Exposición LADYLIKE. Disciplinamiento, belleza y violencia. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

El Museo Nacional de Escultura presenta la exposición temporal LADYLIKE. Disciplinamiento, belleza y violencia.

La muestra se articula en torno a una serie de obras creadas por la artista Elo Vega y nacidas de la investigación que ha desarrollado sobre la relación entre la estatuaria clásica y otras imágenes de la historia del arte y de nuestra cotidianidad.

Las creaciones de Vega se configuran a modo de ensayo visual acerca de la representación del cuerpo femenino en diversos modelos escultóricos de la antigüedad y en obras procedentes de ámbitos como el publicitario, el artístico, el periodístico o el literario.

El nexo de unión entre obras tan aparentemente lejanas son las obsesiones, los sueños, las fantasías y los miedos que recaen sobre las mujeres. Este magma de emociones, sentimientos, filias y fobias, comportamientos, costumbres, aspiraciones y rechazos ha sido denominado por la crítica feminista como the male gaze, término que busca dar nombre a la representación de las mujeres como objeto sexualizado para su consumo por el hombre heterosexual.

Así, LADYLIKE se suma a una dinámica expositiva que el Museo inició en el año 2011 con Figuras de la exclusión y se vio continuada en 2017 con Nada temas, dice ella. Una apuesta decidida en pro de la igualdad de género en el mundo del arte y en la sociedad en su conjunto.

Por último, esta muestra cierra un ciclo expositivo en el que el arte contemporáneo ha convivido con las obras históricas del Museo de la mano de Eduardo Chillida y Juan Haro, y en el que se ha reivindicado una relectura crítica de la historia del arte que dé a las mujeres el espacio que merecen.

Elo Vega es una artista visual e investigadora que aborda en su trabajo cuestiones sociales, políticas y de género desde una perspectiva feminista antipatriarcal. Sus proyectos artísticos analizan los procesos de generación y reproducción de ideología y construcción de identidad, desde una perspectiva crítica de la cultura como instrumento político.

Ha recibido diversas becas de intercambio universitario con l´Ecole Regional de Beaux Arts de Nantes (Francia), y en México en las Facultades de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad de Puebla (BUAP), Universidad Autónoma de Baja California, Tijuana (UABC) y en el Programa de Estudios de Género de la UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México.

En 2021 obtuvo la Beca AECID-MAEC de residencia artística en la Real Academia de España en Roma.

Integrante del Instituto Universitario de Investigación en Género e Igualdad (IGIUMA) de la Universidad de Málaga, Vega ha participado en proyectos de pedagogía colectiva y exposiciones, principalmente en torno a la construcción de la historia, la memoria y las identidades. Su obra ha estado presente en instituciones como el Centro Galego de Arte Contemporáneo, el MACBA, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museu Picasso de Barcelona, el IVAM, el MUSAC, Es Baluard Museu d’Art Contemporani o el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile.

Muy habitualmente, el arte refleja el sistema de valores dominante en cada sociedad. Sin embargo, también puede contribuir a su evolución enfrentando los dogmas establecidos. En esta línea, Elo Vega presenta una selección de obras en un cruce entre la investigación académica, el activismo feminista y la creación artística. Su objetivo, lejos de la censura o cancelación, es hablar de lo que normalmente se calla. Con este fin, la artista articula a lo largo de tres salas un discurso en el que explora el canon de belleza, sus orígenes e influencia actual y, a la vez, señala la presencia, aún hoy, de una cultura de la violación.

Un vistazo fugaz a los mass media, las redes sociales y la comunicación 4.0 permite comprobar que, aún hoy, a las mujeres se les exige un modelo muy concreto de belleza. Esta simple realidad se traduce en una situación de vulnerabilidad basada en la dependencia de la «aprobación masculina»: los hombres miran a las mujeres y las mujeres se miran a sí mismas mientras son observadas. Así, esta «obligación de belleza» pesa sobre las mujeres como un fardo, al que aluden la pareja de obras tituladas Fardello I (sala 1) y Fardello II (sala 2). Esta construcción visual evidencia, por un lado, que las formas y funciones de la fotografía pueden ser inscritas en una genealogía que las entronca con las reproducciones de la estatuaria clásica que conserva el Museo Nacional de Escultura. Por otro, que la escultura figurativa ha participado históricamente, en cada época y cultura, en la construcción del canon de belleza.

Con su intervención, Elo Vega nos muestra cómo este canon es inequívocamente eurocéntrico y pivota en torno al ideal caucásico construido sobre el legado de la Grecia clásica. Así lo demuestra la pareja de Venus (sala 3) que preside la sala: cuerpos armoniosos y estilizados, proporciones ideales y posturas serenas. Cualquier propuesta alternativa se negocia siempre con ese estándar, permaneciendo intacta la aspiración a la apariencia de la juventud.

Así, las obras de la serie Scolpire (sala 2) explicitan su objetivo en su propio título: en el interior del verbo italiano scolpire (esculpir), está la palabra colpire (golpear). Esta relectura crítica del imaginario femenino busca, en efecto, des-golpear: deshacer la violencia implícita en la escultura clásica y que pervive en la cultura contemporánea, como señala Vega en Filo rosso (salas 1 y 2).

Voces como la de Laura Mulvey, Linda Nochlin o Griselda Pollock han reflexionado sobre cómo este imaginario se ha construido a partir de la mirada masculina, produciendo personajes femeninos recurrentes que responden más a la fantasía de quien mira que a la complejidad real de las mujeres. De acuerdo con esta visión crítica de la historia del arte, la «mujer fatal», el «ángel del hogar», la «dama en apuros», etc. son prototipos que encasillan a las mujeres según su relación con el canon impuesto. Con este fin, en Spolia captae (sala 3), Elo Vega reúne un grupo de souvenirs que reproducen las estatuas clásicas que han configurado el canon. El hecho de que se expongan en el interior de un fanal de cristal simboliza tanto la cautividad de la mujer como su concepción de objeto que debe ser exhibido.

Siguiendo la lógica estética de la obra anterior, Spolia raptae (sala 3) consta de siete reproducciones de esculturas clásicas que representan escenas de «raptos» —eufemismo utilizado para no hablar de violaciones—. La instalación se completa con un texto bordado en blanco sobre un fondo igualmente blanco que reproduce un fragmento de la Declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, adoptada el 20 de diciembre de 1993.

En ¡Y tenía razón! (sala 3), Vega da cuenta del rechazo a la condescendencia con que el patriarcado muestra compasión por las desgraciadas vidas de las mujeres que no se someten a su mandato. Partiendo de la célebre pintura de Enrique Simonet conocida popularmente por el título de ¡Y tenía corazón! (1890) —en el que se representa la autopsia de una supuesta prostituta— y el uso que hace de ella Barbara Kruger en su obra No Radio (1988), la artista teje, literalmente, un tercer sentido.

En Pas éternel (sala 1), Vega reproduce una frase extraída de las Meditaciones estéticas. Los pintores cubistas (1913), de Guillaume Apollinaire, a través del bordado.

Con estas creaciones, la artista onubense señala una estrategia de la que las mujeres se sirven para dar forma a sus reivindicaciones a través del arte: la resignificación de los instrumentos opresores como herramienta de liberación. Un modo de actuar ya presente en la mitología clásica de Ovidio: Filomela, princesa ateniense, es violada por su cuñado, quien le corta la lengua para que no pueda delatarlo. Ella, privada de su voz, borda un paño delantando a su violador.

Por último, la exposición incluye una obra en proceso, Rape Scene, inspirada en el relato mitológico del Rapto de las sabinas. Formada por más de setenta imágenes, esta composición evidencia cómo las obras de arte han constituido históricamente una poderosa y sutil herramienta de legitimación de la violencia misógina, pero del mismo modo son susceptibles de ser utilizadas como dispositivo de reflexión y cambio.

La exposición se puede contemplar desde el 5 de noviembre de 2025 al 8 de marzo de 2026.

Nota de la redacción. Para el texto se ha utilizado el dossier de prensa facilitado por la entidad con el único fin de dar a conocer dicha actividad.

fotografías: Chuchi Guerra

Revista Atticus