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66 SEMINCI – Crítica película Mali Twist de Robert Guédiguian

Crítica película Mali Twist de Robert Guédiguian por Carlos Ibañez

Ficha

Título original: Mali Twist

Año: 2021

Duración: 125 min.

País: Francia

Dirección: Robert Guédiguian

Guion: Robert Guédiguian

Música: Olivier Alary

Fotografía: Pierre Milon

Reparto: Stéphane Bak, Dioucounda Koma

Productora: Coproducción Francia-Canadá-Senegal; Agat Films, Peripheria Productions, Karoninka

Género: Romance. Drama. Aventuras | África. Años 60. Drama romántico. Colonialismo. Baile

Sinopsis

Ambientada en la Mali post colonial de los años 60, cuando los jóvenes de Bamako bailan el rock and roll recién importado de Occidente y sueñan con una renovación política, ‘Mali Twist’ se centra en los personajes de Samba y Lara. Él es un joven socialista que se enamora de la enérgica Lara durante una de sus misiones en la selva. Para escapar de su matrimonio forzado, ella huye en secreto con él a la ciudad. Pero el esposo de Lara no lo permitirá y la Revolución pronto les acarreará dolorosas desilusiones mientras sueñan con un futuro juntos.

fotografía: Luis Gracia Reglero

Comentario

            Robert Guédiguian, el director y guionista, además de militante comunista de base, despelleja en su última película los integrismos, el tradicionalismo, el colonialismo y todo sin faltar el respeto a nadie sino con una mera exposición de hechos bajo una historia de amor juvenil entre un miembro del comunismo maliense copiado del Vietmihn de Ho Chi Mihn, pero al estilo africano, y una chica que huye de su pueblo donde ha sido casada a la fuerza por su familia para la obtención de unas tierras y siete vacas como dote en ese Malí recién independizado de 1962.

            Ella, Lara, se ha criado entre colonos franceses en ese Bamako administrativo y comercial, pero está atrapada en un matrimonio concertado donde ha sido comprada hasta que llega la misión socialista del nuevo gobierno independiente del idealista convertido en un obseso del poder Keyta y ve la posibilidad de huir. Y se va con Samba y sus compañeros de la misión de la nueva nación, donde ellos venden el nuevo régimen dando a los pobladores rurales medicinas y dotándoles de escuelas, dispensarios y tierras para colectivizar al estilo de los kibutz israelíes.

            Samba decide no devolverle a su marido al ver lo que hay en sus ojos antes de escuchar sus palabras. Contraviene la ley y la tradición, que en esa zona de África occidental es terriblemente inmóvil desde la noche de los tiempos, aquí hay que hablar del buen trabajo de Guédiguian como director y ver su influencia formal en sus imágenes al estilo de películas africanas del oeste que hablan de este tema, como Moulandé o Samba Traoré, dos estupendas cintas proyectadas en la bienal de Uagadugú y que sirven como base para las texturas que el director francés utiliza para contar su historia, también hay otras dos influencias claras del cine africano reciente y no tan reciente, la primera el Yeelen y la otra es el documental en el que habla de la forma de divertirse de las adolescentes de la capital de Burkina Faso, Ouaga girls.

fotografía: Luis Gracia Reglero

Pero también hay que citar dos influencias de refilón que dotan de especial belleza la película de Guédiguian: Rebeldes del Swing, esa película hollywoodiense sobre quienes bailaban música americana en contra de la opinión del régimen de Hitler, y El olor de la papaya verde, joya del vietnamita Tran Anh Hung, y el mundo de la mujer de provincias trabajando en la capital, Mui lo hacía en una casa y Lara en una distribuidora de frutas y verduras, pero ambas dotadas de una humanidad que apoyan claramente el desarrollo del personaje en la historia y que comprendemos perfectamente al final de la misma.

Guédiguian juega con el color para mostrarnos toda la belleza en el medio de la crudeza de África, aunque no pudo ser rodada en Malí, sino en Senegal, debido a los problemas e inseguridad de la vasta nación al sur del Sáhara y la tierra de los fulani bañada por el ancho y poco profundo Níger, devastada por los integristas musulmanes y su idea de acabar con todo lo que tenga que ver con la integridad de las personas. Pero, aun así, Guédiguian nos muestra mucha hermosura, tanto natural como de sonidos, algunos de ellos con un clarísimo anacronismo, como la sensacional escena de los integrantes dela misión socialista por el supuesto Teneré mientras suena de las canciones de Brian Wilson para The Beach Boys, que salió a la venta cinco años después, pero se le perdona porque la selección musical está muy cuidada y habla de lo que los jóvenes deseaban escuchar, bailar e incluso vestir a pesar de lo que el gobierno de Bamako les decía, al principio, y después les obligaba, como principio.

El socialismo africano queda en entredicho al mostrar la represión contra los mercaderes capitalinos y la soberbia escena del padre amedrentado durante una visita de su hijo, que ya no es tan creyente en ese nuevo ismo que vuelve a ser erróneo y errado al creer que las personas no deben pensar sino dejarse llevar, tal y como hacen las religiones, los totalitarismos (da igual de izquierdas o de derechas) y todos aquellos tipejos que se suben a una tribuna a colonizar con sus ideas de poder a la masa.

Pero hablemos de la pareja elegida por el director y el equipo de producción, incluida la productora senegalesa, con dos desconocidos, jóvenes y aventurados al trabajar con alguien de la sólida y larga trayectoria de Guédiguian y que según el productor francés de la cinta llamó “casting salvaje” al ir a las puertas de los institutos franceses a ver quién les podría cuadrar para los papeles principales. Stéphane Bak y Alicia da Luz Gomes son este par de jóvenes enamorados, él sacado de una selección entre algunos de los vistos por la calle y ella, directamente, desde el instituto a rodar este poema del drama africano, incapaz de desplegar sus alas para ver desde el cielo lo maravillosa que es su tierra porque las alas que les dejan llevar son siempre de la antigua metrópoli una y de un ismo salvaje la otra, los versos finales de este poema son que se ha sustituido una idea que podría haber sido buena como era ese socialismo poscolonialista, aunque fallido, por la gentuza del integrismo musulmán, que nada tiene que ver con el Islám verdadero, ese que es tolerante, pacífico y lleno de sonrisas cuando entras en su mezquitas y haces la abluciones junto a ellos en señal de respeto, el mismo que, como dice el guion al final, “estos barbudos que destruyen escuelas donde tú, mi amor, las construías”.

Hermosísima película que deseo no se vaya de vacío porque tanto el guion, como la dirección y Alicia da Luz Gomes merecen que en sus casas haya una espiga con un 66 SEMINCI en su base.

Como dicen sus vecinos al sur, los mossi, yel kaye’ (todo va a ir bien) o así lo esperamos desde Revista Atticus. ¡Ah!, hoy era su estreno mundial.

fotografía: Luis Gracia Reglero

Carlos Ibañez

Revista Atticus

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