Crítica película Siempre es invierno de David Trueba – Por Luisjo Cuadrado
Así como el Relámpago a los Niños explicamos
con esmerada delicadeza,
la Verdad debe deslumbrar poco a poco
o a todo hombre dejará ciego
Emily Dickinson (1868)
Cita de apertura de Blitz, David Trueba, 2015
Me apetecía hablar de Siempre es invierno a pesar de que la crítica durante la septuagésima edición de la SEMINCI ya la hizo mi compañero y amigo Carlos Ibañez. No la vi en la ajetreada semana y tenía muchas ganas ya que la obra artística (tanto literaria como cinematográfica) de David Trueba siempre ofrece algún punto de interés. Tengo en un rimero encima de la mesilla Blitz. Ahora tengo otro motivo más para iniciar su lectura. Por cierto, aprovecho para recomendar la magnífica obra Saber perder (2008).
Como guionista destacó con Amo tu cama rica (1991, Two Much (1995), La niña de tus ojos (1998), o El olvido que seremos (2020). En cuanto a su filmografía como director tiene propuestas tan interesantes como la de su debut, La buena vida (1996), Soldados de Salamina (2003), Bienvenido a casa (2006), por la que recibió el premio al Mejor Director en el Festival de Málaga, Vivir es fácil con los ojos cerrados que recibe (2013) premios Goya entre ellos los de Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guion. Y en 2023 Saben Aquell, por la que David Verdaguer, su actor protagonista, logró la proeza de conquistar el mismo año los premios Goya, Gaudí, Forqué, Feroz y Fotogramas.
La historia
La historia que nos cuenta David Trueba se puede focalizar en la historia de un arquitecto, Miguel (David Verdaguer) paisajista que viaja junto a su pareja Marta (Amaia Salamanca) a Lieja a un congreso cuando su relación sentimental está resquebrajada. Un mensaje con destinatario equivocado, se cuela en el móvil de Miguel. Lo que se presumía un bonito fin de semana se convierte en el camino hacia la soledad. Miguel, desorientado, se queda solo en una ciudad inhóspita y fría para reconstruir su futuro. Allí se encuentra con Olga (Isabelle Renauld), una mujer que trabaja como voluntaria en el congreso de arquitectura. Casi veinticinco años mayor que Miguel, separada, amante de Mallorca y del cantante francés Georges Brassens. Olga lo acoge hasta organizar su vuelo de regreso. Pero no solo le proporcionará cobijo.

Los protagonistas
David Verdaguer e Isabelle Renauld rebosan química desde el primer encuentro. Se buscan para hacerse compañía en la soledad y así ayudarse a superar sus miedos. Miguel es un tipo algo insolente y algo pagado también de sí mismo. Vanidoso y presuntuoso y que parece que el mundo no aprecia su paisajismo. Se muestra torpe con sus sentimientos y bordea lo ridículo. En el fondo su ex le hace un favor que él tardara tiempo en darse cuenta. No sabe qué hacer con la situación que ahora le toca vivir. Sus gestos inseguros denotan su derrotismo. Bravo por Verdaguer que lo lleva a la pantalla convenciéndonos de que este pánfilo tiene una vida complicada por delante.
Isabelle Renauld es de esas actrices que se les nota algo al verlas, ese poso que solo el paso del tiempo logra impregnar en las actuaciones. Olga es una mujer madura, hecha y derecha, tonterías las justas. Ya no esta en el momento de perder el tiempo. Sabe lo que quiere. Y aunque la aparición de Miguel le trastoca un poco su vida, tampoco se vuelve loca. El papel de Olga trasmite un buen equilibrio entre el deseo maduro y la serenidad de los años y Renauld lo sabe llevar a la pantalla a la perfección. La relación entre ambos personajes nos lleva a plantarnos las sempiternas preguntas sobre la pérdida, la melancolía, el loco amor, la necesidad de compañía y la diferencia de edad entre los dos que conforman la pareja. Además, a Isabelle le toca la dura prueba del algodón: tiene que mostrarse desnuda. Y el resultado es que lo hace con naturalidad, valentía y orgullosa de su cuerpo.
Marta está con Miguel. Tuvo una adolescencia difícil y su paso a bailarina de ballet profesional no debió de ser fácil. Y encima surgieron las lesiones de rodilla. Truncada su carrera, truncada sus años, ahora comparte su vida siendo la ayudante /compañera de Miguel. Amaia Salamanca tiene un papel menor en cuanto el tiempo en que está en la pantalla, pero con peso en el desarrollo de la trama. Sabe mostrar ante las cámaras esa introspección de su personaje. Esa angustia vital que se traduce en un tormento interior de dejar a un hombre que le ha hecho feliz durante los últimos cinco años, pero… echa de menos algo. Y tira para adelante. Está a la altura de sus compañeros de reparto.

Conclusión
Al salir de cine, comenté con mis amigos que la película no me ha defraudado, que no es que sea nada del otro mundo, pero que tiene un poso nítido, muy bueno, que da juego. Lo cual la hace una propuesta muy interesante. De la misma forma que resulta un poco incómoda de ver. Es un trozo de la vida misma donde las relaciones adultas son las protagonistas con su complejidad, donde no hay un libro del maestro con las soluciones o las respuestas absolutas al que acudir. Siempre es invierno tiende a la tristeza en esa exploración de la pérdida y el vacío que supone la ruptura sentimental todo ello, eso sí, con el filtro del sentido del humor. Y también te produce cierta incomodidad ver la reacción de su principal protagonista, Miguel, que, a veces, te dan ganas de darle dos tortas y decirle espabila un poco que ya tienes una edad. Pero al final, todo se va recomponiendo y deja que ese paso de tiempo (narrada en doce meses de desigual longitud, siendo el primero enero, casi el único con duración de noventa minutos) sitúe a cada uno en su lugar y haciendo que los dos protagonistas articulen su diferencia de edad de la misma manera que se acoplan en esa primera relación sexual plasmada en la pantalla con una secuencia magistral, rodada con oficio, con naturalidad, con ternura, sin morbo, creíble, hasta el punto de que parece que molestamos (se nos vuelve incómoda).
Una historia muy original, llena de ricos matices que tienen a las relaciones humanas como protagonistas y que el invierno es una estación, pero no tiene porque que ser una etapa de tu vida permanente. Invierno muchas veces es sinónimo de frío, pero también lo es de buscar el calor del hogar, el refugio y el bienestar de encontrase al lado de la persona amada. ¿Y ahora qué hacemos? Vayan al cine o… quédense en casa al calor del hogar leyendo un buen libro como por ejemplo Blitz o escuchando la música de Georges Brassens o Franco Battiato.
Os dejo un tráiler:
Luisjo Cuadrado
Revista Atticus

