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Las edades del hombre 2015. Ávila y Alba de Tormes

Segunda entrega

Puedes leer la priemra entrega en este enlace: Las edades del hombre 2015

Tras casi tres meses de Edades del Hombre y medio año de Centenario Teresiano, nosotros continuaremos con nuestra particular visita a la exposición Teresa de Jesús Maestra de Oración.

III-. IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA (Ávila)
Esta iglesia, ubicada en pleno centro de la ciudad, es una de las parroquias históricas de Ávila. Tiene especial relevancia teresiana, pues aquí se bautizó a Teresa de Cepeda y Ahumada el 4 de abril de 1515. La pila bautismal original, donde tuvo lugar el acontecimiento, se conserva como reliquia valiosa. Por si esto fuera poco reclamo para peregrinos y visitantes, en esta iglesia están enterrados Don Alonso y Doña Beatriz, los padres de la Santa.

Sagrada Familia con San Juan Bautista niño. Bartolomeo Ramenghi. 1510-1540. Óleo sobre tabla.  MM. Carmelitas Descalzas de Valladolid.

Sagrada Familia con San Juan Bautista niño. Bartolomeo Ramenghi. 1510-1540. Óleo sobre tabla.
MM. Carmelitas Descalzas de Valladolid.

Acoge esta emblemática iglesia la parte nuclear de la exposición, la que da cuerpo y título, “Maestra de oración”. A nuestro entender es la parte más potente, la más sustanciosa de obras y de propuesta escenográfica. En esta ocasión el montaje es el adecuado y, en clave simbólica, partiendo de Las Moradas teresianas, se suceden una serie de estancias de puerta corrida. En ellas, el metal y el vidrio son los protagonistas; además compartimentan el espacio. Predominio del color morado en una iglesia que ha desparecido a los ojos del visitante, pues, nada más entrar, será engullido por el montaje y apenas percibirá que está en un templo.

 

Esta parte de la muestra se articula en torno a la humanidad de Cristo, una de las facetas más destacadas por Santa Teresa: “porque es muy buen amigo Cristo, porque le miramos hombre y vémosle con flaquezas y trabajos, y es compañía” (Vida 22, 10). A Teresa de Jesús, del Salvador le interesa todo: desde su nacimiento a su pasión y muerte. Ella siente todo lo relacionado con Cristo de una manera especial e intenta explicar esto de forma cotidiana y sencilla. Todas las imágenes le sirven y la inspiran: le ayudan en su caminar por el mundo.
Como siempre, las piezas expuestas son una mezcla de obras magistrales con imágenes de escaso valor artístico pero de gran devoción popular. Las primeras que nos encontramos están relacionadas con la infancia de Cristo. Entre ellas, vemos imágenes como el Niño Jesús “El Peregrinito”, una escultura anónima de principios del siglo XVII, que, según la tradición, Santa Teresa regaló a la primera monja que profesó en el convento de Carmelitas Descalzas de Valladolid. Es una imagen de vestir, de madera policromada. En ella el niño, de rostro redondeado y agradable, bendice con la mano derecha y sujeta un bordón de peregrino con la izquierda. Lleva zurrón y zapatos de plata, además de un sombrero de terciopelo rojo, a juego con el vestido, y un cíngulo dorado.
En la misma línea temática de irregular calidad artística, están el Niño Jesús Pastorcito, de Francisco Salzillo o el Niño Jesús de Pasión, de Vincenzo Ardía. La última es una obra de finales del siglo XVII que proviene de los Padres Carmelitas de Úbeda (Jaén). Al lado nos encontramos con un Nacimiento, delicioso trío en madera policromada de Luisa Roldana, custodiado por los PP. Carmelitas Descalzos de Córdoba. También podemos ver una Virgen del Carmen, de Nicola Fumo, que data de la última década del siglo XVII. Procede del convento Carmelita Descalzo de Medina del Campo.
En cuanto a la pintura que podemos contemplar en esta primera estancia, destacaremos dos lienzos de calidad indiscutible. El primero es la Sagrada Familia con San Juan Bautista niño. Se trata de un óleo sobre tabla del italiano Bartolomeo Ramenghi, conocido por el nombre de su pueblo natal, “Bagnacavallo”. Está fechado entre 1510-1540, en pleno periodo renacentista. “Il Bagnavallo” fue discípulo de Francesco Francia. Aunque en muchos de sus primeros cuadros se denota una clara dependencia de su maestro, en el que nos ocupa, la influencia más evidente es la de Rafael. La escena se desarrolla en una estancia creada por cortinajes; al fondo, se aprecia un paisaje con puente. San José contempla arrobado a Jesús y el niño San Juanito señala con el dedo al que será el Mesías, que mira hacia el otro lado.

 

Por su parte, la Virgen, ensimismada, sujeta al niño en su regazo. Tanto en la armónica composición, como en las formas elegantes y suaves, en el uso y tratamiento de los colores, de las manos, de los rostros… todo está poseído por un halo de delicadeza rafaelesca.
La otra joya pictórica que podemos admirar en este apartado es la Santa Teresa de Jesús de Francisco de Zurbarán. Es un soberbio retrato de Santa Teresa que está basado en el que hiciera Fray Juan de la Miseria en 1576, cuando la Santa tenía 61 años. Se trata del único retrato que se le hizo en vida a la santa andariega. Lo que hace Zurbarán es rejuvenecer y dulcificar. Idealiza el rostro adusto de mujer enérgica y experimentada que Fray Juan pintó con más voluntad que talento artístico.

Detalle del Cristo de la Expiración. Juan de Juni. Madera policromada. Hacia 1570. Convento de Santa Teresa. MM. Carmelitas Descalzas de Valladolid

Detalle del Cristo de la Expiración. Juan de Juni. Madera policromada. Hacia 1570. Convento de Santa Teresa. MM. Carmelitas Descalzas de Valladolid

Zurbarán nos presenta a la Santa sentada y vestida de carmelita. Tiene la mirada elevada hacia el cielo, inspirada por la paloma del Espíritu Santo, que aparece en la parte superior izquierda atravesando una especie de ventana celeste. Sobre una mesa cuadrada de madera, sujeta delicadamente la pluma de escritora con la mano derecha y las hojas del cuaderno con la izquierda. Hay, además, algunos libros y una calavera, presencia inconfundible de la caducidad de la vida terrena. La escenografía se completa con un cesto de ropa blanca en la esquina inferior derecha y con unos cortinajes que enmarcan la estancia. El tratamiento de las telas, tanto en las arrugas del hábito sobre el reposabrazos del sillón, como en la cortina o en el paño del cesto, es uno de los detalles de calidad de pincelada del maestro extremeño. El manejo de la luz es magistral. Luz creadora, luz inspiradora, luz que modela la composición y que modula el espacio. Todo esto convierte este cuadro en uno de los más logrados de la iconografía de Santa Teresa escribiendo.
Entre los diferentes cristos crucificados que podemos contemplar en este subcapítulo de la “Humanidad de Cristo”, hay algunos que tienen connotaciones sentimentales y de intrahistoria teresiana, como el Cristo de los Piojos, que, según la tradición, salvó al Convento de San José de Ávila de una plaga de piojos. Otros destacan tanto por su factura y calidad estética, como por ser expresión emocionada y patética de la espiritualidad cristiana de la época en la que fueron realizados.
El Cristo de la Expiración, de Juan de Juni, es una de esas imágenes que conjuntan devoción y arte. Es una obra singular, incluso dentro de las creaciones del artista, por tratarse de un Cristo todavía vivo, justo en el momento de la expiración. En la línea escultórica de Juni, se nos presenta una imagen desgarrada, sufriente, contorsionada, que impresiona y conmueve al espectador-devoto. El Crucificado es contemporáneo a Santa Teresa (fechado hacia 1570). Probablemente, se trata un regalo de María de Mendoza para la fundación del Carmelo Descalzo de Santa Teresa en Valladolid en 1569. La misma María de Mendoza (hermana de don Álvaro de Mendoza, obispo de Ávila) encargó a Juan de Juni la escultura en mármol para el sepulcro de San Segundo, conservada en la ermita del santo en Ávila.
No muy lejos del anterior, se exhibe otro Crucificado de gran calidad, el cual se atribuye a Juan Martínez Montañés. Se trata del llamado Cristo de los Desamparados. Como es habitual en la obra de Martínez Montañés, escultor de gran refinamiento en la talla, observamos un Cristo estilizado de armónicas proporciones, de rasgos elegantes y suaves, frontal, muerto. Tiene la cabeza caída a la derecha y un paño de pureza un tanto grandilocuente. Actualmente, preside la capilla sacramental de la iglesia conventual sevillana del Santo Ángel, de religiosos carmelitas descalzos.

Santa Teresa, detalle del lienzo Santa Teresa, San Juan de la Cruz y Fray Luis de León. José Vela Zanetti. 1970  Convento San Lorenzo de los PP. Carmelitas Descalzos de León

Santa Teresa, detalle del lienzo Santa Teresa, San Juan de la Cruz y Fray Luis de León. José Vela Zanetti. 1970
Convento San Lorenzo de los PP. Carmelitas Descalzos de León

En medio de estos enormes crucificados, encontramos un Cristo de marfil de apenas un metro de altura. Es un Cristo Crucificado muy expresivo, de un realismo sobrecogedor, especialmente en el rostro. Tiene una potente anatomía que da gran dinamismo a la figura, movimiento acentuado por el original “perizonium”. Margarita Estella lo relaciona con talleres italianos de principios del siglo XVIII. Se conserva en la iglesia conventual del Carmen de Cádiz. Debido al crecimiento económico de dicho lugar durante los siglos XVII y XVIII, se produjo un aumento en la demanda de objetos suntuarios. Las tallas de marfil (tanto religiosas, como de otro tipo) se multiplican en esos años; por ello, resulta raro encontrar una iglesia o un convento que no tenga alguna pieza. También aparecen en los oratorios particulares de las casas. La pieza que nos ocupa pudiera haber llegado a través de alguna donación privada de las muchas que se hacían en esos años de finales del siglo XVII y principios del XVIII.

 
Entre lienzos y tablas de Santa Teresa en todas las actitudes y escenas posibles, entre esculturas de diversa índole, temática y procedencia y piezas singulares como la edición de la Vita Cristi, de Ludolfo de Sajonia, de 1542, guardada en la Biblioteca Diocesana de Ciudad Rodrigo y, ante la imposibilidad de tratar aquí todas y cada una de las obras expuestas, nos fijamos ahora en otra de las esculturas sobresalientes, Cristo atado a la columna, de Gregorio Fernández.
El Cristo atado a la columna es una de las representaciones cristológicas preferidas por Santa Teresa. “Pues tornando a lo que decía, de pensar a Cristo a la columna, es bueno discurrir un rato y pensar las penas que allí tuvo, y porqué las tuvo, y quién las tuvo, y el amor con que las pasó (Vida 13, 13)”. Es frecuente en los conventos carmelitas, ya que Santa Teresa tuvo una visión de un Cristo en estas circunstancias en el Convento de la Encarnación de Ávila.

 
La talla de Gregorio Fernández es una mezcla de pasión dolorosa en el cuerpo y de dulzura resignada en el rostro. Es una composición bastante clasicista un tanto alejada de la rotundidad de formas más típicas de Fernández, de amplia delicadeza en gestos, postura y actitud. El tratamiento de los músculos de piernas y brazos se ha hecho con gran realismo pero sin estridencias, lo que muestra un concepto barroco más contenido y sugerente.

Dada la extensión de esta entrada, puedes seguir al descargarte el dossier completo. Son más de 40 páginas. Es la primera parte que publicamos en Revista Atticus 28 y la segunda que publicaremos en Revista Atticus 30 (mediados de agosto).

Dossier Las edades del hombre Revista Atticus

Texto: Juan Antonio Sánchez Hernández
Fotos: Cristian Berga Celma

Revista Atticus

 

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Crítica El niño 44 de Daniel Espinosa

El niño 44
Sin definición

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Película: El niño 44.
Título original: Child 44.
Dirección: Daniel Espinosa.
Reparto: Tom Hardy (Leo Demidov), Gary Oldman (Mikhail Nesterov), Noomi Rapace (Raisa), Joel Kinnaman (Vasili), Paddy Considine (Vladimir), Jason Clarke (Anatoly), Vincent Cassel (Kuzmin).
País: USA. Año: 2015. Género: Drama, thriller.
Estreno en España: 19 Junio 2015.

Sinopsis
Año 1953, Leo Demidov es un agente secreto de la policía soviética que pierde su estatus, su poder y su hogar cuando se niega a denunciar a su propia mujer, Raisa, por traición. Exiliados de Moscú a un sombrío puesto avanzado de provincia, Leo y Raisa unen fuerzas con el general Mikhail Nesterov con el fin de localizar a un asesino en serie de niños. Su búsqueda de justicia amenaza a un sistema ampliamente encubierto y reforzado por Vasili, el oscuro rival de Leo, para quien “no hay crimen en el Paraíso”.

Comentario
Qué diferente es salir del cine con ganas de escribir sobre la película a salir de la sala lleno de incertidumbres.

 

Tengo la certeza de haber visto una película bien rodada, con unos actores espléndidos que convencen y cuyo producto está muy cercano a esas superproducciones de Hollywood (pero de las buenas, de las épicas). Este thriller psicológico, oscuro y tenebroso, nos cuenta unos hechos que merecerían un trabajo más estudiado del guion para obtener un producto redondo. Y me resulta extraño pues el guion está a cargo de Richard Price muy conocido por su trabajo en la prestigiosa serie The Wire. Durante la primera media hora la narración es confusa. No sabes por dónde te viene la historia ni cuál va a ser el giro determinante en el devenir de la misma. Tu mente trata de colocar a cada uno en su sitio. Empieza con una secuencia de guerra (magníficamente rodada) dentro del interior de lo que se supone el Reichstag y que acaba con la estampa tan icónica de la puesta de la bandeara del ejército rojo en la cúpula del emblema berlinés. Fue el 2 de mayo de 1945. Pero luego nos advierten de que la hambruna tras la guerra (la Primera) así como la propia contienda bélica (la Segunda) en el territorio ruso causó miles de víctimas y que como consecuencia de la propia guerra y la muerte de los padres, muchos niños se quedaron huérfanos siendo abandonados (aquellos que tuvieran suerte) en las instituciones que los acogían, o vagaron buscándose la vida. Y es así como llegamos a nuestro protagonista, Leo Demidov, un héroe de guerra reconvertido en labores de espionaje.

Le drapeau de la victoire

La acción se sitúa en la U.R.R.S en 1953. Tras la Primera Guerra Mundial la situación en Rusia era desastrosa. La hambruna entre los años 1920 y 1921 causó miles de muertos. Al año siguiente, 1922, se formó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. A la muerte de su líder, Vladímir Lenín en 1924, le sucede en el cargo Josef (Iósif) Stalin. Una de las primeras medidas fue la de instaurar granjas colectivas que supuso el envío de millones de campesinos a Siberia. Pero el descontento del pueblo por estas deportaciones y la situación de su país llevaron a una parada en la producción de alimentos que desembocó en otra gran hambruna en 1932-1933. Llegó otro período de represiones que posibilitó otra gran purga que acabó con la vida de millones de personas. Fue el llamado Holodomor, el Holocausto ucraniano. En el año 1939 la URRS firmó un pacto de no agresión con los nazis. Pero estos se lo saltaron en 1941 con lo que llegó la inevitable participación del ejército ruso en la contienda. Tras el final de la guerra llegaron los años duros de la posguerra, una época en la que se centran los hechos de El niño 44. Ese mismo año, 1953, es cuando se produce la muerte de Stalín.

 

En este clima, aparece el cadáver de un niño a lado de unas vías de tren. Y a partir de aquí es cuando la película se centra sobre el asesino en serie de casi medio centenar de niño a lo largo de una década de años. Existió un ser tan depravado que acabo con ese número de niños. Se trata de Andrei Chikatilo (1936-1994), conocido como «el carnicero de Rostov». La biografía de este «error de la Naturaleza» como él mismo se llegó a definir, es espeluznante. Confesó haber matado 53 personas (la mayoría adolescentes). Lo que hizo con sus cuerpos está fuera de toda posible comprensión por mucho que tuviera una infancia infeliz. No le voy a dedicar ni una palabra más. Buena parte de estos hechos son los que se narran en El niño 44, pero con una traslación de la fecha. El primer asesinato de Chikatilo fue en 1978. No sé si en la novela homónima de Tom Rob Smith se mantiene está diferencia de años. Tanto en la película como en la novela, Chikatilo toma el nombre de Vladimir Malevich. La novela ha sido un rotundo éxito. Ha recibido distintos premios y se ha traducido a cerca de 25 idiomas. Constituye la primera entrega de una trilogía.

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Al situarnos en la época de Stalin, la producción de Ridley Scott, dirigida por el sueco Daniel Espinosa (El invitado, 2012), nos relata los asesinatos en un clima de purgas pero no solo de los disidentes sino de todo aquel que levantara una mínima sospecha como le sucede a la propia Raisa, esposa de Leo. De ahí que nos avisen al principio de que el crimen no cabe en el paraíso. Es una justificación para decir que no es posible que un ser tan depravado sea un hombre que pertenece al partido, o que vive en la URRS. Eso no puede ser. No dudan en inventarse que es un producto de los nazis que sembraron en territorio ruso.

 

A Leo Demidov estos crímenes le tocan de lleno. Su ahijado es el que aparece muerto a orillas de las vías. El informe policial dice que fue un accidente, pero la familia recela (y no sin razón: «un tren no desnuda un cuerpo»). La investigación al margen del régimen le llevará, junto a Raisa, a la deportación en la ciudad de Volsk. Allí se encontrará con su nuevo jefe policial, el general Mikhail Nesterov (Gary Oldman, soberbio) que juntos trataran de resolver los crímenes y dar con el depravado Malevich.

 

Tom Hardy y Naomi Rapace es la pareja protagonista. Su trabajo resulta convincente. A él le sienta el uniforme de maravilla. Aporta credibilidad y solvencia. Ella, camaleónica, no se queda atrás. Creo recordar que se dio a conocer con Millenium, Los hombres que no amaban a las mujeres (2009, Niels Arden Oplev) y desde entonces la hemos visto en diferentes y variados papeles. En uno de los últimos, La entrega (Michaël R. Roskam, 2014) también coincidió con Tom Hardy (magnífico papel de camarero–recaudador en un bar de Brooklyn). Es muy destacable el papel de malo/malote de Joel Kinnaman, inspirando más miedo que el propio asesino.

 

El niño 44 tiene importantes lagunas. Una de ellas es que la mujer de Leo Demidov es acusada de espionaje. Más allá de algún que otro cuchicheo y buen rollito con su compañero, no hay nada que lo justifique. Cuando termina la película esa duda pesará sobre el resultado final. Otra de estas lagunas viene en el apartado técnico. En la escenas de lucha, de peleas entre unos y otros (da lo mismo quienes sean los participantes) la cámara se mueve demasiado. Las imágenes se vuelven borrosas, sin definición, no sabiendo quien es el que da o el que recibe. Solo veremos el resultado final. Esto puede ser con un objetivo concreto cercano a crear mucha tensión. Bueno, te lo puedes tomar así en la primera pelea. Pero cuando lo repite… te da por pensar que es una licencia que se toma para dejar constancia de un estilo, y lo que consigue es crear una innecesaria confusión. Una de las escenas finales es tremenda, lo borda. Es una lucha feroz en el barro (al situar a los protagonistas en este incómodo medio, el director se complica la vida en busca de un ejercicio de virtuosismo). Los cuerpos se enfangan; las caras apenas se identifican; los movimientos se vuelven más torpes por la pesadez del barro. Está resuelto de forma magistral aunque creo que tanto movimiento de cámara perjudica en el resultado final.

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El niño 44, con la frase de inicio («No existe el crimen en el paraíso») nos desvela la hipocresía del régimen comunista bajo las órdenes de Stalin. La promesa de un mundo mejor, el paraíso, donde no existía el crimen («el asesinato es una enfermedad capitalista»). Se ponen todas las trabas a la investigación ya que las muertes fueron «accidentes». No concebían que hubiera una mente enferma en un régimen tan saludable. Sin embargo, la multitud de evidencias de que estamos ante un asesino en serie, la falsedad se empieza a derrumbar. Lo mejor de la película es la recreación de ese asfixiante ambiente donde todo el mundo recela del vecino y nadie quiere ver, ni oír nada, por miedo a que te señalen. Se vive y se respira el terror. Una sociedad donde la verdad te puede matar y te obliga a elegir lo menos malo: o entregas a tu mujer (muerte segura) y salvas la vida de tres personas (la tuya propia y la de tus padres) o la deportación y repudia de toda la familia. El resultado final es una película que bien pudiera recibir algún que otro premio en los apartados técnicos (la ambientación de la ciudad desolada a donde son deportado, Volsk, es magnífica), pero que no ha sabido atrapar al espectador con una línea argumental clara y definida. Sin pena ni gloria.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Lejos del mundanal ruido.
Encontrar el amor que te haga la vida más llevadera

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Título original: Far from the madding crowd. Lejos del mundanal ruido
Dirección: Thomas Vinterberg.
Interpretación: Carey Mulligan (Bathsheba Everdene), Matthias Schoenaerts (Gabriel Oak), Michael Sheen (William Boldwood), Tom Sturridge (sargento Troy), Juno Temple (Fanny Robbin).
Países: USA y Reino Unido. Año: 2015.
Duración: 119 min. Género: Drama, romance.
Guion: David Nicholls; basado en la novela de Thomas Hardy.
Distribuidora: Hispano Foxfilm.
Estreno en España: 12 Junio 2015.
No recomendada para menores de 7 años.

Sinopsis
Narra la historia de la independiente, bella y testaruda Bathsheba Everdene, la cual enamora a tres pretendientes muy distintos: Gabriel Oak, un ganadero dedicado a la cría de ovejas, cautivado por su atrayente terquedad; Frank Troy, un apuesto y temerario sargento; y William Boldwood, un soltero rico y maduro. El inmortal relato de las pasiones y los dilemas de Bathsheba examina la naturaleza de las relaciones y el amor, así como la facultad humana de superar las dificultades por medio de la capacidad de recuperación y la perseverancia.

Comentario
Lejos del mundanal ruido es una adaptación de la novela del escritor inglés Thomas Hardy (1840 – 1928). Su obra Tess fue llevada a la pantalla por Roman Polanski y protagonizada por Nastassja Kinski en 1979. La novela que nos ocupa está ambienta en 1870 en la campiña del sur de Inglaterra, durante la época victoriana. En 1967, John-Schlesinger realizó una magnífica adaptación con Julie Christie en el papel de Bathsheba Everdene (incluso hubo otra versión en 1916, sin mayor relevancia).

Vamos a profundizar un poquito más en la historia de Hardy que ha llevado a la gran pantalla Thomas Vinterberg -director que participó en la fundación del movimiento Dogma 95, junto a Lars von Trier, y que nos deleitó con la magnífica La caza (2012)-. Gabriel Oak es un joven pastor que se encuentra en una buena posición gracias a su finca y a su pequeño rebaño de ovejas. Si todo va bien, en unos años podrá saldar el préstamo que ha tenido que pedir para hacerse cargo de esta finca. Conoce a Bathseba Everdene quedando rápidamente prendado de ella. No duda en proponerle matrimonio. Es una joven guapa, tozuda, algo vanidosa, valiente, atrevida y trabajadora incansable, de apariencia frágil, de fuerte carácter y que aboga por ser independiente. Vive con su tía, la señora Hurst y no acepta la proposición del joven y apuesto pastor. Tempo después, un golpe de fortuna cambia su condición social: hereda la granja agrícola de su tío, pasando de trabajadora a ser la dueña de su propia finca. Al contrario que el joven Gabriel, al que un perro loco le lleva a la ruina, teniendo que buscarse la vida, abandonando su hogar. En su camino se encontrará con una granja que sufre un incendio. Se encarga rápidamente de organizar a la gente para salvar lo más importante: la cosecha. Cuando la dueña acude a darle las gracias, se nos revela que es la propia Bathseba Everdene. De nuevo las llamas de la pasión afloran. Le ofrece un puesto como pastor en la granja que Gabriel acepta encantado. Pero la tortilla se ha dado la vuelta. Ahora es la joven Bathseba la que tiene una condición social por encima del pastor.

 

Julie Christie, 1967

Julie Christie, 1967

A la nueva propietaria le saldrá un pretendiente: William Boldwood. Se trata de un acaudalado granjero, guapetón, maduro y algo retraído. No tarda en proponerle matrimonio. Ella, juguetona, inconsciente, se deja querer pues es el mejor partido de toda la zona. Su respuesta se demora y entra en escena el sargento Troy, un joven apuesto al que le sienta el uniforme de maravilla. Pero tanto traje no es lo más apropiado para llevar una granja a buen fin.

 

Además de ese tremendo conflicto a cuatro bandas, Lejos del mundanal ruido, nos narra la lucha de una mujer adelantada a su tiempo que tuvo que lidiar, para sacar adelante su granja, en un mundo de hombres, donde la mujer era una mera comparsa. Una mujer que en aquella época no tenía ni poder de decisión en su propio matrimonio; que no estaba presente en la puja de la venta del grano de su propiedad; y ni mucho menos estaba al frente de una granja ordenando y despidiendo, en su caso, a los obreros.

 

Cada pretendiente asume un rol. Lejos del mundanal ruido, es una lucha entre el buen amor, el amor conveniente y el loco amor. O si se prefiere: amor, conveniencia y deseo. Tenemos al joven pastor, Gabriel, que fue el primero que puso los ojos sobre la oveja Bathseba. Él es el amor bueno que nace de la atracción física (de eso y de la necesidad de tener una mujer con él para llevar la granja, la próspera granja que tiene en su imaginación y que solo la mala fortuna le impide conseguir). Se pasó su tiempo y ahora Gabriel, al permanecer al lado de su amor, se convierte en su hombre de confianza, en ese amigo «pagafantas» que está ahí para ofrecer su hombro y que solo recibe a cambio gran dosis de indiferencia aderezada con alguna miguita de esperanza. William es el amor conveniente. No está mal, pero no es deseable, o por lo menos no lo es en la medida de que dudas de si lo es. Es la persona a la que puedes amar porque no te queda más remedio. Tu situación te ha llevado al límite y William puede ser esa tabla de salvación. Tal vez con el roce y el cariño se pueda hacer llevadera una vida a su lado. Y en estas llega el canalla. Llega el amor salvaje encarnado por el apuesto sargento Troy. Bathseba encuentra en él lo que los otros dos no supieron ofrecerle. Sus ojos hicieron chiribitas al verle empuñar el sable, que no es otro cosa que un burdo símbolo fálico. Cuán largo lo tiene y que bien lo sabe manejar el muy bribón robacorazones. Y si además de esto, le añadimos la labia, pues la joven que tanto había desdeñado eso, cae rendida a sus pies. Igual de apuesto que de arrogante. Pero, ay, esa pasión es pura engañifla y detrás de tanta apostura se esconde un lobo que casi arruinará la vida de Bathseba.

 

Caren Mulligan lleva casi todo el peso interpretativo. Está magnífica interpretando a una mujer veleidosa, que parece segura de sí misma, de saber qué es lo que quiere pero que se le rompen los esquemas al sentir que el amor hacia un joven «inconveniente» le lleva en volandas a su pesar. Con apenas 30 años se ha hecho un hueco entre las grandes actrices. Deslumbró, al lado de Rosamund Pike y Emma Thompson en An Education (Lone Scherfig, 2009), convenció en Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) con Ryan Gosling e inauguró el Festival de Cannes junto a Leonardo Di Caprio en El gran Gatsby (Baz Luhrmann, 2013). Carrerón. A su lado luce Matthias Schoenaerts. Este actor parece, por su frecuencia, que se me ha cruzado en mi vida (la cinematográficamente, claro). Me resulta muy convincente en su papel. Se tiene que apretar los machos para no saltar sobre Bathsheba. Lo hemos visto muy recientemente (todavía en cartelera) en Suite francesa (Saul Dibb, 2015) y De óxido y hueso (Jacques Audiard, 2012). Michael Sheen tampoco está mal, que es como no decir nada, vamos que no desentona, circunstancia que no sucede con su otro compañero de reparto que encarga al sargento Troy. Se trata de Tom Sturridge. Está un poco acelerado, lo que se denomina sobreactuación. Quizás el papel está así dibujado, pues no deja de ser un irracional fantoche con uniforme.

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La fotografía es un gran acierto. Han sabido integrar el paisaje como un protagonista más. El uso que hacen de los primeros planos, a contraluz, destacando el perfil de los protagonistas es simplemente magistral. También lo es el uso de la luz en esos bellos atardeces o al amanecer. Es muy destacable, también, la escenografía cuando recurre a los interiores en penumbra. Han logrado unos planos perfectamente iluminados. La encargada de este apartado técnico ha sido Charlotte Bruus Christensen, quién ya trabajara con Vinterberg en La caza.

 

La banda sonora es un logro. Cumple su cometido de no ser protagonista pero sí que «se deja ver». Es obra de Craig Armsrong, un compositor escocés que entre sus últimos trabajos, curiosamente, está El gran Gatsby.
Si hubiera que poner algún pero a esta película es que muchas veces la realidad supera a la propia ficción. Quiero decir, que al narrar unos hechos como los de Lejos del mundanal ruido, y, sobre todo, con el corazón de por medio de una joven que se tiene que abrir paso en la época victoriana («es difícil para una mujer definir sus sentimientos en un lenguaje creado principalmente por el hombre para expresar los suyos»), a veces se tiene la sensación de que lo que sucede en la pantalla bordea lo ridículo, por previsible, porque estás viendo –tú como espectador en tu cómoda butaca- que esa posible relación no lleva a ningún lado. Pero… ¿quién domina al corazón? Incluso el bueno de Gabriel, en su condición de amigo «pagafantas» se lo dice a la propia Bathseba: esa persona no te conviene. Pero la vida es así.

 

Lejos del mundanal ruido es una interesante propuesta, academicista, de corte clásico, que nos sitúa en el sur de Inglaterra en la época victoriana, en un momento de la historia en el que el querer ser una mujer independiente no era nada fácil. Su protagonista convencida de lo que tenía que hacer para alcanzar ese status se verá metida de lleno en una batalla que no tenía planteada: encontrar un amor que le haga la vida más llevadera. De eso se trata la vida ¿no?

Os dejo un tráiler (con un maravilloso tema musical de arranque)

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Revista Atticus 29

Ya tenemos disponible el ejemplar correspondiente al mes de junio 2015.

Te dejamos el sumario con lo que puedes encontrar en este número.

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Pero lo mejor es que te lo descargues y lo disfrutes.

Pincha debajo de la portada.

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Nuestro último verano en Escocia

Las peripecias del clan McLeod

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Película: Nuestro último verano en Escocia.
Título original: What We Did on Our Holiday.
Dirección y guion: Andy Hamilton y Guy Jenkin.
Interpretación: Doug McLeod (David Tennant), Abi McLeod (Rosamund Pike), Gavin McLeod (Ben Miller), Margaret McLeod (Amelia Bullmore), Gordie McLeod (Billy Connolly), Agnes Chisolm) Lottie, Mickey y Jess McLeod (Emilia Jones, Bobby Smalldridge y Harriete Turnbull, respectivamente).
País: Reino Unido. Año: 2014. Duración: 95 min.
Género: Comedia dramática.
Distribuidora: A Contracorriente Films. Estreno en España: 29 Mayo 2015.

Sinopsis
Una joven pareja de Londres recién separada ha de ir con sus hijos a Escocia para celebrar el cumpleaños del abuelo enfermo. Para no disgustarle, la familia decide simular que todo es armonía.

Comentario
Doug McLeod (David Tennant) y Abi McLeod (Rosamund Pike), junto a sus tres diablillos, forman una familia que se tambalea. El matrimonio deja a un lado sus desavenencias para viajar hasta Escocia y poder estar junto al abuelo, el padre de Doug, Gordie (Billy Connolly), en su 75 cumpleaños. Tal vez sea el último que puedan pasar juntos debido a la enfermedad de Gordie.
En su día, tras verla en la SEMINCI –hace casi ocho meses-, dije que era algo más que una comedia británica. Es un reflejo de nuestra sociedad actual que padece el vértigo de la modernidad. Las prisas, las excesivas horas que se dedican en los traslados para ir de casa al trabajo y del trabajo a casa, provocan una desatención en el cuidado de los niños, y de la propia pareja. Así no es de extrañar que poses los ojos más sobre un compañero/compañera laboral que sobre tu «media naranja». Doug y Abi pasan por esa fase. De hecho se encuentran separados (no viven juntos) pendientes de que sus abogados finiquiten su relación. Se han metido en la dinámica de los despachos y ahora son rehenes de sus letrados. Pero ante la enfermedad del entrañable Gordie deciden dejar aparcados sus problemas para ofrecer la cara amable de una familia unida y bien avenida.
Cada hijo de la pareja representa un rol. Lottie, la mayor, de apenas 10 años, es incapaz de mentir. No concibe la mentira y todo lo cuestiona y apunta para saber todas las farsas de cada uno. Vive sumida en la inocencia. Mickey, con sus 6 años, es un pequeño friqui de la cultura vikinga y tiene en Odin su héroe mitológico. Todo lo lleva a su mundo fantástico. Y la pequeña y resalada Jess, 4 años, desborda imaginación por todos los poros. Se toma su tiempo para narrar, con pelos y señales, cada acción de esta curiosa e hilarante familia. Es una «toca pelotas» y cuando algo no le agrada contiene la respiración hasta casi el desmayo (menuda es ella).

'WHAT WE DID ON OUR HOLIDAYS'
La otra pareja, la formada por Gavin McLeod y Margaret no les van a la zaga. Gavin, hermano de Doug, es un meticuloso perfeccionista que tiene que tener todo controlado. Su casa inteligente hace las delicias de los pequeños y es un reflejo de su paranoia. Margaret es una persona que es capaz de perder los nervios tratando de aniquilar un insecto. Guarda un secreto que las redes sociales se encargan de difundir.

 

Nuestro último verano en Escocia es una vibrante comedia que toca varios temas. Abarca desde las relaciones familiares de los hermanos Doug y Gavin; las relaciones de pareja; las relaciones de ésta con los hijos; el difícil paso de la infancia a la madurez; las relaciones de los ingleses y escoceses –y con los estirados londinenses, con profusión de clichés-; y el tema de la muerte con especial hincapié al punto de vista: el de los niños.
Uno de los grandes méritos de la película de Andy Hamilton y Guy Jenkin es haber sabido dar con un elenco de actores, difícil de superar, que eleven a la categoría de película una historia construida sobre un buen guion. La conjunción de los pequeños con los adultos es magistral. La actuación de los tres niños es muy natural lo que hace que todo sea muy dinámico. No le resta ni un ápice el doblaje (y lo digo con conocimiento de causa, pues he tenido la oportunidad de disfrutarla en sus dos versiones). Rosemund Pike luce esplendorosa y David Tennant no le va a la zaga. A Pike la hemos visto hace relativamente poco en Pérdida (David Fincher, 2014) donde realiza un papel de malvada muy brillante al lado de Ben Affleck. David Tennant se le reconoce por su reciente interpretación en la serie televisa de Broadchurch (2013). Billy Connolly es un personaje simpático con cara de adorable, el abuelo que todos quisiéramos tener que te dice que hagas aquello que te sale del corazón y no lo que todos están esperando que hagas. Es un monologuista brillante, pero también cantante y presentador entre otras cosas.

 
Hay dos elementos que también destacan en la cinta británica. Uno de ellos es el paisaje de las Tierras Altas de Escocia, junto al Mar del Norte. Unos parajes maravillosos, aunque los fotógrafos, lamentablemente, no han sabido sacar todo el potencial que tienen. La banda sonora es otro de esos elementos destacables. A la cabeza el tema Fisherman´s Blues de la banda inglesa The Waterboys. Una formación que tiene la música escocesa, inglesa e irlandesa en su repertorio. Mezcla de folk celta y rock and roll con un estilo personal de la mano del talento de su líder Mike Scott. Es difícil estar quieto en la butaca oyendo este tema. Aquí lo podéis escuchar.

Nuestro último verano en Escocia es una película de buen rollito donde hay un cambio de roles: los adultos se comportan como niños y los niños tiene que asumir un comportamiento de adulto en un momento dado. Es una comedia de enredos resuelta de manera brillante por la buena dirección, excelentes diálogos y por la soberbia actuación de esos pequeños diablillos con los que no te importaría pasar más de un fin de semana. Naturales, nada repelentes y… para comérselos. Diversión asegurada. Así lo supo reconocer el público de Valladolid que le concedió ese galardón: Premio del Público en la pasada edición de la SEMINCI.

 

Os dejo un tráiler:

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


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