Entrevista – 25 cuestiones para acercarnos a Enrique Alonso

Nació en los años sesenta en Madrid, en una España en blanco y negro; en un barrio que era el conjunto de trabajadores con los que convivía… Antes de descubrir que aquello era algo épico y un lugar mágico. Y por mucho que le demostraran que es el único lugar del mundo en el que se puede gozar de libertad, le seguía pareciendo la misma fiesta aburrida (una mayoría que gritaba lo bien que se lo pasaba para no pasar por desafecto al régimen) que era durante la restauración del general Franco.
Afortunadamente, al ser hijo y nieto de derrotados, viajó y se empapó de las “mentiras” del exterior desde muy pequeño. Y, dando bandazos de acá para allá, llegó a conocer los epígonos de la “Movida madrileña”, otra fiesta triste que fue desbaratada con esa droga que aparecía en cuanto te movieses. Y siguió viajando y trabajando, esencialmente en el mundo de la comunicación ―que ya le hubiese gustado que hubiese sido información… Algo harto complicado en el paraíso constitucionalista que había sustituido al nacional-católico― viajar supone interminables horas en transportes de todo tipo; un tiempo precioso para leer. Y leyendo descubrió que los que juraban estar dispuestos a morir por una idea no habían leído los libros que se supone sustentan su ideología, lo que le apartó de cualquier organización medianamente organizada… Y un profundo respeto hacia los que sí sabían porque defendían algo, sea la idea que sea.
Más trabajo, alguna incursión en la enseñanza y más viajes a lugares donde las ideas se convertían en hechos. Y la muerte dejó de ser una abstracción o algo estético que reflejaba con su cámara para concretarse. Una muerte clínica de la que fue reanimado ―¡Viva la Seguridad Social y todos los que pagan impuesto para mantenerla, gritaba desaforadamente!― le limitó físicamente e impidió que siguiese inmerso en la realidad que mancha.
Más enseñanza, una experiencia maravillosa como librero de viejo y la calma necesaria para tener un par de hijas y, cuidándolas, empezar a volcar en el papel las conclusiones a las que había llegado como lector. Y en esas está actualmente sumergido, contando lo que ha aprendido tras décadas de lecturas y conocimiento de personas y lugares fascinantes.
¿Qué libro o libros estás leyendo en este momento?
Por trabajo, novelas breves de los años veinte y ensayos filosóficos (esencialmente Hannah Arendt y Michel Foucault) y por placer novela negra o similares; en este momento “Cuadrante las planas” de Willy Uribe. Y siempre, como lectura de noche, un álbum de cómic europeo.
¿Un libro que no has podido con él?
La Biblia; le falta coherencia y continuidad. Y cualquier libro sagrado ―los pocos que he ojeado―, por el mismo motivo. Siempre he preferido la acción frente a la idea, la literatura revelada no me dice nada.
¿Tu libro preferido?
No hay uno; la filosofía materialista se basa en el symploké, en la conexión de diferentes formas e ideas para poder estructurar la vida; frente a esa verdad, que está más allá del ser humano, del pensamiento mágico.
¿Tu escritor de cabecera?
Sería incapaz de destacar a uno sobre los demás, sí llegué a un autor fue gracias a otro, sin el que sería incomprensible; el symploké.
¿Qué libro te convirtió en lector?
Mas que un libro, un ambiente y una persona; mi abuelo. Su imponente figura en la biblioteca familiar, presentándome los libros como algo intrínseco.
¿Qué anécdota o suceso te define?
La muerte. El hecho de haber sido reanimado después de una muerte clínica, me cambió radicalmente la vida.
¿Acontecimiento histórico más importante en la Historia?
Cuando Alejandro deshizo el nudo de Gordio; por primera vez ―en la historia registrada― el ser humano tomaba una decisión sin intervención de una divinidad.
¿Un personaje histórico destacable?
Cualquier persona anónima que haya dicho “No” a la arbitrariedad de la metafísica y haya reclamado justicia social (cualquiera de los que siguen a Marianne en La Libertad guiando al pueblo de Eugène Delacroix durante la Trois Glorieuses de 1830).
¿Cuál es la película a la que vuelves de vez en cuando?
A Portrait of Jennie de Wilhelm Dieterle (1949); la magia de traspasar el tiempo cada vez que suena “Prelude a l’apres-midi d’un faune” de Debussy sigue sobrecogiéndome. Los racionalistas no negamos el mundo mágico, únicamente lo situamos en su lugar específico, dentro de la amplísima gama de las emociones
¿Una recomendación para alguien descreído del cine y que piensa que esto es una creación para gente que vive de las ayudas?
Por experiencia, con un pobre infeliz que posa de escéptico, no merece la pena gastar argumentos. Son personas que únicamente miran en su interior e ignoran lo que pasa alrededor. Alguien que considera que cualquier “opinión”, agrede su “Verdad” y que, ante un razonamiento, exija un silencio espiritual ―que son los que van despreciando cualquier creación artística―, no merece que le dedique un segundo de mi tiempo.
Van a desaparecer las salas cinematográficas dentro de seis meses ¿Qué es lo primero que harías al enterarte de la noticia?
Irme a leer un buen libro. Cada vez que la realidad se empeña en superarse en su estupidez la literatura es un gran refugio.
¿Cuál es tu director favorito?
Al igual que en la literatura, es un symploké; para mi es inconcebible desgajar una película del conjunto del lenguaje cinematográfico. Me he pasado la vida huyendo de las monolatrías, de aquellos que reducían su vida a “Uno”.
¿Cuá es tu película preferida?
La misma lógica de la respuesta anterior. La película que me ha gustado hoy ¿la hubiese entendido sin el montaje Griffith para The Birth of a Nation en 1915 o los descubrimientos estéticos de Eisenstein en El acorazado Potemkin en 1925? Y a partir de ahí suma y sigue; mi comprensión de una película es deudora de lo que he visto… Es decir, de todas ellas.
¿Algún director maldito?
Por principios, no. Cualquier acción cultural me parece respetable, incluso aquellas en las que se ve exclusivamente una finalidad groseramente comercial… No olvidemos que el cine nació como un entretenimiento de masas.
¿Alguna película sobrevalorada?
En general cualquiera en la que el discurso intelectual haya superado a lo rodado. No es tanto que la película sea mala como la interpretación del intelectual ―Casablanca de Michael Curtiz, me encanta como película, pero puedo prescindir de todos los sesudos análisis sobre ella―; la acción, como tal, siempre es respetable, o, al menos, inteligible; lo que suele estar sobrevalorado es la idea que transmite el que nunca ha hecho nada.
¿Qué está sobrevalorado en esta sociedad y, sobre todo, en el mundo de la cultura?
La pose intelectual. Cualquier acción que se refleje en una propuesta creativa, me parece respetable; aunque el resultado final no lo comparta. El problema es que en el mundo de la cultura hay más “Idea” que acción; más intelectuales que concreciones culturales.
¿Un viaje por realizar?
Grecia.
¿Un sueño por cumplir?
Por coherencia, no. No hay una “idea” ante la que he fracasado; mi acción diaria me lleva a conclusiones en constante evolución. El pensamiento contingente frente a esa “Verdad” incognoscible e inalcanzable del pensamiento mágico; encuentro satisfacciones diarias en lo que hago e intento llevar cabo la mayoría de mis ocurrencias. No suelo pensar en lo que no estoy dispuesto a hacer.
¿Un paseo por la playa o un ascenso hasta un refugio de montaña?
Según el momento. Cualquier momento de contacto con la naturaleza me parece único. Los mejores momentos de mi vida están vinculados a la selva amazónica.
¿Qué canción no te cansas de escuchar?
La misma postura filosófica que ante la literatura y el cine. No hay una. Para mí es inconcebible entender el rock sin el jazz y este como una evolución de la música clásica ―ya lo intuimos en los seis últimos cuartetos de cuerda de Beethoven ―; según el día, y el momento anímico, tengo tres siglos de historia para elegir.
¿Un cantante o grupo musical?
En principio, me resulta imposible reducir a “Uno” cualquier faceta de mi vida
¿Qué trabajo te hubiera gustado ejercer?
“Consejero de Estado”, un pastizal sin tener ninguna responsabilidad, ni obligación de hacer nada. Una garantía económica y todo el tiempo del mundo para dedicarme a la investigación literaria.
¿Cuál es la obra de arte de la que dirías vaya genio, vaya pedazo de obra, como se ha hecho eso?
Según la etapa de la vida y el momento anímico. Tengo recuerdo de sensaciones brutales ante Perro semihundido de Goya; Jacqueline accroupie de Picasso; Púgil en reposo la escultura de bronce, cuando estaba en el museo de las Termas, en Roma; las salas donde se exponían la obra de gran formato en una retrospectiva sobre Miró, en el museo Reina Sofía… Y si lo pienso fríamente, hacía tanto la obra como la compañía
¿El Greco, Picasso o Goya?
Todos, sería incapaz de comprender a ninguno de ellos sin conocer lo que hicieron los otros. Aprendí a leer el arte en cada una de las obras que he visto, como en la literatura y el cine.
Y, por último, puestos a elegir, la pregunta más seria de todas: ¿eres de el Gran Wyoming o de Pablo Motos?
Gran Wyoming y por lo general de todo el humor inteligente y hecho con respeto. No soporto a los que se ríen de los demás.
Revista Atticus
