Crítica La infiltrada de Arantxa Echevarría – Luisjo Cuadrado
Ficha
Título original: La infiltrada
Año: 2024
Duración: 118 min.
País: España
Dirección: Arantxa Echevarria
Guion: Arantxa Echevarria, Amèlia Mora
Reparto: Carolina Yuste, Luis Tosar, Víctor Clavijo, Pedro Casablanc, Nausicaa Bonnín, Diego Anido
Música: Fernando Velázquez
Fotografía: Javier Salmones, Daniel Salmones
Compañías: Bowfinger International Pictures, Beta Films Spain, Esto También Pasará, Film Factory Entertainment, Beta Fiction Spain, Atresmedia Cine
Género: Thriller. Drama | Basado en hechos reales. Terrorismo. ETA
Sinopsis
Basado en la historia real de Aranzazu Berradre Marín, pseudónimo con el que se infiltró una policía nacional en la banda terrorista ETA durante 8 años. Cuando contaba apenas 20 años, la joven consiguió adentrarse en la izquierda abertzale presentándose como militante del Movimiento de Objeción de Conciencia de Logroño, siendo la única mujer que convivió en un piso con dirigentes de ETA. Durante su infiltración se vio obligada a cortar totalmente lazos familiares, todo para poder desarticular el comando Donosti en un momento crucial en el que la banda declaraba falsamente estar en tregua. Es la historia de una mujer valiente, que cambió su vida, para intentar salvar la de otros.

Crítica
Tras Carmen y Lola (2018), La familia perfecta (2021), Chinas (2023), Políticamente incorrectos (2024) llega a las pantallas el quinto largometraje de Arantxa Echevarría.
La directora vasca nos introduce en el thriller a través de la historia. Basada en un hecho real, nos cuenta como la joven policía nacional Aranzazu Berradre Marín, pseudónimo, se infiltró en ETA en una operación que duró alrededor de ocho años. Con apenas veintidós años, no solo fue la única mujer sino el único miembro del cuerpo policial que convivió con la banda terrorista. Logró numerosa información y la desarticulación del comando Donosti, uno de los más sanguinarios y simbólicos de la banda en los que se estructuraba la organización terrorista ETA. Entre los innumerables atentados destaca el asesinato, en enero de 1995, de Gregorio Ordoñez, del PP de Guipúzcoa, a cargo de García Gaztelu y Carasatorre; o el de Miguel Ángel Blanco en julio de 1997.
La infiltrada no ha sido la única película que se adentra en el terrorismo de ETA. Días contados (Imanol Uríbe, 1994), Lobo (Miguel Courtois, 2004), Lasa y Zabala (Pablo Malo, 2014) y Maixabel (Icíar Bollaín, 2021) son algunos buenos ejemplos a lo que hay que sumar la serie de HBO Patria (Félix Viscarret y Óscar Pedraza). Hasta hace pocos años el tema del terrorismo no era algo que el cine español quisiera mostrar. Había mucho recelo y muchas heridas abiertas. Ahora tras la buena acogida de Maixabel y el éxito del libro Patria de Fernando Aramburu (llevada al cine de la mano de HBO en la citada serie homónima) el público acude a las salas de forma mayoritaria (toda una gran sorpresa ver la sala llena durante este fin de semana. ¿Tendrá algo que ver la promoción de Pablo Motos con El hormiguero y su casa de cine?).

El argumento de la película es una trama basada en los hechos reales antes reseñados. Seguimos a la joven policía Mónica/Aranzazu (Carolina Yuste) que trata de ganarse la confianza de los grupos radicales abertzales para ir escalando puestos y llegar a contactar con la propia banda armada y así de esta manera infiltrarse en la organización, en este caso en el Comando Donosti. Veremos la soledad de su andadura, ocho largos años alejada de su familia, ni un solo contacto, salvo alguna carta esporádica que su madre manda a la única dirección que tiene, la de su superior. «El inhumano», Ángel (Luis Tosar), su jefe, es el único eslabón que tiene con su anterior vida, con su anterior identidad. Veremos también como Aranzazu tiene que convivir con verdaderos sanguinarios. El guion (con ayuda de Amèlia Mora) se centra más en el desgaste psicológico con los roces diarios con los terroristas y el infierno interno de su protagonista. La interpretación de una canción en casa, el baño para restregarse el odio, o el grito mudo son algunos de esos buenos ejemplos de la introspección del personaje. La directora echa mano de algunos flashbacks para contarnos los inicios de la carrera de la joven y la relación son su superior.
La película se construye sobre la tensión y el suspense. Desde el primer momento sabemos lo que supone la aventura a la propia protagonista: si es descubierta, un tiro en la nuca y si logra un triunfo, el más grande imaginable en aquel momento, no le será reconocido públicamente.
Hay claramente dos partes diferenciadas. La primera asistimos al laborioso trabajo de integración que tiene que llevar a cabo Aranzazu para ganarse la confianza de los etarras vagando de una taberna a otra y participando en vítores jamás deseados por ella. Durante ocho años vivirá un infierno y una terrible angustia en esa simulación que se acentúa mucho más en una segunda parte en la que tiene que convivir con los propios asesinos, con Kepa y Sergio. El primero resulta ser un pavisoso. Es un bravucón que a poco que escarbes descubres que tal vez estaba en el sitio equivocado pues enseguida aflora algo de humanidad. Pero el segundo… ¡ay con Sergio! Ese es un mal bicho, arrogante y sanguinario. Sin escrúpulos. Dice que el solo responde ante Txapote y se la suda todo. Desconfía hasta de su propia sombra y eso pondrá en riesgo a Aranzazu. Algo le huele mal en la figura de una riojana de Logroño. El enfrentamiento entre ambos, en un par de ocasiones, proporciona los momentos más tensos de la película.

El suspense actúa como motor narrativo. Te tiene pegado a la butaca, pero también actúa para mostrarnos a un personaje que tiene como desafío infiltrarse en una banda asesina y ganarse su confianza. Un error le llevaría a ser descubierta y, por lo tanto, a su muerte. Y sin perder su horizonte y traicionarse lo mínimo para no volverse loca (el contacto físico con su «compañero de piso», Kepa (Iñigo Gastesi)). Hay tres o cuatro escenas que nos llevan al límite en el tema de la tensión. Son clásicas en este tipo de género, pero bien construidas (control de policía en la carretera; robo de carpeta con documentos sin que te pillen; o las dudas sobre la identidad de Aranzazu que llevan a desconfiar al etarra más violento, Sergio (Diego Anido)). Son como una carrera de obstáculos para llegar al objetivo. Este suspense llega a su punto más álgido cuando Aranzazu está a punto de ser descubierta. Hay una lucha interna entre el se acabó todo o el tiro para adelante con dos cojones. Mantiene una fachada imperturbable cuando su mundo interior está a punto de volatizarse.
La labor que ha realizado Carolina Yuste es para casi para una tesis. Enfrentarse al personaje, acometerlos desde la introspección y las secuelas que le han podido generar son algunas de las cuestiones que nos gustaría saber y que me imagino a lo largo de estos días se irán desvelando. Su actuación es conmovedora. En su papel se tiene que enfrentar a la implicación moral que supone ser del cuerpo de policía y tener que convivir con un asesino de agentes.
Carolina Yuste borda su actuación con un amplio muestrario de habilidades a la hora de transmitirnos sus sentimientos que pasan por amor, odio, tristeza, desesperación, soledad, ira, furia… Se tiene que hacer empática, querible y en su fuero interno debía de ser todo lo contrario. Se mete en cuerpo y alma en el personaje con bravura y buen oficio. Al final de la película te dan ganas de darle un abrazo y decirle ea ya pasó todo., tranquila.
A su lado está el inconmensurable Luis Tosar (es que este hombre parece que lo hace todo bien) secundado por el resto de actores y actrices que completan todo el plantel de policías, etarras y amigos (Iñigo Gastesi, Víctor Clavijo, Nausicaa Bonnín, Diego Anido –hay que ver qué bien hace de malo como ya sucediera en su papel de As bestas-, Pepe Ocio, etc.). Un sobrio guion (obra de Amèlia Mora y la propia directora) quienes han sabido delinear perfectamente los papeles de sus protagonistas sin grandes escenas de acciones trepidantes (alguna hay) pero con un manejo muy hábil en la dosificación de tensión dramática y suspense.

Es muy destacable la banda sonora obra de Fernando Velázquez. Se nota lo justo. Lo suficiente como para al salir de la película lo comentes con tus amigos que qué bien está hecha e incluso con el detalle de que la música es reconocible (como autóctona) con esos toques ancestrales de ritmos vascos (txalaparta, instrumento de percusión) mezclados con efectos electrónicos.
Además de todo esto, La infiltrada presenta un interesante juego dramático muy a tener en cuenta y que tiene que ver con la soledad. Hay dos jóvenes que por muy diferentes causas rehúsan a una vida en la que pueden disfrutar de cierta comodidad para renunciar a su familia, a un retino voluntario. Una, Aranzazu, por ser casi una circunstancia vocacional: quiere entrar en el cuerpo de policía para estar lo más cerca que pueda para ser de las protagonistas que acaben con la banda armada. Para ello su misión es ser la infiltrada. Y otro, un chaval, Kepa, sin apenas formación que quiere luchar, a base de tiros, a base de asesinatos, por la libertad de su patria. Ambos sacrificaron su juventud por un ideal y ambos se vieron abocados a vivir en soledad.
La película para algunos se puede ver casi como un documento histórico. Se nos muestra un País Vasco con un ambiente un tanto claustrofóbico con esas herriko tabernas asfixiantes, lúgubres, llenas de pasquines, en las que se tienen que desenvolver Aranzazu, pero también todo el dispositivo del grupo policial que sigue al comando. Todos se mueven en un entorno hostil en los años duros de la violencia callejera de ETA y sus grupos juveniles. También refleja ese miedo a hablar en público, en el bar, en la carnicería, o ese miedo de la gente amenazada que tiene que mirar el buzón y los bajos de su coche con recelo. A esto le sumamos toda esa parafernalia callejera con pintadas, banderas y pancartas de apoyo a ETA y sus presos que cruzan de lado a lado de la calle que rodea a los personajes durante buena parte del metraje.
Me gustaría destacar un par de cosas. Una a favor de la directora que nos muestra una película que evita los sensacionalismos (tan de moda, lamentablemente, en estos días en los que la derecha echa mano de la banda para un uso político). Presenta la violencia de ETA no como un espectáculo sino como algo que estaba ahí en el día a día, a la vuelta de la esquina, en la vida doméstica, que afectaba a la gente y con la que tenían que convivir. Sin maniqueo. Y un pero. A veces los directores dan un exceso de información (con eso, entre otras cosas, alargan innecesariamente la película). En este caso, Echevarria, hacia la resolución final, nos da una información innecesaria (no quiero hacer spoiler –tiene que ver cuando acaba la misión de Aranzazu y un gatito de nombre Sua lleva la clave-). Esa escena sobra por que quita la posibilidad de que salgamos de cine y podamos comentar si al final a la protagonista la desenmascaran o no. Los espectadores somos más inteligentes de lo que muchas veces creen los directores. No me des todo machacado. Y encima supone una pequeña mancha en el resultado final de una gran película. Sobra.
Ya no sorprende la buena calidad de cine español. Parece que cuesta alabar la factura técnica de nuestras películas y eso sí que sorprende. Debemos de estar orgullosos del cine que se hace en España. Arantxa Echevarría se acercar al thriller en su quinta película con resultado casi magistral. Ese topicazo de parece que no es cine español se cumple con su filme. Una película sólida de cine policíaco con muy buena tensión y suspense en el que la directora se acerca a una joven de apenas veintipocos años que decide renunciar a su propia persona para acometer una tarea que aunque lograra el éxito no recibiría compensación alguna. Desarrollada en un momento muy convulso en la historia de España marcado por esa lacra que supuso el terrorismo de ETA. Conviene no olvidar aquellos años para que la historia no se repita, aunque esta, a veces, se empeñe en repetir, pero más bien por la estupidez humana.
Os dejo un tráiler:
Luisjo Cuadrado
Revista Atticus

