Crítica película La luz que imaginamos de Payal Kapadia

Ficha

Título original: All We Imagine as Light

Año: 2024

Duración: 118 min.

País: India

Dirección: Payal Kapadia

Guion: Payal Kapadia

Reparto: Kani Kusruti, Divya Prabha, Chhaya Kadam, Hridhu Haroon, Azees Nedumangad…

Música: Dhritiman Das, Topshe

Fotografía: Ranabir Das

Compañías: Coproducción India-Francia-Países Bajos (Holanda)-Luxemburgo-Suiza-Estados Unidos; Petit Chaos, Another Birth, Chalk and Cheese Films, arte France Cinéma, Les Films Fauves

Género: Drama | Drama social. Drama romántico. Amistad

Sinopsis

    En Mumbai, la rutina de la enfermera Prabha se ve alterada cuando recibe un regalo inesperado de su marido, quien trabaja en Alemania. Su compañera de piso Anu, más joven, intenta en vano encontrar un lugar en la ciudad para intimar con su novio. Un viaje a una ciudad costera les permite encontrar un espacio para que sus deseos se manifiesten.

Crítica

La primera parte de la película se desarrolla en una abigarrada ciudad de la India: Bombay (a partir de 1995 pasó a denominarse Mumbai en honor de la diosa Mumba Devi; es la capital del Estado federal de Maharashtra y la ciudad portuaria más importante del subcontinente indio; y esta es la forma –Bombay– tradicional y preferible en español). Un retrato de una ciudad masificada de gente como se puede observar en los andenes de las estaciones de trenes, de sus autobuses, en sus mercados, en sus calles, en sus fiestas populares. Y a esto hay que añadir otro de los tópicos que tienen estas ciudades de la India: los aguaceros de sus terribles monzones. Todo esto conforma un marasmo urbano y asfixiante donde millones de vidas se entrecruzan, pero que el objetivo de la directora india se va a centrar en sus tres principales protagonistas, tres mujeres: Prabha, Anu y Parvaty.

Todo gira en torno a Prabha (una atractiva y cautivadora Kani Kusruti), mujer seria y responsable que trabaja en un hospital como enfermera. Está casada, aunque solo sea sobre el papel. Su matrimonio fue de conveniencia y ahora su marido se encuentra trabajando en Alemania. No parece tener muchas noticias de él, ni tan siquiera se acuerda de cuando fue la última vez que lo vio. Al comienzo de la película recibirá un curioso objeto que le trastocará su rutinaria vida (luego volveremos a él, pues actúa como una metáfora). Prabha es conservadora en cuanto a las tradiciones, pero tiene un ojo abierto a los posibles cambios que tanto se pregonan pero que parece que no acaban de arrancar y hacer que la mujer tenga el papel que se merece en esta sociedad tan clasista todavía. Su relación con Anu le hará a ir abriéndose y juzgar menos a sus congéneres. En el hospital coincide con un médico, Manoj, que se desvive por ella y hace tímidos intentos de acercamiento para cortejarla, pero Prabha está atrapada por su represión moral que la impiden dejarse llevar y que sean sus sentimientos los protagonistas y no las convenciones. Se muestra empática con sus las personas, pero mantiene una postura un tanto fría con el espacio que la rodea. Es como si no disfrutara del presente, del momento. No acaba de estar a gusto, echa en falta algo, más en lo sentimental que en lo material. 

Anu (Divya Prabha) es la más joven de las tres mujeres. Es compañera de Prabha y comparte piso con ella. Viene de una familia conservadora pero no está por la labor de que la casen así sin más, sin tener en cuenta sus deseos. Vive una sexualidad contenida, con libertad, pero sin complejos. Esto le provoca algún conflicto con su compañera de piso Prabha. Es amable y cariñosa y como cualquier joven con trabajo precario tiene dificultad para llegar a fin de mes. Está enamorada de Shiaz, pero tienen que ser discretos con su amor porque él es musulmán (y ella no). Esconden el amor a sus respectivas familias para así evitar la deshonra y el escándalo. Ya empiezan a correr rumores por el hospital. Tiene una clara confrontación interna afectada por su pasado y las restricciones familiares. 

Parvaty (Chhaya Kadam), viuda, es la mayor de las tres. Es cocinera en el hospital donde trabajan las dos anteriores. Proviene de un pueblo costero en Ratnagiri y pertenece a ese grupo de personas que han sido engañadas por la especulación inmobiliaria. Ella junto a su marido vivía en un piso que la empresa les cedió como parte de su salario, pero que ahora un grupo especulador quiere derribar las vetustas casas para hacer unas grandes torres residenciales. Y ella no conserva papeles. No hay nada que hacer: tiene que dejar el piso o la echaran a la puñetera calle. En la segunda parte de la película se ve obligada a volver a su pueblo. Prabha y Anu la acompañan para hacer más suave la transición. Las tres mujeres conforman un pequeño microcosmos. Representan el presente, el futuro y el pasado. Por la edad son casi tres generaciones distintas, pero con un nexo en común: sobrevivir en una ciudad inhóspita, en la que uno parece estar siempre de paso. Bombay constituye un foco de atracción para millones de personas. Posiblemente representa la mejor oportunidad económica, pero eso no significa, ni mucho menos, que sea una vida fácil.

La mirada de la directora del cine independiente indio Payla Kapadia no es maniquea, ni marca imposiciones, ni acentúa dilemas, ni impone moralidades a sus personajes. Parece que les deja actuar y somos nosotros, los espectadores, los que asistimos al discurrir del día a día en sus vidas. Todo es rutinario hasta el momento en que Prabha recibe un paquete (al que antes aludía). Es un primer plot, un primer giro, tenue, apenas perceptible (como casi todo lo que sucede en la película) pero que cambia algo en su comportamiento. Ver como se aferra a esa especie de mini robot doméstico (una olla arrocera) que le envía su marido desde Alemania es una estampa entrañable y que no deja a dudas de la falta de cariño que muestra Prabha. Echa de menos a su marido es una auténtica metáfora de la vida en familia que para ella es inexistente.

La segunda parte de la película tiene lugar lejos de Bombay y se aleja de las escenas nocturnas abigarradas, para dar paso a la luz, a un paisaje acogedor. Es el momento en que las tres protagonistas inician su viaje personal que supondrá un antes y un después. Parbha y Anu acompañan a Parvaty a la costa, a sus orígenes, ante la falta de perspectivas de alojamiento digno en Bombay. Anu consolida su amor juvenil y Parbha tiene una experiencia que se puede considerar casi mística o mágica. En mi modesta opinión, quizás la escena más lograda y la que da sentido al título es la que tiene lugar en ese rincón costero donde Parvaty se tiene que retirar a vivir. Prabha acude al rescate de un hombre que se halla en la orilla medio ahogado. Hay un malentendido que provoca que Prabha se encuentre frente a un hombre en estado de shock, desorientado que la confunde con su mujer ausente y ella se deja ir, porque ve en él el hombre que tanto añora, se deja querer a falta de cariño y contacto humano y ella se imagina que ese hombre es su luz, la luz que imagina y le sirve, ese poco contacto, esas amables y cariñosas palabras que este hombre la dispensa para recargar sus pilas y ver que la vida merece la pena. Una buena metáfora.

La película está cargada de pequeños detalles banales, insignificantes de los que pueblan la mayoría de nuestras vidas. Pero que están retratados como pequeños versos visuales que conforman unas instantáneas muy poéticas. Una muestra de ello son los visillos que vuelan al albur del aire que entra por las ventanas. Quizás no aportan nada a la línea argumental, pero dan una tranquilidad entre tanto caos (y mugre, y ruidos, y aire contaminado…).

Otro de los grandes logros de la cinta es que sabe acabar bien. Sabe cerrar el círculo de manera digna. Deja que cada espectador conforme su final, que no es otro que el futuro, el devenir de las tres protagonistas. Es incompleto, como la vida misma es así. A una le irá bien, a la otra no tan bien y a la última… vete tú a saber que será de ella. Pero ahí están viviendo la vida. La luz que imaginamos no deja de ser una invitación a descubrir los pequeños detalles que pueblan nuestras vidas y verlos como pequeños estruendos que nos devuelve –al espectador– el placer de ver más allá de nuestra mirada.

La banda sonora a veces me sonaba simplona y otras me resultaba muy melódica, muy en tono con lo que sucede en la pantalla. Sea como fuere me remitía (no sé por qué) a la banda sonora de Bilitis (1977, David Hamilton) de Francis Lay. Tendré que hacérmelo mirar. Es obra del joven compositor Tosphe.

La luz que imaginamos es cine indio, de autor, muy diferente al cine de Bollywood con sus características escenas musicales. Es más del estilo europeo y con una mirada íntima que surge de una poderos sensibilidad femenina de la mano de Payla Kapadia. Quizás el desarrollo de la historia puede pecar de algo lento, pero es fresco y alejado de los clichés tan trillados que estamos acostumbrados a ver en las pantallas en los últimos años. No hay gestos grandilocuentes. Todo es contenido. Es una película que supone un canto a la amistad y a ese amor que a veces se vuelve imposible y como los amigos puedes sustituir a los familiares. Por si esto fuera poco también aborda temas tan dispares como el abuso de poder de las empresas, o la falta de libertad de las mujeres y la cuestión de las castas o también el peso de la religión. Y también, y, sobre todo, es un viaje a la India de la mano de tres mujeres valientes (más su directora) interpretada de forma magistral por Kani Kusruti, Divya Prabha y, Chhaya Kadam. Kapadia con su segundo largometraje ha logrado el Gran Premio del Jurado 2024 en el Festival de Cannes en la pasada edición y también levantar cierta polémica en su país ya que no ha sido seleccionado para los próximos premios Oscars.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus