70 SEMINCI -Crítica película Siempre es invierno de David Trueba – Por Carlos Ibañez

Ficha

Título original: Siempre es invierno

Año: 2025

Duración: 117 min.

País: España

Dirección: David Trueba

Guion: David Trueba. Novela: David Trueba

Reparto: David Verdaguer, Isabelle Renauld, Amaia Salamanca, Jon Arias

Música: Maika Makovski

Fotografía: Agnès Piqué Corbera

Compañías: Atresmedia Cine, Ikiru Films, Siempre Es Viernes, La Terraza Films. Distribuidora: BTeam Pictures

Género: Drama. Romance. Comedia | Drama romántico

Sinopsis

    Miguel (David Verdaguer), arquitecto paisajista, viaja a Bélgica con su novia Marta (Amaia Salamanca) para participar en un congreso. Allí se precipita el final de su relación y tras la ruptura con su pareja decide quedarse a solas unos días más para tratar de recomponer su futuro. Roto y desubicado, Miguel conoce a Olga (Isabelle Renauld), una mujer que trabaja como voluntaria en el congreso de arquitectura. A su lado comenzará a reconstruirse y a entender en qué consiste su nuevo proyecto de vida. Adaptación de la novela «Blitz» del propio David Trueba.

Crítica

Como clausura a esta muy irregular edición se ha seleccionado por primera vez una película de David Trueba, que es uno de esos directores nacidos de la escritura con lo cual sus propuestas indefectiblemente nacen de una hoja en blanco y no de un dibujo o una paleta de colores. Cosa que me agrada porque como dijo “Dios”, el de su hermano mayor Fernando: “para que una película funcione debe tener tres cosas: guion, guion y guion”, y con esta figura divina me refiero a Billy Wilder, a quien se hace un guiño indirecto en esta cinta, una exposición de Paul Delvaux, pintor favorito del genio de Sucha, que van a visitar los protagonistas.

            Pero vayamos al meollo, basándose en su propia novela, Blitz (relámpago en alemán), Trueba construye una historia sólida, con personajes perfectamente definidos y con un fin: las personas. Un arquitecto repleto de buenas ideas y mala suerte va a presentar una propuesta paisajista a un concurso en Lieja y allí acontecen varios hechos concatenados que cambian su vida por completo: una pareja que le abandona, gracias o por culpa de un error en un mensaje, una voluntaria francesa de la organización que conoce de su soledad, un poco de vodka en demasía, unos besos con esa mujer que bien podría ser su madre, o casi; una mesa redonda donde se equivoca en su exposición y que sólo sirve para acercarse a un arquitecto al que odia y a otro al que admira… Sexo, ternura, un vuelo de regreso y un tren previo desde la desangelada ciudad valona hasta la capital de la Unión donde se reencuentra con el arquitecto al que odia y al que pide perdón.

            Aquí aparece Picasso y una de sus mejores frases: “el artista copia, el genio directamente apropia de la idea” y eso le pasa al protagonista, Miguel, Migüel para su compañera sensual nacida en la vecina Francia, que el genio de la arquitectura al que admira le halaga hasta quedarse con su idea. Y el odioso al principio resulta ser un amigo de verdad, alguien en quien confiar… La vida es como un reloj de arena, que, de vez en cuando, hay que darla media vuelta para ver que sigue funcionando y lo que era cruz ahora es cara.

            Miguel crece como arquitecto, tiene una relación que le cala tras un rato de cama y consigue hacernos ver que el título de la película lo lleva en sus ojos, además de detalles, más o menos graciosos y muy esclarecedores, de que para él siempre es invierno porque le extirparon el amor en un mensaje de texto recibido en su móvil mientras pagaba un par de kebabs y unas jarras de cerveza en Lieja, la ciudad de los Dardenne.

            La poesía llega en palabras y en imágenes, en la mirada escrutadora de un gato, en una postal de Mallorca y en una boda masái, pero todo le sabe a nada, que es lo que define una depresión sin diagnosticar y en una canción tan poética como social de Georges Brassens tan cercana para todos los que amamos la chanson française y tan lejana a la gente de hoy y sus temazos que se olvidan a la vuelta de la esquina.

            Un año dividido de manera desigual en doce capítulos, con el primer enero que desequilibra los otros once meses para bien de la historia y que no busca la equidistancia sino la belleza de la búsqueda y el encuentro, aunque sea casual tras jugar al billar y abusar del destilado ruso por excelencia, del amor.

            Lo mejor, la libertad de creación de los actores sobre el texto y la dirección del realizador de origen terracampino. Ver que todos los actores que aparecen en una película están realmente bien, tengan una frase o mil, es un acierto del director de reparto (eso que los horteras llaman casting) pero, sobre todo, de quien firma la obra. No se la pierdan.

David Trueba cosechó buena parte de los aplausos de los asistentes a la rueda de prensa tras el visionado de la película. Sobre la mezcla de comedia y drama, que acerca al público a emociones reconocibles y personajes con los que poder empatizar, el cineasta ha declarado: «Siempre digo que no hago géneros, no sé hacerlos. Creo que hay un género por encima de todos que es el de la vida. Tú cortas un trozo de tarta y te das cuenta que las cosas no son como nos cuentan; que dentro de las personas hay complejidades y ganas de seguir vivos».

Basada en la novela de 2015, Blitz, se trata de la primera vez que Trueba adapta él mismo uno de sus libros: «Como el título lo indica, la novela surgió como un relámpago, una necesidad de escribirla en ese momento. Y es la única vez que al empezar a escribir tuve la duda de si estaba haciendo una película o una novela. Así que muy pronto tuve las ganas de llevarla al cine y ha sido un proceso largo que culminó gracias a que Edmon y Jaime quisieron seguir trabajando conmigo después de Saben aquell».

David Verdaguer ha profundizado en la libertad que le permitió un personaje como el de Miguel, atravesado por la barrera del lenguaje en un país extranjero: «Conocer a una persona en un idioma que no es el tuyo es difícil. Pero lo que empieza siendo un problema acaba siendo como trabajar con niños. Te obliga a estar pendiente del otro, a entenderle y que te entienda. Entonces eres un actor más libre, más expresivo, porque te olvidas de ti mismo».

Por su parte, Trueba ha añadido: «Siempre he pensado que a los actores hay que darles la libertad para que hagan lo que tú quieres. Como director al principio eres muy invasivo, pero luego aprendes que el guion ya ha dejado en los actores una semilla. Lo que tú tienes que hacer es germinarla»; algo que las actrices Amaia Salamanca e Isabelle Renauld han celebrado también.

Carlos Ibañez

fotografías: Luis Gracia Reglero

Revista Atticus