Crítica película Carol de Todd Haynes

Crítica Carol de Todd Haynes
Cuando el amor se tiene que alimentar de caricias furtivas

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Película: Carol.
Dirección: Todd Haynes.
Reparto: Cate Blanchett, Rooney Mara, Sarah Paulson, Kyle Chandler.
Países: Reino Unido y USA. Año: 2015. Duración: 118 min.
Género: Drama, romance.
Guion: Phyllis Nagy; basado en la novela de Patricia Highsmith.
Música: Carter Burwell.
Fotografía: Edward Lachman.
Estreno en España: 5 Febrero 2016.

Sinopsis
La historia se centra en la relación de dos mujeres muy diferentes en la década de 1950 en Nueva York. Una joven de 20 años, Therese (Rooney Mara), trabaja en una tienda y sueña con una vida más plena cuando conoce a Carol (Cate Blanchett), una seductora mujer atrapada en un matrimonio adinerado, pero sin amor. A medida que la trama se desarrolla, sus vidas empiezan a desmoronarse mostrando a Carol cada vez más temerosa de perder la custodia de su hija en caso de una separación, cuando su esposo cuestiona su capacidad como madre al descubrir la relación que sostenía con su mejor amiga, Abby (Sarah Paulson).

Comentario
Hay veces que la realización de este trabajo supone un reto. Cualquier crítica exige un esfuerzo, pero en el caso de Carol, es muy llevadero.

Carol es una película de Todd Haynes ambientada en los años 50. La historia que narra está basada en la novela de Patricia Highsmith, El precio de la sal (The Price of Salt, 1952) que publicó bajo el seudónimo de Claire Morgan. Tuvo que recurrir a él porque la novela tiene como protagonista el amor de dos mujeres, una relación lésbica. Y eso en aquellos años era una cosa que no estaba bien vista. Hasta tal punto esto era así que muchas editoriales no quisieron publicar la novela por no verse envueltas en un escándalo. No fue hasta 1989 cuando la novela se reeditó con su nombre. Fue una de las primeras novelas de temática homosexual. Obtuvo un gran éxito llegando a vender un millón de ejemplares.

Una joven dependienta, apenas 20 años, de unos grandes almacenes, con inquietudes fotográficas, trabaja en la sección de juguetería. Se llama Therese Belivet (Rooney Mara). Allí conocerá a Carol (Cate Blanchett) una deslumbrante «señora», madura, de clase alta, de distinguido porte, sofisticada y elegante, rica y suave como su abrigo de visón. Carol busca una muñeca para su hija y pide consejo a Therese. Desde ese mismo momento ambas sienten una poderosa atracción mutua, mitad fascinación, mitad deseo. Carol se olvidará sus guantes encima del mostrador tras haber realizado la compra y dejar sus datos para el envío del pedido. A raíz de este encuentro, Carol, en proceso de divorcio, tendrá que luchar por mantener la custodia de su hija, mientras que Therese sufrirá un proceso de transformación interior al tratar de saber qué es lo que le sucede cuando está junto a Carol.

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El planteamiento de Carol es de lo más sencillo. Contiene el argumento más básico de la historia del cine. Narra una historia de amor entre dos personas. La cuestión se enriquece un poco al tener que lidiar con una tercera persona, el marido de Carol, Harge (Kyle Chandler) y aun más al ser la relación entre dos mujeres, una relación prohibida en aquellos años. Entonces, ¿dónde radica la grandeza de Carol? En la puesta en escena, en cómo está contada la historia y llevada a la pantalla, en la interpretación de las dos actrices, con el apoyo de una buena banda sonora obra de Carter Burwell. Todo en su conjunto hacen de Carol una de las mejores propuestas de los últimos tiempos ya que consigue transmitir el deseo a través de las miradas, de pequeños gestos muy sutiles, en una época en que la historia de amor entre dos mujeres soliviantaba a la sociedad.

CAROL

Al hablar de Carol es inevitable que hable de La vida de Adèle que califiqué de maravillosa en su momento. Es el contrapunto ideal. Si en aquella la relación era una explosión de deseo, de lujuria, de pasión, de sexo salvaje, con abundancia de imágenes de sexo explícito, aquí, por el contrario, es la sensualidad, el sexo amable, sereno, menos físico y más racional. En La vida de Adèle, las protagonistas eran dos jóvenes casi de la misma edad. Aquí, en Carol, es la relación de una mujer madura, segura, que no duda en arriesgarlo todo (incluso la custodia de su propia hija) por una nueva relación, por no contradecir su propia naturaleza. En principio se nos muestra ambigua, enigmática, pero según la vamos descubriendo, según la relación avanza, la abrazamos más, la acogemos en nuestro regazo. Ha encontrado en Theresa, el ideal de amor. Mientras que Theresa halla en Carol la persona que le adentra en los misterios de la vida de la mano del amor. De ahí que siempre veamos a Carol como un prototipo de mujer, siempre por encima de Theresa, como en un plano superior, muchas veces situada detrás de ella, siempre acogiéndola ya sea con sus manos sobre sus hombros o con otros gestos sobreprotectores. En la escena del principio, cuando se conocen, Theresa va tocada con un ridículo gorrito de Papá Noel como parte de su uniforme, mientras que Carol va con un tocado mucho más serio y elegante, ambos de rojo pasión pero distinta función. Sutil juego de diferencias. En toda la película eso es lo que prevalece, la sutileza por encima de los estereotipos que rodean las relaciones humanas, sin importar el sexo. Vemos como la atracción que sienten ambas es esa misma chispa que nosotros podemos haber sentido en algún momento de nuestra vida, ahí radica la grandeza del cine, en hacernos cómplices de esa sensación vibrante, de ese hormigueo en las tripas, muy parecido al que siento ahora mismo al escribir estas líneas. Qué grandeza de Todd Haynes; qué maravilla de interpretación de Cate Blanchet. Esa mirada última a cámara la encumbra como una magistral actriz. Esa mirada, aúna en un solo gesto la esencia de la vida: amar y ser amado. Y a su lado no le va a la zaga Rooney Mara, angelical criatura que sufre por encontrar un sitio en la vida. Magníficas. Todo ello apoyado en una fotografía adecuada a la época de la mano de Edward Lachman. Para este proyecto han utilizado el texto de Patricia Higsmith y las fotografías de la que, en su momento, fue una gran fotógrafa, pero que pasó desapercibida. Se trata de Vivian Maier. Trabajó como niñera durante casi 40 años. Murió pobre y sola en 2009. Y no fue hasta después de su muerte cuando sus fotografías salieron a la luz (en la sala de exposiciones de san Benito, Valladolid, en mayo de 2013 se celebró una exposición). Vivian Maier retrató la ciudad de Chicago y su sociedad a lo largo de cuatro décadas. «El legado de esta enigmática figura se ha convertido en una genuina sorpresa para los especialistas, que asisten atónitos a un enorme corpus fotográfico dotado de una modernidad, personalidad y calidad insólito para los años y las circunstancias en los que fue concebido» (Matías Pardo Mateos, Revista Atticus).

Vivian Maier
Fotografía de Vivian Maier

 

Tood Haynes ya deslumbró con Lejos del cielo (Far from Heaven, 2002) también ambientada en los años 50 en la que el estilo de vida de un ama de casa acomodada da un vuelco a descubrir que su marido tiene escarceos amorosos de índole homosexual. En ella abordaba el racismo, el clasismo y la homofobia. En Carol, utiliza el recurso del flashback de forma brillante. Veremos una escena dos veces y nuestra percepción será totalmente distinta en ambas, un contraste brutal. Gracias a este recurso en un primer momento, el punto de vista será el de Therese pero irá variando para acabar con el de Carol. Haynes utiliza sabiamente los recursos de mostrarnos la acción a través de espejos, de retrovisores, o de cristales empañados de vaho o con gotas de lluvia. Si antes hablaba de la influencia de Vivian Maier, el director ha confesado su admiración a la obra de Saul Leiter (también recaló en san Benito, Valladolid, en mayo 2012). Fotógrafo estadounidense que utilizó a la ciudad de Nueva York como lienzo y que en su obra muestra constantemente su deuda con la pintura –admiraba a Vermeer y a Picasso-. Sus imágenes se han convertido en un icono de la ciudad de Nueva York en los años 50 y 60. Hay muchas similitudes entre las fotografías y los fotogramas de Carol que hacen pensar en una de las referencias a la representación en la pantalla del amor lésbico de Carol y Therese.

Fotografía de Saul Leiter
Fotografía de Saul Leiter

Carol es una magnífica película que perdurará en el tiempo. Carol nos muestra de manera sutil la relación entre dos personas, en este caso, del mismo sexo a través de miradas, de pequeños, gestos, construyendo un relato también a partir de los silencios. No le falta nada, no le sobra nada, tal vez, el espectador eche en falta esa caricia sobre su hombro como las de nuestras protagonistas para alcanzar una experiencia total (más allá de las 3D). Unas caricias casi furtivas que constituían una transgresión en aquellos años 50. Para algunos de nosotros, algo que parece ya muy lejano, pero para otros, tristemente, algo cercano. La tolerancia no se ha impuesto en todas las partes del mundo. Hoy todavía hay mucha gente que vive con miedo su relación y lo vive de manera clandestina para no ir a la cárcel. Y lamentablemente, las caricias furtivas y las miradas cómplices son algo más habitual de lo deseado para expresar, en público, el amor hacia otra persona.

Os dejo este tráiler con una maravillosa canción de fondo. Hay otro por la red que muestra demasiado.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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