Crítica película Caso 137 de Dóminik Moll

Ficha

Título original: Dossier 137

Año: 2025.

Duración: 115 min.

País: Francia.

Dirección: Dóminik Moll.

Idioma original: francés.

Guion: Gilles Marchad y Dóminik Moll.

Fotografía: Patrick Ghringhelli.

Música: Olivier Marguerit.

Reparto: Léa Drucker, Yoann Blanc, Antonia Buresi, Etenne Guillou-Kervern, Guslagie Malanada, Kevin Dabonne, Laurent Bozzi, Dorothée Marinet, Aleksandra Yermak, Alexandre Ionescu.

Producción: Haut et Court, France 2 Cinema.

Género: policiaco. Thriller. Drama.

Premios: Premios Cesar 2026 a Mejor actriz principal a Léa Drucker por Dossier 137.

Sinopsis

Stéphanie Bertrand (Léa Drucker) es una agente de policía de la IPGE francesa (Asuntos Internos), a la que le asignan la investigación de un caso sobre un joven gravemente herido durante una manifestación en París (año 2018) de los chalecos amarillos. El manifestante ha sido herido, probablemente, por el disparo de un arma policial que lanza balas de goma. Tiene que descubrir al autor o autores del hecho (otros policías) y determinar si lo ocurrido se atuvo a la legalidad. El caso adquiere ciertas connotaciones personales al descubrir los familiares de la victima que la agente ha vivido en la ciudad periférica de Paris donde residen ellos.

Potente policial en el que prima una trama rigurosa de investigación sobre un caso de posible brutalidad policial y las implicaciones personales y profesionales para la agente encargada del “dossier 137” y, de paso, para la sociedad e instituciones francesas.

Crítica

Recientemente hemos visto como un antidisturbios empujaba de forma violenta e injustificada a una persona en Valencia durante una manifestación de docentes. El atestado policial habla del uso de “una mínima fuerza reglamentaria”, etcétera, etcétera.

En el Caso 137 hay que remontarse a la galerna de manifestaciones del movimiento de los “chalecos amarillos” que se desarrollaron a partir de octubre de 2018 en Francia. La aceleración del tiempo presente y la memoria de pez colectiva en la que chapoteamos quizá haya conseguido que olvidemos el origen de este movimiento social: la subida del precio de los carburantes (sobre todo del gasóleo) debido al aumento de su tributación, que afectaba sobre todo a los que ciudadanos que vivían en la periferia de las ciudades y en el mundo rural, y que tenían que usar su vehículo para trasladarse, por ejemplo, al trabajo.

Las reivindicaciones se ampliaron al incluir la creciente carestía de la vida, el deterioro de los servicios públicos, que afecta más a las zonas periféricas, y la pérdida constante de poder adquisitivo de las clases trabajadoras y medias. Durante finales de 2018 y principios de 2019 se sucedieron grandes manifestaciones en las ciudades, incluida París, y se levantaron campamentos en las orillas de las carreteras: eran los síntomas de un malestar social que continúa manifestándose de otras formas en la actualidad. La respuesta política y policial del Gobierno francés y del presidente de la República (Macron) en 2018/19 fue desproporcionada y basta para ello echar un vistazo al número de detenidos y de heridos entre los manifestantes. Se había abierto la veda contra los chalecos amarillos.

En este contexto se desarrolla la trama de este policial, junto a la resaca que produjo en la sociedad, en las instituciones y en la propia policía. Pero Dóminik Moll y su coguionista habitual, Gilles Marchand, no han elegido realizar una película de intención social o política. Han querido hacer una película con intriga, para la que han escrito un guion con una trama de investigación de policías sobre policías, con el ritmo de un thriller serio, sobrio, sin estridencias inmersivas, casi con un tono documental, sin serlo.

Con un ritmo narrativo que no decae nunca, introduciendo imágenes de grabaciones de cámaras de seguridad, o de vídeos de móvil, en el desarrollo de la propia película, de forma muy fluida. Con una puesta en escena realista, tanto de los despachos funcionales de la policía, como de las viviendas particulares o de las calles de París. Con planos en los que los personajes (los implicados en la trama) exponen sus versiones de los hechos antes la cámara, con encadenados de los distintos interrogatorios a manifestantes y policía para que el espectador contraste las contradicciones de sus testimonios, sus verdades o sus mentiras.

El contexto social y político se “ve” siguiendo las investigaciones del grupo que dirige Stephanie Bertrand,  junto a las reacciones de sus propios compañeros policías, de sus mandos superiores, de los testigos y, por supuesto, de los propios manifestantes malheridos y de sus familiares.

Produce cierta envidia (en principio, claro está), cerciorarse de cómo en Francia la policía investiga, mediante su inspección (IGPN) o asuntos internos (dicho al estilo yanqui), las actuaciones de sus miembros que pudieran constituir faltas o delitos: un manifestante ha sido herido de gravedad en la cabeza por el disparo de una pistola de balas de goma que, presuntamente, solo puede poseer la policía. El manifestante herido fue, además, abandonado a continuación y solo la ayuda de un amigo le salvó de la muerte llamando a los servicios de emergencia.

Con una investigación sobre todo de despacho y de ordenador, visionando las grabaciones de las cámaras de seguridad, Stepahnie conseguirá localizar las imágenes del grupo agresor, pero no su identificación completa. Solo cuando consigue localizar a una testigo accidental podrá probar quiénes fueron los policías agresores y el alcance de lo que se denomina brutalidad policial. Una brutalidad grupal de una unidad de élite de la policía francesa que trabajaba como un cuadrilla neonazi, alentada y protegida por las autoridades corporativas y políticas.

Los interrogatorios a sus colegas policías, montados de forma encadenada, son una de la partes de mayor intensidad dramática de de la película, pues enfrenta a una agente con otros agentes, que no entienden (o no quieren entender) que sean investigados cuando han defendido el orden contra el “caos” que quería acabar con la república, y otras monsergas parecidas alentadas desde el poder y desde algunos medios.

Stephanie Bertrand quizá tenga sus ideas políticas, pero los guionistas no han querido entrar en esta cuestión, salvo de forma indirecta. Lo hacen mediante su vida privada, como mujer divorciada (de otro policía), con un hijo adolescente y con unos padres jubilados que siguen viviendo en la misma ciudad periférica, cercana a París, donde ella se crió. De esta ciudad son también los familiares del herido grave y su familia. El encuentro casual  (o no) con ellos en un centro comercial marcará otro de los momentos de tensión del film, pues los familiares se muestran escépticos con su trabajo de investigación. Este escepticismo, esa coincidencia de tener un origen social semejante, será un estimulo para el trabajo de Stepahnie: necesita demostrar y demostrarse que su trabajo es profesional e imparcial, que sirve para algo, aunque los sospechosos sean policías: que no tienen impunidad.

El final (que no podemos desvelar, claro está) de la investigación (que no de la película) produce bastante decepción, pues las autoridades policiales (y políticas) confirmarán el escepticismo de la familia del manifestante herido grave: perro no come perro. En claro contraste con la actitud valiente de una testigo accidental, que viviendo y trabajando  en una situación muy precaria, decide aportar una prueba fundamental.

La película se sustenta, además, en una interpretación excepcional de Léa Drucker (Close, 2022, de Lukas Dhont, Custodia compartida, 2017, de Xavier Legrand, etc.): contenida, convincente, sobre la que gira la trama de la película, tanto en su mirada como en su forma de interrogar a los investigados, educada pero incisiva. Su trabajo en esta película fue reconocido en los Premios Cesar franceses. Como convincente es todo el reparto.

Dóminik Moll y el guionista Gilles Merchand han colaborado en dos policiales anteriores a este: Solo las bestias (2019), sobre una desaparición y cinco posibles sospechosos, y La noche del 12 (2022) sobre el asesinato de una mujer y la tenacidad (e incapacidad) para resolver el caso por parte del policía encargado del mismo: importa el desarrollo de una investigación y no tanto su resolución, en contra de las reglas habituales de una película de género.  

Tres ejemplos de buenos policiales en una ya larga tradición del cines francés en este género, con denominaciones propias como “noir” (de la “Série noir”, una colección de novelas de autores estadounidenses como Dashiell Hammett o Raymond Chandler) o “polar”, contracción de roman policier y noir. Grandes directores como Jean-Pierre Melville, H.G. Cluzot o Jacques Becker dirigieron películas en este género. Guilllaume Canet o Dóminik Moll, las han hecho en una vertiente más realista y social, como en el caso de Dossier 137.

Os dejo un tráiler:

Gonzalo Franco Blanco

Revista Atticus