Crítica película Hard Truths (Mi única familia) de Mike Leigh
Ficha
Título original: Hard Truths.
Año: 2024.
Duración: 97 min.
País: Gran Bretaña.
Dirección: Mike Leigh.
Idioma original: inglés.
Guion: Mike Leigh.
Música: Gary Yershon.
Fotografía: Dick Pope.
Reparto: Marianne Jean-Baptiste, Michael Austin, David Webber, Ani Nelson, Sophia Brown, Tuwaine Barrett, Felicita Ramundo, Elliot Edusah, etc.
Productora: coproducción Gran Bretaña/España. Creativity Media, Film Four, The MediaPro Studio, Thin Man Films.
Género: drama, relaciones familiares, minorías étnicas.
Premios y nominaciones: participó en la sección oficial de los festivales de San Sebastián y de Toronto 2024. En la SEMINCI 2024 estuvo incluido en la sección Constelaciones.
Sinopsis
Pansy (Marianne Jean-Baptiste) es una mujer negra, de clase media baja, que reside en un adosado con su marido y su hijo en algún lugar de Inglaterra. Una familia integrada que vive, como otras de su entorno, las vicisitudes y problemas del momento actual. Pero Pensy vive, además, atormentada, amargada, algo que vuelca con acritud sobre su familia en un sentido amplio. Pero también contra las personas con las que tiene que tratar a diario, ocasionando momentos de comicidad involuntaria por los extremos ridículos a los que puede llegar en sus diatribas.
Crítica
Desde Secretos y mentiras (1996), (Palma de Oro en Cannes 1996) sigo la carrera de Mike Leigh, del que me interesa, me gusta, su mirada sobre las causas del comportamientos de sus personajes, sobre ese “cómo hemos a llegado a ser cómo somos”, o sobre la búsqueda de los orígenes de nuestra identidad biológica y psicológica como en la película antes citada.
En Hard Truths (verdades como puños, podríamos traducir libremente), el título original, conocemos a Pansy (Marianne Jean-Baptiste), esa mujer adulta, amargada, intratable, que a la vez maltrata a todos los que la rodean, empezando por su familia y siguiendo por las personas con las que tiene que tratar en la convivencia social, sea una vendedora de sofás o una dentista. El marido y su hijo son las principales víctimas: ambos han optado por el silencio, por no entrar al trapo, ocasionado (suponemos) por una lucha agotadora que han dado por perdida. El hijo, obeso y falto de iniciativa, pasea por la ciudad como forma de distracción y de huida. No actúan así su hermana, ni sus sobrinas, que se empeñan en entenderla, en darle réplica, o en acompañarla: algo que, en muchas situaciones, es lo única posible, pero manteniendo siempre una distancia de seguridad. Son el contraste respecto a su conducta psicopatológica, a su herida tan profunda convertida en resentimiento, en un aborrecimiento a todo lo que le rodea, incluyendo a su propia familia. La pregunta que plante la película es cómo Pansy se ha convertido en Pansy, cuando su hermana, con una vida y una trayectoria semejante, es una persona diametralmente opuesta.
Mike Leigh ha escrito el guion, con la precisión y agudeza que le caracteriza, para una producción de bajo presupuesto, centrada en pocos personajes y sus vicisitudes, con una puesta en escena sencilla y eficaz. Como en otras ocasiones recurre a contarnos historias de antiguos inmigrantes, ya asentados e integrados en Gran Bretaña, con sus trabajos y sus casas adosadas como cualquier inglés de siempre. Pansy, interpretada magistralmente por Marianne Jean-Baptiste, da todo un recital interpretativo: la película, en este aspecto, está pensada para ella. Es la figura sobre la que pivota toda la cinta.
Recorre la película a un humor involuntario, pues los golpes cómicos provienen del absurdo, de cómo el complejo de inferioridad (disimulado como superioridad moral), los tópicos, y una actitud llena de irritación, generan sonrisas en el espectador, que no en los interlocutores, al replicar Pansy, de forma desabrida, a su dentista, a una vendedora de sofás, o al someter a un marcaje castrante a su marido y a su hijo: figuras resignadas o rendidas ante su actitud implacable. La actitud de Pensy tiene sus causas y entenderemos algunas de ellas por las conversaciones que mantiene, a regañadientes, con su hermana y algunas de sus sobrinas. La responsabilidad asumida desde corta edad en el cuidado de sus hermanos, las frustraciones, sus miedos irracionales, sus migrañas, pueden explicar pero no justificar que cargue o eche las culpas a los que la rodean. Las sonrisas que nos provocan en ocasiones sus diatribas no dejan de ser una unas sonrisas amargas, apagadas.
Mike Leihg ha escrito el guion para una obra casi de cámara, con pocos actores, pocos escenarios (las casas, principalmente), sobre antiguos inmigrantes negros que casi solo se relacionan entre ellos, en mundos cerrados a pesar de que su estatus social es ese cajón de sastre denominado clase media, antigua clase obrera que ya no se reconoce como tal. La puesta en escena es, por tanto, sobria, atenta a la claridad de la narración, muy cuidadosa con que lo que vemos, un adosado, un piso, sean eso, no un decorado. Un retrato cortante, lúcido, que se ve de principio a fin sin distracción posible, concentrados en la figura y la verborrea de Pansy, de esa actriz de carácter que es Marianne Jean-Baptiste. Una película que se inicia in media res y que no tiene ni un final trágico ni uno feliz: la vida sigue, simplemente.

He escrito guion (y lo hay) pero Mike Leigh suele preparar sus película sin un guion previo, sin un reparto cerrado, y sin atenerse a directrices de producción como pudiera ser incluir a una estrella. Cine independiente, muy del lugar (Gran Bretaña) y a la vez universal porque lo que cuenta es entendible se viva donde de viva. De igual forma sus actrices y actores hacen interpretaciones que el director denomina “reales”, alejadas de cualquier tipo de interpretación de escuela.
La película fue rechazada por Cannes y Venecia (donde ganó el León de Oro en 2004 por El secreto de Vera Drake), lo que habla del despiste o de los intereses espurios o políticos de estos festivales, o de lo que Mike Leigh llama, con razón, pijismo cultural o búsqueda de un glamur que la película no tiene. También por un posible temor a que gente “biempensante” temiera que fuera acusada de racista porque un director blanco retrate a unos negros. En los festivales de Toronto y San Sebastián el público, en cambio, apreció la película y se rio. Como ocurrió en su proyección en la nueva sección de la SEMICI 2024 denominada Constelaciones. Como su titulo da a entender, es una sección que recoge lo mejor que ha pasado por otros festivales o que se ha producido en el último año y que no han podido participar en la Sección oficial.

Mike Leigh tiene ochenta y dos años y una discapacidad, pero, como él dice: “sigo interesado en la vida de las personas. En serio, aún no me he cansado del ser humano”. “Mantengo el hambre de rodar… y mi sentido del humor”.
Pasen, vean y rían. Seguro que ríen.
Os dejo un tráiler:
Gonzalo Franco Blanco
Revista Atticus

