Crítica película El ministro de propaganda de Joaquim Lang
Ficha
Título original: Führer und Verführer.
Año: 2024.
Duración: 135 min.
País: Alemania.
Dirección: Joaquim Lang.
Idioma original: alemán.
Guion: Joaquim Lang.
Fotografía: Kalus Fuxjäger.
Música: Michael Klaukien.
Reparto: Robert Stadlober, Fritz Karl, Franziska Weisz, Rapahaella Möst, Katia Fellin, Moritz Führmann, Michael Glantsching, Sebastian Thiers, etc.
Productora: Zeitsprung Pictures, SWR, Wild Bunch Germany, Netflix.
Género: histórico. Nazismo. II Guerra Mundial. Propaganda.
Sinopsis
Goebbels (Robert Stadlober) fue el ministro de Propaganda de Hitler (Fritz Karl) entre 1933 y 1945. La película hace un recorrido por la trayectoria criminal del nazismo desde 1938, anexión (Anschluss) de Austria, hasta el hundimiento del Tercer Reich y el final de la II Guerra Mundial. Goebbels es el creador de una teoría y una praxis de la propaganda como arma para engañar y embaucar a los alemanes que aplicó con notable eficacia, junto a una feroz represión propia de un estado totalitario. La película describe el papel político de Goebbels, su relación política y personal con Hitler, su vida privada, tanto la familiar con su esposa y sus hijos, como la clandestina con sus amantes, hasta la caída de Berlín en mayo de 1945. Su herencia fue su contribución al asesinato de más 60 millones de personas, seis de ellas en campos de concentración. Pero también unos métodos de propagada que se siguen utilizando en la actualidad con bastante éxito: una mentira contada mil veces, puede convertirse en una verdad.
Crítica
La película se ve con interés y casi intriga desde el principio hasta el final. Nos cuenta algo que, en parte, ya ha sido contado, pues el nazismo es entre otras cosas casi un género historiográfico y el cine sigue ocupándose de él desde distintas perspectivas: episodios de la guerra, campos de concentración o sobre algunos de sus jerarcas más importantes. El título original alemán Führer und Verführer (caudillo y seductor, verbigracia), permite un juego de palabras muy significativo: el macho alfa (Hitler) sin el encantador de serpientes (Goebbels) quizá hubiera tenido más difícil conseguir sus objetivos.

La película combina el uso de imágenes de archivo encastradas entre las imágenes de la película de ficción. Era una decisión de los autores del film arriesgada pues la fuerza de las imágenes reales, que ya forman parte de nuestra memoria personal y colectiva, se contrastan con las imágenes de los actores actuales: algo que, como es evidente, da lugar a comparaciones. Era algo inevitable. A la vez, se producen momentos metacinematográficos imperecederos, como las escenas en los que los personajes de ficción (en color) están viendo la proyección de un noticiario con ellos mismos como personajes reales (en blanco y negro), y comentan “la jugada”, como es habitual en la vida cotidiana.
La figura de Hitler ha tenido varios acercamientos en el cine de ficción y en la cinematografía alemana: un ejemplo notable es El hundimiento (Der Untergang, 2004), de Oliver Hirschbiegel, sobre las últimas semanas del führer antes de la caída de Berlín y el suicido de este y de Goebbels junto de su esposa (con el asesinato de sus seis hijos cometido por los padres) en el búnker donde estaban refugiados.
Entre la cuadrilla de psicópatas (Göering, Himmler, Bormann, etc. ) que acompañaron y fueron cómplices del delirio nazi, el papel de Goebbels, ministro de Educación Pública y de Propaganda, adquiere un relieve especial desde una lectura contemporánea de su papel en el triunfo del nazismo, en su consolidación y en el manteniendo del régimen hasta su caída final. Fue el más leal a Hitler, desde luego, y el que elaboró una teoría y una praxis de la propaganda (de la comunicación) que se practica hoy con éxito.
Siguiendo el principio del historiador Marc Bloch (La extraña derrota), según el cual “sin inclinarse sobre el presente, resulta imposible comprender el pasado”, y si, en consecuencia, hacemos una lectura comparada con el film The Apprentice. La historia de Trump (2024) de Ali Abbasi, de este mismo año, comprobaremos que las técnicas de comunicación, de propaganda de Roy Cohn, el primer consejero de Trump, para ayudar a su pupilo en su irresistible ascenso nos suenan: “nunca digas la verdad si no te conviene, nunca reconozcas un error, y machaca siempre con las mismas mentiras”.

Lo que hay que enlazar con la teoría del altavoz: la doctrina de Cohn y de Trump necesitan altavoces para intoxicar a la gente, que en su caso fue y es el uso de los medios audiovisuales afines (la Fox) y el control de las redes sociales, bien por Elon Musk o por otros. En el caso de Goebbels (el maestro de todos), fueron la prensa, la radio y el cine de propaganda, tanto en su formato de noticiero (como los NoDo españoles) como en su formato de ficción, que buscaba en primer lugar entretener al público y en segundo lugar condicionarlo: lo de “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.
El ascenso de Goebbels en la jerarquía nazi es temprano pero tiene algunos hitos importantes que han sido seleccionados por Joaquim Lang (que también es el guionista) para que los espectadores comprendamos cómo Hitler va asumiendo sus teorías sobre las concentraciones multitudinarias como demostraciones de poderío, o sobre el uso de la propaganda como instrumento para seducir a las masas y conseguir primero su voto (hasta que este fue abolido), y luego su adhesión activa o pasiva.
El primer hito es la anexión de Austria en 1938, preparada desde un punto de vista diplomático, militar y propagandístico con falsedades, con el uso precursor de la posverdad, que narra con economía verbal el novelista Éric Vuillard en El orden del día: la operación militar fue un desastre, un bluf, pero la propaganda goebbelsiana lo convirtió en una parada militar arrolladora a ritmo de vals.
Mientras la guerra fue bien para los intereses nazis la propaganda era optimista, un alarde continuo de triunfos, pero tras la batalla de Stalingrado y los consiguientes reveses militares, junto la ampliación de los bombardeos aliados sobre las ciudades alemanas, el papel de Goebbels muta: Hitler se esconde (solo anunciará la victoria, dice), y Goebbels pasa de ser el telonero en los mítines a ser el orador principal para vender que esa victoria todavía es posible. Inventa conceptos como la guerra total, o las armas secretas (y milagrosas) que torcerían el rumbo de la guerra, o lanza amenazas veladas: las barbaridades cometidas por los nazis caerían sobre todo los alemanes si se perdía la guerra.
Estos hitos de la historia se alternan en la película con las relaciones personales entre Hitler y Goebbels, sustentadas en la admiración inquebrantable del segundo al primero. Goebbels, en los banquetes de los máximos jerarcas nazis, solía ser el elegido por Hitler para sentarse a su derecha, lo que indicaba su posición promitente en la pirámide del poder. Una relación sostenida también en lo personal por el papel importante de Magda (Franziska Wisz), la esposa de Goebbels, fanática nazi, que sabía conjugar su admiración por el führer con un toque familiar o de intimidad.
Esta simbiosis entre lo político y lo personal (indiferenciable en un régimen totalitario), le ocasionaría Goebbels algunos problemas cuando se obstinó en mantener una relación con una amante checa y llega a confesar a su esposa y al propio Hitler que está enamorado y pretende casarse con ella. Es obvio por lo que optará cuando Hitler le ponga en la tesitura de elegir entre el amor a él y el amor a su amante. Elegirá el poder.

Joaquim Lang alterna los episodios más políticos con los más personales mientras la historia y la trama del film avanzan desde 1938 a la hecatombe de mayo de 1945. Los personajes principales, Goebbels, Hitler, Magda, adquieren un relieve suficiente, entre otros personajes (Himmler, Göring, etc.) que solo son figurantes en la película. Especial relieve tiene el papel de Goebbels, encarnado por un convincente Robert Stadlober. Goebbels que cojeaba, que no era muy alto y cuyo porte no resultaba marcial, sublimó sus complejos extremando su narcisismo, con una ambición desmedida y un afán morboso por conquistar a todas las mujeres (y hombres) a su alcance. Este afán seductor está recogido con bastante gracia en la película de Fernando Trueba (y guion de Rafael Azcona) La niña de tus ojos (1998) cuando Goebbels intenta ligarse a Macarena (Penélope Cruz), trasunto de Imperio Argentina, en un episodio semejante al ocurrido en la realidad. No tiene el mismo relieve interpretativo Hitler, interpretado por Fritz Karl, más apagado y ensombrecido por un precedente: el portentoso Bruno Ganz de El hundimiento.
Si el tema, la trama, la configuración de los personajes, la fidelidad histórica, son elementos bien construidos por Joaquim Lang y su equipo de producción, hay que señalar también que ese interés por contar muchas cosas de un periodo largo y lleno de acontecimientos, se traduce en un ritmo cinematográfico acelerado, con cortes en ocasiones bruscos de las secuencias, y en unos diálogos entre los personajes dicho, en ocasiones, con excesiva rapidez. Asuntos menores en una película que pretende ser pedagógica (pero no doctrinaria), y advertir sobre hechos (el trumpismo y la extrema derecha) y sobre técnicas de comunicación (bulos, posverdad, “hechos alternativos”) que estamos viviendo en estos momentos, con distintos ropajes pero semejantes en el fondo a lo que ocurrido en los años treinta (s. XX).
En la novela Solo en Berlín (Jeder stirbt für sich allein, 1947) de Hans Fallada, que conocía bien la materia y que nos regaló esta novela imprescindible, se retrata a un Goebbels seductor, tanto con las mujeres como con los hombres, preocupado por ser correspondido, y por liquidar a la persona o condenar al ostracismo a quien lo rechazara. De esta novela son estas palabras: “A lo mejor es un error, pero todos deberíamos preocuparnos por la política. Si todos nosotros lo hubiéramos hecho a su debido tiempo, no habría sucedido lo de los nazis”.
Eso.
Os dejo un tráiler:
Gonzalo Franco Blanco
Revista Atticus

