69 SEMINCI – Crítica película Misericordia de Alain Guiraudie – Carlos Ibañez
Ficha
Título original: Miséricorde
Año: 2024
Duración: 102 min.
País: Francia
Dirección: Alain Guiraudie
Guion: Alain Guiraudie
Reparto: Félix Kysyl, Catherine Frot, Jean-Baptiste Durand, Jacques Develay, David Ayala, Sege Richard, Tatiana Spivakova, Salomé Lopes
Música: Marc Verdaguer
Fotografía: Claire Mathon
Compañías: Coproducción Francia-España-Portugal; CG Cinéma, Scala Productions, arte France Cinéma, Andergraun Films, Rosa Filmes
Género: Thriller. Drama. Intriga | Crimen. Vida rural. Comedia negra. Homosexualidad. Secuestros / Desapariciones
Sinopsis
Jérémie regresa a su pueblo natal para asistir al funeral de Jean-Pierre, antiguo jefe suyo. Ha decidido quedarse unos días en casa de Martine, su viuda. Pero una misteriosa desaparición, un vecino amenazante y un extraño sacerdote van a hacer que la breve y tranquila estancia de Jérémie tome un giro inesperado.

Crítica
Divertimento disfrazado de thriller con un protagonista que nos trae a ese Tom Ripley, el personaje creado por la siempre loable Patricia Highsmith, que a todo el mundo cae bien a pesar de ser un asesino, pero en versión rural y nada sofisticada, sin odios intestinos a la clase alta ni futuros adinerados, sólo es un tipo que aprovecha su reentré en el pueblo de su infancia para ser el objeto de deseo y el tipo que no sabe lo que quiere o lo sabe demasiado bien.
Rodada en un otoño de colores prodigiosos en un pueblo aislado de montaña, de esos que parecen condenados a desaparecer y aprovechando sus tonalidades para que el trabajo actoral sea más destacado, especialmente el del cura rural que se va descubriendo como un sátiro poco a poco, con su sotana negra en el medio de un bosque frondoso de hojarasca en el suelo y setas por recoger, el protagonista, que viste la ropa del muerto al que ha ido a honrar tras decidir quedarse algún día más en la casa de éste con su viuda, madre del que fue su mejor amigo de instituto y que no ha evolucionado y que sólo sabe ser visceral y, por ende, violento, sin saber que la violencia es un camino con doble carril.
Y el juego de vida, muerte, policía, más que ver con el famoso detective Plinio, de García Pavón, o el comisario Estil, de María Sanz, que con esos usos anglosajones de agentes de la ley de sagacidad canina a la hora de oler la culpabilidad; o la idea del encubrimiento y el precio de éste juegan para crear una comedia coral que muestra que nadie es bueno, pero que podría haber bondad, aunque lejos del lugar de los hechos.
El Buñuel más transgresor o el Boris Vian más lejano de la convencionalidad se dan cita en este guion que no defrauda en su puesta en escena, salvo el exceso de cámara delante del coche, cosa que parecía hecha para que saliésemos de la sala a por biodramina, por su exceso, y el anodino personaje de la esposa, que no acaba de aportar nada hasta convertirse en insustancial dentro del drama y desaparece cuando la comedia toma su lugar natural.

La escena de la confesión llama casi tanto la atención por su calidad como la del exhibicionismo del sacerdote, quien, desde su primera aparición, en el funeral corpore in sepulto nos regala una interpretación para la antología de la comedia negra, a ratos parece el santo cura de Ars y a ratos el obsceno lujurioso capaz de todo para lograr sus objetivos.
El título, posiblemente el mejor como tal de esta edición, no tiene nada que ver con lo dicho sobre la palabra por El Vaticano, sino con el deseo más carnal y maquillado, o no, con otras etiquetas: amistad, feligresía, soledad pero que, en realidad todo se resume en fuego corporal y quehaceres de Venus, como decía un sacerdote preconciliar con quien coincidí en mi primera adolescencia.
No se la pierdan, no decepciona y no deja de ofrecernos preguntas que debemos resolver nosotros mismos, eso sí, con una sonrisa de humor entre negro y pícaro en los labios.
Puedes ampliar información con la crítica de Luisjo Cuadrado en este enlace.
Os dejo un tráiler:
Carlos Ibañez



fotografías: Luis Gracia Reglero

