70 SEMINCI – Crítica Pillion de Harry Lighyon – Por Luisjo Cuadrado
Ficha
Título original: Pillion
Año: 2025
Duración: 106 min.
País: Reino Unido
Dirección: Harry Lighton
Guion: Harry Lighton. Libro: Adam Mars-Jones
Reparto: Colin, HARRY MELLING; Ray, ALEXANDER SKARSGÅRD; Pete, DOUGLAS HODGE; Peggy, LESLEY SHARP; Kevin, JAKE SHEARS; Steve, MAT HILL…
Música: Oliver Coates
Fotografía: Nick Morris
Compañías: Element Pictures, BBC Film, British Film Institute (BFI)
Género: Drama. Romance | Homosexualidad
Sinopsis
Colin, un hombre introvertido, se queda prendado de Ray, el carismático y atractivo líder de una banda de moteros que le toma como sumiso, dinamitando su rutina y cambiándole la vida.

Crítica
Todo parece nacer de una fantasía sexual. Entre los homosexuales un motero con su chupa de cuero, sus botas y su pedazo de moto parece ser un objetivo premium. Y si el chico resulta ser un buen mozo pues miel sobre hojuelas.
Colín (Harry Melling) trabaja poniendo multas en un aparcamiento. Su única distracción es cantar en un grupo en un pub junto a su padre y hermano. Colín es esa persona que se muere por cumplir esa fantasía y no duda ante esa oportunidad de asumir el rol de sumiso. Un chico introvertido que no ha salido del cascaron con unos padres sobreprotectores. Mientras el hombretón Ray (Alexander Skarsgård), imponente, es el líder indiscutible de un club de moteros que levanta pasiones hasta sin querer. Ray deja una nota a Colín para tener una cita que va poner patas arribas la vida anodina de Colín, un joven tímido y algo perdido. Desde el primer momento el motorista deja bien claro el papel que reserva a Colín que no es otro que el de ser su siervo. (El título Pillion es un término que hace referencia al asiento trasero de la moto -no puede ser más explícito y oportuno el título-). El pillion es el lugar reservado para Colin. Y desde ese primer momento lo aceptó un poco por experimentación, por descubrir lo que puede llegar a realizar por amor y otro poco porque no le da más opciones y no quiere perder la oportunidad de ser el objeto deseado y no solo de Ray. Entra a jugar con los grandes, es admirado y al final aceptado.
El cine no ha mirado con la consideración debida al cine gay o cualquiera otra práctica alejada del sexo “normalizado”. La película de Harry Lighton es muy atrevida y va más allá con el sexo gay con un componente de sumisión dentro de lo que se denominada BSDM (Bondage, Dominación y Sadomasoquismo). Hay dos o tres secuencias que pueden incomodar al espectador por el sexo duro. Con prácticas que llevan a la sumisión consensuada en la que una persona ejerce poder sobre otra en un contexto sexual, permitiendo explorar la fantasía de la esclavitud o el cautiverio. Pero la gracia está en el tratamiento con que el director lo hace con ese punto de humor, de ironía, quitando hierro al asunto. Son escenas que tienen que ver con la dominación y con un sexo no normativo dentro de una comunidad queer, con una visión particularmente audaz. Y cada uno asume su rol. Dos hombres extremadamente diferentes pero que encuentran la satisfacción sexual en su relación.
Un buen amigo crítico me dijo que al final casi todas las historias se reducen a una: al amor. Y es que Pillion al final es la historia de gente que lo que están pidiendo a gritos es tener a su lado a alguien que los quiera. Alguien con quien despertarse juntos; alguien con quien poder ir de excursión un fin de semana sea en moto, coche o a pie. Alguien con quien compartir una vida. Colín parece tenerlo muy claro, pero el machote de Ray va de sobrado y al final veremos que la vida le da un giro y que no es tan distinto a los demás. Una relación que deja huella con la misma profundidad que deja en los espectadores.
Un primer largometraje de Harry Lighton que muestra buenas maneras. Me recordó al tono algo irreverente de El irlandés. Pero aquí es un complejo retrato de una relación amorosa presentado, sin estigmatizar las conductas de los personajes, de la novela Box Hill, escrita por Adam Mars-Jones.
Alexander Skarsgard y Harry Melling dan vida como Ray, un tanto inexpresivo, de hacerse el enigmático, y Colín, más picaron, con los ojos como platos tratando de aprender todo, a dos amantes difíciles de imaginarles juntos. Pero nos lo hacen creíbles y su interpretación resulta emotiva en algunos momentos. Atención especial merecen los numerosos circenses en la lucha cuerpo a cuerpo que mantienen como entrenamiento de Ray. Una escena brillantísima. El director, tras su paso por las pantallas de las SEMINCI, manifestó: «No quería huir del sexo que tenía lugar en la pantalla, quería que fuese el publico el que decidiese si encontraba el sexo excitante o repulsivo. No podía ser algo provocador de forma gratuita».
Pillion sabe mantener el equilibrio entre lo perturbador, lo irónico, lo divertido, la ternura y la tristeza. No predica, no juzga ni pone etiquetas. Lo mejor de ella es que narra una relación de las que no se suelen ver contadas en nuestras pantallas y eso la hace especial. A eso venimos al cine a tener contacto con otras realidades que nos son ajenas. Una ópera prima, densa y emotiva, Sin complejos, cruda y arriesgada. En la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes se alzó con el premio al mejor guion.
Os dejo un tráiler:
Luisjo Cuadrado
fotografías: Luis Gracia Reglero
Revista Atticus




