Crítica película Valor sentimental de Joachim Trier por Gonzalo Franco Blanco

Ficha

Título original: Sentimental Value.

Año: 2024.

Duración: 135 min.

País: Noruega.

Dirección: Joachim Trier.

Idioma original: noruego, inglés. V.O.S.E.

Guion: Joachim Trier, Eskil Vogt.

Fotografía: Kasper Tuxen.

Música: Hania Rani.

Reparto: Renate Reinsve, Stellan Skarsgärd, Inga Ibsdotter Lilleaas, Elle Fanning, Cory Michael Smith, Catherine Cohen, Jesper Christensen, Jonas Jacobsen, Lena Endre, Bjorn Alexander, Pia Brogli.

Production: MER Film, Eye Eye Pictures, Lumen Production, otras.

Género: drama, ajuste de cuentas familiares, cine dentro del cine.

Premios: Gran Premio del Jurado en Cannes 2025. Seleccionada en la Sección Constelaciones de la SEMINCI 2025. (Posible película candidata a los Oscar. Igual que Stellan Skarsgärd a Mejor actor).

In memóriam de José Luis Cienfuegos.

Director de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. SEMINCI.

3 de diciembre de 2025.

Sinopsis.

Tras la muerte de su madre, las hermanas Nora y Aganes se rencuentran con el padre, del que se hallan muy distanciadas, sobre todo Nora (Renata Reinsve). Gustav Borg (Stellan Skarsgärd), el padre, es un director de cine con cierto renombre (aunque no se encuentra en su mejor momento), y le ofrecerá un papel a su hija Nora, actriz de teatro, para la película que está preparando. Nora lo rechaza porque no quiere trabajar con su padre. El padre/director acabará ofreciendo ese mismo papel a una estrella de Hollywood. Las dos hermanas, el padre y la estrella de Hollywood, se verán inmersas en varias encrucijadas antes de que los conflictos larvados se despejen.

Crítica.

Las hermanas Nora (Renate Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleas), se reencuentran con su padre, Gustav Borg (Stellan Skarskärd), en el entierro de la madre. Gustav es un cineasta reconocido, pero con dificultades para encontrar dinero y poder rodar una nueva película.  Sorpresivamente Gustav ofrecerá a su hija Nora el papel principal en esa película; es una actriz de teatro experimentada, aunque sigue sufriendo un excesivo miedo escénico y ataques de pánico en los estrenos.

Nora se negará en principio hasta a a leer el guion de la película, pero cuando al fin lo hace, convencida por su hermana Agnes, descubrirá escandalizada que es en buena parte un retrato biográfico sobre su abuela (que se había suicidado) y sobre su familia; algo que la confirma en su rechazo al papel ofrecido por el padre.  Un rechazo que es, sobre todo, a la figura de un padre ausente por ególatra, amparado o justificado en su oficio de artista, de cineasta.  Los traumas de las hermanas, sobre todo de Nora, siguen vivos y siguen doliendo.

(En Duse, 2025, de Pietro Marcello, presentada en la Sección Oficial de la SEMINCI 2025, se retrata también este papel de una artista, de una actriz, pues es una mujer en esta ocasión, y de su ausencia en la crianza y educación de una hija, motivada por las exigencias de una profesión exigente, de una diva que lo era en la escena y fuera de la escena).

Todos los  intentos del padre, del cineasta, en su doble papel de padre que intenta reconstruir una relación con sus dos hijas y, sobre todo, con Nora (las más renuente), y del cineasta que intenta convencerla para que acepte el papel, chocan con la actitud decidida de ella, que se niega una y otra vez.  Desde fuera, lo entendemos, pues siempre hay una duda latente sobre si el padre/director  busca una posible reconciliación, o solo quiere exorcizar sus fantasmas (sabe que ha sido un mal padre, aunque no lo reconozca en exceso), mediante lo único que sabe hacer: una película, una ficción, que lo exprese. Una obra con cierto carácter autoexculpatorio o redentor. Una reflexión de interés.

Hay un cuarto personaje, el de la estrella de Hollywood (Elle Fanning), que quiere hacer la típica colaboración con un director de cine independiente, o de cine de autor europeo,   aceptando un caché más reducido. El personaje no aporta mucho al guion ni a la película, salvo como un doble trampantojo, pues su presencia es una forma de conseguir financiación, pero también una forma en negativo de provocar a Nora, que advierte cómo “su papel” puede ser asumido por una actriz de calidad,  pero ajena a la historia tan personal, tan biográfica, que quiere contar.

Cabría hablar de un quinto personaje, que en buena parte es el primero y el último, por orden de intervención y por la importancia central de su presencia continuada: es una casa. La casa familiar en la que han vivido varias generaciones de esa familia, en la que vivieron su infancia las dos hermanas, con la madre distante y el padre ausente. La casa en la que vivió la abuela que se suicidó y cuya historia quiere contar su hijo cineasta con una nieta haciendo de ella, de la abuela. Una casa roja, de madera, antigua, sitiada por otros edificios más modernos. Una casa que es, como buena parte los son los objetos, depositaria de la memoria de las personas que la habitaron, testigo del tiempo y de su contínuum.  Es una de aportaciones más sutiles de la película, muestra del talento de Joachim Trier para contarnos esta historia familiar, de ajuste de cuentas entre padres e hijas, tan propia del cine nórdico y que nos trae a la memoria (sin poder ni querer evitarlo), el cine de Ingmar Bergman, no tanto por afinidades cinematográficas (que las hay), sino por convergencias en el interés y necesidad de exponer los conflictos que se producen en las familias y los  traumas que provocan en algunos de su miembros.  Y sin perder de vista que quiere ser una cinta para un público amplio, con cierta comercialidad no encubierta.

Una película de esta “finezza” ha necesitado un guion que atienda a retratar a los personajes sin deslizarse hacia lo maniqueo (sobre todo en los personajes antipáticos como el del padre), atento a las razones, justificaciones y dolores de cada uno. Un montaje complejo para alternar las historias paralelas, que resultan cómodas de seguir para el espectador. Y una fotografía y una puesta en escena que pone el foco con delicadeza en los personajes, en sus rostros, y en esos objetos (la casa, el jardín) que desprenden memoria y poesía.  Objetivos cinematográficos que me han resultado ampliamente conseguidos y que me mantuvieron atento y por momentos emocionado, sobre todo con el final.

Estos ajustes de cuentas familiares descritos parecen propios de ciertas cinematografías como las nórdicas (Celebración, 1998, de Thomas Vinterberg, por ejemplo, por no citar más). La forma de ver cine en un festival, en la misma SEMINCI de 2025, permite establecer conexiones inmediatas con otras películas y cinematografías presentes: con La chica zurda (2025), de Shih-Ching Tsou, un film taiwanés de contenido duro pero de tono amable, con un estallido doméstico final de tipo nórdico pero con más humor. O incluso con Lionel (2025), de Carlos Saiz, un experimento en las antípodas cinematográficas de Valor sentimental, y que retrata la relación también conflictiva de una familia de personas/personajes (ver crítica), pero con un tono más español, idiosincrático, mezcla de broncas y de abrazos.

Los conflictos que presenta la película empiezan a despejarse en un momento dado: los traumas de Nora son atemperados en una conversación con su hermana Agnes (de menor edad), que le recuerda que ella es más feliz porque Nora ejerció de “madre” sustituta y protectora ante un padre ausente y una madre distante: la vida presente de Nora no debería quedar castrada por ese pasado traumático. Sería injusto.

El final tiene un elemento de sorpresa (al menos para mí), al hacernos confundir el director la realidad con la ficción. Con la función del arte, del cine dentro del cine en este caso, como posible (también) sanador de heridas emocionales mediante la representación, mediante la ficción. Un final abierto a opiniones y experiencias personales de cada espectador.

Renate Reinsve (La tutoría,  2024de Halfdan Ullmann, A Different Man, 2024, de Aaron Schimberg), es una actriz camaleónica que, como Diane Keaton o Valeria Bruni Tedeschi, iluminan las escenas con su presencia. Stellan Skarsgärd (Chernobyl, 2019, de Craig Mazin y Johan Renck, La isla de los olvidados, 2010, de Marius Holst), con esos ojos a distinta altura, con esa mirada que produce cierta inquietud, es otro imponente actor. En un elenco notable en una película también notable de Joachim Trier (Oslo, 31 de agosto, 2011, donde ya aparece la casa roja, o La peor persona del mundo, 2021, con Renate Reinsve). 

Para no perdérsela, claro está.

Os dejo un tráiler:

Anexos

-Entrevista a Joachim Trier (El PAÍS, 1-dic-2025)

“La ternura es el nuevo punk”. (Frase propia de una agencia de publicidad y márketing).

“Siempre me ha acompañado un miedo, el de fracasar como padre…, no quiero ser Borg (el director al que da vida Stellan Skarsgärd)”.

“Yo estoy con Jean Renoir en eso de alimentarnos de la interacción humana desde una perspectiva muy humana. Yo no vengo del teatro o de la literatura, yo vengo de la curiosidad”.

Esta película “va sobre la cosa más poderosa del mundo: el amor”.

Entrevista a Stellan Skarsgärd (ICON, 6-dic-2025).

 ‘Hace tres años sufrió un derrame (cerebral) que ha afectado a su forma de trabajar, pero está feliz con los reconocimientos a Valor sentimental’:

“La eterna lucha entre ser persona, artista, padre, marido, amigo… La vida: creo que el secreto es no intentar ser perfecto”.

“Incluso Valor sentimental es una forma de protesta… Y de alguna forma, es una defensa de la humanidad, de las pequeñas cosas. No hay buenos ni malos, son personas llenas de matices, de contradicciones y de sorpresas”.

“No sé, pero sí creo que el arte es importante porque te permite ver el mundo a través de los ojos de otro. Lo que el lenguaje no puede explicar, el arte sí puede”.

Gonzalo Franco Blanco

Revista Atticus