Crítica película Valor Sentimental de Joachim Trier – Luisjo Cuadrado

Puede ver la ficha y la crítica de mi compañero Gonzalo Franco Blanco en este enlace.

La vivienda familiar de los Borg, constituye una protagonista que se convierte en fundamental en el devenir de la historia que nos narra su director, Joachim Trier. Así se muestra desde el principio con un poderoso arranque. Constituye un espacio físico que sirve de contenedor de la memoria de la familia a lo largo de varias generaciones. Es un reflejo de los sentimientos de sus personajes y actuando como un espacio que une el pasado y el presente de la familia. La metáfora de la grieta (un fallo en su construcción) que se muestre perenne a lo largo de los años como sinónimo de la relación de una familia un tanto desestructurada por ese fallo en el abandono de la figura paterna y los problemas de la salud mental (de la madre, pero también de alguno de sus habitantes tanto en el pasado como en el presente).

Esa vivienda, actúa como un testigo silencioso de sus vidas y de sus traumas, un espejo de la psique familiar (cada uno tiene lo suyo) como un escenario teatral. Además, también lo hace como catalizador del conflicto entre el padre y las hijas que se tienen que enfrentar a sus heridas infantiles con la vuelta de este con motivo de la muerte de su esposa y madre. Juega también un papel de ser una casa de pesadillas, de recuerdos fantasmales, que atormenta. Es un espacio que no aprisiona. Salen y entran sus moradores a su antojo (incluso vemos como las hijas, siendo crías, salen por un hueco en la valla).

Creo no equivocarme al decir que ya en su propio título «valor sentimental» quedan claras las intenciones de su director respecto al papel de la casa, aunque esto es muy reduccionista ya que prácticamente todo (recuerdos, objetos, actos…) tiene un valor sentimental. Es una de las razones por las que Nora no quiere actuar con su padre («ni mucho menos, en la casa» -por el valor sentimental que tiene para ella).

La película está estructurada como si nos mostrara retazos, momentos de la vida. Quizás nos choque esos cortes abruptos a negro a lo largo de la película. Esto, entiendo, que nos viene a decir, que lo que estamos viendo son como trozos o fragmentos de memoria, como pequeños relatos de la vida de sus protagonistas. La película tiene su tiempo que marca esa discontinuidad en el montaje, alternando así el tono y el registro de los distintos momentos que viven nuestros protagonistas.

Una de las cuestiones que más me han gustado de Valor sentimental es que nos muestra un hogar roto, pero del que apenas sabemos nada. Solo sabemos que el padre «voló» y que tuvieron fuertes discusiones entre los progenitores. A veces en el imaginario de tantas y tantas obras hemos visto lanzarse los reproches con violencia, malos tratos más allá de los psicológicos, es decir, físicos, peleas, sangre. Y aquí, sin embargo, es muy sutil. Pero el daño es evidente. La vida de Nora está rota: su incapacidad de enfrentarse a su padre (ni tan siquiera se hablan), el miedo escénico, su inseguridad, ese pasado terrible siguiendo «la tradición familiar». Vemos como los traumas infantiles tienen su repercusión en la vida adulta. Con esta familia completamente rota, Trier nos muestra una familia increíblemente realista, que al final, podemos intuir que es una familia feliz. Todos nos acordamos de la cita de León Tolstoi: «Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera».

También hay dos detalles que indican la maestría del director. Hoy día, hay una queja generaliza de la exagerada duración de las películas. Muchas de ellas ya superan de forma habitual las dos horas. Y esta lo hace. Pero, a pesar de ello, encontramos un ejemplo de síntesis, de elipsis en el tiempo que pasará a los anales de la historia de cómo hacer una buena elipsis. Me refiero a una tira de papel que se encuentra pegada en uno de los armarios de la cocina. En ella podemos leer: «no olvides apagar la placa del fuego». Nos han evitado la referencia a una larga enfermedad, o, a mostrarnos a la madre por ahí con la cabeza perdida. Simplemente con ese detalle nos ha contado muchísimo de los últimos años de esa familia.

Y otro detalle, es el fin del rodaje de la película que el protagonista lleva a cabo, coincidiendo con el final de Valor sentimental. Vemos que no es la casa, nuestra casa, la protagonista de la película, sino que es un decorado. Un detalle sutil, pero que responde al deseo de Nora que negó que hiciera la película y menos en esa casa. Una de las propuestas por lo menos la consiguió. 

Y, por supuesto, cabe destacar la gran interpretación de los protagonistas. El padre, Gustav (Skarsgård), desde que le vemos entrar en escena es que apabulla con su presencia. Luego está que parece un papel hecho a su medida y esa angustia existencial en ese ocaso de su vida la muestra con mucha solvencia. Tuvo un glorioso pasado frente a la decadencia del presente (incluso sus amigos, cuando va a ver al que fuera su cámara –demoledora escena-). Nora (Reinsve), parece que su estado natural es la insatisfacción, como un coctel explosivo de ansiedades y depresiones que la provocan vivir con desesperación. A su lado, su hermana menor Agnes (Inga Ibsdotter) es el contrapunto, es «lo que debería de ser ella». Una mujer con un marido, un hijo y aparentemente la vida resulta. Al final del metraje tienen una escena juntas de una gran intimidad que constituye uno de los momentos más emotivos. Y, por último, esta Elle Fanning, una actriz a la que la vemos crecer en la pantalla (su primera aparición fue con apenas tres años). Se muestra brillante. Sobre todo, hay una escena que me encanta. Es cuando está ensayando en esas lecturas previas de guion y ella se va metiendo y metiendo en el papel con una gran carga dramática llegando incluso a llorar con una naturalidad impresionante. Sobrecoge. Y así se lo hace ver la actriz que hace de su madre. Pero al director… no le acaba de convencer y no porque sea una mala actuación, sino porque tiene a su hija metida en la cabeza (incluso veremos, más tarde, que la obliga a teñirse el pelo para acercarse más a la visión que él tiene).

Una digna película que pugnará con nuestra Sirat.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus