Ozzy Osbourne (1948 – 2025). Garganta y murciélagos – Carlos Ibañez

Contaba Tony Iommi que el fichaje de Ozzy para Black Sabbath, entonces grupo en pañales, fue porque leyó un anuncio en una tienda de que un tal Ozzy Osbourne buscaba grupo y tenía equipo de sonido propio para cantar y que eso le animó a llamarle. El resto es mitología. El joven cantante arrasaba en cada concierto, fuese para diez o para mil. Salía a tope y el resto de la banda rápidamente adaptó su sonido, curdo, seco y no carente de armonías, pero muy medidas, para que aquel animal de escenario, tal y como definió este concepto Cameron Crowe tras seguir una gira de Led Zeppelin (que muchos años más tarde daría pie a su película Casi famosos, Cameron Crowey, 2000) después de conocer y trabar amistad con otro espécimen de las tablas como era Peter Frampton.
Nacido como John Michael Osbourne e hijo de un trabajador nocturno de la General Electric y de una empleada industrial cuando las fábricas necesitaban refuerzo era el cuarto de seis hermanos y pronto le empezaron a apodar Ozzy en el colegio debido a su dislexia no detectada hasta mucho años después. A los catorce años escuchó un sencillo de una banda nueva de Liverpool y se dio cuenta de que con The Beatles todo había cambiado, incluido que la música no nacía en la BBC de Londres sino en cualquier rincón donde hubiese un enchufe y un equipo de amplificadores, y eso incluía Birmigham. Siempre dijo que escuchar She loves you cambió su vida.
A partir de aquí comenzó a pensar a lo grande y a intentar ser cantante por todos los medios ante su imposibilidad de tocar bien ningún instrumento. Pero no le daba el dinero, tras dejar la escuela a los quince años y tener que trabajar de ayudante de fontanero o en una tienda de material eléctrico y reparaciones, se inició, como tantísimos jóvenes de su barrio, en la delincuencia. Robó un televisor y unas prendas de niño para revenderlas. La policía le pilló y acabó con sus huesos en un correccional antes de cumplir los dieciocho. Su padre, como él mismo reconocía en sus memorias, le quiso dar una lección y se negó a pagar la fianza impuesta por el juez. Tras seis semanas se dio cuenta de que la esperanza de su progenitor, quien siempre le había dicho que o muy grande o encerrado de por vida en la cárcel, tenía razón y comenzó a mejorar su voz, tocar la armónica y esforzarse para tener un equipo de micrófono y amplificador en el mejor estado posible.
Y Tony, el muchacho al que le faltaban las falanges superiores de los dedos corazón y anular de la mano derecha por un accidente con una prensa en la fábrica donde trabajaba y pisaba las cuerdas del mástil de su guitarra, por ser zurdo, acompañado de sendas prótesis que le granjearon fama de tío duro dentro del escenario al soportar aquel dolor para tocar durante el tiempo que durara la actuación, entre treinta y cuarenta minutos en aquellos tiempos se consideraba lo adecuado. Y de aquel accidente, aquel cambio de afinación (Iommi para que no le doliese hubo de bajar la de su instrumento a Re Bemol) y aquel sonido más grave de la guitarra, unido a lo que venía desde Estados Unidos y los sonidos de blues cada vez más duros, llevaron a que en la prueba de Ozzy el cantante usase su voz de tenor gutural y todos los presentes en aquel primer día vieron que tenía algo y algo nuevo.
En noviembre de 1967, el bajista Geezer Butler formó su primera banda, Rare Breed, donde invitó a Osbourne para que fuera su cantante, dado que tenía su equipo de micros nuevo y en Birmingham no abundaban los cantantes con equipo propio. En apenas unos meses Rare Breed desapareció después de tan solo dos actuaciones. Entonces ambos hablaron con Iommi y el batería Bill Ward para ser parte de su banda, Polka Tulk Blues.
La escasa notoriedad del nombre les hizo cambiar por Earth, pero ya había una banda con ese nombre y les demandaron, así que al final, y tras ir al cine decidieron llamarse Black Sabbath, como la película que había ido a ver. Y ahí comenzó el mito.
Los riffs de Iommi gustaban mucho al público y con el dinero, escaso, de sus actuaciones se lanzaron a grabar su primer álbum y, aunque no fue un superventas el disco homónimo de la banda, se fijaron en ellos y ese sonido duro, crudo y que te envolvía hasta abrigarte de desasosiego por esas letras del bajista, siniestras y escalofriantes, pero, además, el agente Don Arden comenzó a representarles y Londres se hizo obligatorio en sus vidas. Tras decir adiós a Birmingham y comenzar a grabar un segundo álbum en el que todos había aportado su grano de arena, pero no tenían una canción emblemática para lanzar, y eso les preocupaba. En un descanso, mientras los miembros de la banda salían a comer Toni sintió que debía sentarse un rato más antes de acudir con sus compañeros a un restaurante chino cercano. Y Paranoid nació tras media docena de intentos y cuando se sentó a comer les dijo que tenía algo. El resto fue coser y cantar… Y de qué manera, porque ya en la toma para la demo Ozzy bordó el tono que necesitaba el tema. Y dos meses después aquel tema, corto pero intenso, se colocó en lo más alto de las listas de ventas convirtiendo a Paranoid en un clásico del rock y una canción atemporal.
Cinco meses más tarde de la publicación de Paranoid y para poder llegar a los circuitos de Estados Unidos y Canadá la banda lanzó Master of Reality, trabajo que alcanzó el 10 en el Reino Unido y en Estados Unidos, logrando ser disco de oro en menos de dos meses y abriendo las puertas del mercado mundial, porque quien vende en Estados unidos es escuchado en emisoras de todo el mundo, en aquel mundo de bloques, el mundo occidental. De manera que su música se pinchaba en Sídney o Santiago de Chile, cosa que no pasó con su primer disco.
Ozzy se casó con su primera esposa y tuvieron dos hijos. Lo hicieron en Birmingham, en 1971. Y aquello fue un error porque él estaba completamente dominado por el alcohol y las drogas. Hasta tal punto que muchos años después reconoció que no sabía dónde habían nacido sus dos hijos con aquella mujer, que tanto le soportó. Porque cuando no estaba colocado o borracho sus rasgos de locura, sus gritos y broncas afloraban por cualquier tontería. Todo eso cambiaría cuando llegó a su vida la hija de su agente, Sharon Arden, quien logró varias cosas, aunque no todas positivas para la banda después de que Volume 4 se convirtiera en un disco de ventas millonarias en Estados Unidos y ella quisiera que Ozzy tuviese un papel más relevante en el cuarteto. Aun así, y con la mediación del padre de Sharon, grabaron cuatro álbumes más, los dos primeros considerados como obras de arte y auténticas joyas de la música y la contracultura: Sabbath Bloody Sabbath sigue siendo una obra capital y Sabotage, está considerado como uno de los discos más influyentes del rock (Iron Maiden, White Snake o Leslie West han hablado de la influencia de su sonido en sus composiciones de esos años).
En 1977 decidió abandonar el cuarteto tras un mar de disensiones, bien alimentadas ya por Sharon, y con un Iommi saturado de los plantes, los retrasos y las entrevistas y denuncias por haber arrancado de un mordisco la cabeza de un murciélago durante un concierto por parte de Ozzy, absolutamente colocado y con problemas para recordar las letras de algunos temas durante los conciertos. Además, se sintió muy deprimido tras la muerte de su padre. De manera que se encerró entre drogas y alcohol a componer su álbum de debut en solitario Blizzard of Ozz, en un juego de palabras interesante, quizás lo más interesante de un disco que no pasará a la historia de la música. Tan mal fue que Ozzy regresó a Black Sabbath y aquello fue un desastre absoluto desde el punto de vista creativo, con un álbum que no acababa de salir porque los cuatro estaban tan pasados de drogas que tocaban en claves diferentes o mientras uno tocaba una canción otro estaba aún en la del día anterior. Pero, al final Never say Die! salió y Don les consiguió una gira mundial con un error monumental, que fue situar a Van Halen como teloneros. Las comparaciones no tardaron en salir en todos los medios especializados y a los británicos se les tildó de agotados y agobiados por su propio sonido frente a la frescura y fuerza de la joven banda californiana con un guitarrista creativo y diferente. Y Ozzy dijo adiós definitivamente al acabar la gira mundial en Albuquerque, Nuevo México.
A partir de aquí Ozzy y su nueva esposa, con quien contrajo matrimonio en 1982, se dedicaron a dos cosas: hacer discos y dinero, mucho dinero. Ella era un torrente de ideas con fines puramente venales y él luchaba contra sus adicciones y se convirtió en el padrino de algunos músicos jóvenes con gran futuro, el primer de ello Randy Rhoads, un guitarrista de perfeccionista y con un talento natural falleció en un accidente de avioneta, lo que sumió a Ozzy en una profunda depresión que hizo que tuviese que suspender la gira y después buscar rápidamente nuevo guitarrista, lo cual le llevó a varios errores y, pasado el tiempo, y según reconoció, a sentirse bien al descubrir nuevos talentos y apoyarles tanto en su carrera con la banda como en sus proyectos alejados de él. Así, también encontró un acomodo especial en Zakk Snyder y su portentosa forma de tocar y en sus exitosas giras tras álbumes desiguales, pero con sencillos que se escuchaban bastante en los circuitos radiofónicos especializados. De todos sus discos en solitario destacaba siempre Diary of a madman, y donde dijo sentirse feliz al escuchar todo lo que habían concebido antes de registrar aquellas canciones.
Posteriormente Sharon creó el festival Ozzfest llenando América de sonidos heavies y donde el último grupo siempre era el de Ozzy. Con beneficios superiores a cien millones de dólares se puede decir que mientras pudo sostenerlo el cantante británico fue una bicoca, pero le diagnosticaron párkinson y durante un chequeo de éste vieron que padecía un enfisema pulmonar debido a su adicción al tabaquismo. Y el Ozzfest terminó, pero la exposición pública de Ozzy no. La MTV ficho a él y su familia para un programa de telerrealidad donde se veía todo lo que era la rutina de una familia que nada tiene que ver con lo que nos han vendido en la televisión y en el colegio que debe ser. Y vimos a un hombre vulnerable, cansado y enfermo y a su esposa, completamente inyectada de codicia, y a dos de sus hijos, el resto decidieron no salir, donde todo nos obligaba a pensar que aquella ausencia de autocontrol durante su juventud le haría penar el resto de sus días.
Después de la cancelación de la serie Ozzy se reunió con la banda, que no veía desde el Live Aid de 1985, y con las aguas más calmadas tras una última pelea memorable en un hotel que había acabado con el cantante en urgencias inconsciente tras un puñetazo de Toni al intentar separarle de Butler, con quien su relación era ya imposible decidieron tocar juntos y grabar algunos temas. Como ya eran mayores todo fue mucho más relajado y la gira, tranquila y sólo por grandes ciudades de Estados Unidos y Europa fue fantástica y con carteles de todo vendido allá donde tocaron. Pero el enfisema le impidió continuar. Además, el párkinson se aceleró y hubo de dejar de cantar, al menos hasta hace dos semanas, el 5 de julio de 2025, donde anunció un concierto de retirada en su natal Birmingham y acompañado de algunos de los más grandes músicos del rock de más tonelaje.

Diecisiete días más tarde falleció el último gran mito de este género, de los que llevaron hasta las últimas consecuencias la experimentación con drogas para componer y con un problema más que serio para controlarse en todos los campos de su vida.
Se va el mito, pero se queda su voz cavernosa, su tono de tenor desaforado y alguien que nunca negó sus errores para seguir cometiéndolos, acelerarlos o, directamente, exacerbarlos.
Veintidós álbumes de estudio, nueve con Black Sabbath y trece en solitario. Críticas desde ponerle en el cielo hasta bajarle a la Novena Rueda de Dante, pero siempre con su sello, su autenticidad y muchas ganas de que la gente no saliese indiferente después de pinchar uno de sus temas.
Y para despedirle, qué mejor que una de sus mejores frases:
“El éxito no está en la cantidad de dinero que tienes, sino en la felicidad y satisfacción que encuentras en lo que haces.”
Carlos Ibañez
Revista Atticus


