Teatro – Mi vida en el arte – El Brujo en el Teatro Zorrilla

Mi vida en el arte

El montaje representado en el Teatro Zorrilla de Valladolid bajo el título Mi vida en el arte es un homenaje a los autores del Siglo de Oro. El Brujo emprende sobre el escenario vallisoletano un viaje muy personal a través de grandes textos de los clásicos como Miguel de Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Santa Teresa de Jesús o Shakespeare. Como un bululú algo despistado, desmemoriado, como quien no tiene la función ensayada, el genial actor va involucrando al público con la falsa creencia de hacerle participe en el guion. Uno ya no sabe distinguir si todo forma parte de una pantomima (genial del El Brujo) o realmente a veces se le va la pinza.

Lógicamente quiero pensar que es un ardid de este juglar del siglo XXI. En algún momento se le nota que se ha desviado de ese posible guion (con Quevedo, por ejemplo), pero rápidamente vuelve a él, tal vez por alguna indicación de su compañero en el escenario, Javier Alejano -treinta años juntos sobre el escenario-, que además de tocar algunos breves momentos su violín parece tener la misión de «sujetar» al genio.

Rafael Álvarez, El Brujo, director, autor de la versión y reparto se muestra como un pedazo de actor que domina la escena a la perfección. Los textos clásicos los apostillas con alguna nota de actualidad sobre el Ministro de Cultura, Urtasun, las presidentas de la comunidad madrileña Esperanza Aguirre o Isabel Ayuso, o el exalcalde de Valladolid/Ministro de Transportes Óscar Puente. También hace un rendido homenaje a dos figuras de nuestra escena teatral, ambas desaparecidas recientemente. Una, la más reciente, la vallisoletana Concha Velasco a la que llenó de piropos y la identificó como Santa Teresa («no ha habido ni habrá otra mujer que interpreta a las Santa como ella lo hizo») y a su amigo Fernando Fernán Gómez al que acudió a presentar sus respetos ante el féretro en Teatro Español de Madrid.

Para El Brujo, el verso es siempre una asignatura pendiente para el actor que realmente ame el teatro. Además, los textos clásico revisten el arte escénico a su antigua dignidad y su magia irrepetible.

Quienes acudimos a la sala a ver a este mago de la palabra sentimos desde el comienzo mismo en que sale a escena ese magnetismo que desprende, esa aura potenciada por ese pelo a lo Einstein que incluso cuando se apagan las luces parece permanecer alrededor de su figura. Un pedazo de actor que interpreta como si fuera de manera improvisada unos brillantes episodios: las desventuras de don Quijote (impagable la analogía de Page con Sancho Panza) que le sirve para mostrar a un Cervantes que metía la mano en la caja de la Agencia Tributaria sevillana; el episodio del Monasterio de Silos («los separados de menos de 50 años van a la discoteca, los de más al Monasterio de Silos para analizar que han hecho con su vida y entre canto y canto gregoriano van pasando las horas y los días) y la distinción entre un monje y un fraile; la presentación de san Francisco de Asís ante el Papa Inocencio III cuando este le aprueba su modelo de vida de pobreza; el bello Soneto de Amor de Lope de Vega o el hilarante episodio de Romeo (corto, muy corto él) y la bella Julieta (de la que se siente enamorado) de Shakespeare, y que le sirve al actor para meter un poquito de pulla al Ministerio de Igualdad («debería de estar Romeo arriba en el balcón por aquello de la discriminación positiva».

Todo parece obedecer a que El Brujo ha recogido en esta obra los mejores versos de su vida sobre las tablas. Y hace del verso el centro de todo el espectáculo. Texto clásico, autores del Siglo de Oro con un humor del siglo XXI. Alterna un lenguaje coloquial con unos versos recitados de forma excelsa sobre con una escenografía sobria y… ¡mínima! Vibrante y emotivo. No es de extrañar que la gente puesta en pie le rindiera una sentida ovación.

Rafael Álvarez “El Brujo” ha sido galardonado recientemente con el prestigioso Premio Corral de Comedias 2024. El Brujo es uno de los actores más carismáticos y populares gracias a sus monólogos llenos de humanidad, humor y mucha sabiduría. Titulado por la Real Escuela Superior de Arte Dramático, comenzó su actividad con el teatro en el Corral de Comedias del Colegio Mayor Universitario San Juan Evangelista de Madrid en el año 1970. Después comienza su colaboración en montajes teatrales de compañías independientes, como Tábano o TEI (Teatro Experimental Independiente) y en 1988 funda, junto a otros profesionales, la productora Pentación. En 1991 El Brujo se convierte por primera vez en el Lazarillo de Tormes, en versión de Fernando Fernán Gómez, un texto que no ha dejado de representar desde entonces —se representó en Almagro en el 40º aniversario del Festival–.

A lo largo de las últimas tres décadas El Brujo ha practicado y actualizado como nadie el bululú del Siglo de Oro: Una noche con El Brujo (2003), con textos de Lope de Vega, Cervantes, San Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Quevedo, Fray Luis de León y San Francisco de Asís; Mujeres de Shakespeare (2010) sobre las inteligentes e ingeniosas protagonistas del autor inglés; La luz oscura (2014) que repasa la vida de San Juan de la Cruz (estreno absoluto en el Festival de Almagro); Teresa o el sol por dentro (2015) a partir de la biografía de la mística abulense escrita por Javier Re; Misterios del Quijote (2016), un personal homenaje a Cervantes; Dos tablas y una pasión (2019), que recorre algunos de los textos áureos más populares; El viaje del monstruo fiero (2023), a partir de una loa de Lope de Vega; y, recién estrenada, Mi vida en el arte, que se podrá ver también en esta edición de Almagro.

El Brujo ha llevado sus espectáculos por los festivales más importantes y reconocidos de España, Bélgica, Francia, Portugal, Italia, México y Venezuela. Además, ha sido reconocido con numerosos premios.

Luisjo Cuadrado

fotografías: Luisa Valares

Revista Atticus