70 SEMINCI – Crítica película Golpes de Rafael Cobos – Por Carlos Ibañez

Ficha

Título original: Golpes

Año: 2025

Duración: 102 min.

País: España

Dirección: Rafael Cobos

Guion: Rafael Cobos, Fernando Navarro

Reparto: Luis Tosar, Jesús Carroza, Teresa Garzón, Cristina Alcázar, Carlos Bernardino…

Compañías: Coproducción España-Francia; Vaca Films, Grupo Tranquilo PC, RTVE, Movistar Plus+, Canal Sur

Género: Thriller | Cine quinqui. Años 80. Robos & Atracos

Sinopsis

    Migueli es un delincuente que sale de prisión en la cambiante España de inicios de los 80. Quiere mirar al futuro, pero, antes, tendrá que sellar heridas del pasado. Para ello necesita mucho dinero y lo necesita rápido. En cuanto llega a Sevilla reúne a su antigua banda, y dan varios palos seguidos: sucursales bancarias, joyerías… e incluso el primer casino de la zona. No van a tenerlo fácil: la policía ha encargado el caso a su propio hermano, Sabino, que conoce muy bien cómo piensan. Pero Migueli no se detendrá. Está dispuesto a llegar hasta el final.

Crítica

De cómo el principio básico del tao en el que toda esperanza encierra un miedo y todo miedo una esperanza pasado a la España cañí del cine quinqui mezclado con la memoria histórica y una cantidad increíble de clichés a veinticuatro fotogramas por segundo que nos llevan de una propuesta, a priori, interesantísima y novedosa sin dejar de ser dos temas que parecen a veces agotados se convierten en algo donde sólo se salvan de verdad las actuaciones de los tres protagonistas. Nadie va a descubrir a Luis Tosar ni la mejora de dicción, más que evidente, de Jesús Carroza. Pero es Teresa Garzón quien sorprende en su primer protagonista dando réplica y siendo imán de todas las miradas del patio de butacas y dejándonos con ganas de más de su personaje y su interpretación.

            El principal problema, y es habitual, es tratar a los espectadores como gente de cociente intelectual justo por encima de Forrest Gump al explicar cosas que son evidentes en el metraje, por ejemplo, el paralelismo de la guardia civil tocando la puerta con violencia, en el prólogo y en el epílogo; y que alternan con momentos de una brillantez más que plausible, como la magnífica elipsis de presentación del protagonista adulto tras su prólogo infantil.

            Los secundarios sin tacha y muy bien llevados para contarnos quienes son los protagonistas y por qué están en esa partida de ajedrez cainita en la que ambos están metidos. Y la música marcando a la platea cómo están los personajes, con algunos momentos especialmente brillantes gestualmente que, por desgracia, estropean algunas faltas de originalidad textuales y unas imágenes en súper 8 que sacan de la historia en lugar de dinamizar la acción. Además de unos dibujos de evidente calidad que nos muestran la calidad humana del buen ladrón.

            Y todo lo que plantea es que ni ser policía te hace ser bueno ni ser atracador te convierte en un mal tipo, especialmente porque la historia lo deja claro desde ese principio evocador y cruel.

            Lo mejor, ya se comentó al principio de este parecer, es el trío de los dos hermanos y la novia del ladrón y su evolución siempre lejos del encefalograma plano y la tranquilidad y en una suma constante de detalles donde pesa esa transición que sólo a quienes se beneficiaron de ella pareció modélica. Sabino, Tosar, es tierno y cruel, distante y brutal… Pero, además, es bueno y aprende a ser el hermano mayor, aunque sea a última hora. Migueli, Carroza, está obsesionado con sacar a su padre de ese entierro indigno en el que está y le habla a su hermano de justicia, que es ese concepto humano que se estropea cuando se traslada al término ley. Y mientras el policía cree que el ladrón no puede hablar de ésta, por su confusión y ser un ex convicto, el pequeño, habla de una percepción universal y no constreñida. Y Ángela, Garzón, nos muestra que no hace falta ser ninguno de los dos hermanos para comprenderlos y saber que para que haya futuro ambos deben reconciliarse en el presente con su pasado, ese pasado que enterramos bajo una penosa ley de amnistía que igualaba a los españoles expertos en matar a otros españoles, como bien escribió Jorge Guillén, a los muertos, represaliados y cautivos por sus ideas.

            Y la idea de paraíso, de paz y de futuro frente a una playa del sur de Portugal como un Sangri La al que deben llegar, juntos o por separado, vivos o muertos, justos o pecadores… Pero llegar por es el futuro.

            Lástima de tanto cliché porque la idea y las interpretaciones son excelsas.

Os dejo un tráiler:

Carlos Ibañez

fotografías: Luis Gracia Reglero

Revista Atticus