Crítica Soy Nevenka de Icíar Bollaín – Luisjo Cuadrado
Ficha
Título original: Soy Nevenka
Año: 2024
Duración: 110 min.
País: España
Dirección: Icíar Bollaín
Guion: Icíar Bollaín, Isa Campo. Novela: Juan José Millás, Hay algo que no es como me dicen.
Reparto: Nevenka Fernández, Mireia Oriol; Ismael Álvarez, Urko Olazabal; Lucas, Ricardo Gómez; Charo Velasco, Lucía Veiga; Adolfo, Font García; Madre de Nevenka, Mabel Del Pozo; Padre de Nevenka, Pepo Suevos; Mario. Carlos Serrano; Marisina, Mercedes del Castillo.
Música: Xavier Font
Fotografía: Gris Jordana
Compañías: Coproducción España-Italia; Kowalski Films, Feelgood Media, Movistar Plus+, Garbo Produzioni
Género: Drama | Basado en hechos reales. Abusos sexuales. Política
Sinopsis
En el año 2000, Nevenka Fernández, de veinticuatro años, concejala de Hacienda en el Ayuntamiento de Ponferrada, sufre una persecución implacable, tanto sentimental como profesional, por parte del alcalde, un hombre acostumbrado a hacer su voluntad en lo político y en lo personal. Nevenka decide denunciar, aunque sabe que deberá pagar un precio muy alto: su entorno no la apoya, la sociedad de Ponferrada le da la espalda y los medios la someten a un juicio público. Su caso inicia en España el movimiento #metoo mucho antes de que se invente el término. Una historia basada en hechos reales que convierte a su protagonista en una pionera al llevar por primera vez a un político influyente y popular ante los tribunales por acoso sexual y laboral.
Crítica
Rodada durante ocho semanas en localizaciones de Bizkaia y Zamora, Soy Nevenka es el duodécimo largometraje como directora de Icíar Bollaín. La película está protagonizada por Mireia Oriol (El arte de volver, Les de L’hoquei) y Urko Olazabal (Premio Goya al mejor actor de reparto por Maixabel). A su lado Ricardo Gómez (La ruta), Lucía Veiga (Rapa), Font García (Vida Perfecta, En los márgenes), Mabel del Pozo (Los Farad, Cerdita), Pepo Suevos (As bestas), Carlos Serrano (La ley del mar) y Mercedes del Castillo (Instinto).

La directora de Maixabel (tres Premios Goya y la película dramática española más vista en las salas de cine en 2021) se inspira en el caso real de Nevenka Fernández, la concejala de Hacienda del Ayuntamiento de Ponferrada que consiguió, por primera vez en España, una condena a un político por acoso.
¿Eres más machista o eres más racista? Esta maquiavélica pregunta es la que lanza David Broncano en su programa La Revuelta a sus invitados. Una cuestión que traspasa la cuarta pared y se te clava en tu cabeza. Vaya por delante que a veces me pillo siendo una cosa u otra. Con Soy Nevenka el espectador no puede escapar a plantearse la primera cuestión. ¿Cuánto de machista soy?
No me equivoco al decir que esta es una historia que la gran mayoría de la gente conoce por lo menos en parte. Y digo conoce parte de la historia porque muchos nos alimentamos por lo que cuenta la prensa (los medios de comunicación en general, ya que no tenemos oportunidad de ir a las fuentes originales) pero sí que tenemos la posibilidad de contrastar las noticias. Es decir, que, de una manera u otra, tenemos una visión sesgada de los acontecimientos. Ahora, Icíar Bollaín (y anteriormente Netflix ya abordó en una docuserie de tres episodios en el año 2021 sobre ella, e incluso el programa de Ana Pastor que se estrenó el día anterior a su pase comercial) nos relata los sucesos.
Ismael Álvarez venía con un marchamo de mujeriego. Eso lo sabía hasta la propia Nevenka cuando le ofrecieron entrar en el partido (ella era independiente y así siguió, pero no fue obstáculo para que el alcalde la nombrara concejala de Hacienda del Ayuntamiento de Ponferrada). Y aparte de su inclinación sexual por las mujeres, era un manipulador, conseguidor, controlador y un hombre carismático que ejercía un gran poder en su entorno. No es de extrañar que muchos echaran a los caballos a la joven. Ni su entorno familiar («si quieres liarte con viejos vete allí al IMSERSO» -su padre-), ni mucho menos el propio Partido Popular bajo el cual tenía su puesto, ni la propia sociedad civil. Pobre Nevenka. Leo que hasta la propia Asociación para la Defensa de la Mujer Acosada dejó de apoyarla. Los medios de comunicación la sometieron a un juicio sin procedente. También ocurrió algo parecido a la muchacha que violaron los de la manada. Una buscona, pues si quieres nadie te viola, solo tienes que salir corriendo y esas lindezas comunes, por desgracia, para todos los casos de abusos físicos y, no nos olvidemos, psíquicos. Con todo ello, Nevenka consiguió hacer historia. Eso sí, tuvo que pagar un alto precio por ello. Consiguió que por primera vez en España se sentenciara por acoso a un cargo político, marcando un precedente, anticipando el movimiento #MeToo mucho antes de que el término se popularizara. Él siguió negándolo con la misma intensidad que el apoyo que recibió de su partido -ni una sola llamada recibió la agredida Nevenka-. Incluso con la resolución del juicio al alcalde no le faltaron los vítores. En contra tuvo un fiscal abusón, prepotente (al cual le tuvo que llamar la atención el juez -posteriormente fue apartado-. La sociedad se puso mayoritariamente en su contra. Recibió amenazas anónimas. Nevenka Fernández en el momento que denunció se tuvo que marchar de España primero por el acoso mediático y segundo porque simplemente nadie estaba dispuesto a darle trabajo. Terrible.

Soy Nevenka nos relata como la agresión sexual y, sobre todo, como la propia narración del agresor, muchas veces (y en este caso así lo fue) es sostenida por mujeres cómplices. Aquí el caso lo tuvo en su propia compañera que negó lo obvio en el juicio. Me gustaría hacer un inciso porque esto ya se sale de la propia crítica cinematográfica. Pero es que fue y sigue siendo muy llamativo que dos mujeres se pusieran de parte del agresor. Me refiero a Marisina y a Ana Rosa Quintana. La una por omisión y la otra por exceso de celo (por decir algo suave) en su labor. Lo de Marisina hasta es «justificable». Negó cualquier atisbo de acoso o maltrato por parte del alcalde cuando lo había presenciado. No solo estaba en juego su puesto de trabajo sino el de hasta cuatro miembros de su familia que reciben nómina del propio ayuntamiento de Ponferrada (en aquellos momentos). Pero lo de Ana Rosa Quintana es injustificable. No ya porque sea mujer, sino porque desde esa atalaya, ese palacio de cristal, esa plataforma que tiene diaria no dudó en cuestionar a Nevenka. La acusada de plagio (tuvo que retirar su libro Sabor a hiel) se puso sin paliativos, sin hacer un mínimo trabajo de investigación de parte del agresor. A ella sí que se la pueden pedir responsabilidades. Dice la infame que una chica como ella, con estudios superiores, incluso con un master, que se podía haber dado la vuelta y haber salido de la habitación o del acoso (en la propia película alguna dice aquello de «a mí no me acosan porque no me dejo»). Esta gente parece no saber lo que es la dominación, la dependencia, el terror que te produce la voz de esas personas, no hace falta ni que te toquen para que te tiemblen las piernas y quieras desaparecer de allí, pero estás inmovilizada. Sino vean la escena de una de las agresiones que recoge la película. Basta ver esos ojos que se le salen de las cuencas cuando se acerca el ogro, la bestia por detrás de ella, ni tan siquiera la llega a penetrar (porque violación sí que la hay) sino que simplemente se masturba restregándose contra ella. Terrible. Como bien dice Rosa Montero en una de sus últimas columnas «te comen por dentro como las termitas» (Tener la fiesta en paz, El País Semanal, 29 de septiembre de 2024)
Soy Nevenka actúa como un falso documental. Nos presenta unos hechos que van de un tiempo más actual, al tiempo pasado en varias ocasiones. Pero no es un documental. Como bien ha manifestado Icíar Bollaín: mirar al pasado es un ejercicio que sirve, sobre todo, para enfrentarse al presente cara a cara. El relato que surge es demoledor. Es difícil encontrar a alguien que no le toque la fibra en algún momento. Quizás no es como aquella escalofriante película Te doy mis ojos, pero también aquí logra empatizar con el público. También se puede comparar con su más reciente Maixabel, la historia de una mujer víctima de ETA. Pero en esta el diálogo era el protagonista. Aquí es otra cosa.
Hay que entender que la película no solo va sobre Nevenka. La película también nos muestra lo difícil que es desmarcarse del poder cuando este te tiene atrapado (clientelismo). También habla del miedo de salirse del rebaño al darse cuenta de que eso no es lo tuyo. Habla de la dignidad, de la honestidad al ejercer un cargo público. La directora no ha querido que la película se entiende como una crítica a un acontecimiento o a un determinado partido político. Aunque esto último no parecen haberlo entendido quienes han dejado pasar la oportunidad de que la película se hubiera rodado en los marcos naturales de Ponferrada (y no de Zamora).

Y llegamos al punto más fuerte de la película que ha creado Icíar Bollaín. Es, indudablemente, su elenco. Mireia Oriol está presente en casi toda la cinta. Interpreta a una chica guapa, joven, avispada, sin malicia, aparentemente frágil pero que muchos la ven como la trepa, buscona, falsaria, simuladora… la mala. Mireia luce todo un repertorio de gestos para expresar los distintos sentimientos por los que pasa la relación personal con Urko Olazabal. Hay que recordar que primero ambos tuvieron una relación breve pero consentida (me refiero a Nevenka e Ismael). Hasta que ella dijo que eso no era lo que quería. Sostiene un duelo interpretativo con su compañero. Pasa por la ilusión, por el optimismo ante una nueva etapa en su vida al caos, al temor, a la incomprensión, al desconcierto, la confusión, la vergüenza, al creerse que está loca. Un trabajo complejo lleno de matices que le da al personaje una gran profundidad. Urko también hace un gran papel. Creíble, complejo, contradictorio, que a veces, en la intimidad parece un cordero, zalamero, pero que luego en su despacho ejerce de ogro, de tirano, simpático, que va repartiendo bendiciones el día de la procesión. A veces oscuro, siniestro e, irascible. Y las más de las veces, despótico. Hay dos personajes en él. En el primer tramo de la cinta cuando oculta lo bicho que es detrás de unos modales cordiales de buena persona y que incluso se las da de culto al recitar unos versos de Machado. Dulce y romántico. Para dar paso a esa segunda persona que da rienda suelta a su brutalidad. Juntos protagonizan algunas de las escenas más electrizantes.
Es destacable la labor de los departamentos que dan vida a las figuras de Nevenka Fernández e Ismael Álvarez (peluquería y maquillaje). Sobre todo, la caracterización de la actriz que ayuda en dar forma a ese terror, a esa angustia a ese tormento que vivió durante esos días que ofrecen una imagen elocuente del proceso de hundimiento tanto físico como psíquico, con un deterioro tan evidente que da pavor.
No será la mejor película de Bollaín (una cosa de la que se le critica inmisericordemente en las múltiples reseñas que he leído estos días) pero es una película bien construida en la primera parte en la que nos expone los hechos y más fallida a la hora de mostrarnos como funciona esos resortes del terror en la persona acosada y todo lo que envuelve el entorno tanto del maltratador como de la agredida. Está claro que la cineasta ha tomado partido por la protagonista, pero sin caer en la idealización de su figura. Su relato trata de ajustarse a la realidad de unos hechos tal y como sucedieron. El lamento es que Bollaín no entre a cuestionar esos engranajes que permiten la supervivencia. Pero es indudablemente una película valiente y necesaria por la denuncia que representa. Ha cambiado mucho desde entonces la sociedad, pero aún queda mucho camino por hacer para que, por ejemplo, no me sorprenda que a la vuelta de la esquina de mi casa ver que quien maneja la grúa de una obra sea una mujer (casi adolescente y guapa). Todavía tengo muchas trazas de machista en mi organismo.
Os dejo un tráiler:
Luisjo Cuadrado
Revista Atticus

