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Lucy
La última heroína

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Película: Lucy.
Interpretación: Lucy (Scarlett Johansson), Profesor Norman (Morgan Freeman), Pierre Del Rio (Amr Waked), Sr. Jang (Choi Min-sik)
Dirección y guion: Luc Besson. País: USA. Año: 2014.
Duración: 89 min.
Género: Acción-Ciencia ficción
Producción: Virginie Besson-Silla, Marc Shmuger
Música:Eric Serra
Fotografía:Thierry Arbogast
Montaje: Julien Rey.
Diseño de producción: Hugues Tissandier. Vestuario:Olivier Beriot.
Distribuidora: Universal Pictures International.
Estreno en USA: 25 Julio 2014. Estreno en España: 22 Agosto 2014.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años

Sinopsis
La historia comienza con Lucy, una joven estudiante en Taiwan a la que su novio obliga a entregar un maletín a un mafioso, el Señor Jang. En este momento, la mafia taiwanesa/koreana la hace prisionera e introducen en su abdomen el paquete de una nueva droga, CPH4. Pero uno de sus captores patea el estómago de la prisionera, abriéndose así el paquete, cuya sustancia empieza a ser absorbida por su cuerpo en grandes cantidades. Este accidente transforma a Lucy, quien comienza a aumentar sus conexiones cerebrales hasta que las ochenta y seis mil millones de neuronas de su cerebro funcionan a la vez; adquiere así capacidades psíquicas y físicas que alcanzan lo sobrenatural. Con la ayuda de un profesor y un policía, Lucy y sus recién adquiridos superpoderes luchan contra la mafia para apoderarse del resto de la sustancia.

Comentario
La primera mujer y la mujer última, el principio y el fin de la evolución englobado en un solo vocablo, conectado por el tiempo. La especie humana tiene un nombre, y no es Adán, sino Lucy.
Siempre se agradece sentarse en el cine y encontrarse con un personaje femenino en el papel de héroe, y, en este aspecto, Besson nunca decepciona. Su amor por las heroínas lo demostró por primera vez con Nikita en La femme Nikita (1990), y continuó con la joven Mathilda en Leon (1994). En ellas, sus protagonistas sufren una transformación hasta convertirse en dueñas de sí mismas. En palabras del director, también Lucy, veinte años más tarde: “En cierto modo, coloniza su propio cerebro”.

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El film es un auténtico lío hipnótico, lleno de momentos divertidos pero desprovistos de sentido. Se trata de una película que tontea entre la ciencia ficción y la acción, pero que no termina de decantarse por ninguna, con un resultado que se nos puede antojar torpe. Sin duda entretenida, acumula numerosos gags que pueden recordar a Tarantino: cuando la rubia Scarlett comienza a matar asiáticos sin ningún pudor, se abre un paralelismo con la Uma Thurman de Kill Bill, sólo que en lugar de asesinar con una peculiar katana, se carga a media mafia con su telekinesia y sus balas. Besson parece que deja de tener control sobre su propio film, que pasa de ser una ligera pero muy entretenida película de acción a convertirse en un auténtico delirio.

Durante los primeros minutos del metraje, el director nos sorprende con escenas de documentales de animales, que representan a los depredadores y su presa, como símbolo de la situación de tensión entre la mafia y la inocente estudiante. La comparación se presenta de forma tan obvia que de alguna manera cómica consigue funcionar. Una vez la droga se encuentre en su organismo, Lucy no será ya la presa.

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Los planos caóticos de Besson se interrumpen a lo largo de la película por pantallazos en negro con un porcentaje que no deja de ascender: 10%, 20%, 40%… casi como un videojuego que se va completando a medida que avanza el metraje. Y es que no sorprendería que a partir de Lucy se desarrollase uno. Pero a esta superheroína le falta un supervillano: la droga hace de ella un ser tan poderoso que en ningún momento corre verdadero peligro, lo que complica la capacidad de Besson para sorprender al espectador, o incluso para crear suspense.

El personaje del profesor interpretado por Morgan Freeman es absolutamente plano, sirve de padre simbólico a Scarlett, pero ni siquiera este hecho está bien justificado por la trama. Desde un principio, la inteligencia y el conocimiento sobre el mundo por parte de la protagonista superan al del científico, y no se entiende por qué busca precisamente en él las respuestas que su desarrollado cerebro se plantea.

La interpretación de Johanson es impecable; se adapta cómodamente al universo experimental de Besson, quien declaró: “Supe inmediatamente que debía ser ella”. No es de extrañar; la actriz ya sorprendió este año interpretando un papel excelente como femme fatal que ostenta poder y fuerza sobre los hombres en Under The Skin (Jonathan Glazer, 2013). Nuevamente, se convierte en un personaje que, a pesar de su aspecto, carece de humanidad.

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Besson opta por escenas de acción espectaculares (entre las que no falta una persecución por las calles de París), en lugar de prestar atención al detalle argumental. Si bien el director se niega a explorar la filosofía que implica la trama de su película, sí es cierto que esta crea un hipnotismo importante, nos mantiene fijos en el asiento. Cuando vemos a Scarlett interpretar a Lucy, no soltamos ni un bostezo. Pero es precisamente aquella falta de profundidad la que nos inclina a pensar que hay algo que no funciona. Echamos de menos esa “vuelta de tuerca” que sí podemos ver en otras películas que mezclan el Sci-Fi con la acción, como puede ser Matrix (Los hermanos Wachowski, 1999) o, para poner un ejemplo más cercano en el tiempo, la misma Origen (Christopher Nolan, 2010). Claramente, Besson se interesa más por el impacto visual que por la opción intelectual, a la que podría haber prestado mayor atención teniendo en cuenta las infinitas posibilidades que el argumento le permitía. Pero no sólo la acción ocupa la mente del francés; como es habitual en él, la banda sonora tiene un peso especial: de la mano de Eric Serra, responsable también de la música de otros films del mismo director como El quinto elemento (1997) o Juana de Arco de Luc Besson (1999), Besson consigue crear el ambiente idóneo para sus escenas de acción. Damon Albarn es el encargado de interpretar Sister Rust, una canción creada especialmente para la película, que será un placer añadido para los amantes de Blur.
La utilización de aparatos electrónicos se repite durante los 89 minutos en los que Lucy aumenta su capacidad cerebral. Desde que, cómicamente, pide permiso al médico (quien le está quitando la droga de su organismo a punta de pistola) para llamar a su madre por el móvil, hasta que se plantea verter todo su conocimiento adquirido en un USB: la era digital se encuentra en todo momento presente. Y me planteo si, tal vez, el sinsentido que se nos muestra abiertamente en la película no será precisamente una metáfora del caos que supone la información masiva vertida sin orden ni pausa en la era de Internet.

Os dejo un tráiler:

Bernarda Parodi

Revista Atticus

 

Marcador

Mil veces buenas noches
Juliette Binoche tras las cámaras

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Película: Mil veces buenas noches.
Título original: Tusen ganger god natt. Título internacional: A thousand times good night.
Dirección: Erik Poppe.
Interpretación: Juliette Binoche (Rebecca), Nikolaj Coster-Waldau (Marcus), Lauryn Canny (Stephanie), Adrianna Cramer Curtis (Lisa), Maria Doyle Kennedy (Theresa), Larry Mullen Jr. (Tom), Mads Ousdal (Stig), Chloe Annett (Jessica).
Guion: Erik Poppe y Harald Rosenløw Eeg.
Países: Noruega, Suecia e Irlanda. Año: 2013.
Duración: 117 min. Género: Drama.
Producción: Finn Gjerdrum y Stein B. Kvae. Música: Armand Amar.
Fotografía: John Christian Rosenlund. Montaje: Sofia Lindgren.
Diseño de producción: Eleanor Wood.
Vestuario: Judith Williams. Distribuidora: Golem.
Estreno en Noruega: 18 Octubre 2013. Estreno en España: 8 Agosto 2014.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.

Sinopsis
Rebecca es una de las mejores fotógrafas de guerra del mundo. Al regresar a su casa tras ser herida gravemente en Kabul, debe enfrentarse a una tremenda tormenta emocional cuando su marido rehúsa seguir soportando la peligrosa vida que lleva. Tanto él como sus dos hijas necesitan a Rebecca y le dan un ultimátum: su trabajo o su familia.

Comentario

Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, es que no te has acercado lo suficiente.
Robert Capa

El arranque de Mil veces buenas noches (MVBN) es prodigioso. El silencio lo impregna todo hasta el punto que podemos oír como se mueve el polvo, como esas partículas polvorientas revolotean por el aire al ser atravesadas por la luz proveniente de un pequeño orificio. Incluso los pocos títulos de crédito del principio aparecen viudos, sin música del fondo. Era tan extraño que hasta pensé que la cinta se había estropeado, que se emitía sin la banda sonora. Pero no, era silencio, puro silencio que reclama nuestra atención. El cine son imágenes.

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Rebecca (Juliette Binoche) se encuentra en las inmediaciones de Kabul (Afganistán) cubriendo un reportaje sobre las mujeres que se inmolan a favor de una causa. Sus trabajos fotoperiodísticos son muy apreciados. Rebecca pasa por ser una de las grandes reporteras gráficas que retratan y tratan de denunciar distintas situaciones.

Rebecca cree en lo que hace; cree que sus trabajos denuncian la situación; cree todavía en ese periodismo que hace que se te revuelvan las tripas, a la hora del desayuno, al descubrir una imagen de denuncia social. No entiende que una imagen de este tipo quede anulada porque a Paris Hilton le han sacado en una fotografía sin bragas. Ama su trabajo. Es una cuestión de instinto. Lo lleva en la sangre. Un instinto que casi le deja sin esa sangre al meterse de lleno en el conflicto, al querer mostrar el terrible momento de la inmolación. Esa era la noticia y ella quería saber el porqué para denunciar el cómo es posible que esto pueda suceder.

Sus heridas la llevan al hospital y de ahí a su casa. Allí, en Irlanda del Norte, le esperan su marido Marcus (Nikolaj Coster-Waldau), un biólogo que trata de buscar en los peces los efectos radiactivos de una central nuclear cercana, y sus dos hijas: Lisa (Adrianna Cramer Curtis), de siete años, y Steph (Lauryn Canny), de 13 años.

El éxito, la fama y su alto grado de compromiso no es un buen compañero en las vidas del marido y de las dos hijas. Marcus no puede vivir con la angustia de estar esperando que de un momento a otro le llamen para decirle que tiene que ir a recoger el cadáver de su esposa. Y las niñas echan de menos a su madre hasta tal punto que cuando regresa es como si fuera una extraña.

Rebecca ha estado cerca de la muerte e intenta que esta no se apodere de su vida. Promete que dejara el fotoperiodismo, e inicia la recuperación tanto física como emocional al lado de los suyos. Hasta que una inocente oferta de trabajo para trasladarse a los campos de refugiados en Kenia (aparentemente sin conflicto bélico) le remueve las entrañas.

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MVBN es una potente historia con unos elementos dramáticos terribles. Parece ser que está basado en la propia biografía del director, Erik Poppe, que realizó trabajos como fotógrafo de guerra. Tiene bellos recursos visuales como los globos de papel que se elevan por efecto del aire caliente, o esas revueltas oníricas de la protagonista, en el agua, en sus momentos de zozobra. También la repetición de las olas en la playa forma parte de ese programa visual. Pero… (cuánto lamento este pero) la película falla. No sabría decir muy bien el porqué. Creo que se debe al guion. Las tramas secundarias parecen estar metidas con calzador. Por poner dos ejemplos. Es difícil justificar un viaje a África para que Steph realice «su megaproyecto» escolar. Este proyecto no deja de ser una simple actuación de final de curso. Eso sí, la niña muy comprometida con la causa de los más desfavorecidos (y hasta muy brillante y emotiva su presentación ante sus compañeros). Pero de ahí a tener que realizar ese viaje de forma imperiosa. No. Abundando más en esta trama, resulta que en un momento determinado nos muestran que Steph es una virtuosa con el dibujo artístico. Y ahí se queda, no inciden en esa particularidad que daría algo más de juego como pueda ser el hecho de que en vez de retratar con la cámara lo hiciera con el lápiz (pero claro, el legado de la madre está ahí). Y otra cuestión es el papel que desarrolla Rebecca en el conflicto. Hay un suceso, una circunstancia que supone, por parte de Rebecca, traspasar una línea no escrita, pero si respetada por todo aquel que se dedica a ser reportero de guerra. Es la no intervención, el moverte entre la gente sin que se te note, en no molestar y no interferir en el conflicto, no hay buenos ni malos, no hay niños ni ancianos, ni cristianos ni musulmanes. No puedes tomar partido, eres un mero observador por mucho que te moleste y te duela y quieras hacer algo más que disparar tu cámara. Esta cuestión se deja sin resolver. No se habla de ella y creo que le plantea a Rebecca un conflicto que no resuelve. Dicho esto, dejando estas pegas, Mil veces buenas noches, merece todos mis respetos cinematográficos. Entre otras cosas por poner en valor esta profesión de alto riesgo. Sin estos valientes no habría fotos de denuncia que incomodan a determinados gobiernos. Lo que no se ve, no sucede, eso lo tienen claro las administraciones americanas que son las primeras en censurar las imágenes de cualquier conflicto en que ellos intervienen y que ponen todo tipo de trabas en aquellos en los que tiene «oscuros» intereses. Ese deseo de dar a conocer el sufrimiento de personas desfavorecidas o metidas de lleno en un conflicto bélico, es de admirar. Y esta cuestión está bien resulta, nos mete de lleno en la piel de ella, de la reportera por encima de madre. Casi todo el peso de la cita lo lleva Juliette Binoche. Padecemos su sufrimiento, sus dudas, su conflicto interior. Su rostro lleva la pantalla transmitiéndonos esos sentimientos de manera convincente. A pocos puede sorprender ya con su actuación. La actriz pasa por ser una de las más solventes del momento y con más proyectos sobre su espalda. A su lado Nikolaj Coster-Waldau (como Markus, como marido paciente y entregado) no le va a la zaga. Parece que su físico no le penaliza para realizar este tipo de papeles. Desde que interpretó su papel de malo/malote en Headhunters disfrutamos de su buen hacer. Y no digamos nada de la saga de Juegos de tronos. Las dos pequeñas adolescentes cumplen a la perfección su papel, sobre todo Lauryn Canny interpretando a Stephanie, quién es la que más sufre la ausencia de su madre. Magnífica la escena en la que «fusila» a su madre con la herramienta de su trabajo. Dura e incómoda de ver (es como si estuvieras traspasando el ambiente íntimo en la relación madre/hija).

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MVBN cambia el rol habitual que se le atribuye a esta dura profesión. No son muchas las reporteras de guerra. Es más bien un papel que vienen desempeñando los hombres. Pero aquí Erik Poppe ha decidió que sea una mujer la que desempeña este papel. Una mujer que tiene una familia que la está esperando que regrese del frente. Mientras el marido se ocupa del hogar, de las niñas, de su trabajo. Ella, Rebecca, bastante tiene con sortear los tiros y tratar de llegar a un sitio para poder enviar sus fotos. Tiene un don, tiene un instinto que le hace muy buena en su profesión. Pero ¿a costa de su familia? ¿Tiene derecho a tener atemorizada a su familia por desarrollar su profesión? Dura y difícil respuesta, sobre todo cuanto los intereses que giran alrededor de cualquier conflicto tienen que ver más con la economía que con otra cosa. Una profesión necesaria, es ahí donde pone el acento su director, hoy más que nunca. Un compromiso que radica en lo esencial: contar lo que sucede y sacar a la luz hechos. Pero que no resulta nada sencillo por la cantidad de carpetas que sepultan a estos expedientes en las redacciones de los grandes medios de comunicación. Una dura y difícil respuesta que se plasma en la última escena de Mil veces buenas noches, en la que la propia Rebecca, angustiada, no sabe qué hacer con sus cámaras en ristre metida de lleno en la encrucijada.

“Lo más difícil que muestra este film es la vuelta a casa, porque el trabajo más duro del mundo es el que te encuentras en casa.”
Erik Poppe

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

Vanessa Winship, el ojo en la frontera

“Para mí la fotografía es un proceso de alfabetización, un viaje hacia el entendimiento”

La Fundación Mapfre recoge hasta el 31 de agosto el trabajo de la fotógrafa inglesa Vanessa Winship, nacida en 1960. En 2011, el Premio Henri Cartier-Bresson, convirtiéndose así en la primera mujer en alcanzar este prestigioso galardón. La muestra coincide con la exposición de Cartier-Bresson y, de alguna forma, la completa; nos permite apreciar parte del legado del fundador de Magnum.

Las imágenes de Winship nos trasladan a zonas fronterizas, cuyas gentes y paisajes sufren las consecuencias de conflictos ya terminados, o que los medios han dejado de cubrir. Las fotografías se presentan en blanco y negro y sin pie de foto, con lo que se enfatiza el sentimiento de unidad compositiva dentro de cada serie, cuyo significado comprendemos de forma unitaria a través de la explicación de la propia artista.

La exposición comienza con Imagined States and Desires: A Balcan Journey (1999/2003). Un viaje a Kosovo, Albania y Serbia, que se produce el mismo año en que la ONU se hace cargo, de forma temporal, del territorio kosovar. A través de la mirada de los niños a cámara, Winship nos presenta la parte más inocente de una sociedad cobijada por un paisaje destruido por su pasado, con una fuerza desoladora. Los ancianos también miran, pero en sus ojos se descubre un testigo del sufrimiento de su pueblo.

Sin título, de la serie Imagined States and Desires. A Balkan Journey, 1999-2002 © Vanessa Winship

Sin título, de la serie Imagined States and Desires. A Balkan Journey, 1999-2002 © Vanessa Winship

De esta forma, la fotógrafa juega con el contraste de manera constante: entre la sonrisa de un niño y el reflejo de un militar, entre la vida que sigue y el paisaje estancado, entre la arquitectura y escultura comunista de los Balcanes y su deterioro y destrucción. Pero, sobre todo, consigue transmitir cómo estos contrastes se interrelacionan sin remedio: las personas, marcadas por una historia reflejada en el entorno, no consiguen avanzar. Los refugiados albanokosovares se desplazan, pero, igual que un tren descarrilado, no llegan a ninguna parte.

Sin título, de la serie Black Sea. Between Chronicle and Fiction, 2002-2010 © Vanessa Winship

Sin título, de la serie Black Sea. Between Chronicle and Fiction, 2002-2010 © Vanessa Winship

La segunda serie, Black Sea: Between Chronicle and Fiction (2002/2010) tiene al Mar Negro, no tanto como protagonista, sino como hilo conector. Separación entre dos continentes y también punto de unión, este mar, que baña las costas de Turquía, Bulgaria, Ucrania, Rusia y Georgia es el lugar elegido por Winship para plantearse nuevamente la noción de frontera. Nos adentramos en este mar a través de una serie de poderosos retratos: mujeres que nos miran con el agua oscura en segundo plano, vestidas con abrigo, se alternan con imágenes de hombres descalzos, con el torso al descubierto y un muro blanco como fondo. Los siguen conjuntos en los que se distingue la importancia del mar en la vida de los pueblos que lo rodean. Las personas se nos presentan ahora en su ambiente: se representan las casas, los rituales y el movimiento constante de la gente. La vida y el mar, cuya pureza y fuerza se hace presente en cada fotografía.

Sin título, de la serie Black Sea. Between Chronicle and Fiction, 2002-2010 © Vanessa Winship

Sin título, de la serie Black Sea. Between Chronicle and Fiction, 2002-2010 © Vanessa Winship

Se proyecta un corto en la pared del fondo que, “entre crónica y ficción” nos habla de la historia de la gente que Winship retrató a lo largo de ocho años. La relación entre ellos y su lugar, la juventud empañada, el espejismo de una vida mejor, la vida tras la catástrofe. Una leyenda inventada tras enfrentamientos con toneladas de realidad. La visita virtual no permite su visionado, y este es sin duda recomendable para comprender la visión de la artista sobre su propia obra, el cuento que ilustra con su cámara.

Sin título, de la serie Georgia. Seeds Carried by the Wind, 2008-2010 © Vanessa Winship

Sin título, de la serie Georgia. Seeds Carried by the Wind, 2008-2010 © Vanessa Winship

Georgia: Seeds Carried By The Wind (2008/2010) describe “Un lugar que se desmorona bajo el peso del conflicto”. Sus paredes, marcadas por escritos y dibujos; sus paisajes y esculturas, testigos de otro tiempo; y, finalmente, los rostros de los jóvenes y niños nos transmiten pura melancolía. Se representa ese “Romance insostenible”, que evoca el pasado con color y mira al presente en blanco y negro.

La segunda parte de la exposición comienza con Sweet nothings: Schoolgirls of Eastern Anatolia (2007). Una sucesión de fotografías de niñas en Anatolia vestidas con el uniforme del colegio, en las que destaca su seriedad y sencillez.
She dances on Jackson: United States (2011/2012) es el proyecto por el que fue premiada por la Fondation Henri Cartier-Bresson. En él, Winship descubre nuevamente el “deseo humano de comunicación y conexión con los demás”. El sueño americano y su declive se percibe en los paisajes con árboles muertos, en los retratos de sus habitantes, en raíces talladas con las palabras “earth is home”. La degradación del sueño, la mentira de la sociedad dormida.

Sin título, de la serie She dances on Jackson. United States, 2011-2012 © Vanessa Winship

Sin título, de la serie She dances on Jackson. United States, 2011-2012 © Vanessa Winship

En 2010, la fotógrafa vuelve a su pueblo natal, y nos enseña Humber. Nos cuenta la historia del río, fuente de paisajes. Para finalizar, Almería: Where Gold was found (2014), es un proyecto propuesto por La Fundación Mapfre, que habla del “anonimato, la naturaleza del trabajo y la presencia en la ausencia”. Los paisajes áridos y el abandono protagonizan imágenes carentes de cualquier figura humana.
En conjunto, las potentes imágenes de Winship transmiten la victoria de la vida más allá de la destrucción, así como el terrible peso que la historia supone sobre las personas y el paisaje. Pero, sobre todo, nos invita a reflexionar junto a ella acerca de la noción de frontera, tanto política como natural; con su cámara, parece ilustrar las palabras del escritor serbio Dejan Stojanovik: “There are no clear borders, Only merging invisible to the sight.” (“No hay fronteras claras, sólo unión invisible a los ojos”).

 

 

 

Para quienes no puedan acercarse a ver la exposición o quieran ampliar la información pueden consultar:

Fundación Mapfre

O realizar una visita virtual:

Visita virtual

 

 

Bernarda Parodi

Revista Atticus

 

#Chef
Favreau elabora una sabrosona propuesta

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Película: #Chef.
Interpretación: Jon Favreau (Carl), Sofia Vergara (Inez), John Leguizamo (Martin), Scarlett Johansson (Molly), Dustin Hoffman (Riva), Oliver Platt (Ramsey), Bobby Cannavale (Tony), Robert Downey Jr. (Marvin), Amy Sedaris (Jen).
Dirección y guion: Jon Favreau.
País: USA. Año: 2014. Duración: 115 min. Género: Comedia.
Producción: Sergei Bespalov y Jon Favreau.
Fotografía: Kramer Morgenthau. Montaje: Robert Leighton.
Diseño de producción: Denise Pizzini. Vestuario: Laura Jean Shannon.
Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España.
Estreno en USA: 30 Mayo 2014. Estreno en España: 8 Agosto 2014.
Calificación por edades: Apta para todos los públicos.
Sinopsis
Cuando el chef Carl Casper repentinamente deja su trabajo en un famoso restaurante de Los Ángeles, al enfrentarse a su controlador dueño y negarse a renunciar a su integridad creativa, tiene que descubrir cuál es su siguiente paso. Por cosas de la vida, se encuentra en Miami y se asocia con su ex mujer, su amigo y su hijo para montar un puesto de comida ambulante. En la carretera, el chef Carl vuelve a sus raíces y recupera su pasión por la cocina y el entusiasmo por la vida y el amor.

Comentario
Los chefs están de moda. El arte culinario vive sus mejores momentos. España está en lo más alto. A pesar de que el gran renovador y referente de la nueva cocina se ha retirado para poner en marcha un gran proyecto (me refiero a Ferran Adriá y la Fundación –elBulli Foundation- recientemente creada) en nuestro país podemos gozar de hasta tres restaurantes entre los diez mejores del mundo. Los reality shows «nacionales» (muchos de estos son patentes internacionales), algunos con mejor fortuna que otros, aúpan, al chef, a la categoría de astro mediático, aunque sea por lo menos, durante el tiempo que dura la emisión. ¡Sí chef! es todo un grito culinario.

El chef Carl Casper (Jon Favreau) sabe que su profesión está de moda. Sabe que es el momento de brillar tras haber tenido un arranque glorioso al recibir las bendiciones de un afamado crítico culinario, Ramsey (Oliver Platt) dueño de uno de los más influyentes blogs culinarios. Ha pasado ya un tiempo y el crítico vuelve a visitar su establecimiento ahora que goza de buena fama. Se prepara para dar una vuelta a su carta e introducir una serie de platos que él mismo ha ideado (el sueño de todo buen cocinero –tener su propio libro de recetas-). Pero Carl Casper no es el dueño del restaurante. Por medio de un acuerdo, Riva (Dustin Hoffman) le cede la cocina, su espacio, en un restaurante en Los Ángeles. Pero él es la empresa, el que paga todo. Y Riva no está por la labor de modificar aquello que funciona: una carta solida y muy tradicional, pero sin chispa ni alegría alguna, atrasada, demodé. Cedió una vez y tuvo que tirar a la basura unos cuantos kilos de mollejas porque nadie las pidió. Carl se siente como una marioneta, presa de sus hilos y de las decisiones de Riva. Ese abatimiento se traduce en su carta. Justo el día en que no puede fallar, algo lo hace y se produce la hecatombe. El detonante será una mala crítica y la mala praxis que Carl hace de la red social. Quiso arreglarlo y lo único que consiguió es que esa crítica y su contestación se volvieran virales dando la vuelta al mundo. Su fracaso y… al paro.

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Carl vive y se desvive para la cocina. Desatiende el mejor menú: su familia. Se ha separado de su mujer, una explosiva Inez (Sofía Vergara) y apenas puede dedicar unas hora a su hijo, Percy (Emjay Anthony). El enfrentamiento con su jefe le viene en el peor momento anímico. Una puerta se cierre y se abre… un nuevo fogón. Con la ayuda de Inez y el primer marido de ella, Marvin (Robert Downey Jr.) monta uno de sus sueños: una furgoneta donde poder realizar comida rápida, sin descuidar la calidad. Cambia, de un plumazo, la delicada cocina francesa, por los tacos y los bocadillos cubanos. En esta nueva aventura contará con la ayuda de su incondicional amigo Martin (John Leguizamo), quien no ha dudado en dejar el restaurante para echar una mano a su amigo. También se sumará un inexperto pero voluntarioso pinche de cocina: su hijo Percy. Percy va a ser una ayuda inigualable. A pesar de su corta edad, apenas ha cumplido los diez años, es un experto en las redes sociales. Sobre todo en la que tiene el pajarito como logo. Sus vuelos alertaran a todos los nuevos comensales por donde discurre la cocina ambulante El jefe. Cada parada en su viaje inaugural desde Miami a Los Ángeles se convertirá en todo un acontecimiento multitudinario.

John Favreau ha dejado aparcadas sus superproducciones hollywoodienses (saga de Iron Man, Cowboys & Aliens) para dedicarse en cuerpo y alma a #Chef (director, guionista, actor y productor). Es como si se hubiera empeñado en hacer él también su propio menú, dejando a un lado las fórmulas exitosas y aventurarse en un terrero más personal, con un presupuesto considerablemente menor. Ha manejado sabiamente los ingredientes: actores, guion y música. Hay una secuencia que puede resumir la labor de Favreau como director de #Chef. Se trata de un rito iniciático. Carl le regala a su primer cuchillo de chef (de cocinero que hemos dicho toda la vida). Es una imagen potente, delicada, llena de sentido y rodada con sencillez. Ahí radica la gracia de esta película. Su director se deshace de toda la parafernalia de tiros, grandes explosiones, de grandes escenarios y se concentra en los pequeños detalles, en la intimidad del set de rodaje.

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A pesar de tener como título un hastag, #Chef es una road movie. Bien es cierto que la película integra modélicamente los cuadros de diálogo de Twitter por medio de un tratamiento digital de las imágenes. La cinta es un viaje por carretera. Lo más de 2700 km que separan Miami de Los Ángeles representa la distancia que separa a Carl de su familia. Carl realiza un viaje físico pero también interior. Volverá a aquello que le hizo amar su profesión, por encima de los oropeles de la fama. Tras todo viaje interior vendrá el reencuentro. Y ahí está su hijo, Percy. Emjay Anthony logra una gran interpretación y contribuye de forma admirable a que nos creamos la historia. Sorprende por su naturalidad y franqueza ante la cámara. Este viaje estará aderezado por dos ingredientes: la propia comida (los platos típicos de cada lugar que visitan –suculento esa carne que se tira toda la noche a fuego lento-) y la música salsera, para más señas, el son cubano, el ritmo sabroson que inunda la sala.

Sofia Vergara se merienda a Scarlett Johansson. Pocas sonrisas hay tan atractivas como la rubia que ha contribuido a que Modern Family sea un éxito televisivo. Claro que parece que el director ha querido rebajar los grados de belleza de Johansson tiñéndola de moreno y con un flequillo que válgame el cielo. Interpreta a Molly camarera del restaurante francés. Poco papel y reservado para la primera parte de la cinta. En la parte masculina, John Leguizamo muestra su oficio y se convierte en un buen socio aportando una gran dosis de humor con sus intervenciones. Dustin Hoffman y Robert Downey Jr aparecen poco. Casi se puede decir que son cameos muy convincentes. El primero como jefe déspota y el segundo como millonario, ex de Inez, histriónico protagonista de una secuencia hilarante por descabellada (patucos de plástico para moverse por la oficina).

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Si hablamos de películas gastronómicas, hay que hacer referencia a una de las grandes, donde cocina y drama dan como resultado una buena cinta. Se trata de Deliciosa Martha (2001, Sandra Nettelbeck), aunque también podemos meter a Deseando amar (In the Mood for Love, 2000, Wong Kar Wai ) o Comer, beber, amar (1994, Ang Lee). Los más curiosos pueden consultar estos dos enlaces (claro que meter como película gastronómica a La vida es bella, es un poco atrevido). En esta relación tampoco puede faltar La camioneta (The Van, 1996 Stephen Frears).

Una curiosidad. Favreau debió de trabajar en un camión de comida rápida, de incógnito. También estuvo asesorado por Roy Choi, ganador del premio a Mejor nuevo chef de la revista Food & Wine. Algo de esto sale al final de los títulos de crédito (no hay que perdérselos).
#Chef contiene alguna secuencia divertidísima. Es ligera, emotiva y muy, muy sabrosona. En España, debido fundamentalmente a la restrictiva normativa (por cierto, ¿no existe en los EE. UU. una reglamentación para que los menores no trabajen?), no se puede poner en cada esquina una camioneta de comida. Si no fuera así, con la situación actual, está película no es de extrañar que pusiera de moda este tipo de «establecimiento». Vayan a la moda y si quieren ver que es lo que se cocina dentro de la camioneta… Vayan al cine. ¡Sí, chef! (me lo pedía el cuerpo).

 

Películas gastronómicas
veremas
Decine21

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

 

Begin again
Tócala otra vez, Gretta

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Película: Begin again.
Interpretación: Keira Knightley (Greta), Mark Ruffalo (Dan), Adam Levine (Dave), Hailee Steinfeld (Violet), Catherine Keener (Miriam), Mos Def (Saul).
Dirección y guion: John Carney. País: USA. Año: 2013.
Duración: 104 min.
Género: Comedia romántica.
Producción: Tobin Armbrust, Anthony Bregman.
Música: Gregg Alexander.
Fotografía: Yaron Orbach. Montaje: Andrew Marcus.
Diseño de producción: Chad Keith. Vestuario: Arjun Bhasin.
Distribuidora: eOne Films Spain.
Estreno en USA: 4 Julio 2014. Estreno en España: 1 Agosto 2014.
Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

Sinopsis
Gretta y Dave, una pareja de jóvenes enamorados, se lanzan a hacer la Américas para realizar (o intentar) su sueño. Son cantantes y compositores que viven y aman la música. Llegan, con el acuerdo de un sello discográfico para que Dave publique su álbum, a la Gran Ciudad, a Nueva York. Greta tendrá que buscar su oportunidad. Pero allí se van a encontrar con que el éxito tiene muchos pinchos y ese fruto tan apetitoso, a veces, es amargo. Dan está en un limbo. Ha sido productor de éxito y fundador de una discográfica. Lleva años sin dar con un grupo o cantante que le saque de su ostracismo. En su vagabundeo se topa con Gretta y su gran tema. Este encuentro cambiará la vida de ambos.

Comentario

“Si la música es el sustento del amor, que siga sonando”
William Shakespeare

Amor, música, cine… Buena propuesta veraniega. ¿Quién es el director de Begin Again? El mismo que el de Once (2006, John Carney) aquella película que tenía buena música, con un tema poderoso y una historia bien contada. Entonces vamos… Este puede haber sido el diálogo ficticio establecido a la hora de decidirte por ir a ver tal o cual película. John Carney ya tiene sus señas de identidad: una historia de amor llevada al cine con buenos temas musicales compuestos ad hoc para la película, junto con otros temas de grandes figuras.

En contra de lo que suele ser lo habitual, los responsables de la distribución en España no han traducido el título y lo han dejado tal cual. Claro, su traducción literal sería Volver a empezar (estoy oyendo el soniquete de cuando nombraron esta película al entregar el Oscar a José Luis Garci). Y es que su traducción da muchas pistas de lo que nos vamos a encontrar al ver la cinta.

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Esta película tiene una estética y una filosofía cercana al indie. Un término anglosajón que significa independiente. Llevado al mundo de la cultura, actualmente se usa para englobar a jóvenes y adolescentes con un tipo de cosas en común que definen un estilo de vida configurando una subcultura contemporánea entre muchos jóvenes. Esto es una constante en la película. Se puede decir que la pareja protagonista es indie (sobre todo ella, como al final de la misma se verá). Van buscando su estilo propio, ser independientes, y rechazar el mercantilismo y la masificación de las tendencias. Mantener la elegancia sin perder el toque de frescura, ese podría ser su eslogan. Ah, y por supuesto, no pueden faltar los complementos: sombrerito y bicicleta urbana, a ser posible con una cesta incorporada. Este toque chic que te diferencia.

Begin again narra una historia sencilla que resulta ser un tema muy recurrente: la llegada a suelo americano para poder cumplir los sueños. Si quitamos americano y ponemos el suelo de cualquier otra patria donde tienen que recalar nuestros jóvenes estamos hablando de un tema muy actual. En la línea de una de las últimas películas de nuestro cine español y que recientemente comentamos: La vida inesperada (2014, Javier Torregrossa).

Begin again tiene su puntito de crítica social. Hay una crítica a los jóvenes, una crítica a la sociedad, y al mundo empresarial ligado a las discográficas (que bien se podría llevar a las editoras de contenidos culturales), que se encuentra gravemente enfermo: el artista crea y hay un sinfín de personas que viven, de ese fruto, casi mejor que el propio autor. Sostenida por un sólido guion, está llena de píldoras, de ideas, que se integran en la película de la misma forma que lo hacen los temas musicales realizados ad hoc. Algunos ejemplos: una pareja que entra a una discoteca a bailar escuchando su propia música, o poner una canción para bailar y jugar a que nadie se mueva; y hasta los títulos de crédito tienen su cuota de creatividad. Buenas ideas engarzadas en la línea argumental. Destacable también es la forma magnífica de contar la vida de los personajes con unos flashback integrados que alteran la línea estructural de los sucesos de manera prodigiosa, natural y sin rechinar.

Es muy evidente que Begin again está llena de tópicos. Pero estos están bien planteados y funcionan. Chico se enamora de chica; chico rompe con chica y se va con otra. Chica llora, mucho. Llora su pérdida. Chico, oh cielos, se da cuenta de que el gran amor, el amor de su vida es el que tiene a su lado. A por ella. Y la chica… (Vayan al cine). Otros de esos tópicos es el de la ruptura del matrimonio, la relación paterna filial; o encontrar la oportunidad de su vida (o no) justo la noche anterior de su regreso. Pero en Begin again, funcionan y, a fin de cuentas, eso es lo que vale. Tal vez porque están aderezadas con los temas musicales cuyas letras (imprescindible la traducción al castellano para aquellos que no dominan la lengua de Shakespeare) están en consonancia con la escena y son casi el diálogo de la misma.

(L-R) KEIRA KNIGHTLEY and MARK RUFFALO star in BEGIN AGAIN

En algún momento me ha recordado a otra gran película musical. Me refiero a El último concierto (Yaron Zilberman, 2012). Si bien en esta es música clásica, tiene en común la pasión por la música. Viven, aman y se relaciona para la música, su gran proyecto.

Otro punto fuerte es la actuación de los actores. Keira Knightley parece ser que sustituyó a Scarlett Johansson. Es flacucha, desgarbada, pero tiene una cara dulce, sensual y su belleza enamora. Punto. Lo borda. Desempeña el papel de una chica tímida, con el corazón roto, que compone sus canciones, que le da pavor subirse a un escenario para tocarlos, que no tiene ni Facebook, ni Myspace y que por no tener, no tiene ni una maqueta con sus propios temas. Mark Ruffalo también está admirable. Algo brutote, pero con su punto donjuanesco. Podríamos decir que ejecuta también su papel que hasta podemos detectar el whisky en su aliento. Ha sido guapo, ha sido un triunfador, lo ha sido casi todo en la industria musical y hasta llegó a tocar el cielo al recibir dos Grammy. Como secundaria de lujo, en el papel de esposa de Dan, Catherine Keener, está convincente. A sus espaldas tiene una gran cantidad de papeles realizados a lo largo de su carrera. Y el otro palo de la baraja es Adam Levine. No sabía nada de este actor. Representa al novio de Gretta y parece que se representa así mismo (es el líder de la banda Marron 5). Seguro que le trajeron de cabeza con el tema de la barba. Está correcto. En su conjunto y de una manera general, los personajes se nos muestran reales, cercanos y empatizan con el espectador (sales del cine con unas ganas de bailar…) porque nos los creemos y son adorables. Sobre todo con la pareja protagonista, con Greta y Dan, con Keira Knightley y Mark Ruffalo. La química entre ellos es evidente. Nos transmiten esa ilusión, esa fuerza y hasta palpamos el talento que tienen y sus ganas de salir adelante con ese grito a la esperanza cuando todo parece que estaba perdido. Comparten pasión: pasión por la música. Me quedé con muchas ganas de saber qué contienen sus listas de reproducción en sus smartphones, para pasarles las mías, para compartir esa música. Como bien dicen sus protagonistas, es algo tan personal que define a sus dueños. Pues bien, ese brillo, esa vitalidad, esa energía, es difícil de impostar. Sabíamos de las dotes interpretativas musicales de la rubia Scarlett, pero poco sabíamos las de Keira. No es de extrañar que la banda sonora de Begin again sea el CD más vendido en iTunes. Su voz interpretando los temas pop-folk los convierten en delicadas melodías (de acuerdo que más parece que esté recitando, pero es lo que se lleva en cuanto temas indie, aunque no es comparable, por poner un ejemplo con Russian Red). Por último, también sale Nueva York. Y es un topicazo más, pero la ciudad se convierte en una protagonista con sus escenarios tan reconocibles. Es la meca de muchos artistas que viajan para tratar de alcanzar sus sueños. Las grabaciones de los temas en directo, en sus calles, bajo sus puentes, en el metro, los ambientes cutres, los vagabundos, los policías, las sirenas, y toda esa parafernalia tan icónica de la Gran Manzana convierten a la ciudad en eso, en otra protagonista más.

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Destacaría dos escenas mágicas que te hacen un converso del séptimo arte a pesar (al igual que sucede en la película con la música) de no pasar por su mejor momento. La primera de ellas es cuando Dan, en un garito con actuación en directo del East Village, oye el tema con el que se da a conocer Gretta. Él, en su imaginación, va incorporando los distintos elementos, los arreglos musicales, para que esa canción, que ha interpretado penosamente debido a los nervios, se convierta en un temazo. La manera tan plástica, tan bella de cómo se incorporan es maravillosa. Dan tiene un don, pero solo se le manifiesta cuando está borracho: tiene la facultad de «ver» los arreglos que necesita un tema. Esta circunstancia le lleva a beber algo más de lo deseable. La otra escena también tiene que ver con la incorporación de instrumentos. Se desarrolla en la terraza, frente al Empire State. Tocan una canción en la que todos los músicos son cómplices y transmiten ese entusiasmo a la gran pantalla.
Una pega: algo de abuso en los temas indies. Pero como he dicho antes, como sustituyen a los diálogos, pues se aceptan. En definitiva, una propuesta que cumple con creces las expectativas que había suscitado este director tras su deliciosa Once y que deja un muy buen sabor de boca. Vayan al cine a escuchar y jueguen a ver si son capaces de estarse quietos en la butaca con el tema que nos proponen. Tópica y previsible, que despierta simpatías porque es un dulce que no amarga.

Os dejo un buen tráiler:

Luisjo Cuadrado
Revista Atticus

 

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