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Un día perfecto

La labor humanitaria: la guerra dentro de otra guerra

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Título original: A perfect day.
Dirección: Fernando León de Aranoa.
Interpretación: Benicio del Toro (Mambrú), Tim Robbins (B.), Olga Kurylenko (Katya), Mélanie Thierry (Sophie), Fedja Stukan (Damir), Eldar Residovic (Nikola).
Director de fotografía: Alez Catalán A. E. C.
Dirección de producción: Luis Fernández Lago
Dirección de arte: César Macarrón
Montaje: Nacho Ruiz Capillas
País: España. Año: 2015. Duración: 105 min. Género: Drama.
Guion: Fernando León de Aranoa; basado en la novela Dejarse llover, de Paula Farias.
Distribuidora: Universal Pictures Intenational Spain.
Estreno en España: 28 Agosto 2015.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Sinopsis
Un grupo de trabajadores humanitarios trata de sacar un cadáver de un pozo en una zona de conflicto armado. Alguien lo ha tirado dentro para corromper el agua y dejar sin abastecimiento a las poblaciones cercanas. Pero la tarea más simple se convierte aquí en una misión imposible, a causa de las circunstancias.
Los cooperantes recorren el delirante paisaje bélico como cobayas en un laberinto, que podría no tener salida. Una guerra dentro de otra guerra, en la que el único enemigo quizá sea la irracionalidad.
La crisis que tratan de resolver es humanitaria, pero ellos sólo son humanos. Humor, drama, ternura, rutina, peligro, esperanza: todo cabe en un día perfecto.
Esta película no tiene más género que el de la vida. Como en un juego de muñecas rusas, es un drama dentro de una comedia, dentro de una road-movie, dentro de una película bélica.

Comentario
Un día perfecto sitúa la acción en un jornada cualquiera de un grupo de cooperantes que pertenecen a una ONG (de ficción) Aids Across Borders, Ayuda sin fronteras. Está ambientada hacia el final del conflicto de los Balcanes de 1999. Conviene recordar lo que supuso esta guerra.
Desde 1991 hasta 1999 (incluso para algunos historiadores se extendió, por aislados escarceos, hasta 2001) en el territorio de la antigua Yugoslavia se produjeron una serie de enfrentamientos armados conocidos de forma genérica como Guerra de los Balcanes. Un espacio geográfico que abarca lo que hoy es Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Macedonia, Serbia y Kosovo. Las luchas se caracterizaron por enfrentamientos étnicos (aquellos que tienen diferentes orígenes culturales, religiosos, raciales, o geográficos). Por un lado los serbios y por otro croatas, bosnios, y albaneses. Al final un enfrentamiento entre musulmanes, cristianos y diversas etnias cuyo origen se sitúa al final de la Primera Guerra Mundial. En las mismas puertas del siglo XXI, esta guerra produjo más de 130.000 muertos y casi 4 millones de desplazados. Se constataron numerosos abusos contra civiles, cometiéndose innumerables atropellos a los derechos humanos: asesinatos masivos, torturas, castraciones y violaciones generalizadas de todas las mujeres para que una vez finalizada la guerra dieran a luz a los hijos de la raza victoriosa. Se destruyeron todas las mezquitas y todas las iglesias católicas. El papel de las Naciones Unidas, cuya misión era perseguir y buscar la paz entre los contendientes, dejó mucho que desear. «Al ordenarle a sus tropas no entrometerse en la refriega de la ex Yugoslavia, el papel de la ONU como intermediaria resultó una caricatura. En el conflicto de Bosnia-Herzegovina su actuación fue indecisa, a veces estúpida -como cuando el secretario general declaró a los habitantes de Sarajevo que han existido guerras peores-, y en cuanto a la magnitud del desastre, cómplice en la tragedia de los Balcanes». 1

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Aunque la ambientación sea en los Balcanes, sin echar mucho la vista atrás, en el siglo XX las guerras por conflictos étnicos es y ha sido una constante lacra. Desde los conflictos raciales de negros y blancos en Estados Unidos y Sudáfrica, hasta Irlanda del Norte entre católicos y protestantes, pasando por Ruanda (hutus y tutsis) o el conflicto árabe israelí. Cualquiera de estos enfrentamientos podía haber sido el escenario elegido.
Dejamos atrás la historia para centrarnos en la película. Fernando León de Aranoa (Familia, 1996; Barrio, 1998; Los lunes al sol, 2002; Princesas, 2005 y Amador, 2010) establece ese día en un clima posbélico donde las luchas prácticamente han cesado y hay una fuerte presencia de tropas de pacificación, con un gran recelo de la población autóctona hacia estos miembros y por extensión a todos aquellos extranjeros (incluso los integrantes de una ONG).

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Básicamente la acción se desarrolla a lo largo de una sola jornada (eso sí, con noche incluida). Mambrú (Benicio del Toro) junto a su intérprete Damir (Fedja Stukan) tratarán de sacar un cadáver que han tirado a un pozo que es la única fuente de agua potable de los habitantes de esa zona. La mala baba no tiene escrúpulos. Pero la cuerda se rompe debido al gran peso del muerto. Hay que buscar una maroma. Mambrú no duda en llamar a su compañero B (Tim Robbins) para que le eche una mano. Junto a él se encuentra una muy voluntariosa, pero inexperta, Sophie (Mélanie Thierry) quien casi se desmaya al contemplar el cadáver. Es su primer muerto y eso deja impronta. No hay grandes almacenes a la vista y tienen que emprender la búsqueda de la maroma hacia una pequeña población donde se encuentra el único colmado. En su camino tienen que socorrer al pequeño Nicola (Eldar Residovic) y rescatarlo de unos desalmados amiguetes que no dudan en esgrimir una pistola con tal de ahuyentar a Mambrú para recuperar su pelota. A esta excursión se sumará Katya (Olga Kurylenko), persona encargada de hacer una evaluación para ver si es rentable que la ONG permanezca allí. Katya y Mambrú tuvieron un pequeño affaire y ahora se vuelven a reencontrar.
La película se construye sobre una adaptación del libro , que narra la experiencia de una médico de una ONG internacional, Paula Farias. Unos diálogos brillantísimos, con fina ironía y humor negro pero sin causar molestias. Gracias a esto, hay un tratamiento de temas muy delicados, que no mueven precisamente a la risa. Hay una escena que es el reflejo de esta ironía. Los dos vehículos de la ONG con sus integrantes a bordo van al pueblo del pequeño Nicola en busca de la cuerda para sacar al cuerpo del pozo. Un pueblo fantasma, un pueblo devastado por la metralla, con sus casas agujereadas por la estulticia humana, abandonado. La ironía que refleja el personaje de Tim Robbins (B) cuando narra que llegan a la ciudad de la cuerda es magnífico.

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Otro gran recurso es situar a una vaca muerta en medio del camino. Es lo que Alfred Hitchcock llamaba Macguffin un hecho que no tiene mucha importancia en la trama pero que ayuda a evolucionar en la misma. La res muerte se usa contra la población o la ayuda humanitaria. La sitúan en medio del camino para que los vehículos se vayan por uno de los lados para evitar la posible mina que tenga en su interior. Pero, precisamente ese era el objetivo, que el vehículo lo rodee y así que explote, porque unas veces lo pondrán en la derecha y otros a la izquierda, o, tal vez, esté realmente en su interior.
Los actores prácticamente se reducen a 5 (dos más si unimos la fugaz intervención de Sergi López y el meritorio papel del pequeño Nicola). Dejamos a un lado la correcta interpretación del intérprete (el único que parece tomarse en serio todo lo que ocurre, y que es lógico, pues es el único nativo) para poner el foco en el duelo interpretativo dos a dos. Por un lado los hombres y por otro lado las mujeres. Dos grandes monstruos de la interpretación frente a frente. Benicio del Toro y Tim Robbins, no hay lucha por destacar, no se estorban, se complementan. Mambrú es un tipo de aspecto canallesco, de esos que las mujeres ven muy atractivos. El macho alfa de la manada. B es más hosco en el trato. No es fácil penetrar en su alma. Está curtido en mil batallas y hace del voluntariado su modo de vida. Pero tiene su corazoncito en ese corpachón de dos metros. Sin embargo, Mambrú está deseando llegar a casa y asentar su relación. Muy convincentes. Los personajes femeninos sí que pugnan por sobresalir, tanto en la pantalla como en la trama. La guapa Katya quiere imponerse jerárquicamente a la inexperta Sophie. La ve como la nueva que quiere llevarse a la cama a Romeo (Mambrú); la ve como la voluntaria que ella fue un día no muy lejano. Sin embargo, Sophie lo único que quiere es hacer bien su trabajo en beneficio de la gente a la que ha ido ayudar, aunque sea pasando por «la modelo sin fronteras» y saltándose toda la burocracia para imponer la razón y el sentido común. Y también quiere suplir su falta de centímetros con sus dotes interpretativas. Quizás la pega más grande radique en que son papeles supeditados a los de los hombres y que encontramos algún que otro cliché machista.

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He observado, últimamente, que hay una parte de críticos o aficionados a hacer críticas de películas que les gusta mucho dar caña al cine español. Y que esto es inversamente proporcional cuando se trata de cine americano. A estos se les perdona casi todo a favor de la industria del entretenimiento, y sin embargo a la española: leña al mono que es de trapo. Me consta, de primera mano, que Un día perfecto en su presentación en Cannes recibido más de diez minutos de aplausos de un público puesto en pie. Sin embargo son muchas voces la que tachan esta película de fallida, malona. «Que si no profundiza en la sicología de los personajes; que deja a un lado el desastre de la guerra; que si Sergi López es el peor actor español (el colmo de los disparates, apenas interviene 5 minutos); que si el director emblemático de cine social, lo ha abandonado». ¡Qué despropósitos!
Un día perfecto es un planteamiento inteligente, lleno de ironía, de mucho humor (un arma necesaria para distanciarse y poder sobrellevar esas situaciones a las que el hombre se tiene que enfrentar). Un relato sobre la guerra en el que no hay ni explosiones, ni tiros ni violaciones. Y apenas pocas armas. No entra a juzgar lo que allí pasó, ni el papel de los dirigentes, ni el de las fuerzas armadas, aunque sí que pone el acento sobre estas últimas al llenarlo todo de una inútil burocracia que ralentiza la toma de decisiones en el campo, en el lugar donde suceden las cosas que son muy diferentes a los despachos. Son los llamados protocolos de actuación. También hay una dosis de crítica para los señores de la guerra: unos desalmados que no dudan en hacer su agosto al colocar un depósito de agua y vender cubos como si fuera oro líquido; o aquellos otros que no te venden un trozo de cuerda por motivos étnicos.
Los actores están sobresalientes en la interpretación, aunque (no todo van a ser alabanzas) sus papeles están poco definidos, no sabemos nada de sus motivaciones. Es el primer proyecto del director madrileño rodado enteramente en inglés, pero de producción española que lo hace un producto internacional. La fotografía es brillante («qué bonita es toda esa zona que habrá quedado devastada» pensé, y resulta que está rodada en España, en la sierra granadina). Corre a cargo de Antonio Catalán ganador del Goya, en la pasada edición, a la Mejor fotografía por su trabajo en La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014). Aquí destaca no solo por el paisaje, sino el tratamiento que hace de la luz (en la escena de noche) o esos planos desde dentro del pozo o los planos cenitales a vista de pájaro (cuyo mérito será compartido con el director).

Y tiene una banda sonora potente. Quizás se note en algún momento demasiado. Se ha criticado mucho el uso de Sweet Dreams de Marilyn Manson o Where have al the flowers gond de Pete Seeger para acompañar momentos dramáticos. Pero en su conjunto es destacable.

Un día perfecto es un claro alegato antibelicista rodado sabiamente sin recurrir a la violencia, ni a las armas (más allá de una cámara y de la fina ironía), ni a ríos de sangre; que nos habla de la rutina del trabajo de una organización humanitaria (que libran a diario un guerra dentro de otra guerra) y ambientada en los Balcanes, pero que bien pudiera extrapolarse, lamentablemente, a centenares de puntos geográficos, repartidos por toda la Orbe. Una reflexión sobre el sinsentido y la irracionalidad de las guerras.

Os dejo un tráiler:

1 http://www.guerraycombate.com/wordpress/conflicto-de-los-balcanes-2/

Luisjo Cuadrado

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Sin hijos

Cuestión de prioridades

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Película: Sin hijos.
Dirección: Ariel Winograd.
Reparto: Diego Peretti, Maribel Verdú, Guadalupe Manent.
Países: Argentina y España. Año: 2015. Duración: 100 min.
Género: Comedia romántica.
Guion: Mariano Vera; basada en un argumento de Pablo Solarz.
Música: Darío Eskenazi.
Distribuidora: Syldavia Cinema.
Estreno en España: 14 Agosto 2015.
Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

Sinopsis
Gabriel (Diego Peretti) es un hombre separado desde hace cuatro años que tiene como centro de su vida el cuidado de Sofía, su hija de 8 años. La aparición de Vicky (Maribel Verdú), un antiguo amor adolescente de Gabriel hace que esta entrega total se tambaleé ya que, cuando comienzan a verse Vicky le explica que jamás saldrá con un hombre con hijos.
Esto provoca que Gabriel se vea envuelto en una divertida sucesión de mentiras para ocultar cualquier rastro de la existencia de Sofía. Cada vez que su novia llega a su casa debe hacer desaparecer juguetes, ropa y todo lo que revele que hay una niña en casa.

Comentario
Quien más o quien menos (soltero, casado, divorciado, con hijos o sin ellos) habrá tenido que asistir a la escena en la que un niño anda a sus anchas haciendo lo que le da la gana y sin tener en cuenta ni donde está, ni la gente que tiene a su alrededor. Con lo cual surge la inevitable pregunta ¿pero ese niño no tiene padres? El grado de tolerancia hacia los niños me imagino que formará parte del ADN de cada uno, aunque este se ve alterado, lógicamente, en la medida que te relaciones con los críos. Si encima eres padres, pues tu visión queda mediatizada, porque admitámoslo, nuestros hijos son los mejores del mundo, y por supuesto, los más educados. Faltaría más.
Esta parece ser la premisa que nos plantea Sin hijos. Una mujer, Vicky (Marible Verdú), se encuentra en con un antiguo amigo, Gabriel (Diego Peretti), mientras se hacen el carnet de identidad en Buenos Aires. Así a la ligera, ella, guapa, extrovertida, le confiesa que siempre le gustó. Él, algo patoso, melenudo, desgarbado, le pregunta por su hermana (siempre le gustó). Vicky le invita a realizar un viaje por Salta y los alrededores. Le da su teléfono y le dice que se lo piense. Gabriel no le dice nada. No le dice ni que tiene una mujer que le está esperando en la sala de espera preñada y a punto de dar a luz. Este hecho será crucial en el devenir de la historia. Ya nos está marcando un personaje.
Nueve años después, Gabriel, de profesión casi arquitecto (lleva diez años repitiendo que le quedan tres asignaturas para acabar) ha tomado las riendas del negocio familiar: una tienda de instrumentos musicales que heredó de su abuelo. Fruto de aquel embarazo nació Sofía y fruto del desamor surgió el divorcio: su mujer se enamoró del profesor de taekwondo de su hija. Gabriel está volcado con la niña de sus ojos. Sofía pasa la mayor parte del tiene en casa de su papá.

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Gabriel se encuentra tratando de rehacer su vida afectiva (no tiene pareja y no lo pone nada fácil a posibles pretendientes pues Sofía le ocupa casi todo su corazón) cuando vuelve a aparecer en escena una deslumbrante Vicky. Sigue tal cual. Un espíritu libre que se dedica a organizar viajes y actividades para los demás.
Vicky le vuelve a invitar a Gabriel, en esta ocasión a una fiesta privada. Gabriel ha tomado nota de sus anteriores escarceos y sabe que no tiene que hablar de Sofía, ya que actúa como desinhibidor de la libido femenina (por lo menos en la primera cita). Y lo cumple a rajatabla. Cuando quiere contar la verdad es demasiado tarde. Están a punto de darse un buen homenaje y no es cuestión de echar todo a perder. Así que una pequeña mentira lleva a la otra y ya se sabe, la trola se ha hecho una gigantesca bola, con el agravante de que Vicky tiene una manifiesta intolerancia a los niños.

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Esa situación ya la hemos visto en varias películas. Quizás, aquí la novedad la constituye el papel de la niña Sofía (Guadalupe Manent) que ante la inmadurez de su padre tiene que tomar ella las riendas para intentar salvar la propia relación de Gabriel y Vicky.
Sin hijos, es una muy buena comedia coproducida por España y Argentina que ha reventado la taquilla en los cines argentinos. Tiene muy bien marcado los tiempos del género, con una estructura convencional, con el encuentro, desencuentro y reencuentro tan típico de estas películas. La guinda también es muy del estilo hollywoodiense: una canción como actividad escolar de fin de curso protagoniza por Sofía y su padre, en la que han estado trabajando toda la película. Muy previsible. Sin ninguna duda lo mejor de todo en Sin hijos es la gran actuación de la pequeña Sofía que luce un desparpajo impropio de su corta edad (apenas 10 años). La pareja protagonista no tiene chispa. No es que sean la Bella y la Bestia, no. Pero no lucen química; entre ellos se nota una falta de afinidad. La motivación del personaje de Maribel Verdú deja mucho que desear. El punto culminante es cuando descubre el engaño revelando el suyo propio. Lo que revela no parece causar mayor desazón en Gabriel y eso no es entendible. Mejor resuelto está el personaje de Gabriel, que desde ese primer momento en que oculta a su mujer (y su embarazo) nos está desarrollando un personaje. No tenía pensado tener una relación con Vicky y cuando empieza no es de extrañar que la mentira aflore a la par que el sentimiento de culpa.

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A pesar de esas pegas, Sin hijos es una buena comedia, como he dicho antes. Sigue presente en los argentinos esa crítica constante a las terapias que proporciona unos buenos gags. Y sobre todo los proporciona ese intento de camuflar a la niña con esa doble vida impostada. Con un guion ágil, aunque algo plano, se cimienta una historia sencilla, con una cuidada banda sonora y una meritoria fotografía. La dirección corre a cargo de Ariel Winograd (Mi primera boda, 2010 y Vino Para Robar, 2013) del que no tenía referencias. Además de la pequeña, dirige a dos grandes actores que ejercen de reclamo y que son suficientemente conocidos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras: Diego Peretti y Maribel Verdú. Diego Peretti (No sos vos, soy yo de Juan Taratuto, 2007, Tiempo de valientes, de Damián Szifron, 2005) es de esos actores que su físico les marca. Hagan lo que hagan la risa te aflora. Maribel Verdú goza de una esplendorosa segunda juventud. Ella aporta mucho más de lo que, sin duda, el guion refleja. Sus gestos con la pequeña y como maneje la vis cómica la delatan como una buena actriz. Muy recientemente la hemos visto en Felices 40 (Gracia Querejeta, 2015) y anteriormente en 15 años y un día (Gracia Querejeta, 2013).

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La película no entra a juzgar a aquellos que sienten fobia por lo niños o que les molestan que sus padres no se preocupen de ellos cuando realmente están dando la lata (que no es una cosa subjetiva). Sin hijos expone que hay personas que optan por un determinado modo de vida, al igual que pudiera hacerlo por aquellos que les gusta más la playa que la montaña a la hora de elegir el lugar de vacaciones. Vicky está convencida de que lo suyo es recíproco, es como se suele decir que pasa con los animales; con aquellos que tienen miedo de los perros (por ejemplo) y al acercarse a éstos, estos huelen el miedo. Los niños huelen la fobia de Vicky, se echan a llorar y, sin quererlo fomentan su tirria. Tal vez esto se le cure con un feliz embarazo, (magnífico gag con el que cierra el film) pero eso será para otra ocasión.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Operación UNCLE
La guapa película de Guy Ritchie

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Título original: The man from U.N.C.L.E.
Dirección: Guy Ritchie.
Interpretación: Henry Cavill (Napoleón Solo), Armie Hammer (Illya), Hugh Grant (Waverly), Alicia Vikander (Gaby), Elizabeth Debicki (Victoria), Jared Harris (Sanders), Luca Calvani.
País: USA. Año: 2015.
Duración: 116 min. Género: Acción.
Guion: Guy Ritchie y Lionel Wigram; basado en la serie de televisión “El agente de C.I.P.O.L.”.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en España: 14 Agosto 2015.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Sinopsis
Situada con el telón de fondo del auge de la Guerra Fría, ‘Operación U.N.C.L.E.’ se centra en el agente de la CIA, Napoleon Solo, y el agente de la KGB, Illya Kuryakin. Obligados a apartar sus diferencias, largamente arraigadas, ambos se unen para formar un equipo que llevará a cabo una misión conjunta para poner fin a una misteriosa organización criminal internacional, que pretende desestabilizar el frágil equilibrio de poder resultante de la proliferación de armas y tecnología nuclear. La única pista que tienen es la hija de un científico alemán desaparecido, que es la clave para infiltrarse en la organización criminal, y deben luchar contra el tiempo para encontrar al científico y evitar una catástrofe mundial.

Comentario
Operación U.N.C.L.E. no es de las películas que me guste comentar. Es la típica producción al más puro estilo hollywoodiense. Ya se sabe: persecuciones, tiros, muchos tiros, gente guapa que se pega y acción, mucha acción trepidante. No es un cine de sentimientos. Coinciden en la cartelera dos ejemplos de esas películas. Por un lado Misión Imposible: Nación Secreta de Christopher McQuarrie, que se puede resumir en más de lo mismo bajo el control de Tom Cruise. En la programación del fin de semana pasado coincidiendo con el estreno, en una cadena pusieron la entrega tercera y en otro estaban con la cuarta. Y yo acababa de ver la quinta. Poca o ninguna diferencia. Lo único que puede cambiar es el papel de los malvados y el de la chica guapa. Y la otra es Operación U.N.C.L.E. de un reputado Guy Ritchie (conocido por la saga Sherlock Holmes y por su corto matrimonio con la estrella del rock Madonna).

Si me animo a hacer un comentario sobre esta película es que porque he visto en ella alguna cosa que me ha resultado novedosa y que me ha llamado la atención. En líneas generales, me ha gustado como espectáculo, como entretenimiento.

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La nueva cinta de Ritchie sigue la moda de reciclar viejos modelos para no arriesgar demasiado. Aquí el referente está más que claro: aprovechar el filón de sagas como Misión Imposible o James Bond. Pero la idea original es la versión de una serie de los años 60 que se titulaba (en España) El hombre de C.I.P.O.L. y que tenía como telón de fondo la Guerra Fría. Curiosamente participó el proyecto en el propio creador del agente 007, Ian Fleming. No es de extrañar que también esa moda, de echar mano a ideas antiguas que han dado fruto, nos llegue a España. Próximamente se estrenará Anacleto Agente Secreto, nuestra película de espías, dirigida por Javier Ruiz Caldera, basada en el comic de Ibañez y bajo el auspicio -como en esta- de la Warner Bross y muy cercana al estilo americano.

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La adaptación cuenta como el hombre de la CIA, Napoleón Solo (Henry Cavill) y el hombre del KGB, Illya Kuryakin (Armie Hammer) tienen que colaborar juntos para, con la ayuda de la hija de un científico alemán, Gaby (Alicia Vikander), tratar de evitar que una organización afín al nazismo cree una bomba nuclear. U.N.C.L.E. es un acrónimo que juega con un doble sentido. Por un lado en inglés significa «tío» y por otro hace referencia al comando que forman, a United Network Command for Law and Enforcement (algo así como Comando de Red Unida para la Ley y la Ejecución, casi nada).

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Los protagonistas son dos guapos «desconocidos». Estaban interesados en el proyecto desde George Clooney al mismísimo Tom Cruise, pasando por estrellas como Ryan Gosling, Ewan McGregor, Christian Bale, Bradley Cooper o Matt Damon. Por diferentes motivos personales, final no pudieron hacerse con el papel. Al final los principales papeles recayeron sobre Henry Cavill (El hombre de acero, 2013, Zack Snyder) que interpreta el papel de un hombre norteamericano apuesto, elegante, de exquisitos modales y de gustos refinados y Armie Hammer (El llanero solitario, 2009, Gore Verbinski) que desempeña el papel de un portento físico ruso, mitad Hombre de Cromañón, mitad Homo Habilis pero muy refinado, al que le gusta solucionar todo a base de golpes. Saben tanto de ropa y complementos como de armas. A su lado una emergente actriz sueca: Alicia Vikander (Ana Karenina, la adaptación de 2012 de Joe Wright; tiene pendiente de estrenar varios títulos). El papel de malvada lo interpreta Elizabeth Debicki (El gran Gatsby, 2013, Baz Luhrmann). Con un pequeño papel, muy acertado está Hugh Grant, muy comedido.

Operación U.N.C.L.E. es una película sencilla de seguir que responde a eso que decía al principio: persecuciones con coches y lanchas (en este caso, sustituyen a las motos «misioneras») y con gente muy guapa que se lía a mamporros. Toda la película está dominada por una estética sicodélica, propia de los años 60/70, muy adecuada para la ambientación de la historia. Por cierto que esta es de gran mérito. Está cuidado al detalle, desde las calles romanas y londinenses, la ropa, los coches, motos, muebles, hasta un portaaviones. Muy meritoria. Otro de los grandes méritos que tiene U.N.C.L.E. es la banda sonora de Daniel Pemberton. Soberbia. Es como si estuviéramos asistiendo a un espectáculo del Circo del Sol. Una coreografía dinámica que está al servicio de la acción e incluso de los protagonistas. Hay un recurso magnífico. Cuando la malvada va a entrar en una habitación del hotel, seguida de dos de sus secuaces, con la música a todo trapo, ella levanta la mano para que se paren y no haga ruido y hasta se para la música. Otro recurso cuidado con esmero son los subtítulos también con una estética muy pop. La vi doblada al castellano y este recurso es utilizado para el ruso o alemán, pero también lo utilizan para una conversación de dentro de un coche y que con la música no lo oímos. Muy hábil.

Esas son alguna de las cosas que me han gustado, pero también hay otras como el sentido del humor que se puede personalizar en dos escenas que tienen en común que la cámara enfoca al sujeto principal pero que la acción transcurre al fondo, en segundo plano (cuando Gaby, algo chispa, se marca un bailecito y cuando el americano disfruta de un almuerzo casual mientras su compañero las pasa canutas intentando dejar atrás al enemigo). Funciona. Hay un uso moderado de la pantalla compartimentada con hasta 5/6 planos que proporciona dinamismo. También los títulos de crédito son ingeniosos, proporcionándonos información de los personajes sobre una ficha menos oficial.

En este tipo de películas de entretenimiento, casi lo que menos importa es que la historia sea sólida (hombre que no tenga fallos evidentes de guion es lo mínimo). Lo que importa es la puesta en escena, efectivista y resultona, por encima de otros aspectos. Son cintas de consumo fácil que tienen el cometido de llenar las salas de palomitas. Y punto. Operación UNCLE es uno de esos blockbuster realizado con gran destreza y que tiene un punto de interés. Se han utilizado una serie de recursos cinematográficos de lo más variado que confluyen en una película amena, extrovertida, jocosa y guapa. Creo que guapa es el adjetivo, poco usual en el campo cinematográfico, pero que le viene que ni pintado: una película muy guapa. Aunque he de reconocer que el subtítulo que han buscado para España es mejor que el mío: «salvar al mundo siempre está de moda».

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


Jean-Michel Basquiat: Ahora es el momento

Desde el pasado 3 de julio, y hasta el 1 de noviembre de 2015, se puede disfrutar en el Museo Guggenheim Bilbao (en colaboración con la Art Gallery of Ontario) de la exposición Jean-Michel Basquiat: Ahora es el momento, comisariada por Dieter Buchhart y Álvaro Rodríguez Fominaya. La exposición es un auténtico homenaje al artista estadounidense, y la primera donde la importancia, reside en el contenido temático de sus obras.

Autorretrato, 1984 Acrílico y barra de óleo sobre papel, montado sobre lienzo 100 x 70 cm. Yoav Harlap Collection © Estate of Jean-Michel Basquiat.  Licensed by Artestar, New York

Autorretrato, 1984
Acrílico y barra de óleo sobre papel, montado sobre lienzo
100 x 70 cm. Yoav Harlap Collection
© Estate of Jean-Michel Basquiat.
Licensed by Artestar, New York

El 22 de diciembre de 1960, nació en el Hospital de Brooklyn (Nueva York) Jean-Michel Basquiat. Su padre, Gerard Basquiat, era de Haití y su madre, Matilde Andradas, originaria de Puerto Rico. La familia Basquiat vivía en Park Slope, en Brooklyn. Tres años más tarde, en 1963, llegará al mundo su hermana Lisane y en 1966, nacerá su hermana Jeanine. Junto a su familia, el pequeño Basquiat se criará en la calles de dicho barrio, donde comenzará su espíritu artístico y crítico a través de los graffitis.

Jean-Michel vivía en una posición acomodada, pues su padre era contable y su madre diseñadora gráfica de prestigio. Aun así, creció en un entorno familiar hostil, pues sus padres se divorciaron y por ello, debió cambiar varias veces de colegio, hasta entrar con 16 años en la City-As-School, de donde fue expulsado un año antes de graduarse por rebeldía.

Desde muy pequeño, Basquiat muestra ya un especial interés por el dibujo y a menudo, utiliza el papel que su padre lleva a casa de la empresa donde trabaja para hacer apuntes inspirados en las animaciones que veía en televisión. Su madre, además, al ser diseñadora gráfica, muchas veces hará bosquejos con él.

Sin título, 1982. Acrílico y óleo sobre lino, 193 x 239 cm.  Museum Boijmans Van Beuningen, Róterdam. Foto: Studio Tromp, Róterdam © The Estate of Jean-Michel Basquiat. Licensed by Artestar, New York

Sin título, 1982. Acrílico y óleo sobre lino, 193 x 239 cm.
Museum Boijmans Van Beuningen, Róterdam. Foto: Studio Tromp, Róterdam
© The Estate of Jean-Michel Basquiat. Licensed by Artestar, New York

Jean-Michel y su madre visitaban muy a menudo el Museo de Brooklyn, el MoMa, el Museo Metropolitano de Arte… Así, su madre le alentará en su interés por el arte y hará hincapié en la importancia de la educación.

Muy importante para él será la escuela católica privada de Santa Ana, donde conocerá a Marc Prozzo, con el que creará un libro para niños, escrito por Jean-Michel e ilustrado por Prozzo. Basquiat, se convertirá en un gran lector de español, francés e inglés.

En mayo de 1968, mientras juega a la pelota en la calle, Basquiat es atropellado por un coche, que le mantendrá un mes hospitalizado. Mientras se va recuperando, su madre le regalará el libro Anatomía de Gray, algo que marcará el resto de su vida, pues la influencia de este libro se encuentra en su obra posterior y co-fundará, en 1979, el grupo “Gray”.

En el año 1971, Gerard Basquiat (ya separado de Matilde), padre del futuro artista, se mudará con sus tres hijos y Jean-Michel se matriculará en un colegio público, el primero de muchos. En 1974, vuelven a mudarse los tres niños con su padre, pero esta vez a Puerto Rico, y no será hasta el año 1976 cuando vuelvan a Brooklyn.

El año 1976 será muy importante para él, pues a sus 16, se matricula en la City-As-School, una escuela progresista de Manhattan destinada a la formación de superdotados con dificultades en su proceso educativo. En City-As-School conocerá a Al Díaz, un grafitero del que se hará amigo y colaborador.

Junto a su amigo Al Díaz, comenzará a pintar con spray en muchas de las paredes del Bajo Manhattan bajo el seudónimo de SAMO, que significaba “SAMe Old Shit” (“la misma mierda de siempre). Era un motivo más para desahogarse por todo lo que sentían.

En 1978, con tan solo 18 años, Jean-Michel decide dejar su hogar para siempre y se irá quedando en casas de amigos, en especial en el domicilio del artista británico Stan Peskett. Basquiat sobrevivirá con la venta de postales y camisetas que el propio Jean-Michel decoraba y seguía dedicándose al graffiti, con un sentido muy poético y filosófico.

Con tan solo 20 años, la fama de Basquiat crecerá mucho, lo que hará que se relacione y trabe amistad con artistas del momento, como David Bowie o Andy Warhol. Hasta tal punto llegará su fama, que en el año 1982 se celebrará su primera exposición en solitario, donde venderá todo. Será a partir de este año cuando empieza un verdadero camino hacia el éxito.

Para entonces, Basquiat ya era conocido como un artista transgresor e innovador, cuya obra abordaba temas como la lucha de clases, el racismo, inspirándose en el Expresionismo Abstracto, el Arte Conceptual, el Jazz, los cómics y el graffiti.

Número 4, 1981 Acrílico, barra de óleo y collage papel, lienzo, 167 x 137 cm     Colección Andre Sakhai, cortesía Marianne Boesky Gallery, Nueva York. Foto: Jason Wyche © Estate of Jean-Michel Basquiat. Licensed by Artestar, N. Y.

Número 4, 1981
Acrílico, barra de óleo y collage papel, lienzo, 167 x 137 cm
Colección Andre Sakhai, cortesía Marianne Boesky Gallery, Nueva York. Foto: Jason Wyche
© Estate of Jean-Michel Basquiat. Licensed by Artestar, N. Y.

Basquiat nunca se consideró un artista del graffiti, sino que él decía que “utilizaba la pintura en spray como instrumento para abrir las puertas del mundo del arte”. Por ello, rápidamente empezará a trabajar con materiales que encontrará por la calle.

A pesar de haber anunciado en junio de 1988 que estaba libre de cualquier adicción, algo que había intentado en varias ocasiones, Jean-Michel Basquiat fallecerá el 12 de agosto del año 1988 a causa de una sobredosis de heroína en Nueva York.

A pesar de haber muerto con tan solo 27 años, Basquiat es fundamental para la Historia del Arte y en su intensa (aunque corta) actividad pictórica, pueden distinguirse tres etapas:

• 1980-1982. Graffitis de signos mezclados con formas simbólicas y aspectos de las culturas primitivas como esqueletos y calaveras.

• 1982-1985. Sus obras están llenas de palabras que se convierten en conceptos con referencias a la sociedad de consumo de Norteamérica.

• 1986-1988. Obra cada vez más sofisticada, con referencias a la tradición pictórica europea y a culturas primitivas y antiguas.

La contribución artística de Basquiat aportó al mundo en general, y a la escena neoyorquina en general, un cambio radical de concepto en la pintura, siendo el artista negro más reconocido e influyente de los años ochenta.

Su muerte a los 27 años (como sus ídolos Jimmy Hendrix o Janis Joplin) por una sobredosis de heroína, hará que Basquiat se convierta en un mito de la pintura, gracias en parte a las obras tan expresivas que hablaban de la hipocresía social.
Para entender verdaderamente a Jean-Michel Basquiat, el Museo Guggenheim Bilbao nos muestra una exposición estructurada en ocho secciones que ocupan la tercera planta, empezando por la sala 305, cuyas obras están expuestas en torno a “La calle como estudio” y “Héroes y santos”, con temática y enfoque hacia el paisaje urbano.

Jean-Michel Basquiat, 1984 Fotografía de Lee Jaffe, Copyright, Reservados todos los derechos. Cortesía de LW Archives

Jean-Michel Basquiat, 1984
Fotografía de Lee Jaffe, Copyright, Reservados todos los derechos. Cortesía de LW Archives

En la sala 306 la exposición continúa con “Reivindicando historias” y “Reflejos”, una sala que gira en torno a la historia negra y el racismo con unas poderosas y expresivas obras. En la sala 307 se puede disfrutar de “Dualidades y doble identidad”, dedicada a las relaciones ambiguas entre los individuos y los objetos.

En la sala 303 podremos disfrutar de las obras de una pareja del mundo del arte, la formada por Basquiat y Warhol, además de obras de colaboración con Francesco Clemente, Keith Haring o Kenny Scharf.

La exposición finaliza en la sala 302, con otro gran tema de Basquiat, “Sampling y scharching. Música, palabras y collage”, donde se ve la enorme influencia que la música tuvo en el artista, sobre todo el hip-hop.

La obra de Basquiat es, indudablemente, una de las más importantes e influyentes del siglo XX y tiene mucha actualidad no solo por su planteamiento formal, sino por lo que está narrando en todas y cada una de sus obras. Basquiat nunca dejó crear y a pesar de su prematura muerte, el legado que el artista ha dejado, nos sirve para comprender mejor nuestro pasado y nuestro presente, pues los temas tratados por él, como el racismo o la hipocresía social, están hoy igual de vigentes que entonces.

La exposición, una muestra pionera en Europa, establece el primer análisis temático de la obra de Basquiat y nos descubre un verdadero homenaje a la gran y brillante carrera artística de Basquiat.

Nota de la redacción. Este artículo con mayor número de ilustraciones se publicará completo en el Revista Atticus 30 que estará disponible en nuestra web sobre el 20 de septiembre

Cristina González Vítores

Revista Atticus


La viñeta de Alfredo Martirena

La viñeta de Alfredo Martirena

WIllegal immigration conflict France and England

Alfredo Martirena

Revista Atticus


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