Crítica película Hasta el fin del mundo de Viggo Mortensen

Ficha

Título original: The Dead Don´t Hurt.

Año: 2023.

Duración: 129 min.

País: Estados Unidos.

Dirección: Viggo Mortensen.

Idioma original: inglés. VOSE.

Guion: Viggo Mortensen.

Fotografía: Marcel Zyskind.

Música: Viggo Mortensen.

Reparto: Vicky Krieps, Viggo Mortensen, Garret Dillahunt, Lance Henriksen, Danny Houston, W. Earl Brown, Solly McLeod, Shane Graham y otros.

Productoras: Tapito Studio, Cameo Film Fyn, MStudios, Motor, Tonestyrelsen.

Género: wéstern, cine de autor.

Sinopsis

Vivianne Le Coudy (Vicky Krieps) conoce a Holger Olsen en San Francisco donde iniciarán una relación y se convertirán en pareja. Ambos son inmigrantes recientes en Estados Unidos: ella es quebequesa y él ha nacido en Dinamarca. Desde San Francisco emprenderán un viaje hacia el este para llegar al Oeste, a Elk Flats, donde Olsen posee una casa en las afueras y se dedica a la carpintería. Su vida en el pueblo se verá interrumpida por la guerra civil estadounidense (la guerra de Secesión), en la que Olsen se alistará como voluntario. Durante su ausencia se producirán algunos acontecimientos violentos relacionados con el poder absoluto de los caciques locales: el terrateniente Alfred Jeffries (Garret Dillahunt), su hijo Weston (Solly McLeod) y el alcalde Rudolph Schiller (Danny Houston), que como en toda tragedia y, por tanto, en todo wéstern, tendrán su catarsis.

Crítica

Hay dos secuencias para el recuerdo nada más iniciarse la película: en una, un pistolero dispara y mata a sangre fría a varios hombres. Son escenas propias de un western clásico y violento. En otra secuencia vemos a un adulto y a un niño que cabalgan sobre un caballo hacia un destino que no conocemos en ese momento. Pronto sabremos que hay una distancia temporal entre ambas secuencias y que necesitamos que nos cuente lo que enlaza a una y a otra. La película se inicia casi en el final cronológico de la historia que vamos a ver. Lo que ha ocurrido, algo trágico pero propio de la vida, como es esa muerte a la que alude el título original del film, que quizá no duela a los muertos pero sí a los vivos, precisa ser contado desde el principio para ser entendido, aprehendido. Por eso la historia retrocede a San Francisco, donde Vivianne conocerá a Olsen y donde iniciarán una relación que los llevará de regreso a Elk Flats, en Nevada, en un viaje hacia el este que los dejará en el Oeste.

Un Oeste real, pero también un lugar de la imaginación, ese lugar de nuestra infancia (y de la adultez) donde se sitúan las historias contadas en Rio Rojo, El hombre que mató a Liberty Valance, Los profesionales, Chuka, Sin perdón, y tantas otras. Lo que vemos en la aproximación de Viggo Mortensen a ese territorio llamado el Oeste tiene la consistencia de un relato del pasado contado con los ojos del presente, que no lo quieren moldear según nuestros prejuicios actuales, sino abrirlo a otras perspectivas que estaban veladas u ocultas por los prejuicios e imposiciones del pasado remoto o del más cercano en el tiempo.

Viggo Mortensen, director, guionista, compositor de la música del film y actor en el mismo, ha mirado hacia ese pasado como un autor, pero siendo consciente y respetando las reglas de un género, el wéstern, al que no violenta, sino que engrandece y renueva para que pueda seguir respirando en nuestro presente sin que se convierta (como en otros películas) en mera guardarropía o en un anacronismo.

El protagonismo de Vivianne Le Coudy (Vicky Krieps), forma parte de esa mirada que Viggo Mortensen quiere proyectar sobre el Oeste histórico y sobre le wéstern como género. Una mujer que quiere ser ella misma, es decir, independiente (con una habitación donde habitar, glosando a Virginia Woolf) y, en consecuencia, tomar sus decisiones: una de ellas será con quién quiere vivir o cómo quiere vivir. Es del personaje que más sabremos, tanto de su pasado, de su familia, como de su imaginario habitado por historia y leyendas, como la de Juana de Arco. El peligro de las escenas retrospectivas en el cine queda conjurado por la fuerza poética de ese jinete con armadura que se aparece entre la niebla de un bosque, contrafigura de esa otra escena con un ahorcamiento. Entre ambos recuerdos de Vivianne se arma su personalidad independiente y sensible, tanto para dar calabazas a un petimetre de San Francisco, como para vivir modestamente vendiendo flores o para aceptar ir a vivir con Olsen a su pueblo de Elk Flats.

El personaje de Olsen interpretado por Viggo Mortensen queda en segundo plano, pero no muy distante. Es otro inmigrante, como todos los que se han establecido en EE.UU (solo varía el cuándo), que ya en Dinamarca había tomado las armas para defender a su país, y que lo hará en el de adopción para defender la causa de los estados del Norte y por tanto la causa contra la esclavitud, en contraste con los caciques del lugar donde vive, que se abstienen a pesar de sus simpatías por el Sur, como se verá en una de las escenas más violentas de la película.

Esta forma de dejar en segundo plano a Olsen se concreta en su ausencia de escena (en la película) durante el trascurso de la guerra civil, que dará lugar a los hechos más dramáticos de la película y que afectarán a Vivianne y a la relación con Olsen cuando este regrese. También al hijo que nacerá, que como una cuña pudiera haber separado a la pareja reencontrada, y que es uno de los momentos clave de la película, pues el amor a Vivianne y el amor de esta a Olsen, como el amor de ambos al niño (más allá de la paternidad biológica) será el motor que desencadenará lo que suceda al final de la historia.

La estructura de la película no es lineal, sino que propone un vaivén temporal, sencillo de seguir y montar en nuestra cabeza. (El trabajo de montaje es estupendo). Lo que permite que el inicio del film sea un momento cumbre en tensión con ese tiroteo indiscriminado por parte de Weston Jeffries, el hijo psicópata de uno de los caciques, y que asistamos a una farsa de juicio que solo tiene el objetivo de cargar el muerto a un “pringao”. A partir de estos acontecimientos nos situarnos en ese lugar, Elk Flats, dominado por dos caciques y donde nada se mueve sin que ellos ganen algo: el ranchero terrateniente, Alfred Jeffries, el hijo mimado y caprichoso de este, Weston, y el alcalde y propietario, Rudolph Schiller. Personajes sinuosos, violentos, que imponen su “ley” y que desencadena algo propio del género, como es que la justicia (o la venganza) solo se puede reparar por propia mano.

Los actores no solo aportan su profesionalidad sino también su carisma, de tenerlo. Vicky Krieps tiene ese carisma que ya habíamos observado en Abrázame fuerte (2021) de Mathieu Amalric, La isla de Bergman (2021) de Mia Hansen-Love, o La emperatriz rebelde (2022) de Marie Kreutzer. Aquí nos ofrece esa simbiosis de fuerza y fragilidad, de determinación pero también de flexibilidad. La película gira sobre ella, pues estamos ante una mirada femenina sobre un mundo (el del wéstern) de contundente masculinidad.

Viggo Mortensen ha dirigido su segunda película tras Falling (2020), sobre ajustes de cuentas familiares. En Hasta el fin del mundo, la familia también está presente y el cineasta en las entrevistas de promoción del film ha hablado de que su padre y su madre están presentes en la configuración de algunos de los personajes. Como actor sería prolijo acercarse a una filmografía extensa y con grandes títulos: Una historia de violencia (2005), de David Cronenberg, Alatriste (2006) de Agustín Díaz Yanes, La carreta (2009) de John Hillcoat, Jauja (2014) de Lisardo Alonso. Un actor que por su nacimiento en Estados unidos, su origen danés y su crianza en Argentina, ha frecuentado varias cinematografías. Un tipo discreto, que parece transparente y honrado, que no tenía la intención de protagonizar su película y que acabó haciéndolo porque le falló el actor sueco previsto.

En esta película de género y de autor a la vez, Viggo Mortensen ha querido (y conseguido) hacer un lectura sobre su país (y sobre el wéstern) personal y comprometida. Lo hace con maestría y no pierde nunca su objetivo principal, como es contar una historia de amor entre dos personas adultas que se tienen que enfrentar a las ingratitudes (y atrocidades) de la vida. Por eso las escenas de cómo Vivianne y Olsen inician su relación y cómo consiguen consolidarla en el Oeste tienen intensidad y suenan a auténticas. Como lo tiene la relación con el hijo que nacerá y donde la mentalidad en la que prevalece el concepto de paternidad biológica será superada por el afecto y la protección a la criatura con la que se convive. No será el caso del presunto padre biológico, Weston, psicópata violento y prejuicioso, incapaz de sentir eso que se denomina empatía y que nos hace humanos.

No es casual tampoco que los protagonistas sean dos inmigrantes recientes en Estados Unidos, con su herencia cultural (la francesa y la danesa) cercana en el tiempo, con dificultades para ser aceptados por los también inmigrantes de las generaciones anteriores. Tampoco es casual que oigamos hablar en francés, en danés o en castellano, como ocurriría en las primeras generaciones de emigrados. Solo se puede renovar un género, conseguir que no muera, si se le despoja en parte de sus mitos, de los falsos mitos que lo crearon. Viggo Mortensen lo hace sin desfigura el género en sí mismo. Es de agradecer.

Siguiendo las reglas de género, que son las reglas clásicas de la narrativa, y donde es necesario un buen final, un final catártico, el inicio de la película enlazará con el final, cerrando un círculo, y así sabremos cómo acaba esa cabalgada de un adulto y un niño. Es un buen final.

Hay películas que además de que nos gusten, nos enseñen o nos admiren, tienen encanto. Esta lo tiene.

Os dejo un tráiler:

Gonzalo Franco Blanco

Revista Atticus