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El tren de la una

Publicamos otro microrrelato. En esta ocasión es de María Ríos (seudónimo) y lleva por título El tren de la una.

El tren de la una

 Vengo del camino de vuelta de la ilusión y no estaba preparado. Cuando salí del despacho, llovía de forma pertinaz y cogí el paraguas solo pensando que a ella se le podría haber olvidado. Tenía ganas de mojarme, de empaparme, de que la lluvia me calara y la vida, de sentir, de volver a sentir.

Su llamada fue algo prodigioso, inesperado, un oasis en el desierto, como ver caer el agua después de muchos días de un mismo cielo monótono. Me daba otra oportunidad, bueno, no exactamente, dudaba, pensaba en la posibilidad… Me confesaba que ese sentimiento a ella misma le había cogido por sorpresa,  que se planteaba la cuestión de replanteárserlo… Escuchaba su voz hermosa, bella como la hermosura de su persona, de su cuerpo, de su alma, y me parecía escuchar a un ángel u otro ser divino. Tan solo el sonido de sus palabras me sonaba mejor que la novena sinfonía de Beethoven. Era sincera, ella siempre dice la verdad, por eso sus palabras saben tan bien, sean dulces o amargas. Ha tomado al menos una determinación, y era llamarme. No sabía si retomar el tren de nuestra relación… y por ello en unas horas decidiría lo que iba a hacer, aún no lo sabía y yo la creo. Si decidía volver, cogería el cercanías que llegaba a la una al andén número uno, lugar en el que en  tantas ocasiones  había yo ido a encontrarme con ella. Si no iba en ese tren, eso significaría que se había decidido por la separación definitiva. En ese caso no habría más llamadas ni cualquier otro tipo de comunicación, cada uno tiraría por su lado.

Al salir del bufete, a pesar de la lluvia que a otros hastiaba, yo veía arco iris, niños chapoteando en los charcos, cabellos húmedos y desordenados… Danzaba dando brincos y vueltas sobre mí mismo, corrí, volé hasta la estación de cercanías. No veía la hora de que llegara la una. Volver a ver su piel, la expresión de sus ojos, sus delicadas manos… En un banco desvencijado  me deleité con su recuerdo desde las doce. Me había ido con  bastante premura, quería llegar sobrado de  tiempo. La posibilidad de que me hubiera perdonado, que se hubiera apiadado de mí, de que hubiera reconsiderado los pros de nuestra unión, me daba alas y me hacía sentir que levitaba sobre mi asiento. Pasaban los minutos y me impacientaba. Se me desbocaba el pecho y me preocupaba, me preocupaba… y no tanto porque no viniera… sino porque su perdón me parecía imposible, injusto, tanto daño le había hecho que no merecía volver a estar con ella. Llegó la hora fijada. El tren venía preciso a su destino, y sentí temor, mucho miedo. Y no de que no viniera, sino de que viniera. Me había portado como un traidor y ella no merecía eso aunque se tratara de mí. Vi bajarse a todos los pasajeros en su rutina diaria y ella no vino. Respiré, mejor, me dije, mejor para ella. Para mí es como dejar de ver el sol, en este día lluvioso, oscuro, triste y solitario. Así debe ser.

Ton, ton, ton…

Cita a ciegas y La Espera

Exponemos a la opinión publica dos nuevos microrrelatos llegados a nuestra redacción recientemente.  Recordamos que dichos relatos están construídos en base a la fotografía de Alicia González y que podéis observar unas  cuantas líenas más abajo.

Cita a ciegas es obra de Daniel Sánchez Bonet, autor también de la foto que ilusta el mismo (por aquello de no repetir tanto la foto IMG_1587 ). Podéis visitar su interesante blog MICRORRELATOS A PESO en:

http://microrrelatosapeso.blogspot.com/

CITA A CIEGAS

Tantas ganas tenía de verla y de hacerlo de una vez por todas que llegué media hora antes al lugar de la cita. De Lucía, los que ya la conocían, me dijeron que sería directa, que no se iría con rodeos y que le gustaba hacer las cosas con discreción, pero muy rápidas. Según quedamos en el chat, ella llevaría un traje de color marrón y el pelo recogido y  yo llevaría un abrigo de color negro hasta las rodillas y un paraguas porque seguramente llovería. Así nos reconoceríamos. No hacía falta más. ¿Para qué llamar la atención si lo que importaba de verdad éramos nosotros? ¿Qué más daban los demás? ¿Para qué perder el poco tiempo que teníamos? ¡Íbamos a lo que íbamos y basta! ¡Dicho y hecho! Así se hacen las cosas entre desconocidos y luego, cada uno por su lado y tan contentos. Así son este tipo de encuentros, rápidos pero intensos porque a uno, en estos casos, siempre se le pone la piel de gallina y es que hay nervios, muchos nervios por si algo sale mal después de tantas dudas e indecisiones.

 Mírala, por allí viene. Tiene que ser ella. No hay otra. Discreta, a pesar de todo y con la mirada fija en mí. Totalmente segura y confiada de lo que está a punto de hacer ¿Para qué darle más vueltas?

 A la una y treinta siete, yo ya tenía lo que quería de ella y ella de mí. Fue rápido, sin arrepentimientos. Después, se marchó como si nada hubiera pasado entre nosotros.

 Ahora sólo quedaba disimular hasta llegar a casa. Una vez allí, lo abriría.

 Daniel Sánchez Bonet

La espera es obra de Álvaro Acebes Arias y nos muestra a un hombre enfrascado en sus cavilacioens.

LA ESPERA

 Tendrían que sacarme una fotografía. Sí, sería tristísimo. Si pudiera verme ahora saldría corriendo. No bajaría siquiera del tren. Ojala pudiera ser todo de otra manera, que me viera tal y como me veo yo. Que me viera desde la distancia sin que yo me diera cuenta, solo esperando y que comprendiera como son las cosas. Me apuesto lo que sea a que entonces todo sería distinto. No hay duda. Tranquilo… no pasa nada. ¿Por qué está desesperación en el pecho y este sentimiento de vacío? No debo parecer demasiado entusiasta. A alguna gente eso le asusta. Hay que evitar la dependencia, estar siempre disponible. No es bueno. Yo antes no era así. No me explico que ha ocurrido. Desde el momento en que apareció todo empezó a cambiar. Y me gustó que las cosas cambiasen. Me hizo sentir diferente pero me gustó. Debería decírselo… iremos a un café y se lo diré. Le gustará oírlo. Seguro. Pero hay que preparar el terreno, no se lo puedo soltar así como así. Necesitamos tiempo. Eso es, camina un poco… solo quedan quince minutos y estará aquí. Solo estoy esperando. Esperando pero ¿esperando el qué? Llevo dos horas en este andén y no me arrepiento. Dos horas aquí de pie… seguro que lo entendería, que me vería de otra forma y tal vez… Sí, sentiría algo, o quizá no. Esta actitud no está bien. Necesitas tranquilizarte, no pensar en ello. Ojala pudiera fumarme un cigarrillo… lo dejé por ella. Me gustaba pero la verdad es que tenía razón, me estaba destrozando los pulmones. Un paquete y medio diario, ¿a quién se le ocurre? Pero ahora me calmaría un poco… ¿Por qué traje la cartera? No hace más que estorbar. Lo mejor hubiera sido dejarla en casa. Encima está empezando a hacer frío. En el fondo esto es de risa… Hablamos ayer por teléfono y su voz sonaba tranquila, ¿verdad? No, no me dijo nada especial… solo habló de la hora de llegada y que me echaba de menos. No hay de qué preocuparse, sino no me habría dicho eso. Me ha echado de menos. Lo dijo claramente… No sé porque tengo que pensar en esto. No hay ningún problema. Todo va a ir bien… Y si no, no pasa nada. No puedes hacer nada. Son cosas que pasan…  Sigue caminando. El tren llega a menos cuarto. Falta poco. Ojala todo sea como la última vez… ¿cuándo fue? Hace dos meses, creo. En Barcelona, cuando fue a aquella reunión del trabajo y nos despedimos en el aeropuerto. Sí, fue en Barcelona… Estoy seguro de que ambos sentimos algo. Ella también. Aquel beso largo, largo que nos dimos junto a la puerta y la gente pasaba a nuestro alrededor y no nos importaba. Y yo no la soltaba y ella a mí tampoco y los dos concentrados en aquel beso… solo besándonos porque pensábamos que pasaría mucho tiempo hasta que volviéramos a vernos. Y nos besamos durante mucho tiempo… Fue maravilloso. Nunca me había sentido así… Ojala vuelva a ser lo mismo. Tal vez ella esté pensando en ese beso también. ¡No digas tonterías! Ella estará dormida en el tren. No te hagas ilusiones… Unos minutos más, solo tienen que pasar unos minutos más y todo esto habrá acabado. Creo que voy a esperar ahí sentado. Me duelen los pies. Pondré el paraguas ahí al lado, junto a la cartera. No sé porque diablos lo traje, no va a llover… hoy no.

Álvaro Acebes Arias

Concurso relato sobre la foto IMG_1587

Concurso relato sobre la foto IMG_1587 de Alicia González

 Hasta el día 23 de abril tenéis tiempo para presentar vuestros relatos sobre la foto que nos mandó Alicia González IMG_1587.

Como ya anunciamos el premio será ver vuestro trabajo publicado en la web y en la revista en su edición en papel que ya está bastante avanzada. Sabemos que no es mucho.

Esta modesta convocatoria es el preámbulo a un modesto premio. Revista Atticus convocará muy pronto, posiblemente en el último trimestre de este año, un concurso de relatos y otro de fotografía. Y habrá unos premios interesantes. No vamos a competir con el Premio Planeta o con el World Press Photo. Nada de eso. Pero os aseguro que serán atractivos. Aprovecho la ocasión para deciros que si alguno de vosotr@s, de todos aquellos que habéis accedido a esta página, os apetece ser miembro del jurado mandéis un correo indicándonos. No hace falta que seáis licenciados, doctos o magistrales. Todos sabemos que hay fotos que nos gustan unas más que otras (otra cosa es saber el porqué) y todos sabemos que un relato nos engancha y nos anima a seguir leyendo. Se trata de que aportéis esa opinión y, sobre todo un poco de vuestro tiempo. Ahora en principio se trata de elaborar las bases y ver las características para realizar la I Convocatoria del Premio Revista Atticus en Fotografía y en Relato.

Ya hemos abierto dos cuentas para que mandéis vuestros trabajos y vuestra solicitud de colaboración. Son las siguientes:

Para participar o ser miembro del jurado en el apartado fotografía:

concursofotografico@revistaatticus.es

 Para participar o ser miembro del jurado en el apartado relato:

concursorelato@revistaatticus.es

Revista Atticus pretende ser un poco de todos y todas aquellos que nos estáis siguiendo a través de la web y nos animas con vuestras palabras a que sigamos con esta labor.

 Hoy publicamos un trabajo que nos mandó Parsifal. Espero que os guste.

 FIDELIDAD

José Rubén salía del Banco de Chachapoyas, rumbo a su pequeña mina para pagar el salario a los indios. Junto a la bolsa de monedas de oro llevaba un poco de cancha y queso para comer, que lo llevaba en la alforjas cargadas en su mula torda. Y; haciendo el camino entre cumbres y valles, oliendo a espliego, tomillo y flores silvestres iba acercándose a su destino. Detrás venía su fiel Duque, perro chusco al que solo le faltaba hablar. A mediodía José Rubén buscó un sitio en el claro del bosque para comer, y sacó los alimentos, la bolsa de oro, se quitó el cinto con la pistola y se dispuso a comer.

Pensaba mientras comía en las cosas que haría cuando fuese rico y con estos pensamientos se quedó profundamente dormido. Duque, su fiel guardián  oteaba el horizonte con sus grandes ojos y cuidaba el sueño de su amo.

De pronto José Rubén se levantó, metió la mano en su chaleco y tras ver su reloj, se dio cuenta de lo tarde que era.

Rápidamente recogió sus pertenencias y empezó a galopar velozmente cogiendo un atajo accidentado para llegar antes a su mina. Duque empezó a ladrar de forma atípica y a meterse entre las patas de la torda como si quisiera pararla. José Rubén le dio la orden de quedarse quieto, pues quería llegar a su destino y  todo contratiempo sería perjudicial para él.

Pero Duque no aceptaba las órdenes, parecía que se hubiera vuelto loco, dando  ladridos y mordiendo las patas de la mula. Fue entonces cuando José Rubén sacó su pistola  disparó a Duque y prosiguió su camino a paso ligero.

Media hora más tarde se acordó que había dejado olvidada  la bola de oro en  el claro del bosque y  cuando regresó al lugar donde  había estado durmiendo media hora antes vio encima de la bolsa a Duque ensangrentado.

Brothers/Hermanos ¿Por qué han tenido que ir?

 

Hace ya unos cuantos días que no escribía sobre una película. Últimamente las que he visto no me han motivado mucho, la verdad. Y estaba esperando, deseaba de manera ansiosa, que alguna de las más recientes tuviera el más mínimo logro para ponerme a hablar de ella. Al fin, una película llamaba a mi puerta borrando de mi mente el runrún de las anteriores y todo posible comentario que pululaba por la caverna de las ideas. Quede claro que a mi me gusta ir al cine un tanto virgen. No me gusta saber de qué va. Vamos que no me gusta saber mucho el argumento. El director, los actores y hasta la banda sonora constituyen un buen atractivo. A veces un trailer puede constituir un buen aperitivo. Descubren más de lo que quisiera pero como pronto se me olvida, al cabo de dos semanas casi tengo el espíritu virginal para acudir a la sala.

Brothers/Hermanos ya llevaba en cartelera tres semanas cuando ayer por fin la vi. Es de esas películas que intuía que me iban a gustar y ayer era la última, posiblemente, ocasión antes de que desaparezca y pase al limbo del DVD.

La cinta cuenta la historia de una pequeña familia americana. Dos hermanos, hijos de padre militar, para más señas veterano de la guerra de Vietnam, constituyen el foco de atención. Uno de ellos, el capitán Sam Cahill (Tobey Maguire), encarna el papel del hijo pródigo. Excelente muchacho que está casado con Grace (Natalie Porman) y fruto de ese amor son sus dos hijas. Una vez más tiene que partir a la guerra al frente de sus soldados en Afganistán. Su hermano menor, Tommy (Jake Gyllenhaal) un tanto desnortado, acaba de salir de la cárcel por un robo. Grace recibe malas noticias sobre su marido. Tommy echa una mano en la casa y, poco a poco, se va transformando en el hijo que anhela su padre. Pero las diferencias con éste son prácticamente irreconciliables. Sin embargo, se siente muy cercano a Grace y las niñas. Mientras todo esto sucede (la reconstrucción del hogar, la recuperación de la identidad de Tommy) allá, en la línea del combate, Sam fue capturado por los talibanes llegando a perder su identidad y convirtiéndose él en el desnortado. La alegría del regreso a casa pronto dará paso a un verdadero infierno.

 

La realización de la película Brothers/Hermanos responde a dos preguntas. Una de ellas subyace en la sociedad americana y cada vez son más voces las que claman al cielo. ¿Por qué ha tenido que ir? Esa pregunta es la que le dispara, iracundo, Tommy a Grace, su cuñada, al conocer una mala noticia referente a su hermano. Pero esa misma pregunta se hacen los americanos. ¿Por qué han tenido que ir ellos a la guerra a Afganistán? ¿Por qué tienen que ir los maridos, los hijos, los padres y los hermanos a luchar, a invadir un pueblo que como bien dicen en el propio film allí no se les ha perdido nada?

No se entra en los motivos del porqué se acude a la guerra. Pero sí que se ahonda en el drama que supone acudir como soldado, como militar, en defensa de tu país al combate.

Y ahí, en el drama que supone vivir ese conflicto armado radica la otra pregunta que lanza Brothers. ¿Cómo es posible vivir después de haber vivido “eso”? ¿Cómo?

La película gira entorno a esas dos cuestiones a través de dos frentes conflictivos. Por un lado la relación filial de Tommy y su padre y por otro la relación del triángulo amoroso que forman Grace, Sam y su hermano Tommy.

No es una película más sobre la guerra. Ni es una película más sobre el ejército americano. Es más, esta película está basada en su homónima danesa de la directora Susanne Bier y allí las tropas eran de la ONU. El pretexto de la guerra es el desencadenante para asistir a una lucha de emociones. El terrible episodio que vive Sam en la guerra le hace la vida imposible en la paz (¿paz?) del hogar.

Los tres protagonistas están soberbios. El más flojo de ellos es Jack Gyllenhaal (Tommy) un tanto panoli. Actúa de forma comedida, pero convincente. Tobey Maguire (Sam) hace una actuación magistral. Quien habitualmente en las últimas cintas se ha mostrado hierático, en esta ocasión nos transmite el drama que está viviendo. Refuerza su papel la excelente caracterización a la que se vio sometido para protagonizar la segunda parte de la película, mucho más delgado, demacrado hasta dar grima. Y, por último, en el papel estelar destaca por encima de los varones Natalie Portman (Grace). Guapísima, dramática, actúa que se come la pantalla y a todo el que se ponga por delante. Nos hace llorar con su drama, su rostro lo llena todo y nos transmite fuerza, verosimilitud y, en definitiva, pasión.

 

Brothers/Hermanos una película de Jim Sheridan es interesante, con una importante y sutil carga antibélica, posiblemente algo tamizada por la industria hollywoodiense. Quienes no hayamos visto la cinta danesa bien podremos acudir al DVD para visionarla y buscar los paralelismos. De Brothers/Hermanos destacaría el referido papel de Natalie Portman y una escena. La escena que viene a constituir lo que se llama el punto medio de la cinta y que desencadena buena parte del drama: Una escena típica de una cena familiar donde todos los miembros de la misma se reúnen para celebrar el cumpleaños de la pequeña Maggie. Su hermana mayor no acaba de reconocer al hombre que ha venido del frente como su padre. Juguetea con un globo, molestando, interrumpiendo, creando una terrible tensión que nos incomoda en nuestros asientos, que preconiza el drama que está a punto de estallar y vaya si estalla. Todo ello subrayado por el juego de miradas de los asistentes. Magistral. ¡Vayan al cine!

Luisjo

Sombras nada más, por Berta Cuadrado

Un relato más nos ha llegado sobre la foto de Alicia González que pusimos por título IMG_1587

 SOMBRAS NADA MÁS

 Son las 6:30 y se activa la radio. César se viste, da de comer a los peces, engancha la correa al collar de Bosco y sale a correr con él durante quince minutos. A la vuelta se asea mientras suena una pieza de Vivaldi, desayuna copiosamente y deja la casa recogida. A las 7:15 revisa el contenido del maletín, se pone el abrigo y coge el paraguas porque el día está nublado. En el breve trayecto que separa la salida del metro de las escaleras de la facultad el viento se ríe del paraguas, del abrigo, de los recién planchados pantalones y los lustrados zapatos del joven profesor de psicología.

Trata de adecentar su aspecto en el baño que hay junto a la puerta principal del edificio, y sube a su despacho. Allí abre el correo y descubre que durante la única hora que tenía libre esa mañana han convocado una reunión del departamento. Corrijo: la única hora libre que tenía en todo el día, pues la tarde tiene que dedicarla íntegramente a su tesis, que el tiempo apremia y con la competencia que hay ya se sabe; “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.

Al abandonar la facultad repara en los charcos que alfombran las escaleras. Se detiene a observar un papel que descansa al fondo de uno de ellos. Dice: “Fotocopiar para Esperanza” No se resiste al juego de la metáfora, y sumerge su mano en el agua para rescatar a la esperanza de morir ahogada.

Ya pasan las 13:30 y la estación de metro se encuentra inusitadamente vacía para tratarse de un viernes lluvioso. César se encuentra solo en su lado del andén, en cambio en el lado contrario hay varias sombras envueltas en gabardinas y chaquetas. Se siente observado por su condición de único habitante de este lado de la vía, por lo que se vuelve de espaldas al público. Vano intento, pues en la pequeña mampara de cristal, entre los logotipos de la empresa de transporte, descubre de nuevo las siluetas de sus observadores. Hay una que le inquieta especialmente. Se trata de una figura pequeña que se abraza a una carpeta atiborrada de apuntes. Una breve falda cubre parte de sus piernas y su pie derecho describe círculos sobre la puntera. Un tren para frente a ella y César se vuelve para ver cómo desaparece engullida por él. Pero la chica no sube al vagón y cuando éste se aleja se quedan los dos frente a frente, separados tan sólo por las vías.

Ella posee una sonrisa medio burlona, medio retadora,  y mantiene la mirada de César con un aplomo que no deja de sorprenderle. Entonces cae en la cuenta de que es una alumna de primero, de Psicología del Aprendizaje, y hace un gesto con la cabeza para saludarla. Incapaz de esbozar una sonrisa y  tratando de recordar aquel lenguaje del flirteo y de las primeras aproximaciones, el profesor baja la cabeza avergonzado por su inexperiencia. A continuación desoye por primera vez en años la voz de su conciencia, desanda el camino y enfila sus pasos hacia el otro lado, donde le espera esa alumna caprichosa retorciendo con los dedos la goma de la carpeta. En una papelera abandona el paraguas –“total, esta mañana se doblaron dos varillas”- y con cuidado de no tropezar por las escaleras, teclea en el móvil un mensaje para su hermana: “Por favor, saca a pasear a Bosco por mí, me ha surgido una comida imprevista”.

 Berta Cuadrado Mayoral 

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Os recordmaos que podéis mandar vuestro relatos hasta el día 23 de abril.

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