Crítica película La zona vacía de Kurro González – Luisjo Cuadrado
Ficha
Título original: La zona vacía
Año: 2024
Duración: 107 min.
País: España
Dirección: Kurro González
Guion: Kurro González
Reparto: Luis (Francisco Conde), Ángela (Alba Loureiro), Iris (Silvia Castellón), Sara (Alejandra Lorente), Eduardo (Abraham Montufo), Abel (Marcos Cascón)
Música: Isabel Latorre
Fotografía: Alberto Muñoz (B&W)
Compañías: 32historias Producciones
Producción: Francisco Conde, Carlos A. Ibañez Giralda
Género: Drama
Sinopsis
Luis es un astrofísico que lleva una vida ordenada junto a Ángela. Todo cambia cuando llegan sus nuevos vecinos con su hija Iris. Desbordado por el recuerdo de un amor de su infancia, intenta controlar sus emociones hacia la niña para que su vida no se resquebraje. Luis se verá inmerso en un descenso a su personal infierno en el que todo parece abocarle a tomar la más terrible de las decisiones.
Crítica
Luis (Francisco Conde) es un astrofísico que trabaja en un observatorio astronómico y que llevaba una vida muy cuadriculada y algo anodina. Sumido en una profunda depresión por unos recuerdos que le atormentan desde su desdichada infancia parece llevar una buena relación sentimental con su pareja Ángela (Alba Loureiro). Esa vida, de aparente orden, también se ha vuelto monótona. Asistimos a sus quehaceres diarios que van desde su momento de distensión realizando largos en la piscina, el recorrido por una sinuosa carreta en su coche hasta su lugar de trabajo, pasando por sus tristes clases en la universidad o sus apesadumbrados paseos por la ciudad donde vive (una reconocible Valladolid).

Su rutina se ve trastocada con la llegada de unos nuevos vecinos. Se trata de una joven pareja Sara (Alejandra Lorente) y Eduardo (Abraham Montufo) que tienen una hija, Iris (Silvia Castellón) y que será la causa de su quebranto. Algo verá Luis en la pequeña para que su mundo se tambalee y en su cabeza asomen demonios que tal vez tenía adormecidos.
Rodada en un excelente blanco y negro, con predominio de interiores en los que destaca la cuidada puesta en escena, Kurro González (La madriguera, 2016) nos ofrece una estremecedora historia llena de aristas. Hay un excelente trabajo de actores sobre todo en la pareja protagonista (sin desmerecer para nada en la otra pareja «vecina» así como su hija que cada vez que se asoma a un plano lo inunda de luz). Francisco Conde en su papel de un hombre en permanente estado de desasosiego lo borda. Sus primerísimos planos en plena zozobra donde hace un ejercicio de introspección para sacar adelante ese sufrimiento son muy meritorios. Mirada ausente, voz inaudible, lágrimas que asoman y temblores de mandíbula. Magnifica actuación. Y a su lado una Alba Lourerio con un papel estelar que no desaprovecha con un registro todavía más amplio que su compañero. De la alegría a la desesperación pasando una gama de sentimientos que rodean a esta relación. Rodada con exquisita precisión y pulcritud, Kurro González ha creado un ritmo pausado, excesivamente lento en algunos momentos pero que contribuye a crear tensión en esa vida monótona, aburrida y atormentada del personaje de Luis. Hay unos interesantes planos que casi se convierten en leitmotiv como son el reflejo de la abominación en el espejo y la tortura que somete a sus ojos con el constante lavado extremo que le lleva a la irritación de los mismos. Situaciones que le valen al director para tratar de escenificar esa lucha interna entre los deseos incontrolables y el pepito grillo de la conciencia que te dice eso no se puede hacer. Irrefrenable impulso. El director valenciano nos muestra la vida de un hombre con un desdichado pasado, un presente infeliz y atormentado y un futuro inexistente. Un hombre que ama a su mujer pero que, a su vez, siente una pasión irrefrenable hacia su parafilia, hacia su excitación. No encuentra ni el consuelo de la posible ayuda psicológica. Inútil esfuerzo.

Estamos ante una película poética, incómoda en algunos pasajes, de exquisita factura, verdadero cine de autor para paladares dispuestos a saborear cine del bueno alejado de lo normativo. Un director valiente que aborda un tema tabú que lo sitúa en aquella sobrecogedora película de Carlos Vermú, Mantícora (2022). No juzga el comportamiento, no hay maniqueísmo, es compleja, y nos lanza una reflexión sobre la perturbadora psique humana, con un despliegue de recursos estilísticos muy por encima de las habituales entregas del cine español de sota caballo y rey que hemos visto por ejemplo (y de manera numerosa) en la pasada edición de la SEMINCI (salvo alguna honrosa excepción).
Puedes completar la info con lo que dijimos de ella tras su paso por el Festival de Cine de Málaga en este enlace.
Os dejo un tráiler:
Luisjo Cuadrado
Revista Atticus

