Obituario: Rick Davies el alma de Supertramp

            Uno de los mayores éxitos de Supertramp fue, sin duda, From no won (a partir de ahora)… Y aquella canción comenzaba con un suspendido Monday (lunes), y en ese mismo día nos llegó la noticia de que Rick Davies, compositor, cantante y pianista de la banda que fundo a comienzos de los setenta y de la que no se separó nunca, con sus más y sus menos, con la genialidad compartida de Roger Hodgson y sus disputas intestinas, pero con una calidad inabarcable en un solo artículo.

            Davies y Hodgson componían los temas por separado, pero luego los empastaban al encerrarse en el estudio. Era un quinteto donde quien hablaba al público habitualmente era el saxofonista, John Anthony Helliwell, quien iba a las entrevistas en las emisoras de radio era el bajista, Dougie Thompson, al que enviaban por su voz grave y su profundo acento del norte de Escocia, para que nadie realmente entendiese lo que quería decir y en la que el batería, Bob Siebenber, marcaba siempre el ritmo de las composiciones aprovechando su formación de percusionista de jazz, cosa que a ambos compositores siempre ayudó, y se notó especialmente cuando Hodgson dejó la formación, en 1983, y el sonido ya sólo salía de las notas y rimas de Davis.

            La banda tuvo escasísimo éxito al comienzo de su andadura. Es conocido y reconocido por ellos en la escritura del doble álbum en directo de París que la primera vez que actuaron en la capital francesa sólo asistieron seis personas a su concierto y cuatro se marcharon antes de que concluyese.

            Pero tras aquellos traspiés propios de la bisoñez los dos compositores se encerraron para crear un álbum capaz de hacer saltar las listas por los aires. Ellos venían de mundos musicales radicalmente diferentes, Davies del jazz y bandas de medio pelo, tipo The Join, que debía todo, como más tarde Supertramp, a un millonario neerlandés absolutamente excéntrico, “Sam” August Miesegaes, y a quien le gustaba la forma de afrontar la música del joven Rick; y Hodgson, de la industria desde su adolescencia, había formado parte como guitarrista y voz de la primera banda en la que estuvo Elton John (por aquel entonces aún Reginald Dwight, Argosy, y sus sonidos incluían el pop y la psicodelia.

            Davies, seis años mayor que Hodgson respetó su forma de componer, pero siempre trató de imponer su edad en las discusiones musicales, lo que desembocó en cuatro canciones, dos de ellas versiones y ninguna esperanza, ante las letras poco trabajadas del guitarrista principal de la banda, Richard Palmer-Jones.

            Tras dos intentos más de trabajar juntos en la composición decidieron hacerlo por separado y que todo cobrase forma conjunta en el estudio. Y, al menos para el mecenas de los Países Bajos, aquello funcionó. Y más desde que Roger comenzó a consumir LSD para componer y Rick se negó generando otra disensión más entre ambos.

            Hodgson, más acostumbrado al estudio aportó ideas de efectos de sonido y alargamientos de notas gracias a la magia de una tabla de sonidos. Cosa que a Davies no gustaba, partidario de una mezcla sin florituras y más cercana a su formación de pianista. Pero de aquella batalla surgió un sonido propio, amalgama de un piano de media cola y uno eléctrico más una guitarra que unía ambos sonidos y un elemento adicional, el viento metal y los saxofones.

            En 1970 lanzaron su primer álbum, homónimo de la banda, cosa muy habitual en aquellos años, y su sonido era rock progresivo. Se habían llamado Daddy, al principio, pero había otra banda con un nombre similar, Daddy Longlers, así que se cambiaron el nombre porque uno de los miembros estaba leyendo el libro de W. H. Davies Autobiografía de un súper vagabundo (Autobiography of a supertramp); Con críticas bastante buenas y un prometedor futuro en el panorama de aquellos primeros setenta que vivía aún entre el sonido exitoso de The Beatles y la rabia del rock de los hippies o la elegancia del blues convertido en rock, con Led Zeppelin como ejemplo paradigmático. Y, precisamente eso, que su sonido no era el que estaba de moda, hizo que sus ventas fuesen limitadísimas y sus giras auténticas batallas campales que terminaron con la salida de Palmer y el batería, Robert Millar, quien sufrió una crisis nerviosa en Noruega y hubo de ser sustituido.

            Y entonces su sonido mejoró, Davies y Hodgson hicieron piña y cada uno trabajó sus propias letras. De aquello surgió el auténtico sonido de la banda. Uno nuevo, diferente y que bebía de muchas fuentes, pero nunca de una sola.

            El segundo disco, salido en junio de 1971, Indeblely stamped, ya contenía elementos inalterados, como Hodgson haciéndose cargo de las guitarras y una batería más elaborada acompañada por un bajista nuevo y auténtico especialista en el instrumento de graves.

            De nuevo las ventas no llegaron a lo deseable, pero A&M Records no se impacientó, ante el incremento respecto al primer disco en Canadá y Europa, entonces sólo la parte occidental, aunque Propon, la distribuidora en la Checoslovaquia comunista se interesó vivamente por aquellos chicos británicos con letras alejadas de la política y de fácil consumo en el mercado socialista del este.

            En la búsqueda de nuevos miembros, ansiosos por mejorar el sonido en directo de la banda, contrataron a Dougie Thomson, quien ya había tocado en algunos conciertos un año antes de reanudar las audiciones para alcanzar la excelencia. Con ese ánimo, a principios de 1973, el grupo se amplió con Bob Siebenberg (batería) y John Anthony Helliwell (saxofón e instrumentos de viento, además de teclados), quienes completaron la nueva formación, que fue inamovible los diez años siguientes. Para completar el sonido Hodgson comenzó a tocar el piano de cola y el teclado Wurlitzer que le convenció por la compatibilidad con el piano de Davies y las notas graves que era capaz de alcanzar para el mejor lucimiento de su voz, que se desgañitaba al llegar los momentos álgidos de cada tema. Por si fuese poco, en directo dispusieron de otros teclados (Kurzweil y Korg, con los cuales crearon las ambientaciones orquestales y los efectos de sonido de su música).

            A partir de aquí Rick Davies logró cinco álbumes considerados como obras maestras por la crítica especializada, con canciones estupendas también de Hodgson… Y ahí comenzó el distanciamiento entre ambos. Los dos continuaron su labor, pero después de Famous last words Roger decidió separar sus caminos profesionales y acabar en los tribunales cuando Rick se quedó con la marca del grupo y continuó tocando las composiciones del “miembro huido”, como siempre bromeaba el saxofonista de la banda.

Supertramp, en Estados Unidos el 11 de mayo de 1977. Desde la izquierda: Dougie Thomson (bajo), Bob Siebenberg (batería), John A. Helliwell (saxo), Roger Hodgson (voz, teclado y guitarra) y Rick Davies (voz y teclados).

            Pero el fallecimiento de Rick Davies nos lleva, obligatoriamente a esos cinco álbumes fuera de lo común, seis, si tenemos en cuenta el directo en París, de 1980.

            Coescribió The crime of the century (septiembre de 1974) y el universo se abrió para aquel quinteto. Ventas y crítica rendidas a sus pies y una gira mundial que concluye con la salida del siguiente disco Crisis… What crisis?, en el que el humor sarcástico ocupó la sonrisa de legiones de jóvenes dañados por la guerra de Yon Kippur y la venganza económica de los países productores de petróleo, lo que llevó al mundo a uno de sus agujeros económicos más duros desde 1929. Las composiciones, cada vez más elaboradas, cada vez más cuidadas en los duelos entre saxos y teclas o entre la guitarra eléctrica de Roger y el piano de Rick, eje de gran parte de las composiciones de la banda, al menos hasta que Hodgson creó un tema originalmente para guitarra acústica y lo rellenó con arreglos para que nadie quedara fuera de la grabación con Two of us y unos versos inspirados sobre la relación de pareja, pero Rick puso la cota muy alta con Another man’s woman, “capaz de mover el cuerpo de un muerto y el alma de un santo”, o eso dijo el crítico musical de la ZDF cuando el álbum obtuvo la certificación para disco de oro en Alemania Occidental.

            El grupo se tomó su siguiente gira con más tranquilidad y tuvo tiempo para componer y arreglar con mayor meticulosidad el disco que estaban concibiendo. Así, Even the quietest moments, es considerado como un álbum de culto y que logra que el progresivo, que comenzaba a ser monótono y repetitivo rompa con ese sambenito y logre sorprender con el sonido monocorde y lo hace variado y agradable cuando se desliza en los oídos y puramente mágico al ser escuchado y entendido.

            Tras la crítica más que favorable y el mercado rindiéndose poco a poco a su sello Davies pidió un poco de tiempo para poder trabajar en el siguiente disco con aún mayor precisión y no precipitarse en ningún aspecto. Y el resto de la banda pensó que así debía ser. Hodgson y él se sentaron a colaborar hasta que sus respectivas composiciones sonaron a Supertramp. Es conocido que Roger se sentaba a un teclado y Rick a la batería hasta que alcanzaban algo que les hacía sonreír y, a partir de ahí, llamaban al resto de miembros del quinteto y desarrollaban la magia. Y eso hicieron para Breakfast in America, joya de 1979 que alcanzó La Meca de la música, con distinciones, ventas millonarias y una de las giras mundiales más exitosas del grupo desde su creación.

            Con este disco ambos se dieron cuenta del conflicto mutuo que ambos sufrían y que obligó a Roger a comentar en una entrevista: “Nos dimos cuenta de que algunas de las canciones se prestaban realmente a dos personas que hablaban el uno del otro. Yo podía estar sometiendo su forma de pensar y él podía desafiar mi modo de ver la vida (…) Nuestras formas de vida son tan diferentes, pero le quiero. Ese contraste es lo que hace que el mundo gire y lo que hacía que Supertramp funcionara. Sus creencias son un desafío para mí y mis creencias un desafío para él”

            Y de esa bomba de relojería surgió un disco maravilloso, colaborativo entre sus compositores y donde las letras hablaban del otro, sin ser conscientes de ello ninguno de los dos hasta que el ingeniero de sonido lo comentó en un descanso de la grabación.

            Y después de aquel aluvión de críticas positivas y de ventas millonarias, incluido un cuádruple platino en Estados Unidos y un número uno en singles con The logical song en Canadá, además de ser el disco más vendido a lo largo de la historia de una banda británica con más de tres millones de copias vendidas; el grupo se lanzó a componer otra joya, pero en el medio nos regaló un doble en directo grabado en sus conciertos en París de mil novecientos ochenta. Aquello les permitió centrarse aún más en la composición y también para ver que cada vez tenían menos que ver mutuamente como compositores, lo que llevó a unos días difíciles en el estudio y a una gira que acabó con Roges teniendo claro que Supertramp ya no era su proyecto.

            …Famous last words recibió críticas muy positivas, aunque en ventas bajó el pistón del anterior disco de estudio, cosa que Davies achacó a los excesos en algunos temas de Roger.

            Después de la marcha del cincuenta por ciento del músculo compositor del grupo Supertramp se resintió y Rick trató de mantener el tipo, pero le fue imposible al ser calificado de previsible y anodino en los dos primeros discos post Hogdson, con un éxito en el mercado de singles con Cannonball, pero sin el impulso de la dicotomía anterior.

            Si tuviese que hablar de Rick Davies como compositor diría, sin duda, que era un jazzman disfrazado de progresivo, sin permitir que ninguna de ambas facetas solapase a la otra. Como pianista, que era el equilibrio de una banda que podría haber pecado de cojear dado el virtuosismo de alguno de sus miembros.

            O, en sus propias palabras: “Mi vida está llena de romance. Supongo que siempre tendrá que ser. Viviendo en una fantasía. Así tiene que ser de aquí en adelante”. De manera que su cuerpo dijo basta a los ochenta y un años, pero su trabajo continúa “viviendo en una fantasía, a partir de ahora”.

            Muy agradecido, a nivel particular por tu aportación a mi vida. Gané, a nivel anécdota, un concurso de poesía, el Juventud Castilla, ya extinto, y entre los regalos que conllevaba incluía un lote de discos con el doble en directo: París. Así que sólo puedo hablar cosas bonitas de Rick Davies, a pesar de la rabia de la letra de Cannonball contra su otrora compañero…

            … Goodbye stranger.

Carlos Ibañez

Revista Atticus