Crítica película Marty supreme de Joshua Safdie

Ficha

Título original: Marty Supreme

Año: 2025

Duración: 149 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Joshua Safdie

Guion: Ronald Bronstein, Joshua Safdie

Reparto: Timothée Chalamet, Larry ‘Ratso’ Sloman, Mariann Tepedino, Odessa A’zion, Ralph Colucci

Música: Daniel Lopatin

Fotografía: Darius Khondji

Compañías: A24, Elara Pictures, IPR.VC. Distribuidora: A24

Género: Drama. Thriller. Comedia | Biográfico. Deporte. Ping-pong

Sinopsis

    Marty Mauser, un joven buscavidas que juega al ping pong con una ambición desmesurada, está dispuesto a todo para cumplir su sueño. Con ayuda, entre otros, de la estrella de cine Carol Dunne, demostrará al mundo entero su grandeza.

Crítica

No sabe uno si clasificar a esta película dentro del género de hazañas deportivas o en el apartado de biografías (biopic) ya que tiene esa estructura clásica de drama deportivo, pero que al final el tenis de mesa es lo de menos.

Es un retrato de un tipo joven, audaz, atrevido, insolente, vividor y soñador que quiere auparse en la élite de la sociedad por medio de un incipiente deporte, el tenis de mesa, que apenas se practica en los EE. UU. en los primeros años de la década de los 50. Ese retrato es el de un personaje desgraciado que aprieta el acelerador con el horizonte moral desnortado. Un viaje frenético en busca del éxito.

Marty Mauser es un vendedor en la tienda de zapatos de su tío en el Lower East Side de Nueva York. No le gusta nada. Y convierte el tenis de mesa en su válvula de escape. El problema que tiene Marty es que es muy bueno en un deporte que en la América de la posguerra apenas tiene practicantes y mucho menos seguidores. No es un deporte de masas. Y él tiene que tratar de convencer a todo el mundo para conseguir financiación para poder ir a los distintos campeonatos, como el próximo en Londres. Lo que convierte a Marty en poco menos que payasete, porque nadie lo ve, no ven el futuro. Parece una broma para todos menos para él.

A todo esto, tenemos que unir la situación personal: una madre dominante, una novia a la que deja embarazada, las cuentas igual de vacías que sus bolsillos. Dificultades que no parecen afectar a su ego. Él quiere ser Marty Supreme y crear su propia bola, marcar tendencia.

Aupado por su ego, con su bata de seda, desde una habitación del mejor hotel, no duda en tirar los tejos a una voluptuosa actriz, Kay casada con el magnate de las estilográficas. Es un auténtico perla. Kay ve en el joven algo que creía ya perdido: suscitar el interés de un hombre joven, sentirse deseada. Y también ve en Marty esa ilusión que se tiene al perseguir algo por lo que tú acabas de renunciar.

En ese camino se encuentra con un adversario deportivo, al que no tiene miedo, al que se puede enfrentar de tú a tú, no como en otros ámbitos de la vida. Se trata de Koto Endo, un jugador japonés y aspirante a héroe nacional (interpretado por Koto Kawaguchi, ganador en la vida real del campeonato nacional japonés de tenis de mesa para personas sordas). Endo se convierte en el antagonista de Marty y también en una obsesión. Él se cree el mejor y Endo es el único que le puede hacer sombra. Además, el jugador japonés se encuentra con la presión de que su país estaba vetado por la II Guerra Mundial y comenzaba a abrirse al exterior y el enfrentamiento contra un estadunidense suponía algo más que un enfrentamiento deportivo. De esta manera Marty se convierte en un representante de la confianza, la ambición y el engreimiento de toda una nación, los EE. UU. que tuvo en esos momentos posteriores a la II Guerra Mundial.

Pero Marty se tiene que enfrentar a un viaje y no solo físico (conseguir un billete para el campeonato que se celebraran en Japón) sino emocional. Tendrá que madurar y pasar de ser un joven romántico y optimista, en que su propia libertad le condiciona, a ser un adulto y comprender sus limitaciones. Su fe ciega en el sueño lo conduce de manera irremediable a su verdadero yo, experimentado un cambio. Tendrá que dejar la impostura, el trapicheo y afrontar su responsabilidad.

En esa búsqueda del sueño americano, Marty engatusa, roba y se mete en un sinfín de líos. Tiene que sufrir una serie de humillaciones un poco por su fanfarronería y un poco por que la gente se aprovecha de su necesidad. Se convierte en un títere en las manos de su posible valedor, el que tiene el dinero y el que ve una oportunidad de negocio en su viaje a Japón, el rico industrial Milton Rockwell. La escena donde le obliga a bajarse los pantalones es muy elocuente. Se traga su orgullo para no ser un hombre condenado a la nada. Lo importante es la meta y ya devolverá él la humillación en la mesa de ping-pong.

El director Joshua Safdie debuta como director sin la compañía de su hermano Ben, siendo este su séptimo largometraje (Good Time,2017, Diamantes en bruto 2019). Con un inconfundible estilo cargado de adrenalina y acción trepidante, lleva a la gran pantalla esta historia tras años de estudio. Basada de forma libre en la vida de Marty Reisman, un judío neoyorquino, que resultó ser un prodigio del tenis de mesa (ojo, logró coronarse como el más veterano en ganar una competición nacional con sesenta y siete años). Como nos recuerdan desde la productora: «En el Nueva York de los años cincuenta, el tenis de mesa dio lugar a una subcultura poblada de conspiradores, genios y marginados: se jugaba en trastiendas llenas de humo, fiestas en áticos, centros YMCA, residencias universitarias de la Ivy League y edificios de vecindad del centro. Era rápido, feroz y completamente ignorado por la corriente dominante». Reisman encajaba en el mundo del ping-pong porque no encajaba en ningún otro sitio. Era un tipo egocéntrico, entrañable y luchador. Romántico y canalla a la vez. Un joven que se rebelaba contra el sistema como todos los de su alrededor lo haciendo en esa Nueva York de los años cincuenta. Así lo vimos ya con Paul Newman en El Buscavidas (Robert Rossen, 1961). Esta película también tiene ecos de otra vista recientemente: Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderon, 2025) más que nada por su ritmo frenético y con la cámara en perpetuo movimiento.

Nos empezamos a fijar en Timothée Chamelet desde que trabajara con Woody Allen en Días de lluvia en Nueva York (2019) con apenas veinticuatro años y ya despuntaba maneras. Luego vendrían las dos partes de Dune (Denis Villeneuve, 2021, 2024), Wonka (Paul King, 2023) y la más reciente A Complete Unknown (James Mangold, 2024). Es, por lo tanto, el actor de moda y… de los más dotados para la interpretación. Seguramente se llevará el premio gordo dentro de unas semanas. Junto al camaleónico actor, hay un elenco considerable. Por un lado, tenemos a una estupenda Gwyneth Paltrow dando vida a Kay, una estrella del Hollywood más clásico, que dejó a un lado su carrera por dedicarse al matrimonio y que ahora, con el apoyo económico de su marido (el rico industrial Milton Rockwell) quiere retomar su carrera. Kevin O’Leary interpreta a Milton Rockwell, magnate de las estilográficas, y que se supone que será el benefactor de Marty en pos de la fama deportiva. Un actor que debuta es Tyler Okonna que da vida a Wally como el mejor amigo de Marty. Un cómplice necesario en ese submundo del tenis de mesa, a veces hace de taxista y a veces de compañero de aventuras. Y, por otro lado, también tenemos la destacable la actuación de Odessa A’zion interpretando a Rachel Mizler quien aporta a su papel una rica gama de matices. Es la aliada de Marty. Juntos forman una especie de Bonnie y Clide dispuestos a morir en el intento de alcanzar el sueño americano. Rachel ayuda a su compañero incluso casi entregando su propia vida. Es a la única persona a la que Marty no puede embaucar.

Una de las cosas que muchas veces pasan desapercibidas es el gran trabajo que hay detrás de una película de este tipo en que la ambientación nos sitúa allá por los años 50 en el Lower East Side. Aparte del vestuario, de la recreación de los ambientes tanto callejeros como los interiores de esos clubs de tenis de mesa o la música que encaje en el tiempo, el equipo técnico tiene que recrear un mundo. Cada localización tiene que haber existido y ser lo más fiel posible. Como curiosidad, en los años en que transcurre la acción, la pelota de ping-pong era de 38 mm. La actual es de 40mm. Había que buscar pelotas con ese tamaño y las buscaron. Una cosa que dices, pero si es que en la pantalla no se va a notar (y no te digo nada si la pantalla es de un móvil o de una tablet). Eso son los detalles que marcan la diferencia.

Esta carrera desenfrenada, vibrante y divertida convierte a Marty supreme en una película apabullante, entretenida y fresca.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus