69 SEMINCI – Crítica película Harvest (La cosecha) de Athina Rachel Tsangari
Ficha
Título original: Harvest
Año: 2024
Duración: 133 min.
País: Reino Unido
Dirección: Athina Rachel Tsangari
Guion: Joslyn Barnes, Athina Rachel Tsangari. Libro: Jim Crace
Reparto: Caleb Landry Jones, Harry Melling, Rosy McEwen, Arinzé Kene, Thalissa Teixeira, Frank Dillane, Grace Jabbari, Stephen McMillan
Música: Nicolas Becker, Ian Hassett, Caleb Landry Jones, Lexx Fusco
Fotografía: Sean Price Williams
Compañías: Coproducción Reino Unido-Alemania-Grecia-Francia-Estados Unidos; Sixteen Films, The Match Factory, Haos Films, Louverture Films, Why Not Productions, arte France Cinéma, Greek Film Centre
Género: Drama | Vida rural
Sinopsis
Adaptación de la novela de Jim Crace, Cosecha. Narra la historia de una comunidad rural aislada, de nombre y lugar indeterminados. Las vidas de sus habitantes empiezan a cambiar con la llegada inesperada de tres personajes extraños: un cartógrafo, un inmigrante y un banquero.

Crítica
¿Qué decir de esta historia situada en la Edad Moderna que, a ratos, parece puramente medieval y que nos cuenta, una vez más, que los terratenientes hacen y deshacen lo que les da la gana sobre sus súbditos, bien por maldad, bien por torpeza?
Narrada en planos muy largos, a veces excesivos, con interpretaciones desiguales, desde la economía gestual hasta el histrionismo sin ser necesarios ninguno de estos excesos, y un tremendo error de vestuario que nos hace pensar en cuadros de Millet o en Rob Roy, sin centrarse en ningún momento.
Aparecen todos los clichés del cine rodado en Escocia excepto el whisky. Brujas, cepos, de nuevo la ecuación de Averroes, creo que alguien debería buscar en Córdoba a los herederos del filósofo español y pagarle por los derechos de autor.
Muy bien elegidas las texturas y los planos nocturnos, con un rodaje aprovechando la luz natural con una cámara ad hoc y sin perder la focalización de las escenas en ningún momento, cosa que es de agradecer en tan tediosa narración.

Todo es bastante previsible y como diría Neil Simon: “si ya lo has visto innova y si no sabes innovar no lo hagas”. El ritmo exasperante de esa comunidad aislada que, por no tener no tiene ni nombre, hasta Brigadoom, también aislada, ésta en el tiempo, poseía su denominación, termina por obligarnos a pensar que en ochenta minutos estaba resuelto y, así, no hubiéramos tenido que ver casi cincuenta minutos más de metraje y una terrible cantidad de errores de montaje, que parecía hecho por alguien puesto allí por el ayuntamiento y no por un profesional de la edición.
Qué pérdida de tiempo más grande.
Carlos Ibañez

