Crítica película Cuando cae el otoño de François Ozon

Ficha

Título original: Quand vient l’automne

Año: 2024

Duración: 102 min.

País: Francia

Dirección: François Ozon

Guion: François Ozon, Philippe Piazzo

Reparto: Michelle·(Hélène Vincent), Marie-Claude (Josiane Balasko), Valérie (Ludivine Sagnier), Vincent·(Pierre Lottin), Lucas (Garlan Erlos)

Música: Evgueni Galperine, Sacha Galperine

Fotografía: Jérôme Alméras

Compañías: Foz, Mandarin & Compagnie, France 2 Cinema, Films Distribution, Canal+, CNC, Ciné+, OCS. Distribuidora: Diaphana Distribution, Caramel Films

Género: Drama. Intriga

Sinopsis

Michelle, una abuela en plena forma en todos los aspectos, vive una jubilación tranquila en un pueblecito de Borgoña, donde también reside Marie-Claude, su mejor amiga. El Día de Todos los Santos, su hija Valérie viene a verla con la idea de dejarle a su nieto Lucas durante la semana de vacaciones escolares. Pero nada ocurrirá como estaba previsto.

Crítica

La nueva película de François Ozon nos relata la historia de Michelle (Hélène Vincent), una mujer jubilada que vive en un pequeño pueblo de Borgoña disfrutando de su retiro. Tiene una coqueta vivienda con un buen huerto y un jardín. En los alrededores cuenta con un extenso bosque y un río que confiere al conjunto una estampa idílica. Cerca de ella vive su amiga de toda la vida, Marie-Claude (Josiane Balasko). Pronto su vida se verá alterada por la llegada de su hija Valérie (Ludivine Sagnier) y su nieto Lucas (Garlan Erlos). La visita interesada, no es más que para tratar de sacar un poco de dinero a su madre y de «colocar» a Lucas una semana y así evitar que el padre se lleve a su retoño. Un incidente con la comida provocará la decisión de una huida precipitada dejando a Michelle sin el disfrute de su nieto y echando por tierra una ilusión que había planificado durante mucho tiempo. 

A pesar de que su nieto se ha convertido en la razón de su vida en sus últimos años, Michelle es una mujer optimista. Llena su vida con una rica rutina: los paseos por el bosque junto al río, sus lecturas, el cuidado de su huerta, elaborando sus rectas y, en otoño, recogiendo setas junto a su amigo Marie-Claude. También se ocupa de ella, sobre todo de llevarla a la prisión local para ver a su hijo Vincent (Pierre Lottin). Ambas tienen un pasado por el que se culpabilizan y piensan que los peores parados son sus hijos. Les asola el remordimiento de culpa. Ambas son diferentes, pero se complementan muy bien y se apoyan con su alegría y complicidad. Michelle aporta fortaleza y tira para adelante sin cuestionarse su pasado. Hizo lo que hizo para sacar adelante a su propia hija y así se lo hace saber a su nieto en una dura conversación. Mientras que Marie-Claude carga con parte de su culpa que le afecta incluso de manera física. Tiene una manera de ver las cosas distintas, de manera más reflexiva que incluso la lleva a disculpar el comportamiento de su hijo. Está en la cárcel por «tonterías del pasado», cosas de los chicos.

Vincent se va a convertir en el eslabón que une el pasado y el presente. Es un hombre enigmático, tiene cara de bueno y combina esa seducción con una vena de hombre oscuro con cierto peligro. A la salida de la cárcel, Michelle se convierte en su valedora. Le ofrece trabajo en su propia casa (huerto y jardín) y también pasará a ser algo más que su confidente. Esa ambigüedad provocará una nueva trama creando una gran tensión dramática y proyectando sobre ellos una sombra de duda.

Y hasta aquí conviene desvelar. Desde la propia sinopsis, el planteamiento de la película es desvelar poco y sugerir mucho para que sea el propio espectador el que conforme la película en su cabeza. Hay cuestiones no explicitadas, una cosa que venimos reclamando en los últimos tiempos –el espectador es más inteligente de lo que los creadores suponen- con lo cual invita a la reflexión, a la revisión y a un debate tras su visionado. Por esa razón, esta película nos sitúa en la órbita de la magistral Anatomía de una caída (2023, Justine Triet) hay unos hechos que pueden responder a algo circunstancia (un accidente) o algo premeditado. Al final, sospechamos que los personajes tienen algo que ocultar ya que nunca se muestran determinadas acciones. Es como si lo que vemos es pantalla es la verdad, y lo que se oculta, lo que sucede fuera de cámara se deja a nuestra interpretación.

La película está protagonizada por dos mujeres de edad madura. Dos ancianas que se encuentran en el otoño de la vida (el director juega hasta con el título para fomentar la ambigüedad). Dos ancianas a las que les une un pasado en común y que se cuentan sus cuitas mientras pasean o se toman un café. Pero el peso del pasado les está condicionando el presente y a buen seguro que el futuro. Un futuro al que vislumbra con menos peso que el pasado. Es por esa razón que ya no es tan estricta en la educación de su nieto como lo fue con su hija, ahora le permite saltarse alguna norma, como lo hace ella con su propia vida. Pero todo salta por la borda cuando su hija le impide disfrutar de su futuro en la figura de su nieto Lucas. Ya su rutina no es tan gratificante, ni sus días son tan alegres, y el frondoso bosque lleno de colores otoñales se convierte en algo sombrío y amenazante. Su otoño no tiene tantos matices.

El director no da puntada sin hilo. La película arranca con una homilía que versa sobre el papel de María Magdalena cuando se inclinó ante él, besó sus pies y los secó con su propio cabello, una mujer a la que todo el mundo la acusaba de pecadora y Jesús la supo perdonar y agradecer su gesto. Supone toda una declaración de intenciones en este thriller rural.

Al final, Cuando cae el otoño es un retrato de una relación materno filial algo disfuncional que se viene abajo con un suceso que condiciona esa relación. Se cuestiona el amor incondicional y cómo afrontar el pasado y se pone en valor el peso de la amistad. La vida de la entrañable abuelita esconde un problema socioafectivo que tiende a explotar justo cuando el otoño le llega a su vida, en un momento en que se suponía que tenía que disfrutar de la paz y de los aires de los bosques de la Borgoña. Cada uno de las personas desempeña un papel en este teatro. Michelle y Marie-Claude representar a dos mujeres que se enfrentan de manera distinta a su pasado en común, una aceptando lo sucedido y mirando hacia adelante y la otra renegando y consumiéndose en su interior. Mientras que los hijos también se desenvuelven de distinta manera: Valérie no lo acepta, reniega de su madre, lo carga contra su hijo, contra su marido echando la culpa de todo al pasado de su madre, incapaz de valorarla más allá de «aquello»; y Vincent anda desnortado a falta de cariño y modelo a seguir. Es como un niño grande. 

Ozon es un director interesante desde aquella buena película En la casa (2012) y las más recientes Mi crimen (2023) o Verano del 85 (2022). Es muy prolífico y de lo más variopinto. Sale prácticamente a una película por año. En su estilo maneja el drama con suspense y cierta tensión con un buen uso del recurso de fuera de campo. Eso que ayuda a que el espectador se forme su propia historia en la cabeza. Y lo mejor de todo es que sabe dirigir a dos actrices maduras, (con buenas tablas también en la dirección de actores) en los tiempos en que la juventud parece ser lo único importante. Ambas tienen unas actuaciones muy solventes, naturales que hacen que sus papeles sean muy creíbles.

La película mantiene una buena dosis de suspense y nos hace fijarnos en elementos, en pequeños detalles en los que puede estar la clave de lo sucedido. Nunca llega a resolver esas dudas en su totalidad. No es de extrañar que Cuando cae el otoño haya ganado la Concha de Plata a mejor interpretación de reparto (Pierre Lottin) y el Premio del Jurado a mejor guion en la 72 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus