69 SEMINCI – Mi postre favorito de Maryam Moghaddam, Behtash Sanaeeha – Luisjo Cuadrado
Ficha
Título original: My favourite cake
Dirección: Maryam Moghaddam, Behtash Sanaeeha
Guion: Behtash Sanaeeha, Maryam Moghaddam
Fotografía: Mohammad Haddadi
Montaje: Ata Mehrad, Behtash Sanaeeha, Ricardo Saraiva
Sonido: Abdolreza Heydari, Iman Baziyar, Hossein Ghoorchian
Música: Henrik Nagy
Producción: Gholamreza Mousavi, Behtash Sanaeeha, Etienne de Ricaud, Peter Krupenin, Christopher Zitterbart
Productora: Filmsazan Javan, Caractères Productions, Hobab, Watchmen Productions
Reparto: Lili Farhadpour, Esmaeel Mehrabi, Mohammad Heidari, Melika Pazouki
Duración: 96 min.
Sinopsis
Mahin, de 70 años, vive sola en Teherán desde que murió su marido y su hija se marchó a Europa. Una tarde, un té con amigos la lleva a romper su solitaria rutina y a revitalizar su vida amorosa. Pero cuando Mahin se abre a un nuevo romance, lo que comienza como un encuentro inesperado se convierte rápidamente en una velada imprevisible e inolvidable.

Crítica
Hace tres años tuvimos la fortuna de ver en SEMINCI la estupenda película El perdón (Ballad Of a White Cow) de los guionistas y directores Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha. Hay que recordar que sigue prohibida en Irán y recientemente, cuando iban a viajar al estreno mundial de Mi postre favorito en Berlín, les fueron retirados sus pasaportes. Así está el mundo.
El planteamiento de la cinta en un principio no supone una transgresión para echarse las manos a la cabeza y como si fuera la misma Inquisión ponerle el marchamo de censurada por un ataque frontal a los cimientos del estado. Mahin (Lili Farhadpour) una mujer joven de setenta años lleva años viuda y sola -su hija a emigrado a Europa y apenas se relaciona con ella mediante videollamadas-. Jaleada por sus amigas le instan a que salga de su casa y se relacione y viva nuevos romances. Acude a comer a un restaurante con los cupones que le da el estado. Y allí se fija en un hombre solitario. Por la conversación que entabla con un grupo pronto se entera de su nombre y de su profesión. Se trata de Faramarz (Esmaeel Mehrabi), un taxista, soltero, casi de la misma edad que ella y que tiene la central del taxi a la vuelta de la esquina. Toda decidida se dirige allí y pregunta por él y a partir de ese momento comenzará una intensa relación entre ambos. Como se ve es un planteamiento sencillo.
Ambos se contarán sus vidas en una tierna velada, cuestión que nos permitirá descubrir algunos aspectos de cómo fue la vida en la Irán cuando reinaba Mohammad Reza Pahleví, el último sah de Persia, que reinó desde el 16 de septiembre de 1941 hasta el derrocamiento del gobierno monárquico por la Revolución iraní el 11 de febrero de 1979 y cómo es la de ahora (vemos como Mahin tiene el arrojo de enfrentarse a la policía de la moral para evitar que detengan a una joven por no llevar correctamente puesto el hiyab). De llevar escote y tacón alto en las fiestas a ser casi ella misma detenida porque se le ve un poco el pelo de la cabeza o los chismosos que pueden llegar a ser los vecinos más pendientes de lo que sucede tras las puertas de sus viviendas que de lo que sucede en las suyas propias.

Contada con toques de ligero humor constituye una autentica denuncia, sibilina, pero denuncia, al fin y al cabo, de ahí su prohibición en Irán. Pero claro, es que lo que propugna la protagonista es un rebelarse contra la autoridad, no callarse, no resignarse, mientras en la reunión de las amigas se hace chanza de la amiga que pretender visionar su colonoscopia para ver lo mala que está o que en su último cumpleaños le regalen a Mahin un tensiómetro.
Farhadpour es la protagonista. La cámara la sigue y con su actuación seria, comedida, convincente consigue empatizar con el público. Tiene un buen compañero de reparto que además de reírle sus gracias, le sigue el juego hasta el final y aporta su buena chispa. Ambos constituyen una pareja cinematográfica entrañable que nos habla de esas segundas oportunidades escondidas a la vuelta de la esquina. Y, sobre todo, que siempre hay que dar una oportunidad para que el amor se luzca.
Como se ve, lo que tratan los directores iraníes es el tema del amor, el tema de la soledad y, sobre todo, como afecta esa soledad a esas mujeres que se han quedado solas a una edad en la que todavía pueden vivir la vida y no esperar en el butacón de la esquina de su salón a que la muerte las llame. Una visión de la realidad de las mujeres que cuesta mostrar. Y es una cosa universal. Otra bien distinta es el cómo se puedan enfrentar a ello dependiendo del grado de libertad que se tenga.

La película de una manera general es una especie de algodón de azúcar para el alma. Resulta muy vistosa, emotiva y con toques de humor (más ese punto de denuncia social). Hay una escena muy bien ejecutada, sobre todo por el tema del tratamiento de la luz. Una velada en el jardín de Mahin están casi a oscuras. Pero resulta que Faramarz es un manitas y se dispone a conectar de nuevo el tendido eléctrico y a cambiar las bombillas fundidas. Esta escena al final es un buen resumen ya que actúa a modo de metáfora: la invisibilidad que sufren las mujeres en esa situación y edad. La llegada de la luz viene de la mano de un hombre bueno. Ambos, ahora sí, se disponen a disfrutar de una buena velada olvidándose de los vecinos, de si la música está alta y dando rienda suelta a sus sentimientos gracias entre otras cosas al vino clandestino.
Mi postre favorito (My Favourite Cake) fue galardonada con el premio FIPRESCI de la pasada Berlinale.
Luisjo Cuadrado
Revista Atticus

