Crítica exposición Vilhelm Hammershøi. El ojo que escucha en el Museo Thyssen-Bornemisza

Desde el pasado 17 de febrero y hasta el 31 de mayo de 2026, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta la primera gran retrospectiva en España dedicada a Vilhelm Hammershøi. El ojo que escucha. A través de noventa óleos y dibujos del artista y de algunos de sus contemporáneos, ofrece una completa visión de la obra de este pintor que creó poco más de cuatrocientas piezas en su poco más de medio siglo de vida.

Vilhelm Hammershøi (1864-1916) está considerado como uno de las artistas daneses más destacados del periodo comprendido entre final del siglo XIX y principios del XX, es decir, en los alrededores del mítico año 1900. Un periodo clave para entender la historia del arte. Fue una figura desconcertante e inclasificable. En este momento histórico se consolida y se expande el movimiento impresionista francés. Y surgen una serie de tendencias derivadas de él, lo que se conoce como el posimpresionismo (divisionismo, simbolismo, modernismo, nabis…), el expresionismo alemán (en contraposición clara del impresionismo) y surgen los primeros pasos de las vanguardias históricas de la mano de los fauves (empelo provocativo del color), cubistas y futuristas. Sin olvidarnos de los artistas que continuaban con la tradición ajenos a los aires renovadores en el arte que surgen en ese momento esplendoroso (la Belle Époque) en París. Tras la irrupción y consolidación de estos movimientos su figura decayó y el olvido se hizo presente. Hasta la década de 1980 su valía no se «redescubre» por medio de una serie de exposiciones, dentro y fuera de Dinamarca, que lo han acercado al gran público.

En Barcelona el Centro de Cultura Contemporánea (CCCB) organizó en el primer trimestre de 2007, una exposición del artista danés junto con el cineasta Carl Theodor Dreyer (Copenhague, 1889 – 1968) que dirigió películas en las que se depura la plástica de la luz y la sombra y que se caracterizan por la búsqueda infatigable de verdades espirituales y de la belleza. El denominador común lo constituye la convicción de que es en los espacios interiores (de una casa, de una imagen, de un rostro) donde se produce la mayor intensidad dramática. Fue la primera vez que se pudieron contemplar obras de Hammershøi (treinta y seis cuadros esenciales).

La ambigüedad de sus cuadros mantiene abiertas múltiples vías de interpretación que en las últimas décadas se han enriquecido gracias a la búsqueda de conexiones con otros artistas europeos y a la contextualización con sus contemporáneos daneses. Ver sus cuadros en el marco de las colecciones del Museo Thyssen permite relacionarlos con los de otros maestros del pasado, como los holandeses del siglo XVII y las grandes figuras del siglo XIX y XX.

El subtitulo de la muestra, “el ojo que escucha”, remite a la relación metafórica entre su pintura, el silencio, la aparente calma que transmite, y el interés del artista por la música.

La exposición, comisariada por la conservadora de Pintura Moderna del Museo Thyssen Clara Marcellán, presenta los grandes géneros de su obra: retratos y figuras, interiores y paisajes rurales y urbanos, en los que imperan la austeridad y la armonía a través de una paleta y elementos muy reducidos.

La exposición aborda este y otros temas que recorren su obra, como el papel de su mujer Ida Ilsted en su proceso creativo, la progresiva depuración de los interiores domésticos y sus paralelismos con el tratamiento de las arquitecturas y paisajes, así como su autorrepresentación como pintor en los últimos años de su vida.

Tras su clausura en Madrid, la exposición se presentará en la Kunsthaus Zürich (Suiza).

Vilhelm Hammershøi
Tres mujeres jóvenes, 1895
(Three Young Women)
Óleo sobre lienzo. 128 x 167 cm
Ribe Art Museum, Ribe

La institución madrileña nos propone un recorrido que se abre con una sala dedicada a sus inicios, cerrándose con una sobre sus años finales. En medio se agrupan por temas en cuatro secciones sin un orden cronológico.

  1. Obertura
    Hammershøi encontró pronto los motivos y la paleta que caracterizan toda su trayectoria. Tras su formación académica y sus estudios en las Frie Studieskoler (Escuelas de Estudios Libres), a comienzos de la década de 1880 pinta los primeros paisajes y figuras. Las obras que presenta a los salones oficiales de la Academia danesa encuentran detractores entre el jurado, pero también defensores, a quienes se une para fundar un salón independiente, la Frie Udstilling en 1891, donde expone algunas de las obras que se presentan en esta sala. Entre ellas destacan Retrato de Ida Ilsted, futura mujer del artista (1890) y Tarde en el salón. La madre y la mujer del artista (1891), con figuras ensimismadas y cabizbajas, en entornos austeros y tonos blancos, grises, marrones y negros. Sus lienzos de este periodo se aproximan al simbolismo y al esteticismo de Whistler, cuya obra conoció a través de los grabados en revistas de arte y de la exposición universal de París de 1889, donde ambos artistas estuvieron representados.
  2. Retratos y figuras
    Los retratos suponen la cuarta parte de la obra de Hammershøi y permiten reconstruir su círculo más próximo. En él ocupan un lugar destacado los artistas y músicos de los que se rodea, que le encargan obras o posan para él. La interpretación de un instrumento, el recuerdo de un concierto, la escucha o la espera se convierten en motivos habituales durante el siglo XIX, que en ocasiones explican el carácter introspectivo de los retratados por Hammershøi, como ocurre con El violonchelista. Retrato de Henry Bramsen. Con el uso de fondos neutros y la eliminación de elementos que insinúen una narrativa, Hammershøi evita las distracciones para presentar imágenes suspendidas en el tiempo. Tres mujeres jóvenes (1895) muestra a Ida y sus cuñadas, unidas por Anna, la hermana del artista, que lee un libro. En esta pintura, más que en cualquier otra en la producción del artista danés, encontramos una clara referencia a la obra de Puvis de Chavannes (1824-1898) un pintor francés, simbolista, clasicista que se caracteriza por unas figuras atemporales, con unas composiciones muy simplificadas, descartando cualquier elemento que distraiga al espectador, y una paleta de colores pálidos y planos. En esta misma exposición podemos contemplar María Magdalena, 1897.
  3. Ida
    Ida Ilsted, hermana de uno de los compañeros de estudios de Vilhelm, se convierte en una presencia constante en la pintura del artista desde que se casan en 1891, a veces como una figura anónima o idealizada, a veces cercana y vulnerable. Los retratos dobles de la pareja le sirven para experimentar con la relación entre figuras: desde el que pintó en París en 1891 —donde se muestran de frente con un fondo neutro, con un hieratismo similar al de las esculturas y retratos egipcios, griegos, romanos que habían podido ver en el Louvre— a Dos figuras —en el que Hammershøi da la espalda, sentado al otro lado de la mesa que comparte con Ida—.
Vilhelm Hammershøi
Una habitación en la casa del artista en Strandgade, Copenhague, con su
mujer,
1902
Óleo sobre lienzo. 63,5 x 60 cm
SMK, National Gallery of Denmark, Copenhague

El siguiente cuadro elegido Interior con mujer leyendo, voy a echar mano de un trabajo que publicamos recientemente en nuestro último número digital (Revista Atticus 48) de la mano de Clara Martín Muñoz. Clara ya vio en este cuadro (mucho antes que se «pusiera de moda» a raíz de esta exposición) algo que le atrajo. Le ayuda a construir un relato y nos ofrece unas pinceladas de Vilhelm Hammershøi. (Puedes consultar la anterior entrada que hicimos).

Puedes seguir leyendo el artículo sobre esta exposición en el siguiente enlace donde lo encontrarás en su formato digital.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus