Crítica teatro – La verdad – Compañía Barco Pirata en la Casa de las Artes – Laguna de Duero (Valladolid

Y así finalizó la temporada en la Casa de las Artes, con la representación La Verdad de la compañía Barco Pirata. Miguel es un mentiroso compulsivo rodeado de amigos y familiares que también le mienten. Su esposa, Laura, sospecha que le es infiel, desde esa sospecha, las mentiras se convierten en su forma de resolverlo todo; después de numerosos intentos por ocultar la verdad, Miguel convence a su amante de que la mentira es la única manera de mantener las relaciones y que, sin ella, el amor, el matrimonio, la felicidad y la convivencia serían imposibles. Pero, ¿realmente conoce Miguel la verdad en la que vive o él mismo está envuelto en una mentira que él mismo ignora?

El texto de Florian Zeller, (miembro de la Academia Francesa) es una genialidad de la dramaturgia contemporánea. Lo fascinante de la obra no es solo ver cómo Miguel (el mentiroso mentido) intenta hacer encajes de bolillos para que no lo descubran, sino el giro psicológico que plantea la obra: la mentira como un acto de supuesta «generosidad». La paradoja que propone el autor es sublime: ¿Es la verdad siempre necesaria, o es la mentira el verdadero pegamento social que evita que todo salte por los aires? Ese juego de espejos donde el espectador sabe más que el protagonista (o cree saberlo) mantiene la tensión y la risa constante.

La dirección de Juan Carlos Fisher logra un ritmo cinematográfico y dinámico, vital para este tipo de comedias de enredo donde el tempo lo es todo. Las transiciones y el espacio se apoyan magistralmente en el diseño de iluminación de Felipe Ramos, que no solo delimita los espacios físicos de los encuentros clandestinos y familiares, sino que subraya el tono de farsa y aislamiento en el que vive Miguel.

Buen elenco; Joaquín Reyes: El cómico manchego se desmarca aquí con una interpretación brillante. Su Miguel es un caradura entrañable; logra que empatices con un personaje egoísta gracias a su vis cómica y a esa capacidad de pasar de la seguridad absoluta al pánico absoluto cuando el suelo empieza a temblar bajo sus pies. El éxito de la obra radica en el engranaje. Natalie Pinot, Raúl Jiménez y Alicia Rubio no son meros acompañantes; son el contrapeso perfecto. Sostienen la función con una réplica exacta, manteniendo la ambigüedad necesaria para que el espectador se pregunte continuamente quién está engañando a quién.

La Verdad nos deja una sonrisa en la boca, pero también una pregunta incómoda flotando en el aire del teatro: en nuestra propia vida, ¿somos los directores de nuestras mentiras o simplemente los actores de las mentiras de los demás?

Un broche de oro magnífico para la temporada de La Casa de las Artes.

Luisa Valares

Revista Atticus