Crítica película Train Dreams (Sueños de trenes) de Clint Bentley

Ficha

Título original: Train Dreams

Año: 2025

Duración: 102 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Clint Bentley

Guion: Clint Bentley, Greg Kwedar. Novela: Denis Johnson

Reparto: Joel Edgerton, Felicity Jones, Nathaniel Arcand, William H. Macy, Kerry Condon…

Música: Bryce Dessner

Fotografía: Adolpho Veloso

Compañías: Black Bear, Kamala Films. Distribuidora: Netflix

Género: Drama. Romance | Años 1900 (circa). Vida rural (Norteamérica). Naturaleza

Sinopsis

    Robert Grainier es un jornalero que trabaja talando árboles en Idaho durante la construcción del ferrocarril en el Oeste americano a principios del siglo XX. Golpeado por la tragedia, lucha por adaptarse a su nuevo entorno.

Crítica

Cruda historia sobre un trabajador a principios del siglo XX, cuando el ferrocarril se extendía hacia el oeste de tan vasto país, desde Utah hasta la costa del Pacífico que, cuando no había trabajo poniendo traviesas o construyendo puentes para los trenes trabajaba como talador de los montes de ese oeste abrupto y poco poblado que precisaba de madera para la construcción y el crecimiento en las poblaciones incipientes de California u Oregón. Toma la novela de Denis Johnson como eje de la historia, pero no renuncia a esa parte mágica que es convertir el guion literario en el técnico con la inconmensurable ayuda de un mago de la luz, como es el director de fotografía brasileño Adolpho Veoloso, nominado al óscar por esta cinta en la próxima ceremonia, junto a la sorpresiva candidatura a mejor película y hasta cuatro categorías en este western donde la violencia no la ejercen los colt o los wínchester y quienes los empuñan, sino la naturaleza, las ramas pesadas que caen solas por su peso y la fuerza del viento o el fuego, siempre enemigo en el bosque y que es quien muestra el antes y el después del sensacional personaje interpretado sin fisuras ni exceso gestual alguno por Joel Edgerton, a quien ya destacamos hace tiempo por su papel protagónico en El maestro jardinero y que evoca a otros personajes, pero sin dejar de crear el suyo propio.

            Juega con la idea del clásico Los taladores, de Robert D. Webb, o con la joya de Terrence Malick con fotografía hecha poesía de luz por Néstor Almendros (quien ganó el óscar por este trabajo), Días del Cielo, sin eludir temas muy candentes, tales como la violencia contra los migrantes o la melancolía rayana en la enfermedad por un motivo real: la pobreza. Sólo la amistad sincera de tres personajes a lo largo del metraje logra apartarle de la locura por la distancia con el amor y su familia. Es de un lirismo muy bien construido y nunca excesivo ni, mucho menos, empalagoso, donde cada personaje sabe interpretar su papel para que el protagonista no resulte abusivo ni termine aburriendo. El director ha visto el retrato de la pobreza de Estados Unidos de Chloe Zhao en La Nómada y toma los secundarios como un valor añadido, pero nunca sin motivo.

            Logra que la belleza y el dolor se unan como en un buen poema dramático y todo sin perder de vista su visión de película del oeste alejada de John Ford o Clint Eastwood y no por ello menos válida y necesaria. Creo que parte de su nominación a mejor guion adaptado nace de este concepto de western visto desde un prisma diferente.

            Además de Edgerton el director, Clint Bentley, rodea de buenos actores toda la cinta: Felicity Jones, siempre digan de ver su trabajo, un asombroso William H. Macy, tan alejado de sus personajes débiles y frustrados del comienzo de su carrera como del excesivo y sin ningún tipo de Vergüenza Frank Gallagher de la serie Shameless, por la que ganó un Emmy, y la eminente actriz irlandesa Kerry Condom, quien nos regala otro secundario de lujo y un papel bisagra capaz de hacer cambiar de visión al personaje principal sólo contando su experiencia con el sol de fondo y sobre una torreta de agente forestal donde habla de la soledad y de un oficio de hombres en aquella sociedad incapaz de ver la valía de la mitad de su población, además del canadiense Nathaniel Arcand, quien participa también en la multinominada de esta edición de los premios de la Academia Americana Los pecadores. Además de la profunda y repleta de matices voz del narrador, Will Patton, actor de tronío y teatro quien evita la dramatización en su narración recordando la que el grandísimo José Luis López Vázquez puso a la versión doblada de Barry Lyndon, de Stanley Kubrick. Una voz que cuenta, pero que sirve para el lucimiento de las escenas y de quienes aparecen en ellas.

            Para colmo cuenta con una banda sonora que se mete en los poros hasta hacerse con el espectador logrando que quien está viendo la cinta sienta el subrayado de las notas en lo que el obrero siente en todo momento apoyando su sensacional quehacer. Además de una canción final, interpretada por el singular Nick Cave y su arreglista, y guitarrista principal de la banda de rock The National, y coautor Bryce Dessner.

            Una hermosa sorpresa que me reconcilia con el cine en estos tiempos de exceso de películas que parece que están haciendo la lista de la compra y carecen de riesgo y que, para colmo, son multipremiados dirigiendo al espectador al encefalograma plano.

Os dejo un tráiler:

Carlos Ibañez

Revista Atticus