69 SEMINCI – Crítica película Fin de fiesta de Elena Manrique – Carlos Ibañez
Ficha
Título original: Fin de fiesta
Año: 2024
Duración: 103 min.
País: España
Dirección: Elena Manrique
Guion: Elena Manrique
Reparto: Sonia Barba, Beatriz Arjona, Edith Martínez-Val
Fotografía: Joachim Philippe
Compañías: Coproducción España-Bélgica; La Claqueta PC, Perdición Films, La Cruda Realidad, Think Studio, Menuetto Films
Género: Comedia | Inmigración
Sinopsis
Un emigrante africano se esconde en el cobertizo de una casa señorial andaluza. Desde ahí contempla la vida cotidiana y la dinámica entre la señora de la casa y su joven asistenta. Un día es descubierto por la señora, y un tiempo después por la criada, pero ambas se lo ocultan a la otra, hasta que un imprevisto destapa el secreto.

Crítica
Magnífico guion sobre el drama de la inmigración africana en España vestido de comedia ligera con tres mujeres, magníficas actrices, como protagonistas, donde la realidad nacional se juega en una casa, el cuarto gran personaje, tanto entre sus muros como en el interior del jardín. Una mujer rica, repleta de toda la ociosidad del mundo y su consecuencia natural, los vicios, que también tiene todos; su criada, cuya familia siempre ha servido a la de su señora, y la migrante que llega por casualidad tras esconderse en el coche del jardinero, que se encontraba en un pinar cercano a la playa donde ella ha desembarcado huyendo de la falta de oportunidades, las tiranías y la escasez de recursos que los tiranos, siempre arrodillados ante China y Rusia, como antes lo estuvieron ante la reina de Inglaterra, esa que enterramos como si fuese alguien que merecía la canonización, y la República Francesa y todos los desmanes que cometió durante y después del colonialismo de los siglos XIX y XX, aunque esto se les pasa contárnoslo a los, cada día más penosos, noticieros españoles.
Pero vayamos al cine. Tal y como se inicia esta reseña el guion (literario) no deja puntada sin hilo, a excepción de las costumbres del África negra, que no las conoce y comete errores de bulto para cualquiera que conozca la zona más allá de jugar a ir disfrazado del Coronel Tapiocca, mientras que el técnico deja mucho que desear y adolece de unidad al anteponer, a veces, la estética, a la historia, distanciando al espectador de ésta, cosa errónea lo mires por donde lo mires.
Las tres protagonistas nos conceden el privilegio de recordar gentes como ellas: una vaga con mucho dinero, una trabajadora que soporta todas las necedades pueriles y grotescas de su empleadora y la subsahariana que debe luchar a cada momento por ser ella y no convertirse en un juguete de nadie, y aquí hay que incluir las circunstancias. Ella juzga en todo momento sin decir ni una sola palabra a estos españoles oscuros y con buen fondo, pero absolutos desconocedores de la realidad al otro lado del estrecho salvo generalizaciones y absurdos que imbéciles con rango de diputado sueltan a quien los desee escuchar fabricando odios y dando la razón, mal que les pese, a Averroes y su famosa ecuación del odio.
Estéticamente juega con los mismos elementos que películas como Un buen año, de Ridley Scott o Call me by your name, de Luca Guadagnino, con guiño a la homosexualidad incluido. Luminosa, con una piscina y un patio sensacional donde vemos el despliegue de ego sin base ninguna excepto el dinero heredado, de esa mujer cuya última diversión secreta es ese negro que vive en el cobertizo y a quien viste y alimenta, también el espíritu con libros, pero a quien no deja marchar a buscarse la vida y poder encontrarse con su primo en la lejana Marsella. Y donde hay una tercera persona, la que limpia y ordena la vida de ese parásito social que le emplea, de quien cuenta mentiras a la senegalesa, que cree senegalés, para amedrentarle y tenerle para su solaz.
Es una lástima que estas tres magníficas interpretaciones no se vean refrendadas con la solidez de la historia al final, donde parece que hay hasta tres finales y sólo uno convence, porque los otros dos son precipitados y con escasa solidez.
Me gustaría que la pongan en institutos y lugares donde cale el mensaje de que estos vienen a quitarnos el trabajo, cosa que, cualquiera con dos neuronas, sabe que es mentira.
Nkosi Sikelel i’Afrika (Dios bendiga África en xhosa, lengua vernácula de Nelson Mandela, de quien tanto deberíamos aprender).
Carlos Ibañez





fotografías: Luis Gracia Reglero


