70 SEMINCI – Crítica película La cronología del agua de Kristen Stewart – Por Carlos Ibañez
Ficha
La cronología del agua
Título original: The Chronology of Water
Año: 2025
Duración: 128 min.
País: Reino Unido Reino Unido
Dirección: Kristen Stewart
Guion: Kristen Stewart, Andy Mingo. Memorias: Lidia Yuknavitch
Reparto: Imogen Poots, Thora Birch, Jim Belushi, Charles Carrick, Tom Sturridge, Susanna Flood, Esme Creed Miles, Kim Gordon, Michael Epp…
Fotografía: Corey C. Waters
Compañías: Coproducción Reino Unido-Francia-Estados Unidos-Letonia; Scott Free Productions, CG Cinéma, NeverMind Productions, Forma Pro Films
Género: Drama | Biográfico. Abusos sexuales. Natación
Sinopsis
La escritora Lidia Yuknavitch encontró la salvación, tras una infancia y juventud marcados por los abusos y adicciones, en la literatura y la natación y acabó convirtiéndose en una exitosa maestra, madre y escritora.

Crítica
La cronología del agua, o cómo Kristen Stewart se nos revela como una gran directora además de ser una gran actriz. Posiblemente sea la mejor película que ha proyectado esta edición del festival y, sin duda, la apuesta más profesional, donde el guion técnico sigue lo escrito en el guion literario y se ve una labor de storyboard tremendamente detallada para que nadie se perdiese en el rodaje ni, mucho menos, en la mesa de montaje, también es el trabajo de edición más poético y perfeccionista de lo hasta ahora proyectado en Valladolid.
La directora, guionista y productora de esta cinta basada en la vida y obra de la escritora Lidia Yuknavitch, quien encontró su tabla de salvación en la natación, en su primera juventud, en las adicciones en su etapa universitaria, y, por fin, en la escritura en su madurez; nos regala una estética a caballo entre el videoclip más underground y una obsesión calculada por mantener al espectador dentro de la historia desde el principio que recuerda a la aclamada El Acontecimiento, de Audrey Diwan. Rodada desde la introspección más genuina y alejada de modismos propios de lo que ahora se llama wokismo, y no creo que ninguna ultra del feminismo vaya a atreverse a juzgar a la autora de esta película conociendo su trayectoria vital. Aunque algunos críticos que enaltecen cosas infumables la han despellejado, pero en el pecado va la penitencia y la credibilidad de un crítico sufre cuando pone en los altares materia de muladar y luego opina lo que opina sobre obras cuidadísimas como esta.

Pero no contenta con todo esto que ya hemos contado de la calidad técnica y literaria de su película la adorna con unas interpretaciones antológicas, desde quien sostiene la historia, esta Lidia tan perfectamente compuesta (recomiendo leer sus cuentos para abundar en lo que digo) por Imogen Poots, pasando por los personajes que eclipsan, el padre principalmente; que iluminan, el alumno escritor, que le sacan de su autoflagelación continua, ese personaje bisagra que encarna con una riqueza de matices impresionante Jim Belushi y todo bajo una cámara invasiva e íntima entre cada uno de ellos. Repleta de primeros planos, ninguno regalado y con alguno de los momentos sexuales menos eróticos, pero más esclarecedores del cine de lo que va de siglo.
Otro punto fuerte es el respeto a lo escrito por Yuknavitch y la fuerza en imágenes, a veces intestinas, a veces con un plano de los ojos de la protagonista leyendo sus frases, pero siempre con una escrupulosidad rayana en la veneración, donde no se le juzga nunca, sólo se expone lo dicho por ella en su autobiografía y lo creado por su imaginación o recordado por su memoria en sus cuentos. Y podría caer en lo grotesco o en lo reiterativo (quizás esto último sea el principal debe de esta cinta), pero juega bastante bien sus cartas, recordemos que es una ópera prima, con todo lo que eso suele suponer; y muestra cosas para escandalizar a esta sociedad podrida y reaccionaria que domina en Estados Unidos y, poco a poco, va invadiendo Europa. Hay sangre menstrual, masturbación femenina con muestras de flujo, un parto doloroso y estéril, una vida cruel con matices de crueldad por todas partes, con una mujer desquiciada que huye de sí misma, aunque cree que está huyendo de su familia. Y una redención a través del arte, porque quizás quienes hacen las sucesivas y cada vez más pésimas leyes educativas en este país desconozcan esto: quien salva más vida es el arte en sus distintas y maravillosas expresiones, y no hace falta, las más de las veces, llenar una sala o recibir muchos premios, simplemente es sentarte a leer, escribir, tocar un instrumento o escuchar un disco (de vinilo preferentemente). En la película sólo hay una referencia al dinero y la hace el personaje más mezquino de ésta: el padre… Pues eso, que se aplique quien corresponda.

Lo mejor, sin duda, que me he reconciliado con el cine tras días navegando en lo grotesco porque cine de autor es, sin duda, que una persona piense en una historia personal y su visión única para hacer una película y no un esnob al que se le ocurre hacer una película como podría estar haciendo motocrós, sólo para que su ego quede satisfecho.
Carlos Ibañez
Revista Atticus

