Crítica teatral – Thauma en el Teatro Calderón de Valladolid

Fuente: temporada alta

Comienzo a escribir estas palabras con la necesidad de perderlas. Busco los colores que las albergan, las formas, los movimientos, el espacio y el tiempo.

El 4 de marzo de 2026 a las 20h acudí a la sala principal del Teatro Calderón para encontrarme con el espectáculo de Thauma integrado en el festival MeetYou. Thauma “nace de la voluntad de explorar el concepto de maravilla como antídoto ante la desafección del sujeto contemporáneo por lo que le rodea”. Llego al teatro con la mochila a cuestas después de todo un día fuera de casa y durante sesenta minutos logro habitar un aquí y ahora que hace que algunas personas se revuelvan en sus butacas porque “¿No van a hablar? ¿Va a ser así todo el rato? ¿Pero esto que es?” a la par que otras despegaban la espalda de sus butacas, se dejaban envolver por la propuesta escénica y su boca se abre de par en par. Agradezco encontrarme en este segundo grupo. En el teatro y en la vida el asombro es algo que siento que con el avance de los años es más difícil de alcanzar, así que celebro que esta obra haya logrado maravillarme.

Thauma “se define como un poema lúdico escénico”. La compañía recurre al concepto thauma descrito por Aristóteles en su Metafísica que considera que “el comienzo de todos los saberes es la admiración ante el hecho de que las cosas sean lo que son”. Sobre el escenario nace un juego poético en el que dialogan lo inmenso y lo pequeño, la gravedad desaparece, el movimiento tiene sus propias leyes, los colores y la luz cuentan con su propia dramaturgia, los sentidos se ven interpelados y la técnica es magistral. Desde el inicio de la pieza la propuesta marca su propio tiempo con un montón de metrónomos mecánicos que siguen diferentes tempos, pero que terminan habitando un silencio común, el propio de la presentación de Thauma. El escenario es el mundo, no sé si el que habito a diario, quizá no, pero durante la hora de espectáculo es EL MUNDO. La belleza emerge para relacionarse con el humor y lo desconocido. La poesía parece tangible y la posibilidad se vuelve protagonista.

YO

                        NO

                                   

                                                           NO

                                                                      

                                                                                   YO

¿Sé algo? ¿Soy yo? Recuerdo la cita de Sócrates “solo sé que no sé nada” y me dejo invadir por el color azul brillante. Un espejo que nos ciega con luz roja, verde y azul, la pared se rompe, cae arena azul, aparecen pelotas… Disfruto la extrañeza, el despertar de mis sentidos, el no entender, la maravilla, la sorpresa y la activación de la imaginación. Tengo la sensación de haber acudido a un museo de arte contemporáneo en el que las piezas han cobrado vida.

La Mula es la compañía creadora de Thauma y está formada por Magda Puig Torres y Andreu Martínez Costa. En el caso concreto de Thauma trabajan no solo el teatro visual, sino que para la creación se inspiran en textos de Santiago Alba Rico, Ramon Llull, Aristóteles, Glòria Bordons, Joan Brossa y Joan Baixas.

En palabras de Descartes la admiración es “una súbita sorpresa del alma, que hace que sea llevada a considerar con atención los objetos que le parecen más raros y extraordinarios”. Thauma se sirve de muchos objetos cotidianos como por ejemplo juguetes teledirigidos, pero sobre su escenario alcanzan la potencialidad de lo extraordinario.

Fuente: La Vanguardia

El espectáculo cuenta con Andreu Martínez Costa y Magda Puig Torres en codirección,  Jorge Gallardo como dramaturgista, Marina Rodríguez, Sarah Anglada, Juan Carlos Panduro y Erol Ileri Llordella como intérpretes, Marc Naya al diseño de sonido, Nídia Tusal al diseño de vestuario, Tony Ubach al diseño de luz, Víctor Peralta al diseño de escenografía, Pepo Carreras como ingeniero de artefactos, Andreu Martínez y Magda Puig en construcción de objetos, Oriol Escursell en producción, Sílvia Poch en fotos y mentoría internacional de Dimitris Papaioannou. Todo ello coproducido por el Teatre Lliure Nilak con el apoyo de Figurteatret Nordland, Ivam Cada Alcoi y Museum of Misic Barcelona.

Ada Gurdiel Pérez

Revista Atticus