Crítica película Fuera de temporada de Stéphane Brizé

Ficha
Título original: Hors saison
Año: 2023
Duración: 115 min.
País: Francia
Dirección: Stéphane Brizé
Guion: Stéphane Brizé, Marie Drucker
Reparto: Guillaume Canet, Alba Rohrwacher, Marie Drucker, Sharif Andoura
Música: Vincent Delerm
Fotografía: Antoine Heberlé
Compañías: Gaumont, France 3 Cinéma
Género: Drama. Romance | Drama romántico

Sinopsis

Mathieu vive en París, Alice en un pequeño balneario del oeste de Francia. Él es un actor famoso, a punto de cumplir cincuenta años. Ella es una profesora de piano cuarentona. Se enamoraron hace quince años y se separaron. El tiempo ha pasado. Cada uno siguió su camino y poco a poco se fueron curando. Cuando Mathieu va a intentar superar su melancolía en un balneario termal, tropieza con Alice.

Crítica

Las bicicletas son para el verano. El verano nos da la oportunidad de salirnos un poco de la norma y acometer ciertos proyectos abandonado durante el resto del año y emprender esos otro tantas y tantas veces pospuestos. No es extraño, por lo tanto, que en verano elijamos esas lecturas que teníamos pendientes. También el verano es momento para ver películas ligeras, o esas otras de grandes sagas por las que la industria del cine suspira para poder mantener la taquilla. Hoy tocaba una de las primeras, de las de cine europeo, algo fresco.

Así que también voy a acometer de manera más liviana de lo habitual esta película. Vaya por delante que no es muy aconsejable para aquellos que en la butaca no dejan de mirar el reloj, independientemente de que tenga o no tengan nada a la vista que hacer. Es decir, es una película lenta, muy lenta, que requiere de paladares dispuestos.

Brizé nos cuenta la historia de dos individuos que tienen una vida, aparentemente, anodina pero que según vamos conociéndoles nos desvela una vida atormentada. Mathieu (Guillaume Canet) es un actor de reconocido prestigio. Se muestra valiente a la hora de afrontar nuevos retos como es la asunción del papel principal en una obra de teatro que se va a representar en uno de los mejores teatros de la capital parisina. Pero, también es un hombre inseguro, lleno de miedos, de contradicciones, de paranoias y hasta un poco hipocondriaco. Ese miedo le lleva a suspender el estreno teatral. Poniendo patas arriba su vida. Una vida controlada por su mujer, presentadora de un informativo de televisión, que le aconseja que papeles debe aceptar y cuáles rechazar. Se refugia en un hotel. De lujo, en la costa francesa, de esos que tienen spas y un montón de tratamientos para ocupar tu tiempo y aligerar la cartera. Acude, fuera de temporada, donde piensa que nadie le va a reconocer y le van a dejar tranquilo con sus cuitas. Allí tendrá la sorpresa de un mensaje de una antigua pareja, Alice (Alba Rohrwacher) quien se ha enterrado de su estancia en el hotel (cerca de su casa) y que quiere verle. Pronto veremos que Alice, aunque ha rehecho su vida al lado de un marido, médico, una hija en edad adolescente, y un pedazo de casa, no ha superado la ruptura traumática que tuvo con el actor hacer década y media. Quizás movida por el no saber qué es lo que pasó entre ambos, por qué tras el triunfo de él como actor, la abandono sin darle una mínima explicación. En aquel momento no se atrevió a decirle nada y eso le está reconcomiendo por dentro. Esta circunstancia le ha provocado que haya tenido que acudir a un tratamiento psicológico y, sobre todo, una inseguridad en su día a día. Ahora se dedica a dar clases de piano, compositora en secreto, quizás porque nunca se atrevió a dar el paso de dedicarse por completo a la música. Tiene una labor social comprometida con los ancianos a los que visita y asiste en una residencia. Es una buena chica, pero destrozada por dentro. No sabe muy bien cómo ha acabado en ese lugar recóndito, inhóspito fuera de temporada, con una vida que tal vez nunca ha sido la deseada. La tristeza la lleva impregnada como la sal del mar en su piel.

El director nos muestra esta relación contado de una manera muy sencilla. En el primer encuentro de la pareja es frío, muy distante, tenso, producida por el distanciamiento que ha tenido la pareja a lo largo de casi esos quince años. Palabras cordiales, vacías de contenido. Son casi dos desconocidos. Él se muestra torpón, con risitas nerviosas. Y ella quiere contarle cosas, pero no sabe porque hilo tirar. Al poco suceden las confesiones y parecen los reproches. Que si tu no hiciste, que si tú me dijiste… Un adiós que nunca tuvieron. Una muestra de ese ambiente opresivo es que Mathieu le pide al camarero que por favor quite el jazz que suena como música ambiente, un tanto nerviosos, azorado, no sabemos muy bien porqué, pero la toma con la música, que le da igual lo que suena, como si es zumba (y le pone zumba y tiene que volver a pedir que lo quite).

Stéphane Brizé utiliza constantemente las inclemencias del tiempo como un protagonista más. Vemos como el fuerte oleaje llega hasta la orilla de la playa en unos días grises, anodinos, donde la humedad se te mete por los poros de tu piel. Vemos a nuestros protagonistas andar juntos o a veces solos, apesadumbrados, con sus cuitas sobre sus cabezas. Veo claramente una metáfora. Ellos están ensimismados con su soledad mientras la vida, el oleaje, el viento, la lluvia, les zarandea. La vida está ahí fuera. La vida es eso: embate, viento, zozobra y también sol. Parece que se han acomodado en sus vidas no queridas. Ellos tenían otra idea de lo que iba a ser su vida y han encallado. Sin maniqueo alguno el director nos invita a una reflexión.

En este drama cotidiano no faltan las notas de humor. Entorno a ese aburrimiento de nuestro protagonista el director se recrea con imágenes que nos remiten A Las vacaciones del Sr. Hulot (Jacques Tati, 1953) o la inmejorable película El guateque (Blake Edwards, 1968). Por ejemplo, cuando se enfrenta a una sofisticada cafetera que no se sabe dónde está el sensor que la enciende y lo que es peor, se apaga; el tratamiento con presoterapia (incluso la profesional que le atiende que se empeña en que se haga una foto con ella en un escorzo imposible –a la gente le da lo mismo, es para hacérnoslo mirar, de verdad-) que le tiene atenazado ante una llamada del móvil; el episodio con el entrenador personal que más bien parece un colega; o la hilarante escena en la que los dos protagonistas se disponen a cenar y el maître le explica como utilizan los cuchillos y los métodos para que el pez no sufra antes de llegar al plato de los comensales (un personaje que merece un espacio para él solo).  Y puestos a destacar, resalto una escena llena de humor, pero también de ternura. En la boda a la que asisten los dos protagonistas hay una pequeña actuación de un dúo de mimos, salvo que en esta ocasión sus gestos van acompañados de silbidos. Una delicia de interpretación de todo tipo de cantos de pájaros, con especial atención a las cigüeñas tan populares en esos espacios marítimos, con interacción con los asistentes al banquete nupcial. Ya solo por eso merece nuestra atención está película que a buen seguro pasará sin pena ni gloria por la cartelera de nuestros cines. 

Brizé tira mucho de oficio. Podemos ver referencias a películas casi de culto como Lost in Traslation (Sofia Coppola, 2003) por esa sensación de sentirse perdidos en la vida o Deseando amar (Wong Kar-Wai, 2000), por esa búsqueda del consuelo. Fuera de temporada reúne una serie de elementos que conforman una buena propuesta gracias, entre otras cosas, a la buena química entre los actores con unos diálogos que fluyen de manera natural. El director consigue una película rodada con elegancia, mostrando unos lugares tan inhóspitos como el alma de los protagonistas. Puesta en escena desnuda, planos generales estáticos, que estiran el tiempo buscando un distanciamiento con los espectadores. Una película contenida, con un ritmo lento en contraposición con las fuerzas de la naturaleza que les rodean, que nos habla de esas oportunidades que nos ofrece el día al día que tienen que ver con el qué hubiera pasado si… o que pasaría si… Fuera de temporada es una larga reflexión que cada uno lo interpretará de una u otra manera en función del momento en que se encuentre en este camino que es la vida.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus