Crítica Modigliani, tres días en Montparnasse de Johnny Depp – Luisjo Cuadrado
Ficha
Título original: Modi, Three Days on the Wing of Madness
Año: 2024
Duración: 114 min.
País: Reino Unido
Dirección: Johnny Depp
Guion: Jerzy Kromolowski, Mary Olson-Kromolowski. Obra: Dennis McIntyre
Reparto:
Música: Sacha Puttnam, Stephen McLaughlin
Fotografía: Dariusz Wolski, Nicola Pecorini
Compañías: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos-Italia; IN.2 Film, Modi Productions II, Ilbe, Westman Films, The World We Want Studios
Género: Drama | Biográfico. Pintura
Sinopsis
Un torbellino de 72 horas en la vida del artista bohemio Amedeo Modigliani, conocido como Modi por sus amigos, sigue una caótica serie de acontecimientos en las calles del París desgarrado por la guerra en 1916. En su huida de la policía, sus compañeros Maurice Utrillo, Chaim Soutine y la musa de Modi, Beatrice Hastings, le hacen replantearse su deseo de poner fin a su carrera y abandonar la ciudad. Modi pide consejo a su amigo y marchante de arte, Leopold Zborowski. Sin embargo, tras una noche de alucinaciones, el caos en la mente de Modi alcanza su punto álgido cuando se enfrenta a un coleccionista americano, Maurice Gangnat, que tiene el poder de cambiar su vida. Se presentó en el Festival de San Sebastián 2024.
Crítica
Las películas que reflejan el mundo del arte así, en general, me interesan casi todas, pero las que tratan sobre la pintura en particular ejercen una atracción hacía mí difícil de aguantar. Y, a pesar de que me habían informado de que Modigliani, tres días en Montparnasse no era una buena película, me embarqué en la nave para ver que me ofrecía Johnny Depp en su segunda película como director.
¿Qué es lo que le ha impulsado a Johnny Depp a volver a ponerse detrás de las cámaras tras más de veinte años para realizar su segunda película? Y mucho más sabiendo que la primera fue un fiasco (The Brave, 1997) que le hizo replantearse la dirección. La figura de Modigliani, bohemio, artista, irreverente, atormentado, da mucho juego en el cine. De hecho, creo recordar que esta es la tercera entrega sobre su figura (Modigliani, 2004 de Mick Davis, con Andy Garcia dando vida al pintor; Los amantes de Montparnasse, Jacques Becker, 1958 de Gérad Philippe como Modi). Parece que Depp andaba dándole vueltas a la cabeza a este proyecto en el que estaba muy interesado financiar Al Pacino (con pretendientes en la dirección como Scorsese o Coppola). Sea lo que tenía en su cabeza no ha sabido darle vida ni aportar una chispa de novedad, o de estilo, más allá de unas escenas que nos remiten el cine mudo con la acción acelerada en blanco y negro (evoca el slapstick de los inicios del cine) intercaladas en el relato (a modo de aceleración o elipsis). A veces no sabemos si estamos en un relato gótico, un romance de época o un cuento de Canterbury. Eso sí, el sello personal lo vemos en la acción del protagonista que se puede decir que es su alter ego. Riccardo Scamarcio físicamente se parece mucho a Amadeo Modigliani, pero es que también en la acción lleva el sello personal de Johnny Deep como si fuera el mismo Jack Sparrow.

La cinta se centra en tres días de la vida de Modigliani en París de 1916. Un París que se encuentra viviendo la Gran Guerra. Por París han pasado por allí todos los bohemios inimaginables con el nacimiento de las nuevas vanguardias tras la eclosión del impresionismo (1874) y unos años después asistirán al disfrute de los locos años veinte tras el final del conflicto bélico. Esos tres días nos cuenta la relación que tiene con dos de sus amigos más significativos (por lo menos en ese momento). Se trata de Utrillo y de Soutine. Pero Amedeo emana magnetismo hacia las mujeres y mantiene una relación tormentosa de idas y venidas a lo largo de un par de años con la joven Beatrice Hastings (Antonia Desplat) que le servirá como modelo también. Después conocería a Jeanne Hébuterne con la que tendría una hija y un final muy trágico (pero eso es para otro artículo ya que este aspecto no lo recoge la cinta de Johnny Deep). También en esa época conoce al poeta y marchante de arte polaco Léopold Zborowski (Stephen Graham) y a su mujer Hanka (Anna) Zborowska. Le vemos como acude a su casa a pedirle dinero ya que se convirtió en su marchante (con escaso resultado). Pero volvamos con sus amigos. Maurice Utrillo (Bruno Gourey) era uno de esos pintores que pululaban en París en el periodo entre guerras para ganarse la vida como pintor. Era hijo de la pintora y modelo Suzanne Valadon (había posado para Renoir antes de ser una pintora reconocida). Amante de la noche y del alcohol estaba considerado como el pintor por excelencia de Montmartre. Como tantos otros no fue valorado en su momento (hoy día se le ha reconocida sus pinturas como obras maestras). En la película se le ve con un lienzo enrollado bajo el brazo, de aquí para allá, tratando de venderlo por unos pocos francos para pagar el alcohol y poder comer algo. Chaim Soutine (Ryan McParland) era bielorruso. En 1913 se trasladó a París y pronto se hizo amigo de Modigliani (incluso le sirvió como modelo para al menos tres retratos). La marginalidad y una vida trágica unió a estos tres amigos: Utrillo, Soutine y Amedeo Modigliani. Si cualquiera de ellos se levantara de su tumba y ve como sus cuadros alcanzan la cifra de varias decenas de millones de euros… entonces sí que se volverían locos.
El papel de Modigliani está bien resuelto por la convincente actuación de Riccardo Scamarcio, quien no solo se parece al pintor físicamente, sino que sabe darle esa vida aún papel que exige mucha más introspección que la habitual. Una vida mitad atormentada, con los problemas de salud (murió de tuberculosis cuando apenas contaba treinta y cinco años) mitad eufórica producto de la ingesta de alcohol y otras sustancias, pero también de un hombre que se sabía un genio cuando tenía el pincel entre sus manos o el cincel (maravillosa escultora de Beatrice que no quiere abandonar ni por todo el dinero del mundo). Por cierto, muy buen papel de Antonia Desplat y también Al Pacino, quién sale muy poco, poquísimo, como coleccionista (Maurice Gangnat), pero con una actuación rotunda y unas líneas de guion muy jugosas. Su presencia siempre aporta. Pero, sin embargo, los papeles de Utrillo y Soutine están desdibujados, grotescos, sin profundidad. Se muestran como algo caricaturescos.
Parece ser que Al Pacino ha estado obsesionado con la figura del pintor y escultor Amadeo Modigliani desde que tuviera conocimiento por medio de una obra de teatro de Denis McIntyre. Tenía el firme propósito de hacer una película sobre su vida, pero uno no sabe si es que se le está acabando el tiempo o qué, pero el caso es que esta propuesta no creo que fuera lo que tenía en su mente.

Al final, el resultado es una película fallida. La cinta no va a ningún lado. Johnny Deep parece que ha cogido unos retazos de aquí y de allá, léase esas imágenes aceleradas como de cine mudo cómico (Buster Keaton o Chaplin), o las visiones de esos personajes con máscaras negras, de nariz muy larga que invocan los peores presagios mezclados con unos personajes históricos que, salvo Modigliani, han quedado reducidos a lo caricaturesco. Brillan tanto Antonia Deesplat como Riccardo Scamarcio e incluso hay un par de temas musicales (uno de ellos, precioso en español que ando buscando) pero es que no pegan nada en un ambiente de principios del siglo XX. Se esperaba mucho más de un director que se ha vuelto a poner delante de las cámaras. No sé si el mensaje que nos lanza es que la figura de Modi ha estado muy presente en la vida de Johnny Deep, ya sea por su fuerza en mostrarse a contracorriente, ajeno a todos los juicios exteriores o como si fuera un alma libre y atormentada que no le importó tropezar en su primera película y volver son esta propuesta alocada. Modigliani no sucumbió a la tentación del dinero y se mantuvo fiel a sus convicciones. Sabía que él era un artista. Este soy yo, este es mi talento: «El arte no está en venta». Eso es lo que parece decirnos el director Depp.
Os dejo un tráiler:
Luisjo Cuadrado
Revista Atticus

