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Spanish Portrait

Spanish Portrait por Chano Calvo

La actividad artística y pictórica actual, por ser puramente recreativa, no puede alcanzar la perfección técnica de todos aquellos retratos —flamencos, renacentistas italianos, barrocos españoles, románticos ingleses, rococós franceses— previos a la llegada de la fotografía. Gran parte eran obras o retratos bajo demanda, donde a veces debía aparecer “el donante”, o el que hiciera el encargo, con sus mejores galas, terciopelos, rasos y bordados en oro, armaduras y demás pasamanería imposible.

Hoy se entiende la pintura o las artes plásticas, como “hijas de la genialidad”, pero entonces no era así. El hecho de no ser una actividad puramente recreativa entonces, y el hecho de que se tratara del encargo de algún prócer, exigía un esfuerzo ímprobo por parte del pintor, más allá de su celo personal gratuito. El objetivo era dotar de la mayor perfección técnica posible el retrato y todas las telas, los muebles y el atrezo necesario. Por poner un ejemplo, ¿quién podría emular hoy a Federico de Madrazo en este aspecto?

Encontrar tales logros en un artista actual es exótico, que pinta “lo que le sale”, en ambos sentidos: lo que le sale de dentro sin un modelo presente, y lo que le sale bien o mal. EL concepto del tiempo también jugaba a favor de los artistas anteriores, que eran capaces de entretenerse concentrados en un detalle de 4 centímetros cuadrados un día entero, algo que por ejemplo se puede apreciar en algunos rincones de la obra de Van der Weyden. Antes, el retrato, en cuanto a superficie cubierta, consistía en un 1% de semblante, y un 99% de prolija escenificación. Ahora es a la inversa. Esto explicaría porqué en el arte actual abunda tanto la cara grande y poco más alrededor.

No sólo la fotografía hizo perezosos y veleidosos a los artistas; también el advenimiento de la revolución rusa y la llegada del comunismo. No hay más que verlo en el gran cambio que la pintura rusa experimentó en ese momento rupturista, pasando de ser excelente, a insolente. Lo comprobé de golpe en la transición de una sala a la siguiente en la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo de Málaga, otras consideraciones aparte.

Resulta fascinante que gracias a esos esmerados retratos históricos, nos podemos fi gurar, no sólo el aspecto físico de aquel rey o personaje determinado, del que sabemos su comportamiento por la historia conocida, sino también sus fortalezas y debilidades, su personalidad y las costumbres de su época. A esto se añade todo lo que habla de la destreza o el estilo particular del pintor en cuestión.

“Ah, ¿ésta era su cara?” – Nos decimos frente al retrato que contemplamos en ese momento , sorprendidos porque quizás ya sabemos que en realidad este personaje fue un gran merluzo, a pesar del ornato que le engalana.

Todo esto fue lo que me movió a iniciar una serie de personajes relevantes de la historia española que llamo “Spanish portrait”. Con esa, quiero recrear esos rostros con la inclemencia que permite la caducidad de los hechos, sin olvidarme del objetivo primigenio recreativo del artista, sintiéndome libre de encargos y mercados, y sobre todo con un gran afán de juego y diversión. Esta actitud me lleva a despojar del respeto obligatorio que concede la pátina de la historia a todos estos personajes, de la misma manera que les perdemos el respeto con más facilidad a nuestros contemporáneos. A todos ellos los trato desde una inevitable óptica muy personal, a veces respetuosa, a veces ridícula, a veces tierna; con un exacerbado interés por la expresión, por la mirada, sí, por esos dos agujeros líquidos que conectan con el cerebro. Fernando VII y Carlos IV fueron fuente de inspiración inicial de Spanish Portrait; también Felipe IV. Cargados de todas esas virtudes y atributos con los que los sujetos se hicieron conocer. A veces resalta su incapacidad preñada de buenas intenciones, otras una gran destreza política, un gran conocimiento de las debilidades humanas o una buena capacidad de manipulación de voluntades. En muchas ocasiones, torpeza, soberbia, pusilanimidad, decadencia. Carlos II era una gran tentación en ese sentido. Tanto, que mereció una serie con variaciones para él solito. Otros personajes gozan de un tratamiento más simpático y benévolo, y a la hora de su realización he hallado nuevas características que me los han hecho más agradables u odiosos. El aspecto de estas caras, aunque informal, no deja de ser serio, porque es la indagación acerca de la condición de cada uno. No es un personaje de un cómic, no es de un cuento infantil, ni es caricatura. Pero algo tiene de todo ello, algo que nos comunica desde una visión más fresca con el pasado. Es Spanish Portrait.

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