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Crítica película Maravillosa familia de Tokio, de Yoji Yamada

Crítica película Maravillosa familia de Tokio, de Yoji Yamada

La hilarante tragicomedia que no fue

Ficha

Tútlo original: Kazoku wa tsuraiyo

Año: 2016

Duración: 108 min.

País: Japón

Director: Yôji Yamada

Guion: Yôji Yamada, Emiko Hiramatsu

Música: Joe Hisaishi

Fotografía: Shinji Chikamori

Reparto: Satoshi Tsumabuki, Yû Aoi, Yui Natsukawa, Kazuko Yoshiyuki, Masahiko Nishimura, Isao Hashizume, Tomoko Nakajima, Shozo Hayashiya

Productora: Shochiku Company

Género: Comedia

 

Sinopsis

El día de su cumpleaños, la mujer del pater familias de una tradicional familia de Tokio, le pide a su cascarrabias marido como regalo, el divorcio. Esta revelación no sólo chocará a su incrédulo marido, sino a toda la familia, quienes intentarán por todos los medios evitar la catástrofe familiar.

Comentario

Lo último del japonés Yoji Yamada me deja pasmada. La trama de Maravillosa familia de Tokio parece sencilla: Una mujer, ya en la vejez, pide a su marido el divorcio tras 50 años de matrimonio. La decisión coge por sorpresa a la familia, que aparentemente vive absorta en la tradición y el confort de lo socialmente establecido.

Sin embargo, la noticia queda rápidamente sometida a la tiranía del cómico narcicismo de sus tres hijos, que se encuentran inmersos en sus propias crisis existenciales. Este despliegue de enredos, que de ser mudo estaría protagonizado por un bigotudo Groucho, resulta eficaz y coherente como parte de un guión más propio de una sitcom.

El director de La casa del tejado rojo y Una familia de Tokio, homenaje transparente y cercano, sabe representar los conflictos entre hermanos y hermanas, pero convierte en esta ocasión lo que podría haber sido una hilarante tragicomedia transgresora en un vodevil costumbrista de estilo nipón cargado de elementos narrativos poco trascendentales. Si fuera española ni siquiera llamaría nuestra atención.

A Yamada, experto en lo consanguíneo, se le ha olvidado que la comedia puede, y debe, ser crítica con la realidad que representa. Por eso la cinta me gusta y me disgusta a partes iguales. En ella se refleja una Tomiko Hirata (Kazuko Yoshiyuki) exasperada pero vibrante, mustia pero decidida. Desviste días tras día a su marido, Shuzo Hirata (Isao Hashizume), en una casa que es más prisión que hogar. Recoge sus calcetines día tras día, cuando él regresa borracho del bar en el que pasa las horas. Pide el divorcio, sencillamente, porque se siente esclavizada. No obstante, nadie le pregunta, nadie repara en ello; precede la comedia.

Aunque sonrío atentamente sin entender por qué –y supongo que hay algo de mágico en esto–, la superficialidad de los personajes se confunde con el ferviente deseo del guionista, el propio Yamada, de enternecer y empatizar con el espectador, sea de donde sea. Para dar forma a su esperpento, la cinta utiliza un exacerbado mecanismo hollywoodiense que da paso a números aislados de comedia que, de forma paralela, fluyen y funcionan en el contexto creado.

La falta de pretensión y el carisma de los actores son un alivio a pesar de que deshacen la carga dramática que sitúa en el centro del relato a una mujer que sufre en silencio. Y de vuelta a Cuentos de Tokio, Yasujiro Ozu regresa en blanco y negro para hacer entender al protagonista que debe intervenir para cambiar el curso de los acontecimientos. Un pequeño metarrelato que resulta conmovedor en un mar de ridículas situaciones que, en el fondo, se antojan adorables.

Os dejo un tráiler:

Guiomar Quintana

Revista Atticus

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