Crítica película La luz de Fernando Franco – Luisjo Cuadrado
Ficha
Título original: La luz
Año: 2026
Duración: 118 min.
País: España
Dirección: Fernando Franco
Guion: Fernando Franco
Reparto: Alberto San Juan, Pedro Casablanc, Miguel Rellán, María Galiana, Luis Callejo, Ramón Barea, Itziar Aizpuru
Música: Maite Arroitajauregi
Fotografía: Santiago Racaj
Compañías: Morena Films, Ferdydurke, RTVE
Género: Drama | Abusos sexuales. Religión. Clero
Sinopsis
Manuel, un sacerdote muy apreciado en su parroquia, está a punto de colgar los hábitos y empezar una nueva vida. Sin embargo, cuando su pasado amenaza con salir a la luz, se verá obligado a afrontar el peso de sus propias acciones. Comienza, así, un viaje sin retorno en el que desafiará abiertamente a la institución que lo protegió.
Crítica
Me mantengo firme en que cuanto menos se sepa de una película a la hora de entrar al cine, mucho mejor. De hecho, en la Universidad de Valladolid en los ciclos que programa la Cátedra de Cine hay proyecciones «a ciegas». Es decir, tu vas a ver una película de la que no sabes nada. Sigo pensando que es la mejor forma de acercarse a una obra.
En La luz, yo no sabía nada del cura Manuel (Alberto San Juan) ni cuales eran sus cuitas. Fui descubriendo su tormento mientras avanzaba la película. No tenía ningún dato que me llevara a un prejuicio.
Vaya por delante que La luz no es una película preciosista (ni lo pretende) realizada con muy poquitos medios y que tiene una puesta de escena sencilla para que nos centremos en lo que su director pretende, entre otras cuestiones, la importancia del peso de la responsabilidad y la culpa. Un alegato que aborda la imposibilidad de la absolución y el dolor que supone asumir las consecuencias de los actos en un pasado, sin buscar coartadas morales o religiosas. Lo mejor de la cinta, a parte del trabajo de San Juan, es que el director, Fernando Franco, aborda la culpa de manera fría e incómoda par que seamos nosotros, los espectadores, los que nos posicionemos, juzguemos los hechos y la actitud que tiene su protagonista ante la posibilidad de desvelar los desmanes cometidos en el pasado en relación a su cargo: sacerdote.
Hace poco hemos visto Michael y la cinta se quedó en esa primera parte sin mostrar, para nada, los abusos que el genio cometió con menores. ¿Debemos separar la persona corriente del artista? ¿Dónde se encuentra la división entre la persona que vive para la música y el artista Michael Jakson? ¿Hay distinción posible? ¿Existe el perdón? O ¿podemos mirar para otro lado y comprar su disco, la entrada para el concierto o disfrutar de su música en nuestra casa?
En La Luz nos encontraremos con estas cuestiones desde otro punto de vista.
La interpretación de Alberto San Juan es sublime. Se acaba los adjetivos para calificar su actuación. Desde hace unos años nos viene brindando unas actuaciones excepciones y su presencia se convierte en una candidatura a algún de los premios cinematográficos que a lo largo del año se postula. Sus gestos son para el estudio. Frío, calculador, distante, odioso, pero a la vez empático, educadísimo, amoroso. Una actuación que pasa de la vergüenza al miedo, del dolor a la confusión. Todo cabe en esos gestos muy muy comedidos. Sin alharacas. Magnífico.
Da vida a un protagonista muy difícil, hipereducado, calculador y lo suficientemente ancho para que le entren un rango amplio de juicios por parte del espectador: la condena, la empatía, la vergüenza y el miedo. Todo eso te cabe en la interpretación de sus gestos.
Aunque La luz, es Alberto San Juan, no podemos olvidarnos del elenco de actores que le rodean: Pedro Casablanc, Miguel Rellán, María Galiana y Luis Callejo completan este repóquer constituyendo un reparto soberbio. Apariciones cortas, pero estelares dando vida a personajes de carne y hueso, no solo bien apuntalados en el guion.
Fernando Franco nos ofrece una propuesta que aborda la gestión de los casos de abusos sexuales dentro del seno de la iglesia católica. Un tema lleno de actualidad y tan protagonista en nuestros días con la visita del papa a España. Pero, que lamentablemente sigue siendo motivo de discordia y de desencuentro con los fieles y, sobre todo, no hay que olvidarlo, con los damnificados, muchos de ellos sin haber obtenido un mínimo reconocimiento, y por lo tanto, obtenido una disculpa, un perdónanos. Esta es su quinta película tras la interesante Subsuelo que pudimos ver, hace un año, en la SEMINCI
Se sigue intentando tapar el asunto con la opacidad, con el ocultamiento, con la negación, con el secreto, con la falta de información, con el traslado de los sacerdotes implicados. Y así un largo etcétera.
En esta ocasión, a diferencia de otras propuestas, no se pone tanto en acento en la denuncia como en los mecanismos que la estructura eclesial tiene a su disposición. Y, en ese sacerdote que tiene un pasado imborrable, que es un hombre que se siente incómodo y que parece vivir en un estado de alerta, de tensión emocional y sufrimiento.
No es necesario hablar más de la película aquí. Es una película llena de matices (como por ejemplo su final) y que a buen seguro incitaría a muchas reflexiones en un coloquio abierto al final del visionado de la misma. Vayan al cine.
Os dejo un tráiler:
Luisjo Cuadrado
Revista Atticus

