Exposición Setenta obras de la Colección Pérez Simón en CentroCentro, Madrid

Una de las grandes exposiciones del otoño cultural madrileño es la que organiza CentroCentro bajo el título Setenta obras maestras de la colección Pérez Simón desde el pasado 20 de septiembre hasta el 12 de enero de 2025.

La exposición permitirá disfrutar de una cuidada selección de obras que componen la inmensa colección del empresario y coleccionista Juan Antonio Pérez Simón. Pérez Simón nació en Asturias en 1941, pero siendo niño emigró, junto a sus padres, a México. El germen de su colección se remonta a 1964 con ocasión de un viaje que realizó a Europa para recorrer casi todos los museos que albergaban obras que él admiraba. Desde joven se sintió atraído por la belleza de las obras de arte. Cerca de cuatro mil piezas componen esta colección abarcando todo tipo de soportes como pintura, escultura, artes decorativas y manuscritos y prácticamente abarca todos los estilos y culturas. Hoy por hoy, constituye una de las colecciones privadas más significativas del mundo. Así que no es de extrañar que este acervo cultural tuviera «muchos novios» y que alrededor de ella se gestionaran algunos proyectos. Uno de ellos que parece ser el que más opciones tiene de realizarse. Luego volveré sobre él.

El recorrido que nos platean los organizadores ha sido realizado por los comisarios Graciela Téllez Trevilla, Susana Martínez-Garrido y Roberto Fernández Castro y está articulado en tres apartados temáticos:

  • Maestros antiguos y primeros modernos:

Obras de maestros como Lucas Cranach, el Viejo, Bronzino, Rubens, el Greco, Van Dick, Canaleto, Tiépolo o Goya, con algunas obras que nunca antes se han visto en España.

  • Siglo XIX:

Con obras de pintores de lo más relevantes del momento como fueron Turner, Van Gogh, Cézanne, Pisarro, Gauguin, Sisley, Monet, Renoir o Joaquín Sorolla.

  • De las Vanguardias al arte actual:

En este apartado podemos encontrar con interesantes obras de artistas como Munch, Tamara de Lempicka, Léger, Tothko, Magritte, Dalí, Alex Katz o Takashi Murakami y Yoshitomo Nara.

Voy a destacar algunas de las obras más significativas planteando un recorrido por la muestra obedeciendo a unos criterios personales. He dejado fuera, de manera consciente, algunas de las grandes obras que atesora Pérez Simón, tal vez, por ser demasiado conocidas.

Maestros antiguos y primeros modernos:

Son dieciséis artistas los que integran esta primera sección entre los que destacan: Lucas Cranach el Viejo, Bronzino, Pieter Brueghel el Joven, Peter Paul Rubens, El Greco, Bartolomé Esteban Murillo, Anthony van Dyck, Canaletto, Giandomenico Tiepolo, Francisco de Goya y Lucientes, Juan Pantoja de la Cruz, Manuel de Arellano, Juan Rodríguez Juárez, Ferdinand Bol, Joshua Reynolds y Thomas Gainsborough.

En nuestro recorrido podemos descubrir auténticas maravillas, algunas de las cuales se muestran por primera vez en España.

La tabla de Lucas Cranach el Viejo, Caridad (ca. 1537), nos muestra una ejecución primorosa, con un gran dominio del dibujo, es un tema recurrente entre los artistas para mostrar la desnudez de la mujer y así salvar los rigores de la censura eclesiástica.

Canaletto, El Palacio Ducal, Venecia: La Escalinata de los Gigantes vista desde el Arco Foscari, ca. 1751 (Colección Pérez Simón © Arturo Piera)

Me llama la atención un cuadro que tiene una especie de atmósfera rara. Se trata de El Palacio Ducal, Venecia: La Escalinata de los Gigantes vista desde el Arco Foscari (ca. 1751), del artista italiano Canaletto, pintada en 1768. Es una escalera que se encuentra dentro del Palacio Ducale en Venecia. Es una escalera llena de historia pues en ella los Doges prestaban juramento de fidelidad a la república. Se terminó de realizar en 1485, reemplazando a una antigua escalera de mármol que ya existía. Una de las cosas más interesantes del cuadro es la composición con una potente perspectiva en la que vemos la inmensa escalera y parte de la fachada del palacio con unas telas que cuelgan de unos ventanales para proporcionar un poco de sombra. Por ella descienden una serie de personajes. Canaletto, con su habitual maestría, logró captar la belleza y grandeza de este singular rincón de la historia con una técnica muy precisa, detallada y sabia utilizando del color.

Otro cuadro que requiere mi interés es El filósofo (1640 – 1642) de Ferdinand Bol. El personaje retratado tiene un turbante sobre su cabeza y posee una especie de aura. La habilidad del artista se manifiesta en la pregunta que me lanza: ¿en qué estará pensando nuestro filósofo? Este tipo de representaciones era algo muy habitual en aquellos momentos. Un hombre meditabundo sentado delante de su mesa en una habitación de la que tan solo se percibe el fondo. Grandes maestros como Rembrandt realizaron alguna obra de este tipo.

En este apartado hay unos cuantos retratos interesantes. Son auténticas fotografías de la época con rostros nacarados y con una infinidad de detalles minuciosos. Un buen ejemplo es el de Joshua Reynolds, Retrato de María, condesa Waldegrave, más tarde duquesa de Gloucester (ca. 1764 – 1765) o detenernos ante los retratos regios Príncipe Carlos Luis (ca. 1637) o de Felipe II (ca. 1606 – 1608) de Juan Pantoja de la Cruz.

Siglo XIX

Esta sección se centra fundamentalmente en el arte británico y el arte francés del siglo XIX. En la actualidad por la calidad y el número de obras la Colección Pérez Simón está considerada como el fondo privado de arte victoriano más importante fuera del Reino Unido.

La tradición académica y la modernidad impresionista son los protagonistas del arte francés con obras muy emblemáticas.

A estas dos secciones hay que sumar artistas italianos, nórdicos y centroeuropeos de ese mismo periodo. En total son treinta y un artistas entre los que destacan: Turner, Frederick Leighton, Edwin Long, Lawrence Alma-Tadema, Alexandre Cabanel, William Adolphe Bouguereau, Julien Dupré, Van Gogh, Renoir, Cézanne, Gauguin, Boldini, Sorolla, Lhermitte, Zuloaga o Julio Romero de Torres.

Lawrence Alma-Tadema (Dronrijp, 1836 – Wiesbaden, 1912). Las rosas de Heliogábalo, 1888. Óleo sobre tela 132.7 x 214.4 cm
Colección Pérez Simón © Studio Sébert Photographes

Veamos algunas de las obras interesantes que destacan en esta sección.

Niñas griegas recogiendo guijarros junto al mar (1871) destaca por su colorido y sensualidad, características presentes en la obra de Frederick Leighton. También participa de estas características la obra de Lawrence Alma-Tadema Las rosas de Heliogábalo (1888). Este último recreó muchas escenas ambientadas en el antiguo Egipto, aunque en este caso se trata de un episodio, posiblemente inventado, de este emperador romano que vertió tal cantidad de pétalos de rosas que algunos de sus invitados murieron ahogados. Otra escena recreando un episodio histórico es del pintor académico francés Cabanel. Se trata de Cleopatra probando venenos en los condenados a muerte (1888), un cuadro de bella factura muy al gusto francés hasta que irrumpió el impresionismo. Una muestra de virtuosismo en la ejecución de la pintura es la obra de Edwin Long, Reina Ester (1878). Es una obra maestra del arte victoriano. Representa la historia bíblica de la reina Esther, quien arriesgó su vida para salvar a su pueblo judío de la masacre. Con una técnica muy detallista y una composición con la figura de la reina en el centro rodeada por sus damas de honor y cortesanos crea una sensación de profundidad y movimiento. Destaca sobre todo por su gama de colores con predominio del blanco roto o marfil y todas sus variantes posibles (sobre todo para la decoración de la pared y el velo de la joven) que combinan de forma magistral con los dorados y rojos del resto de la pintura. Muestra un gran lujo y opulencia en la corte persa.

Amor y Psique (1899) de William Adolphe Bouguereau es un cuadro lleno de sensualidad que se ha convertido en un icono en la celebración del día de los enamorados. Carnalidad y dulzura a rebosar. Destaca también por su gran tamaño.

Sin despreciar la colección de obras impresionistas me centro en un pequeño cuadro que tiene un algo especial que me cuesta definir. Se trata de la obra La familia (ca. 1908) de Léon-Augustin Lhermitte. Es una escena que recoge la vida rural en la Francia de finales del siglo XIX. Con gran realismo observamos a una mujer que ha hecho un alto en el camino para dar el pecho a su retoño mientras su hermano observa la escena esperando tal vez a que pueda llevarse él algo a la boca. Completan la estampa la figura del padre que también asiste arrobado a la escena, así como su hija que se encuentra postrada a sus pies y junto a su madre.

En un mismo espacio podemos contemplar tres retratos bien distintos. La bailarina española Anita de la Feria (1900) obra de Giovanni Boldini. Puro movimiento, sensual, con una combinación de colores magnifica de este pintor italiano que desarrollo su carrera en París. Retrato de la señora Corcuera (1918) de Ignacio Zuloaga y Zabaleta, un especialista en los retratos nos deslumbra con esta señora de porte distinguido con su elegante figura. Ojos vivos y expresivos con finos labios que destacan sobre el fondo del cuadro un paisaje secundario con oscuras nubes. El último de estos tres cuadros es una obra de Julio Romero de Torres. Es Retrato de una dama (s. f.), apenas es un busto pero que enseguida se reconoce la autoría del cordobés. Mujer morena de gran belleza que nos mira de frente. Destaca su rostro sobre un fondo en el que se ve un puente sobre un río y al fondo unas casas. Retrato de una gran fuerza expresiva.

De las vanguardias al arte actual 

En este capítulo se recogen las vanguardias del arte que nacieron en la primera mitad del siglo XX. Surgieron como movimientos reaccionarios, contestatarios y con un espíritu innovador y regenerador del arte. Hay obras de Munch, Tamara de Lempicka, Frida Kahlo, Diego Rivera, Picasso, Magritte, Dalí, Rothko, Barceló Antonio López o Alex Katz uno de los precursores del arte pop.

Mención especial merece un apartado que recoge a los creadores chinos y japoneses de la actualidad. Podemos contemplar obras significativas de Takashi Murakami, Yoshitomo Nara, Zhang Xiaogang y Zeng Fanzhi.

Veamos algunas de las obras más significativas.

Tamara de Lempicka está presenta en la Colección Pérez Simón con una icónica obra. Es Desnudo reclinado con libro (ca. 1927). Es una de esas obras que resultan reconocibles a simple vista. La artista polaca triunfó en Europa con sus retratos y desnudo de estilo art déco.  Son cuadros cargados de sensualidad con elementos cubistas.

Me llama la atención un pequeño cuadro. Es una obra de Frida Kahlo. No es tan conocida como sus emblemáticas creaciones. Se trata de Niña tehuacana. Lucha María (1942). La artista mejicana es conocida por su habilidad a la hora de captar la esencia de las personas. Ha situado a la niña en el centro de la composición para llamar nuestra atención. Presentada con dignidad, con mirada al frente, al espectador, nos transmite una sensación de fortaleza. Como es habitual en su producción utiliza colores vibrantes que reflejan la cultura mexicana. Destaca el vestido tradicional de la niña.

La ascensión de Cristo. Piedad (1958) es una obra de Salvador Dalí. Es llamativo el hábil escorzo de la figura de Cristo. Una obra llena de elementos surrealistas subrayados por la presencia de la inconfundible Gala. Miquel Barceló no podía faltar en la Colección y está presenta con una gran obra: Biblioteca con Poe (1983). Un cuadro que llena la estancia es el de Margarita sonríe (1994) de Alex Katz, un artista vivo (le quedan tres años para ser centenario) exponente del pop art. Sus obras como la aquí presente son obras de gran formato con su característico estilo plano sobre un fondo monocromo con ausencia de paisaje. En este caso la joven va tocada de un sombrero y luce, además de la sonrisa que da pie al título, grandes gafas de sol.

Otro cuadro presente en esta misma sala es el realizado por el chino Zeng Fanzhi, Sin título (2006). No sabría muy bien el porqué de la selección de la obra. Quizás solo lo puedan entender aquellos que visiten la exposición. Esta obra muestra una estampa que bien pudiera ser la ribera de un río. Los juncos salvajes, secos, desordenados, son gruesos trazos de materia pictórica, en gran formato. Tiene una gran fuerza expresiva. Cuando más lo contemplas más te atrae. No es de extrañar que sea uno de los artistas chinos, en vida, más cotizados.

Me consta que hay otros muchos cuadros de gran interés para el público en general. Apenas he descrito una veintena de ellos, alguno no tan conocidos como el resto, pero que a mí me han llamado mucho la atención a buen seguro que como le pasaría a Pérez Simón, por el gusto a la belleza, con la salvedad de que yo me tengo que conformar con una foto y el posee el original. Eso es lo que tiene el arte suscitar pasiones y aunque estoy muy acostumbrado a ver grandes obras en buenas publicaciones poder contemplar aquí una obra como la de la Reina Ester es algo impagable. Un paseo por estas salas constituye un recorrido por la historia del arte que a buen seguro le sorprenderá.

Esta exposición temporal constituye la antesala de lo que es un gran proyecto cultural que la Fundación Colección Pérez Simón sacará adelante gracias a la implicación de instituciones como el Ayuntamiento de Madrid. Convertirá el Espacio Cultural Serrería Belga en la sede permanente de la Colección en la que se mostrará cerca de doscientas obras de su extenso catálogo.

La Serrería Belga, en el entorno del Paseo del Arte y del Barrio de las Letras, es un espacio que fue rehabilitado en 2013. Ahora tendrá que acometer una serie de mejoras para dar cabida a la Colección. Cerca de cuatro mil metros cuadrados asentados sobre un edifico industrial de principios del siglo XX. El inmueble forma parte de la lista de inmuebles destacados que componen el Paisaje de la Luz madrileño reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El Paisaje de la Luz fue declarado patrimonio el 25 de julio de 2021. Incluye el paseo del Prado entre Cibeles y la plaza del Emperador Carlos V, en Atocha, el parque de El Retiro y el barrio de los Jerónimos.

El edificio constaba de dos naves –una para serrería y la otra para almacenes y secadero- y era propiedad de la empresa Sociedad Belga de los Pinares de El Paular, que lo construyó en 1925 según un proyecto del arquitecto Manuel Álvarez Naya. La Serrería Belga mantuvo su actividad hasta finales de la década de 1970, y fue adquirida en el 2000 por el Ayuntamiento de Madrid para destinar el edificio a fines culturales. Encargó su rehabilitación y remodelación en 2007 a los arquitectos María Langarita Sánchez y Víctor Navarro Ríos. Las obras finalizaron en 2013, fecha en la que el edificio pasó a ser la sede de Medialab-Prado, que al cambiar su sede a Matadero lo dejó libre para convertirse en una especie de «museo todoterreno» y ahora se encuentra a la espera de alberga la ansiada Colección de Pérez Simón por la que muchas ciudades habían manifestado su intención de poner un cheque en blanco sobre la mesa del despacho del coleccionista.

Os dejo un vídeo institucional.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus