Crítica película Hamnet de Chloé Zhao

Ficha

Título original: Hamnet

Año: 2025

Duración: 125 min.

País: Reino Unido

Dirección: Chloé Zhao

Guion: Maggie O’Farrell, Chloé Zhao. Novela: Maggie O’Farrell

Reparto: Jessie Buckley, Paul Mescal, Emily Watson, Joe Alwyn, Jacobi Jupe, Olivia Lynes…

Música: Max Richter

Fotografía: Lukasz Zal

Compañías: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; Amblin Entertainment, Amblin Partners, Book of Shadows, Hera Pictures, Neal Street Productions. Distribuidora: Universal Pictures, Focus Features

Género: Drama | Biográfico. Maternidad. Paternidad. Teatro. Literatura

Grupos: Shakespeare, Hamlet

Sinopsis

Año 1580, Inglaterra. El humilde profesor de latín William Shakespeare conoce a Agnes, una joven de espíritu libre, y ambos, totalmente embelesados el uno con el otro, inician una tórrida aventura que conduce a un matrimonio y tres hijos. Pero, mientras Will trabaja por forjarse una carrera en el teatro en la lejana Londres, Agnes debe lidiar en solitario con la vida doméstica. Cuando sucede una tragedia, el vínculo antaño inquebrantable de esta pareja se verá puesto a prueba, pero esa experiencia compartida sembrará la semilla de la creación de Hamlet, la intemporal obra maestra de Shakespeare.

Crítica

Hamnet nos traslada a Straford en el siglo XVII en un mundo rural donde un joven profesor de latín (Paul Mescal) conoce a una enigmática y atractiva mujer, Agnes (Jessie Buckley). Muchos en el pueblo consideran a Agnes una especie de bruja, de mujer del monte (como lo tenían su madre y su abuela), y la juzgan porque no la entienden. Es una mujer al margen de las convenciones sociales del momento. No es como ellos. Es un espíritu tan libre como el paisaje verde y exuberante que rodea su hogar. Y, además, parece poseer un don. Pero el joven se acerca a la muchacha con la excusa de la cetrería al ver como Agnes se desenvuelve con su halcón. Y a pesar de todo lo malo que ha oído sobre ella, el amor irrumpe con fuerza. Tiene en contra a todos (incluso la edad ya que es menor y necesita el permiso de su padre) pero, aun así, el joven consigue casarse con Agnes en el momento en que se queda embarazada. Sus padres Mary (Emily Watson) y John (David Wilmort) se muestran entre resignados y escépticos. Este último dará el visto bueno al ver la posibilidad de ganar dinero con el enlace. Tiene mucho peso en la decisión el visto bueno que da el hermano de Agnes, Barthelomew (Joe Alwyn) un hombretón muy comprensivo y compenetrado con su hermana.

© 2025 FOCUS FEATURES LLC

El joven está supeditado al fuerte carácter de su padre. Sus vejaciones tanto físicas como psicológicas se le vuelven insoportables con Agnes en su vida. Tiene que compaginar los trabajos en el taller familiar de fabricación de guantes con su pasión por la escritura. Pero… no es feliz. Está desesperado y pronto Agnes se da cuenta de su tormento. Y urde un plan. Para ello echa mano de su hermano para que lance una idea a John, pero de tal manera que parezca que el proyecto de mandar al joven a Londres para ampliar el negocio familiar es cosa de él. Y el ardid funciona.

Ya convertido en escritor de éxito y director de su propia compañía teatral, William, tratará de acercar a su familia a Londres. Pero Agnes se muestra una y otra vez reacia ya que no quiere separarse de su forma de vida: el bosque. Además, parece no ser consciente del éxito de su marido, de que él pueda ganar dinero en el corral de comedias. Y a raíz del trágico suceso familiar, menos aún. Este hecho, y su ausencia marcará el devenir tanto de su escritura como de la vida familiar.

Zhao integra, magistralmente, la trama de los mellizos en la película. Susanna es la hija mayor. El nuevo embarazo de Agnes es recibido por todos con júbilo. Ella nota que algo no le cuadra, que algo no va como en el anterior. No entiende las visiones que percibe con ese don. La directora nos muestra ese juego infantil de los hermanos que se cambian las ropas tratan de confundir a sus propios padres. Y esto lo llevaran al extremo cuando la desgracia asoma, cuando la parca entra en la habitación. Un preludio del dolor sobrenatural que sobreviene con la temida enfermedad. Posteriormente, en la obra teatral, veremos una de las imágenes más emotivas al contemplar a un crío solo, perdido en la oscuridad entre unos árboles figurados del escenario. Ausencia y dolor, desolación.

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Jessie Buckley (Pequeñas cartas indiscretas, 2023) da vida a una mujer rica en matices, con su lado más salvaje en plena naturaleza, acurrucada en el hueco de un árbol, o junto a su halcón y con su lado más humano, maternal, conectada con la tierra y la familia, siempre con la emoción a flor de piel. Fue la ganadora del Globo de Oro a Mejor Actriz de Drama y, a buen seguro, tendrá continuidad en los próximos Oscars. No desmerece, a su lado, Paul Mescal. Su momento final es meritorio, pero, tal vez, le penalice que la Jessie le coma los planos. Difícil papeleta la de mostrarnos el sufrimiento de un padre enfrentado a una herida incurable. También es destacable la veterana Emily Watson a quien casi siempre da gusto verla en la gran pantalla.

La lírica presente en la novela de Maggie O’Farrell la lleva a la perfección Chloe Zhao con un retrato de los bosques con sus ramas mecidas por el viento y el acercamiento de la cámara que crean una atmósfera muy cercana a la literaria. Todo ello con el apoyo de una banda sonora de la mano de Max Ritcher y la fotografía de Lukasz Zal (La zona de interés, Ida) con esa sabia utilización de la luz y los maravillosos encuadres interiores. Ambos muestran en Hamnet sus trabajos más finos de sus carreras. Zhao construye un imaginario impresionante donde cada detalle está cuidado al máximo (vestuario, ambientación…). El guion ha sido lo más fiel, respetando lo fundamental y dejando a un lado lo accesorio, necesario en la buena literatura, pero que entorpecería la trama en la ya de por si generosa extensión del largometraje (más de 120 minutos). No pierde ni un ápice de virtuosismo e intensidad ni se aleja del objetivo de mostrarnos a las mujeres en su soledad y en su lucha en sacar a la familia adelante en favor «de la aventura» que acomete el marido por ver cumplir su sueño: escribir, ensayar, actuar y vuelta a escribir.

Uno de los grandes méritos que tiene la novela Hamnet (además de su estilizada prosa) es que mantiene el anonimato de su protagonista. He tenido que volver a leer su inicio y es así donde da las pistas en lo que la autora llama referencia histórica: «En la década de 1580, una pareja que vivía en Henley Sreet (Stratford) tuvo tres hijos: Susanna, Hamnet y Judith, que eran gemelos. Hamnet, el niño, murió en 1596 a los once años (vaya destripe). Cuatro años más tarde su padre escribió una obra de teatro titulada Hamlet». Por eso he tratado, en mi crítica, de referirme a su protagonista como el joven (en lugar de William Shakespeare). Pero, con el cine, este anonimato, se desvela desde las primeras críticas. Es imposible abstraerse al hecho fundamental: estamos ante un episodio dramático de la vida del genio de la literatura universal y cómo lo vive y cómo lo traslada a su obra. La autora se basa en este hecho y lo lleva a la ficción como si hubiera existió en la realidad. Ese es el gran mérito de las palabras y de las imágenes. Veo, con cierta ingenuidad, cuando Agnes con su hermano acude a Londres a ver a su marido y dice: «venimos a ver a William, somos su familia». Y me dejé sorprender. Y descubrí (ya lo sabía, era imposible a estas alturas no saberlo) que estamos ante el creador de Hamlet. Ese brillante juego de sonoridad entre Hamnet y Hamlet es una advertencia como diciendo, eh, que esto es una cosa mía, es pura ficción. La autora juega con esa idea de nada es real a excepción de lo que se halla en la mente del individuo.

Hamnet nos transporta a otros escenarios rodeados de personajes soñados. Convierten la novela contemporánea en casi una obra de culto. Y en la pantalla, este drama histórico alcanza una resonancia sin igual al exaltar la figura de William Shakespeare a través de un relato de su esposa (algunos historiadores la nombran como Anne Hathaway, en la ficción Agnes), quien siempre estuvo a la sombra del genio universal de la literatura. Es una muestra de cómo el arte (a través de la literatura, de la obra teatral) puede servir como instrumento para superar el dolor y derribar barreras y duelos y, de esta manera, congraciarse con la vida. Y volvemos sobre aquellos versos tan recitados desde casi nuestra infancia:

¡Ser o no ser, esa es la cuestión!

¿Qué es mejor sufrir los golpes de la insultante fortuna o no soportando más calamidades hacerles frente y acabar de una vez?

¡Morir, dormir y en ese sueño acabar con todos los problemas!

¡Por eso es un final piadosamente deseado!

¡Porque con ese simple sueño podríamos dar fin al dolor y a los innumerables conflictos que constituyen la herencia de la carne!

SÍ, morir, dormir…tal vez soñar.

Y cobran más sentido que nunca, porque vemos como los personajes lo han hecho suyo llevados por el dolor. El dolor está presente en cada palabra que dice William en la obra. Y así se lo intenta transmitir a los jóvenes actores que representan la obra teatral. «Pasión. Pon pasión, no lo digas de carretilla».

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La directora Zhao (Nomadland, 2020; The Riderhttps://revistaatticus.es/2017/10/critica-pelicula-the-rider-de-chloe-zhao-62-seminci/, 2017) rueda con soltura, alarga la acción con un ritmo pausado que nos invita a la reflexión y contemplación. La parte final es una explosión tanto interpretativa como a nivel sentimental. Es donde cobra sentido todo. Es donde Agnes comprende a su marido, comprende el dolor qué ha pasado que se acerca al suyo, pero que lo ignoraba. Cómo se va transformando Agnes a medida que la trama del teatro avanza. ¡Qué gestualidad tan expresiva empleando solo su rostro! ¡Qué expresividad en sus ojos! Pasa de la ira por la incomprensión de lo que ve, a la euforia, a la exaltación desmesurada cuando lo entiende. Y ve a su marido con renovados ojos, aquellos mismos que vieron las virtudes de su amor. Es una película portentosa, sutil, bellísima y conmovedora; y con un final memorable que te llega al corazón. Hamnet te conecta (y te hace revivir) con la obra más dramática y famosa de la literatura occidental, Hamlet. Una de las obras literarias que más análisis, traducciones y comentarios críticos ha originado. La obra del bardo inglés se encuentra entre la más influyentes de las principales tragedias inglesas. El poder de las palabras y de las imágenes convierten a Hamnet en un drama tremendo y desolador, sutil y poético. ¡Morir… dormir, tal vez soñar!

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus