Crítica exposición Maruja Mallo. Máscara y Compás – Luisjo Cuadrado
Maruja Mallo (nacida como Ana María Gómez González, Viveiro, 1902 – Madrid, 1995) es una de las figuras más relevantes y fundamental del arte español del siglo XX. Integrante de la Generación del 27, vinculada a la Escuela de Vallecas y al Grupo de Arte Constructivo, y atravesada por el trauma de la Guerra Civil y el exilio, su arte y su figura superan cualquier afán clasificatorio. Su relevancia no solo reside en su maestría técnica, sino en su papel como pionera de la vanguardia y símbolo de la lucha femenina por su liberación.
Toma el apellido artístico del segundo apellido de su padre (Justo Gómez Mallo), un funcionario del Cuerpo de Aduanas, por cuyo trabajo su familia se trasladaba con frecuencia. Fue la cuarta hija de los catorce que tuvo el matrimonio (su madre María del Pilar González Lorenzo). Desde 1913 hasta 1922 vivieron en Avilés ciudad donde toma sus primeras clases en la Escuela de Artes y Oficios. En 1922 la familia se traslada a Madrid, ciudad determinante en su vida. Apenas contaba con veinte años cuando empieza a estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (estudió hasta 1926). Es en la capital madrileña donde se encontraba «la movida» cultural. Toma contacto con la Generación del 27, aquel conjunto de escritores y poetas españoles a los que se unió algún artista alrededor de ese año 1927. Allí se encontraban, entre otros, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Concha Méndez, Luis Buñuel, María Zambrano, Margarita Mano o Rafael Alberti (con quien mantuvo una intensa relación sentimental).
Maruja Mallo fue una pintora de talento, excéntrica y ferviente republicana. Como otras cuantas mujeres, una adelantada a su tiempo (formó parte del grupo denominado las «sinsombrero», jóvenes intelectuales que desafiaron las normas de su época). Moderna, activa y defensora de los derechos de la mujer libre y emancipada. Por su excentricidad la definió Dalí: «mitad ángel, mitad marisco».
Su pintura puede leerse como un ejercicio de libertad autárquica en el que convergen una variedad de estilos, influencias y técnicas que no se someten a los preceptos de la vanguardia ni a los motivos del clasicismo español. La exposición Maruja Mallo. Máscara y compás, pinturas y dibujos de 1924 a 1982 organizada por el Museo Reina Sofía y la Fundación Botín, condensa en su título dos de los temas que singularizan la producción de la artista: la máscara como invocación, cuestionamiento identitario y emblema de transformación, y el compás como garantía armónica y pauta del rigor geométrico que rige su obra.
En su primera etapa, Mallo crea una nueva noción de “lo popular” —que ella misma definía como “la representación lírica de la fuerza creadora del hombre”—. A finales de la década de 1920 inicia sus Estampas y Verbenas (1927 – 1928), cuadros de enérgico dinamismo que integran su fascinación por los festejos populares sin caer en los estigmas de la tradición folclorista. Estas primeras obras participan del debate -fundamental para la Generación del 27- sobre la relación entre vanguardia, arte popular, regeneración social y tradición. La composición, que parte de una división geométrica y simbólica del cuadro, se inspira en la relación entre figura y decorado del teatro popular, como el guiñol, y en el concepto cinematográfico de simultaneidad y superposición. En ellas se observan personas de clases y razas muy distintas retratadas burlonamente: mujeres disfrazadas de ángeles negros, reyes y magistrados de cartón piedra, teatrillos de toros y manolas, e intelectuales montados sobre cerdos que tiran de un tiovivo que les traslada a mundos alternos, como las pirámides del desierto o China.

En las Verbenas ofrece un retrato plural y vibrante de diversas culturas, tradiciones y clases sociales, así como de intelectuales de la época, como Juan Ramón Jiménez o Ramón María del Valle-Inclán.
Merece la pena destacar que esta es la primera vez en la que se reúnen las cinco escenas de verbenas desde que se expusieron en la Revista de Occidente, en 1928, de las que destacan El Mago/Pim Pam Pum (1926), del Art Institute of Chicago, y Kermesse (1928), del MNAM Centre Georges Pompidou en París.
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Aquí podéis ver un vídeo de la exposición en el Museo Nacional Centro de arte Reina Sofía.
Luisjo Cuadrado
Revista Atticus

