Crítica teatral – Mientras el meteorito llega – Laboratorio de las Artes, Valladolid – Ada Gurdiel Pérez.

Un espacio instalativo recibe al público. Sobre el escenario teñido de luz azul
encontramos dos chalecos antibalas con un corazón tejido colgados de unas perchas en el lado izquierdo del espacio escénico, bajo estos dos máscaras de gas y dos tazas. Dos micros a cada lado, en el centro un roll up con la fotografía de un camino con un árbol y a la derecha una peana con una maqueta de unos edificios estilo parcela residencial. Aunque las actrices Ana Barcia y Raquel Mirón todavía no hayan salido a escena, la pieza ya ha comenzado. La vida esta aquí y también es esto.
Dos mujeres habitan un espacio indeterminado en el que reflexionan sobre la nostalgia, la monetización de la muerte y lo privado, la mirada, el lenguaje, la realidad, la ficción, la pausa, la construcción de los relatos y el devenir del paso del tiempo. No esperan a Godot sino que observan al mundo que les rodea desde un “ser aquí” y “ser así” para hacernos preguntas. “Son dos amigas que se acompañan en el acto de estar en un lugar”. ¿Qué esconden y cuentan los silencios? “Nos preguntamos qué lugar ocupa lo humano en el relato de nuestra historia y de qué forma continuará la historia si lo humano acaba por desaparecer”, describe Ana Barcia.

Mientras el meteorito llega es una obra de estilo posdramático. Destaca la interesante dramaturgia del espacio sonoro, pues ayuda al espectador a través de distintos sonidos y canciones a darse cuenta de los saltos que hay en un espectáculo fragmentado. Lo cual a su vez es apoyado por diversos cambios de iluminación. Es de llamativo interés la precisión del movimiento escénico de las intérpretes, pues más allá de las palabras, de manera orgánica y viva hacen que los bucles de la vida cotidiana tomen materialidad en escena. ¿Cómo es posible que el cuerpo termine contando lo que pretendía el texto? En ocasiones el lenguaje es insuficiente y quizá es en ese preciso instante en el que Ana y Raquel logran estrecharse la mano y comprenderse. ¿Cómo puede ser que haya turismo en Chernóbil? ¿Sabías que hay entierros ecosostenibles? ¿Por qué en una cafetería te
preguntan tu nombre para escribirlo en un vaso de cartón? Esa caída fue el inicio de la disolución de su vida. Muchas veces no me sale la palabra albornoz. ¿Sabías que los dinosaurios no son así? En Galicia hay un cementerio vacío.
El mundo que colocan Ana y Raquel en el escenario es su mundo y el nuestro. Lo
habitamos, lo compartimos y no nos deja indiferentes. Un espacio que nos inunda de preguntas y nos cuestiona sobre cómo construimos y destruimos. Logran vivir el tiempo, que el complejo verbo estar tome su máxima presencia y que el silencio encuentre un lugar en el que existir. Juegan con su propia realidad, con la mentira y con la duda apoyándose de texto proyectado, vídeos, fotografías y cambios de vestuario. Todo ello con un ritmo pausado y equilibrado que no se ve sobrepasado por la velocidad a la que acostumbramos a vivir en un mundo capitalista.
Durante aproximadamente setenta y cinco minutos, el ritmo de las vidas de los espectadores se ve alterado gracias al texto y dirección de Ana Barcia, su interpretación junto a Raquel Mirón, la asesoría de espacio escénico de la mano de Pablo Chaves, en la composición musical Fran MM Cabeza de Vaca, diseño de vestuario por Sandra Espinosa y diseño de luces por Raquel Rodríguez.




texto: Ada Gurdiel Pérez
fotografías: Chuchi Guerra
Revista Atticus

