Crítica película Altas capacidades de Víctor García León

Ficha

Título original: Altas capacidades

Año: 2026

Duración: 101 min.

País: España

Dirección: Víctor García León

Guion: Borja Cobeaga, Víctor García León

Reparto: Marian Álvarez, Israel Elejalde, Juan Diego Botto, Natalia Reyes, Pilar Castro

Música: Camila Rodríguez

Fotografía: Eva Díaz

Compañías: Coproducción España-Uruguay; Buena Pinta Media, Think Studio, Colosé Producciones, Sayaka Producciones, Movistar Plus+, RTVE

Género: Comedia | Colegios & Universidad. Maternidad. Paternidad. Familia

Sinopsis

Alicia y Gonzalo, una pareja de clase media, se encuentran con la oportunidad de matricular a su hijo Fer en un colegio laico de élite. Para los padres supone asomar la cabeza en la clase alta, nuevas amistades, mayores ingresos, ventajas incontables. Dicen hacerlo por su hijo. En esta maravillosa contradicción entre los miedos y los principios morales, las aspiraciones de la pareja se llevarán por delante lo que, hasta entonces, creían incuestionable.

Crítica

Altas capacidades es una comedia llena de mala baba, con unos personajes bien creados y mejor resueltos en la pantalla y que invita a la reflexión.

¿De qué va la película? Parte de un planteamiento bastante sencillo y algo habitual en nuestras vidas. Alicia (Marián Álvarez) y Gonzalo (Israel Elejalde) llevan a su hijo Fer a un colegio público corriente y moliente, de los que pueblan nuestros barrios de nuestra ciudad. Son una familia de clase media. El matrimonio es llamado al colegio por el tutor porque a el niño le ha dado por enseñar sus partes a toda la clase. Mientras en el colegio de la hija de Domingo (Juan Diego Botto), jefe de Gonzalo en el banco donde ambos trabajan, se va a quedar una plaza libre por un suceso, digamos, luctuoso que ha sucedido a las puertas del elitista centro. Alicia y Gonzalo se plantean la posibilidad de cambiar de centro, en medio del curso, a su hijo y, de paso, saltar a la clase alta y acceder a una serie de privilegios inherentes (se presupone) a ese nuevo estatus (frecuentar amistades más adineradas, con una clase social más rica y la posibilidad de poder darle al hijo una vida sino mejor, si rodeada de más lujo). La excusa es que, a su niño, de repente, le han descubierto unas altas capacidades y necesita de una atención especial.

Como se ve no hace falta montarse un gran tinglado para acometer el desarrollo de una película.

Bajo este planteamiento sencillo hay muchas capas en las que muchos de nosotros se pueden ver identificados. Es muy corriente que te asalte la duda a la hora de elegir un centro donde van a estudiar tus hijos. Los que defendemos una sanidad y una educación pública de calidad podemos sentir la tentación de echar un vistazo a lo que hacen en la privada. Los principios morales pueden chocar con secretas ambiciones y el miedo al futuro de los retoños. La incoherencia de elegir un centro privado cuando has estado largando por las redes sociales lo bueno que es nuestro sistema… lleva a la pareja a un enfrentamiento. Y no es para menos. Una de las cuestiones que te planteas a la salida del cine es: ¿qué clase de sociedad estamos haciendo cuando la educación se está convirtiendo en un artículo de lujo?

La película es cine social, es una patética pero realista muestra de nuestra sociedad. Una sociedad que ya casi ha tirado la toalla en la brega por una sanidad gratuita y de calidad para todo el mundo y ahora parece, el capitalismo desaforado, meter mano a la educación en donde los más ricos acceden a las universidades situadas en el mejor puesto del ranking. Así tenemos a los colegios como centros segregacionistas en función de la lista de Forbes. Así que, casi también podemos ver en Altas capacidades un cine de terror pues se asoma por la pantalla un país en el que los méritos parecen contar cada vez menos y aquello del ascensor social parece muy lejano. Cruda realidad que han sabido plasmar muy bien la dupla de Víctor García León y Borja Cobeaga.

Entre lo que parece un jijiji y un jajaja al final se esconde los problemas típicos de una pareja de mediana edad que duda entre tener otro hijo o gastarse sus ahorros (y los que no tiene) en la educación privada; o esa crisis de madurez (¿estamos bien, nosotros estamos bien?) que deja un poso de melancolía y que casi convierte la película en una comedia negra.

Altas capacidades nos remite a un cine social de Berlanga o Marco Ferreri y/o los guiones de Rafael Azcona. Un ejemplo claro es El pisito (1958, Marco Ferreri) en donde una joven pareja necesita un piso inalcanzable por los precios y están a la espera de una anciana que está a punto de morir. Como se ve tienen en común ambas propuestas en diseccionar las miserias y aspiraciones de la clase media, así como la utilización del humor negro para mostrar cómo la necesidad de aparentar o asegurar un estatus corrompe los principios morales de los personajes.

Juan Diego Botto (qué lejos queda aquella maravilla de Historias del Kronen, Montxo Armendáriz, 1995) se muestra soberbio en su papel de malote, de hipócrita, de aquel que se cree que por tener dinero puede mirar por encima del hombro. Despreciable y mezquino. Lo borda. La pareja Mirian Álvarez e Israel Elejalde (Alicia y Gonzalo) se desenvuelven muy bien en su papel de un matrimonio, triste y gris, que se creen con derecho a utilizar a su hijo para alcanzar la riqueza, en su ascenso social. Y, al final, resulta que son ellos los pagafantas. Maravillosa la escena en el baño de las niñas que puede resumir muy bien la hipocresía de los personajes. Real y divertida. O como lo es cuando acuden a la casa de Domingo invitados a la fiesta por el cumpleaños de su hija y Domingo les espeta: «ah, pero al final habéis venido».

Víctor García León es director y también guionista. Es hijo del director de cine José Luis García Sánchez y de la cantante Rosa León. Tuvo su reconocimiento con su segundo largometraje Vete de mí (2006) con guion coescrito con Jonás Trueba y con el que obtuvo los premios Goya al mejor actor y al mejor actor secundario. En 2017 dirigió Selfie con el que obtuvo algún que otro galardón. Y en 2020 adaptó la novela de Rafael Azcona, Los europeos, con Juan Diego Botto y Raúl Arévalo como protagonistas. Borja Cobeaga es cocreador de películas tan significativas como Ocho apellidos vascos (2014) y director de películas como Pagafantas (2009) y Fe de etarras (2017). Director y guionista hacen de Altas capacidades un retrato osado, inteligente, brillante, por momentos divertidos, pero amargo de nuestra sociedad. Una sociedad donde el ascensor social parece que se ha quedado encajado con las puertas cerradas.

Hay que estar atentos al final, pues a veces las historias suceden en un segundo plano. Una película donde a buen seguro nos reconoceremos en algún patrón y eso… produce cierta incomodidad porque tiene más de realidad que de ficción. Te hace reír, pero también te reconcome un poco por dentro. No se la pierdan.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus