones totalmente diferentes, pero que no dejan de haber bebido casi de las mismas fuentes. El cuadro de Bouguereau marca el final de una tradición, un verdadero canto del cisne. Retoma el motivo que ya experimentó en el Nacimiento de Venus que acabamos de ver para mostrarnos a una Venus desde todos los puntos posibles. Es una auténtica orgía de brazos, muslos, caderas, cabellos… Se puede ver como una reinterpretación de la caída de los ángeles o la resurrección de los muertos tras el día del juicio final. Supone el resumen de una manera de pintar, de la obsesión por el desnudo, el gusto por los matices, por las formas y detalles acabados, la búsqueda de la perfección de la forma, y que marcan el agotamiento de una tradición clásica. Renoir muestra esa vuelta de tuerca a las normas académicas. Su experimentación («habiendo llegado al impresionismo, me di cuenta que no sabía ni pintar ni dibujar») se plasma en un desnudo que tiene el ADN de la Academia pero también es los genes de las vanguardias del siglo XX. Es algo así como conocer el clasicismo y las normas de la Academia para subvertirlas. Es una simbiosis de la tradición y la modernidad.
Como viene siendo habitual en la Fundación Mapfre no falta el catálogo de la exposición (una auténtica joya y una herramienta imprescindible para todo aquel que quiera profundizar en lo que es la pintura académica). También han programado una serie de actividades paralelas.

Ya tienes disponible el acceso a la visita virtual que proporciona la Fundación Mapfre.

 

Luis José Cuadrado

Revista Atticus


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Premios Oscars 2015 y críticas de Revista Atticus

Son muchas las webs que contienen la relación de ganadores de los Premios Oscars 2015. Os dejamos esta de nuestros amigos de la web Exquisiteces. Y también los enlaces donde podéis leer lo que comentamos en su día de las seis principales películas ganadores de premios.

Exquisiteces

Birdman (la inesperada virtud de la ignorancia)

Crítica Revista Atticus

THE HEAT

«Pero… ¿de qué va realmente Birdman? O lo que es lo mismo ¿por qué ha despertado tantas expectativas? En principio, y fundamentalmente, por la excelsa actuación de su principal protagonista, Michael Keaton. Encarna a un actor, que en definitiva es su propio yo. Es un actor que alcanzó la cima y ahora está en plena decadencia. Tuvo un gran éxito con esas películas que tanto gustan a Hollywood y, por ende, a un gran número de espectadores, ávido de tiros, persecuciones y escenas de gran espectacularidad (una crítica nada velada a este tipo de películas). Un actor que acomete el reto de llevar al teatro una obra con diálogos con bastante enjundia que pone sobre las tablas las intimidades del amor, de las relaciones humanas. Un actor que va a contracorriente queriendo representar arte y ensayo cuando la gente busca «taquillazos de consumo fácil». Un actor que cuando están en la fase de preestreno le surgen los miedos, las dudas en forma de una voz interior que se reencarna en Birdman (el personaje del cómic, que en realidad alude a ese papel que interpretó Michael Keaton como Batman). Esa confrontación que padece el personaje con sus fantasmas se traduce en una inseguridad, en un cuestionamiento de toda su vida, no solo como carrera de actor de prestigio («eres una celebridad, pero no un actor»). Se cuestiona su relación con su exesposa, con su pareja actual, con su hija; pero también el papel de los críticos teatrales capaces de tan solo con cuatro líneas llenas de tópicos tumbar el trabajo de meses. Las redes sociales y su papel también son cuestionadas».

 

El gran hotel Budapest

Crítica Revista Atticus

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«El conjunto da como resultado una comedia con toques surrealista, inteligente, visualmente muy bella, entretenida, algo frenética y, a veces, algo absurda. Con un gran plantel del actores, una autentica troupe circense, (alguno hasta pasan desapercibidos por su caracterización como pueda ser la bella actriz francesa Léa Seydoux) en donde destaca el binomio protagonista de un convincente Ralph Fiennes y un novel y efectivo Tony Revolori. Magnífica fotografía con una planificación milimétrica y un uso de colores que abarca desde el rosa chicle al rojo chillón. Todo ello acentuado con una deliciosa (y a veces hipnótica) banda sonora. En definitiva esta puede ser la película más ambiciosa de este tejano de apenas 44 años y con ocho películas en su haber que ya es toda una referencia cinematográfica. El gran hotel Budapest es de esas películas que las ves y resultan entretenidas (o no, claro), pero para aquellos que disfrutan con el cine de Anderson pueden empezar a tirar del ovillo y sacar y sacar material y entonces te das cuentas de que lo que has visto es una gran película que tiene muchas lecturas. Un tipo poco corriente con películas fuera de lo común. Vayan al cine».

 

Boyhood (Momentos de una vida)

Crítica de Revista Atticus

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«La grandeza de Boyhood es que es una película sencilla que juega con la dualidad de la ficción/realidad pero que no es real, a pesar de que es una realidad que se haya rodado por espacio de doce años la vida de un crío (y su familia). Pero es solo eso, una película. Ellar Coltrane y Lorelei Linklater no son hermanos, pero lo han tenido que ser por espacio de doce años. Un álbum familiar llevado a la pantalla. Grande Linklater, grandísima Boyhood».

Whiplash

Crítica de Revista Atticus

 

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«Tras un crescendo paulatino sin decaimientos, llegamos al final. Intenso, vibrante, frenético, alcanzando un clímax tras casi diez minutos en los que Andrew interpreta un solo con su batería que parece no tener fin. Es en un claro enfrentamiento con Terence Fletcher. Te metes no ya en sala del auditorio, sino ahí justo al lado del batería, impávido, con la boca abierta y siguiendo levemente con el pie el ritmo, ladeando la cabeza, asistiendo emocionado al manejo virtuosista de las baquetas. Prodigioso. Un film absorbente que no es solo para los amantes de la música, de la batería o del jazz. Whiplash nos recuerda que hay una cosa que se llama la cultura del esfuerzo, de la naturaleza de la educación, de la forja de un carácter, de la superación, de la perseverancia y de la obsesión por el reconocimiento, por el éxito, desafiando los límites físicos. Salgo del cine eufórico y casi extenuado, deseando ponerme a escribir (una obsesión). No sé si habré conseguido el propósito de transmitirles alguna de esas sensaciones, pero, no me digan nunca, por favor… buen trabajo».

 

Interstellar

Crítica de Revista Atticus

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«Las poderosas imágenes (sería la leche haberla visto en IMAX) de Hoyte Van Hoytema hacen grande a Interstellar, pero la enaltece la actuación coral de sus protagonistas. Matthew McConaughey (es un galáctico, en estado de gracia casi permanente quién ha sabido reconducir su carrera después de unos inicios desacertados con comedias románticonas sin más valor que hacer las delicias de los palomiteros), Anne Hathaway, Jessica Chastain, Michael Caine, la pequeña gran actriz Mackenzie Foy y hasta Matt Damon están soberbios. Eso debe de ser un mérito de Nolan más allá de su virtuosismo al rodar estas películas. Sabe dirigir a los actores y sacar de ellos lo mejor».

 

The imitation game (Descifrando enigma)

Crítica de Revista Atticus

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«Después surgen los episodios con los que comienza la historia. Esa mezquindad de acusarle de indecencia, de señalarle por tener unos gustos «distintos» y, en definitiva, por condenarle por su homosexualidad es uno de los episodios más lamentables no solo en la vida de este científico sino en el alma británica. Los avances que logró Alan Turing permitieron no solo acortar la duración de la guerra, cambiando su curso, y, por supuesto salvar miles de vidas humanas, sino que sentaron las bases para el desarrollo de «las máquinas Turing», que fueron los embriones de los modernos ordenadores. Alan Mathison Turing (1912 – 1954) está considerado como el precursor de la informática moderna y logró, también, grandes avances en lo que se refiere a la inteligencia artificial. Puso fin a sus días. Fue condenado por la justicia británica a la castración química para «reconducir o atemperar sus gustos sexuales». Hay una escena clave en The imitation game. Joan Clarke visita a Turing cuando ya había sido juzgado y sometido a esta castración. Turing avejentado, desorientado, sigue trabajando en el desarrollo de su máquina Christopher (en clara alusión a aquel amor de juventud), pero su mente está nublada por el estrógeno sintético. La cura química con la que pretendían sanar su homosexualidad le está destrozando. Su cerebro se ha esponjado, Alan se muestra incapaz de hacer un crucigrama. A los dos años de su condena Alan decide suicidarse apagando su mente cuando apenas tenías 41 años. Ser homosexual no es ser distinto ni mucho menos. Han tenido que pasar más de 50 años para que los británicos devolvieran, de forma simbólica, el honor de Alan Turing, recibiendo, en 2013, el indulto de manos de la reina Isabel II».

 

Revista Atticus

 

CRÓNICA PRESENTACIÓN ATTICUS CINCO – ÁVILA
12 de febrero de 2015

Imaginad una noche abulense de febrero; la nieve, ya sucia, emite un goteo interminable, arrumbada en las esquinas de la ciudad. Imaginad una pareja que aparca su coche junto a la muralla y tira de un soporte metálico, a modo de carrito, donde transportan varias cajas pesadas y voluminosas. La cuesta empinada se hace eso: cuesta arriba. Van tirando de la pesada carga, pues las ruedas no quieren andar: se acomodan, perezosas, entre los adoquines.

Portada Revista Atticus Cinco y La flor azul de Gustavo Martín Garzo con ilustraciones de Marco Temprano

Portada Revista Atticus Cinco y La flor azul de Gustavo Martín Garzo con ilustraciones de Marco Temprano

Por fin llegan al Episcopio. Allí les recibe un ambiente cálido. La madera vence a la piedra y transmite cierto calor, y cierta luz melocotón, tan acogedora. Y comienzan a extraer el contenido de las cajas: varios ejemplares de Atticus Cinco, con ese olor tan peculiar a papel de calidad recién impreso. Si el olor de un buen guiso mueve el estómago, ¿qué mueve el olor de una buena publicación? ¿el cerebro, el alma, el corazón?
Cuando llegamos los demás, ya nos encontramos con una sorpresa en cada silla: una reproducción de la portada de la revista, y una separata muy especial. Lleva el título La flor azul, y una imagen nos sorprende: una amapola ha mutado su esencial color rojo en azul, y nos sonríe, cómplice del juego. Tras ella encontramos unos bellos textos de Gustavo Martín Garzo e ilustraciones de Marco Temprano.
Presentaciones, abrazos, besos entre los asistentes. El placer de ver a personas que se reencuentran. Los murmullos de decenas de conversaciones ascienden hasta las vigas de la sala, y se quedan unos instantes allí suspendidos, como el humo emitido por otras tantas barritas de incienso.

De izquierda a derecha Luisjo Cuadrado, Sonsoles Sánchez-Reyes y Noemí Valiente

De izquierda a derecha Luisjo Cuadrado, Sonsoles Sánchez-Reyes y Noemí Valiente

Tras unas palabras de Sonsoles Sánchez-Reyes, teniente de Alcalde de Cultura, que hace referencia tanto a la separata como al contenido de la revista, mencionando especialmente las firmas abulenses, toma la palabra la novelista Noemí Valiente. Y Noemí es eso, valiente. Nos cuenta su visión de la literatura y nos habla de su aportación a la revista Atticus, con su sección La cocina de la escritura.
Seguidamente habla Luisjo Cuadrado, el alma de Atticus. Y nos lleva a su infancia, a sus primeros libros y comics, sus primeras revistas… hasta la que es verdaderamente suya, Atticus. Que ya cuenta con cinco números y cinco años. Y sobre su génesis nos habla con naturalidad y espontaneidad. Desde el nombre, en honor al protagonista de Matar a un ruiseñor, hasta su edición, maquetación, distribución… Tiene palabras amables y agradecidas para sus colaboradores. Y siempre tiene palabras emocionadas sobre sus contenidos.

Aspecto de la salón del Episcopio

Aspecto de la salón del Episcopio

Y porque no todo son palabras, ni escritas ni pronunciadas, dos imágenes presiden el acto. Una es la proyección sobre la pared de la cubierta de Atticus Cinco, que lleva el rostro de doña Cayetana de Alba convertida en icono pop por obra de Alberto Romero. Y la otra imagen… la otra es una simpática representación de Atticus; se trata de un bravo guerrero sonriente y gordinflón, modelado en barro. En su escudo se lee el nombre de la revista, y en su diestra porta un lápiz a modo de lanza. Si cupido lanza flechas, Atticus el guerrero lanza minas de grafito. A mí, no voy a ocultarlo, me ha dado de lleno en el corazón: se vino a Salamanca conmigo, y ahora me sonríe desde una estantería, presto a lanzarme una mina, si no llega la inspiración.

Berta Cuadrado Mayoral

Revista Atticus


Premios Goya 2015 y críticas Revista Atticus

Son muchas las webs que contienen la relación de ganadores de los Premios Goyz 2015. Os dejamos esta de rtve. Y también los enlaces donde podéis leer lo que comentamos en su día de las 4 principales películas ganadores de premios.

Rtve – Relación premiados

La isla mínima

Crítica Revista Atticus
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«La isla mínima constituye uno de los thrillers más efectivos de nuestro cine. Lo tiene todo: enigma, tensión, interpretación, fotografía y un buen guión, de la mano de uno de los grandes directores españoles que pasará a la historia del cine. Te atrapa no solo desde los propios títulos de crédito, sino desde el tráiler promocional».

El Niño

Crítica Revista Atticus
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«Tan solo dieciséis kilómetros separan un mundo civilizado de otro que parece serlo. Pero solo lo parece porque este último es permisivo con la plantación de droga o la salida indiscriminada de lanchas, gomas, de pequeños botes donde las mafias de tráfico de humanos hacen su agosto. Son terribles (no por cotidianas dejan de serlo) las imágenes de ancianas dobladas por los enormes fardos que portan (pueden pasar por la frontera todo lo que lleven encima), pero más dramáticas son aquellas en las que se ve a la policía marroquí hacer la vista gorda (previo unte) con el trasiego de la droga a las planeadoras. Terrible. Daniel Monzón ha realizado una gran película, con personalidad. El Niño es uno de los mejores proyectos de la nueva temporada que seguro cosechará muchos premios nacionales e internacionales».

Magical Girl

Crítica Revista Atticus

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«Magical girl es un cuento. Tiene como protagonista a una niña, Alicia, que con su poderes mágicos quiere cambiar el mundo. Pero su mundo no es de color de rosa y está amenazado por el demonio y la carne. Cuenta con unos personajes atormentados que son bondadosos pero que por circunstancias se ven abocados a lucir el lado salvaje y oscuro que albergan en su interior. Mundo, demonio y carne en un solo trino: el hombre».

Relatos salvajes

Crítica Revista Atticus

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«Relatos salvajes es audaz al mostrarnos la naturaleza humana sin tapujos: somos violentos llegados la ocasión. Sales del cine con una cierta sensación de que algunos de estos protagonistas son los justicieros que hace falta en la sociedad. Ricardo Darín (su personaje) reclama un Defensor del Pueblo contra el abuso administrativo que no existe o que por pura burocracia es ineficaz. El de Leonardo Sbaraglia llamó a la policía ante el acoso y miedo que sentía por su agresor, pero la Ley no aparecía por ningún lado. Ni estaba ni se la esperaba. No podemos instigar a la violencia. No podemos hacer apología de ella. No. La justicia si es lenta… desanima y al final no cumple su misión. Total llega un arribista como el personaje de Óscar Martínez y compra las voluntades sepultando la honradez que se le supone a los funcionarios públicos. Así es como se vislumbra la venganza en el horizonte».

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

 

Las Edades del Hombre y el 5º Centenario de Santa Teresa

Dentro del programa general del cada vez más famélico y deslavazado Quinto Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús, se acaba de presentar en Ávila, concretamente en la recoleta iglesia del convento de agustinas de Nuestra Señora de Gracia, la exposición organizada por la Fundación Las Edades del Hombre y sufragada fundamentalmente por la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, para celebrar dicho Centenario.

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Ante la proclamada ausencia del Papa Francisco, tal y como se están desarrollando los acontecimientos y a juzgar por los eventos anunciados, todo apunta que la Exposición TERESA DE JESÚS: MAESTRA DE ORACIÓN, se convertirá en el plato fuerte de las celebraciones teresianas.
Esta edición extraordinaria de Las Edades, tendrá dos sedes geográficas pertenecientes a dos diócesis diferentes, Ávila y Alba de Tormes (Salamanca). La ciudad de los Caballeros, por ser la cuna de Teresa, y la villa ducal, por albergar su sepulcro. Serán cuatro los templos que sirvan de contenedor expositivo para los cinco capítulos de que constará la magna exposición. El primer capítulo: Os conduje a la tierra del Carmelo, relativo al origen y desarrollo de la Orden Carmelita, se mostrará en la iglesia del Convento abulense de Nuestra Señora de Gracia, lugar en el que Teresa de Ávila recibió formación educativa y cristiana de manos de la Madre Briceño, de tan grato recuerdo para Teresa. El segundo y tercer capítulo: En la España de la Contrarreforma y Las pobres descalzas de Teresa, estarán ubicados en la Capilla de Mosén Rubí, perteneciente a las madres dominicas de Ávila. En estos apartados, se hará hincapié en el contexto histórico donde se desenvolvió la figura de Teresa y la reforma que llevará a cabo dentro de la Orden del Carmelo.

La Consejera de Cultura, Alicia García, en un momento previo a la presentación junto al obispo de Ávila

La Consejera de Cultura, Alicia García, en un momento previo a la presentación junto al obispo de Ávila

Para el cuarto capítulo: Maestra de oración, servirá de sede la Iglesia de San Juan (Ávila), lugar en el que Santa Teresa fue bautizada, centrándose en los modos de meditación, oración y búsqueda de Cristo practicados por Teresa.
En el quinto y último capítulo: Hija de la Iglesia, se mostrará la transcendencia teresiana para la Iglesia y para la humanidad. En esta ocasión, el templo receptor será la inacabada Basílica de Santa Teresa de Alba de Tormes. Diseñada por el arquitecto Enrique María Repullés a finales del siglo XIX, con la intención de convertirla en la iglesia funeraria de la Santa abulense, pero que debido a los agudos problemas de financiación, apenas se ha cubierto la cabecera, permaneciendo el resto del templo como un lamento pétreo.

Aunque la exposición es conmemorativa, especial, dedicada toda ella a Teresa de Ávila y sus circunstancias, parece que el discurso expositivo será el mismo al que nos tiene acostumbrados la Fundación de las Edades del Hombre. Es decir, intentar transmitir un mensaje religioso a través de diferentes obras de arte sacro, obras que sirvan como hilo narrativo, que sirvan de apoyo y explicación, para que los diversos y diferentes visitantes, puedan disfrutar ya sea de los valores culturales, ya sea de los valores cristianos que desprenden las obras plásticas que conforman cada capítulo.
La mayor parte de las piezas que se mostrarán, como es habitual, procederán de las once diócesis de Castilla y León. Ya ha anunciado el secretario general de la Fundación, que estarán presentes los mejores artistas: Juan de Juni, Gregorio Fernández, Alonso Cano, Goya, Lucas Jordán…

La inacabada basílica de Santa Teresa en Alba de Tormes (Salamanca)

La inacabada basílica de Santa Teresa en Alba de Tormes (Salamanca)

Creo que la creación de la Fundación Las Edades del Hombre por parte de los obispados de Castilla y León, allá por 1988, fue un gran acierto. A esta iniciativa debemos la puesta en valor de una parte muy importante del riquísimo patrimonio eclesiástico castellano-leonés, debemos la restauración de bienes muebles de calidad artística incontestable, bienes que al encontrarse en iglesias perdidas de la vasta geografía de Castilla y León, se hubieran perdido para siempre. Es justo reconocer sus esfuerzos por la investigación, conservación y difusión de los tesoros guardados durante milenios por la Iglesia de Castilla y León, por la restauración arquitectónica de templos emblemáticos, por haber contribuido a que los castellanos y leoneses conocieran más y mejor su pasado cultural, facilitando el respeto del mismo.
Las Edades del Hombre han desempeñado un papel destacable y pionero en la salvaguarda de nuestro rico y diverso patrimonio, pero personalmente, pienso que es una fórmula casi agotada, una fórmula que produce en el público un cierto hastío, una sensación de “las obras son buenas, pero es siempre lo mismo”. Creo que se deben buscar alternativas, que quizá ha llegado el momento de sacrificar las viejas soluciones más o menos acreditadas y arriesgar con otros planteamientos expositivos, quizá menos espectaculares, menos ambiciosos, pero sí más eficaces, cercanos, novedosos y baratos.
La puesta en escena ha sido por todo lo alto, con la Consejera de Cultura, Alicia García de maestra de ceremonias. Ha estado acompañada por el obispo de Ávila, Jesús García Burillo, el alcalde, Miguel Ángel García Nieto, el vicario general de la Orden de Carmelitas Descalzos, Emilio José Martínez, el secretario general de la Fundación Edades del Hombre, Gonzalo Jiménez y el delegado de la Junta en Ávila, José Francisco Hernández.

La consejera, como es lógico, ha presentado las inversiones millonarias y la lista de actuaciones y actividades previstas a lo largo de todo este año del Centenario Teresiano. Creo que el esfuerzo de la Junta de Castilla y León es loable, pero que le falta brillo, profundidad, y contenido atractivo. Después de escucharlos a todos me ha quedado un poso de insatisfacción, un sabor agridulce de oportunidad perdida, de que no vamos rentabilizar las inversiones, de que el esfuerzo no va a llegar a los ciudadanos, de que no se va a contratar a casi nadie, de que el beneficiosos y necesario Centenario va a pasar sin pena ni gloria, de que pese a lo dicho unas líneas más arriba, la exposición de Las Edades del Hombre, será lo más digno de tan grandioso acontecimiento.
Para completar los datos sobre la Exposición de Santa Teresa organizada por las Edades del Hombre, apuntar que los horarios serán los habituales: de martes a viernes de 10 a 14 horas y de 16 a 20 horas. Sábados, domingos y festivos, de 10 a 20 horas. Los lunes permanecerá cerrada. En cuanto a los precios fijados, la entrada conjunta Ávila-Alba será de 5€. Por separado, en la sede de Ávila serán 4€ y en la de Alba de Tormes 3€. Las visitas guiadas, previa cita, con una duración de unos 70 minutos, para grupos de 20 personas, serán de 95€ la conjunta, 80€ la de Ávila y 70€ la de Alba. La exposición se celebrara de abril a noviembre de 2015.

Santa Teresa, Alba de Tormes, monumento obra de Venancio Blanco.

Santa Teresa, Alba de Tormes, monumento obra de Venancio Blanco.

Entre tanto fuego de artificio con la pólvora mojada, quiero llamar la atención sobre la exposición paralela, también organizada por Las Edades, del escultor salmantino Venancio Blanco. Tendrá lugar en la iglesia de San Juan de Alba de Tormes. El templo, es un ejemplar original del mudéjar castellano. Creo que las esculturas en bronce de Venancio Blanco, lucirán espléndidas junto al famoso apostolado románico.
Menos mal que nos queda Teresa, ya decía ella que “El Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen” (M. VII, 4-18). Pues eso, menos parafernalia, menos grandilocuencias, y más eficacia, delicadeza y rigor en las poquitas cosas se hagan. Sigamos el consejo de la Santa: “El que no deja de andar e ir adelante, aunque tarde, llega” (V. 19, 12).

Juan Antonio Sánchez Hernández

Revista Atticus


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