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¿Y ahora adónde vamos?

¿Y ahora adónde vamos?

Pues… ¡a ver otra película!

Ficha

Película: ¿Y ahora adónde vamos?

Título original: Et maintenant, on va où?

Dirección: Nadine Labaki.

Países: Francia, Líbano, Italia y Egipto.

Año: 2011. Duración: 102 min.

Género: Comedia dramática.

Interpretación: Claude Bazz Mossawbaa (Takla), Layla Hakim (Afaf), Nadine Labaki (Amale), Yvonne Maalouf (Yvonne), Antoinette Noufaily (Saydeh), Julien Farhat (Rabih), Ali Haidar (Roukoz), Kevin Abboud (Nasim).

Guion: Nadine Labaki y Jihad Hojeily.

Producción: Anne-Dominique Toussaint.

Música: Khaled Mouzanar. Fotografía: Christophe Offenstein.

Distribuidora: Alta Classics. Estreno en España: 2 Marzo 2012.

Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.

Sinopsis

En el camino que lleva al cementerio del pueblo, una procesión de mujeres de negro afronta estoicamente el calor del sol estrechando contra ellas las fotos de sus maridos, de sus padres o de sus hijos. Algunas llevan velo, otras una cruz, pero todas comparten el mismo duelo, consecuencia de una guerra funesta e inútil. Al llegar a la entrada del cementerio, el cortejo se divide en dos: uno musulmán, el otro cristiano. Con el telón de fondo de un país desgarrado por la guerra, ¿Y ahora adónde vamos? narra la determinación sin fisuras de un grupo de mujeres de todas las religiones para proteger a su familia y a su pueblo de las amenazas exteriores. Demostrando un gran ingenio, inventando estratagemas, unidas por una amistad inquebrantable, esas mujeres solo tienen un objetivo: distraer la atención de los hombres y hacer que se olviden de su cólera y de su indiferencia. Pero cuando los acontecimientos toman una orientación trágica, ¿hasta dónde estarán dispuestas a llegar para no perder a los que todavía quedan?

Comentario

La secuencia con la que arranca la película es toda una declaración de intenciones. En un lejano pueblo del Líbano, un grupo de mujeres bajo un sol abrasador, enlutadas y con las fotos de sus seres queridos sobre el pecho se dirigen, en procesión hacia el cementerio.

Esta imagen, en un primer momento, tiene mucha fuerza, es evocadora, poética y llena de sentimiento. Pero a medida que pasan los minutos se va diluyendo. Surge un manierismo artificioso, exagerado, en la resolución de la secuencia. La directora Nadine Labaki, a su manera, fuerza la toma con movimientos de los personajes, un tanto esperpénticos, con una coreografía, fuera de lugar, que te sacan de la escena dramática.

No encontré profundidad en un tema tan de actualidad, y casi sempiterno, del conflicto sobre la convivencia de los cristianos y musulmanes. Sus diferencias son más que evidentes. Pretender que a través del sexo (la trama de las ucranianas que llegan al pueblo es un tanto absurda) se olviden las cuestiones es mucho pretender.

Son las mujeres, las esposas, las hijas, las hermanas las que intentan poner un poco de cordura en todas las disputas y que son ellas las que ocultan la verdad para evitar que salte un nuevo conflicto. Eso es de los más destacado de ¿Y ahora adónde vamos? Bajo una perspectiva conciliadora plantea la acción teniendo muy presentes, a partes iguales, el amor a un pueblo lleno de ricos matices y el dolor por las diferencias religiosas. Mediante una serie de artimañas, encaminadas a distraer a los hombres, quieren llamar la atención para que todo no salte por los aires en un poblado lleno de resentimiento.

El intento de descentrar a los hombres me llegó a mí. Primero por la escena inicial y después por la falta de una trama elaborada hicieron que me distrajera más de la cuenta y no acabara de disfrutar de la película. Enseguida pensé que podía estar mejor viendo cualquiera de los dos anunciados y esperados estrenos con los que coincidía en cartel esta película (Intocable e Los Idus de marzo). En definitiva, es una película que no apasiona. Prometía mucho pero como en la escena inicial se va diluyendo según pasan los minutos. Una pena.

Un tráiler:

 

Luisjo Cuadrado


Exposición fotografías de Paco Gómez: Orden y desorden

“Tengo tendencia hacía la cochambre”
Paco Gómez

 

Paco Gómez (Pamplona, 1918 – Madrid 1998) fue uno de los grandes maestros de la fotografía del siglo XX. Fue un gran artista, pero también un gran desconocido. Fue uno de los fotógrafos integrantes del grupo AFAL (Agrupación Fotográfica Almeriense) que desarrolló su actividad (por medio de una revista entres otros medios) durante 1956 – 1963. Su obra con una temática y estilo formal tiene una impronta genuina. Estaba considerado como el poeta de los muros, los rastros, los espacios desnudos y los pequeños objetos.

Este grupo AFAL aportó una nueva manera de hacer fotografías. Eran tiempos de postguerra y Almería una zona aislada, depauperada. Nos podemos imaginar las grandes dificultades para poner en marcha un proyecto cultural como el suyo en un momento en que no existía la fotografía profesional ni el fotoperiodismo. Una revista “pobre y pequeña” pero realizada con mucha exigencia (en palabras de la comisaria de la exposición Laura Terré). Un grupo muy variopinto formado por jóvenes de entre 16 y 30 años. Paco Gómez era el mayor de ellos. Un grupo que aportó la fotografía como transmisión de la vida.

Paco Gómez, poeta de los muros, también nos dejó una poesía que resume su sabiduría con la cámara de fotos:

La lluvia,
la mancha de la mano de un niño,
el salpicón de barro contra la cal de un muro,
la huella del encofrado del hormigón,
un cristal roto,
la traza florecida de la humedad en el yeso,
las heladas de muchos inviernos,
los calores de muchos veranos…

Son cosas quietas,
silenciosamente prendidas en el aire.
Son cosas que parece
como si se quedaran para siempre paradas.
Como si el tiempo no fuera con ellas.
Son cosas reales, concretas.
Tanto, que superan el mundo de
lo que entendemos por realismo.

Pasan de alguna manera sobre él y
se sitúan en aquel otro campo impalpable
en el que los pensamientos no se acaban nunca
y empalman fácilmente con los sueños.
Se abstractizan.

En este campo, tan hermoso,
todo está lejos de la instantánea.
Todo está lejos del gesto, de la captación
repentina de una acción dinámica.
Hay tiempo de sobra para pensar,
dormir y rumiar con concienzuda y sorda
premeditación cada foto.

A mí me gusta.

“Paco Gómez. Orden y desorden” es la primera exposición retrospectiva dedicada a este fotógrafo tras su muerte. Se presenta en Valladolid, en la Sala San Benito, comisariada por Laura Terré y reúne cerca de 75 fotografías originales, avaladas por el propio autor.

Laura Terré (Vigo, 1959) es una de las mayores especialistas en fotografía española de los años 50 y 60. Realizó su tesis sobre el Grupo AFAL del que era miembro destacado Paco Gómez. Terré destaca del artista su sencillez y la base de su trabajo: austeridad y silencio. Las 75 obras que conforman la exposición, en palabras de la comisaria, constituyen “indiscutibles obras maestras” de la trayectoria artística de Gómez entre 1957 y 1995. En ellas aparecen muros, medianeras, fachadas (como en Huellas, 1960, o Cristo, 1959) y algunos paisajes (Tranvía en el paseo de Extremadura, 1959). Son imágenes realizadas, la mayoría en blanco y negro (a partir de los años 80 en color) que representa a un artista que destacaba por su particular visión de entender la fotografía, basada en formas y líneas simples y puras.

Trayectoria
Desde Pamplona su familia, al poco de su nacimiento, se traslada a Madrid. Sus primeros pasos como simple aficionado le llevarán a ingresar, 1956, en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid. Un año después se asoció con el grupo AFAL de Almería. Su lanzamiento internacional se produjo en 1962 al recibir una invitación del Comisariado de Turismo Francés para participar en la exposición “11 fotógrafos españoles en París”. Entre 1959 y 1974 colabora con la revista Arquitectura, una publicación editada por el Colegio de Arquitectos de Madrid. En vida se realizaron tres exposiciones monográficas del autor: en Els Quatre Gats de Barcelona en el marco de la Primavera Fotogràfica de Catalunya (1984), en la Galería Forvm de Tarragona (1987) y en la sede de la Fundación “la Caixa” de Barcelona (1995). Su obra está en importantes colecciones públicas y privadas, entre las que destacan las del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), Madrid; el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), Valencia; la Fundación Telefónica, Madrid; el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), Sevilla; la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, o el Ayuntamiento de Alcobendas.

Paco Gómez en Colectania

 

Paco Gómez falleció en 1998. Tres años después de su muerte, sus herederos acordaron ceder todo su archivo a la Fundación Foto Colectania, que desde entonces lo conserva, cataloga y difunde.
Además, el archivo fotográfico de Paco Gómez ya puede consultarse en Internet a través de la página web de la Fundación Foto Colectania:
La exposición ha sido coproducida con el Ayuntamiento de Pamplona y la Diputación de Huesca y patrocinada por la Fundació Banc Sabadell, y se podrá ver en la Sala de San Benito en Valladolid hasta el día 1 de mayo de 2012.

Fotografías: Paco Gómez

Jesús González (Haciendo Clack)

Revista Atticus


La viñeta de Alfredo Martirena

La viñeta de Alfredo Martirena

Y hace un año publicamos

 

Revista Atticus


La invención de Hugo. Otra vuelta de tuerca a la magia del cine

Ficha

Película en 3D y 2D: La invención de Hugo.

Título original: Hugo. AKA: The invention of Hugo Cabret.

Dirección: Martin Scorsese.

País: USA. Año: 2011. Duración: 128 min.

Género: Aventuras, fantástico.

Interpretación: Asa Butterfield (Hugo Cabret), Chloë Grace Moretz (Isabelle), Ben Kingsley (Georges Méliès), Sacha Baron Cohen (inspector de estación), Jude Law  (padre de Hugo), Christopher Lee (Sr. Labisse), Richard Griffiths (Sr. Frick), Ray Winstone (tío Claude), Emily Mortimer (Lisette), Frances de la Tour (Sra. Emilie).

Guion: John Logan; basado en el libro “La invención de Hugo Cabret”, de Brian Selznick.

Producción: Johnny Depp, Tim Headington, Graham King y Martin Scorsese.

Música: Howard Shore.

Distribuidora: Paramount Pictures Spain.

Estreno en USA: 23 Noviembre 2011.

Estreno en España: 24 Febrero 2012.

Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

Sinopsis

La invención de Hugo es la historia de un niño huérfano, hijo de un relojero, que se tiene que buscar la vida entre los entresijos de una estación de tren. Allí es donde su tío, también relojero, tiene el trabajo de mantener en funcionamiento todos los relojes, pero le dedica su tiempo a la bebida. Hugo se encargará de tener todo a punto, en hora, pero nadie sabe de su existencia. Tendrá que hacer alardes para mantenerse oculto, mientras intenta desvelar el secreto que le dejo su padre. En el transcurso de este cometido conocerá a una niña, Isabelle, con la cual inicia una aventura.

Comentario

Cada película que ves se convierte en una experiencia personal. Todavía me estoy acordando de cuando asistí, hace años (ya demasiados) a la proyección del estreno de La Guerra de la Galaxias en pantalla panorámica y con todos los nuevos adelantos técnicos. Para mí fue un horror. Solo vi en la pantalla una muela: la mía; me estaba volviendo loco con el dolor. Así que esa película, para mí, resultó ser la peor de cuantas he visto. Dicho lo cual… La invención de Hugo es… ¡fantástica!

Antes de nada, recomiendo el ver la película en formato 3D. Es una película creada para este formato y eso se nota.

Hugo (Asa Butterfield) es un muchacho sensible, resuelto, inteligente lleno de vitalidad. Es un experto en arreglar cosas. Se ha quedado huérfano y busca en sitio en la vida. Su tío lo salva del orfanato y esta pesadilla le persigue a lo largo de la película. Diversos peligros le acecharán. Uno de ellos en forma de un policía malvado, jefe de la estación (Sacha Baron Cohen), que se hace acompañar de un fiero perro en su misión de vigilancia: que no haya niños huérfanos por la estación que roben a los pasajeros. El padre de Hugo (Jude Law), como única herencia, le dejó un autómata que, cuando funcionaba, llegaba a escribir. El niño tratará por todos los medios dar vida a ese robot. En su aventura se verá acompañada de una niña, Isabelle (Chloë Grace Moretz) quién le acercará al hogar que tanto ansía Hugo. Georges (Ben Kingsley) tiene un pasado brillante pero el destino lo ha convertido en un huraño restaurador de juguetes con un comercio en la estación de tren en Montparnasse, París. Hugo se siente atraído por la tienda de Georges ya que tiene muchos cachivaches que a él le vendrían muy bien en su labor de reparar al autómata. Al final, Georges y Hugo descubrirán que tienen muchas cosas en común.

El arranque de la película es prodigioso. Un plano aéreo sobrevuela París en los años treinta. Poco a poco desciende para colarse en la estación y pasar, a toda velocidad, entre los vagones, sorteando pasajeros y acompañantes, hasta detenerse en el hall principal. Con el 3D la sensación es la de estar dentro, no de la pantalla, si no de la estación. La magia del cine aparece gracias a esas poderosas y bellas imágenes que recrean una época y nos sumergen en un ambiente onírico (los viajeros son de naturaleza soñadores; a los que se van hay que añadir los que llegan a París).

La trama principal deja paso a otra con el nacimiento del cine como fantasía, como una atracción de feria., con un director protagonista: Georges Méliès. Es entonces cuando El viaje a la luna sustituye a La invención de Hugo en la pantalla. Asistimos a los albores del cine con un Méliès que destacó como pionero de los efectos especiales en su empeño por transmitir al espectador la magia del cine. También asistimos a su decadencia, a su olvido, a su reclusión en la tiende de juguetes de la estación ferroviaria (hasta el casting se ha buscado a un actor –con su caracterización- que se pareciese lo más posible a Méliès).

Martín Scorsese ha sabido crear un film donde combina una fábula infantil con una declaración de amor al cine. Una gran invitación a un mundo visual maravilloso donde se da otra vuelta de tuerca, con la utilización del 3D que nos envuelve con su fantasía, en busca de la magia

En esta ocasión no nos tenemos que apartar de las butacas ante la llegada de ese tren que tanto asustó a los primeros espectadores del cinematógrafo. Pero si que estaremos tentados a coger una de esas hojas ilustradas que revolotean por la habitación y que más bien pareciera que lo hacen por la sala del cine.

Martín Scorsese en su búsqueda de la magia ha dejado muchos cabos suelto o pequeños errores  “menores”. Una de las más llamativas es que abusa mucho de la casualidad. Es muy causal que la niña que se hace amiga de Hugo  viva con Georges Méliès, que ella tenga la llave, que el autómata hubiera sido de él, etc.

Una brillante banda sonora de Howard Shore; un buen trabajo de los actores, sobre todo los infantiles, y unos grandes alardes técnicos contribuyen a un buen resultado final en La invención de Hugo.

La cinta supone un viaje contemporáneo dónde está muy presente la literatura (basada en la obra de La invención de Hugo Cabret, escrito por Brian Selznick y con continuas referencias a grandes clásicos) y dónde aprendemos a ver cine. En definitiva con La invención de Hugo asistimos al nacimiento del cine, magia deslumbrante de la mano de Georges Méliès, pero con La invención de Hugo nos sumergimos en la fantástica magia del nacimiento del 3D. He sentido la necesidad de retirar mi cabeza ante las fauces abiertas del dóberman. Y eso es… magia. El director se ha convertido en un virtuoso ilusionista. Estamos ante el pasado y futuro de una industria en horas bajas.

Hace décadas solo vi mi muela en la pantalla. Hoy no sé si la vería, pero a buen seguro, con el formato 3D, que casi me la podría arrancar de cuajo, olvidarme de la caries y dedicarme a ver la película. Vayan al cine.

Un trailer:

 

 Luisjo Cuadrado

 

¡Estrellas en venta! Hollywood en la publicidad americana (1930 – 1970)

De pequeño, en mi época, todos jugábamos a los indios y a los vaqueros. Sabíamos tanto de Colts como de construcción de fuertes. Cualquier recoveco nos servía para elaborar una rústica cabaña. ¡Arre, arre caballito! gritábamos montados en un simple palo de escoba o, a veces, ni eso. Todo esto lo hacíamos bajo la influencia de las películas. Nuestros héroes eran los actores que encarnaban a estos vaqueros del oeste americano. Confieso que el mítico y adorado John Wayne era mi preferido. Me exaltaban todas las barbaries que cometían los temidos Sioux o Cherokees al frente del otro héroe del bando contrario: Gerónimo, jefe de los Apaches. La Diligencia de John Ford nos amenizaba la sobremesa.

Con Ingrid Bergman y Humphrey Bogart viajé, una y otra vez hasta París en Casablanca. Recorrí de la mano de Ava Gardner, Grace Kelly y Clark Gable África en Mogambo. Y también me trasladé a Sudamérica con Charlton Heston en Cuando ruge la marabunta.

Años después, con unos cuántos años más, saltaba por la pistas de baile emulando a Toni Manero en la ya mítica Fiebre de sábado noche. Claro que mi preferida era Grease. ¿Quién no soñó con ir al baile del brazo de Oliva Newton John? He de confesar públicamente que con mi primer sueldo me compré dos discos (eh, de vinilo). Uno fue el doble álbum Azul de The Beatles y el otro… ¡el doble de Grease!

Ah, los actores, las actrices. ¡Qué tiempos aquellos! Creo que los años dorados de Hollywood ya pasaron a la historia. Aquel sistema de Star System que duró hasta los años 50 se acabó, aunque todavía perviven sus secuelas. Pero todo el revuelo mediático que gira en torno a las estrellas de cine sigue vigente.

 

En la exposición ¡Estrellas en venta! Hollywood en la publicidad americana (1930 – 1970) podemos observar el aspecto glamuroso de los actores y actrices  de cine y el uso que hacían (y siguen haciendo) las grandes marcas comerciales de ellos. Y lo podemos ver a través de un selecto número de anuncios que se publicaron en la prensa entre los años 1930 – 1970 y que proceden de la colección Roger Biosca.

Cine y publicidad han ido de la mano desde que se encontraron a finales del siglo XIX. En la pantalla veíamos imágenes de una vida mejor. Y la publicidad nos indicaba que podíamos comprar los mismos productos que nuestros ídolos, en definitiva, que esa vida era alcanzable.

La exposición está dividida en siete apartados: Introducción, Belleza, Tabaco, Motor, Tecnología, Bebidas & Alimentación y Ropa & Hogar. Está compuesta por 151 anuncios publicitarios (originales y enmarcados) y que aparecieron en revistas norteamericanas como Life, The Saturday Evening Post, Lady’s Home Journal, Colliers o Esquire. Y también veremos 10 reproducciones de fotografías de actores y actrices firmadas por ellos.

Son anuncios destinados a un público general, a lectores que, amantes o no del cine, vivían bajo la influencia de los dioses de este Olimpo que se llamaba Hollywood.

Belleza

Parecerse a las estrellas es el sueño de todo fan, y no se puede ser una estrella sin irradiar glamour y belleza.

Afortunadamente la publicidad, ayudada por los actores, nos enseña a mantenernos siempre jóvenes.

Los cosméticos ocupan un lugar importante en este capítulo y destaca Max Factor, el maquillador más famoso de la industria del cine. Las estrellas se llevaban sus productos a casa después de los rodajes y eso animó este fabricante a abrir una tienda en Hollywood.

Otra marca relacionada con el cine es Lux, “el jabón de las estrellas”, que utilizó este eslogan durante setenta años en cientos de anuncios protagonizados por más de 1.500 estrellas de todo el mundo. Por otra parte, Autrey Hepburn, eterna icono del glamour, fue la musa de las grandes creaciones de alta costura y perfumes de su amigo Givenchy. En el mundo de la belleza, Audrey Hepburn y Givenchy son la forma y el fondo de una misma idea.

Motor

El automóvil era la representación perfecta de la modernidad, la industria y la vida urbana, y como tal ha aparecido una y otra vez en las películas.

La presencia de marcas en la pantalla no es casual y responde a una estrategia que se llama Product placement. Consiste en introducir publicidad en las películas a cambio de una retribución económica. Se crea así un nuevo tipo de anuncio que pasa casi desapercibido y que asocia el producto a los valores de la ficción.

Las marcas de automóviles siempre han colaborado con la industria del cine y, gracias a esta técnica, hemos visto pasear por las películas todos los grandes fabricantes de vehículos de motor.

Fuera del cine, en las revistas, los actores también han ayudado a vender estos productos. Aquí podemos ver un ejemplo muy representativo, como es el De Soto, un coche que hizo historia en la época dorada de Hollywood

Ropa y hogar

En la década de los años 30, el centro de la moda se había desplazado de París a Hollywood.

Era en las pantallas de cine donde las mujeres buscaban las tendencias para la temporada siguiente. Conscientes de ello, los diseñadores y los grandes almacenes imitaban los vestidos que lucían las estrellas, tanto en las películas como en su vida privada.

La moda ha sido, quizás, el sector industrial que se ha visto más influido por la pantalla. Pensemos en cómo se trasladaron a la vida cotidiana las gabardinas de Humphrey Bogart o las chaquetas que llamamos “rebeca” para la película de Hitchcock. Sin duda, Hollywood tenía la capacidad de revolucionar el mundo de la moda.

La imagen del hogar tampoco escapaba a la influencia de Hollywood, como tampoco los actores escapaban al deseo de los fans de conocer cómo eran los lugares donde vivían sus ídolos.

Los actores, fuera de la pantalla, estaban obligados a seguir viviendo en una especie de decorado con el que mantenían la imagen pública que los estudios habían creado para ellos. No en vano las estrellas eran también construcciones publicitarias creadas para atraer a la gente a los cines, y como tales estaban obligadas a representar día y noche su papel. Era el precio que la industria les cobraba por haberlos convertido en iconos de un nuevo mundo.

Bebidas y alimentación

El star system nació en un momento en que la sociedad vivía profundos cambios sociales y políticos. Las nuevas generaciones querían ser diferentes, y este deseo afectaba también el entorno doméstico.

La alimentación, que hasta entonces se había mantenido en la esfera privada, también se dejó influir por la imagen que llegaba de Hollywood. Desde la pantalla se incitó a sustituir algunos alimentos frescos por productos envasados y probar nuevas y numerosas marcas. El objetivo era conseguir que el hogar también fuera un reflejo de lo que se veía en las películas, especialmente cuando se trataba de recibir a los amigos y de ofrecer el mejor cóctel o la mejor cerveza.

En cuanto a bebidas, ha sido Coca-Cola la marca que más veces se ha vinculado al mundo del cine. Su competidora más importante, Pepsi, contó durante un tiempo con la inestimable ayuda publicitaria de Joan Crawford, que estuvo casada con el presidente de la compañía. La tercera en discordia, Royal Crown, luchó con las mismas armas, con las de la fama, para conseguir hacerse con un hueco en el mercado.

Tabaco

Desde principios del siglo XX, la publicidad asoció el acto de fumar con la imagen del hombre moderno, y para conseguir duplicar las ventas de este producto, se propuso convertir a la mujer en consumidora habitual de cigarrillos. En los años 20 los publicistas utilizaron el tabaco como símbolo de la liberación de la mujer, y llegaron a identificarse con la lucha por su derecho al voto. De ahí que el tabaco, en la pantalla, ayuda a identificar no sólo los hombres duros y masculinos, sino también a las mujeres liberadas y dueñas de su propio destino.

La relación entre el tabaco y el cine nació con las películas sonoras, porque, como decían los anuncios de la época, los filmes sonoros exigían que los actores tuvieran voces claras y bien definidas. Los cigarrillos, según sus fabricantes, eran de gran ayuda en este sentido.

Podemos verlo en los múltiples anuncios de cigarrillos que protagonizaron los actores durante décadas. Curiosamente, en la mayoría se hace referencia a la suavidad del tabaco, que no hace daño a la garganta y tampoco produce tos.

Tecnología

Los actores que aparecían en los anuncios no lo hacían únicamente para vender camisas y relojes. En casi todos estos anuncios aparece el título de una película en la que participaba el actor. Muchas estaban en cartel en ese momento y estas campañas servían para promocionar tanto las marcas publicitarias como los estudios de Hollywood.

Los actores estaban obligados por contrato a participar en estos mensajes y, a veces, no tenían derecho a cobrar por el trabajo extra. Eran los estudios los que decidían cuándo, cómo y para qué cedían la imagen de sus estrellas. El cine, capaz de venderlo todo, también se anunciaba a sí mismo.

Las industrias del ocio y la información crecían a un ritmo imparable y la comercialización de cámaras de pequeño formato, tanto fotográficas como de cine amateur, ponía en manos de los ciudadanos la posibilidad de narrar su propia historia.

La exposición se complementa con un audiovisual que reproduce 15 anuncios de televisión. Son originales de la época y muestran actores y actrices publicitando marcas de tabaco.

En la Exposición colaboran la SEMINCI y el Museu del Cinema Colección Tomás Mallol. Permanecerá abierta hasta el próximo 25 de marzo.

 

 

Texto (apartados de la colección): FMC Valladolid. El resto elaboración propia.

Fotografías: Jesús González (Haciendo Clack)

Luisjo Cuadrado

 

 SALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES DE LA CASA REVILLA

Calle torrecilla, 5

47003  VALLADOLID

Del 9 de febrero al 25 de marzo de 2012

HORARIO:     De martes a sábados, de12,00 a14,00 horas y de18,30 a21,30 horas.

Domingos, de12,00 a14,00 horas.

Lunes, cerrado

 

 

 

 

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