Critica película La voz de Hind de Kaouther Ben Hania – Gonzalo Franco Blanco

Ficha

Título: La voz de Hind

Año: 2025.

Duración: 89 min.

País: Túnez.

Dirección: Kaouther Ben Hania.

Idioma original: árabe.

Guion: Kaouther Ben Hania.

Fotografía: Juan Sarmiento G.

Música: Amin Bouhafa.

Reparto: Motaz Malhees, Saja Kilani, Amer Hlehel, Clara Khoury.

Voz: Hind Rajab.

Productora: Tanit Films, Mime Films, JW Films, ReeFilm Studios.

Género: Hechos reales. Genocidio.  Derechos humanos. Palestina.

Premios: Festival de Venecia 2025, Premio del Público. Premios del Cine Europeo EFA 2025, Mejor película y Mejor sonido. Festival de Chicago 2025, Premio del Jurado. Proyectada en la SEMINCI 2025, Sección Constelaciones.

Sinopsis

El 29 de enero de 2024, los voluntarios de la Media Luna Roja reciben una llamada en su servicio de emergencias en Cisjordania. Es de una niña de seis años que está atrapada en un coche bajo el fuego del ejército israelí, en una gasolinera en el norte de Gaza. Les pide que la saquen de allí. Los voluntarios intentan enviar una ambulancia para rescatarla. La ambulancia no está a más de ocho minutos del lugar donde se encuentra el coche bombardeado, con toda la familia de la niña en su interior. Pero el ejército demora conceder el permiso de paso a la ambulancia y, en tanto, hablan y consuelan a una niña asustada. Su nombre: Hind Rajab.

Crítica

Quizá recordemos la noticia del 29 de enero de 2024 (de ayer mismo), sobre el asesinato a sangre fría de una niña, de una familia y de los miembros del equipo de rescate de la Media Luna Roja palestina. Quizá se haya perdido la noticia entre la avalancha de atrocidades de estos dos últimos años, en lo que constituye un caso de genocidio por parte del Estado israelí sobre la población de Gaza (y de Cisjordania).

Kaouther Ben Hania, la directora ha elegido este caso, entre tantos posible (es de suponer), para que la noticia fría, distante, y sobre todo rápidamente sustituida por otra de igual o de mayor barbarie, se fije en nuestra memoria y, seguramente, en esa sustancia donde se fijan nuestras emociones. Unas emociones que impelen a la reflexión y a la acción, en el sentido de tomar partido, de huir de la indiferencia o del cinismo.

La cineasta ha realizado una película que reproduce las horas (condensadas) que se suceden entre la primera llamada da una niña, Hind, que se encuentra en el interior de un coche que ha sido bombardeado en el norte de Gaza, hasta su desenlace. Los servicios de la Media Luna Roja activan el dispositivo para poder recatarla, si el ejército israelí lo permite. Los espectadores vemos a los miembros de la organización hablando por el móvil con Hind, animándola, dándole esperanzas sobre un rápido rescate. Es una labor agotadora, pues luchan contra todas las trabas que el ocupante opone a ese rescate. Luchan también contra su propia impotencia (que es la nuestra, en otra escala menor), para salvar a una niña aterrorizada, pero que mantiene su lucidez.

Ben Hania recoge los audios originales con las conversaciones entre la niña y el equipo de la Media Luna Roja, lo que añade no solo autenticidad, también “actualidad” a lo que vemos y escuchamos, como si siguiera ocurriendo en un presente continuo. Representa también las tensiones, muy humanas, del equipo de la Media Luna Roja, su compañerismo, sus disputas y sus dilemas ante las decisiones que tienen que tomar sobre la marcha.

Nunca vemos lo que ocurre al otro lado, en ese lugar de Gaza donde está la niña y sus familiares muertos en un coche. No vemos el coche ni a sus ocupantes, estén vivos o muertos. El lugar del espectador es el de los miembros de la Media Luna Roja. Estamos en el lado de la rabia y de su impotencia, y en la de la voluntad por seguir en la lucha, que es la de la humanidad, la de la justicia. La película se ve, en consecuencia, con un estremecimiento continuo y con los ojos nublados, en ocasiones.

El final no puede ser más desolador y un culmen de la injusticia, de la falta de humanidad que, incluso en situaciones de guerra, a veces suceden. Es la épica clásica de la guerra, a veces cantada, y siempre falsa. Aquí más falsa si cabe, pues se usa la coartada de los antepasados sometidos a otro tipo de exterminio por los nazis, o a acusaciones injustas y ridículas de antisemitismo. 

En la sala donde vi la película durante la SEMINCI de 2025 (el Carrión), se oyeron muchos aplausos,  algunos gritos contra el genocidio, y anteriormente, durante varios minutos, oí un sollozo continuado en el silencio de la sala.

Una concentración en la Gala de inauguración ante el Calderón y otra concentración ante el Carrión por la proyección de una película de producción israelí, pusieron de manifiesto que no puede haber indiferencia ante un genocidio. En el segundo caso, la concentración no era contra la película (de un director crítico con las políticas de su país), sino con la organización de la SEMINI, que no supo estar a la altura de las circunstancias.

De la directora y de su recurso al documental entreverado con el uso de la ficción para contar historias, ya tuvimos ocasión de ver en la SEMINCI de 2023, Las cuatro hijas (Les filles d’Olfa)  sobre una madre y dos de sus hijas captadas por el yihadismo. Recuerdo a la madre y algo que decía sobre el amor de las gatas madres a sus crías que alcanza a devorarlas. No se me ha olvidado.

Entrevista a Kaouther Ben Hania en El País (28/nov/2025).

“El cine no pude traerla de vuelta. Pero sí preservar su voz, hacerla resonar entre fronteras. No es solo su historia, sino la de una población que sufre el genocidio del régimen criminal de Israel. Esto no va solo de memoria, sino de urgencia”.

“No creo que el cine pueda cambiar el mundo, pero sí contribuir a ello; ofrecer argumentos. Hay gente que me dice: ‘igual no voy a ver tu película, es demasiado dura’. Yo contesto: ‘no es tu vida, pero otros sí están teniéndola. No te quedes en tu burbuja”.

“Descartó en seguida poner a una actriz a reproducir las palabras de la niña. ‘No habría sido honrarla’. Es más, los audios se antojan intocables incluso en las versiones dobladas…”

Os dejo un tráiler:

  Gonzalo Franco Blanco