Exposición Luisa Roldán. Escultora real en el Museo Nacional de Escultura, Valladolid

El panorama cultural vallisoletano se ha visto enormemente engrandecido con dos exposiciones dedicadas a tres grandes artistas del Barroco: Luisa Roldán, Gregorio Fernández y Juan Martínez Montañés. Al mismo tiempo, en el Museo del Prado tiene lugar Darse la mano. Escultura y color en el Siglo de Oro. Parece que tanto la Historia del Arte como el público en general están saldando su deuda pendiente con la escultura policromada. Así pues, con todos los ánimos volcados en la dignificación de esta imaginería, asistimos a una auténtica renovación intelectual para la percepción del relato barroco.
La exposición temporal Luisa Roldán. Escultora real en el Museo Nacional de Escultura constituye la primera muestra monográfica dedicada a una mujer por esta institución. Para ello, se han reunido cincuenta y siete piezas —no únicamente de escultura, sino también de pintura, de grabados y de documentación—, pertenecientes a diversas instituciones como el Museo de Bellas Artes de Sevilla, al Museo del Prado o la Universidad de Salamanca, incluyéndose también obras pertenecientes a colecciones privadas y que, con gran armonía, fundamentan el relato expositivo. Entre los objetivos de la exposición se encuentra el hecho de resaltar con gran ímpetu la valía, olvidada en cierta manera por la historiografía, de la única artista que consiguió el título de escultora real. De esta manera y para abordar desde una nueva perspectiva a la artista, se organiza la exposición en diez apartados ordenados de manera cronológica donde se consigue una visión completa de la trayectoria artística y de la poética personal de Luisa Roldán.

Nuestra Señora de la O,
Sanlúcar de Barrameda, Cádiz. España
En primer lugar, cabe destacar el trabajo intelectual y de comisariado detrás de esta exposición, así como el de restauración de varias obras como son La Virgen de la Leche y La Virgen con el Niño y San Juan Bautista (h. 1689 – 1706) de los fondos del MNE o La Virgen de Valvanera. La elección de las obras muestra cómo se desarrolla el espíritu de Luisa Roldán en el panorama artístico en la España de finales del s. XVII y cómo la escultora consigue hacerse un hueco entre reconocidos artistas para alcanzar la más alta distinción de su oficio y grabar su nombre en la memoria colectiva. La primera estancia está dedicada, precisamente, a la exaltación de este título mediante una obra muy significativa y primorosa: La Virgen con el Niño (1699) (imagen 1) perteneciente al Convento de San José del Carmen de Sevilla, obra en barro policromado firmada con el orgulloso honor de ser la escultora real, como así aparece en la inscripción: “DA. Luisa Roldan / Escultora de Camara / de Su Magestad en Ma / drid año de 1699”. La escultura muestra varios rasgos de la autora como la consecución de una dulzura inusitada, el tratamiento relamido en pequeños detalles, la delicada caída de paños o la mirada infantil hacia lo alto. Se encuentra en relación con el afamado tratado de las Vida de los pintores y estatuarios eminentes españoles de Antonio Palomino, uno de los más importantes escritos para la historiografía donde únicamente aparecen dos mujeres: Sofonisba Anguissola y la propia Luisa Roldán, y el recuerdo de Elena Amat Calderón quién, en 1927, realizó su tesis doctoral en torno a la escultora y descubrió el verdadero año de su fallecimiento (1706). No obstante, este valioso estudio es profundamente desconocido, por lo que su prometida edición —como reza la cartela— supondrá un nuevo impulso para la investigación de la vida y obra de Luisa Roldán. Este primer espacio constituye una sinopsis perfecta de la exposición con una crítica implícita a la historiografía más discriminante e incapaz de conceder a las mujeres artistas la verdadera importancia que tuvieron en su tiempo gracias a sus obras.
Esta estancia aparece unida al segundo capítulo (imagen 2) formando, entre ambas, un fantástico prefacio para conocer el contexto cultural donde la escultora se formó. Aquí vemos una pequeña muestra de lo que sería el taller de Pedro Roldán, afamado escultor sevillano que copaba la gran mayoría de los encargos de la época y padre de la artista. Entre las obras que se pueden contemplar aquí, podemos destacar el San Roque de Pedro Roldán de la iglesia de la Caridad de Sevilla, el Niño Jesús de José de Arce, el Santo Domingo de Guzmán de Mª Josefa Roldán y Matías de Brunenque de Santa María de las Nieves de Olivares y, finalmente, la cabeza de San Juanito de Luisa Roldán del Museo de BBAA de Sevilla. La disposición de las obras en esta sala favorece la contemplación de una serie de estilemas presentes en la producción de raigambre roldanesca y que persisten indudablemente en todos los participantes de su taller. En este punto, el San Roque de Pedro Roldán, tanto por su colocación en un punto preferencial donde influye su importancia para el relato y su tamaño, se erige como el eje vertebrador de esta estancia. Una escultura de gran formato diseñada para retablo se pone prácticamente a pies de suelo mostrando la sagaz y discreta forma de composición de Roldán y sus personales fisonomías. Ello también se ve en el Santo Domingo de Guzmán de Mª Josefa Roldán y Matías de Brunenque, dispuesto enfrente de la pieza antes nombrada. El Niño Jesús de José de Arce, por su parte, aparece como la prueba fehaciente de una nueva sensibilidad para la representación infantil en la escultura policromada, más abierta al gusto por el dinamismo y la ternura que otros artistas podrían descartar considerándola secundaria o anecdótica. Estas características presentes en el “Niño” llevaron a atribuirlo a la propia Luisa Roldán en el siglo pasado. Sin embargo, y como vemos en la Cabeza de San Juanito (imagen 3), la escultora que nos atañe es mucho más diestra en la conquista de la blandura y dulzura propia de los infantes.

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Álvaro Maguiño Martín
Revista Atticus

