Crítica película Wolfgang (Extraordinario) de Javier Ruiz Caldera – Luisjo Cuadrado
Ficha
Título original: Wolfgang (Extraordinario)
Año: 2025
Duración: 110 min.
País: España
Dirección: Javier Ruiz Caldera
Guion: Laia Aguilar, Carmen Marfà, Yago Alonso, Valentina Viso. Novela: Laia Aguilar
Reparto: Miki Esparbé, Jordi Catalán, Àngels Gonyalons, Anna Castillo, Berto Romero, Nausicaa Bonnín
Música: Clara Peya
Fotografía: Sergi Vilanova
Compañías: Nostromo Pictures, Lo Vi Films, Telecinco Cinema, Wolfgang Película, 3Cat, Movistar Plus+, Mediaset España
Género: Comedia. Drama | Comedia dramática. Autismo / Asperger. Música. Paternidad
Sinopsis
Wolfgang, un niño de diez años con un cociente intelectual de 152 y trastorno del espectro autista, se ve obligado a vivir con su padre, Carles, a quien no ha visto nunca, tras la repentina muerte de su madre. Carles afronta el reto con ganas y voluntad, pero Wolfgang no soporta su desorden ni su desorganización y lo considera un “bajocien” por su falta de intelecto. Así que, a escondidas, Wolfgang planea conseguir su sueño: entrar en la academia de música Grimald de París, donde estudió su madre, y convertirse en el mejor pianista del mundo. Cuando Carles lo descubre, debe decidir entre su gran oportunidad como actor o convertirse en el padre que necesita un niño como Wolfgang.
Crítica
No acudí yo al cine con inusitado interés. El marchamo de cine familiar no ha tenido, en España, muy buenas críticas. Pero como no me dejo influenciar por comentarios antes de ver la película, Wolfgang (Extraordinario) al final ha resultado ser una muy buena opción para este fin de semana lluvioso.
Si ya tenía una situación extraordinaria -tiene síndrome de Asperger-, al pequeño Wolfgang (Jordi Catalán) la vida le da un revolcón cuando con tan solo diez años pierde a su madre soltera. Tiene una mente privilegiada; posee un cociente intelectual de 152; sabe tocar el piano de maravilla y sueña con ser el mejor pianista del mundo como su madre. Su madre era una melómana (de ahí su nombre) y le inculcó el amor por la música. Pero padece una hipersensibilidad acústica y es obsesivo con la idea de hacer listas constantemente. Por expreso deseo de su madre, tiene que ir a vivir con Carles y dejar la casa de su abuela. Carles (Miki Esparbé), apenas sabe de la existencia de su hijo. Al principio se desentendió de él y a los dos años cuando quiso interesarse, su madre le apartó de su vida. Su vida no es la más aconsejable para la rutina que el pequeño le gusta realizar. Actor, con un papel secundario en una serie de televisión, apenas tiene tiempo para acudir algún casting y poco más. Ambos tendrán por delante un reto al filo de lo imposible: uno tendrá que adaptarse al papel de su vida que casi le requiere dedicación exclusiva, ser padre y, el otro, Wolfgang a descubrir si podrá adaptarse al caótico desorden que impera en la vida de su progenitor, al que trata como si fuera un «bajo cien» (alguien que no tiene la misma altura intelectual que él).

Wolfgang sigue con su vida, su rutina, sus clases de música con un horario riguroso, y su colegio. Su vida sigue y sus anhelos y sueños no han desaparecido. Quiere ir a París para realizar la prueba de acceso a la prestigiosa Academia Grimaldi de música (su madre aprobó ese ingreso y él vive condicionado por ello). Y en su vida ordenada ha aparecido un elemento nuevo, distorsionante, que es la figura de su padre. Y esa es la odisea de sus protagonistas: tratan de entenderse con un elemento común como es la música. Por medio de esta relación está la abuela, Matilde (Àngels Gonyalons) que también tiene un papel determinante con un pasado no cerrado (sino se habla del problema este no existe) y quien no acaba de aceptar que su nieto tenga que mudarse a una casa de chicha y nabo. Matilde ha perdido a su hija y se ha forjado una coraza con la responsabilidad de cuidar a Wolfgang.
Entre mis amigos, a la salida del cine, alguno comentó que no le había gustado porque el tema del autismo y/o del Asperger no se trataba en profundidad. Bueno, puede ser, contesté yo. Pero ¿y qué? No venimos al cine a una clase teórica para empatizar con quienes padecen este síndrome o con sus cuidadores. Wolfgang se muestra como una película realizada de forma muy correcta. Se han buscado localizaciones envidiables (el Palau de la Música en Barcelona o los escenarios naturales rodados en la Ciudad de la Luz: París). Cuenta con un buen planten de actores tanto los principales como los secundarios que desarrollan su trabajo con mucha solvencia. Además, trata con pulcritud temas complejos y delicados como la paternidad (o ausencia de ella), el Asperger, la salud mental (con la depresión y el suicidio al fondo), el duelo, el papel de los abuelos en la educación de los críos, la inseguridad laboral (en este caso en la propia industria cinematográfica). Y todo ello aderezado con un fino sentido del humor y una excelente banda sonora.
No resulta fácil la realización de una comedia dramática. La línea entre una patochada y una buena película en este tipo de cintas es muy muy delgada. Es muy fácil pasarse de frenada y el resultado ya se sabe. Hay buenos ejemplos como el de Juno (2007, Jason Reitman), una relación de adolescentes que acaba en embarazo no deseado; o Rain Man (1988, Barry Levinson) en donde Dustin Hoffman interpreta a un hombre con autismo y que tiene que aprender a convivir con su hermano más joven, Tom Cruise. Ambas películas no son ejemplos precisamente de películas blanditas. En Wolfgang hay cosas muy meritorias que sobresalen de otras que cumplen con los tópicos pero que son necesarios y no rechinan. Casi sabemos cómo va a acabar, pero lo bueno es cómo se llega a ello. Magníficos los recuerdos que tiene el chico de su madre y que actúan como si de flashbacks se trataran (pequeños vídeos domésticos que guarda en su inseparable ordenador) o la canción chirriante en un primer momento y que cuando la vuelve a tocar, solo él y su padre saben a qué obedece tras saltarse todas las convenciones de lo que debe de ser un tema al piano.

Javier Ruiz Caldera realiza su octava película tras propuestas tan interesantes como Anacleto o Malnazidos. Aquí sabe tocar la fibra sensible del espectador y conseguir empatizar y, para algunos, hacernos olvidar el mundo en que vivimos y soñar con que otro mundo tal vez fuera posible si todos pusiéramos un poquito más de nuestra parte. Caldera se ha basado en la novela homónima de Laia Aguilar, que ejerce de coguionista junto con Yago Alonso, Carmen Marfà y Valentina Viso. Y es muy meritorio también el trabajo que hay detrás de la banda sonora obra de la compositora Clara Peya. Hay tres o cuatro temas magníficos que sirven como auténticos catalizadores de las emociones de sus protagonistas. Caldera se ha sabido rodear de un pequeño grupo de actores que aportan en unos casos ternura y en otros una vis cómica muy apropiada como es el caso de la referida Àngels Gonyalons, Anna Castillo o Berto Romero.
Wolfgang es un buen ejemplo de un excelente trabajo que augura, cada día más, una potente industria cinematográfica en España. Con localizaciones tanto dentro como fuera de nuestro territorio, con un buen planten de capital humano en los distintos apartados artísticos y técnicos, en definitiva, un proyecto a que buen seguro se verá respaldado por el público que a la larga es lo que interesa: hacer un buen cine, sin ser descaradamente comercial, pero que dé beneficios para poder invertir en el siguiente proyecto.

No perdí el tiempo. Wolfgang es una película emotiva, bien realizada, que te deja un buen regusto en la boca al término de la misma. Una historia potente, un buen ritmo, sostenido, y el metraje justo, el director ha sabido captar al espectador. Una película sencilla, pero para recordar.
Os dejo un tráiler:
Luisjo Cuadrado
Revista Atticus

