Crítica película El 47 de Marcel Barrena

Ficha

Título: El 47

Año: 2024.

Duración: 110 min.

País: España.

Dirección: Marcel Barrena.

Idioma original: castellano y catalán (subtitulado).

Guion: Marcel Barrena y Alberto Marini.

Fotografía: Isaac Vila.

Música: Arnau Bataller.

Reparto: Eduard Fernández, Clara Segura, David Verdaguer, Zoe Bonafonte, Salva Reina, Aimar Vega, Carlos Cuevas, Vicente Romero, Óscar de la Fuente, Betsy Túrnez, Borja Espinosa, Carme Sansa, Francesc Ferrer, Lolo Herrero, etc.

Productora: Mediapro Studios, TV3, Telson, RTVE.

Género: cine social, memoria.

Sinopsis

El “47” era el número del autobús urbano de Barcelona que fue “secuestrado” por Manuel Vital, conductor del mismo, para demostrar que el vehículo podía ascender la cuesta del barrio de Torre Baró y prestar un servicio que necesitaban sus vecinos. La demanda de una línea que llegara al barrio había sido desatendida por las autoridades de la ciudad por el problema del acceso. Torre Baró era una barriada del extrarradio barcelonés donde se habían asentado familias de emigrantes en los años cincuenta (s. XX) en chabolas que eran techadas en una sola noche para que no fueran derribadas al día siguiente por la policía. Posteriormente habían levantado viviendas de autoconstrucción, pero en 1978 (año en que se desarrolla la película) no solo seguía faltando una línea de autobús que lo comunicara con el resto de la ciudad, también seguían pendientes su pavimentación o su alcantarillado. Manuel Vital fue el conductor de ese autobús secuestrado, como parte del movimiento vecinal y sindical del barrio y de la ciudad que lo organizaron y le apoyaron.

Crítica

Hay un momento casi épico y muy emotivo cuando Manuel Vital asciende con su autobús la cuesta del barrio de Torre Baró. La cámara (nuestra mirada), ve ese vehículo rojo en la lejanía, subiendo sin pausa la rampa no asfaltada que no se podía subir (según las autoridades municipales) y consiguiendo su objetivo, entre la alegría de los habitantes del barrio que lo estaban esperando. Esa hazaña es algo que sabemos antes de entrar en la sala de cine: lo que nos tienen que contar la película es porqué fue necesario y cómo se llegó a ello. Veamos.

Estamos en el año 1978 (el de la Constitución) y las primeras elecciones municipales democráticas tras la dictadura se habían celebrado un año antes, en 1977. El alcalde de Barcelona se llamaba Narcís Serra, del PSC, que contó con los votos del PSUC, CiU y ERC. Los primeros ayuntamientos democráticos desde la II República empezaban a trabajar, entre otras tareas, en integrar los barrios obreros surgidos sin planificación (que en algunas casos solo eran poblados de chabolas), durante el desarrollismo y el éxodo rural de los años sesenta y setenta (s. XX).

Lo dice Manuel Vital (Eduard Fernández) ante su familia, ante sus vecinos y ante las autoridades: Torre Baró está en Barcelona, es un barrio más de la ciudad, aunque no se le trate como tal, aunque parezca no existir. Sus habitantes trabajan, pagan impuestos, pero no reciben los servicios más elementales: saneamiento, urbanización, escuelas, ambulatorios o transporte público para ir a trabajar o acceder a esa parte de esos servicios que están en el centro de la ciudad.

Rememorar estos acontecimientos de la Transición, dárselos a conocer a las nuevas generaciones, es una tarea pendiente en la que el cine español va entrando lentamente, desenterrando algunos hechos a veces invisibilizados por la versión más oficial de esa etapa, y que están en contradicción con una interpretación que pretenda ser unívoca y beatífica de ese proceso que va de la dictadura a la democracia. Hay nuevos acercamientos sobre luchas o episodios desatendidos hasta el momento en películas como Modelo 77 (2022) de Alberto Rodríguez, o Te estoy amando locamente (2023) de Alejandro Marín, que tratan sobre las reivindicaciones de los presos comunes o la lucha por los derechos de los homosexuales. Películas que rescatan acontecimientos importantes que estaban fuera de una memoria común y compartida.

En esa línea se encuentra El 47 de Marcel Barrena. Nos cuenta un hecho que tiene un héroe, un gran protagonista para los autores de esta película, representado por Manuel Vital, un emigrante extremeño que tuvo que abandonar o huir de Valencia de Alcántara en los años cincuenta (s. XX) para escapar de la miseria, de la falta de oportunidades que dirimamos hoy, pero también de la represión que se vivía en el país y en el campo de forma particular desde el final de la guerra. Manuel Vital y otros emigrados a Barcelona compran unos terrenos en Torre Baró, una zona en el extrarradio de la ciudad, para levantar chabolas en un día y una noche, y ponerle techo, única “garantía” de que la autoridad competente no las derribará al amanecer. Esta situación ha sido plasmada recientemente en el documental Un hombre sin miedo (2024), de Juan Luis del No, sobre el padre Llanos y el poblado del Pozo del Tío Raimundo en Madrid.

Este héroe de la vida cotidiana está interpretado por Eduard Fernández no solo con su saber y experiencia (que es mucha) sino con ese fondo muy íntimo que se lleva dentro cuando se han vivido situaciones semejantes en la vida, cuando es experiencia vital, pues Eduard es hijo de la emigración, como lo es también Clara Segura (Carme Vila). Ambos en varias entrevistas han hablado de la película, y también de sus familias y de la emigración a Cataluña desde otras tierras. Las escenas con mayor fuerza de la cinta son aquellas en las que están los dos actores mano a mano, con los dos personajes (Manuel Vital y Carme Vila) en diálogo y a veces en choque, pues los roles sociales de ambos son diferentes, como diferentes son sus orígenes: él rojo y campesino y ella monja dedicada a ayudar a los emigrantes y que colgaría los hábitos cuando surgió el amor entre ambos. Son lo mejor de la película, lo más conseguido.

En contraste con este dúo de formidables actores, con papeles redondos, el resto de los personajes quedan más diluidos, con algunos vecinos del barrio bien caracterizados, pero aquellos personajes ajenos al barrio (pasajeros del autobús, compañeros de la empresa de trasporte, gestores municipales) apenas tienen consistencia y pueden resultar hasta tópicos. En la película (que no en la realidad), Manuel y Carme tienen un hija, Joana (Zoe Bonafonte), que como personaje tampoco está construido con la intensidad que hubiera merecido (salvo en algunas escenas), y que podrían haber reflejado con más profundidad el choque generacional entre padres e hijos (o hijas), o la forma de integración de la segunda generación de emigrados en la sociedad catalana. Para contextualizar esta cuestión resulta interesante, por ejemplo, ver Los jóvenes del barrio, 1983, documental de Colectivo Vídeo-Nou. (Se encuentra en You Tube).

No desentona, pero tampoco ayuda a la película, la inclusión de imágenes documentales de la época (con un granulado diferente) que parecen imágenes de un reportaje promocional, y no se recoge en cambio la realidad conflictiva de la ciudad en los años comprendidos entre 1975 y 1978. Son decisiones erróneas que desequilibran la película como conjunto. Volver a ver la Barcelona de ese momento en las imágenes de archivo de los telediarios de la época, o en el extraordinario documental Informe general sobre unas cuestiones de interés para una proyección publica (1977) de Pere Portabella, ayudan a valorar la situación de conflicto que se vivía en la ciudad y el papel fundamental del movimiento universitario, político y obrero en esas circunstancias.

Los autores de la película (los guionistas, el propio director) y la producción (Mediapro) han tomado otras dos decisiones discutibles: una es convertir a Manuel Vital (el real) en un héroe casi solitario, cuando el real de verdad formaba parte de un movimiento vecinal estructurado y reivindicativo y fue militante de Comisiones Obreras y del PSUC. Como su hijo (el real), del mismo nombre. Ambos fueron detenidos y juzgados por el TOP (Tribunal de Orden Público, una jurisdicción especial para la represión) por sus actividades sindicales y políticas. ¿Por qué se obvia esto o se oculta, o apenas se ven banderas o pancartas con siglas, o no se citan a partidos o sindicatos por sus nombres? ¿O por qué se “convierte” al hijo de Manuel Vital en hija? Mejor acercamiento a la realidad es comprobar cómo el uso del catalán y del castellano, indistintamente, formaba (y forma) parte del día a día de las personas y de los colectivos reflejados en la película.

(Para conocer la verdadera historia de Manuel Vital, recomiendo el artículo La otra historia de Manuel Vital, el protagonista de la película ‘El 47’”, del periodista Marc Andreu en El País, de 19 de septiembre de 2024).

Que una película de ficción se tome algunas licencias (no es un documental) es posible si hay razones argumentales o narrativas para ello, pero los tiempos de blanquear o dulcificar lo contado deberían estar superados, sobre todo cuando se advierte previamente al espectador con eso de que “lo que va a ver está basado en hechos reales”. No hay justificación para ocultar hechos que no solo son ya Historia (con mayúscula), sino que además siguen siendo todavía memoria viva, memoria de los vivos, de aquello que vivimos un contexto y algunos hechos en nuestras ciudades semejantes a los contados en la película. Hasta un tanto grotesca resulta la narración de los conflictos y las asambleas en la empresa de autobuses sin mentar siglas de sindicatos ni afiliaciones. O que los partidos políticos no existieran en el Ayuntamiento de Barcelona donde nos presentan a un luchador solitario (hecho falso, no lo era, siempre trabajó en común), Manuel Vital, en disputa con una corporación que no le hace caso.

En la parte final de esta historia, una vez realizada la hazaña colectiva (y no solo individual) de conducir el autobús hasta los altos de la barriada de Torre Baró, hay dos escenas aisladas que recuperan el mejor tono de la película: en una Joana (la hija) canta Gallo rojo, gallo negro de Chicho Sánchez Ferlosio; en la otra Manuel Vital cuenta la historia del reloj que le dejó como única herencia su padre y de la carta que este escribió antes de que fuera asesinado por falangistas. En ambas la tensión emocional se eleva. Las dos escenas se funden con ese núcleo extraordinario de la película que gira en torno a Eduard Fernández y a Clara Segura, encarnando a Manuel Vital y a Carme Vila.

Una historia muy grande de lucha por la dignidad protagonizada por un militante del movimiento obrero y vecinal, con dos grandes intérpretes en estado de gracia: suficiente para ver esta película, disfrutar con sus emociones agridulces y debatir sobre lo que hemos visto y sobre lo que pudiéramos haber visto.

Os dejo un tráiler:

Gonzalo Franco Blanco