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" /> Crítica El bar de las grandes esperanzas de George Clooney | Revista Atticus

Crítica El bar de las grandes esperanzas de George Clooney

Crítica The Tender Bar con un inmenso Ben Affleck

El bar de las grandes esperanzas

Ficha

Título original: The Tender Bar

Dirección: George Clooney

Guion: William Monahan. Libro: J.R. Moehringer

Reparto: Tye Sheridan, Ben Affleck, Lily Rabe, Daniel Ranieri, Christopher Lloyd, Max Martini, Briana Middleton, Rhenzy Feliz, Max Casella, Matthew Delamater, Sondra James, Ivan Leung, Alissa Bourne

Año: 2021

Duración: 104 min.

País: Estados Unidos

Música: Dara Taylor

Fotografía: Martin Ruhe

Productora: Smoke House Pictures, Big Indie Pictures. Distribuidora: Amazon Studios

Género: Drama | Años 70. Años 80

Sinopsis

Un pub del barrio de Manhasset, Long Island, se convierte en un segundo hogar para un niño huérfano de padre en The Tender Bar. La vida de J.R., cuyo padre desapareció antes de que tuviera edad para hablar, da un vuelco cuando se muda a la ruinosa casa de su abuelo tiempo después de que él y su madre atravesaran momentos difíciles. Bajo la tutela poco convencional de su tío Charlie, un carismático camarero autodidacta, y de un puñado de clientes habituales del bar, J.R. se convierte en un joven decidido a cumplir su sueño de convertirse en escritor. Adaptación de las memorias de J.R. Moehringer

Comentario

Amazon Prime Video viene a mí rescate ahora que tengo en un segundo plano eso de ir al cine rodeado de gente. Habrá que dejar pasar estos días en los estamos surfeando la sexta ola de la maldita pandemia del virus Covid-19. Ya, ya sé que no es lo mismo ver una película en la gran pantalla que en una pantalla grande, por exageradas dimensiones domésticas que tenga nuestra tele. Pero, por lo menos es una forma de poder ver la película en estos asolados días.

George Clooney es un poderoso reclamo que invita a dejar a un lado esas nimiedades. Lo mismo que leemos un libro en edición de bolsillo o en edición electrónica, pues acudimos a la versión casera. El caso es leer, o como en este caso, el caso es ver cine. Más cine, por favor. El director estadounidense nos presenta una película, sobre el apoyo familiar y la superación personal, que está basada en una gran obra. Muchos críticos la consideran como la gran novela norteamericana de nuestros días. El bar de las grandes esperanzas (The Tender Bar), publicada en 2005, es un prodigio de imaginación y de escritura, viene de la mano del escritor y periodista norteamericano, y ahora convertido en productor, J. R. Moehringer (autor de la celebrada Open en la que narraba la vida del tenista André Agassi). Una obra autobiográfica que narra las peripecias de un chico que quiere triunfar en la vida y que padece la ausencia de su padre desde los primeros años de su vida.

The Tender Bar está ambientada en los años 70/80 en Long Island y se centra en la vida de un niño llamado «jotaerre» (Jr). Está interpretado, en la infancia, por Daniel Ranieri (en al acceso a la universidad, en pleno camino hacia la madurez Tye Sheridan es el actor). Jr crece con la ausencia casi total de su padre Johnny (Max Martini). Casi, porque, de vez en cuando, y como un animal que mea para marcar su territorio, aparece, primero, con promesas que no llega a cumplir y, segundo, con aires de suficiencia de un padre que no tiene escrúpulos. La protección y el cariño de la familia la tiene de la mano de su madre soltera (Lily Rabe) que no duda en hacer todo lo que está en su mano, el apoyo de un comprensivo tío Charlie (Ben Affleck) y un entrañable y algo rezongón abuelo (Christopher Lloyd).

Charlie va a ser un auténtico referente en la vida del crío. Regenta un curioso bar que es el centro neurálgico de la vida social de los vecinos de esa barriada. Hay otros ejemplos muy televisivos como el famoso Cheers o el atiborrado de buenos amigos Central Perk. En este caso, su nombre obedece a unas claras reminiscencias literarias: «The Dickens». Algunos de sus anaqueles están llenos de viejos libros detrás de las botellas de bourbon. Esos libros, bajo la supervisión de Charlie, serán la semilla del escritor que lleva dentro Jr. Curioso, atrevido, lleno de desparpajo, despierto, Jr se gana a todos los que le rodean. Charlie, carismático camarero, le enseña a degustar la vida, a cómo tiene que comportarse en diferentes momentos y en su relación con las chicas («nunca, nunca pongas la mano encima a una mujer»). Charlie es el auténtico padre como el bar es la verdadera escuela. Allí se empapa de historias que le cuentan esos clientes asiduos que tiene toda una vida a sus espaldas. No son de porte distinguido, pero tampoco son los típicos borrachuzos. Tiene cierto pedigrí del que se empapa Jr.

Jr es un crío dotado de una gran agudeza para comprender cómo es la vida, pero tiene la ingenuidad propia de esa criatura que es capaz de ilusionarse con la llamada de su padre para llevarle a ver un partido, después de haber estado desaparecido, sin saber nada de él. Y cae otra vez, y no pierde la esperanza de poder recuperar ese vínculo paterno. Su padre es prácticamente un desconocido. Al final acabaremos viéndole el rostro y padeciendo su vida en una de las escenas finales. No tiene nombre. Solo es La Voz. Un DJ, de potente y sensual voz que hace las delicias (o que hacía) de los oyentes. Venido a menos, que anda dando tumbos de acá para allá. Cambia con la misma facilidad la localidad donde reside como de pareja.

Lo mejor de la cinta es la uniformidad de la misma. Es de esas películas en las que no pasa nada, pero la narración te mantiene en tensión, es decir, no aburre. Está bien planteada, correcta en su ejecución con la pulcritud que nos tiene acostumbrado George Clooney y la solvencia de la interpretación, sobre todo, de Ben Affleck y del crío Daniel Rainieri. No le va a la zaga Tye Sheridan (al que le hemos visto soberbio en El contador de cartas), aunque no es tan convincente como el chaval, quizás porque su papel de adolescente se enredada entre ese amor imposible y el tratar de conseguir su sitio como escritor. El director nos cuenta la historia, mediante flashback, en dos tiempos, a través de los ojos del niño (con una voz en off que nos va introduciendo en la historia) y luego cuando ya es un adolescente universitario, siguiendo las directrices de su madre para que, mediante una beca en Yale, se convierta en insigne abogado. Pero él está centrado en ser escritor. Clooney nos da las herramientas para que entendamos las motivaciones que están detrás de cada personaje. Pero lo peor de la cinta está en la poca justificación que ofrece al tío Charlie. Sí, salva los muebles por la buena actuación de Affleck, pero su papel, su diseño, le falta chicha. Más aña de las imágenes de la década de los años setenta, más allá de los cambios físicos que acentúan el paso del tiempo (camaleónico, ¡magnífico!), se echa de menos el recuerdo, el porqué está en el bar, el porqué de sus lecturas de los grandes clásicos (y sobre todo de Charles Dickens). Se diluye entre los clientes asiduos al bar o las escapadas con sus amigotes. Incluso con su propia hermana hay una distancia. Sin embargo, con su sobrino es otra cosa bien diferente. Eso sin con una emoción contenida, pero muy latente.

Muy buena banda sonora con temas muy reconocibles y pegadizos de Jackson Browne, J. J. Cale o Paul Simon entre otros. Como así es la fotografía, sobre todo en los interiores del bar, con una luz tamizada que provoca un ambiente muy realista que potencia ese efecto nostálgico muy presente en buena parte de la cinta.

Si no fuera por el marchamo de la firma Clooney esta película pasaría sin pena ni gloria. Solo nos quedaría en el recuerdo la buena actuación de Ben Affleck y el debut del espabilado Daniel Ranieri que encandila a los espectadores (me da mucha rabia tener que decir telespectadores). Una película que se ha estrenado en una de las grandes plataformas visuales y que, como dice el otro, ha venido para quedarse y, querámoslo o no, nos tendremos que acostumbrar. Siempre busco el lado positivo de una película si no me gusta en su conjunto. En este caso hay un par de escena que se salvan (como el doble encuentro de Jr adolescente con un sacerdote en el tren) pero si no hubiera esas escenas… siempre nos quedará la evocadora música. Excepcional banda sonora. Es muy grato disfrutar del cine y nos tocará esperar para ver si la próxima de George Clooney nos devuelve a la magia con la que nos asombró en propuestas como Buenas noches, y buena suerte, Los idus de marzo o The Monuments Men. Consuman culturan, vean películas y vayan al cine.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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